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jueves, 30 de diciembre de 2010

MURIO EL LEGENDARIO PIANISTA DE JAZZ BILLY TAYLOR.








El compositor murió a los 89 años a causa de un paro cardíaco en Nueva York. Acompañó a músicos como Charlie Parker y Miles Davis






El legendario compositor y pianista de jazz Billy Taylor murió ayer a los 89 años por una insuficiencia cardíaca.
Taylor nació en 1929 en Carolina del Norte y creció en Washington. En 1943 se trasladó a Nueva York, donde tocó en clubes nocturnos y acompañó a músicos como Charlie Parker y Miles Davis.

Una de sus temas más famosas fue "I wish I knew how it would feel to be free" ("Me gustaría saber cómo se siente ser libre"), canción que se convirtió en el himno no oficial del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.

Taylor, que prefería ser llamado Dr. Taylor por el diploma que había obtenido en pedagogía musical, comenzó su carrera en clubes famosos como "Three Deuce" y "Birdland", donde tocaba swing y bebop.

Sus trabajos llevaron a que el jazz fuese respetado como verdadera forma artística, valor que esta corriente musical no tenía cuando Taylor, hijo de un dentista y de una maestra, comenzó a tomar clases de piano a los siete años.

Con el tiempo, el artista comenzó a dar clases en la Universidad de Long Island y en la Escuela de Música de Manhattan.

Taylor fue miembro del Consejo de Cultura de la ciudad de Nueva York, al que también pertenecían compositores como Leonard Bernstein, y asesor del Centro Kennedy para las Artes Escénicas en Washington.

domingo, 16 de mayo de 2010

ADIOS A LENA HORNE (1917-2010), LA MUJER QUE PADECIO SER NEGRA, AUN PARECIENDO BLANCA



CON SU BLANCA PALIDEZ

Por Alfredo Garcia

Max Factor tuvo que diseñar un maquillaje especial para Lena Horne. Es que su tez era tan clara que el público podría confundirse y pensar que era blanca. Pero Lena Horne era negra, y no le hacía mucha gracia tener que usar ese maquillaje especialmente creado para ella por Factor, que lo bautizó “Dark Egyptian”.

Con el tiempo, alguna actriz blanca componiendo algún papel exótico –tipo esclava árabe– como Hedy Lamarr, daría el toque final a su caracterización étnica con el mismo “Dark Egyptian”. En el mercado latinoamericano, para que quede claro que la beldad no era blanca, a su exitosa película Stormy Weather (Andrew L. Stone, 1943) la tradujeron como Morena oscura. Desde el punto de vista actual cuesta entender la importancia que tuvo Lena Horne en la cultura popular: cantante, bailarina y actriz, Horne actuaba en el legendario Cotton Club siendo menor de edad, y tiempo después fue la primera artista negra en ser contratada a lo grande por un estudio como la MGM, que de todos modos no supo bien qué hacer con ella. La ironía del asunto es que esta chica apenas morena, casi como para pasar por blanca, se pasó su contrato con la Metro sin obtener ningún buen papel debido a su condición de negra. De hecho, esta primera estrella afroamericana del Hollywood mainstream terminó siendo incluida en las listas negras.

Lena Horne nació en Brooklyn el 30 de junio de 1917, y murió el 9 de mayo de 2010 en Manhattan. El presidente Obama expresó sus condolencias y elogió “su lucha incansable por la justicia y la igualdad”. La lucha empezó en su más tierna infancia: a los dos añitos, la pequeña Lena era la modelo de la portada del boletín mensual de la National Association for the Advancement of Colored People, en la que participaban sus abuelos, que la criaron cuando sus padres se separaron. Su madre se esfumó varios años en la vida nocturna de Harlem. Una década más tarde, ella se ocupó de conseguirle a su hija de 16 años una audición en el Cotton Club. Un año después, Lena debutaba en Broadway en el musical Dance with the Gods, como bailarina de una especie de baile vudú. En 1938 la contrató un estudio independiente, Million Dollar Productions, para actuar en una película, The Duke is Top. Años más tarde, la actriz contó que se negó a asistir a la première porque jamás le pagaron por su trabajo. Luego de casarse y tratar de ser una típica ama de casa suburbana, terminó volviendo a cantar en un club neoyorquino, donde un empresario la vio y decidió convertirla en la estrella del local que estaba por inaugurar en Hollywood, el Trocadero.

Ya en Hollywood, Lena Horne causa tal sensación que fue convocada por la MGM para firmar uno de los famosos contratos de siete años del estudio. Recordando aquellos tiempos, Lena confesó que su estrellato se lo debió casi por completo a la guerra: “Los soldados negros que estaban en el frente no podían pegar una foto de Betty Grable, pero sí podían poner la mía”. Su primer film como actriz para la Metro fue en la película de Vincente Minnelli, Cabin in the Sky (Una cabaña en las nubes, 1943), que protagonizó junto a Eddie “Rochester” Anderson, Ethel Waters, Rex Ingram, Louis Armstrong y Duke Ellington. Una escena con Lena cantando en una bañera resultó demasiado audaz para el estudio, que decidió cortarla.

Inmediatamente después, la Metro le prestó a Lena Horne a la Fox para su película mas famosa, Stormy Weather, en la que encabezaba un elenco que incluía a Cab Calloway y Fats Waller. La canción del título ha quedado como un tema clave en su carrera como cantante, y de hecho la película fue elegida entre los clásicos que merecen el cuidado del National Film Preservation Board de los Estados Unidos.

Por algún motivo, la carrera de Lena Horne como actriz no prosperó. Ella asegura que se debió a su fama de chica problemática, relacionada con artistas comprometidos como Paul Robeson, y debido a que en sus giras para el ejército se negaba a actuar sólo para soldados negros (hay una anécdota que asegura que terminó haciendo una función para soldados negros y prisioneros de guerra alemanes).

En todo caso, su carrera como actriz se terminó de golpe después de la guerra, y salvo algunas apariciones como cantante en algunos films, su siguiente papel importante lo tuvo recién en 1969 en el western con Richard Widmark, Pueblo sin ley, codirigido por Don Siegel y Robert Totten.

Olvidándose del cine, Lena Horne se convirtió en una estrella como cantante, y fue una eterna invitada a los más populares programas de TV. Entre sus discos más recomendables se puede citar Stormy Weather, que compila los temas de los años ’40, el LP en vivo Lena Horne at the Waldorf Astoria, de 1958 (¡el álbum de una cantante femenina más vendido en la historia de RCA Victor!) y el casi inconseguible Lena & Gabor, donde hace covers como “Rocky Raccoon” de Los Beatles junto al legendario guitarrista Gabor Szabo.

En 1981 resurgió en Broadway con el show Lena Horne: the Woman and her Music, que le dio un premio Tony y relanzó su carrera. Su última aparición fue en 1994 en el film de antología Erase una vez en Hollywood 3: ahí se la puede ver hermosa como nunca, cantando “Ain’t it the Truth”, en ese baño de espuma que el estudio prefirió cortar de Cabin in the Sky.

VIDEO

Recordá a Lena Horne cantar en "Stormy Weather":





domingo, 11 de abril de 2010

Murió Herb Ellis, ex guitarrista del Oscar Peterson Trío


También tocó con Ella Fitztgerald, Louis Amstrong y Stan Getz. Tenía 88 años.

JAZZ EN LA CABEZA. En este video, interpretando "Georgia (on my mind)" junto a músicos amigos, en 2008.

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El guitarrista Herb Ellis, un virtuoso del jazz que tocó junto a figuras como Ella Fitztgerald, Louis Armstrong y Stan Getz e integró el trío encabezado por el pianista Oscar Peterson, ha muerto a los 88 años en Los Ángeles, informó hoy el diario The New York Times.

Mitchell Herbert Ellis, que estaba casado desde hacía 52 años y tenía dos hijos y tres nietos, padecía Alzheimer y falleció el pasado domingo en su vivienda de Los Ángeles (California).

Aunque fue un discípulo del mítico guitarrista Charlie Christian, "siempre fue más que un imitador: Su estilo mezclaba la sofisticación armónica del bebop con la terrenal franqueza del blues, sazonado con un acento más típico de la música country que del jazz", explicaba hoy el diario neoyorquino para describir la música de Ellis.

Nacido en Farmersville (Texas) el 4 de agosto de 1921, este músico tocó el banjo y la armónica de niño, antes de tomar clases de guitarra en el North Texas State Teachers College, la actual Universidad del Norte de Texas y uno de los primeros centros del país en ofrecer lecciones de jazz.

En 1947 se unió al pianista Lou Carter y al bajista Johnny Frigo, ambos de la banda de Jimmy Dorsey, y formaron el trío instrumental Soft Winds, cuyo tema "Detour Ahead" se convirtió en un clásico y fue interpretado entre otros por Billie Holiday.

Cuando se alió con Oscar Peterson, entre 1953 y 1958, atrajo gran atención por la base rítmica que incluía en la música de ese conocido trío, que tampoco contaba con percusionista, así como por sus solos de guitarra.

Su fama internacional creció aún más cuando se fue de gira con Ella Fitzgerald y trabajó para el famoso productor de discos Norman Granz en grabaciones junto a Billy Holiday, Louis Armstrong, Dizzy Gillespie y Stan Getz, entre otros.

Tras varios años trabajando en televisión en Los Ángeles, regresó al jazz en 1973 y hasta los años 90 tocó junto a Barney Kessel y Charlie Byrd en el grupo Great Guitars.


Fuente: EFE.

martes, 16 de febrero de 2010

HELEN MERRILL: una de las grandes voces blancas del jazz




La cantante, Helen Merrill (New York, 1930), es una de las grandes voces blancas del jazz. Su estilo siempre ha estado exento de ornamentas y vibratos adicionales y su canto es un homenaje a la desnudez vocal. Con un registro pequeño en comparación con sus colegas, su especialidad es la balada. Nunca fue una cantante de bigband, ni cultivaba el arte del scat,
pero en los tiempos lentos es toda una autentica especialista.





De origen yugoeslavo, Jelena Ana Milcactic, verdadero nombre de Helen Merrill, consiguió con su primer álbum (Helen Merrill, Emarcy 1954) llegar a lo mas alto del jazz vocal. Con el mismo acompañamiento instrumental que había tenido días antes la gran Sarah Vaughan -Con Clifford Brown, a la trompeta como principal solista- tuvo la virtud de grabar un disco original, intimista, inteligente y con una voz prodigiosa. Clifford Brown, estaba en el momento álgido de su carrera y eso lo agradece el disco. Su debut como profesional tuvo lugar con la orquesta de Reggie Childs con quien estuvo de vocalista entre 1946 y 1947. Después vino el disco de su debut con Clifford Brown ya citado y a continuación varios mas para el sello Emarcy -una casa discográfica, filial de la Mercury que se especializó en grabar a cantantes- algunos de ellos también excelentes como el grabado en 1956 titulado: "Dream of You" y que cuenta con la extraordinaria aportación en los arreglos del maestro Gil Evans, ya famoso por su participación fundamental en el Noneto Capitol, y que por vez primera se decidía a trabajar exhaustivamente con una cantante. Los cincuenta y los sesenta vieron como la cantante, que seguía teniendo una naturalidad apoteósica y una dicción matizada, dejó algunos discos salteados para varios sellos: Verve, Milestone o Landmark.

Su estancia en Europa y en Japón- donde vivió entre 1967 y 1972- contribuyó a su renacimiento artístico en el país nipón, y en Europa tuvo que esperar a que en 1984 publicara el disco "No Tears, No Godbyes" (OWL) junto al pianista, Gordon Beck y mas tarde el magnifico "Music Makers" con Steve Lacy y Grapelli en 1986 para que el publico francés la redescubriera. Antes, en 1967, había grabado para Milestone una serie de discos con el extraordinario pianista, Dick Katz -su acompañante y director musical, antes de instalarse en Japón- que aportaron nuevos horizontes a su voz humeante. Dos discos dejaron testimonio de aquella feliz etapa: "The Feeling is Mutual" un disco admirable, y "A Shade of Difference" (1968) algo mas desigual pero con una magnifica versión de "Lonely Woman" la obra maestra que compuso Ornette Coleman.

En 1987, treinta años después de la primera colaboración con Gil Evans, cantante y arreglista se juntan de nuevo para grabar "Collaboration" (Emarcy) una reedición con los mismos temas y arreglos de la primera ocasión. En 1989 llegó la esperada cita con Stan Getz, uno de sus músicos preferidos "Just Friends" (Emarcy) aunque ya su voz no era la misma y anunciaba la cercanía del retiro. Su obra postrera mas importante, es el álbum que ella misma se retrata. Esa autobiografía musical titulada "Jelena Ana Milcactic a. k. a. Helen Merrill" (Gitanes, 18 abril de 2000) es además de un gran disco, una especie de tributo a su magnifica carrera como cantante de jazz.


Una de las cantantes de jazz más distintivas que haya habido nunca, Helen Merrill comenzó a cantar profesionalmente hace 60 años,
cuando su cálida voz se sumó a la Reggie Childs Orchestra en 1946. Pero ese fue sólo el comienzo de una larga y vívida historia que llevaría a la talentosa y joven hija de inmigrantes croatas a hacer historia en el jazz grabando con el trompetista Clifford Brown y el arreglador y director Gil Evans en los 50. Una historia que incluye la oportunidad de compartir el escenario con luminarias como Charlie Parker, Miles Davis y Bud Powell, de cantar con el pianista Earl Hines y de vivir en diferentes países, de Italia a Japón. ¿Suficiente para alguien que quiere saber más acerca de esta gran señora de la canción? Bueno, entonces siga leyendo...

All About Jazz: Mirando hacia atrás, de esos 60 años de tantas canciones, discos (más de cuarenta), de importantes compañeros musicales y de shows por todo el mundo, ¿cuál es el balance de su carrera?

Helen Merrill: Tengo una personalidad que siente que cada día es el comienzo de algo nuevo y, entonces, el balance de mi carrera siempre está cargado de posibilidades, tanto negativas como positivas. No soy buena para ocuparme de mi carrera, que me mantiene en una suerte de limbo.




















AAJ: Después de todos estos años, ¿hay todavía algún país donde nunca haya estado y donde le gustaría cantar?

HM: He soñado con China desde que era muy niña. Leí tantos libros sobre ese país cuando era una niña. Incluso grabé una canción china. Me parece que mi acento no fue muy bueno.

AAJ: Bueno, volvamos hacia atrás en el tiempo. Usted comenzó su carrera en el 845 Club, en el Bronx, cuando todavía estaba en el colegio secundario. ¿Cuándo se dio cuenta por primera vez de que quería ser una cantante? ¿Fue muy importante ese club en su carrera?

HM: Siempre supe que sería una cantante, desde muy joven. Además, era más que pensar que cantar me abriría al mundo, que lo hizo. El 845 Club fue muy importante porque confirmó mi talento. Bud Powell era el pianista, Kenny Clarke el baterista y había montones de solistas, todos muy bien conocidos en el mundo de la música.

AAJ: Era el final de la era Big Band, pero usted sí cantó con la Reggie Childs Orchestra entre 1946 y 1947. ¿Qué aprendió de esa experiencia, qué pudo usar luego en el contexto de un pequeño grupo?

HM: Todo lo relacionado con interpretar música era excitante para mí. Aprendí a cantar con una banda, lo cual no fue difícil. Tuve que suplicarle a mi padre que me permitiera viajar con la banda, lo que hizo tras muchísima persuasión de mi parte.
























AAJ: ¿Cómo y de qué manera Jelena Ana Milcetic se transformó en Helen Merrill? ¿Hay algo importante que rodeara la elección de su nombre artístico?

HM: Ahora siento que el nombre Merrill fue un gran error. Pero en aquellos días todos cambiaban sus nombres, y yo también. Fue en un momento de chiquilinada, mi amiga tenía un novio con ese nombre y me sonaba tan bien en aquel momento... Muy americano.

AAJ: ¿A qué cantantes estaba escuchando cuando comenzó su carrera? ¿Tenía algún ídolo a quien quisiese emular?

HM: Nunca tuve a un/a cantante como ídolo. Escuchaba a muchos músicos y mis ídolos fueron Ben Webster, Lester Young, Johnny Hodges. Esas personas sabían las letras de las canciones e interpretaban la música con el significado de las canciones en su mente, añadiéndole sus propios sentimientos especiales. Mi madre fue mi verdadera influencia. Ella sentía la música desde un lugar muy espiritual. Un lugar privado que era totalmente propio. Ese tipo de música no puede tener maestros. Venía de su lugar natal, que era la isla de KRK en Croacia. A partir de eso, permití que mis propias experiencias guiaran mi interpretación de la música. No creo que el arte deba emular, o que debamos estar buscando clones. Aprendemos los unos de los otros y, a partir de eso, continuamos nuestro propio viaje.

AAJ: A veces a Ud. se la ha visto como una mezcla de la intensidad voladora de June Christy y de la flexibilidad de Sarah Vaughan. ¿Concuerda en algún sentido con esa comparación?

HM: Sarah fue fabulosa y fue mi favorita. Su voz era un instrumento musical y su don era enorme. Mi atención estaba en los instrumentistas. Me sorprende que me compare con otras maravillosas cantantes pero yo he sido siempre yo misma. Siempre corriendo muchísimos riesgos...



















AAJ: Su primer álbum, Helen Merrill (Emarcy, 1954), tuvo un invitado muy especial: Clifford Brown, y así también lo era su arreglador y productor, Quincy Jones. ¿Qué recuerdos tiene de esa grabación? ¿Las canciones se grabaron con todos los músicos tocando juntos o hubo mezclas?

HM: Mi grabación con Clifford fue un hecho muy natural. Sin ensayos, sin reuniones. Clifford era tímido, y yo también. Estábamos en la misma habitación y Quincy escribió los arreglos e hizo que todos nos sintiéramos como una familia. Quincy de hecho nos reunió a Clifford y a mí. Siempre tuvo una habilidad mística para reunir a las personas adecuadas. Creo que Clifford juega su mejor parte emocional en nuestro disco.

AAJ: Después de Helen Merrill, Ud. grabó Dream of You (Emarcy, 1956), con Gil Evans, lo que ayudó a sacarlo de su retiro y trabajar luego con Miles Davis. ¿Quién eligió a Gil? ¿Fue decisión suya?

HM: Fue mi decisión y el productor Bob Shad estaba horrorizado porque Gil era famoso por usar muchísimas horas de grabación. Aun así, yo seguía queriendo a Gil y él nunca olvidó mi lealtad hacia él. Él era un tesoro viviente y todos nosotros lo amábamos. Miles y Gil tuvieron una relación de mucha protección. Creo que él lo veía a Gil como una súper figura paterna. Sí, yo le conté a Miles de mi grabación y él simplemente dijo: “Creo que voy a llamarlo a Gil y a grabar de nuevo con él...”

AAJ: Aunque el disco con Clifford Brown fue bastante importante, hay quienes dicen que este “resalta mejor su expresivo talento vocal” y, treinta años después, usted trabajó nuevamente con él en Collaboration (Emarcy, 1987), que es considerado como uno de sus mejores discos. ¿Qué tan diferente fue esta experiencia de la primera?

HM: Kyoshi Koyama fue mi productor en ese álbum con Gil, y Gil aceptó la propuesta. Gil era un autor muy cuidadoso y muy, muy lento. No estaba bien en aquel momento y entonces decidimos rehacer lo viejo y agregar “Summertime.”

AAJ: Hablando de colaboraciones, en 1989 usted grabó Just Friends (Emarcy, 1989), un hermoso disco con Stan Getz, donde ustedes compatibilizaron tan perfectamente, estando a la vez relajados y en ritmo. ¿Cómo se dio esa oportunidad de grabar juntos?

HM: Stan y yo éramos viejos amigos. Trabajamos juntos en Escandinavia por mucho tiempo.

AAJ: ¿Por qué se mudó a Italia, Europa, a finales de los 50? ¿Estaba teniendo problemas para encontrar trabajo en los Estados Unidos?

HM: Siempre hubo problemas para los artistas del jazz en los Estados Unidos, pero mi motivo fue más bien un lugar común. Estaba escapándome de un romance muy malo. Me fui a Inglaterra con el crítico de jazz Leonard Feather para cantar en la BBC con Dudley Moore (que era un pianista muy bueno), y de allí a Bélgica y el Festival Comblain. Allí me encontré con el pianista Romano Mussolini, quien me invitó a cantar con él y con sus varios grupos. Tuve bastante éxito allí haciendo festivales, TV e incluso música para películas. Estando allí me invitó el Hot Club of Japan para cantar en aquel país. Eso fue en 1960.




















AAJ: ¿Cómo fue esa experiencia?

HM: Fue una experiencia fantástica. Fue como un sueño. Yo no fui a vivir a Japón, fui allí para trabajar. A finales de los 60 conocí allí a un caballero con quien me casé. Él estaba a cargo de la UPI para toda Asia. Fueron días excitantes, de muchos viajes, pero de alguna manera yo me veía forzada a interrumpir mi carrera.

AAJ: ¿Realmente esperaba Ud. hacerse tan popular en Japón, como afortunadamente resultó?

HM: La fortuna tiene poco que ver con esto. Yo trabajé muy duro y por muy poco dinero. Mi música me hizo popular con el público y con los músicos, como ocurrió también en Italia y en Francia. Japón es un país de gustos e intereses diversificados. Hay un grupo leal de seguidores del jazz y ellos siguen siendo leales. Mi popularidad, de largo tiempo, tiene que ver en parte con mi sincero interés en aquel país y en su cultura, y en parte, como diría el pianista Roland Hanna, “Tú tienes una mágica manera de tocar el corazón de la gente”. De modo que aun cuando canto en inglés, no parece importar. Lo mismo en Francia.

AAJ: Japón siempre ha sido un mercado muy importante para el jazz y para los músicos del jazz. Habiendo vivido y grabado allí, ¿cómo explica Ud. este fenómeno?

HM: Las personas japonesas tienen muchos intereses y son ávidos en sus hobbies. Cuando fui a Japón por primera vez, me encontré con algunos de los mejores músicos, del jazz y de música clásica y del pop. Los músicos clásicos como Tortu Takemitsu, Seiji Ozawa y otros, ya tenían un gran conocimiento de la música clásica occidental. Los músicos jóvenes del jazz estaban muy ávidos de aprender y yo traté de impartir cuanto conocimiento yo tuviera. Hoy, los músicos japoneses de jazz han alcanzado un nivel muy alto. También tienen un gusto muy sofisticado para seleccionar la música y los músicos, de modo que continúan disfrutando del jazz.

AAJ: ¿Por qué decidió regresar a los Estados Unidos en los 70?

HM: Como dije, mi carrera en Japón es como que se había terminado cuando me casé. Así, el hecho de que yo viviera allí era para los japoneses más como un enigma que una ventaja. Volví a los Estados Unidos porque así lo hizo mi esposo.

AAJ: De vuelta a su hogar usted grabó dos álbumes muy exitosos con el pianista Dick Katz y con músicos como Thad Jones, Gary Bartz, Jim Hall, Ron Carter y Elvin Jones: The Feeling is Mutual (Milestone, 1967) y A Shade of Difference (Landmark, 1968). ¿Cuán importantes fueron en su carrera?

HM: Las grabaciones que hice con Dick Katz siguen siendo frescas y bastante maravillosas. No lo digo por mí, sino que sólo el calibre de los músicos en aquellas sesiones podía crear una música sorprendente. Dick fue y es un arreglador interesante y su música suena muy contemporánea. La grabación fue en vivo y tiene un sonido que es sorprendentemente bueno.

AAJ: En 1976 Ud. grabó con John Lewis, un álbum principalmente de duetos. Luego en los 80 grabó de nuevo en dueto con Gordon Beck (1984) y con Ron Carter (1987). ¿Es desafiante y gratificante cantar en ese contexto?

HM: Puede ser muy gratificante cantar en dueto pero el espíritu tiene que ser el correcto y ser interesante el diálogo. Las grabaciones que hice con Gordon fueron un gran éxito en Francia. Hicimos muchos conciertos en Francia y vivimos algunos momentos mágicos.






















AAJ: Tenemos que hablar sobre Brownie (Polygram, 1995). Además de ser un gran disco, es asimismo un homenaje a Clifford Brown 40 años después del encuentro de ustedes en un estudio de grabación. Todo comenzó con un homenaje por el 35to. aniversario de la muerte de él, pero llevó dos años entrar finalmente a un estudio y grabarlo. ¿Por qué?

HM: Un disco homenaje, que es muy personal para uno mismo, nunca puede ser como uno siente que debería ser. Así fue siempre respecto de mis discos en homenaje. Usted de repente confronta lo enorme de su responsabilidad de representar a estas personas muy especiales. Llevó mucho tiempo mi CD Brownie a causa de mi gran respeto por Clifford y por su hermosa esposa Larue. Escribí la letra de “Your Eyes” para Larue y ella me envió la carta más conmovedora y hermosa, sobre su reacción ante mi letra. El otro caso fue tratar de interpretar las vidas de mis padres: una misión imposible. Cuando mi madre cantaba, siempre había un mensaje subyacente que era el secreto de ella. Aprendí que los espacios y la imaginación del que escucha eran tan importantes como la persona que envía el mensaje. Hay versos en “I'll Take You Home Again Kathleen” que al día de hoy me emocionan profundamente: “Las rosas todas han abandonado tus mejillas, yo las miré desvanecerse y morir... tu voz es tan triste cada vez que hablas, las lágrimas detrás de tus ojos amantes... Oh te llevaré a tu casa Kathleen, adonde tu corazón no sienta pena...”, etc. Estaba claro para mí que mi madre estaba cantando sobre sí misma. Mi madre extrañaba su patria y a su familia allí.

AAJ: ¿Quién, entre la nueva generación de trompetistas, puede continuar mejor la voz de Clifford?

HM: Bueno, nadie de quien yo sepa personalmente. Tom Harrell en sus mejores ocasiones es maravilloso. Hay muchos trompetistas muy buenos.

AAJ: A propósito, ¿habitualmente escucha usted sus discos en su casa?

HM: No, no escucho demasiado mis discos pero cuando lo hago, es como escuchar a una extraña y generalmente me sorprende qué buenas pueden ser algunas de esas grabaciones.

AAJ: ¿Qué escucha últimamente?

HM: Estoy buscando nuevo material para mi próximo CD y estoy escuchando música de todas las clases para inspirarme. Hasta ahora tengo un par de canciones que me gustan.

AAJ: ¿Tiene cantantes favoritas entre la nueva generación de cantantes mujeres de jazz?

HM: No tengo cantantes favoritas, pero a veces escucho alguna interpretación que me emociona muy profundamente. Amo a Shirley Horn, principalmente la de antes de que se hiciera más popular. Su música es hermosa y la extraño muchísimo. Cantantes de la nueva generación... bueno, no he estado escuchando pero comenzaré a hacerlo.

AAJ: ¿Cuál piensa que será su legado en el jazz?

HM: Mi legado, bueno… He tratado de hacer música interesante toda mi vida, he tenido el honor de trabajar con grandes músicos. Personas por las que siento el mayor de los respetos. Encuentro inspirador trabajar con músicos creativos. A diferencia de muchísimos cantantes, yo prefiero transformarme en una voz dentro de la música, más que tener un acompañamiento.

AAJ: Si pudiera comenzar todo de nuevo, ¿todavía querría ser una cantante de jazz?

HM: Sería una cantante de jazz, sí, a causa de mi necesidad de interactuar con los músicos. No es una vida fácil y no la recomendaría. No obstante, se hace amigos de toda la vida y eso es divertido.





















AAJ: De todos los músicos de jazz con los que ha tocado y grabado, ¿cuáles la impresionaron más?

HM: Hay tantos músicos que me han impresionado… Trabajar con Bill Evans, Gil Evans, Clifford Brown, George Mraz, Torrie Zito, Elvin Jones, Masahiko Satoh, Masaaki Kikuchi, Ennio Morricone, Dick Katz., Thad Jones, Oscar Pettiford... hay tantos. Todos tienen sentimientos muy profundos, sensibilidad y un modo original de expresar la música. Casi todos los músicos con los que he grabado son fabulosos instrumentistas.

AAJ: ¿Qué es el jazz para usted? ¿Qué le puede dar a la gente, a saber, a la gente joven?

HM: El jazz permite la expresión de sentimientos que pueden ser universales en la naturaleza. Puede ser profundamente triste o muy divertido. La parte que no es accesible para todos los artistas es la capacidad de proyectar esos sentimientos para quienes te están escuchando. Los jóvenes tienen una gran necesidad de expresar sentimientos y yo pienso que el jazz, desde el blues hasta el de vanguardia, puede ser un modo interesante de encontrar aquello que los haga ser sensibles.

AAJ: ¿Cómo piensa que cambiará el jazz en este nuevo siglo?

HM: Pienso que la world music está cambiando rápidamente el jazz, y podemos esperar maravillosos nuevos sonidos provenientes de todo el mundo que afectarán a nuestra música. También encuentro que el jazz es una forma maravillosa de diplomacia. La libertad en nuestra música es universal y atractiva para los jóvenes.

AAJ: ¿Todavía va a clubes y a shows de jazz?

HM: Sí, voy a clubes de jazz cuando hay algo interesante. Recién estoy regresando de una gira de conciertos en Japón con George Mraz, Ted Rosenthal, Bryan Lynch y Terry Clarke. Tuvimos una gran gira y nos divertimos muchísimo.

AAJ: Hablando sobre la Gran Manzana, ¿cómo está viviendo esta New York post 11 de septiembre?

HM: Los neoyorquinos somos personas muy resilientes… Estamos bien y deseando que el mañana mantenga la paz para las futuras generaciones. La terrible imagen de dos jóvenes tomándose de las manos y saltando de un edificio en llamas sigue estando por siempre en mi mente.

AAJ: El lado humano de Helen Merrill no es tan conocido como el artístico. A esta altura de su vida y de su experiencia, ¿qué tiene para decirle al mundo?

HM: Mi vida siempre ha estado ricamente cargada de curiosidad y de amor por la humanidad. Siempre he sido una viajera en mi mente y continúo siéndolo. La mejor manera de permanecer joven es continuar trabajando. No abandonar nunca tus sueños.


-fragmentos de una larga entrevista de All About Jazz.
Extraido de: musicacion.blogspot.com




Helen Merrill sings "I'm A Fool To Want You" live in Japan, at Club Byrd. Piano- Torrie Zito, Drums- Terry Clark, bass- Ned Mahn.

domingo, 14 de febrero de 2010

Bill Frisell le pone sonido a Disfarmer

¿Es necesario encasillar a Bill Frisell?… ¿O podemos decir que es su música aborda los géneros, los encanta, los hipnotiza y los despoja?… Uno no puede menos que sacarse el sombrero ante uno de los cultores, en su caso a través de la guitarra, de una máxima invalorable en la música: menos es más… Casi tres décadas, lleva Frisell, editando discos que exploran, que toman riesgos, que educan… En su más reciente obra, Frisell se tomó el trabajo de ponerle música a modo de homenaje a Mike Disfarmer, fotógrafo especialista en retratos, que capturó con su cámara los momentos de miles de personas en la Norteamérica rural de finales de los años 30 y principios de los 40… Frisell no sólo tomó las fotografías (impactantes per se), sino que llegó hasta Heber Springs, Arkansas (de donde Disfarmer era oriundo) y se internó en un viaje a un lado y al otro del Río Mississippi para respirar la Norteamérica rural que plasmó Disfarmer y de paso encontrarse con una personalidad fascinante: la de un hombre huraño, introvertido, que dormía en su propio estudio de fotografía donde fue hallado muerto, solo y cubierto de ratas y rodeado de comida enlatada… frisell-disfarmer Frisell quedó maravillado con la historia y la obra de este hombre, y se propuso traducir los sonidos de la mente de Disfarmer cuando observaba por la lente de su cámara… Juntó a un cuarteto ad hoc: el contrabajista Viktor Krauss (Tom Waits, Bèla Fleck, entre otros), Greg Leisz (especialista en steel guitar y mandolina ha tocado con infinidad de artistas: de Joni Mitchell a Beck; de Smashing Pumpkins a Brian Wilson) y su habitual compañera de viaje, la violinista Jenny Scheinman… Disfarmer, tal como se llama el disco, contiene 70 minutos de música diseminados en 26 piezas instrumentales, en las que uno puede captar el dolor, el hastío y hasta cierto misterio de la vida tan asombrosa como enigmática de un hombre cuya obra hoy se exhibe en los grandes centros de arte, pero que en su momento apenas significaba una costumbre rutinaria… Entre las piezas y viñetas propias, Frisell cuela significativas versiones: That’s Alright Mama, de Arthur Big Boy Crudup (blusero nacido en Mississippi y formado en Chicago), Lovesick Blues, de Cliff Friend e Irving Mills, y I Can’t Help It (If I’m Still In Love With You), de Hank Williams…

Miren qué lindo clip armó alguien con las fotos de Disfarmer y la pieza que abre el trabajo de Frisell, titulada Disfarmer Theme… Que lo disfruten…


viernes, 18 de diciembre de 2009

Pablo Tozzi: Música al servicio de la canción


El contrabajista presenta el tercer Cd del Pablo Tozzi Trío, Cueca Negra, en Café Vinilo, y habla de cómo evolucionó el concepto del grupo.

Por: Eduardo Slusarczuk

Música elaborada, pero con una consigna clara: "El público no se tiene que aburrir". Por Eduardo Slusarczuk


Javier Lozano: "Es el momento de mostrar nuestras composiciones"


El tecladista, que tocó con Fito Páez, Guillermo Vadalá, Roxana Amed y una larga lista de artistas, y que actualmente acompaña a Luis Salinas, habla de su nuevo proyecto, Contá cuatro.

CONTA CUATRO EN ACCION El Cuarteto, junto a Luis Salinas, en el Torcuato Tasso.

¿Cómo surgió la idea del cuarteto?

En un principio, con el trompetista, Daniel Di Doménica, pensamos en un trío. Pero luego, cambiamos a cuarteto, y pensamos en Guido Martínez y Diego Alejandro para el bajo y la percusión. Ellos vienen tocando juntos desde hace mucho tiempo, lo que facilitaba el entendimiento.

Siento que es el momento para mostrar nuestras composiciones. Desde un comienzo pensamos en no hacer temas de otros, sino trabajar sobre lo que tenemos para decir nosotros mismos. Así se gestó

¿Los temas fueron compuestos especialmente para el cuarteto?

Cartas, que es el primer disco del grupo.

Había un par que son anteriores a que empezáramos a trabajar juntos, pero sobre el sonido del grupo fueron apareciendo nuevos temas. Algunos de los cuales quedaron para una nueva grabación. En general, dentro del latin jazz, aunque permanentemente aparecen señales de las influencias que tengo, que son muchas. De hecho en el disco hay un bolero que hasta me animé a cantar, y también elementos de otros géneros.

¿Cuánto cambian las versiones en vivo respecto de las del cd?

El vivo es una prolongación de lo que se grabó. Pero adquiere vida propia sobre el escenario. Si bien hay una línea básica que se respeta, el show es una especie de excusa para improvisar.

Mañana, a las 23.45, presentás "Cartas" en Café Vinilo. Pero antes, hoy a las 21, estás con Luis Salinas en La Trastienda. ¿Cómo cambia tu manera de tocar de uno a otro proyecto?

En ambos casos, siento una libertad absoluta. Con Contá cuatro está el peso de estar tocando composiciones propias. Pero tanto con Luis, como con Guillermo Vadalá, en ese espacio que me entregan, siempre siento que soy yo.


miércoles, 18 de marzo de 2009

ART ENSEMBLE OF CHICAGO: LES STANCES A SOPHIE (1970)



Para el jazz la conexión París-EE.UU. no sólo fue Miles Davis





En 1970, y sin haber siquiera visto la cinta, el Art Ensemble of Chicago aceptó componer y producir la banda sonora de una película de Moshe Misrahi. Les stances a Sophie, tal es el nombre del filme, se perdió en el olvido y el desinterés hasta hace un año, al igual que la música que le acompaña.

Por: Esteban Linés

LES STANCES A SOPHIE (1970). El ensamble había decidido cruzar el Atlántico en junio de 1969 en busca de mayor libertad compositiva y, sobre todo, expositiva.

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La banda sonora de la película (que se consigue en Internet) se grabó en París hace esos años con los miembros del Art Ensemble - Lester Bowie, Joseph Jarman, Roscoe Mitchell, Malachi Flavors-a los que se sumaron dos recién incorporados, el batería Don Moye y la pianista y vocalista Fontella Bass.

Por aquel entonces ya existía una cierta tradición de jazzistas estadounidenses puestos al servicio de la joven y "moderna" cinematografía francesa, cuyo epítome sería la colaboración de Miles Davis con Louis Malle y su Ascensor para el cadalso. Un par de años antes habían sido legión los que se habían desplazado a la capital francesa para grabar o, incluso, residir: Archie Shepp, Don Cherry, Sunny Murray, Anthony Braxton, Dewey Redman.

La iconoclasta formación jazzística había decidido cruzar el Atlántico en junio de 1969 en busca de mayor libertad compositiva y, sobre todo, expositiva. En sólo dos años grabaron más de quince discos y tocaron allí donde se les reclamara. La novedad de este disco y conociendo los preceptos fundacionales del grupo - la música es sólo sonido libre sin ningún tipo de límite formal-fue la presencia de Fontella Brass, especialmente en "Theme de Yo Yo",donde canta junto a una estructura rítmica "convencional". El resto del álbum - incluye el risueño y magrebí Theme Amour Universal-es una brutal descarga de libre albedrío creativo, como la de los diálogos imposibles de los saxos de Joseph Jarman y Roscoe Mitchell con la trompeta de Lester Bowie sobre una inaudita relectura de Monteverdi.

jueves, 12 de marzo de 2009

CHARLIE PARKER: A 54 AÑOS DE SU MUERTE

CHARLIE PARKER

29/08/1920 - 12/03/1955

charlie-parkerCharles Christopher Parker


El día en el que el pájaro dejó de cantar en la Tierra


Charlie Christopher Parker murió a los 34 años. El cadáver era el de “un hombre de 60”. Había sido saxofonista y había realizado la revolución más importante de la historia del jazz. Lo había convertido en música de concierto.


Por Diego Fischerman

La revolución tiene una fecha precisa. O, por lo menos, así lo contaba su artífice. “Recuerdo una noche en la que estaba improvisando en un local entre el 139 y el 140 de la Séptima Avenida”, decía Charlie Parker. “Era en diciembre de 1939. Estaba aburrido de los mismos cambios de acordes estereotipados que se tocaban todo el tiempo en ese entonces y venía pensando que había que encontrar algo más. A veces lo podía oír en mi cabeza, pero no podía tocarlo. Bien, esa noche estaba tocando alrededor del tema Cherokee y lo hice. Me di cuenta de que, usando los intervalos más lejanos del acorde como una línea melódica y acompañándolos con cambios de acordes adecuados, podía tocar eso que había estado oyendo. Allí nací de nuevo.” Y lo que nació con él fue lo que un poco después todos llamaron be-bop y terminó constituyendo la lengua franca del jazz hasta la actualidad.
Hoy hace cincuenta años que Charlie Parker murió. El sábado 12 de marzo de 1955, el saxofonista que, con un poco más de una década de carrera solista había cambiado para siempre al jazz, aquel al que llamaban “pájaro” miró televisión, se rió desmesuradamente, tuvo un ataque de tos y murió. Tenía 34 años, pero el informe médico habló del cuerpo de un hombre de 60. Con frecuencia se habla más de sus excesos que de su música, tal vez con la intención de homologar la suya a otras tragedias y de demostrar que los mismos vicios acompañan similares talentos. Poco importa. Lo cierto es que nadie tocó el saxo como él pero, además, que esas improvisaciones capaces de regodearse en las zonas más tensas de una melodía, de frenar y arrancar repentinamente, de generar ritmos insospechados dentro de otros ritmos, de encontrar nuevos temas dentro de un tema y, como imágenes de un calidoscopio, multiplicarlo en nuevos motivos y en nuevas variaciones, le dio al jazz status definitivo de música de concierto.
Si hasta ese momento habían coexistido en el género distintas funcionalidades, incluyendo la del baile, resultaba claro que el bop era música para escuchar. El jazz se basa en la paráfrasis; en comentarios de algo que está sólo en la memoria. Las improvisaciones evocan un tema del que, al mismo tiempo, están constantemente alejándose. Y el valor radica, precisamente, en la manera en que se establece ese delicadísimo equilibrio entre previsibilidad y sorpresa. Esas improvisaciones, con el bop, se hicieron infinitamente más complejas, tanto para los músicos –no todos podían tocar en el nuevo estilo y, según se dice, ése fue un efecto buscado– como para los oyentes. Quien escuchara be-bop no podía estar haciendo otra cosa. Esta era música para prestarle atención. Era exigente y esa exigencia fue declarada abiertamente, hasta el punto de provocar que algunos hablaran de “la intelectualización del jazz”, de la “pérdida de la alegría” y, apocalípticamente, de “la muerte del género”. Los iniciados se juntaban, entre otras partes, en el ya legendario Minton’s de Harlem. Allí tocaban Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk y un guitarrista que formaba parte de la orquesta de Benny Goodman y que tocaba de una manera bop desde antes que el bop existiera.
El estilo, es claro, no empezó de golpe. El solo de Body an Soul grabado en 1939 por Coleman Hawkins anticipaba muchos de sus rasgos, en particular la fragmentación de la frase y la manera de acentuar, articulando siempre sobre las notas situadas en los tiempos débiles. Los saxofonistas Don Byas y Lester Young también pueden ser considerados precursores, en más de un aspecto. Pero la explosión del bop se relaciona, también, con otras cuestiones: la entrada de los negros en el mercado de trabajo blanco y el aprendizaje realizado en las grandes orquestas de baile y de las comedias de Broadway, de una armonía más compleja que la del blues, sobre la que se había estructurado el primer jazz. Por algo el material de improvisación excluyente, a partir de ese momento, fueron las canciones de las comedias musicales u otras nuevas pero compuestas sobre sus mismos acordes o a la manera de Ger-shwin, Cole Porter o Irving Berlin. Parker venía de tocar en una banda cercana al rhythm & blues, la de Jay McShann, y en una gira de la orquesta de Cab Calloway por Kansas City, conoció a Dizzy Gillespie. “Yo tocaba con esa orquesta y llegamos a Kansas en 1940. Fui a una jam en la que tocaba Bird y, sencillamente, no lo pude creer. Fui a buscar a todos los miembros de la banda de Cab para que lo escucharan. Era indescriptible”, escribía Gillespie para la edición completa de las grabaciones de Parker para el sello Verve.
Desde su nacimiento el domingo 29 de agosto de 1920 hasta esos días de comienzos de los cuarenta, cuando empezó a juntarse con músicos de Nueva York cada vez que él viajaba hacia esta ciudad o cuando ellos llegaban hasta su Kansas natal, transcurrió una especie de primera vida, en la que alternó entre el saxo tenor, el alto –que sería el definitivo, más allá de alguna esporádica escapada– y el barítono. La segunda vida, la del genio al que un fanático llegó a grabarle todos sus solos desde un baño contiguo al escenario, comienza en las improvisaciones en el Minton’s, en la sociedad con Gillespie, en la orquesta de Earl Hines y en la de Billy Eckstine –donde también estaban el baterista Art Blakey y la cantante Sarah Vaughan–, en las primeras grabaciones para el sello Savoy, en 1944, y en el descubrimiento de Miles Davis, en 1945. Desde ese momento hasta su muerte, Parker se convirtió en el músico más importante del jazz. En el más influyente de esa nueva raza que tomó para sí una onomatopeya. Nadie sabe muy bien qué quiere decir be-bop pero muchos sostienen que ésa era la manera de tararear las cuartas aumentadas descendentes: ni más ni menos que la peor de las disonancias del sistema tonal, aquella que en la Edad Media habían llamado “el diablo en música”.




Charlie Parker: Celerity (Celebrity)




link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=XFx9ZBlBUuc



Charlie Parker fue una importante figura que influyó a la mayoría de los músicos de jazz en su época y esa influencia se siente aun hoy. En los años 40 Parker elevó el saxo alto a niveles desconocidos hasta entonces, de la misma manera que Coleman Hawkins y Lester Young lo hicieron con el saxo tenor una década antes.

Tenía legiones de admiradores que devoraban sus grabaciones, uno, Dean Benedetti, seguía a Parker por sus giras con una grabadora portátil registrando sus solos.

De 1935 al ‘39, Parker trabajo en bandas de jazz y blues en Kansas City . En 1939, Parker visitó Nueva York por primera vez y permaneció cerca de un año lavando platos en un restaurante, donde conoció al guitarrista Biddy Fleet quien le enseñó armonía.

Parker también trabajó como músico en esa época y frecuentaba las jam sessions en Harlem. Este ambiente fue de gran influencia para él y le ayudó a establecer su estilo. Una noche, tocando “Cherokee” con Fleet descubrió que al utilizar las tensiones (o notas más agudas de un acorde) como línea melódica, y al mismo tiempo si usaba los enlaces de acordes más adecuados a esta melodía, lograba algo que hacía tiempo escuchaba en su cabeza pero no conseguía reproducir en su instrumento.(*) “En ese momento”, comenta Parker, “volví a vivir”.

In 1939, Yardbird se unió a la big band de Jay McShann en la que permanecería durante cuatro años a cargo de la sección de cañas (saxos y clarinetes). and was placed in charge of the reed section. In 1942 en gira con McShann, Parker nuevamente participó en las jam sessions en los clubes Monroe’s y Minton’s Playhouse en Harlem donde conoció a artistas como Dizzy Gillespie y Thelonious Monk y junto a ellos iniciarían el revolucionario estilo bebop.

1945 fue un año muy importante para Parker, fue cuando comenzó a liderar sus propios conjuntos, además trabajó en varios ensambles con Gillespie. En diciembre de ese año Parker y Gillespie llevaron su nueva música a Hollywood. Después de cumplido el contrato de 6 semanas, Gillespie volvió a Nueva York, Parker optó por quedarse en Los Ángeles hasta junio del ‘46 realizando un gran número de grabaciones para el sello Dial. que incluye la trágica versión de Lover Man. A pesar del obvio estado de ebriedad de Parker en esta sesión, esa versión de Lover Man es de una extraordinaria belleza.

Poco después Parker sufrió una crisis nerviosa y fue internado en el Sanatorio Estatal de Camarillo; fue dado de alta seis meses después. Regresó a Nueva York y nuevamente formó su quinteto y continuó grabando y realizando giras hasta su muerte el 5 de marzo de 1955.

(*) El Profesor Álvaro Menanteau amplía: “…en el jazz, cuando un saxo improvisa realiza una línea melódica. Pues bien, dicha línea melódica se apoya en la armonía, o sea los acordes definidos por algún instrumento de la sección rítmica (un piano, por ejemplo). Ahora bien, los acordes se construyen por terceras, es decir, saltándose una nota por medio: si quieres hacer un acorde de Do con séptima, construyes una acorde (en este caso 4 notas que suenan simultáneamente) con las notas do, mi, sol, si. Las otras notas que están “más arriba” del si son llamadas “tensiones” en la jerga jazzística, y “disonancias” en el lenguaje docto. La gracia de Parker, entonces, fue la construir sus solos en base a las tensiones de cada acorde, esto es, la novena (el re en relación al do de partida), la oncena (el fa), la trecena (el la)… y más aún, Parker incluso alteraba esas notas disonantes: usaba la oncena sostenida (fa# en vez de fa natural), por ejemplo.

sábado, 7 de marzo de 2009

OSCAR ALEMAN: Por Walter Malosetti



Un músico intuitivo,
un showman




Por: Gabriel Martín Cocaro

Walter Malosetti es una de las últimas leyendas vivas del jazz argentino. El guitarrista, nacido hace 77 años en la localidad bonaerense de San Patricio, tiene una vasta trayectoria. A comienzos de la década del 50, dio sus primeros pasos profesionales mientras el circuito jazzístico porteño crecía de la mano del Hot Club de Buenos Aires y el Bep Bop Club Argentino. Por esos años, integró agrupaciones como Guardia Vieja Jazz Band, Swing Timers y el trío Crazy Fingers. Pero sin dudas, la consagración llegó con Swing 39. Este quinteto, inspirado en el estilo del Hot Club de France, marcó todo un hito en el jazz local. Desde su debut, el 18 de octubre de 1972 en el desaparecido Teatro Odeón, el combo gozó del beneplácito de los amantes del género y el respeto de sus pares.

Entre estos últimos, se encontraba Oscar Alemán quien puso sus ojos (y oídos) en el guitarrista líder del exitoso conjunto y lo convocó para registrar algunas canciones. Así fue que Malosetti, aportó su destreza al "brujo" de las seis cuerdas. El artista participó en cinco de las diez piezas que integraron Alemán 72, el triunfal retorno discográfico del eximio ejecutante chaqueño. v Recordándolo, Malosetti afirma: "fue un músico muy intuitivo, sin estudio, pero lleno de swing y con los valores del jazz bien claros". "Escuchaba sus discos y me volvía loco", dice.

El talento de Alemán quedó plasmado en cientos de grabaciones y permanece vivo en la memoria de los que, como Malosetti, presenciaron alguno de sus increíbles recitales. "Era muy fuerte verlo en escena porque tenía una presencia muy impactante", recuerda. "Tocaba con la guitarra prendida entre sus brazos, no usaba correa ni nada. Interpretaba los temas con total naturalidad, mientras pegaba saltos, bailaba y hacía todo tipo de acrobacias. Era un showman. Le tenía mucha admiración, tocar con él fue maravilloso".

domingo, 15 de febrero de 2009

ESPERANZA SPALDING-I Know You Know

ESPERANZA SPALDING-Cantora de Yala