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viernes, 23 de septiembre de 2011

R.E.M. EL FINAL DE SUS TREINTA AÑOS DE CARRERA.



El trío de Athens, Georgia, iluminó con su música a varias generaciones y se fue con la dignidad de un grupo de amigos que, en un buen momento artístico, sencillamente decidió que era tiempo de seguir camino.




El sueño se acabó: R.E.M., el grupo estadounidense de rock alternativo que recibió su nombre de una de las etapas del pasaje de la vigilia a la ensoñación, decidió dejar de alimentar su historia, luego de quince discos editados en un período de tres décadas. En esos años, si algo caracterizó a R.E.M. fue su capacidad de ser una banda, un colectivo artístico, capaz de acompañar con su crecimiento y una complejización estética, sónica y poética a los propios conocimientos de su público, que también se fueron complejizando emocional e intelectualmente en esos años. Es el fin de un modelo: el de una banda capaz de generar una transversalidad en el tiempo.
“A nuestros fans y amigos: como R.E.M. y como amigos de toda la vida y coconspiradores, hemos decidido ponerles punto final a los días de esta banda. Nos apartamos con un gran sentido de gratitud y de finitud; y de deslumbramiento por todo lo que hemos podido cumplir. A todos aquellos que alguna vez sintieron el toque de nuestra música, nuestro más profundo agradecimiento por habernos prestado sus oídos.” Con esas emotivas, simples y contundentes palabras, la banda se despidió oficialmente a través de su sitio web. Si algo quedaba por agregar, allí figuran también las explicaciones de Michael Stipe, su vocalista: “Como alguna vez dijo un sabio, el talento oculto en ir a una fiesta está en saber cuándo irse de ella. Creamos algo extraordinario juntos y ahora debemos seguir camino. Espero que nuestros fanáticos se den cuenta de que no fue una decisión fácil: pero todo debe terminar y quisimos hacerlo bien, a nuestra manera”.
Así es que R.E.M. se va en un pico de nivel, apenas después de haber entregado un par de discos (Accelerate, de 2008, y Collapse into Now, de 2011) excepcionales: maduros, energéticos y bellos, que tenían no sólo una música para mostrar, también unas cuantas cosas para decir sobre su época (esa que arrancó en los primeros años de los ’80 y ahora acaba). Lo más probable es que su público argentino recuerde hoy (o más bien, que lo esté haciendo desde ayer, cuando lo informaron) aquel concierto en el Campo de Polo en 2001, cuando la tormenta se violentó justo, justito cuando le soltaban las riendas a la apocalíptica canción “It’s the End of the World as We Know It (And I Feel Fine)”. O quizás el último, en el Club Ciudad de Buenos Aires, en noviembre de 2008, en otra noche de alta gama.
“Durante nuestro último tour, y mientras hacíamos Collapse into Now y poníamos en retrospectiva todos esos ‘grandes éxitos’ reunidos, comenzamos a preguntarnos qué más había para hacer luego. Siempre fuimos una banda en el más genuino sentido de la palabra: hermanos que se aman y respetan de verdad y mutuamente. Nunca hubo pleitos, caídas ni abogados metidos entre medio de nosotros. Tomamos la decisión del mismo modo. Y se siente bien”, sumó el bajista Mike Mills en el sitio del grupo, www.remhq.com. Peter Buck, insigne guitarrista de la agrupación, también se expresó: “Sé que seguiremos viéndonos con Mike, Michael, Bill (Berry, baterista) y Bertis (Downs, manager y representante legal de R.E.M.), aunque más no sea en el sector de vinilos de alguna disquería de barrio o en el estacionamiento de algún boliche, mirando a algún otro grupo de jovencitos tratar de cambiar el mundo”.
Por lo pronto, el trío (Berry ya se había alejado hacía más de una década) se va con humildad, haciendo lo que quizá parezca un injusto mutis por el foro: injusto para ellos, injusto para sus oyentes. Una salida tan poco grandilocuente como podía esperarse de un grupo que si bien comportó unos cuantos hitos (su ingreso en 2007 al Salón de la Fama del Rock and Roll o su contrato con el sello Warner Bros en 1996, por 60 millones de dólares, que fue entonces el más caro de la historia de la industria), fue basando su carrera en el sustentable campo de las grandes canciones y los grandes discos, durante 30 años de trabajo en continuado, con no más que unos años de tardanza en lanzar nuevo material durante momentos críticos, como ese lapsus de mediados de la década pasada que les duró cuatro años. “Una de las cosas más geniales de estar en R.E.M. era que los discos y las canciones significaban tanto para nosotros como para los fanáticos. Por eso es que sigue siendo importante, en esta despedida, ser sinceros con ustedes, que nos han regalado algo increíble: ser parte de sus vidas”, sumó emoción Buck. Y poco más queda: habrá ahora que terminar de perder la religión, de aceptar que el pastor Stipe ya no va a venir a contar cómo es que se puede seguir creciendo y madurando dignamente. Y habrá que seguir en solitario; con sus canciones, sí, pero sabiendo que ya no habrá nuevas

miércoles, 23 de marzo de 2011

COLLAPSE INTO NOW, DECIMOQUINTO DISCO DE R.E.M.




Tras más de treinta años de carrera, el trío de Athens prefirió concentrarse en su propia marca registrada sonora antes que en buscar nuevas aventuras. Y le sale bien, con el que probablemente sea el mejor disco que podría grabar a esta altura.




Por Roque Casciero

¿Hasta cuándo se le puede pedir a una banda que se reinvente a sí misma en cada disco? ¿Cuál es el punto en la carrera en que puede, si no descansar en los laureles, al menos regodearse en el clasicismo que ella misma estableció? Las preguntas vienen a cuento de Collapse into Now, el decimoquinto en la trayectoria de R.E.M., porque lo primero que el oyente desprevenido pensará será: “Esto ya lo escuché”. Es que el trío de Athens, Georgia, decidió que, al menos por el momento, ya no es tiempo de nuevas aventuras en alta fidelidad (nada cercano a Up ni al aburridísimo Behind The Sun), sino de concentrar fuerzas en hacer buenas canciones con la marca propia en el orillo. Y entonces, sí, R.E.M. suena a todo eso que varias generaciones ya conocen como “sonido R.E.M.”, con la inconfundible y versátil voz de Michael Stipe en primer plano, acompañada por las armonías vocales trademark del bajista Mike Mills y la guitarra de Peter Buck, a veces trepidante, otras capaz de desarmar al más duro con sus arpegios.

¿Y eso está mal? O, en todo caso, ¿se les puede exigir a estos tres tipos con más de treinta años de ruta que entreguen un nuevo Document, otro Out of Time, un Automatic for The People? Claro, si llegaron a esas alturas, bien podrían hacerlo una vez más, quizá razonará alguno. O estará aquel que pide riesgo permanente, como si los artistas sólo fueran equilibristas sin red. Nadie les impedirá abandonar el barco si sienten que precisan de emociones frescas y fuertes: hay demasiada música ahí afuera como para verse obligados a prestarles atención a estos tres cincuentones que alguna vez le abrieron las puertas del mainstream a la Generación X. Pero, claro, eso sería perderse un buen disco de R.E.M., probablemente el mejor que podrían hacer a esta altura de su historia.

“Discoverer”, que abre el álbum con una carga de gaiteros desde la guitarra de Buck, hubiera encajado en el espíritu eléctrico de Monster, mientras que en “Uberlin” la acústica les deja aire a las voces de Stipe y Mills, en uno de esos clásicos midtempos del trío. “Oh My Heart” arranca con vientos, pero de inmediato hace su entrada la vieja y querida mandolina de Buck, que le da identidad a esta especie de “Everybody Hurts” valseado. “Me he ganado mis alas”, canta Stipe –quien le ofició de ángel de la guarda a un par de generaciones rockeras– en “It Happened Today”, una canción que bien podría haber firmado Patti Smith. Precisamente, el hada madrina del vocalista (el disco Horses, de Smith, fue el que lo decidió a dedicarse a la música) vuelve a aparecer en un trabajo de R.E.M.: “Blue” tiene evidentes contactos con “E-bow the Letter”, que grabaran juntos en New Adventures in Hi-Fi (96).

Otros invitados estelares son Eddie Vedder, de Pearl Jam, quien mete unos coritos irreconocibles en la mencionada “It Happened Today”, y la sacada de Peaches, que incendia la de por sí vertiginosa (interprétese también por “Vértigo”, de U2) “Alligator Aviator Autopilot Antimatter”. El gran Lenny Kaye, guitarrista de toda la vida de la señora Smith, también echa nafta al incendio. Después, la urgente “That Someone Is You” (“Necesito a alguien que haga el primer movimiento/ ese alguien sos vos”) tiene algún punto de contacto con “It’s The End of The World as We Know It (and I Feel Fine)”, mientras que “Me, Marlon Brando, Marlon Brando and I” remite desde el título a la “Pocahontas” de Neil Young, aunque ahí se acaben las referencias: es una canción tan R.E.M. que si la hubiera hecho otro sería un afano. Cuestión de ADN, como todo Collapse into Now.