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domingo, 12 de julio de 2009

ADRIAN IAIES_ "La canción es una entidad imbatible"


El multifacético pianista sacó un CD que hace eje en la estructura de la canción, con covers de Billy Joel y Charly, entre otros. Director del Buenos Aires Jazz y dueño de un sello independiente, habla de la muerte del disco y reflexiona sobre la encrucijada del jazz actual.

"Emilia", por Adrian Iaies, en Notorius el año pasado.

Me parece que la sociedad ha perdido cierto espíritu poético. Es un tiempo de meta palo y a la bolsa". Adrián Iaies habla mucho. Aunque no más que lo que toca. Sólo que once discos editados en igual cantidad de años (uno doble y uno triple, entre ellos) le dan un hándicap generoso a favor de la palabra.

"Se supone que cualquier forma de arte necesariamente tiene que incluir un factor que actúe como intermediario, que no sea explícito. En ese sentido -cierra la idea- el jazz es la forma musical menos explícita que hay".

Sin embargo, a pesar de apuntar a una abstracción que suele sospecharse inaccesible, el pianista baja a tierra firme. "A mí me parece que la gran diferencia que hace Keith Jarret respecto de otros pianistas que hacen standards es que, además del virtuosismo, del conocimiento del lenguaje, y de ser un genio, mantiene una actitud poética frente a su repertorio. Y lo que a mí me mata de lo que hace, y que cada vez busco más, es que toca pensando en canciones. Y cuando estás pensando en una canción, lo que estás seteando casi automáticamente es la forma. Cuando yo toco música de Charly García, que me encanta tocar, no la puedo pensar simplemente como si fueran standards", explica.

En definitiva, los standards, antes de serlo, fueron canciones.

Es que standard es un término que no existe originariamente. Se llama así a cierto repertorio que en manos de los músicos de jazz se convierte, justamente, en eso. Pero cuando George Gershwin compuso Someone to Waych Over Me no componía un standard, sino una canción. Salvando los academicismos, su cabeza, al escribirla, es la misma de Juan Carlos Cobián escribiendo Nieblas del Riachuelo.

El rescate de la canción. De eso habla Iaies, quien conoce por dentro el mundo de la música al servicio de una voz. Desde sus primeros trabajos acompañando a Manuela Bravo hasta los años con Silvina Garré primero, Rubén Goldín después, y finalmente junto a Juan Carlos Baglietto. Todo, antes de entrarle a tangos clásicos para transformarlos en jazz.

"Es jazz en la medida en que el tema se convierte en una plataforma para que el músico muestre su identidad. Pero, por otro lado, no puede ser sólo eso, en tanto uno tiene que estar enamorado de eso que va a tocar. A mí me encanta tocar standards norteamericanos. Pero nunca logré enamorarme de la música de Billy Strayhorn como me he enamorado de la música de Cobián, Anibal Troilo o García. Porque hay un elemento que no es solamente la música, sino el factor que viste esa situación. Y en mi barrio no se escuchaba a Strayhorn", explica casi con sentido didáctico.

Otra vez García. Excusa para que el pianista recuerde su peregrinaje semanal, durante un año, hasta la única disquería de Haedo, cuando tenía 14 años, en busca de Confesiones de invierno, sin saber que la revista Pelo solía anunciar los lanzamientos con un año de anticipación. "Cuando salió, lo tuve unos dos meses en el Winco, sin parar de escucharlo. Obviamente, yo amo esa música. Y esa música puede convertirse en una mejor plataforma y vehículo para mostrar mi identidad como músico. Y ahí sí, ya hay que estudiar, pensar y tocar, con el jazz como manual de procedimientos", dice.

¿Al hablar del jazz como único manual posible, no se corre el riesgo de soslayar otras músicas que pueden dar herramientas para abordar otros géneros?

Pero no todo es lo mismo. Para mí, el jazz es una música de una jerarquía superior a cualquier otra música popular, porque para tocarlo implica un montón de condicionamientos: estudiar, conocer otras músicas, en lo posible haber estudiado música clásica.

Pero el jazz no nació con la complejidad que se le conoce hoy. ¿Qué habría pasado si se hubiese trabajado y experimentado sobre el folclore del mismo modo?

Es que cuando lo pensás como un concepto, el jazz hace la diferencia. Existes un montón de variantes. ¿Qué es jazz? ¿Jarret tocando standards, John Zorn trabajando sobre la música klezmer, o Chano Dominguez tocando sobre el flamenco? En el fondo, es jazz tocado sobre las músicas que se escuchaba en sus respectivos barrios, donde no se escuchaba a Charly García.

Un camino de búsqueda musical que acá comenzó no hace mucho tiempo

Sí. Y lo primero que tengo que decir es que las buenas canciones son tesoros. Y si yo hago lo que hice con Las cosas tienen movimiento, de Fito Páez, o con Cuando ya me empiece a quedar solo, de Charly, o con Loca Bohemia, de Francisco De Caro, es que hay algo guardado en el tema, disponible para quien los explore, que habla de una enorme generosidad.

¿Qué relación hay entre esa generosidad de la canción y la de una sonrisa como un santo remedio?

Para mí, la analogía perfecta con una canción, es una sonrisa. Una canción es una entidad imbatible, como una sonrisa. Eso es lo que yo creo sobre una sonrisa. Y sobre una canción. No expliques tanto. No hace falta. Sonreí. Tocá. Yo respeto mucho y admiro a quienes se meten a trabajar con formas más extensas de la música. Pero al tipo al que lo que más le gusta es tocar el piano y tocar jazz, como a mí, lo mejor que le puede pasar es tocar canciones.

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