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sábado, 22 de octubre de 2011

RUBEN RADA Y SU NUEVO DISCO INSTRUMENTAL.


Con 54 años de trayectoria y temas como “Malísimo”, “Montevideo” o “La cumbia de Andrés” en su haber, quien fundó El Kinto con Mateo y fue parte de Tótem y Opa reivindica una producción que, en sus palabras, lo “representa como músico”.

Por Diego Fischerman

Haber compuesto un tema llamado “Malísimo” ya es algo. Pero la cuestión se completa con el hecho de que esa pieza, grabada en 1977 por el legendario grupo Opa e incluida en Magic Time, su segundo disco, es, además, buenísima. No es el único dato acerca del talento de Rubén Rada. Humorista, imitador, crooner improbable, animador de espectáculos para niños, actor y hasta estrella de teleteatros, suele olvidarse de él lo más importante: se trata de un músico extraordinario. No sólo participó de algunos de los grupos más trascendentes del Uruguay, empezando por El Kinto, con Mateo, y por el notable Tótem, sino que algunas de las mejores canciones existentes son suyas, entre ellas esa fantástica “Cumbia de Andrés” que Milton Nascimento cantó en el disco Sentinela, con el nombre de “Tudo”. Su nuevo disco, Confidence. Rada instrumental, pone en evidencia su valor como músico. El lo define como “un álbum de canciones, pero instrumentales”. Y hoy a las 21 lo presenta en vivo en La Trastienda (Balcarce 460) con el mismo grupo del disco donde, entre otros, aparece uno de los viejos compañeros de ruta: el notable baterista Osvaldo Fattoruso.
“Abusé de la variedad –dice Rada en una conversación con Página/12–. Y hay un momento donde la gente ya no sabe quién es uno. A mí me resulta fácil ir de un lado al otro y me divierte, pero de lo que por ahí no me di cuenta es de que después, en algún momento, se paga el precio. Hay otras cosas de las que soy muy consciente. Yo quería quedarme en Uruguay y, para hacerlo, necesitaba hacer discos que vendieran. Y eso hice. Me compré una casa, que nunca había tenido.” Rada canta: “Cuando yo me muera...” Y dice: “Esa la cantan en las canchas. Yo no podía mantenerme en Uruguay y ahora puedo”. Pero su disco con el nuevo grupo, bautizado Confidence, es otra cosa. “Lo escuchás y te levantás contento –dice–. Y tocan unos músicos fantásticos.” El elenco incluye, además de a Fattoruso, a Gerardo Alonso en bajo, a Gustavo Montemurro en piano, teclados y arreglos, Miguel Leal en trompeta, Santiago Gutiérrez en saxo, Matías Rada en guitarra y voz y Artigas Leal en trombón. Allí, como en la fundante canción “Las manzanas”, uno de los grandes éxitos de los sesenta, como en Opa y Tótem, aparecen pies rítmicos de candombe (en temas como “Mombe”, por ejemplo) pero, también, una especie de extraño lirismo a go-go en “Solymar Beach” y, sobre todo, un cierto espíritu vocal. Más allá de que en este caso no haya letras –aunque sí algunas palabras, de vez en cuando– las melodías parecen hechas para la voz. “Es que primero las canto –dice Rada–. Y puedo cantar incluso los acordes arpegiados aunque no sepa cómo se llaman ni cómo se tocan.” Efectivamente los canta y cuenta que así es como compone sus temas y así es como vieron la luz “Montevideo” o “Muy lejos te vas”.
“Desde Black (de 1998), yo no grababa un disco que tuviera temas que me representaran como músico”, explica. Sabe, y acepta, que la vastedad de lo que ha abarcado hace difícil que algo lo represente por completo. Habla de las letras. Y de los comienzos. Y compara el primer rock uruguayo con el argentino. “En Uruguay se tocaba muy bien, había muchos músicos que venían del jazz. Y las letras eran buenas, creo. En ‘Dedos’, por ejemplo, se hablaba de la dictadura con inteligencia: ‘Dedos son dedos, días son días/ madres son madres, hijos son crías/ los pensamientos, son todos míos/ pero mi lengua, ya no es tan mía./ Si plantas rosas, crecen sandías./ Si esperas coche, pasan tranvías./ Así es mi tierra, que se resfría/ y está engripada, de hace mil días’ (Rada lo canta, por supuesto). Me parece que hice cosas buenas, y tengo toda la música en la cabeza. Pero, por algún motivo, cuando me preguntan por mí, siempre hablo de los otros. Digo que toqué con los Fattoruso o con Mateo. Que aprendí escuchando a Ray Charles. Si me preguntan por el Grammy (que recibirá en noviembre en reconocimiento a toda su trayectoria) agradezco a los músicos que me acompañaron y que hicieron posible esa música. Pero es cierto, ¿no? En todos esos grupos buenísimos, como Opa, también estuve yo.”
De los primeros años con los Fattoruso recuerda que, cuando llegó a Buenos Aires, tuvo “mala suerte”. El tocaba la batería con los Shakers, en los ensayos. “Y el Hugo me trajo acá para que cantara con ellos –cuenta–. Rota, que era el que manejaba la Odeón, les dijo que si la onda era tipo Los Beatles, yo no iba. Un negro no tenía nada que hacer allí. Así que empecé a actuar cantando en italiano, o en portugués, lo que viniera. ‘O capito que ti amo’, esas cosas. O tangos de Gardel. Y nadie sabía dónde ponerme. Hice una prueba en Odeón pero me ganó Yaco Monti con eso de ‘qué tienen tus ojos’. Y ahí me vuelvo para atrás, de nuevo. Regreso a Montevideo y ahí me hago fuerte como actor cómico y, después, lo del candombe beat, con Mateo. Y la verdad es que nosotros estábamos con la guitarrita y el tamborcito y lo que estaba de moda era otra cosa, así que nos echaban de todos lados. A veces me preguntan si yo soy consciente de que soy un creador y de que esa música fue importante. Pero la verdad es que cantábamos lo que sabíamos y lo que nos salía. Y al principio nos iba bastante mal, por otra parte. Lo que pasa es que con el tiempo, los que se iban del país y se hacían solistas empezaban a valorar y mandaban cartas: ‘Negro, no sabés cómo extrañamos tu música, perdoná por todo lo que te puteamos, fuiste un genio’. El Hugo me dijo una vez que yo había sido un adelantado, que mientras ellos jugaban a los Beatles yo estaba haciendo una música uruguaya. Pero todo eso se ve de lejos. De cerca, tratábamos de hacer música, nada más. Nos juntábamos con Urbano y con Mateo y cantábamos.”
Gran parte de la trayectoria de Rubén Rada tuvo lugar en Buenos Aires. “Lo mejor de mi carrera siempre tuvo que ver con las bandas”, afirma. Y, en efecto, uno de sus grupos más recordados se llamaba precisamente así, La Banda. Allí estaban el pianista Jorge Navarro, Bernardo Baraj, Beny Izaguirre, Luis Cerávolo y Ricardo Sanz. “En la banda estoy contenido. Hay un estilo, que es lo que cuesta encontrar cuando ando solo. Cuando toco por mi cuenta pongo ‘Montevideo’ y cualquier otra cosa, porque quiero mostrar todo lo que soy. Y ahí es donde se complica la cosa, porque la gente pierde el rumbo de Rada. Pero ahora ya lo saben. Ya saben que toco lo que quiero y que puedo hacer cualquier cosa. No fabrico discos correctamente. No me sale pensar ‘ahora voy a hacer un disco de rock’n’ roll y mantener ese estilo. No funciono de esa manera. De hecho ahora estoy haciendo un disco con candombes, dedicado sólo a eso, arreglados y tocados por distintos músicos. Lo voy a grabar en Uruguay. Y me interesa muchísimo, pero me lo tengo que imponer, no es algo que me salga naturalmente.” Los tíos tenían una comparsa y allí cantó cuando tenía diez años y ganó un premio como el mejor artista del carnaval. Esa fue una de sus fuentes. “Pero no tocaba, no todavía, porque mis tíos eran del barrio de Palermo y ahí son todos buenos. Recién a los 20 años me dejaron colgarme el tambor. Me dijeron: ‘Agarre’. Y entonces empecé a tocar. Treinta cuadras ida y vuelta. Quedaban las manos destrozadas.”
Los otros aprendizajes llegaban por la radio. “De niño, Antonio Tormo –recuerda–. Gardel, por supuesto. Me levantaba escuchando a Gardel. Después, Alberto Castillo. Y Jorge Negrete, y Dorival Caymmi. El jazz. Y del rock, sobre todo el rock’n’roll y el soul: Chuck Berry, Little Richard. Un día, Ringo Thielmann, que después sería el bajista de Opa, me hizo escuchar a Ray Charles. Y eso me cambió la cabeza. Eso y ‘Love Me Do’ de los Beatles. Ahí empecé a componer. Yo era cantante. Y, sobre todo, imitador de cantantes. Pero no componía. Lo primero que hice fue una canción para una novia, me acuerdo la letra. Era una vergüenza. ‘Tú me comprendiste, sé que me quisiste.’ Un desastre. El Ringo me corregía las letras, no sé cómo me animaba.” Rada resume su árbol genealógico “con tres ídolos: Gardel, Ray Charles y los Beatles”. Dice que después escuchó a Sinatra y, más tarde, gracias a Cacho de la Cruz, a Charlie Parker y Sonny Rollins. Lleva 54 años de carrera y tiene 68 cumplidos. Y dice que, en todo este tiempo, “hay algo que cambió para peor; se perdió el misterio de la música”. Cuenta que “antes, cuando salía un disco, uno lo escuchaba y escuchaba; ahora, lo que pasa es que todos son niños malcriados. Se tiene al alcance todo y se lo valora poco. Es muy difícil ser curioso cuando se lo tiene todo”.

lunes, 14 de junio de 2010

REPORTAJE A RUBEN RADA



HOMENAJE A LA CANCION RIOPLATENSE


Después de un par de discos de canciones propias, Rubén Rada vuelve igual a sí mismo pero siempre distinto. Esta vez con Fan, un asombroso homenaje a la canción rioplatense a ambos lados de las orillas: de Mateo y Fattoruso a Calamaro y Charly. Radar charló con él del mapa que la selección de canciones traza sobre su propia vida, de sus noches en La Cueva con Tanguito y los huevos fritos, los ’70 con Tarantini y las modelos, los ’80 con la democracia y el MAS, los ’90 con Suar y la TV. Y de ese personaje que lo atravesó todo: su otro yo llamado Rubén Rada.


Por Martín Pérez

Los dedos golpean la mesa. La voz que, en vez de contestar, canta. Y cuando puede, incluso imita. Además de músico, Rubén Rada es un showman. Su carrera podría resumirse en la traicionera dialéctica entre esos dos rostros de un mismo artista, que no tendrían por qué ser contradictorios. Y no lo son ante el grabador de un periodista, al menos. Porque Rada hace ritmo con las manos, entona alguna tema o imita la voz de Spinetta –“Me encanta, nadie canta mis canciones”, dice que comentó cuando le adelantó que iba a versionar un tema suyo... ¡y lo saca perfecto!–, y así cualquier entrevista es un show. Hasta dan ganas de cantar con él cuando entona estrofas de temas viejos, como “La Rada” o “Malísimo”, perlas únicas en una carrera que oculta tesoros similares en cada recodo de un camino muy largo, que supo llevarlo de la pobreza extrema hasta cada una de las privilegiadas cimas que puede alcanzar un músico popular. Un camino que siempre es de ida y vuelta, claro. “Por eso me emocioné cuando supe que cuando se reunió Sui Géneris hace poco, Charly García estaba en la ruina, no tenía ni un mango. Y Pelo Aprile, productor de ese disco, ordenó que le enviasen diez mil dólares, para que no esté mal –comenta Rada–. Y eso me emocionó, porque una persona que tiene dos dedos de frente no puede pensar que Charly no tiene ni un mango. O que Rada no tiene un mango. Pero así somos nosotros, los músicos. Pasa una guitarra, un equipo o una consola, y la compramos, aunque enseguida no sirva para nada.” Si Rada habla de Charly es porque acaba de grabar uno de sus temas en su nuevo disco, en el que homenajea a músicos uruguayos y argentinos. Su elegido es “No voy en tren”, un tema que marca más a la época que al compositor. Pero Rada asegura que la grabó con un amor increíble. “La canté porque tiene que ver conmigo. Me gusta lo que dice Charly. Y le agregué una frase: Yo no me copo con nadie. Que para mí era lo que le faltaba a esa canción”, dice el músico en lucha permanente con el showman que hay en él. Y viceversa. Pero que no se copa con nadie. Así es Rubén Rada. El hombre que siempre responde cantando.

Rada fan

Así se lee el título de su último álbum, un generoso disco de versiones, cuando en realidad al que deberían versionarlo es a él. “Todo el mundo festeja sus 20 años de tal cosa, 40 de tal otra, y yo llevo 56 años en esto”, bromea Rada, que hace poco dijo que se retiraba de la música. “Pero si me paso un año sin trabajar, voy preso”, apunta con una sonrisa. Subtitulado Pa’ los amigos, ese disco en el que Rada hace temas tanto de Fernando Cabrera y de Mateo como de Páez y Calamaro, es en realidad un muestrario de sus gustos musicales y amistades personales, con un pie en cada orilla del Río de la Plata. Como siempre ha sido su vida. “Quería grabar temas de autores argentinos que son populares en Uruguay, y al mismo que los argentinos conocieran la música uruguaya. Por eso del Uruguay busqué canciones no tan comerciales.” Fan es un disco que llega después de Bailongo, un disco bien negro (“Pero al que nadie le dio bola”, apunta Rubén, encogiéndose de hombros) y de Varsovia, un doble en vivo junto a Malosetti, quien eligió sus temas preferidos del repertorio de Rada, y es casi el homenaje que el mundo de la música rioplatense aún no se decide a hacerle. “Me lo hicieron este verano en Alemania, donde llevé un repertorio impresionante. Tocamos temas como ‘Biafra’, ‘Dedos’, ‘Martuán’. Y ‘Montevideo’, que es un tema que hace tiempo que no toco, porque no llego con el falsete. Hice cantar a todos los alemanes. Terminamos en la calle, con quince tambores de unos uruguayos que tienen una murga allá. Al final los músicos lloraban de emoción. Me decían: ‘Al fin, Radita. Tenemos que tocar siempre esto’. Y yo les respondía: ‘Pero si tocamos esto en las fiestas, no vivimos’”, se resigna Rada, que se ríe de su propia respuesta, revelando así lo que el encogimiento de hombros escondía al hablar de la indiferencia ante un disco como Bailongo. Porque Rada sabe que, más allá –o más acá– de la música, el show debe seguir. O al menos entiende que eso es lo que le piden. “Gané tres premios Gardel: uno por Alegre Caballero, como pop latino. Otro como Rubenrá, en el rubro para niños. Y un tercero como revelación, como Richie Silver. Pero ninguno como lo que soy yo, con discos como los dos Montevideo, Black o Candombe Jazz Tour. Con ninguno de esos gané nada.”

Negro y rojo

Algo que se puede leer en la elección de temas para Fan es dónde era que estaba –y qué escuchaba– Rada en cada época de su carrera. Durante los ’60 y ’70, del otro lado del charco. En los ’80, de éste, ya que todos los temas argentinos son de ese período. Y en los ’90, otra vez allá. “Puede ser”, acepta, ante la contundencia de la lista de temas. “Pero yo viví en todas las épocas en Argentina. Vine por primera vez a los 10 años, con Gloria Marín y Adolfo Stray en El Nacional. Cantaba un candombe, ‘Soy un negrito de San Telmo’. Me aburrí de ver tetas y culos. Bah, en realidad no me dejaban dormir, daba vueltas toda la noche. Vivíamos en la cancha de Huracán”, recuerda Rada, al que nunca se le terminan los recuerdos. Asegura que en los ’60 vino como Aros Rada, y supo frecuentar La Cueva, donde se cruzaba con Los Mockers, Los Búhos, Los Vips, Los Gatos, Los Shakers, Sandro y Los de Fuego y Tanguito.

¿Qué te acordás de Tanguito?

–Que venía y te mojaba el huevo frito.

¿Cómo?

–Sí. Estabas comiendo, y él venía con un pan y te mojaba el huevo frito, que es lo más odioso que puede haber. Pero yo recuerdo de él lo que recuerda Ricardo Lew, un músico al que conozco desde entonces. Y cuando lo llamó Fernán Mirás, antes de filmar Tango Feroz, para que se juntaran a charlar de Tanguito, Lew le dijo que no hacía falta que se reúnan, que Tanguito nunca hizo nada, que era apenas un rompebolas, un mito que creó la gente. Y la verdad que no tengo ningún recuerdo de Tanguito cantando y rompiendo todo. Sí, agarraba la guitarrita y tocaba un temita. Y todos lo queríamos. Pero no más que eso.

Tarantini y las modelos

Puesto a recordar, es difícil detener a Rada. Cuenta entonces sobre su salida de Los Shakers, donde al comienzo tocaba la batería. “Porque ellos imitaban a Los Beatles y, cuando los agarró un productor porteño, el negrito no daba ni en pedo, y se quedó afuera”, se ríe. También se acuerda de haber tocado en la inauguración del Sheraton con un grupo llamado SOS, o sacar entrada para la película Socorro con los integrantes del Con’s Combo, y ver cómo la gente salía de las peluquerías que había en aquel entonces en calle Lavalle para gritarles de todo por llevar el pelo largo. “Tampoco me olvido de las chanchitas, de las que bajaban los milicos y te rapaban de oreja a oreja. Te dejaban una raya y tenías que ir a cortarte el pelo. Yo viví eso.” Rada también disfrutó de la buena vida, gastando en Recoleta el dinero bien ganado en Europa, hacia fines de los ’70, junto al trompetista Benny Izaguirre. “Parábamos en el bar La Rambla, entre los boliches Bwana y Africa. Nos patinamos toda la guita que trajimos”, explica.

No debía ser una buena época para andar por Buenos Aires...

–Pero nosotros estábamos con Tarantini y las modelos. Y para los milicos, los negros no tienen cabeza. Era lo mismo en Uruguay. Si sos negro, sos ignorante. Eso piensan. No se imaginan que podés ser de izquierda a muerte. Con el grupo Tótem fuimos los creadores del Frente Amplio. Y acá, cuando muchos rockeros estaban tocando en el Obelisco para Alfonsín, yo estaba en el bar La Paz tocando para el MAS.

Las mil vidas de Rada

La rueda de recuerdos se detiene con la llegada de lo que Rada denomina las ambiciones. “Que llegaron porque tenía que criar a mis hijos”, asegura. Y explica que a mediados de los ’90, cuando llegó de México –donde se había ido con una mano atrás y otra adelante luego del fracaso de su carrera en Argentina–, tuvo que decidirse a levantar el teléfono y ponerse a trabajar. ¿De qué? De Rada. “Porque yo tengo un personaje, como lo tiene China Zorrilla, que es muy querido –revela–. Me acuerdo de que cuando Suar me llamó para Gasoleros, le dije que yo no era actor. ‘Hacé de Rada’, me dijo. Y eso lo puedo hacer, porque es lo que hice toda mi vida.” En esta última época de su carrera –o de sus recuerdos– también logró ser un gran vendedor de discos. “Algo que nunca había hecho antes, y por eso tenía el berretín.” Fue de la mano de Cachorro López, cuándo no. “Me dijo: ‘¿Querés vender discos? Dame las canciones y no vengas al estudio, quedate en tu casa’”, se ríe Rada. “Muy capaz el tipo, cuando le mostré ‘Cha Cha Muchacha’ me dijo enseguida: ‘Ese es el hit’”. Después vino otro hit: ‘Adorable Caballero’. Y con esos dos éxitos, asegura Rada, laburó como loco. “Sin embargo, cuando viajo al lado de los Fattoruso no dejo de pensar: ‘¿Y si armamos otra vez Opa?’. Sería maravilloso”, fabula Rada, que tiene planes para regrabar todos sus candombes en un disco, y ya está grabando un segundo álbum como Richie Silver. “Lo que pasa es que yo soy simpático y amargado, qué querés que le haga –se disculpa–. En las Flores de Bach, mi mujer dice que soy agrimony: el tipo que quiere que todo el mundo esté feliz, pero en el fondo es un tipo triste. Y yo vengo de la tuberculosis, y de cagarme de hambre, así que tengo esa dicotomía”, dice el hombre que canta para los amigos. Y que se confiesa feliz de ver a tantos músicos uruguayos triunfando más allá de las fronteras del paisito. “Es algo que me da mucha alegría. Como que me hayan invitado los chicos de No Te Va Gustar. Me siento como Drácula: ¡Sangre nueva!”, bromea Rada, siempre cómodo en su dicotomía.

domingo, 11 de abril de 2010

Rubén Rada: "El sueño de casi todo artista es ganar plata y tener mujeres"



Acaba de sacar el disco de covers, Fan. Allí tributa a músicos argentinos y uruguayos como Spinetta, Charly y los hermanos Fattoruso, entre otros. Hoy va a ser homenajeado en la Casa de la Cultura del Mundo, en Berlín. Habla de su carrera, de las dificultades con el dinero y de su futuro.



Por: Gaspar Zimerman

HOMENAJE. En la Casa de la Cultura del Mundo (Haus der Kulturen der Welt) de Berlín el grupo Jazzanova y Javier Malosetti tocarán canciones de Rada, con él como invitado; también tocará Juana Molina y el periodista Pablo Schanton dará una charla sobre su vida; y toca Rada con toda su banda.

Hace un año y medio, Rubén Rada hablaba de agotamiento y le ponía fecha de vencimiento a su carrera. Decía: En julio del 2009 quiero dejar los escenarios, sólo aparecer como comodín en los recitales de otros, dedicarme a componer, producir a mis hijos, grabar relajado, sin pensar que tengo que vivir de esos discos. No pasó mucho tiempo y acá lo tenemos: de paso por Buenos Aires, otra vez inmerso en una seguidilla de entrevistas para promocionar Fan, su nuevo disco.

-¿Y, Rada? ¿Qué pasó?

-Yo estaba cansado de los shows, las giras, los micros, los representantes, los aviones, los aeropuertos. De terminar de tocar a las 3 y tener que viajar a las 7 para ir a otro lugar. De estar siempre sin dormir, arriba de un micro, comiendo cualquier cosa. Son 50 años de carrera así. Pero para dejar, necesitás guita. Si no aparece, tenés que seguir laburando.

-Por lo menos no vas a hacer shows para presentar este disco.

-Sí voy a hacer shows... Pensaba no tocarlo, pero es una utopía: para vender un disco tenés que tocarlo. Se venden más discos en las giras que en las disquerías. Me cansa andar por ahí, pero son quejas de viejo, ñañas de los seres humanos. Tengo que salir igual. Por ahí el año que viene nos encontramos de nuevo y te digo que estoy repodrido, pero si me quedara un año sin laburar me moriría de hambre y tendría que arrancar de nuevo. Si tuviera 300 mil dólares en el banco, la cosa sería diferente.

-Por eso salirte de la rueda es una fantasía, como irse a vivir al campo.

-Claro. Es como dijo John Lennon: "las grandes ciudades deberían construirse en el campo, allí el aire es más puro". Imposible.

En la voz de Rada no hay queja, apenas resignación. Comenta el estado de situación como quien habla de la mala pata de un tercero. Para él las cosas no son malas ni buenas; simplemente son. Nadie le daría 66 años, y menos con esos prendedores en la solapa de su chaleco: un elefante, Marlon Brando como Don Corleone, el logo de La Naranja Mecánica. Como un adolescente que lleva sus gustos como bandera. Algo así hace en Fan: se toma el recreo de ser intérprete y versiona canciones de gente querida -el subtítulo del cd es Pa' los amigos- de las dos orillas del Río de la Plata. Charly, Fito, Spinetta, Nebbia, Gieco, Calamaro, por un lado; Osvaldo y Hugo Fattoruso, Mandrake Wolf, Fernando Cabrera, Jorge Galemire, Mateo, Urbano Moraes, Chichito Cabral, del otro. "Es un saludo que les hago a ellos. Me da alegría, me divierte ser intérprete. Yo empecé, como todos los músicos, haciendo covers. Acá grabé las canciones que me gustaban. Y una mía, Cantares de la tierra mía, que resume lo que soñé cuando empecé en la música: ganar plata, tener mujeres. El sueño de casi todo artista".

-¿Y cuánto se te cumplió?

-Mujeres tengo: una mujer, dos hijas. Dinero no. Si hubiera sido un miserable ahorrista tendría un dinero. Pero lo gasté en vivir, criar hijos, viajar, comprar equipos, intentar tener un estudio de grabación, tener sonido. Se fue guita por todos lados. Los cachets de artistas en Argentina, a reventar, pueden llegar a 70 mil pesos. Yo estoy en 35, 40. Con los músicos, el sonido, las luces, no se gana mucha guita. Si no tenés épocas de siete shows en un mes, es difícil. Cha cha muchacha fue un éxito increíble, sonaba en todos lados, pero era la época del corralito: la gente no tenía plata, pasó ese disco y no agarré un mango. Perdí un filón.

-Con este disco podés remediarlo: es una que sepamos todos.

-Pero no lo hice por eso, sino por ganas de cantar estas canciones. Lo grabé sin pretensiones, para divertirme. Es más: toco la batería en todo el disco. Y si se vende más o menos, y se pueden hace unos conciertos y divertirme, mejor. ¿Cuál fue mi último disco? ¿Bailongo? Acá no tuvo mucha difusión, no sé por qué. Una pena.

-Cuando a un uruguayo le va bien, en la Argentina decimos que es rioplatense. ¿Vos qué serías?

-Yo soy uruguayo. Agradezco a la Argentina que me dio de comer toda la vida, pero soy un negro yorugua a muerte. Soy uruguayo de alma. Viví en México y Estados Unidos y nunca se me pegó ni una palabra. Pero Argentina y Uruguay son los países más parecidos del mundo.

-Acá envidiamos el civismo, los modales uruguayos.

Siempre les digo a los uruguayos que si no existiera Buenos Aires, los porteños seríamos nosotros. Cuando salen de paseo, los uruguayos y los argentinos se van a Europa o a Estados Unidos. Nos creemos europeos. Mucha gente blanca, mucho rubio. Uruguay tiene negros, pero están integrados. Claro, son considerados porque son buenos músicos, son lindos, bailan. Como si fueran osos panda. Pero es así, Argentina y Uruguay son países muy parecidos. Los de las papeleras es un problema político de dos personas testarudas, Kirchner y Tabaré, que nunca se juntaron a hablar. Hace siete años, esto se solucionaba en dos minutos.

-¿Alguna vez te ofrecieron meterte en política?

-Nunca me interesó. Estuve en la Vertiente, la lista de Arana, ex intendente de Montevideo, pero en el puesto 120, sólo para poner el nombre. Cuando te metés en lo que no sabés, la cagás.

-Pero vos hiciste de todo: fuiste actor, hiciste música para chicos, el personaje de Richie Silver...

-Cuando hice Gasoleros me fue muy bien. En otras ficciones, en Uruguay, también. Rada para niños me encantó hacerlo. Siempre salí para cualquier lado.

-¿Ese fue tu pecado?

-Pecado no. Soy un tipo de fusión, vengo de un país rodeado por Argentina y Brasil, que tienen millones de músicos, y atacado por Los Beatles, Sinatra, Nat King Cole, Kool and The Gang. Fue difícil encontrar un sonido. Por eso no me gusta que me digan rockero ni candombero. Me considero cantante de fusión.

-¿Finalmente no te perjudicó esa diversidad?

-Me jodió en la música. Si hubiera tenido el sello de negro candombero, sabés dónde comprar el disco de Rada. Tocar distintas músicas hace que cuando gano un público pierdo otro. A la gente no le gusta que la distraigan. Pero no tengo solución, porque me gustan toda la músicas. Lo lamento en el alma. Los que me siguen saben que ahora puedo hacer un cd de tango o de candombe. Aunque siempre es bueno tener un marketing: decir soy rockero, baladista... Por eso, cuando salió el rótulo world music, dije ¡iupi, nos salvamos!

miércoles, 29 de julio de 2009

RUBEN RADA Y SU NUEVO ESPECTACULO EN LA TRASTIENDA



“Las canciones para niños perduran”

El músico uruguayo asegura que llegó al mundo infantil superando sus temores. Pero ahora ya se siente seguro en ese terreno. Lo prueba en El reino de Rada en 3D, un show “para toda la familia”. El Negro desmiente su retiro de los escenarios y anuncia nuevos discos.

Por Sebastián Ackerman

Pelo mota en puntas, aritos con forma de guitarra, chaleco con prendedor de Stars Wars y zapatillas fucsia. Rubén Rada no pasa inadvertido. “¿Querés que me pare un poco el pelo? ¿Queda bien así como puntas?”, pregunta para la sesión de fotos. “Una vez fui a verlo a Edmundo Rivero con el pelo así, medio afro –recuerda –, y algunos del público me puteaban. Pero como Edmundo me conocía, cuando me vio me dio un abrazo y después me dedicó un par de canciones”, cuenta el uruguayo. A los 65 años, pero con una barba entrecana como única muestra del paso del tiempo, Rada sigue haciendo sobre el escenario lo que le gusta. Es un showman. Esta vez cruza el charco para presentar El reino de Rada en 3D (las tres dimensiones: alto, ancho y profundo; “en su caso, bastante profundo”, bromea en la obra), un espectáculo para toda la familia en el que se divierte trabajando para los más chiquitos y que se presenta desde mañana hasta el domingo a las 16.30 en La Trastienda (Balcarce 460).

Rada podría considerarse un músico de culto: de copiar a Jorge Negrete, Dean Martin, Nat King Cole o Frank Sinatra cuando de chico barría la sala del cine Première en Montevideo, formó parte de tres míticas bandas uruguayas como El Kinto, Opa y Tótem; vivió la época hippie argentina actuando en Hair en los ’70 y fue corista y compositor por encargo en México, donde luchaba para sobrevivir con su familia. Pero él asegura que llegó al mundo infantil superando sus temores. “Había un grupo en Uruguay que se llamaba Canciones Para no Dormir la Siesta, dirigido por Horacio Buscaglia, el padre de Martín. Y me decía ‘Negro, los chiquitos necesitan que vos les cantes’. Porque necesitaban una identidad, quería convencerme. Y yo les tenía terror a los niños, un miedo terrible. Porque me asusta que se queden secos, que no te miren o se pongan a gritar. Yo no sabía manejar eso... Pero al final agarré.”

–¿Cómo definiría su trabajo con los chicos?

–Esta es una obra de teatro seria, pero en broma. En el show no hay ninguna canción boluda para chicos. Están muy rápidos hoy. No podés cantarles la canción el mosquito que te picó porque no se enganchan. Hoy se prenden y bailan con lo que ven en la tele. Pongo esas canciones porque bailan los chicos y también bailan los padres, se divierten. No es Rada para niños, más bien es Rada para toda la familia. Se me hace fácil porque tengo más de 30 canciones. Las canciones para niños perduran, y los chicos quieren escuchar esa canción. Si hago un show con 15 canciones nuevas, tengo que cantárselas diez veces para que las aprendan. Y se van y dicen que no les gustaron. Ahí el chico es igual que el adulto o incluso tiene un poco más de gusto por la repetición. Entonces pongo una o dos canciones nuevas por show, cambio la temática (este año es el Reino, en el que una princesa es mi hija, pero fue Rubenrá en Candombia), pero las canciones están porque me las piden. En Uruguay vi a un padre en el hall del teatro que le decía al hijo: “Nene, te juro que si entrás te llevo a Disney”. ¡El quería verlo!

En El reino de Rada el uruguayo maneja los tiempos: pide ver “ese grito de locura” y todos gritan, enseña los coros de algunas canciones y asegura que “hasta que no se la aprendan no nos vamos de acá”, y también pide escuchar a grandes y chicos para que le cuenten “qué les revienta”. Y ahí unos y otros se animan a decir lo que tal vez les resulte difícil sin la mediación del Negro. “El show es bien para los padres de los chicos, y los padres también hacen catarsis y dicen lo que sienten. Los chicos dicen ‘me revienta que no me dejen estar con la compu hasta las 5 de la mañana’ o ‘me revienta que me rete mi papá’, y el otro día una señora dijo ‘me revienta que hace dos meses que Macri no me paga’. ‘Bueno, comenzó el comité de base’, le contesté (risas). Está bien eso”, interpreta.

–¿Le divierte trabajar para chicos?

–Me divierte muchísimo. Es como rejuvenecer: estoy como Drácula con cuello nuevo. No lo veo sólo de esta manera, pero sabés que al estar dentro de los niños estás formando público para el futuro. Y por ahí en un par de años empieza a escuchar su música y elige al Negro Rada o a (Luis Alberto) Spinetta. Sabés que estás formando un público nuevo. No lo hago por eso, pero bienvenido sea.

Cada vez que recuerda una canción, la canta bajito y golpea la mesa como si tuviera sus tambores enfrente. Y le gusta cantar. Entonces cuenta la historia de “Al chancho le gusta la gallina”, que “era un tema que cantaba yo en joda por la calle. Salíamos con la banda y cantábamos por la calle inventando cosas. ¡Tendrá veintipico de años esa canción! Hasta que un día se la llevé a Horacio y la convirtió en un tema completo, para un show”, confiesa. Cuando tararea sus canciones preferidas de Opa, los pocillos de café tiemblan sobre la mesa. Rada es ritmo.

Sin embargo, la música es una de las pasiones del uruguayo. La otra es –rioplatense puro– el fútbol: soñaba con ser lateral derecho de Peñarol. “Muerto por el fútbol. Soy fanático. Yo siempre digo que el plan B mío era cantar. Yo me crié desde los dos años a cinco cuadras del estadio Centenario. Cuando tenía siete Uruguay fue campeón del mundo. Recién había sacado la cédula de identidad, y la mostraba por la calle y pedía plata. ¡Me llenaba los bolsillos de monedas! Después fui alcanzapelotas en el estadio. Eramos los anforizados, que era una marca de ropa de esa época, como Far West, y cuando venía el entretiempo armábamos un arco con ropa en la mitad de la cancha y jugábamos un partidito. Y la gente aplaudía a rabiar, porque había algunos que la movían de verdad. De hecho, algunos llegaron a jugar en primera división, como (Luis) Cubillas. Ahora ponen las minas, las porristas...”, bromea.

–¿Cómo era como jugador?

–Yo era rápido nomás, pero no pude jugar al fútbol porque de los dos a los cuatro años tuve tuberculosis. Entonces, cuando tenía 12 o 13 años me presentaba para jugar al fútbol y te obligaban a hacerte la ficha médica. Estaba todo bien, pero cuando me hacían la placa salía una mancha en el pulmón. Yo estaba curado, pero igual no me fichaban. Llegué a quedar entre los aspirantes a Peñarol, que eran los que podían entrar a jugar en las inferiores, pero por la ficha médica no entré.

Por eso ganó la música. Ya desde chiquito Rada despuntaba el vicio. “Yo siempre digo que el plan B fue cantar. Cantaba en el cine Première, cantaba en los cumpleaños. Mi vieja me decía que si cantaba como en los cumpleaños iba a ser famoso”, cuenta. “Y acertó”, afirma, aunque agrega que la fama no asegura la plata. “En Tótem era un músico de elite y decíamos cosas duras. En esa época me cagué de hambre. La única vez que me fue bien y gané dinero fue cuando grabé ‘Cha cha muchacha’, que además fue un éxito de televisión. Las radios no la pasaban porque decían que yo era ‘grande’ de edad. Yo no era del target. ¡Podían pasar Miranda!, pero no al negro Rada. Y cuando llegó el momento de tocar, vino el corralito, y me decían en los boliches o la municipalidad que no me podían contratar porque no podían sacar plata del banco. Todo ese año me lo perdí, y ése era un tema para explotar”, se lamenta.

–Hace poco dijo que quería retirarse. ¿Sigue pensando lo mismo?

–Quería salir un poco de la vorágine de los shows. Pero decidí hacer unos discos más: estoy grabando uno de versiones, homenajeando a los tipos que quiero como (Luis Alberto) Spinetta, Fito Páez, Charly García, (Andrés) Calamaro, y otros músicos uruguayos, como Los Shakers, algunas canciones mías. Probablemente se llame De puerto a puerto. Y ya tengo grabado un disco instrumental, con el grupo Confidence, en el que tocan mi hijo y (Osvaldo) Fatorusso. Es un grupo para no cantar. Y después veremos. De lo que realmente tengo ganas, si tuviera mucho dinero –que no tengo–, es de meterme en un boliche a tocar dos veces por semana con amigos, las canciones que me gustan. Porque me cansan los aviones, me cansa saber que ya no canto como antes. Eso es cierto. Una cosa es cantar como Jobim o Caetano Veloso, que cantan siempre dentro de una tonalidad, pero los shows míos son de agudos, graves... hago muchas cosas con la voz. Y cuando veo que no lo puedo hacer me da mucha rabia. O preguntarme antes de un recital “¿Podré cantar esta canción?”. “Montevideo”, por ejemplo, no la hago más. La canto en mi casa. En los shows a veces tengo miedo de hacer las cosas que hacía antes.

–No pudo ser futbolista. Si no hubiera sido músico, ¿qué habría hecho?

–Imposible. No había ninguna posibilidad de que no fuera músico. La música era el plan B porque mi pasión era el fútbol, pero sé que si nazco de nuevo soy músico otra vez. Seguro. No habría otra cosa que pudiera hacer. Hubo momentos en los que me cagué de hambre y trabajé cantando en hoteles. Cuando me fue mal acá en Argentina me fui a México a hacer coros, trabajé con Tania Libertad. ¡Estuve cuatro años haciendo vocales! Componiendo a pedido... Cuando vos le dabas una canción a Mijares, Tania León o Alejandro Fernández te adelantaban 500, 1000 dólares. Y con eso vivíamos un tiempo.