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viernes, 1 de abril de 2011

SE EDITAN 2 LIBROS SOBRE LA VIDA DE PAPPO.



Sucio y desprolijo

A seis años de su muerte, cuando ya era hacía tiempo una leyenda del rock nacional, finalmente llega una biografía que reconstruye la monumental vida de Norberto Napolitano, alias Pappo, alias El Carpo. Guitarrista de Los Abuelos de la Nada, Los Gatos, Pappo’s Blues y Riff, entre otros tantos grupos que forjaron una vida de rutas, guitarras y mujeres, a la par que una obra fundamental para entender la raíz suburbana del rock argentino. Con casi cien entrevistas, Sergio Marchi (autor de una biografía de Charly García) ofrece un libro indispensable tanto para fans como para neófitos.





Por Mariano del Mazo

En el impreciso límite de la leyenda urbana y la ficción, como corresponde a un mito de una solidez fraguada en una era en que el muro no era el de Facebook sino el de cualquier esquina de barrio, la vida de Pappo está atravesada por la contradicción y el misterio. Aquellos graffiti de principios de los ’70 en La Paternal, Flores, Floresta, con el mensaje breve y concreto de Dale Pappo (remedo local del Clapton is God de Londres) fueron los primeros tornillos y tuercas ajustadas en la construcción de un Frankenstein demasiado criollo, demasiado caricaturesco, como para ser así nomás como dicen que fue. Para algunos, un monstruo de la incorrección política; para otros, un personaje hecho de nobleza, áspero y tierno al mismo tiempo; para todos, la gran bestia rock. Pero, ¿quién fue al fin y al cabo Norberto Aníbal Napolitano?

Sin que medie ninguna efeméride redonda (nació el 10 de marzo de 1950, murió el 24 de febrero de 2005), acaban de salir dos libros: 100 veces Pappo (Ed. Norma), esto es, cien anécdotas sobre el guitarrista compiladas por los periodistas José Bellas y Fernando García o, como dice el subtítulo, Las increíbles historias del último rocker argentino, y El hombre suburbano (Ed. Planeta), una ambiciosa biografía escrita por Sergio Marchi. Si bien son trabajos de diferente aliento y naturaleza, lo que domina ambos libros es el carácter documental basado en relatos orales antes que cualquier intención analítica; un gigantesco recorrido por un anecdotario grueso que ante ciertas aberraciones convoca más a una mirada piadosa y de complicidad rocker que al cuestionamiento o la condena. Un monumento al pintoresquismo. Así es con los mitos.

El hombre suburbano contiene a 100 veces Pappo. En su rastrillaje de datos, Marchi (a la sazón, biógrafo de Charly García) se desliza por un elenco de músicos, novias y managers que apuntala, reconstruye, deforma y vuelve a apuntalar los ribetes legendarios del guapo de La Paternal desde un punto de vista pasional, al menos cariñoso, y muchas veces desenfocado: la mayoría de los testimonios están contaminados por el final de Pappo, por su muerte en la ruta, y es de esa manera cómo se superponen engañosamente frases del tipo “él siempre dijo que quería vivir hasta los 50, que nunca dejaría los fierros”, etcétera. Declaraciones con el diario del lunes publicado.

El hallazgo de Marchi es el de historias realmente ocultas bajo las capas y capas de grasa de los mamelucos del taller mecánico de los Napolitano. Un punteado no cronológico y en apariencia contradictorio podría ir desde los dolores ocasionados por su estómago perforado por una úlcera hasta sus temerarias borracheras; el peronismo duro que reflejó magistralmente en temas como “El hombre suburbano” o “Trabajando en el ferrocarril” y su amistad con el Tata Yofre, el Corcho Rodríguez y otras joyas; esa pureza de postal tanguera, casi un sainete, que transmitía a partir de su núcleo familiar –la esencia italiana, los ravioli, la casa abierta, la familia numerosa, la madre comprensiva, el padre laburante y, bueno, la hermana mayor maternal y estudiosa y hasta un perro, Cactus– y sus derrapes por el jet set de Punta del Este; su condición de figura del rock argentino y su penar en 1987 por Los Angeles donde tuvo que trabajar de carpintero y mecánico para comer. Y más. Un paladín de la clase marginada por el mismo rock argentino made in Plaza Francia que coló su vozarrón en el corazón de la farándula cholula y que enterneció a una audiencia de tevé masiva en el cañoncito de Pol-ka Carola Casini, audiencia que poco antes había empezado a escudriñarlo a través de “Mi vieja”, su participación en el programa de Tato Bores, una canción de coyuntura craneada por Sebastián Borensztein que Pappo detestaba. Adrián Suar vio el filo de lo que el personaje proyectaba y diseñó un papel a su medida, casi un reality.

En fin, el tipo que violó, o casi, a una chica de 14 años que después fue su novia, el tipo que desfiguró de una piña a Lucas Martí, podía ser todo ternura y embelesar a la mismísima Martha Argerich en un extraño Año Nuevo de 1975 en Londres: por una serie de coincidencias, Pappo terminó en una mesa larga en la casa del pianista clásico Alberto Portugheis, hermano del pionero del rock nacional Isa Portugheis. Pappo e Isa improvisaron después un blues de media hora “mientras Argerich los escuchaba con atención, recostada en una cama”, cuenta Marchi. “Dio la impresión de que ese blues improvisado le había gustado.”

Esta clase de reconstrucción son las perlas que se imponen por sobre un derrotero por momentos redundante de “pedos, cabaret y groupies”. La palabra pedo aquí habrá que tomarla en su doble acepción, flatulencia y borrachera, y se enmarca en un tono muy Marcelo Tinelli que llega a límites insospechados como el duelo que tuvo con la Mona Jiménez para ver “quién la tenía más grande”. Va textual del libro:

–Mona, me dijeron que la tenés muy grande. ¿Es verdad? –preguntó El Carpo.

–Seeee, así dicen –contestó el cuartetero.

–Te apuesto 100 dólares a que la mía es más larga.

–Si vos querés perder...

Quedaron solamente los varones y procedieron a la medición. Pappo, que había sido el de la apuesta, tuvo que tomar el primer turno, y mostró lo suyo, que era algo de considerables dimensiones de acuerdo a diversos testigos. El séquito de La Mona comenzó a reírse.

–Ay negrito –le dijo La Mona–. Por ser vos, esta vez no te voy a cobrar.

Pappo no pudo creer lo que vio. Y se declaró perdedor de aquella apuesta. Entre risas, todos fueron a ver el show de La Mona, que contó con Pappo como invitado especial.

Pappo. El hombre suburbano. Sergio Marchi Planeta 512 páginas

La “respiración” del libro, tal vez en sintonía con la vida de Pappo, se debate entre lo que Andrés Calamaro llamó el spinaltapismo (Spinal Tap fue la película de Rob Reiner que narró magistralmente el patetismo de las estrellas de rock) y la cultura popular más profunda, genuina y brutal que conlleva nuestro querido y meandroso rock. Porque si por momentos esa respiración, ese ritmo, abruma como un viaje de egresados a Bariloche, una despedida de soltero o alguna otra calamidad por el estilo, oculto debajo de estas historias mínimas y máximas late un artista formidable. Un músico enorme que no necesitaba la mano redentora de B. B. King para ser quien fue. Es cierto que el profuso anecdotario es insoslayable y de algún modo completa la obra y sirve para galvanizar el mito, pero el genio ya estaba definido en los primeros cuatro discos de Pappo’s Blues o, si se quiere, en las dos primeras grabaciones en las que cantó temas propios: “La estación” y “Nunca lo sabrán”. ¿Cómo un hijo de inmigrantes con más conocimiento de bujes y rulemanes que de música popular lograba tanta solidez compositiva, tanta cohesión poética, tanta destreza instrumental? A Pappo lo salvó su inmensa curiosidad y ambición. Sin ser hippie, se camufló en el ambiente de Plaza Francia y alrededores para aprender (él veía en los collares del símbolo de la paz el isotipo de Mercedes-Benz); orejeó el lirismo de Pipo Lernoud y después el de Javier Martínez y Luis Alberto Spinetta; escuchó con rigor los discos de Cream y de Jimi Hendrix; aprendió yeites de Claudio Gabis y cada vez que pudo, con mucho dinero o nada, viajó por Europa y los Estados Unidos en plan de bohemia, conquista y búsqueda de información.

Ahora que está canonizado, no hay que olvidar que en los ’70 Pappo representó, digamos, la pata en la fuente de un rock bien pensante aún en su contracultura. Lo de él era “rock cuadrado”, “rock cabeza” se diría ahora. En el desprecio, que incluía una poderosa dosis de descalificación clasista, se agigantaban la erudición de Charly García (los arreglos vocales del último Sui Generis o de Porsuigieco, el sinfonismo de La Máquina de Hacer Pájaros), la lírica de Spinetta (en su arista más heavy con Pescado Rabioso o más porteña y jazzera con Invisible y Jade), el compromiso y la apertura rítmica de León Gieco, la actualización sonora de Raúl Porchetto, etcétera. Pappo se fue fortaleciendo con una propuesta monolítica de rock y blues: el público de los márgenes, los desangelados del Rodrigazo, advertían que “Siempre es lo mismo, nena”, “Fiesta cervezal”, “Sucio y desprolijo”, “Tren de las 16” o “Trabajando en el ferrocarril”, tenían más que ver con sus vidas rotas que una nota de divulgación ecológica del Expreso Imaginario sobre cómo lograr humus en el jardín de tu casa. A su vez, la lírica intuitiva de Pappo alcanzaba en aquellos años niveles sorprendentes, tal vez por la ausencia de tics intelectuales y de toda forma contaminante. En un notable texto de vindicación poética escrito por el periodista Pablo Schanton, publicado en la revista La Mano en 2008 e incluido en su totalidad en 100 veces Pappo, luego de citar la extraordinaria frase “No soy quién para ser / todo lo que soy” (del tema “Algo ha cambiado” del disco Pappo’s Blues I), se lee: “Aparenta decir una pavada, pero en el contexto de una experiencia alucinógena cobra un sentido ontológico, algo parecido a darse cuenta en un desayuno de que Ser no es sólo una marca de yogur. El Lernoud más whitmaniano seguro que envidia esa compleja simpleza de Pappo”.

Esos años, esos primeros discos, fueron los cimientos exclusivamente musicales del mito. Un repertorio sin artificios. Hay otros, extraartísticos, que sirven para diferenciarlo del lote de mártires del rock argentino. Si bien de casi todos –Tanguito, Miguel Abuelo, Luca Prodan y Federico Moura– se puede aplicar esa frase oblicua y algo turra que es “murió en su ley”, el caso de la leyenda Pappo está abonada por una condición argentinísima, que el tango reflejó extendidamente: su relación con la madre y con el barrio. Ocurrió con Gardel, el Abasto y doña Berta; ocurrió con Sandro, el sur (Valentín Alsina y Banfield) y Nina; ocurrió con Pappo, La Paternal y Angelita. Es cierto que viajó, vivió, formó bandas e intentó la legitimación en los Estados Unidos e Inglaterra, pero siempre volvía: su casa de Artigas y Camarones fue el Aleph donde diseñó la truca de la adolescencia eterna. Esa clase de lealtad, galvanizada por Troilo en su célebre poema que empieza “dicen que me fui de mi barrio; pero cuándo, si siempre estoy llegando”, es uno de los soportes ideológicos más imperturbables de las murgas, las hinchadas de fútbol y el rock chabón. Y, particularmente, de Pappo: la casa, el taller, la vieja.

Pappo merecía una biografía; ya la tiene. Entre la revelación de aspectos inverosímiles (el día que tocó para el padre Mugica en la Villa 31 desde el techo de una casilla con Spinetta en el bajo y Pomo en batería, por caso) y el relato de las maratones de cabaret, drogas, fierros, riñas y alcohol, El hombre suburbano vuelve a poner en la palestra las idas y vueltas y los círculos de un hombre que pagó con su cuerpo las contradicciones del mismo género que enalteció: el rock. Entre aristas poco difundidas (la muerte de un hermano, su casamiento en 1977, un hijo que no llegó a nacer) y tópicos más clásicos como la violencia alrededor de Riff o los celos artísticos con Jaf, el libro tiene ritmo, data, se lee como una larga cronología comentada y, al pasar, opera como un relato de la mutación del rock argentino en rock nacional: es decir, de ser ghetto perseguido a ocupar el centro del poder. La parábola de Pappo es clara: aunque apolítico, en los ’70 fue junto a Billy Bond y otros una manifestación asépticamente peronista; en los ’90, como Charly, se dejó cautivar por el menemismo más rancio.

En 100 veces Pappo se reconstruyen unos diálogos que marcan su compromiso político:

En 1995, al día siguiente de la votación que determinó la segunda presidencia de Menem, Pappo almorzaba con Alvaro Villagra y el técnico asistente, “Manza” Esaín. En pleno mastique, le pregunta a “Manza”:

–¿Vos a quién votaste?

–A Bordón.

Ahora mirando a Villagra, suelta:

–¿No ves que es un pelotudo?

A Manza, de nuevo:

–A ver, decime: ¿con qué presidente volvió la Fórmula 1? ¿Y con qué presidente vinieron los Rolling Stones?

Este héroe de la clase trabajadora que fue ovacionado en el Madison Square Garden se quejaba poco antes de su muerte de que nadie lo reconocía como artista, de que la Argentina era un país injusto. “Mucha leyenda, pero los discos no se venden”, decía amargamente. Aspiraba a resurgir con Buscando un amor, el disco que le produjo el Corcho Rodríguez. Ansiaba que ocurriera un déjà vu del suceso desatado en 1992 con Blues local, álbum que a través de “Mi vieja” lo transversalizó, lo rescató de cierto olvido y lo elevó a un muñeco Jack de sí mismo, apto para todo público.

En una de las últimas entrevistas dijo que el blues era un buen género para envejecer. No pudo ser: jugando en la ruta con su hijo Luciano se pegó el palo con la moto.

Entonces se dijo, se escribió, se repitió hasta el cansancio la frase ladina: que murió en su ley.

Pappo no tenía ley.


Todos los fragmentos de estas páginas están tomados de Pappo. El hombre suburbano de Sergio Marchi.

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PIANO Y TARTAS DE ATÚN











Fue aproximadamente en 1954 cuando a Liliana, la hermana de Pappo, le agarró la locura del piano. En la casa se escuchaba algo de música clásica porque el papá de Angelita, la madre, era tenor y había pertenecido al Teatro Colón. Su muerte prematura, a los 46 años, impidió que Liliana lo conociera. “A mi mamá le gustaban las óperas, las arias; a mí también me gustaban. Había una chica enfrente que se llamaba Mimí, tenía piano y lo tocaba. Un día, una amiga me dijo que era el cumpleaños de Mimí y fuimos. Ella tocaba el piano, entonces a mí me agarró una locura y quise ir a la profesora de Mimí, a la vuelta de casa. No tenía piano, pero a los dos años vine del colegio y había uno en el living. Sorpresa de mi papá.” De esa manera, Liliana comienza a escuchar piano. Y su hermano Norberto a escucharla desde el patio donde jugaba. Siempre recordó que “cuando era chico mi hermana estudiaba en la misma pieza donde yo dormía, entonces a las nueve de la mañana yo me ponía dos almohadas en las orejas para no escuchar el piano. Era terrible, pero creo que eso me ayudó”. Cuando se familiarizó con algunas piezas, comenzó a marcarle errores a su hermana. “Nena, te equivocaste”, le gritaba mientras daba vueltas con su bici en el patio. “Y tenía razón”, se sigue maravillando hoy Liliana. “Norberto tenía oído absoluto. A mí me ponía loca cuando me marcaba los errores. Pero por lo general, era verdad.” Cuando fue más grande y pudo ponerles nombres a las notas que reconocía, Norberto comenzó a afinarle el piano a Liliana. “Claro, eso después me lo cobraba: tenía que hacerle tartas de atún, lustrarle las botas, hacerle masajes. Pero yo lo hacía con gusto porque era mi hermano.”




NINGUN HIPPIE







Pappo se sentía cómodo con los hippies de Plaza Francia porque de algún modo intuía que ése era el lugar al que quería pertenecer, pero había cosas que no le cerraban. No estaba muy seguro de la paz y el amor tan a ultranza. En aquellos tiempos estaban los “firestones”, que eran como una suerte de pandilla urbana no politizada que sería un equivalente a los “fieritas” de hoy, un escalón por debajo de un “barrabrava”. Una barra de firestones conocida como “Los pibes de Pompeya” se tomaba un colectivo a Retiro con la única intención de patotear a los hippies. No los entendían, les parecían maricones y tarados, en una mirada que era compartida por sus mayores. Sin embargo, apetecían a sus chicas. Y como sabían que nadie les hacía frente, se divertían pegándoles. No es que los hippies les tuvieran miedo (tal vez un poco), sino que había una cuestión ideológica de no-violencia que sostenían con la jeta. Sonia, la princesa dorada, Pedro Pujó, el Colorado Rabey y Pipo Lernoud eran los que iban a intentar frenarlos, diciéndoles que la violencia no era el camino. Y también los que recibían los insultos y los tortazos. “Cuando había problemas de ese tipo”, explica Pipo, “los únicos dos tipos que iban al frente a cagarse a trompadas eran Pappo y Miguel Abuelo. Pappo no le tenía miedo a nada y quería ir a pelear, no entendía nuestra posición: él entendía los códigos de los de Pompeya”.

LA BESTIA QUE LLEVABA DENTRO














Pappo disfrutó mucho aquel verano de delirio en Mar del Plata y deleitó a los hippies de la casa con su faceta de comediante, que venía con un buen surtido de personajes. “Uno era El Chacho –se ríe Susana Pose–, que era como un gaucho muy guapo que siempre andaba con el cuchillo. Pero era tan guapo que no usaba vaina, y se lo clavaba directamente en el cuerpo para guardarlo.” Otra de sus creaciones era El Lito, que tenía personalidad concluyente: sus frases eran breves, imperativas, y todas eran cerradas con un ademán de la mano, que consistía en bajarla frente a su rostro, vertical y autoritaria. “Aquí estoy yo”, era el lema del Lito. Pero no había nada más divertido que La Bestia. Se trataba de un extraterrestre que había caído a la Tierra y actuaba con la personalidad de un simio en tierra desconocida. “La Bestia no conocía el mar”, explica Susana. “Entonces lo miraba extasiado y lo exploraba metiendo un cachito el dedo gordo del pie. Y Norberto emitía gruñidos y se echaba para atrás.” “¿Y esto qué es?”, vociferaba La Bestia, que entraba despacito en el agua, para rematar la secuencia con una ola que lo revolcaba y la posterior defensa bestial, a trompazo limpio contra las olas que lo atacaban. Pappo era un espectáculo no sólo para sus amigos, sino para toda la playa, desconcertada ante su representación.

EL BLUES DE MARTHA ARGERICH


























Antes de que 1974 llegase a su término, Pappo emprendió un nuevo viaje a Inglaterra. Pasó la Navidad en un pub, absolutamente solo, y el 31 de diciembre decidió llamar a un amigo: Isa Portugheis, quien le había dejado el teléfono de la casa de su hermano, en donde iba a estar viviendo. Era mediodía. “En Inglaterra las cosas son mucho más estructuradas”, cuenta Isa. “Pero cuando llamó Pappo le pregunté a mi hermano si lo podía invitar, y justo había un lugar disponible.” El hermano de Isa era Alberto Portugheis, un pianista de renombre mundial y aclamado pedagogo. Su perfil no tenía nada que ver con el rock. Por lo que, cuando Pappo llegó para sumarse a la celebración de Año Nuevo, se encontraba gente como Bruno Gelber y una jovencísima Martha Argerich. En un momento de la noche, Isa lo invita al cuarto donde él dormía porque tenía una guitarra Gibson y sabía que le iba a interesar hacer alguna zapada, ya que además en la habitación había un piano. Para sorpresa de ambos, cuando llegan al cuarto se encuentran con que, sentada en la cama, se encuentra Martha Argerich, que se había retirado a descansar un poco, ya que estaba embarazada. Pappo sabía perfectamente quién era Martha Argerich, que si bien no era la figura mundial que es hoy, ya era una importante personalidad musical, tal vez un poco por Liliana, que había estado a punto de ser concertista. Y como para romper el hielo y la sorpresa, le dirige unas palabras: “Oiga, tóquese algo”, le propone. “No, mejor toquen ustedes, yo estoy un poco cansada”, declina con gentileza Argerich. Entonces Isa agarró su guitarra Gibson y Pappo se sentó al piano. Se pusieron a tocar un blues eterno que duró media hora, mientras Martha Argerich los escuchaba con atención, recostada en la cama. Cuando terminaron, ella comenzó a hablar de la música y de los límites que se autoimponen los músicos clásicos, para terminar reflexionando que ella, en verdad, no estaba muy segura de cuál música se debía tocar y cuál no. Dio la impresión de que ese blues improvisado le había gustado.

ROCK PARA EL PADRE MUGICA















Pappo empezó a caer por Conesa, donde Miguel Cantilo vivía en comunidad con algunos miembros de su nuevo grupo, Bola de Destrucción. Pegó muy buena onda con Miguel. “Como había una gran sala de ensayo abierta a zapadas, él caía y se sumaba”, ilustra Cantilo. “También sabía que yo estaba grabando un disco, entonces me ofreció tocar en algún tema. Yo le mostré el ‘Blues del éxodo’, que había compuesto unos meses antes, después de mi primer viaje a El Bolsón, y me dijo: ‘¿Eso querés grabar? Esa onda nosotros la hacemos de taquito’. Prácticamente armó el arreglo solo en la sala de grabación, tocó el piano en una toma y luego grabó el solo de guitarra. Luego me obligó a poner la voz ahí nomás, a pesar de que yo quería hacerlo en otra sesión.” La relación entre Cantilo y Pappo produjo un pequeño milagro adicional y no es broma. El célebre sacerdote Carlos Mugica, conocido por su trabajo evangélico y social en la Villa 31 de Retiro, le pidió a Miguel, que tenía relación confesional con él y a menudo acudía a su consejo, que convocase a algunos músicos para tocar en la villa, en un festival que se celebró un día que coincidía con una fecha patria boliviana. Tocaron Pedro y Pablo, Marilina Ross, Roque Narvaja y, desde el techo de una casa, atronó el aire un trío ultrarrockero con Pappo en la guitarra, Luis Alberto Spinetta en el bajo y Pomo en la batería. El padre Mugica agarró el micrófono y le dijo a la pequeña multitud: “Así tenemos que estar, juntos, porque el pueblo unido jamás será vencido”.

MI VIEJA
















La participación de Pappo en el programa de Tato Bores cantando “Mi vieja” fue un boom. Pero en el mundo rockero nadie lo percibió, salvo Bobby Flores, que habló con la gente del sello Radio Trípoli porque quería el tema para pasarlo en su programa. “Nos dijo que tenía un gancho tremendo, pero nosotros ya teníamos el disco fabricado y la canción no figuraba”, explica Chuchu Fasanelli, de Trípoli. “Con mi socio Walter Kolm llamamos a Pappo para decirle que queríamos poner la canción.” “¿Queeé? ¡Ni en pedo!”, bramó Pappo. “Esa canción no va en el disco, no tiene nada que ver.” Walter le dice a Chuchu que le ofrezca diez mil dólares por aceptar incluir “Mi vieja” en Blues local. “Decile al pelotudo ese que lo escuché. Que no me interesa”, dijo Pappo en un tono que daba para la insistencia. Walter sube la apuesta y llega a ofrecerle veinte mil dólares. Cabeza dura como era, volvió a decir que no. Walter amenazó con devolverle el contrato y no editar el álbum. “Bueno, traeme las veinte lucas”, acepta Pappo. “Mañana nos juntamos y lo firmamos”, contesta Walter. “No, traémelas ahora y si no, está bien, no hacemos el disco”, sube El Carpo la apuesta. Walter y Sergio corrieron a los bancos a intentar conseguir veinte mil dólares en cash. Cuando lo hicieron, subieron a un auto y enfilaron para Artigas. “Pappo pensó que lo estábamos jodiendo”, explica Chuchu. “No pudo creerlo cuando vio las veinte lucas verdes una sobre la otra. ‘¡Con esta guita me voy mañana a Los Angeles!’, nos dijo.” No tenía ni idea de lo que estaba hablando: era sólo el adelanto de un disco que iba a vender doscientas mil copias. Blues local se iba a transformar en el mayor éxito de la carrera de Pappo. Y en gran parte fue gracias a “Mi vieja”.

sábado, 21 de agosto de 2010

TONY LEVIN: BIOGRAFIA y ENTREVISTA.








LA PALETA SONORA DEL GRAN MAESTRO TONY LEVIN.











Tony Levin nació en Boston, Massachusetts en el suburbio de Brooklin el 6 de Junio de 1946.
A los 10 años empezó con la música tocando el contrabajo. Ya en la secundaria, optó por la tuba, logrando el status de solista en la banda del colegio. También creó su cuarteto vocal (llamados Barbershop Quartet). Por ese entonces, tocaba principalmente con el contrabajo música clásica, logrando su momento más notable al tocar en la Casa Blanca con una orquesta juvenil para John F. Kennedy y Jackie Kennedy.
Luego asistió a la Eastman School of Music en Rochester, NY y formó parte de la Rochester Philarmonic Orchestra. En la escuela también asistía Steve Gadd, hoy en día un renombrado baterista de sesión, quien le mostró a Tony la música Rock y Jazz. Levin tuvo tanto entusiasmo que intercambió su baby bass eléctrico por un viejo Fender Precision Bass, que fue su instrumento por muchos años.


















En 1970, Tony se mudó a Nueva York y se unió a una banda llamada Aha, the Attack of the Green Slime Beast con Don Preston de The Mothers Of Invention. Al tiempo, empezó a trabajar como músico sesionista durante toda la década, en donde tocó el bajo en muchos albums.
A finales de los años 70, buscando propuestas para salir de gira, Levin formó parte de la banda de Peter Gabriel gracias al contacto que le dio el productor Bob Ezrin. Levin y Ezrin trabajaron juntos anteriormente en los discos de Alice Cooper, Welcome To My Nightmare y Berlin, de Lou Reed. A partir de entonces, Levin es el bajista estable de Gabriel, tanto para las grabaciones en estudio como para las giras en vivo. Como dato anecdótico, en su primer trabajo de estudio con Gabriel, además de tocar el bajo, Tony tocó también la tuba.

Fue en los primeros años junto a Gabriel que Levin fue seducido por el Chapman Stick del cual hoy se considera uno de los pioneros con este instrumento. Tiempo después, mientras probaba la canción Big Time (del disco So, de Gabriel), Levin tuvo la idea de crear los Funk Fingers, que simplemente consisten en dos palillos de batería sujetados a sus dedos para golpear las cuerdas del bajo. Levin siempre dio crédito a Peter Gabriel por la idea. Andy Moore, su técnico por ese entonces, desarrolló esta idea por completo para que funcionara. Mas adelante, Levin también utilizará sus Funk Fingers en la canción Steam de Peter Gabriel o la versión en vivo de The Talking Drum, de King Crimson.
En 1978, Tony se mudó a Woodstock, Nueva York, para integrar una banda llamada L'Image, que, además de incluir a su viejo amigo Steve Gadd, también contaba con Mike Mainieri y Warren Bernhardt. La banda se disolvió un año después, y Levin permaneció en Woodstock, donde aún vive.
Durante la grabación del primer álbum de Peter Gabriel, Levin conoció a Robert Fripp y, en 1980, luego de ser invitado por el mismo Fripp para participar de su álbum Exposure, se convirtió en un miembro de la nueva formación de King Crimson, que por esos días aún se hacía llamar Discipline.
A través de los años, Tony estuvo de gira con muchos artistas, pudiendo nombrar entre ellos a: Paul Simon, Gary Burton, James Taylor, Herbie Mann, Goro Noguchi, Judy Collins, Joe Yamanaka, Dire Straits, Carly Simon, Peter Frampton, Anderson Bruford Wakeman Howe, Tim Finn y Richie Sambora.
En 1984, Levin lanzó su Road Photos, una colección de fotos en blanco y negro que él mismo tomaba durante sus tours con Crimson, Gabriel, Simon y otros. Pete Levin, su hermano, es un tecladista newyorkino, conocido por su trabajo junto a Gil Evans. Volviendo a los años 70, Tony y Pete colaboraron juntos con Steve Gadd en una comedia llamada The Clams. Tony aún sigue bromeando amenazando con mostrar ese material grabado algún día.
Levin fue miembro de King Crimson hasta la disolución de la formación "Doble Trio", que la integraba junto con Robert Fripp, Adrian Belew, Trey Gunn, Pat Mastelotto y Bill Bruford. Años más adelante, Fripp nuevamente reuniría a King Crimson pero ya sin contar con Levin ni Bruford. Por otro lado, Levin también formó parte de dos sub-grupos experimentales de la banda, llamados ProjeKct One (1997) y ProjeKct Four (1998).





En 1998, Tony unió fuerzas con Mike Portnoy y John Petrucci, miembros de Dream Theater junto con el tecladista Jordan Rudess para un proyecto llamado Liquid Tension Experiment. El cuarteto grabó dos discos, Liquid Tension Experiment y Liquid Tension Experiment 2, en los años 98 y 99 respectivamente. Esta formación únicamente dio algunos shows en Nueva York, Philadelphia y Los Angeles.
En el 2004, Trey Gunn dejó King Crimson y Robert Fripp consideró y reclutó a Levin como bajista nuevamente. Más allá del posible futuro de King Crimson, y con muchas más dudas si van a volver a las giras, Tony Levin ahora es nuevamente miembro de la legendaria banda.




















ENTREVISTA


por Warren Murchie

traducción de Sebastián Caffini


En su vida y en todo lo que hace, Tony pinta con un pincel más ancho. Como inventor, artista, fotógrafo, consumado músico y escritor, todo lo que toca parece resultar levemente superior. Inclusive su página web (de la cual te damos su dirección al final de esta entrevista) es un emprendimiento épico que te proveerá horas de sorpresa, sonrisas y conocimientos. Nada de esto proviene de ninguna necesidad de presumir; simplemente es una manifestación de su irrefrenable atención a los detalles.
Para el oyente, una de las puertas más directas hacia la naturaleza del músico, la clase de bajista que es Tony, bien podría ser King Crimson. Lo que no significa que Tony se encuentre limitado a un determinado estilo o formato de música. Ya que hablamos de su página web, atrévete a consultar su discografía allí. Siendo que abarca literalmente miles de grabaciones en discos de más de cien artistas, lo primero que a uno se le viene a la mente es preguntarse: ¿de dónde saca tiempo para hacer todo lo que hace?

Volveremos sobre esto más adelante...

King Crimson, actualmente bajo la estructura grupal que a ellos les gusta llamar “doble trío”, tuvo su periodo más críticamente exitoso entre principios y mediados de los ’80, periodo de sus famosos discos (“Yellow”, “Blue”, “Red”) con sus cubiertas en Amarillo, Azul y Rojo. Adrian Belew tenia la destreza de sacarle los sonidos animales más impactantes a su guitarra, incluyendo gaviotas en vuelo y águilas, rinocerontes y elefantes. En un determinado momento produciendo ásperas, elegantes y románticas baladas, y al minuto taladrándote los tímpanos con un trueno prehistórico y aterrenal. A años luz de distancia, en cuanto a técnica concierne, está Robert Fripp, también en guitarras. Con su precisión, su tempo impecable, y su uso de loops tanto digitales como en cinta, Robert podría componer texturalmente sinfonías enteras por sí solo.

A ellos se sumó Bill Bruford, por mucho tiempo considerado como uno de los mejores bateristas de su época. Melodista y baterista por partes iguales, con sus disparadores, baterías sintetizadas, instrumentos acústicos y étnicos, Bill forma casi una banda completa en sí mismo.
Esta amalgama, esta música tan masivamente densa, con partes tan dispares que a primera vista parecen no tener sentido musical en absoluto ...pareció casi milagrosamente tomar coherencia cuando Tony comenzó a tocar. Sin asumir nunca el rol tradicional de aumentar los cambios de acordes de los teclados o reforzar las líneas de guitarra, Tony extrajo de su instrumento notas y acordes sabrosos. Aunque es más que capaz de brindar grandes proezas técnicas cuando ello es necesario, las partes de bajo de Tony se convirtieron en el “pegamento” que unió a Bruford con los estilos de guitarra, gemelos pero opuestos, de Fripp y Belew.

Tony realmente pareció aprender el viejo adagio según el cual “para ser escuchado entre una multitud, simplemente hay que susurrar. La diferencia en el tono de tu voz te llevara junto con tu mensaje”.

Así es que Tony “susurró”. Susurró largos y oscuros sonidos, usando notas anchas, enormes y líquidas que pueden dar color y forma a diez compases enteros con un solo pulso. Su estilo ha sido definido como “minimalista”. Otros lo llaman orgánico, sensual, y, por supuesto, sexual, pero todos coinciden en que es exactamente lo que la música necesita. Tony es el elemento que le da unidad a todo. De lo cual pueden dar fe todos aquellos con quienes o para quienes Tony trabaja.

Hasta su presencia en el escenario lo dice todo sobre su estilo. Ya sea con su Stick Chapman, ese instrumento que misteriosamente combina las técnicas de guitarra y bajo, o sus Music Man trasteados o sin trastes, cualquiera sea el instrumento, Tony lo sostiene cercano a su pecho ya su corazón, como a una amante. El mango se mantiene casi vertical, casi paralelo a su columna vertebral. Con un leve giro de cabeza hacia la izquierda, queda cara a cara con el clavijero.
Sus piernas se mantienen bien separadas, los pies firmemente plantados sobre el suelo. Esa gran distancia entre los pies le permite encorvar el torso casi como una cobra a la captura de la música. Es como si a través de su presencia fuera capaz de extraer los sonidos terrenales que nos hace oír.
Esto es magia. Realmente. Tony siente la música profundamente, pero no trata de ser “profundo”. Lo suyo no es una pose afectada.




















Cuando las luces del escenario se apagan y los equipos se guardan, sus preocupaciones derivan hacia su maquina de capuchino, su moto, su laptop y su perro. Obtiene gran placer de los viajes de gira, y se ha construido un régimen y una técnica para no sólo hacerlo exitosamente, sino también para hacer que las giras sean divertidas después de todos estos años, pero completamente distinto a la típica vida en la ruta de las estrellas de rock.
En el preciso momento en el que Tony y yo estamos hablando, él está en California terminando su disco más reciente. Junto con el California Guitar Trio están trabajando en algunas pistas. La cosa marcha bien y Tony esta satisfecho. También ha estado de gira con ellos por algún tiempo, y el día de hoy ha sido un día de descanso para los músicos, por lo que ellos aprovecharon el tiempo libre para meterse en el estudio.

¿Así que tienes tu propio proyecto terminado y tu nuevo libro “BEYOND THE BASS CLEF – The life and art of Bass Playing” (“Más allá de la Clave de Fa – La vida y el arte de tocar el bajo”) terminado e impreso?

Sí, el libro en realidad salió ya hace un tiempo, pero me tomó medio año meterlo en las librerías. Lo que no es fácil. Lo publiqué yo mismo a través de (su propia empresa) Papa Bear Records, así que el solo trabajo de meterlo en (la famosa librería) Barnes & Noble me llevó un tiempo.

Terminas convirtiéndote en un estratega y supervendedor al tratar de hacer las cosas por tu cuenta, ¿no?

No soy bueno para los negocios, aunque tampoco tan estúpido, pero tiendo a no estar muy dependiente de ello, porque prefiero tocar el bajo. Por suerte, prácticamente todos los días encuentro una manera de tocar el bajo en algún lugar. Así que empiezo algún asunto de negocios como tratar de que el libro llegue a las librerías y antes de que recibir todas las respuestas a las llamadas telefónicas, me llaman para tocar en algún buen disco y ya está, me olvido de los negocios.

¿Intentaste delegar tareas en otros miembros de la empresa?

No hay “otros miembros de la empresa” en Papa Bear Records. Soy yo solo (risas). Bueno, yo digo que soy sólo yo, pero tengo una especie de secretaria que se ocupa de cumplir con los pedidos. Cuando alguien manda el dinero para un pedido, quiere que le llegue el disco o el libro enseguida. Los compradores no quieren escuchar excusas como que estuve de gira y no se los pude enviar. Así que el trabajo de esta persona es manejar los pedidos, con lo que esa parte funciona eficientemente. Pero no puedo hacer que maneje mis llamadas telefónicas también; para eso tendría que pagarle mucho más de lo que le pago



















¿Por que no manejaste tu carrera como otros, trabajando en bandas? Y además, ¿por qué crees que te volviste tan diverso? Tienes una gran paleta musical de donde escoger.

En primer lugar, si miras todas las grabaciones, te va a dar una cierta idea. Yo en realidad no pienso en mí de esa forma. Hice muchas cosas distintas a lo largo de todos estos años, por lo que para mí ya no es una variedad tan diversa de trabajos. Algunas de las cosas más suaves son realmente viejas. Hoy en día estoy haciendo cosas más progresivas, más rock y menos pop. Por otra parte y como cualquier otro músico, sé que no creo las propuestas de trabajo que me llegan, sólo puedo esperar que las propuestas lleguen. Cuando llegan muchas propuestas, elijo las que me parecen más atractivas. De modo que en un sentido muy real, no estoy creando un plan musical muy variado, sino que es la forma en que las cosas resultan. Es simplemente cuestión de conseguir trabajo. Yo decido en función de la música: si me resulta atractivo, lo hago. ¡Ciertamente he tocado en una cantidad de discos en los que el presupuesto no alcanzaba ni para pagarles a los músicos, ni para pagar el traslado hasta el lugar de la grabación! Así que en esos casos me hago enviar una cinta, o algo así.

¿Te envían el DAT (digital audio tape), tu le agregas tus partes y lo envías de vuelta?

Sí, algo así. Musicalmente, si quiero hacerlo, simplemente lo hago. Usualmente mi mayor problema es que a veces estoy simplemente muy ocupado. Odio perder la oportunidad de hacer buena música, cualquier buena música, y si encuentro una chance para participar de ella, lo hago. Pasan tantos meses sin que aparezca una oportunidad de participar en la creación de buena música, que si te llaman para participar en algo que va a estar bueno, encuentras una manera de hacerlo aunque estés muy ocupado.

No te voy a pedir nombres, pero ¿hay artistas con los que desearías no haber trabajado nunca, o discos en los que hayas tocado y respecto de los cuales hoy no estés muy satisfecho?

Artistas, no tantos, no se me ocurren. En cuanto a discos, sí, seguramente, pero son discos que no conocerías. Casi siempre fue algún caso en que un productor me tuvo encerrado haciendo las partes de bajo, esencialmente partes de bajo que no me gustaban. Partes que el artista o el productor había creado. Eso no es normal, es inusual. Pero hubo casos en los ni siquiera supe por que me querían a mí, porque no me dejaron tocar ni una sola nota de la manera en que yo toco. Hubiera preferido que llamaran a alguna otra persona.

Esto tiene algo de elogio y algo de evaluación: no conozco a nadie que toque como tú. ¡Cuando alguien llama a Tony Levin para un proyecto, lo que obtiene es a Tony Levin!

Aprecio eso, tiene algo de flexibilidad. Lo difícil de estar en el estudio con productores y artistas es que se hacen muchas concesiones y hay demasiada “búsqueda grupal” de las partes. En los que yo llamo “los viejos tiempos”, cuando todos los músicos estaban juntos en el estudio, el bajista podía trabajar tranquilamente en su parte, porque nadie tenía tiempo para prestarle atención. Pero ahora, es usual que yo sea la única persona grabando, concentrada en mi parte, y que todos los demás tengan algo que decir de ella. Pero no me molesta, especialmente cuando el artista tiene una parte de bajo en mente y no es bajista. Piensan en términos “no bajísticos”. A mí me gusta combinar eso con mi mentalidad de bajista. Muchas de las partes que realmente me gustan y que he grabado resultaron ser producto mío y de alguien más. Un ejemplo es Paul Simon, que piensa muy melódicamente. Paul “canta” mentalmente todo, así que cuando piensa una parte de bajo se sienta frente a mí con la guitarra y canta melodías de bajo. Yo no toco exactamente esas melodías, pero las transformo en partes de bajo y algunas de esas muy lindas partes de bajo terminan apareciendo en los discos.





















Hay una graciosa introducción en tu nuevo libro, en prosa cuasi bíblica, sobre los bajistas y su lugar en el mundo de la música. Habla sobre la interminable batalla de decidir cuándo es demasiado y cuándo es suficiente. ¿A ti ya no te ocurre tan seguido, no?

(Risas) Ya no me ocurre porque esto es lo que hago, tiendo a gravitar hacia las partes simples. Te cuento una anécdota de John Lennon ...cuando me llamaron para tocar en su disco yo no lo conocía. Nunca supe quien le dio mi nombre. Pero me llamaron, y el primer día John vino a saludarme. Recuerdo sus palabras: “Hey, Tony, me dicen que eres realmente muy bueno. Simplemente no toques demasiadas notas”. Yo sonreí y le dije: “no te preocupes, soy la persona indicada”. Sabía que mi forma de tocar le iba a servir. Nos sentimos muy contentos el uno con el otro, John sentía que yo complementaba muy bien sus canciones. Y para mí resultó un enorme elogio que alguien de su estatura estuviera contento con mis partes.

¿Eso tuvo algo que ver con el reciente video en el que aparecen tú, Bunny y Rick Nielson de Cheap Trick?

No, ese video fue una idea de la compañía. Relanzaron una versión diferente de una de las canciones de aquellos días, grabada en aquellas mismas sesiones. Obviamente Cheap Trick y yo habíamos hecho una versión que no terminó en el disco. Por alguna razón, decidieron lanzar esa versión en un video. No sé por qué, pero me llamaron. Fue un poco salvaje, pero divertido. Cuando llegué no sabía como iba a salir, pero fue bastante divertido.

En cuanto a bajos eléctricos, usas Music Man predominantemente.

Sí, a veces uso otros bajos extraños, de los cuales tengo una cierta colección. En cuanto a bajos normales, usualmente toco los Music Man. Claro que toco otras cosas además de bajos normales, como el NS (Ned Steinberger) Electric Upright Bass y, por supuesto, el Stick. Y si tengo la oportunidad toco otros instrumentos “bajos”, por lo que, en otras palabras, no me gusta sentirme limitado a tocar solo el bajo.

¿Entonces eres promotor (endorsee) de Music Man?



¿Y no se te acercaron otros fabricantes?

Seguro. Usualmente, no me interesan otros bajos, pero, bueno, te doy un ejemplo. Hubo un tipo que me pidió que probara un producto suyo. Me gustó tanto que se lo compré, no le pedí que me lo obsequiara. Simplemente quería tenerlo. Además sería raro que, siendo conocido por usar Music Man, saliera de repente un aviso publicitario diciendo que toco otros bajos ...el bajo era un Status Graphite, suena muy diferente, un poco “de alta tecnología”. Cada tanto le encuentro utilidad, como cuando me llaman a una sesión y hace falta un sonido distinto.

Music Man tiene una versión del StingRay que incluye un micrófono piezoeléctrico además del micrófono convencional. ¿Me equivoco o el piezoeléctrico recoge también la calidez de la nota resonando en el instrumento, para producir un sonido casi acústico?

Se puede decir así, yo sólo puedo decirte mi opinión sobre ello. Es un micrófono distinto. En primer lugar, el bajo tiene el micrófono magnético normal, por lo que puede sonar como cualquier otro Music Man StingRay, o bien se puede agregar el sonido del piezoeléctrico, o bien usar sólo el piezo. Mi impresión de este micrófono es que tiene muchos más graves, muchos más agudos, y menos medios. Creo que cualquiera que lo pruebe coincidirá que en súbitamente suena más “bajístico”.


















¿Tú lo usas?

Sólo lo tengo desde que lo usé en el disco de Paula Cole. Tanto a Paula como al productor les encantó el piezo, así que terminé usándolo en parte del disco. Después me fui de gira con Seal, y no hice muchas grabaciones más porque estuve casi todo el año en giras, así que supongo que hasta ahora sólo lo usé en ese disco. Pero en los próximos años seguramente lo usaré en muchos discos.

Estuve leyendo que la gira de Seal empezó con muchos miembros, luego quedó reducida aun grupo esencial de músicos y finalmente se suspendió. ¿Sabes si se reiniciará, y si tú vas a estar?

Esa es una buena pregunta, y no sé la respuesta exacta. Sí sé que Seal terminó con esa banda. Ya no tenemos trabajo. Por lo que no voy a volver de gira con él. Tengo entendido que cada tanto hace algún show, pero lo hace con una banda distinta.

¿Fue por los costos de llevar un grupo grande de gira?

¡Sin duda! Pero no era sólo la banda, también tenía enormes gastos de producción. Una pena, realmente, ¡porque era un show tan bueno, y una banda tan buena!. Para mí era bueno porque me encantaba trabajar con él.

A mí me parece un tipo muy inteligente, sensible y culto. ¿Lo es?

Absolutamente. Y además es muy carismático y un gran tipo. ¡Y además, musicalmente es grandioso! ¿Que más se puede pedir? Supongo que lo que se podría pedir es que la gira continuara. Pero no sucedió.

Volviendo a los bajos por un momento, ¿para qué fue creado originalmente el Music Man de tres cuerdas, y qué afinaciones usas en él?

Es extraño, hace un tiempo los visité (a la gente de Music Man) y nos reíamos de ese bajo. La afinación es Mi, La, Re. Ese bajo en particular me lo hice construir sin controles de volumen ni de tono. Es simplemente un bajo para enchufar y tocar. Lo hice en cierta forma como una especie de declaración a mí mismo y como un bajo realmente útil. Hace bien lo que hace, pero no hace nada que no se pueda hacer con un bajo de cuatro cuerdas. Simplemente me gusta y sé que puedo usarlo en muchas situaciones. Cuando me lo hicieron yo estaba de gira con Peter Gabriel, y lo usé en todos los shows desde entonces.

¿Fue creado para poder usar tu invento, los “Funk Fingers” (N. del T.: los “funk fingers” son en realidad unos palillos de percusión que Tony hizo modificar para poder adosarlos a las puntas de los dedos de su mano derecha, pulsando las cuerdas con ellos y obteniendo así un sonido totalmente personal)?

No, pero usar los Funk Fingers en él es más fácil porque las cuerdas están un poco más separadas. Yo uso los Funk Fingers mucho en todos mis bajos.

Hablando de los Funk Fingers, y recordando que son uno de los productos que vendes a través de tu empresa Papa Bear y que tú eres la empresa, ahora que te quedan los últimos treinta pares de Funk Fingers, ¿no piensas que no puedes hacer todo al mismo tiempo?

Es la misma cuestión de los negocios. Lo que ocurre con eso es que hay una cadena de fabricación. Uno piensa que será realmente fácil, que simplemente consiste en conseguir que algún tipo los haga. Pero no lo es; involucra a tres empresas, hay que conseguir los materiales tres meses antes de que cada camada de productos se fabrique, y todo se complica. No ordené más palillos a tiempo, y hace como un año se terminaron. Así que decidí rediseñarlos y agregarles algunas mejoras antes de comprometerme a fabricar otros mil pares.

¿Así que básicamente vas a rediseñarlos antes de sacar la próxima camada a la venta?

Correcto, pero es algo que tendría que haber hecho hace un año, y tener ya la nueva camada lista. Todavía no los rediseñé. Y después de que les haga los cambios, todavía me va a tomar entre seis meses y un año la fabricación. Por lo que, en esencia, dejé de fabricarlos. En algunos años, cuando tenga más, súbitamente voy a publicitarlo y lentamente se venderán. Es una tontería, de todos modos.



















¿Se vendieron bien?

Depende de qué es lo que consideres como “bien”. Mi propósito al venderlos no era ganar dinero. Recuerdo que los vendía a $14 y después a $15. Créeme que no lo hice para ganar dinero. Simplemente me pareció genial que un montón de bajistas los tuvieran, los usaran en grabaciones y vieran qué tan lejos los podían llevar. Así que, en fin, no recuerdo exactamente cuántos vendí, pero seguramente fueron algo más de mil pares. ¡Sorprendentemente, más de mil bajistas los tienen!

¡Estuve leyendo el correo de fans respecto de los Funk Fingers, y realmente les encanta!

Y lo que resulta irónico es que originalmente armé la página de los Funk Fingers en el sitio de Papa Bear más bien como un foro de discusión de ideas. El hecho es que estoy muy ocupado y mi vida es vertiginosa, y entre tocar y hacer proyectos y hacer mi propia página web, “The Diary”, terminé si tener nada de tiempo para ver algo de la página de los Funk Fingers. Es la única página de mi sitio que no he visto en un montón de tiempo. Lo interesante para mí es que en un principio, los comentarios de los pocos bajistas que tenían los Funk Fingers eran acerca de lo difícil que les resultaba usarlos al principio. Pero al poco tiempo, los comentarios comenzaron a cambiar, como “hice tal cosa con ellos” o “¿qué te parece esta técnica que Tony Levin nunca intentó usar?”. Y fue divertido presenciar eso, porque son cosas raras para usar. Toma un tiempo acostumbrarse. Fue lindo ver como después de un tiempo la gente comenzó a hacer cosas con ellos que a mí nunca se me habían ocurrido. Es lo que yo quería que ocurriera.

¿Hablamos un poco del Stick Chapman, si te parece?

Ahora hay una versión de 10 cuerdas y otra de 12.

¿Presionas las cuerdas contra el mango con mucha presión o ataque para que las cuerdas resuenen, o sólo basta hacer contacto?
Muy poco, es el equivalente de una guitarra calibrada con las cuerdas muy, muy pegadas al mango. Con sólo apoyar un dedo entre los trastes ya tienes una nota.

¿Por lo que hay que practicar para tocar con mayor precisión?

Sí, el instrumento es muy sensible y no se lo puede sacudir mucho. Pero ya no me resulta difícil de usar. El Stick moderno esta muy bien calibrado como para no hacer mucho ruido.
Cuando lo usaste por primera vez, ¿tuviste que encararlo como si fuera un piano o como si fuera un instrumento trasteado?

No me costó adaptarme. Es raro, ayer nomás estaba hablando con Emmet Chapman, el inventor, sobre eso; decíamos que la gente que lo toma como algo nuevo se adapta rápidamente, mientras que a quienes tratan de tocarlo como si fuera una guitarra o un bajo o aun como un piano, les cuesta más adaptarlo a sus idiosincrasias. De hecho, yo siempre toque usando “hammer-ons” en el bajo, lo que es exactamente la misma técnica, por lo que no me costo mucho adaptarme al Stick.

¿Lo que significa que si no le trasladas tu “equipaje”, no hay problemas?

Claro, o que si casualmente usas mucho la técnica del “hammer-on”, como Eddie Van Halen toca la guitarra a veces, esa es la forma en que se toca el Stick.

¿Te permite hacer trabajo de acordes con ambas manos?

Sí, tiene una salida estéreo, con cuerdas de guitarra y cuerdas de bajo, que están completamente separadas. Lo ideal es enviar las cuerdas de guitarra a un amplificador de guitarra y tocar acordes en ellas, mientras se tocan partes de bajo con las otras cuerdas.





















¿Te hizo tocar más acordes en el bajo?

Como bajista, no toco acordes para nada. Y usualmente cuando toco el Stick en un disco, sólo toco la parte de las cuerdas de bajo. Las únicas excepciones se dan en King Crimson, donde en cierta forma me uno a las guitarras. También en mis propios proyectos, donde obviamente me resulta algo muy útil para componer. Así que compongo y grabo con el Stick muchísimo. Creo que de los tres álbumes que hice hasta ahora, en casi todos hay la mitad de Stick y la mitad de bajo.

Una de las cosas que más admiro de tu trabajo en Crimson es la forma en que tus partes, las de Adrian, las de Robert y la de Trey (Gunn) parecían no encajar unas con otras, pero de alguna manera encajaban. Tanto aparente caos súbitamente convertido en sinfonía

¡No estuviste en los ensayos escuchando todas las partes que NO encajaban! Eran realmente horribles y nos deshicimos de ellas. Por suerte nunca las escuchaste. Hicimos tantos experimentos exitosos como fracasados.

¿Hay mucha libertad para crear tus partes para King Crimson?

Sí, Robert (Fripp) y yo tenemos una gran relación musical. Ambos respetamos la musicalidad del otro, muchísimo. A veces él me da una línea de bajo. Un ejemplo sería la línea de “VROOM” en “VROOM VROOM”. Era como en los temas de “RED”. Él ya tenía una línea de bajo y yo no tengo problemas con eso. También quizás tiene una sección donde no sabe que hacer con el bajo y yo entonces me ocupo de ello. Otra forma de trabajo que tenemos consiste que en que él compone apenas la esencia de una pieza y se mantiene completamente al margen de lo que el bajo y la batería harán. Así yo logro prácticamente componer mis propias partes. Adrian (Belew) también me ha sugerido algunas bases de partes de bajo que funcionaron muy bien. Cuando trabajas con buenos músicos, y sabes que son buenos y los respetas y ellos te respetan, es bastante fácil trabajar.

¿Tienes listo un álbum doble con Bill Bruford?

Para completar un poco la información, Bill Bruford y yo hicimos un disco llamado BRUFORD-LEVIN/UPPER EXTREMITIES en mi sello Papa Bear Records, lo que significa que no va a vender mucho (risas). En Papa Bear yo no distribuyo los discos a través de desquerías, vendo a través del sitio web. Esa estrategia fue muy popular con los fans de Crimson, y nos permitió salir de gira un poco. Lo cual no es fácil para nosotros dadas las agendas de cada uno. De modo que nos fuimos de gira y grabamos todos los shows, en los USA y en Japón. Un poco después, este último verano, finalmente pude compilar todas cintas en un ADAT multipista, con lo que teníamos mucho para elegir, y había algunas cosas muy buenas. Así que las mezclé y las compilé en un CD doble. Podría haber sido un CD simple, pero teníamos muchas cosas buenas y yo quería incluir muchas de ellas. A David Torn, que es un guitarrista loco y tiene su propio estudio, y usa muchas técnicas de grabación muy locas, se le ocurrió la idea de hacer una “mezcla-dance” incorporando sólo elementos de Bruford/Levin en vivo. Eso sería una rara combinación, y lo que escuché hasta ahora es tan bueno que pensé que podría incluir un track de eso en el CD doble en vivo. Sería bastante inusual tener el mismo material en vivo y una “Dance Remix” en el mismo disco. Estoy seguro que ningún fan de Crimson estará interesado en una “Dance Remix”, pero es realmente buena, así que allí estará.

Mirando la sección fotográfica de tu sitio web, noté que tomas las fotografías en blanco y negro y las pintas a mano.

Sí, me gusta esa técnica. Le da una apariencia de tinte magenta.


















¿Agrandas las fotos, las pintas y luego las vuelves a reducir?

Bueno, realmente depende de dónde va a terminar la imagen. Durante mucho tiempo simplemente las pintaba a mano de la manera normal. Hay un cierto tipo de pinturas al óleo para eso y se usan hisopos. Pones la pintura encima y luego la vas sacando mediante el frotado. Es lo que le da esa textura suavizada. No hay que dejar mucha pintura en la foto. La idea es que el blanco y negro se note. Mi primer trabajo solista fue “World Diary”, y la cubierta era una linda terracota con una foto de un globo girando. Eso era un blanco y negro que entinté a mano normalmente. En la cubierta de mi segundo álbum, dejé marcas de pintura y pinceladas en la foto. Así tiene la apariencia de lo que realmente es, algo más que una foto retocada, tiene marcas intencionales que en cierta forma encajan bien. Para el tercer álbum tenía un plan para una foto, pero una vez que tuve la foto, decidí saltear ese paso. Así que quedó solamente la pintura sobre el lienzo. Mi idea original era una foto entintada a mano. Así que a lo largo de los años vengo usando menos de la parte fotográfica y más de la parte de pintura.

Estás trabajando en un diario fotográfico de tus años con King Crimson. ¿Cómo marcha eso?

Iba a estar listo para ahora, pero no cumplí con mis propias fechas limite. Ahora espero que esté para la primera mitad del 2000. Saqué un libro de fotos en los ’80, muy interesante, llamado “ROAD PHOTOS” (fotos de la ruta), pero se me terminaron y realmente no puede reimprimirlo. Como de todos modos he seguido tomando fotos, siempre tuve la intención de sacar un segundo libro de fotos. Tantos años en la ruta ....es bastante fascinante, hay muchas cosas locas que surgen. No es tanto mi narración de la historia, a veces cuando ves estos diarios en computadora, te das una idea de cómo era.

¿Llevas una laptop contigo en la ruta?

Sí, diferentes a lo largo de los años. Fui uno de los primeros músicos en llevar una, desde la época en que era una Radio Shack TR100, de esas en las que tu mismo tenías que escribir el programa. Pero no mantuve el diario permanentemente. La mayor parte del diario es de lo ’90, pero aun tengo algunas notas de los ’80. Los otros miembros de la banda sabían que yo llevaba el diario, y después de un tiempo siempre tenían una “frase del día”. Al cabo de un tiempo los otros se me acercaban con ciertas cosas, como por ejemplo, Robert Fripp se me acercaba y me decía “tengo algo para tu frase del día”, y era algo que había escuchado. Así que de alguna forma se transformó en el diario de la banda.






















¡De lo que he observado aquí, parece que el café se ha convertido en una especie de religión para ti! ¡Parece que no tendrías tiempo para intentar con otras drogas recreativas!

(Risas) ¡No me interesan las drogas para nada! El hecho de que la cafeína este ahí no es mi parte favorita, realmente. Quisiera que no estuviera, es sólo que me encanta el sabor. Me paso mucho tiempo de gira por Italia. Y a ellos les encanta el espresso, tanto como a mí. De ellos me quedó el gusto por el espresso. Así que me ha nacido una especie de pasión por él. Así que decidí llevar una máquina de espresso conmigo en la ruta, para tener un mejor espresso en el backstage, y por supuesto todo el mundo en todas las bandas que integro inmediatamente descubre el gusto por mi café. ¡Porque es muy bueno!

Respecto del libro “Beyond the Bass Clef”, ¿cómo hiciste para elegir exactamente lo que ibas a incluir en él? ¿Puedes contarnos sobre lo que decidiste incluir?

Cuando recién comencé con el libro no tenía pensado incluir nada en el aspecto educativo. Quería que tuviera anécdotas y simples pensamientos sobre música. Cuando ya lo tenía casi completo, sentí que, si bien no había equivocado el rumbo, había cosas que quizás el bajista que lo comprara podía llegar a pensar que yo no le estaba dando. No quería decepcionar a nadie. Así que, aunque creo que no tengo nada que decir, técnicamente, sobre cómo tocar el bajo, o sobre cómo posicionar las manos o cómo usar tal o cual digitación, sentí que seria bueno encarar el tema de lo que podría decir a los bajistas sobre tocar el bajo. Algo que pudiera serles útil. Fue un tema difícil para mí, y me tomó cierto tiempo, de hecho tuve que posponer la salida del libro por un tiempo, mientras intentaba escribir varios ensayos o capítulos. De hecho, originalmente yo sólo quería que fuera un libro sobre mí y sobre el bajo, pero terminó siendo un poco más sobre bajistas de lo que era en un principio. Creo que ha salido bastante bien, pero estoy seguro que quien lo vea como un libro de método sobre el bajo va a salir decepcionado.

¿Enseñas o das clínicas?

No, no lo hago. Sólo di un par de clínicas, y creo que daré algunas más, pero no me encantó darlas. La razón es la misma por la cual no enseño. Siento que todo lo que hago me gusta hacerlo bien, y creo que para enseñar tienes que realmente entender el proceso de razonamiento que hay detrás de lo que haces. Mientras que yo he sido siempre más bien intuitivo. Como músico, no analizo lo que hago ni por que lo hago, ni razono por que alguien puede pensar que mi forma de tocar es distinta de la de cualquier otro. Es por eso que nunca he enseñado. Por eso cuando estaba armando esta otra parte del libro, con ensayos instructivos y esas cosas, tuve que referirme a esos procesos. Tuve que pensar sobre ello. Por lo que ahora me siento un poco más preparado para dar una clínica.

¿Dirías que tocas más desde lo emocional que desde lo intelectual?

No sé cuál es la palabra que definiría desde dónde viene la inspiración. Es algo interior, eso es seguro. Es algo muy natural y fácil. Lo mío viene desde un lugar interior donde hay un sentido de que es lo que hay que tocar, combinado con las técnicas que tengo, y con el instrumento que estoy tocando. Tocar es muy divertido, por sí solo. Continuando con el tema diría que siento que yo, y otros músicos, somos muy afortunados por poder ganarnos el pan durante toda la vida haciendo música. Es una alegría inmensa. Sé que hay otras cosas que pueden interferir con esa alegría, y no siempre el camino es fácil. Pero aun así tengo suerte de poder hacerlo. Es muy divertido, y es una de esas cosas que siguen siendo divertidas. También te diré que no sé por que he elegido el bajo. Cuando era bastante joven llevaba algunos años tocando el piano. Mis padres me preguntaron que otro instrumento me gustaría tocar, y yo simplemente dije de inmediato “el bajo”. No supe por que lo dije, y hasta el día de hoy todavía no lo sé. Pero después de muchos, muchos años de tocar el bajo, finalmente me di cuenta de que fue una de mis más importantes y mejores decisiones. Sigo siendo muy feliz por tocar las notas graves, sintiendo lo mismo que sentía a los diez años. No sé por que soy tan feliz tocando las notas graves, pero tengo suerte de ser tan feliz haciéndolo.

Y nosotros también, Tony, nosotros también

Tomate algún tiempo para visitar la página de Tony en www.papabear.com y vuelve cada tanto. Tony es un escritor hilarante, su libro es reflexivo, irreverente y muy a la Monty Pyhton. Próximamente en GlobalBass habrá una actualización sobre el CD doble “Blue Nights” y sobre algunas de las millones de cosas en las que este hombre increíblemente prolífico esta involucrado, incluyendo otro libro, su nuevo álbum solista “The Passionate Bass”, el proyecto BOZZIO/LEVIN/STEVENS, pistas de un nuevo álbum para el Reino Unido que puede ver la luz del día o no, su eventual reunión con King Crimson para otra gira y álbum, etc., etc., etc. Le dijimos a Tony que él constituye uno de los argumentos más fuertes a favor de la clonación humana, sólo para que pueda terminar todos sus proyectos. Es inevitable sospechar que sus quejas por no ser lo suficientemente apto para los negocios sólo resultan un caso de demasiada creatividad y demasiado poco tiempo.

Fuente: Global Bass Magazine, 2000. http://www.globalbass.com/

lunes, 5 de abril de 2010

EXTRACTO DEL LIBRO de BILL MILKOWSKY: JACO PASTORIUS. LA EXTRAORDINARIA Y TRÁGICA VIDA DEL MEJOR BAJISTA DEL MUNDO.





















Weather Report: cielo despejado (1976-1977)

«Oye, muchacho, ¿también tocas el bajo eléctrico?»

En otoño de 1974 Jaco tuvo su primer encuentro, si bien breve, con Joe Zawinul. Weather Report estaba en Miami en mitad de la gira de presen­tación de Mysterious Traveller para hacer una actuación en el Gusman Theatre. Jaco, quien por aquel entonces impartía clases de bajo en el de­partamento de jazz de la Universidad de Miami, también aparecía en el cartel de esa noche, actuando con la big band de la universidad como telonero de Weather Report. Interpretaron dos temas («Domingo» y «Amelia») y Zawinul se perdió la actuación porque Weather Report llegó tarde al teatro. Tras el concierto, Jaco tropezó con él al ir a recoger el equi­po. Zawinul estaba en el exterior del teatro organizando la carga de uno de sus camiones. Joe recuerda que le abordó «un chico flaco de pelo largo y ropa desastrosa». La conversación fue de la siguiente manera:

Jaco: Señor. Zawinul, he estado en el concierto esta noche. He seguido su música desde los tiempos de Cannonball Adderley, y me encanta.
Joe: ¿Y qué quieres?
Jaco: Sólo quería decirle que he sido durante mucho tiempo un gran fan suyo. Mi padre fue un gran seguidor de Cannonball y me gustaría interpretarle algo de mi música.
Joe: ¿De verdad? ¿Cómo te llamas?
Jaco: Mi nombre es John Francis Pastorius III, y soy el mejor bajista del mundo.
Joe: ¡Anda, largo de aquí!

Zawinul intentó quitarse de encima a aquel joven bajista tan presuntuoso pero Jaco insistió. Como recuerda Joe: «Quería librarme de él, pero una de las mujeres que estaba allí, una periodista del Miami Herald, me dio un codazo y dijo: “Realmente debería escucharlo. Está algo chiflado, pero es un genio del bajo”». (Volviendo la vista atrás, Zawinul afirma que se quedó admirado por la valentía que demostró Jaco ese día fuera del Gusman Theatre. «En cierto modo me recordó a mí cuando era un joven presun­tuoso y decía cosas como: “Soy el peor”, cuando estaba con la banda de Cannonball».)

Joe dio por zanjada su breve conversación tras pedirle a Jaco una cinta de demostración. A la mañana siguiente, Jaco se dirigió junto a su herma­no Gregory al hotel donde se alojaba Zawinul y le dejó la copia de una demo que había grabado en marzo en los estudios Criteria junto a Alex Darqui, Bobby Economou, Othello Molineaux y Don Alias. Aunque a Zawinul le gustó lo que escuchó, en especial la bella melodía de «Con­tinuum», con su extraordinario bajo lírico, explicó a Jaco que estaba muy satisfecho con el trabajo que estaba realizando hasta el momento el bajista Alphonso Johnson dentro de Weather Report. «De manera que le dije: “Te doy mi dirección y así estamos en contacto”. Y de repente me empezó a enviar cartas, muchas cartas. Me gustaba. Escribía sobre su familia y decía: “Espero que un día podamos tocar juntos”.»

Joe recuerda que la letra de Jaco en esas cartas lo dejó particularmen­te impresionado. «Su letra era muy estética y bella, como una partitura de Mozart.»
















El año siguiente Jaco sería «descubierto» por Bobby Colomby y graba­ría el material para su feliz debut en Epic. Hacia finales de 1975, Zawinul recibió por correo una casete de Jaco junto con una de esas cartas escritas a mano tan estéticas. La casete contenía una primera mezcla del álbum Jaco Pastorius. Joe recuerda que el primer tema del álbum lo dejó impre­sionado, «Donna Lee», un rompedor himno bebop con referencias a Charlie Parker y Miles Davis.

Durante las vacaciones de Navidad de 1975, a mediados de la arrollado­ra gira de Weather Report para presentar Tale Spinnin’, Alphonso Johnson informó de sus intenciones de abandonar la banda para formar un nuevo grupo con el baterista Billy Cobham y el teclista George Duke. (La banda era la CBS All-Stars, que también contaba en su formación con el guitarrista Steve Khan y el saxofonista Tom Scout.) Cuando Johnson se marchó, Wea­ther Report se encontraba a medio camino de la grabación de su próximo álbum, Black Market, y eso puso a la banda en un dilema circunstancial. «Al principio no sabía cómo afrontar el relevo –explica Zawinul–. Pero entonces me acordé de aquel muchacho, de Pastorius.» (De hecho, Tony Williams, que había conocido a Jaco justo unos pocos meses antes, oyó que Joe estaba buscando a un bajista y le recomendó encarecidamente a Jaco.)

«Así que llamé a Jaco –continúa Zawinul–, y lo primero que le pregun­té fue: “Oye muchacho ¿también tocas el bajo eléctrico?”. El sonido que sacaba de ese Fender sin trastes era tan cálido y rico, que pensé que estaba tocando el contrabajo.»

Zawinul y su compañero Wayne Shorter acordaron encontrarse con Jaco en el estudio y hacerle una audición. Tocaron «Cannonball», un conmovedor homenaje a su querido amigo y antiguo empresario Cannonball Adderley, quien había muerto a causa de un derrame cerebral el verano anterior (el 8 de agosto de 1975) a la edad de cuarenta y seis años. «El fallecimiento de Cannon fue durísimo para todos los que le rodeaban», explica Joe.















Yo no estuve mucho tiempo en su banda, pero Cannonball fue una de las personas más grandes que jamás he conocido y uno de mis mejores ami­gos. Es decir, fue testigo en mi boda y fue él quien le compró a mi hijo su primera bici, ¿entiendes? Perderlo fue como perder a alguien de mi pro­pia familia.

Para esta tierna pieza de homenaje, Zawinul esperaba poder sacar partido de la bella calidad musical que Jaco conseguía extraer de su bajo Fender sin trastes.

Cannonball también era originario de Florida y quería que Florida estu­viese presente en el tema. Además, recordé lo mucho que le gustaba a Jaco la música de Cannonball, por lo tanto pensé que era la persona más apropiada para colaborar en el tema. De manera que le hicimos pasar y ésa fue más o menos su audición. Después Wayne y yo lo discutimos un rato, y ambos estuvimos de acuerdo en que ese chico sabía tocar.

Lamentablemente, los primeros intentos de Jaco con «Cannonball» no aca­baron de convencer del todo a Joe. «Al principio quería tocar demasiado en la canción, quizá le metía demasiado movimiento», explica Zawinul enco­giendo los hombros.

Le tuve que decir: «No, no, utiliza esa melodía tan preciosa que suena en “Continuum”, simplemente interpreta esa pequeña frase». Y eso es lo que se oye en el disco, esa hermosa melodía del bajo. Jaco era algo especial, tío. Y en esta pieza en particular encaja a la perfección.

Narada Michael Walden, que tocaba la batería en «Cannonball» y conocía a Jaco de sus días del Lion’s Share en Miami con Ira Sullivan, ofrece su visión de lo que ocurrió en el estudio ese día (según le confesó a Brian Glasser para el libro In a Silent Way: A Portrait of Joe Zawinul [De manera silenciosa: Un retrato de Joe Zawinul]):

Jaco estaba intentando impresionar a Joe mientras ensayaba la canción. Se aprendió el tema muy rápido y empezó a añadirle cosas de las suyas, pero Joe lo paró a media canción y le dijo: «No metas toda esa mierda en mi canción». Vi la expresión de la cara de Jaco, como si dijera «¡Bueno, vale, tío!». Nadie le había hablado antes a Jaco de esa manera. Joe no le tenía miedo. Así pues, Jaco se puso las pilas, se aprendió la canción, y una hora después ¡tenía a Joe a sus pies! Y no fue tarea fácil, si tenemos en cuenta que todo había empe­zado con un «no metas todas esa mierda en mi canción». El tipo le estaba haciendo una prueba a Jaco, y esa reacción lo había dejado parado. Había cambiado por completo el tono de la canción. Todo lo que tocaba Jaco lo tocaba sintiéndolo de verdad, a diferencia de tocarlo simplemente porque sí. Por esa razón el tema está lleno de ternura, porque Joe le dijo: «Debes enten­der que esta canción es un homenaje dedicado a Cannonball».













Además de su colaboración en «Cannonball», Jaco también aportó al álbum Black Market una composición propia. Se llamaba «Barbary Coast» y era un sencillo tema que como un traqueteo era propulsado por una cru­jiente figura de funk con sordina, tan precisa y penetrante que su sonido parecía el de un teclado clavinet funky en lugar del de un bajo eléctrico. «Al principio esta canción no me gustaba mucho», admite Zawinul.

Me recordaba al estilo de Horace Silver. Pero entonces, la trabajamos hasta conseguir una dinámica rítmica más agradable. Y, por supuesto, ese tema se convirtió en una de las piezas emblemáticas de Jaco, y a menudo la interpretábamos en los conciertos de Weather Report.

«Barbary Coast» comienza con el sonido estruendoso de un tren sobre las vías, con su estridente pitido desvaneciéndose en la distancia. Esos sonidos son mucho más que un mero relleno para crear ambiente; para todos aque­llos que han crecido en Fort Lauderdale, cerca de las vías que recorren la Dixie Highway, tiene fuertes resonancias. De niño, Jaco a menudo recorría kilómetros por estas vías, soñando con los lugares que un día visitaría. (Esas mismas vías pasan por la Kalis Funeral Home en Fort Lauderdale, lugar donde se celebró el velatorio de Jaco el 24 de septiembre de 1987.)

Tras la publicación de Black Market en marzo de 1976, la gira de Weather Report por Estados Unidos comenzó el 1 de abril con un con­cierto en el Hill Auditorium de Ann Arbor, Michigan. La nueva formación de Weather Report estaba compuesta por el bajista de Florida Jaco Pastorius, el baterista peruano Alex Acuña, y el percusionista puertorri­queño Manolo Badrena, además del teclista austríaco Zawinul y el saxofón de Shorter, de Nueva Jersey. (El 8 de julio de 1976 esta misma formación actuó en el Festival de Jazz de Montreux en Suiza. Más tarde, Four Ace Records distribuyó una grabación ilegal de este espectáculo.)

Con la llegada de Jaco, el aire desinhibido de Rhythm & Blues, el extraor­dinario dominio del bebop basado en una sola nota y el gusto por el exceso a lo Hendrix que aportó al grupo cambiaron radicalmente el carácter de Weather Report y ayudó a catapultar a la banda hacia un nuevo estadio de popularidad. Tal como explica Zawinul:

Con Alphonso al bajo, Weather Report era un grupo con mucha energía, pero Jaco era único. Era muy diferente del resto de bajistas del momento. Tenía un don casi mágico, lo mismo que Hendrix. Era un intérprete elec­trizante y un gran músico. Y podríamos decir que fue el responsable de que los chavales blancos se acercaran cada vez más a nuestros conciertos. Antes de la llegada de Jaco nos tenían como a una especie de grupo de jazz eso­térico.














Habíamos tenido éxito entre los estudiantes universitarios, pero cuando Jaco se unió a la banda empezamos a llenar grandes auditorios por doquier. Para esos muchachos, Jaco se convirtió en una especie de héroe folk americano.

Joe se explayó sobre esta idea en una entrevista que Bob Bobbing le hizo para Portrait of Jaco: The Early Years:

Me gustaba ese «espíritu» [de Jaco], a Wayne también le gustaba… y nos llevamos muy bien desde el principio. Él tenía esa cosa extra que nos fal­taba y, de hecho, su personalidad fue lo que hizo que la banda fuese más allá. Jaco tenía cierto… algo que no se puede comprar, ¿entiendes? Y de repente empezó a improvisar y su alma [salió]… todo lo que interpreta­ba tenía mucho sentimiento. Era un maestro. Eso es, era un maestro, tío. Y para mí y para Wayne era el tercer lado del triángulo que formaba Weather Report. Éramos tres personajes enérgicos, totalmente opuestos, y ninguno hacía la menor concesión. Pero a pesar de eso éramos la mejor banda. No cabe duda.

Parte del encanto de Jaco en Weather Report era el tremendo aguante que tenía para mantener el ritmo con el bajo, algo que había perfeccionado junto a artistas como Wayne Cochran y los C.C. Riders. Su infalible ritmo de semicorcheas, siempre ligeramente por encima del compás, empujaba a la banda con un ímpetu desinhibido, al mismo tiempo que elevaba la música a unas sorprendentes nuevas cimas. Mientras tanto la claridad de sus ideas y la limpieza de su ejecución en los solos dejaban a los oyentes asombrados. Chip Stern advirtió del impacto de Jaco en Weather Report en un artículo en el Musician en 1978:

Jaco Pastorius, uno de los músicos más originales y geniales de la década, es capaz de adoptar un papel crucial en lo melódico, lo armónico y lo rít­mico, al estilo de Miroslav Vitous, y al mismo tiempo montarse en el funk.

Al poco tiempo Zawinul empezó a referirse a Jaco como «El catalizador» o «La cabeza explosiva» debido a su capacidad de caldear una sesión o un con­cierto con su enigmático dinamismo. Tal como Joe explica:

Cuando se unió a la banda era un muchacho joven y nervioso. Wayne y yo ya habíamos cumplido los cuarenta, y ese joven Jaco nos mantenía jóvenes con su energía y carisma durante las actuaciones. Tenía un aguante increí­ble. Jamás he visto a otro bajista con tanta resistencia. Podía tocar esas melodías de semicorcheas a un ritmo muy trepidante, una y otra vez, y nunca aflojar el ritmo ni tartamudear. Solíamos hacer un tema llamado «Volcano for Hire» (del disco Weather Report, publicado en 1982), trufado de semicorcheas, y cada noche lo clavaba. Siempre estaba activo, daba empuje a la banda. Y, de hecho, él era quien nos mantenía bien despiertos. Cada banda necesita lo que yo llamo una cabeza explosiva, la fuerza pro­pulsora, el motor. Y en esta banda él era la cabeza explosiva.

A pesar del corto período de tiempo que llevaban tocando juntos en Weather Report, Jaco se sintió particularmente cercano a sus colegas de la sección rítmica, el baterista Alex Acuña y el percusionista Manolo Badrena. «Tocar con Jaco era en realidad un placer», dice Acuña.

Su ritmo era muy potente y su tono era único, muy fresco. Era como si estuvieses en el desierto, con mucha sed y acalorado, y de repente al­guien se acercara y te ofreciese un refrescante vaso de limonada. Eso es, en pocas palabras, lo que Jaco hizo por mí cuando se unió a la banda.

Extrovertido por naturaleza, durante su permanencia en Weather Report, Jaco fue muy consciente de lo crucial que era ofrecer espectáculo (una cualidad que sin duda había heredado de la sociabilidad de su padre, Jack, y también de la audacia de su anterior jefe, Wayne Cochran). Con su ata­vío hippie de Florida (sus anchos pantalones de playa blancos, sus camise­tas ajustadas y desteñidas, la cinta para la cabeza o la gorra de béisbol de los Phillies cubriendo su cabellera), en combinación con su impredecible conducta acrobática en el escenario, Jaco rápidamente desarrolló una ima­gen carismática. Durante su período con Weather Report, también utilizó sus solos en el espectáculo para dejar ver algunas de sus importantes influencias musicales, de entre las que se pueden destacar «Purple Haze» y «Third Stone from the Sun» de Jimi Hendrix, «Donna Lee» de Charlie Parker, «Funky Broadway» de Wilson Pickett, «Blackbird» de los Beatles, y «Giant Steps» de John Coltrane, así como fragmentos de musicales clásicos como The Sound of Music [Sonrisas y Lágrimas] y Carousel de Rodgers & Hammerstein. Con esta mezcla de estilos musicales americanos populares, Jaco no sólo entretenía a la audiencia sino que habría los oídos a nuevos sonidos e ideas, creando un puente entre el rock y el jazz. Grupos de jóve­nes blancos, fans del rock, acudían en masa a los conciertos de Weather Report para ver a Jaco lanzar al aire su bajo, como Pete Townshend de los Who o dando volteretas por encima del amplificador, pero él bien se encar­gaba de que esos jovencillos no volviesen a casa sin antes haber escuchado algo de Bird o Trane.

Mientras algunos críticos clasificaban esas correrías por el escenario como fanfarronadas de un sinvergüenza, pocos podían negar la genialidad absoluta de Jaco al tocar el bajo ni su enfoque revolucionario. Como dice el refrán (para nada exagerado): «Hay un antes y un después del bajo de Jaco».

Durante el verano de 1976, y gracias al extraordinario fenómeno de su éxito a tres bandas con Bright Size Life de Pat Metheny en ECM, Black Market de Weather Report en Columbia y su propio debut en solitario en Epic, se empezaba a enarbolar a Jaco como la luz que iba a guiar a una nueva gene­ración de músicos de jazz. Con la relativa corta historia de su instrumento (Fender introdujo su primer bajo eléctrico en 1951), nadie había redefinido tanto su papel como lo había hecho Jaco. Ron Wynn de All Music Guide ana­liza la aportación de Jaco de la siguiente manera:

Jaco no sólo concibió posibilidades del instrumento que nadie antes había considerado, sino que también las ejecutaba perfectamente. Sus líneas tenían tanta profundidad y forma que destacaban dentro de los arreglos. Sus solos eran aventuras, interpretadas con un fluido ímpetu armónico que continúa siendo increíble, independientemente de las veces que se escuche.

Poseedor de un tempo perfecto, una entonación impecable, una resistencia asombrosa, una facilidad impresionante, un asombroso sentido de invención melódica y una audacia armónica como improvisador, Jaco llevó el instru­mento mucho más allá de lo que habían hecho el pionero del bajo eléctrico Monk Montgomery, los maestros del ritmo James Jamerson, Duck Dunn, Bernard Odum, Willie Weeks, Chuck Rainey o Jerry Jemmott, o incluso con­temporáneos del mundo del jazz de los setenta como Ralphe Armstrong (Mahavishnu Orchestra/Jean-Luc Ponty), Alphonso Johnson (Weather Re-port) y Stanley Clarke (Return to Forever). Además, la manera en que Jaco utilizaba sin precedentes los armónicos como dispositivo melódico, así como la inconfundible voz que sabía extraer del bajo sin trastes (un recurso muy a menudo copiado) lo convirtieron en un auténtico revolucionario.

Rápidamente los bajistas de todas partes hicieron suyo el mensaje de Jaco. En un período en el que Stanley Clarke representaba un nuevo están­dar de referencia para el bajo eléctrico, muy marcado por las innovaciones que Larry Graham hizo en la técnica de tocar con el pulgar, llegó Jaco con un concepto totalmente diferente. Inspiró a toda una generación de músi­cos para que exploraran nuevos sonidos y les desafió a profundizar su téc­nica con el instrumento. Como el discípulo de Jaco Jeff Andrews reconoce:

Jaco fue un guía para muchos. Nos enseñó que el bajo podía ser como cualquier otro instrumento, como un piano, una conga, un saxofón. Hizo que muchos instrumentistas tomaran conciencia de ello.

Mark Egan, que tuvo a Jaco como profesor privado de bajo en Miami durante el verano de 1973, recuerda el gran impacto que Jaco ejerció sobre él en esos tiempos:

Había escuchado mucho a Stanley Clarke y estaba muy impresionado con lo que había hecho con la banda Return To Forever. Pero armóni­camente hablando, el enfoque de Jaco era mucho más avanzado, y toca­ba con una intensidad y actitud aterradoras. Ésta fue una de las cosas que me enseñó en sus clases. El simple hecho de tocar con él, de estar con él en la misma habitación, me enseñó a interpretar la música con una espe­cie de convicción que hasta la fecha desconocía por completo.

Poco tiempo después de la aparición simultánea de los álbumes Jaco Pastorius y Black Market en el verano de 1976, Jaco se convertiría en uno de los músicos más solicitados en los estudios de grabación. Sumido en una actividad frenética, Jaco apareció en los álbumes del guitarrista Al Di Meola de Return To Forever (Land of the Midnight Sun, Columbia), Ian Hunter (All-American Alien Boy, Columbia) y la cantante y compositora de pop-folk Joni Mitchell (Hejira, Asylum). Y al mismo tiempo que colaboraba de manera impresionante en los proyectos de Di Meola y Hunter, con las arriesgadas líneas de bajo funk que eran marca de la casa y sus típicos solos exhibicionistas a medio tema, su trabajo con Mitchell es el proyecto de colaboración más destacable de este período sumamente productivo.

En Hejira, un álbum arriesgado y enigmáticamente bello que despren­de una emoción profunda fuera de lo común, no vemos a Jaco como un virtuoso solista, sino como un acompañante lleno de sensibilidad y apoyo melódico a la poesía que Mitchell sabía insuflar tan bien en su música.















La interpretación de Jaco en el austero tema que da título al álbum está mar­cada por una moderación respetuosa y un lirismo tierno.

Este impresionante tema incluye un numeroso coro de bajos pregraba­dos y también muestra la primera grabación de la manera en que Jaco utili­zaba los falsos armónicos, meses antes de su célebre introducción de «Bird­land» en el álbum que Weather Report publicaría en 1977, Heavy Weather. En Hejira se puede ver por doquier el uso que Jaco hizo de los inconfundibles armónicos de «Portrait of Tracy», un recurso particularmente efectivo en «Coyote», el tema cargado de ritmo y groove que abre el álbum, así como en «Black Crow». Jaco además consigue sacar de su bajo sin trastes una miste­riosa calidad vocal en la melancólica «Refuge of the Roads», tema que se con­vierte en una de las declaraciones de intenciones más profundamente enter­necedoras y conmovedoras que Jaco hizo a su instrumento.

En una entrevista de 1978, Jaco habló con el periodista Clive William­son de la BBC sobre su colaboración inicial con Joni Mitchell.

Yo no sabía nada sobre Joni Mitchell, ni siquiera había escuchado su música. De hecho, tampoco había escuchado nada de Weather Report antes de unirme al grupo. ¿Sabes?, soy padre. Mi hija tiene casi ocho años, y desde que nació, no he tenido tiempo de escuchar música, por lo tanto no estoy muy al día de todo lo que acontece. Conocía la música de Miles Davis, Coltrane, James Brown y los Beatles. Conozco también lo que hace Frank Sinatra. Eso es lo que escuchaba. Pero una vez nacieron mis hijos empecé a trabajar a contrarreloj y no tenía tiempo para escu­char música. Por eso no conocía la música [de Joni], pero ¡fue divertido empezar desde cero y ofrecer mi grano de arena! Fue una agradable combinación, en especial en el álbum Hejira. El tema en sí, «Hejira», me gusta de verdad. Creo que ésta es la primera canción que hice con ella.

Desde un punto de vista musical, Jaco era para Joni el bajista de sus sueños. Como ella misma explica a Bob Bobbing para Portrait of Jaco: The Early Years:

Los bajistas con los que había trabajado hasta entonces sólo sabían tocar en compases de cuatro tiempos, ¿sabes?, como si tocaran una polca. No sabían ver las formas que la música adoptaba ni tampoco dónde se encontraban los puntos climáticos. No lo entendían. Así que tenías que esperar a que se presentase alguien como Jaco, con un pie en el rock & roll y otro en el jazz. Cuando llegó la hora de las actuaciones, Jaco hizo todo lo que yo esperaba de él, es decir, hacía un contrapunto más clási­co en mis melodías, y dejaba espacio, y luego pasaba a otro motivo, y luego dejaba otro espacio, ¿sabes?, absorbiendo y fluyendo con la músi­ca. Además, se interrelacionaba con las letras de la canciones, ponía su nota de humor en los lugares precisos.

Es decir, allí había una personalidad que se merecía estar en primer plano. Conceptualmente éramos almas gemelas. Y para mi asombro, no sólo hacía algunas de las cosas que yo le pedía, sino que tocaba motivos de Stravinsky de un nivel medio-alto y los encajaba en los lugares preci­sos. La elección de las notas y el enfoque estaban muy cerca de lo que yo intentaba conseguir. O sea, que era algo así como el intérprete de mis sueños, porque no tenía que darle instrucciones de ningún tipo. Simplemente le podía dejar hacer y celebrar cada una de sus decisiones.

Mitchell añade que, antes de conocer a Jaco se sentía frustrada por el poco juego que le ofrecían otros bajistas. «Empecé a tener una visión muy clara de lo que debía hacer el bajo, y esa visión era contrapuesta a lo que se había hecho con el bajo hasta ese momento», le contó a Bobbing.













No entendía por qué había tanta libertad en los agudos y los graves estaban tan bloqueados. No paraba de hacer sugerencias a mis bajistas: ¿Por qué no dejar más espacios en blanco, como en la música clásica, y entrar de manera más fluida en los agudos y así ser más expresivos? Yo les cantaba la melodía a los bajistas y les pedía que la tocasen, pero ellos se negaban. Por aquel entonces no había muchas mujeres que instruyeran música y a veces los bajis­tas se sentían algo molestos ante esa actitud. Una vez, mientras ensayaba con un bajista, ahora no recuerdo su nombre, tras darle unas cuantas instruccio­nes, me dijo: «Mira, Joni, en Florida vive un bajista algo rarito que toca con Phyllis Diller y Bob Hope. Quizá él te guste». En otras palabras, ese bajista pensaba que lo que le estaba pidiendo era una locura, y que lo que Jaco toca­ba también lo era. No había nada de admiración en sus palabras; para ese bajista Jaco era algo rarito. Yo era rarita y Jaco también lo era, de manera que supuso que ambos congeniaríamos.

De hecho, la empatía misteriosa entre Jaco y Joni en su primera colabora­ción parecía extenderse más allá de las meras notas.















En «Hejira» y en par­ticular en «Refuge of the Roads», las líneas del bajo sin trastes y la voz expansiva y el fraseo vivo de Joni confluían como si los dos artistas se abra­zaran como unos enamorados en la pista de baile. Tiempo después, Jaco bromearía a menudo diciendo que existía algo más que una conexión musical entre él y la deslumbrante rubia canadiense. «¿Por qué creéis que el bajo suena tan sincero en estos álbumes?», preguntaba con una sonrisa pícara y un guiño. De hecho, había algo más entre ellos.

No transcurrió mucho tiempo hasta que la conexión entre esas almas gemelas condujo a una aventura amorosa en toda regla. Llegó a tal punto que Joni le pidió a Jaco que se mudase con ella y empezasen una nueva vida en California. (Él afirmaba que ella le había ofrecido una importante suma de dinero para que la fecundase y así ella pudiese tener un hijo que genéticamente gozara de su predisposición musical.) Pero Jaco llevaba tan arraigado el sentimiento de culpabilidad católico que fue incapaz de rom­per los lazos matrimoniales y abandonar a su mujer y a sus dos hijos.












Una noche durante esa época, Tracy soñó que Jaco le era infiel con Joni Mitchell. Se despertó en mitad de la noche y llamó a casa de Joni. Jaco res­pondió al teléfono. «Estás con ella, sé que estás con ella», le dijo Tracy. «Siempre has sido una bruja», replicó Jaco haciendo referencia a lo opor­tuna que había sido su premonición.

Mientras tanto, Tracy tenía su propia aventura amorosa en casa, en Fort Lauderdale. Como dice la amiga de la familia Geri Palladino:

Jaco dejó al guitarrista Randy Bernsen a cargo de Tracy para asegurarse de que ella no pasara ningún apuro. Pero Jaco estuvo mucho tiempo fuera, y Tracy no supo llevarlo muy bien. Se hundió emocionalmente y Randy estaba allí para ayudarla. Él la apoyó mucho. La cuestión es que nosotros no estábamos allí mientras Jaco estuvo en California haciendo lo que estuviese haciendo con Joni. Y tampoco sabemos con precisión qué le pasaba por la cabeza a Tracy por aquel entonces. De manera que nadie puede decir qué sucedió exactamente.

Palladino considera que todo lo que hubiese sucedido realmente fuera del matrimonio de Jaco y Tracy durante ese período de distanciamiento fue más bien fruto de los tiempos, y que eso no tuvo nada que ver con la causa de su separación. «Todos éramos muy jóvenes por aquel entonces», dice.

Jaco estaba fuera, Tracy era joven, Randy era joven. Jaco se estaba con­virtiendo en una estrella, Joni ya era una estrella. Y no hay que olvidar que todos consumíamos drogas. Fueron unos tiempos locos en la vida de todos nosotros, y nadie pensaba que el resto estuviese haciendo algo equivocado durante esos años, puesto que el mundo entero se estaba vol­viendo loco. Por tanto, no pensabas en ello como algo que estuviera mal. Era sólo un síntoma de los tiempos que vivíamos. Todo era consecuencia de que estábamos en un estado de locura en unos tiempos de locura.















Tras su breve aparición en Black Market, y su importante papel de invitado en Hejira, Jaco estaba listo para demostrar su gran valía dentro del grupo en el nuevo álbum de Weather Report, Heavy Weather, de 1977. En ese influyente álbum no sólo demostró una asombrosa facilidad con el instru­mento, sino que también aportó un par de potentes composiciones, «Teen Town», un clásico de su virtuosismo exhibicionista y la dinámica «Havona» (cuyo título se describe en El libro de Urantia como «un universo perfecto compuesto por un billón de esferas de belleza inimaginable y que es fuen­te de amor perfecto, encanto y satisfacción»).

Además, en los créditos en Heavy Weather, Jaco aparecía como copro­ductor junto a Zawinul, un honor que nunca antes había recaído en nin­gún otro miembro de Weather Report. «Esto fue fruto de su trabajo y de su cooperación», explica Joe.

Jaco aportó mucho a este álbum y creo que, cuando uno se lo merece, se debe reconocer el mérito. En esos tiempos todos aportábamos nuestro grano de arena, en diferentes campos. Para Wayne, el estudio no era lo suyo. Pasaba mucho tiempo allí, pero dejaba que nosotros lo dirigiése­mos todo. Sin embargo, Jaco tenía un conocimiento práctico de la mesa de mezclas. Yo tenía muy buenos conocimientos sobre música, ése era mi fuerte, y Jaco sabía mucho sobre cómo añadir efectos de reverberación a los instrumentos y obtener un buen sonido de batería. Su trabajo en la mesa daba una gran presencia al sonido del bajo.















«Realmente tenía buen oído», prosigue Zawinul.

Podía oír todas las pistas con mucha claridad, y juntos trabajábamos muy bien, uno al lado del otro, con los veinte dedos jugueteando en la mesa. Esto, se entiende, fue antes de que todo se automatizara. Definitivamente Jaco era un productor nato. Wayne hacía otras cosas, como aportar títulos para las canciones, pero cuando se trataba de poner la música en la cinta, éramos Jaco y yo quienes trabajábamos juntos. Mucho después de que todo el mundo se marchase, él continuaba allí, sentado con el ingeniero, haciendo las mezclas.

Cuando Heavy Weather salió a la venta en marzo de 1977 (el single de «Birdland», con «Palladium» en la cara B, apareció el 19 de abril de 1977), nos llovieron los elogios de la crítica. Neil Tesser de Down Beat manifestó en una reseña de cinco estrellas: «Una proeza de arreglos, un regalo para los oídos»; y añadía a continuación: «Weather Report nunca había utiliza­do el estudio como instrumento de manera tan completa ni tan bien como en Heavy Weather. El elepé literalmente explota con la claridad, el contras­te y la transparente variedad de los timbres. El arsenal de tonalidades sin­tetizadas por Zawinul es asombroso».

En Rolling Stone, Don Oppenheimer escribió:

Jaco Pastorius, el bajista que se ha unido a la formación en este último álbum, ha contribuido decisivamente a desarrollar un estilo propio co­municativo, lleno de movimiento… [Pastorius es] un ingrediente crucial para el grupo porque llena la música donde antes solía quedar difusa, lo que va bien para sus aparentes objetivos. Hubo un tiempo en que la músi­ca de Weather Report sólo iba en dirección ascendente, volviéndose cada vez más etérea. La nueva presencia en los graves marca todas las diferen­cias del mundo.

Heavy Weather superó en ventas, de lejos, a Black Market (un álbum más eso­térico). En gran medida debido a su exitoso single «Birdland», una pegadi­za y exuberante composición de Zawinul, propulsada por un potente riff y con unas cualidades perfectas para la radio, Heavy Weather llegó rápidamen­te a la cifra de 400.000 ejemplares vendidos en verano de 1977, obteniendo así un disco de oro (medio millón de copias vendidas). El tema se inspiraba en los agradables recuerdos que Zawinul tenía de cuando oyó actuar a la banda de Count Basie en los años cincuenta, en el famoso club de jazz neo­yorquino que da título a la canción. «Birdland» también sirvió para que muchos aficionados del rock o del pop se pasaran a los dominios del jazz. El tema fue muy publicitado en la radio y en las discotecas, y más tarde fue incluido en repertorios de bandas como la big band de Maynard Fergurson, así como Manhattan Transfer, en una versión vocal con letra escrita por Jon Hendricks. (El propio Zawinul participaría en 1990 en una versión de su pro­pia canción para el álbum de hip-hop Back on the Block de Quincy Jones.)

En 1984, en una entrevista para Guitar Player, Jaco analiza con detalle su inaudito uso de los falsos armónicos en la entrada de «Birdland».

Todo lo que los estudiantes, que quieran aprender las bases de los armó­nicos, tienen que hacer es conseguir un buen libro sobre violín y leer sobre los tonos de la flauta dulce de seis u ocho agujeros (armónicos naturales). Se ha utilizado durante años y años en los violines y en los vio­loncelos, etc. Lo único que tenéis que hacer es aprender dónde se encuentran, dedicar mucho tiempo a trabajar en eso, y saber cuáles son. Si aprendéis todos los armónicos de cuerdas abiertas en un bajo, los armónicos naturales, podéis tocar casi cualquier nota cromáticamente. El otro camino es la técnica del punteado. Pongamos el caso de «Bird­land», por ejemplo, en la que yo mismo saqué los armónicos de la intro­ducción. Conseguí ese sonido con el pulgar de mi mano derecha tocan­do ligeramente la cuerda en la octava y punteando detrás de ella, casi como se haría con una guitarra eléctrica. Podéis conseguir los armónicos de esta manera. Es cuestión de subdividir las cuerdas. De modo que toco la nota con la mano izquierda en los trastes, sujetándolos. Luego con el pulgar de mi mano derecha tendré la nota una octava más alta, arriba sobre las pastillas, y punteo la cuerda con el primer y segundo dedo detrás del pulgar. De esa forma se oye el armónico. En realidad es muy simple. Sólo se le debe dedicar tiempo, y uno tiene que poseer una gran técnica, porque si no te acaban doliendo los dedos. Tienes que saber puntear muy fuerte para que salga.












Otra asombrosa canción de Heavy Weather fue «A Remark You Made», una evocadora balada que Zawinul había escrito especialmente pensando en el bajo sin trastes de Jaco. Según explica Joe:

Ese chico poseía un sonido para el que era muy fácil escribir, especial­mente, baladas. Alphonso había aportado mucha potencia a la banda. Sin embargo, en lo que se refiere al tono, él estaba en otra categoría. Jamás hubiese escrito para Alphonso lo que escribí para Jaco. Dentro de Heavy Weather, Jaco contribuyó de manera sorprendente en temas como «Palladium» y «Harlequin» de Shorter, así como en «The Juggler» de Zawinul.

El baterista Bobby Economou, amigo de Jaco en sus tiempos de Florida, recuerda que consiguió una copia de Heavy Weather unos seis meses antes de que saliera al mercado. «Estaba en las Bahamas y escuchaba las mezclas en una casete que Jaco me había pasado –explica–. Y me quedé alucinado. No había nada igual en ese momento, y no lo ha habido desde entonces.»

El baterista Peter Erskine también recuerda cuándo conoció a Jaco, mientras él estaba de gira con la banda de Maynard Ferguson, y le dejó escuchar un adelanto de lo que iba a ser Heavy Weather.

Estábamos tocando en un concierto en Miami, y uno de los muchachos de la banda de Maynard, el trompetista Ron Tooley, viejo amigo de Jaco, me lo presentó. Recuerdo que me dijo: «Pete, me gustaría que conocie­ses a Jaco Pastorius». Me quedé ahí mirándole, con ese aspecto bohemio, y le dije: «¡Madre mía!». Por culpa de la impresionante foto en blanco y negro que aparece en la cubierta del primer álbum de Jaco, me había lle­vado la falsa impresión de que sería un tipo más sofisticado. Tenía apa­riencia de europeo, posiblemente francés o quizá incluso eslavo. En esa foto parecía un individuo regio y sobrio. De manera que, cuando por fin lo conocí en persona (flaco, con greñas, gafas de pasta, ataviado con una ridícula gorra de béisbol de los Phillies y aspecto de hippie), me quedé muy sorprendido, por no decir otra cosa. Pero también recuerdo que me quedé impresionado por lo dulce y genuino que parecía. Después del concierto, pasó la tarde con nosotros y nos hizo escuchar las primeras mezclas de Heavy Weather. Fue muy emocionante escuchar ese disco por primera vez. Sonaba absolutamente fresco. Estuvimos toda la noche des­piertos escuchando la cinta una y otra vez.

En la 42.ª encuesta anual de los lectores de la revista Down Beat, Heavy Weather fue votado el Álbum de Jazz del Año, quedando a mucha distancia de otros. Asimismo, Weather Report ganó por una mayoría arrolladora el premio al Grupo de Jazz del Año gracias a los lectores del Down Beat, reci­biendo 1.418 votos en comparación a los 277 que obtuvo Return To Forever, en segundo lugar. Entre los muchos premios que recibió la banda ese año se incluyen la primera posición en los listados de la revista polaca Jazz Forum, el Disco de Plata de la publicación japonesa Swing Journal, y los galardones de Disco del Año y Grupo del Año de la votación anual de jazz de la revista Playboy. Además, «Birdland» de Zawinul recibió una nomina­ción a los Grammy como Mejor Composición Instrumental, mientras que Jaco también fue nominado a esos premios como Mejor Solista de Jazz. Jaco también había colaborado en otros discos de importancia a lo largo de ese año, por ejemplo en Don Juan’s Reckless Daughter de Joni Mitchell, I’m Fine, How Are You? de Airto y Trilouge-Live! del trombonista alemán Albert Mangelsdorff, un álbum de aire despreocupado que presentaba a Jaco for­mando un tándem rítmico junto con el baterista Alphonse Mouzon.

Al mismo tiempo que 1977 fue el año que confirmó a Jaco como un potente valor en el mercado, también fue el año que vio la disolución gra­dual de su matrimonio con Tracy. En sus primeros años juntos, Jaco siempre había sido extremadamente posesivo con Tracy, a menudo hasta el punto de ser una figura paternalmente asfixiante. Entonces, cuando ya se acercaba a los veintiséis años y empezaba a encontrarse a sí misma, Tracy comenzó a imponerse en la relación. Al mismo tiempo, el incesante calendario de las giras de Weather Report, así como la constante presencia de fans, puso bajo presión las bases de ese matrimonio.















Como dice un amigo íntimo de la fami­lia: «Es difícil tener un marido que está fuera de casa nueves meses al año, ¿sabes?».

Aunque Tracy ya había descubierto la infidelidad de Jaco con Joni Mitchell, fue la aventura amorosa con otra mujer lo que finalmente la llevó al límite, haciendo que solicitase el divorcio.

Elisabeth Ingrid Hornmüller, una belleza exótica de cabello negro naci­da en Sumatra, de madre indonesia y padre alemán, educada en Holanda, se convirtió en el centro de atención de Jaco en otoño de 1977. Geri Palladino, amiga cercana de Jaco y Tracy, fue quien los presentó. Tal como ella explica:

Paul, el hermano de Ingrid, era el baterista del trío en el que mi novio tocaba en aquella época, un bajista llamado Dave Wilkerson, que daba clases con Jaco. Así que una noche llevé a Jaco al apartamento de Ingrid, y acabaron pasando la noche juntos. No sé si él ya la había visto antes, pero sí sé que se sentía atraído por su aspecto exótico. Se enamoró de ella, y tras ese día no se separaron. Él estaba enamorado de Ingrid, y ella estaba tremendamente enamorada de él.

Sin embargo, Ingrid dice que en realidad su primer encuentro posible­mente fuera anterior.

Me resulta difícil recordar cuándo nos conocimos.












Él dice que me cono­ció en un avión. Yo trabajaba como auxiliar de vuelo en la compañía Eastern desde principios de 1971 hasta julio de 1976, por tanto podía haber sido durante ese período. Él lo recuerda, yo no. Jaco solía volar siempre con Eastern desde Nueva York hasta Fort Lauderdale y de regre­so a Miami. Por lo menos, eso es lo que él explica. Es muy confuso por­que ya se había fijado en mí antes de que yo me hubiese fijado en él. El hecho es que entonces yo tenía otra vida. Me había casado, tenía mis pro­pios amigos, trabajaba para un artista. Y musicalmente acostumbraba a escuchar cosas como Temptations y Jimmy Smith. No sabía de la exis­tencia de Weather Report hasta que mi hermano me habló de ellos.

La primera vez que vi a Jaco fue cuando Weather Report tocó en la ciu­dad. Mi amiga Geri Palladino me llevó al concierto. Recuerdo que fue todo un acontecimiento. Creo que era su primera visita a la ciudad desde que Jaco se unió a la banda, así que todos fuimos al concierto en la fur­goneta de Geri. Al día siguiente, Geri me invitó a una fiesta. Othello actuaba en la calle, delante de Mr. Pip’s, y todo el mundo esperaba que Jaco apareciese. Cada vez que Jaco venía a la ciudad después de una gira con Weather Report, todo el mundo iba a los lugares donde creían que lo podían encontrar. Había una gran expectación, ¿sabes?

Tiempo después, coincidimos a menudo en los clubes, pero Jaco estaba casado. Aun así, él mostraba interés por mí. Eso continuó durante un año

o dos, de forma intermitente. Entonces, un día que yo salía de un club… fue cuando la primera exposición de arte de Gregory… y Jaco, no sé cómo se lo montó… aunque después supe que era muy bueno manipulando situaciones y consiguiendo que las cosas sucedieran tal y como él quería… se esperó a que yo saliese y entonces se puso a hacer autostop en mitad de la carretera. Así que lo acompañé en mi coche hasta donde estaba el suyo, que en verdad estaba aparcado a una manzana. Yo pasé con mi Volkswagen amarillo, él se lanzó a la carretera a hacer dedo y yo lo recogí. Ése fue el día que nos conocimos de verdad, fue durante 1977. Pero bueno, yo seguía ocupada con mis cosas, mi propia vida, de modo que nuestro contacto fue algo muy esporádico. Pero a partir de ahí todo empezó a florecer.















Ingrid no fue el único lujo que Jaco se permitía en su vida en 1977. Por aquel entonces también había adquirido un gusto por el alcohol y la coca­ína, hecho que más tarde asombraría a sus antiguos amigos de la escena musical del sur de Florida, quienes lo habían conocido como un hombre de familia recto, totalmente en contra de las drogas y la bebida. El guita­rrista John Scofield, quien formaba parte de la banda de Billy Cobham y George Duke mientras Jaco estaba en Weather Report, también recuerda haber visto a Jaco esnifando cocaína una vez que ambos se hospedaban en el Hotel Sunset Marquee de Los Ángeles, en 1977.






En aquella época consumía mucha cocaína, pero la mayoría de músicos que conocía por aquel entonces la consumía. Era la droga del momento. Cuando ibas a hacer una sesión en estudio, solías encontrarte un buen número de rayas de cocaína preparadas para los músicos. Era lo que se llevaba en ese momento.

Durante la gira mundial de Weather Report de 1977, había cantidad de cocaína entre bastidores, y el vodka corría como el agua. En su artículo sobre Jaco para el Gentleman’s Quarterly en abril de 1988, Pat Jordan descri­be un incidente entre bastidores:

Una noche antes de una actuación, Zawinul estaba bebiendo vodka en el camerino de la banda, como siempre solía hacer. Entonces le ofreció un trago a Jaco, pero éste lo rechazó. Zawinul le dijo que se relajase un poco. Jaco tomó su primera copa esa noche, luego su segunda. «Tras esas dos copas, empezó a comportarse de modo extraño –dice Zawinul–. Se puso a lanzar cosas. Me di cuenta, de inmediato, de que había cometido un error.»

Contrario a lo que mucha gente del círculo de personas más allegadas a Pastorius cree, Jaco, en realidad, ya se había familiarizado con el consumo de alcohol antes del incidente de los bastidores con Joe Zawinul. Charlie Brent, el director musical de Wayne Cochran y los C.C. Riders, recuerda haber visto emborracharse a Jaco con brandy Metaza ya en 1972. Y el bate­rista Bobby Economou recuerda haber bebido con Jaco en 1973 durante su noviazgo con Ira Sullivan en el Lion’s Share. Según él explica:

Entonces Jaco empezó a beber un poco. Recuerdo haberme emborra­chado con Jaco en el club en algunas ocasiones. Pero cada vez que lo hacíamos, era muy divertido. Para Jaco no se convirtió en un hábito hasta mucho más tarde.

Economou recuerda haber llevado sus borracheras con Jaco mucho más lejos cuando Weather Report estaba en Los Ángeles ultimando la graba­ción de Mr. Gone, durante el verano de 1978. «Jaco me llamó y me dijo que cogiera un avión hacía Los Ángeles, para poder salir conmigo mientras él y Joe mezclaban el disco», recuerda Bobby.

De hecho, intentó que Weather Report me hiciese una audición, pero yo no estaba preparado para eso, ni emocional ni musicalmente. Por aquel entonces yo bebía mucho y estaba hecho un lío. De manera que fui para estar con Jaco, y en ese momento el consumo de drogas estaba en alza, en especial la cocaína. También bebíamos mucho. Hubo un par de no­ches en Los Ángeles en las que Jaco y yo no pegamos ojo y estuvimos de fiesta hasta el alba. Recuerdo que ambos deambulábamos por Sunset Strip con una botella de tequila en la mano. Antes de que amaneciese ya estaba vacía.

También recuerdo una ocasión en que Jaco regresó al estudio muy bebi­do y Zawinul le riñó por esa razón. Durante ese viaje nos metimos en todo tipo de líos, pero lo hacíamos sobre todo para divertirnos. Todavía no se había convertido en algo autodestructivo. Éramos como dos mu­chachos del campo que habían llegado a la gran ciudad para pasarlo en grande e ir colocados todo el tiempo.

Economou, con el tiempo, asistió a un programa de Alcohólicos Anónimos y su vida dio un giro. Jaco nunca dio ese paso. Volviendo la vista atrás, Economou dice:

El mayor problema de Jaco fue que tenía una personalidad tan magnéti­ca que la gente siempre quería estar con él y formar parte de su entorno. La gente le suministraba cocaína para poder codearse con él y así sentir que eran lo más. Pero detrás de esa arrolladora personalidad, se escon­día un tipo básicamente muy inseguro. Recuerdo que en una de nuestras noches de borrachera ambos estábamos muy bebidos y entonces Jaco se puso a llorar. Se me abrazó sollozando como un bebé y me dijo: «¡Eco­nomou! ¿Qué hago aquí? ¡Todas las expectativas puestas sobre mí, tío… toda esa responsabilidad! ¿Qué voy a hacer?». Es obvio que estaba sin­tiendo la presión de estar en lo más alto.

Y en 1978, de hecho, ya estaba en lo más alto de la cima.

Fuente:tomajazz.com