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viernes, 20 de enero de 2012

MURIO LA GRAN CANTANTE ETTA JAMES.




 




Jamesetta Hawkins 
  (Los Ángeles, 25 de enero de 1938 - Riverside, California, 20 de enero de 2012 ), más conocida por su nombre artístico Etta James, fue una cantante estadounidense de géneros soul y rhythm and blues. La norteamericana, de 73 años, padecía una leucemia. Su voz pasó quedará grabada en la memoria colectiva ligada al tema “At Last”. Fue ganadora de seis Grammys.  

La legendaria cantante estadounidense de jazz, blues y soul Etta James, famosa por su éxito de 1960 “At Last”, murió hoy en Los Angeles a los 73 años de una leucemia, anunció la vocera de la estrella, de la que destacó su autenticidad y versatilidad. "Su música desafiaba todas las categorías. Trabajé con Etta durante más de 30 años. Ella era mi amiga y siempre la voy a extrañar", dijo su agente Lupe De León, quien agregó que la cantante, cuyo verdadero nombre era Jamesetta Hawkins, sufría de una leucemia terminal y falleció en un hospital de Riverside (este de Los Angeles). Era "verdaderamente única y podía cantarlo todo", afirmó. James, capaz de pasar sin esfuerzo del jazz y el pop a las baladas románticas y el R&B, resucitó su carrera tras tocar fondo por su adicción a las drogas y ganó seis premios Grammy y 17 Blues Music Awards. “La causa de muerte fueron las complicaciones de la leucemia. Su esposo, Artis Mills Donto, y sus hijos Donto James y Sametto James estaban a su lado. Esta es una tremenda pérdida para su familia, sus amigos y sus fans de todo el mundo”, lamentó De León. James fue incluida en el Salón de la Fama de Rock & Roll en 1993 y galardonada con un Grammy a su trayectoria en 2003. La cantante también es conocida por su interpretación de canciones como “I Rather Go Blind” y “All I Could Do Was Cry”. Beyoncé cantó “At Last” para el presidente Barack Obama y la primera dama Michelle Obama durante el baile de inauguración del día de la investidura presidencial del mandatario, en enero de 2009. Escrita en 1941 por Mack Gordon y Harry Warren, “At Last” fue un éxito por primera vez de Glenn Miller y su orquesta y fue cantada por Nat King Cole antes de que James la hiciera suya en 1960.




Etta James, la sugestiva voz de una época

El blues y el jazz son hoy menos emocionantes sin la sugestiva y apasionante voz de Etta James, una leyenda de la música que batalló contra sus propios demonios en forma de adicciones durante décadas y que dejó canciones, radiografías de sus lamentos, para la eternidad.

Los Ángeles (EEUU), 20 ene.- El blues y el jazz son hoy menos emocionantes sin la sugestiva y apasionante voz de Etta James, una leyenda de la música que batalló contra sus propios demonios en forma de adicciones durante décadas y que dejó canciones, radiografías de sus lamentos, para la eternidad. La cantante de "At Last", "I Just Wanna Make Love to You", "The Wallflower" y "Something's Got a Hold on Me" falleció hoy a los 73 años, rodeada de su esposo y sus hijos, por complicaciones derivadas de la leucemia que padecía. Jamesetta Hawkins, su nombre real, fue una superviviente de una vida llevada al límite. Nació en Los Ángeles el 25 de enero de 1938. Nunca llegó a conocer la identidad de su padre y su madre, adolescente en el momento del parto, no pudo responsabilizarse de ella durante su infancia. Pero su poderosa voz se hizo notar rápidamente desde el coro gospel de una iglesia de su barrio tras recibir clases del profesor James Earle Hines.
Su madre la llevó a San Francisco en 1950 y James formó la banda "The Peaches" -el apodo de la artista-, donde fue descubierta por Johnny Otis, quien la llevó a la fama con el tema "The Wallflower", una joya del rhythm and blues que tuvo que ser rebautizada -se creó como "Roll With Me Henry"- por sus connotaciones sexuales. Posteriormente en Chicago firmó por la discográfica Chess Records en 1960, donde se decantó más por los temas pop y soul, como "Stormy Weather", "A Sunday Kind of Love", "All I Could Do Is Cry" y la mítica "At Last", un tema ineludible en multitud de bodas que con sus acordes de violín se convirtió en estandarte del romanticismo.
De hecho fue una de las canciones escogidas por Barack y Michelle Obama en la fiesta por el nombramiento del político demócrata como nuevo presidente de Estados Unidos.
A mediados de la década de los sesenta James giró hacia un sonido más descarnado mientras hacía frente a su adicción a la heroína, unos años en los que firmó "Tell Mama" y la escalofriante declaración de amor "I'd Rather Go Blind", un tema que posteriormente versionó Rod Stewart y que habla de su preferencia por volverse ciega antes que ver a su amado con otra mujer.
James dijo haber escrito ese tema en 1968 con la ayuda de su amigo Ellington Jordan cuando éste estaba en prisión. Sus problemas con las drogas -especialmente la cocaína y el alcohol- no cesaron y tuvo que ingresar en varias clínicas de desintoxicación durante las décadas de los setenta y ochenta, una época descrita de forma sórdida en su autobiografía "Rage to Survive".
Sin embargo, y a pesar de contar con una salud muy delicada -llegó a pesar más de 180 kilos-, consiguió regresar a los estudios de grabación ("Mistery Lady", de 1994, tributo a Billie Holiday) y llevar a cabo inolvidables intervenciones en directo, ya convertida en una dama de la música, aunque necesitaba ayuda para entrar y salir del escenario. "Pensaba que iba a morir", admitió a la revista Ebony en 2003. "Estaba constantemente preocupada por un posible ataque al corazón", explicó la artista, a quien se le practicó un bypass gástrico en 2002 para reducir hasta la mitad su peso.
Durante su carrera fue telonera de los Rolling Stones en 1979, se hizo con tres premios Grammy (mejor actuación vocal de jazz, por "Mystery Lady"; mejor álbum de blues contemporáneo, por "Let's Roll" -2003- y mejor álbum de blues tradicional, por "Blues to the Bone" -2004-) y fue incluida en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 1993.
Sus hijos, fruto de su matrimonio con Artis Mills, con quien se casó en 1969, produjeron esos discos.
Beyoncé Knowles, una de las artistas influenciadas por su música, al igual que Tina Turner, Bonnie Raitt y Christina Aguilera, llevó su vida al cine en el filme "Cadillac Records" (2008).
(Agencia EFE)




Una voz inolvidable

 


La cantante estadounidense de blues Etta James falleció ayer, a los 73 años, en el hospital Riverside Community de California, a consecuencia de una leucemia agravada por otras afecciones. En el momento del deceso, James estaba acompañada por su marido, Artis Mills, y por sus hijos. Además de padecer cáncer desde 2010, sufría demencia y hepatitis C.
La artista fue una gloria del soul y del rhythm’n’blues, reconocida por canciones como “The Wallflower”, “Something’s got a hold on me” y “At Last”. Y el primero de estos éxitos fue compuesto en 1955 por John Otis, descubridor de Etta James y “el padrino del rythm and blues”, que falleció un día antes que la cantante. Conocida como Miss Peaches, Etta luchó contra la obesidad, superó su adicción a la heroína y sufrió distintos problemas de salud, a lo largo de su carrera, en la que obtuvo seis Premios Grammy. Fue una cantante fundamental en el capítulo crítico del rhythm & blues, durante los años ’50, cuando el blues rítmico quería convertise en rock and roll o acercarse definitivamente al jazz.
Como tantas otras cantantes, comenzó su carrera probando con el gospel en una iglesia de su barrio para ir aproximándose luego al blues y al rhythm & blues del momento. Tenía sólo cinco años cuando comenzaron sus primeras incursiones en emisiones radiofónicas, respaldada por el profesor James Earle Hines. Poco después llegó su primera oportunidad profesional, a través de la llamada de Johnny Otis, en cuya orquesta comenzó a cantar, cuando apenas tenía catorce años. Sus grabaciones para la discográfica Modern Records la acercaron a una generación de músicos que, en aquellos años, transitaba por los territorios del rhythm & blues, el rock y el pop. Esa fue la etapa en la que asumió el sobrenombre de Peaches y grabó “Roll with me Henry”, que llegó a los primeros puestos de las listas de éxitos en 1955. En 1960 firmó contrato con Chess Records, donde grabó algunos duetos con su pareja de entonces, Harvey Fuqua (cantante de The Moonglows), y con títulos redondos como “Trust in me” de 1961, “Etta James rocks the House” de 1963 e “In the Basementcon”, grabado en 1966 junto a Sugar Pie de Santo.

martes, 6 de diciembre de 2011

NOS DEJO UN GRANDE DEL BLUES: HUBERT SUMLIN.





Hubert Sumlin (16 nov 1931 hasta 4 dic 2011) fue un guitarrista y cantante de blues de Chicago y el blues eléctrico y el cantante  Él era a partir de 1955, como guitarrista en la banda de Howlin 'Wolf.Su forma de tocar singular se caracteriza por "ráfagas de notas, bruscos silencios y su audacia rítmica".Sumlin fue catalogado como número 43 en la revista Rolling Stone 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos. 


Nacido en Greenwood, Mississippi, Estados Unidos, Sumlin se crió en Hughes, Arkansas. Cuando tenía seis años de edad, consiguió su primera guitarra. Cuando era niño, Sumlin conoció a Howlin 'Wolf al colarse en una actuación. Cuando Howlin 'Wolf se trasladó desde Memphis a Chicago en 1953, su antiguo guitarrista Willie Johnson optó por no unirse a él. A su llegada a Chicago, Wolf contrata por primera vez en Chicago al guitarrista Jody Williams, y en 1954 invitó a Sumlin a trasladarse a Chicago para tocar la segunda guitarra en su banda con sede en Chicago. Williams dejó la banda en 1955, dejando a Sumlin como el guitarrista principal de la banda del Wolf, puesto que ocupó casi ininterrumpidamente (excepto por una breve temporada tocando con Muddy Waters en torno a 1956) para el resto de la carrera de Wolf.  Sumlin toco en el álbum de Howlin 'Wolf, también llamado The Rockin' Chair Album, que fue nombrado el tercer mejor disco de guitarra de todos los tiempos por la revista Mojo en 2004.

Tras la muerte de Wolf en 1976, Sumlin continuó tocando con otros miembros de la banda  de Howlin 'Wolf bajo el nombre de "The Wolf Pack" hasta aproximadamente 1980. Sumlin también ha grabado bajo su propio nombre, comenzando con una sesión grabada mientras giro por Europa con Wolf en 1964.About Them Shoes realizada para el sello Tone-Cool Records. Se sometió a una cirugía de pulmón al final del mismo año. Aunque, Sumlin continuó tocando hasta poco antes de su muerte.



Sumlin fue incluido en el Salón de la Fama del Blues Foundation en 2008. También fue nominado a cuatro premios Grammy,. En 1999 para el álbum tributo a Howlin 'Wolf, con Henry Gray, Calvin Jones, Sam Lay, y Colin Linden, en el año 2000 de Leyendas con Pinetop Perkins, en 2006 por su proyecto en solitario About Them Shoes (que contó con las actuaciones de Keith Richards, Eric Clapton, Levon Helm, David Johansen y James Cotton) y en 2010 por su participación en el disco directo de Kenny Wayne Shepherd! en Chicago. Ganó varios Premios de la Música Blues, y era un juez de la quinta edición de los premios Independent Music para apoyar carreras de los artistas independientes ".

Murió el 4 de diciembre de 2011, en un hospital en Wayne, Nueva Jersey, de la insuficiencia cardiaca a la edad de 80 años. 

 VIDEO: CROSSROADS 2010



sábado, 30 de octubre de 2010

BUDDY GUY: SU ODISEA.






La odisea de Buddy Guy, el último héroe del blues sureño: del delta del Mississippi a cualquier lugar donde pueda enchufar su guitarra.











El año pasado, buddy guy, uno de los ultimos grandes del blues de Chicago, estaba de pie en medio del salón de fiestas del Waldorf-Astoria de Manhattan, donde, pocas horas después, sería declarado miembro del Salón de la Fama del Rock & Roll. Si bien Buddy es blusero hasta la médula, su obra es material de cabecera para los músicos de rock. Aun hoy pueden escucharse a lo largo del dial reminiscencias de los discos que grabó en Chicago en las décadas de 1950 y 1960: en esos temas épicos de los 70, con esos solos de guitarra que duran ocho minutos; en esas power ballads de los 80 que te dan ganas de tomarte una cerveza; y hasta en el hit de 2005 de los White Stripes. "Buddy fue para mí lo que fue Elvis para otros", declaró Eric Clapton en la ceremonia."Yo me había trazado un rumbo, y él era mi piloto."

Mientras los plomos preparaban el escenario (tenía que ensayar para la ceremonia), Buddy preguntó tiritando: "¿Podemos esperar en algún lado? Me estoy congelando".

Un guardia de seguridad condujo a Buddy y a su entorno (su representante, su encargado de prensa, su técnico de guitarras, un fotógrafo y yo) a un cuartito trasero. Allí pudo finalmente sentarse, en una silla plegable. Buddy tiene 69 años, es delgado y apuesto, y, sorprendentemente, calvo. En Chicago, durante mucho tiempo, Buddy fue conocido por su cabellera alisada a fuerza de productos capilares, un look que lo caracterizó por muchos años, incluso después de que pasara de moda, hasta convertirse en un símbolo de la ciudad, tan reconocible (para los fanáticos del blues) como la Sears Tower. Tenía la costumbre de tocar en mameluco, como señal de autenticidad rural, aunque su origen es, de hecho, urbano. Incluso de civil, como ahora, vestido con un buzo Nike, zapatos negros, medias blancas y jeans, hace pensar menos en una pick up Ford que en un auto tuneado, protegido por un cobertor. Tomó prestado el look de Guitar Slim, un bluesman de Nueva Orleáns al que admiraba en su infancia. Después de cada show, Slim salía a la calle con un traje rojo. "La gente se reía, pero a Slim no le importaba", me contó Buddy. "Sabía que tenía una pinta espectacular."

Al referirse al Salón de la Fama, usa palabras como "honor" y "emoción", pero uno se da cuenta de que, para Buddy, que creció en una época más pintoresca, no fue más que otro show en una vida de shows. Accedió a recibir la distinción y sonreír sólo para llegar al momento de tocar la guitarra, porque ésa es la hora de la verdad. No bien comenzó a hablar sobre la ceremonia, se remontó a los viejos tiempos, en Chicago, cuando sus amplias avenidas se encontraban salpicadas de juke joints, donde los negros se reunían para cantar y relacionarse. Buddy tiene el aura de un sobreviviente, el último azteca, el guardián de la memoria de un pueblo desaparecido, esos bluseros del South Side que tomaban Chivas y fumaban porro: Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Willie Dixon. "Llegué a Chicago el 25 de septiembre de 1957", me decía Buddy, cruzándose de brazos. "No tenía casa, ni trabajo, e iba por toda la ciudad con mi guitarra a cuestas. Tenía 21 años. Se venía el invierno. Estuve tres días sin comer."

Mirando a su representante, dijo: "Tres días sin comer, y ahora mi mayor problema es elegir entre mi Thunderbird y mi Ferrari".

"Quería llamar a mi mamá y que me mandara la plata para el tren de regreso a Louisiana", continuó. "Pero ni siquiera tenía diez centavos para hacer una llamada por cobrar. Cuando te atiende la operadora, te devuelve los diez centavos, pero nadie me quería prestar diez centavos. Al final, le pedí a un tipo por la calle. El tipo me mira, ve la guitarra y me pregunta: «¿Sabés tocar blues?»."

"«Más vale que sé tocar blues», le digo. El tipo me dice: «Tocate una canción». Le digo: «Toco si me comprás una hamburguesa». «Si te compro una hamburguesa, vas a perder motivación», me dice. Así que me convidó un trago de vino. Hacía tres días que no comía. Ese vino casi me tumba. Así que toqué para él, y me dijo: «Hijo de puta, sí que sabés tocar». Me llevó en su auto al Club 708, donde tocaba Otis Rush, y lo llamó y le dijo: «Ey, Otis, acá te traigo a un chico que te va a volar la cabeza». Otis dijo: «Que suba al escenario». Subo al escenario, y ahí me volví loco. Toqué como toca alguien que no comió en tres días. Alguien llamó a Muddy Waters y lo hizo escucharme por teléfono, y Muddy salió de la cama y fue para allá. Mientras tocaba, la gente me tiraba monedas de cinco y diez centavos. Alguien gritó: «¿Qué vas a hacer con esa plata?», y yo dije: «Voy a comprarme una hamburguesa». Se rieron, pero yo no entendía qué era tan gracioso. Entonces vino un tipo y me palmeó la cabeza, y me dijo: «Me llamo Muddy Waters, y nunca te vas a olvidar de mí». Me preguntó adónde quería ir. Le dije: «Donde quiera que haya una hamburguesa». Me llevó a su casa y me hizo un sándwich de salame."

Mientras hablaba Buddy, se produjo un tumulto en la puerta, y entró un hombre de anteojos. El encargado de prensa me codeó y me dijo: "Es Eric Clapton". Junto con B.B. King, Clapton le franqueó la entrada a Buddy en el Salón de la Fama. Clapton y Buddy se conocen desde hace años. Tocaron en el Alpine Valley Music Theater de Wisconsin con Stevie Ray Vaughan, en el que resultó ser el último show de Vaughan. Poco después del bis ("Sweet Home Chicago"), murió al estrellarse el helicóptero en el que viajaba. "La niebla estaba tan espesa", contó Buddy, "que el piloto tuvo que limpiar el parabrisas con su propia camisa". Clapton se paró para la foto junto a Buddy, pero yo interpreté lo que su gesto quería decir: que en realidad su vida había comenzado en 1965, cuando vio por primera vez a Buddy en el Marquee de Londres. "Hacía todo lo que después uno asoció con Jimi Hendrix: tocaba con los dientes, con los pies, detrás de la espalda", contó Clapton más tarde. "Cada vez que lo veo, me desarmo, y vuelvo a ser el mismo adolescente fascinado."










Once de la mañana. clapton y Guy ensayaban sobre el escenario del Waldorf, rasgueando sus guitarras, junto a B.B. King, sentado en una silla ante un micrófono. King, un hombretón enorme, saludó a Buddy con una sonrisa: "George Guy", le dijo. Fue uno de los primeros modelos de Buddy. Buddy me contó cómo se conocieron. B.B. había ido a un club en el que tocaba Buddy, quien lo imitaba al detalle. Luego, Buddy se disculpó: "Perdoname, no tengo nada propio. Por eso toco cosas tuyas".

King le respondió: "Yo también toco cosas de otros, Buddy. Todos sacamos cosas de otros".

En la ceremonia, la banda del Late Show With David Letterman acompañaría a los guitarristas. Paul Shaffer debía dirigirla, y tocar el órgano. Buddy miró a la banda, y le dirigió rápidamente unas palabras. Esto es lo que el joven Clapton tomó de Buddy: no sólo el sonido, sino también la autoridad del hombre de la guitarra. Cuando llegó el momento de su solo, uno se daba cuenta de que no importaba que fueran las 11 am, ni que fuera un ensayo. Buddy estaba en ese espacio sagrado que se había hecho con su música, los dedos deslizándose rápidamente, y las notas suspendidas alrededor de él. En un momento dado, tocó una nota que sonó como el aullido de un generador que se apaga dejando a la ciudad sumida en una espesa oscuridad, y a merced de los saqueos. A diferencia de tantos otros, Buddy nunca se encasilló en el estilo que lo hizo famoso. Se ha reinventado a sí mismo, volviéndose cada vez más atrevido con los años. Su último disco, Bring ‘Em In, cuenta con participaciones de Carlos Santana, Tracy Chapman, y su más reciente socio, John Mayer. "Sigo escuchando a los jóvenes, tratando de robarles cosas, intentado mantener el blues con vida", me dijo Buddy. "Cada vez que agarro la guitarra, digo: «Señor, por favor, dejame tocar algo nuevo que no haya tocado antes»."

n el waldorf, buddy tocó con una Stratocaster blanca con lunares negros. También tiene una Stratocaster negra con lunares blancos. Todas sus guitarras tienen grabado el número 92557 [25 de septiembre de 1957], la fecha en que Buddy llegó a Chicago. También había llevado su Stratocaster de 1958; era la primera vez que la llevaba de gira. La Stratocaster del 58 reemplazó a la guitarra que originalmente había llevado cuando se fue de casa, una Stratocaster del 57 que le robó un vecino. Para Buddy, ninguna guitarra puede imitar el sonido de una vieja Stratocaster, porque "las guitarras viejas son como los autos viejos; ya no los hacen de la misma manera". Luego del robo, Buddy temió que nunca pudiera reemplazarla. Pero una noche, un chico fue a verlo a un club con una Stratocaster del 58 para que la firmara. "No quiero firmarla", dijo Buddy. "Quiero comprarla". A cambio, Buddy le dio al chico 150 dólares, una de sus guitarras a lunares hechas a medida, y una botella de coñac que Buddy llama "Connie".

En parte se debe a Buddy que, cuando uno piensa en el clásico guitar hero del rock, se lo imagine con una Stratocaster. Clapton declaró que compró su primera Strato después de ver tocar a Buddy. En el libro Hendrix: Setting the Record Straight, Eddie Kramer, un ingeniero de sonido, relató que Jimi Hendrix tocaba una Stratocaster porque era el modelo que tocaba Buddy Guy.













Una tarde, seguí a Buddy por el Waldorf. Mientras atravesaba los salones cuya perfecta simetría podría volver loco a cualquiera, la gente le palmeaba la espalda. A veces equivocaban su nombre. "Mirá, es Bo Diddley". "Uy, está B.B. King". Pero, aunque no lo sepan, tienen razón. Buddy es Bo Diddley. Buddy es B.B. King. Buddy es cualquiera que haya tocado blues. Un provecto estadista, sereno y reflexivo, el hombre que vivió una alocada juventud y logró sobreponerse a ella. Los 50 fueron extraños y eléctricos. Los 60 fueron lisa y llanamente locos. (Buddy contó que solía comprar porro, para que Hendrix y Clapton se lo fumaran y quedaran desmayados, así él podía llevarse sus chicas a su cuarto. "Hoy en día, cuando veo una pendeja linda, sonrío", me contó. "Parezco un viejito bueno, pero en realidad estoy pensando: «Si te hubiera conocido en el 68, te habría echado un polvo».") Los 70 fueron un mal momento, demasiados amigos murieron, y la gente nueva del ambiente a duras penas conocía a Buddy. Cuarenta días en el desierto. Cuarenta millas de camino defectuoso. Se refugió en el bar que regenteaba en el South Side de Chicago, el Checkerboard Lounge. Dos dólares la entrada, dólar cincuenta las bebidas. Tenía una guitarra detrás del mostrador. A los que se creían buenos, los desafiaba. Los 80 no fueron muy propicios para los visionarios, pero en los 90, comenzó a sentirse el tremendo impacto de la obra de Buddy. El tiempo lo había rescatado de la marginalidad, incorporándolo a la tradición. Lo único que quedaba de ese joven sedicioso eran su característico sonido y sus prodigiosas acrobacias con la guitarra. Su transición hacia la madurez ha sido extrañamente exitosa. Se lo ve iluminado y desapegado de sí. No le importa si la música la hace él, lo único que quiere es que se haga música.

eorge "buddy" guy nacio el 30 de julio de 1936 en una casucha sin electricidad ni agua corriente, en un pueblo llamado Lettsworth, en Louisiana, sobre el Mississippi, al norte de Baton Rouge y a pocos kilómetros de Angola, una prisión estatal ubicada junto a una curva del río. Buddy trabajaba en los campos con sus padres, que eran aparceros; una labor que lo conecta con el mundo brutal de los primeros músicos de blues. Negros recolectores de algodón, como un cuadro en un museo, un lejano cielo rojo, hombres estremeciéndose bajo una pesada carga. El blues es la música de esos campos; el blues eléctrico es la vida que esa música debió sobrellevar en la ciudad.

Los viernes y los sábados a la noche, Buddy iba a escuchar música a los juke joints de los embarcaderos, en los que los hombres llevaban amuletos vudúes de la buena suerte, y los locos tomaban Sterno filtrado en un pañuelo. Más adelante, volvió a escuchar la misma música en grabaciones y en la radio. Lightnin’ Hopkins, o T-Bone Walker, o Muddy Waters. La guitarra hablaba como con voz humana, los acordes se arrastraban, al deslizar una botella de Coca-Cola sobre el mango de la guitarra, fragmentos de palabras que caían desde el cielo.

Going down in Louisiana, baby, behind the sun

Going down in Louisiana, honey, behind the sun

Cuando tenía 6 años, Buddy construyó con sus propias manos su primera guitarra. "Saqué unos alambres del mosquitero de mamá", me decía. "Hice la guitarra con una lata [de insecticida]. Le hice un agujero en la parte de adelante, y le até unos alambres para que sonara como una guitarra." Solía tocar sentado en el porche. Una tarde, un hombre que venía caminando por la calle le dijo: "Apuesto que si tuvieras una guitarra de verdad, aprenderías a tocar".

Buddy dijo que sí, que aprendería.

"Bueno, estate acá este viernes", dijo el hombre. "Así que ese viernes el tipo me dijo: «Voy a comprarte una guitarra». Fui al centro con él, y me compró una Harmony F-hole."

Buddy hizo una pausa y dijo. "Acabo de mandar esa guitarra al Salón de la Fama."

Este hombre es el primero de una serie de desconocidos que aparecen en el relato de la vida de Buddy. Ya sea el tipo que le compró su primera guitarra, o el que lo llevó en su auto al Club 708 en Chicago, una y otra vez, en un momento clave, siempre intervino un desconocido. Esto le confiere a su historia un halo de predestinación. Como si hubiera sido cosa del destino. Como si hubiera estado escrito. "Yo creo que venimos al mundo para algo, no solamente para pasar una temporada", me confió Buddy. "Yo recibí un don. Creo que me lo dio Dios. Yo vine al mundo para ser exactamente lo que soy."

Cuando Buddy tenía 16 años, le pidieron que hiciera una audición para Big Poppa, un cantante de blues de 120 kilos, cuyo verdadero nombre era John Tilley. Cuando subió al escenario, estaba tan nervioso que se paralizó, y tuvieron que bajarlo como a una estatua. Meses después, obtuvo una segunda oportunidad. Aquella vez, sus amigos le hicieron beber tanto alcohol que todas sus inhibiciones se desvanecieron. Le dieron el trabajo, que resultó ser un entrenamiento indispensable. Fueron meses de gira, tocando para públicos aficionados a la bebida. Obtuvo un empleo como portero en la Louisiana State University. Después del trabajo, recorría los cafés. Tocó con algunos de los viejos maestros: Lightnin’ Hopkins, Lazy Lester, Slim Harpo. "La música de guitarra y armónica no daba mucha plata", me contó Buddy. "Uno tocaba para divertirse. Tocaba y tomaba. La gente tiraba monedas de uno y diez centavos adentro de un sombrero, y el guitarrista decía: «Si tenés suficiente, comprate una botella». Eso era todo lo que se sacaba."












Buddy se sentía perdido en Louisiana. En septiembre de 1957, decidió irse a Chicago, por varias razones: porque ahí vivían todos los grandes del blues; porque allí era donde se acuñaba el futuro; y porque era la última parada del ferrocarril. Subió a un tren llamado City of New Orleans, que lo llevó a emprender una travesía de 48 horas por la columna vertebral de los Estados Unidos. El tren se puso en marcha, y Buddy vio por la ventanilla cómo los lugares de su infancia iban quedando atrás. A la noche, cuando todos dormían, él se quedaba entre un vagón y otro, mirando el paisaje. "El tren atravesó todo el estado de Missi-

ssippi por el bosque", me contó. "Yo había estado cerca de los límites estatales, pero nunca los había cruzado, y no conocía ningún otro estado, y miraba las vías, y no sabía si iba a volver o no. ¿Sabés? Veo eso cada vez que cierro los ojos."

uddy me conto todo esto en el Buddy Guy’s Legends, el club de blues que abrió en Chicago en 1989, luego de que el Checkerboard cerró. Cuando abrió, el Legends estaba un poco demasiado al norte para los aficionados, y un poco demasiado al sur para los turistas, aunque la zona se ha ido aburguesando. Seguro, y aun así, descarnado. Allí es donde te manda el conserje del hotel si le decís que querés ver blues de Chicago. Todos los años, en enero, Buddy hace dieciséis shows en el club.

Cuando no está tocando, está en el bar, con una botella de Connie, y saluda a la gente cuando llega. Al darle la mano, uno siente que entra en contacto con toda la tradición: Muddy Waters, Robert Johnson, Son House. El Legends es cavernoso, con una larga barra de madera. La mayoría de las noches, el público es casi exclusivamente blanco, como lo es la mayoría de los fanáticos del blues. (Eso era justamente lo que quería Buddy cuando puso su club en esa zona.) Es terrible para los viejos músicos de blues ver su música, que otrora fuera un arte lleno de vida, convertirse en una pieza de museo. Buddy inició su carrera sobre los escenarios junto a Son House y Howlin’ Wolf. Ahora la concluye con John Mayer y Paul Shaffer. Esa es la historia del blues.

Para llegar a la oficina de Buddy hay que subir unas escaleras. Buddy habla con un agradable cantito, una voz del sur moldeada por cuarenta años en la nasal región del centro de los Estados Unidos. Ese día tenía puesta una camisa negra y una boina. Me dijo que cuando llegó a Chicago, lo sorprendía la velocidad a la que se vivía. "Cientos de miles de personas trabajando 24 x 7 en las fundiciones de acero, estaciones de servicio en todas las esquinas, abiertas también durante todo el día, toda la semana... y en todas partes bares con dúos o tríos que tocaban blues. En Baton Rouge, teníamos shows los viernes, sábados y domingos a la noche; después, había que volver a trabajar. En Chicago, las calles estaban tan atestadas que ya no sabía cuándo era domingo. Una vez, en la mitad de la semana, le dije a un tipo: «Voy a ir a la iglesia», y él me respondió, «¡Pero si hoy es miércoles!»."

El primer coqueteo de Buddy con el éxito tuvo lugar en el invierno de 1957, cuando, con sólo 21 años, compitió con Otis Rush, un guitarrista nacido en Mi-

ssissippi, a quien se le atribuía la invención del "estilo del West Side", y Magic Sam, otra leyenda del West Side, en la "Batalla del Blues". El premio era un cuarto de litro de whisky. Antes del concurso, Buddy compró treinta metros de cable de guitarra. "Hasta el dueño del negocio me preguntó: «¿Qué vas a hacer con treinta metros?»", me contó Buddy. Primero tocó Otis Rush, después lo hizo Magic Sam, y finalmente presentaron a Buddy. Se escuchaba su guitarra pero no se lo veía. Por varios segundos, sólo se oyó un instrumento incorpóreo que tocaba "Sweet Black Angel". Luego Buddy salió del baño, se subió a la barra, la recorrió de un lado al otro, saltó hacia donde estaba el público, tiró la guitarra al piso, la pisoteó, la levantó, la arrojó por el aire y la atrapó, y acto seguido salió a la calle y desapareció al doblar la esquina. "Todo el mundo decía, «No, man, qué va a estar ahí en medio de la nieve»", cuenta Buddy. "Después, salieron todos. Y yo estaba ahí afuera tocando ese yeite, man... ¡Mierda!"














Buddy estaba perfeccionando trucos que luego pasarían a integrar el repertorio del rock: Jimi Hendrix tocando con los dientes, Pete Townshend rompiendo la guitarra en mil pedazos... todo se lo deben a Buddy Guy y a sus yeites en la nieve. "No sabía un carajo", me cuenta. "Sólo sabía hacer monerías. Y eso era una novedad ahí: agarrar la guitarra, ponérsela detrás de la espalda o de la cabeza, y tocar. Y de un momento a otro, los guitarristas decían: «¿Quién es este tipo?». Antes de eso, los músicos de blues se sentaban en una silla, ponían el sombrero en el piso, al lado de ellos, y tocaban así nomás."

Buddy me contó que aprendió esos trucos de su héroe de la infancia, Guitar Slim. "Trajeron a Slim a Baton Rouge", me dijo. "Lo presentaron: «Damas y caballeros: Guitar Slim». Y uno escuchaba una guitarra, pero no había nadie. Quince o veinte minutos después, alguien venía por la puerta llevando a Slim en brazos, como un bebé. Con un traje rojo. Estaba así de loco. Y yo dije: «Quiero tocar como B.B. King, pero quiero actuar como ese tipo»."

Poco después del concurso, Magic Sam llevó a Buddy a Cobra Records, una empresa dirigida por Eli Toscano, uno de los tantos empresarios discográficos independientes que rondaban los antros del West Side. Buddy grabó sus primeros discos para Cobra; y, lo que es más importante, se asoció con Willie Dixon, que había renunciado a su trabajo en Chess Records. Dixon es menos famoso que algunos de sus contemporáneos, pero era el padrino del ambiente. En Chess, compuso canciones que ayudaron a delimitar el género: "Hoochie Coochie Man", para Muddy Waters; "My Babe", para Little Walter; "Wang Dang Doodle", para Koko Taylor. Estaba permanentemente en guerra con el dueño del sello, Leonard Chess, un inmigrante polaco que había empezado regenteando un club nocturno, el duro comerciante a quien uno podía ver cerrar el Macomba Lounge con una pistola en la cintura, y los bolsillos llenos de billetes manchados de Chivas. Para Dixon, Leonard Chess era esencial (era ingenioso para los negocios, y un apasionado de la música; no es azaroso que su sello, que codirigía con su hermano Phil, haya reunido el mayor catálogo de la historia del blues eléctrico), pero era un sinvergüenza. Manipulaba los créditos de composición, y hacía trampa con los royalties. Con los años, el nombre de Leonard Chess llegó a representar, injustamente, las peores cualidades del disquero tramposo.

Chicago estaba lleno de gente como Chess, pequeños empresarios a quienes suele señalarse como los villanos del mundo del blues, sin los cuales, sin embargo, la música nunca habría encontrado su público. En 1959 Eli Toscano, el presidente de Cobra, desapareció. Poco después, su cuerpo fue encontrado en el lago Michigan. Lo habían asesinado a la manera de la mafia. De modo que Dixon regresó a Chess, y se llevó consigo a dos artistas de Cobra: Otis Rush y Buddy Guy. Buddy permaneció en el sello de 1960 a 1967, formando parte de uno de los más grandes ambientes de la historia de la música de los Estados Unidos: Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Jimmy Rogers, Little Walter, Sonny Boy Williamson II y Otis Spann pasaban tiempo juntos, bebían Hennessy y grababan en el estudio del 2120 de South Michigan Avenue.










Fue en estos años que Buddy se asoció con Junior Wells, el artista que, por muchas décadas, sería el compañero y socio de Buddy.

Wells (su verdadero nombre era Amos Blakemore) nació en 1934 en Memphis, donde, en su adolescencia, aprendió los rudimentos de la armónica con Junior Parker, la figura local que, entre otros temas, compuso "Mystery Train", uno de los primeros hits de Elvis Presley. Cuando Wells tenía 12 años, lo enviaron a vivir con su madre a Chicago, donde adaptó su estilo al de visionarios como Sonny Boy Williamson y Little Walter, que fueron los primeros en electrificar la armónica, dando origen al sonido de la quejumbrosa ciudad. En 1952, cuando Little Walter abandonó, enojado, la banda de Muddy, convocaron a Wells para que lo reemplazara. Tenía 18 años. El benjamín del ambiente. Era Buddy el otro benjamín del ambiente. Se hicieron amigos. Buddy Guy y Junior Wells comenzaron a tocar juntos en 1958; ése fue el inicio de una gran sociedad. Cada uno sacaba lo mejor del otro; esto se puede ver en los numerosos discos que grabaron: Hoodoo Man Blues (1965); Buddy Guy and Junior Wells Play the Blues (1972); Alone and Acoustic (1981); la sabia voz de Wells en contrapunto con los melodiosos aullidos de la guitarra de Buddy, y el barítono de Buddy realzado por la fuerza arrolladora del arpa de Wells. Por muchos años, podía vérselos noche tras noche, hasta bien entrados los 90, como los últimos sobrevivientes de una escena alguna vez candente. En 1998, con la muerte de Wells, Buddy pareció súbitamente más viejo, como si lo hubieran empujado al fondo del retrato familiar. No habla de su amigo desaparecido con tristeza, ni tampoco con nostalgia, sino con entusiasmo, como si aún viviera y estuviera por ahí, tocándose la vida.

ara mediados de la decada de 1960, el estudio de Chess en el 2120 de South Michigan Avenue se había convertido en uno de los santuarios del rock, y recibía las visitas, como una suerte de peregrinaje, de los Rolling Stones, Paul McCartney, John Lennon y Jeff Beck.

"Yo solía ir a Chess y ponía el amplificador a todo lo que daba, como lo hago ahora", me cuenta Buddy. "Pero Chess me echaba del estudio. Me decían: «No nos vengas con eso». Pero cuando descubrieron lo que hacían en Londres, le pidieron a Dixon que me fuera a buscar. «Andá y traé a ese hijo de puta». Dixon me dijo: «Ponete el traje». Así que me puse un traje azul que tenía, y, nunca me voy a olvidar, pensé: «Este debe de ser el final de mi carrera en Chess». Y cuando entré (yo nunca había estado en la oficina de Chess), se sacó de la boca un gran cigarro que estaba fumando y se agachó y me dijo: «Quiero que me pegues una patada en el culo». Y yo le dije: «¿Qué mierda te pasa?». Y me dijo: «Dale, hijo de puta, dame una patada en el culo». Yo le dije: «¿Para qué, man?». Y él me dijo: «Oíme, desde que llegaste que nos venís cantando la posta, y nosotros fuimos unos boludos que no te hicimos caso». Me tenían un trago preparado y todo. Me hicieron sentar en la silla del jefe, y me dijeron: «Man, queremos que hagas lo que se te ocurra»."











Y allí fue cuando Buddy Guy se transformó en Buddy Guy.

unque buddy se aproxima a los 70, pasa más de la mitad del año de gira. Es como si viajando se encontrara más cómodo, como si permanecer en movimiento fuera el único modo de mantenerse quieto. De gira, él es sólo carreteras y aeropuertos, ciudades que van quedando atrás, rostros que se desdibujan, un celofán que envuelve la perla del instante del concierto. En casa, se siente menos cómodo, fuera de lugar en su hogar suburbano al sur del South Side. Uno se da cuenta de que sus días son preciosos y escasos, como la vida de un boxeador entre round y round. Se acuesta tarde, maneja rápido, toca en vivo, se relaja en el Legend, o pasa las tardes en su jardín, tratando de cultivar verduras como las que comía en Louisiana cuando era chico.

Buddy es un fanático perdido de Chicago. Como un verdadero fanático, sabe que no basta con repetir elogios; además, uno tiene que creérselos. Buddy cree que Chicago es el mejor lugar del mundo; allí es donde él encontró su lugar. Por consiguiente, aceptó muy orgulloso llevarme a recorrer la ciudad, no para conocer los lugares turísticos sino los más significativos en la vida de Buddy.

Una mañana, partimos del estacionamiento detrás del Legends. Ibamos en una 4 x 4. Buddy iba en el asiento del acompañante, y su asistente conducía. Fuimos hacia el oeste por la avenida Roosevelt, pasando por debajo de las vías elevadas, por sobre la autopista y los playones de transporte, la ciudad extendida sobre la pradera como una mancha. El sol se había puesto, detrás de nosotros el lago resplandecía como un heliógrafo. Me mostró el andén donde bajó del tren en 1957; las calles del gueto se arremolinaban debajo como una hélice. Me mostró el negocio donde solía comprarse trajes. "Había que dividir la plata, la mitad en el bolsillo y la mitad en el zapato", me cuenta. "Así, después de hacer la oferta, uno se daba vuelta los bolsillos y decía: «Mirá, man, es todo lo que tengo»."

Prendió la radio satelital, que tiene todo el tiempo sintonizada en la estación de blues. Me contó que también le gusta otra música, pero que siente que todavía le falta mucho para agotar su estudio del blues. Cada vez que empezaba una canción, hacía algún comentario, o simplemente subía o bajaba el volumen. Cuando empezó "Hide Away" de Freddie King, un guitarrista texano, dijo que esa canción había sido el tema que Hound Dog Tylor, un guitarrista nacido en Mississippi, conocido por sus salvajes actuaciones, tocaba para abrir y cerrar sus shows en Mel’s Hideaway. Hound Dog nunca le dio mucha importancia hasta que Freddie King lo tomó y lo convirtió en un éxito. "Pero estafaron a todo el mundo", me contó Buddy. "Así fue. Pensábamos que Chess nos estaba estafando a todos, y así era, pero a Chess también lo estaban estafando."

Doblamos en la avenida Homan (Roosevelt y Homan quizá sea la esquina más peligrosa de Chicago), y atravesamos calles de casas bajas, con una intrincada red de salidas de emergencia al contrafrente. Las calles estaban vacías, los bares cerrados. Soplaba un viento del Oeste. Pasamos por la oficina de Cobra y el depósito en el que Sears almacenaba la mercadería que podía ordenarse del catálogo: de ahí obtuvo Muddy Waters su primera guitarra.

Nos dirigimos al Sur por la calle 47, alguna vez la principal de Bronzeville, el gueto construido por cientos de miles de inmigrantes afroamericanos que inundaron la ciudad desde Mississippi y Louisiana. Desde el auto, Buddy me iba señalando los lugares de interés: el edificio donde había estado el Blue Flame Club; el edificio del 708 de la 47 donde funcionaba el 708 Club; el lugar donde había estado el Pepper’s Lounge; el edificio donde se encontraba Theresa’s. En muchos de estos boliches, el escenario estaba detrás de la barra. (Buddy se hizo conocido como el primer músico en saltar del escenario a la barra.) En los más chiquitos, no había escenario, tan sólo una escalera que los músicos subían. Pasamos frente a unas hermosas casas de ladrillos, muy venidas a menos, que estaban siendo recicladas por empresarios inmobiliarios del North Side. Buddy frunció el ceño y dijo: "Ya no queda nada del gueto".

Seguimos con rumbo Norte, y llegamos a un pequeño barrio; las calles estaban desoladas, y tenían un aire somnoliento y burgués. Estacionamos frente a una modesta casa, en el 4339 de South Lake Park Avenue. Había un cartel pegado en la ventana, que decía "Se alquila". "Es la casa de Muddy", dijo Buddy. Nos quedamos ahí sentados un rato largo. Empezó una canción en la radio. Buddy subió el volumen. Era una canción de Muddy Waters, llamada "I Love the Life I Live, I Live the Life I Love". Buddy reclinó la cabeza y se dedicó a escucharla con los ojos cerrados.

Fuente: Rich Cohen R.S.

VIDEO:

viernes, 6 de noviembre de 2009

Duff Mc Kagan, el ex bajista de Guns n´ Roses"Guns es una parte de mi vida, no toda":


Duff Mc Kagan, el ex bajista de Guns n´ Roses viene con su proyecto solista. Toca este fin de semana.

Por: Nicolás Kischner

"No More", de Loaded, del ex Guns N' Roses, Duff Mckagan.

El pelo rubio bastante más corto y sin los destellos de negro y rojo de la época de la gira de Use Your Illusion. Vestido íntegramente de negro y con la amabilidad característica que se suele tener después de un largo viaje en avión y de varias horas de continuas entrevistas, Duff Mc Kagan, el bajista original de Guns n´ Roses, pide permiso para retrasar la sesión de fotos por unos minutos. Una ensalada y un agua mineral lo esperan y no es cuestión de decirle que no a alguien que parece superar el metro noventa de estatura y que a esa altura del día (ya de noche) tiene cara de pocos amigos tras tanto movimiento.

Saber que no toma nada de alcohol desde que su páncreas dijo basta y que obtuvo un título universitario en economía lo alejarían de la imagen en la que más de un chico de principios de los 90 lo tiene ubicado. Pero basta con escucharlo hablar sobre Loaded, su actual proyecto, para darse cuenta de que la pasión sigue intacta y el hombre, en una carrera que lo trajo nuevamente al país, donde Duff se presentará este fin de semana después de sus visitas con los Guns, en 1992 y 1993 (fue el último show con la formación clásica) y con Velvet Revolver.

¿Qué puede esperar el público de los dos shows en Capital?

Mis dos lugares preferidos para tocar son Buenos Aires y Glasgow, Escocia. Son públicos únicos. Por alguna razón que desconozco se enganchan de una manera muy especial con nuestra música.

¿Harán canciones de Guns n´ Roses y tus bandas anteriores?

Sí, cuando encabezamos un recital tocamos una hora y media, 22 canciones y hacemos temas de mis distintas etapas. En cambio, en los festivales, como hay menos tiempo, hacemos cosas de Loaded. Pero es gracioso, hace un par de semanas tocamos en Inglaterra y en la mitad del set hicimos So fine, de los Guns. La respuesta fue un silencio absoluto, nuestro público actual es tan joven que no la conocía. Ya estamos viejos.

¿Por qué se separaron los Guns?

No hay una razón, fueron miles. Pero sigo siendo amigo de todos y escuché el último disco de Axl y me pareció genial. Eramos jóvenes, no pudimos mantenernos juntos. Sólo pasó. Uno va cambiando. Para mí Guns n´ Roses es una parte de mi vida, no toda. Pero pasó hace mucho tiempo, unos 17 años. Tengo una vida completamente distinta, he estado sobrio desde ese momento. No me molesta hablar de Guns n´Roses, pero hay gente, especialmente la que vivió esa época que siente un gran romanticismo por lo que la banda fue, cuando en realidad, sólo estuvimos juntos cuatro o cinco años.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Depeche Mode: cross electrónico a la mandíbula


La banda británica que lidera Dave Gahan llega, intacta, a Buenos Aires

Depeche Mode: cross electrónico a la mandíbula

Por Verónica Pagés

FORT LAUDERDALE (FLORIDA).? Nada de lo que sucede sobre el escenario hace pensar que a ese hombre que baila, salta y se contorsiona febrilmente lo han operado hace poco más de cuatro meses de un tumor maligno en la vejiga. Efectivamente el poder de seducción de Dave Gahan está intacto. Y con él, el poderoso arsenal que Depeche Mode pone en juego en cada show de la gira mundial ?que traerá a la banda el 17 de octubre a Buenos Aires, en el marco del Personal Fest- en la que presentan su último disco, Sounds of the Universe . Gira que comenzó en forma un poco más que accidentada: no sólo a días de comenzar surgió lo de la enfermedad del Gahan -que obligó a suspender once conciertos y a reprogramar otros-, sino que más tarde el mismo Gahan se esguinzó una rodilla y tuvo problemas con sus cuerdas vocales; a eso hubo que sumarle que casi al mismo tiempo que el cantante entraba a quirófano, moría en Gran Bretaña el padre de Andy Fletcher, tecladista del grupo.

Así las cosas, nada hacía suponer durante esos primeros días de mayo que pocos meses después Fletcher llegaría a afirmar que están haciendo "los mejores conciertos" de su carrera. Fletcher habló desde su casa de Londres en un recreo que se tomó el trío electrónico -que completa el excéntrico genio de Martin Gore- luego del concierto que brindaron en Fort Lauderdale los primeros días de este mes, show al que este diario asistió invitado por la productora Time for Fun. "Más que unas vacaciones, éste es un período de recuperación", se sincera Fletcher. Es que una vez que se reanudó la gira no han tenido demasiado tiempo de descanso y estos hombres, que hace casi treinta años mantienen intacto prestigio y jerarquía, están grandes. Aunque no se nota. Ni un poco.

"Wrong"



Golpe certero

El impacto de lo que sucedió en el concierto que hicieron en el Bank Atlantic Center (el estadio de jockey sobre hielo de los Panthers) se sintió en el cuerpo. Eso que durante dos horas bajó a la platea e hizo que los casi 25 mil espectadores olvidara sus asientos no era sólo música, era un golpe certero al corazón. Impacto que por momentos volvía inquietos los pies, ponía todos los sentidos en guardia y al borde del suicidio más de una lágrima. El punto más alto en ese sentido fue con "I feel you" de Songs of Faith and Devotion (1993) -quizás el más rockero del show- en el que la batería parecía estar conectada a la cabeza de cada espectador. La potencia aceleraba el corazón y no se podía hacer otra cosa que gritar. Gahan sonreía con una felicidad feroz. A él también le estaba por explotar el pecho.

"Elegir los temas del show es muy difícil, tenemos una gran lista de hits pero también hay un disco para presentar. De hecho cuando empezamos el tour en Israel teníamos en el set más canciones nuevas, pero nos dimos cuenta que la gente quería algo más de las viejas. Nunca llegamos a un punto en que los tres pensamos que está perfecto porque cada uno tiene sus favoritas. Por eso nos gusta cambiar esa lista, de hecho tenemos preparada una serie de sorpresas para Buenos Aires", cuenta Fletcher, quien estuvo un par de veces en la ciudad en su rol de DJ. Justo él no fue de la partida en el show que dio Depeche en Velez en abril de 1994: "No estuve en ese segmento del tour porque estaba enfermo; fue el tiempo más loco en la historia de la banda y no fue, en verdad, un gran momento. Eramos un poco salvajes, estábamos de fiesta la mayor parte del tiempo".

Ahora -también según las palabras de Fletcher- están más viejos, más sabios, más profesionales. Y eso se ve en un show prolijo, visualmente diseñado hasta la obsesión por Anton Corbijn, en el que Gahan, Gore y Fletcher aparecen en carne y hueso y reproducidos e intervenidos -en vivo- en una megapantalla precedida por la enorme bola que bien puede ser ese mundo/ universo al que ellos le pusieron sonidos y Corbijn furibundos rojos, azules y amarillos.

Del disco nuevo sólo avanzan con "In Chains", "Wrong", "Hole to Feed", "Little Soul" y "Miles Away/ The Truth Is", que ya con cinco meses en la calle no se puede decir que sean temas difíciles, a los que cueste entrar. La voz sombría de Gahan es la de siempre y como dice Fletcher "las canciones de Martin [Gore] son las canciones de Martin". Aunque "Hole..." y "Miles away..." son de Gahan. Es que desde que el cantante tiene en paralelo una carrera solista le dan más permisos: "Creo que ese nuevo rol le ha hecho muy bien a Depeche", suma Fletcher, que en el escenario disfruta su estricto tercer lugar -él dice ser "el hombre del fondo"- sin ningún problema de ego o cartel.

El show es una celebración en la que Depeche alterna climas con la misma facilidad con que Gore cambia sus coloridas guitarras. La euforia atraviesa "Walking in my Shoes", "It´s No Good" o "Question of Time" para llegar a la tristeza infinita de "Precious". Altos y bajos, claros y oscuros; una fiesta rota por la melancolía en donde no existen los medios tonos, en la que todos disfrutan, los fanáticos que crecieron con ellos, los recién llegados y, sobre todo, ellos tres. "La verdad no sé cuál es la fórmula que nos trajo hasta acá, debe haber muchas razones: hacer muy buenas canciones, trabajar con buenas personas, tener fans leales. Nunca lo hicimos planeando que íbamos a estar juntos tantos años, nunca pensamos que Depeche iba a volver a la Argentina 15 años después, simplemente sucedió", dice Fletcher a modo de bienvenida.

Grilla completa del Personal Fest

Viernes 16 de octubre

  • Escenario Main Personal Pet Shop Boys, Nile Rodgers & Chic, Cuentos Borgeanos, Leo García.

  • Escenario Nokia Libertador Zero 7, Tahiti 80 (Francia), Plastilina Mosh (México), David Lebón, Súper Ratones, Hana, Pat Coria y los Susceptibles.

  • Escenario Tingaldo (electrónico) Plaid (Warp - UK), Prefuse 73 (Warp - USA), Tim Exile (Warp - UK), Victoria Mil, Alfi Martins, Wapaq.

  • Escenario Isla Ximena Sariñana (México), Nicolás Ibarburu (Uruguay), Loli Molina, Ambulancia, Walter Domínguez, Zolvein Vixen, Datura y Venome.

Sábado 17 de octubre

  • Escenario Main Personal Depeche Mode, Justin Robertson (warm up DJ set), Banda de Turistas, Bicicletas, Volador G.

  • Escenario Nokia Libertador Café Tacuba, Spanish Bombs (homenaje a The Clash), La Portuaria, Estelares, No Lo Soporto, Pánico Ramírez, Tony 70.

  • Escenario Tinglado Hercoles & Love Affair (DJ set), Poncho (con Justin Robertson), Adicta, Indica, Rock Hudson (Chile), Gusz.

  • Escenario Isla Tom Ze (Brasil), Rosal, DDC, Fantasmagoria, Kausal, Genitales Argentinos, Indignos, LAyFe.

sábado, 14 de marzo de 2009

Faryl Smith, la pequeña Pavarotti


Faryl Smith, la pequeña Pavarotti, vende más que U2


La adolescente galesa, de sólo 13 años, acaba de firmar un contrato de 2,5 millones de euros y en estos días 80 mil copias de su primer álbum van camino a las tiendas de discos del Reino Unido. La mezzosoprano, que en Internet ya vende más que U2, surgió como ganadora de un programa de búsqueda de talentos de la televisión inglesa.

Por: Rafael Ramos

CANTARE Y SERE MILLONES. La canción River of light, inspirada en el vals El Danubio azul, es uno de los cortes del primer CD de Faryl Smith.


Sólo cuenta trece años, es una niña, y su esbelta figura no tiene nada que ver con la del mítico y orondo tenor italiano, pero la mezzosoprano Faryl Smith es conocida ya como "la pequeña Pavarotti". Ganadora de uno de los múltiples concursos al estilo Operación Triunfo que llenan las pantallas de la televisión del Reino Unido, su futuro parece escrito con la F de fama y fortuna.

La precoz estrella musical tiene en su haber una magnífica voz, belleza y simpatía, valores inapreciables en la tan elusiva búsqueda del éxito. Inmersa todavía en los avatares de la adolescencia, Faryl ha puesto ya su firma en un contrato de dos millones y medio de euros con la discográfica Universal Classics, y 80.000 copias de su primer álbum van camino de las tiendas de discos de todo país. El próximo reto –más difícil todavía– será conquistar el mercado de Estados Unidos.

Críticos, profesionales y compañeros del gremio coinciden en que Faryl Smith es una niña prodigio con el potencial para batir todos los récords de ventas de música clásica, muchos de ellos en posesión del fallecido Pavarotti. Por falta de apoyos y asesoramiento no va a ser, porque tiene en su rincón un impresionante aparato de relaciones públicas, y la asesoría de la mezzosoprano galesa Katherine Jenkins, quince años mayor que ella y que no repara en elogios hacia su protegida: "La primera vez que la vi ya me di cuenta de que estaba delante de una estrella. Se me puso la piel de gallina al oírla cantar. Tiene una voz maravillosa e increíble, de esas de las que sólo surge una entre un millón".

El álbum con el que debuta la pequeña Faryl –del que ya se han vendido por Internet más copias que del último del grupo irlandés U2– es un popurrí de temas clásicos y populares. Entre las doce canciones figuran el Ave María que le dio la victoria en el concurso Britain's got talent del pasado mes de mayo, una nueva versión de Amazing grace, Annie's song de John Denver, el himno galés Calon lân, y un tema que ha llamado River of light, inspirado en el vals El Danubio azul.

Las dos grandes sorpresas del esperado CD son fruto de la colaboración con Björn Ulvaeus, uno de los cuatro integrantes de Abba, que ha reescrito especialmente para ella la canción The way old friends do, para que en vez de hablar de divorcio lo haga sobre la amistad. "A quienes llevan mi carrera debió de parecerles inapropiado", dice Smith con la picaresca propia de una adolescente que no se chupa precisamente el dedo.

"Faryl es nuestra prioridad absoluta y va a convertirse sin duda en la mayor estrella de la música clásica –afirma entusiasmado Dickon Stainer, director de Universal, que ya ve fluir un río de millones de euros, dólares y lo que haga falta–. Es el gran talento de su generación, con el potencial de hacer la música clásica mucho más atractiva, popular y accesible a las masas. Lo más importante es manejar bien su carrera, y cuidar y desarrollar una voz portentosa".

Nacida en la localidad inglesa de Kettering, hija de una peluquera y un inspector sanitario, lo más sorprendente es que no hay ningún antecedente musical o artístico en la familia de la pequeña Pavarotti. Mientras las niñas de su edad estudian historia y lengua, ella tiene un profesor particular, graba discos, concede entrevistas, va de gira y gana millones. Su próxima cita es el estadio de Twickenham, donde el sábado cantará los himnos de Inglaterra y Gales en el partido de rugby del partido de las Seis Naciones. El colegio y las mates pueden esperar...

La despedida de Mauricio Kagel


La despedida de Mauricio Kagel


Un documental de Gastón Solnicki registró la última visita a la Argentina del músico, que murió en Diciembre del año pasado

Por Pablo Gianera


En julio de 2006, el compositor argentino Mauricio Kagel volvió a Buenos Aires, la ciudad en la que había nacido, cuarenta años después de dejar el país para instalarse en Alemania, donde desarrolló casi toda su carrera musical, una de las aventuras más singulares de la segunda mitad del siglo XX. Poco más de dos años después de esa visita y de los conciertos de ese año, hace apenas unas semanas, Kagel murió. Esa muerte imprevista iluminó con otra luz su rentrée argentina y la transmutó de reencuentro en despedida.





El cineasta Gastón Solnicki siguió con devoción e inteligencia los pasos del músico durante la realización de ese histórico Festival Kagel de 2006, serie de conciertos monográficos organizado por el todavía activo Centro de Experimentación del Teatro Colón. Süden ("Sur", en alemán), el documental de Solnicki, que obtuvo una mención en la última edición del Bafici, se inicia en rigor en Colonia (Alemania) y desanda desde allí el camino hacia el Sur. Sobre la imagen de una tren europeo en movimiento, se oye en off la voz de Kagel: "Me siento bien allí donde puedo trabajar bien. Esa es mi patria", se le escucha decir al compositor. "Uno no elige la familia, la religión, el lugar donde nace. Todo eso es arbitrario." Para Kagel, Buenos Aires se había convertido, entre otras cosas, en el 70 % de humedad.

En algo más de una hora, la película despliega el redescubrimiento de la ciudad y la escena musical argentina. Queda aquí el testimonio de casi todos los lugares que el compositor frecuentó: están los ensayos en el Auditorio del Goethe-Institut, el concierto en su homenaje en Villa Ocampo, cierta recepción en la Embajada de Alemania, los espectáculos en el Teatro Colón, entre ellos la preparación de Una Brisa, acción fugitiva para 111 ciclistas . Aparecen también algunos percances de los músicos, como la urgente visita al dentista de la mezzo Klara Csordas, registrada en detalle y con gracia, o la amable, pero tensa, discusión de Marcelo Delgado, maestro preparador del festival, con un afinador de pianos. Solnicki se demora en estas minucias fugaces; muestra las caras del público en los conciertos y reuniones, como si quisiera dejar un testimonio también de parte del ambiente musical de la ciudad. Seguramente, al compositor y también cineasta -solía decir que sus películas eran sus óperas- le habrá gustado este documental que perpetúa el revés de la trama del regreso a su país. Hay allí una idea del montaje y un sentido del humor por momentos absurdo que evoca la música misma de Kagel.

Aunque se ven y se escuchan fragmentos de Mare Nostrum , Kammersymphonie y 5 marchas para malograr la victoria , el eje del film es el ensayo de ?den 24.XII.1931 , obra que Kagel compuso sobre la base de fragmentos de noticias publicadas el día de su nacimiento. Cada uno de sus movimientos constituyen verdaderamente los signos de puntuación, el ritmo en fin, de Süden . Además de permitir un atisbo de Kagel como director, estas escenas deparan secuencias musicalmente apasionantes y aun deliciosas, como el momento en el que la partitura demanda que caigan libros al suelo. El percusionista, moderado, llegó con unos volúmenes de tamaño mediano. Pero el compositor pedía más; pedía, de hecho, el estruendo de guías de teléfono contra el piso.

Y en el medio, frases de Kagel, no siempre cómodas, que funcionan como costuras: "¿Quiere usted cultura musical, quiere una ópera? Tiene que aceptar que eso es caro. No es barato". O también, con más énfasis: "La sociedad, en general, acepta la música como pasatiempo. La gente que no hace música lo que desea fundamentalmente es entretenerse. No dejan de estar influidos por una tendencia a consumir la música, no a repensar la música. Y ese entretenimiento uno no lo puede condenar desde el punto de vista ético y decir: es un error. No, así está hecho el mundo. Lo que se necesita es ayudar al público y llevarlo a reflexionar sobre la música".

Con todo, Süden no es (o no es solamente) una película acerca del regreso de Kagel a la Argentina. Sobre la coartada de esa anécdota, admite verse también como una película militante. Pero su militancia no es tanto a favor de la música contemporánea sino, sobre todo, de los músicos que se dedican a la interpretación de la música contemporánea, los miembros de, entre otras agrupaciones, la Compañía Oblicua y el Ensamble Süden (de ahí, como del punto cardinal, deriva el nombre alemán de la película). Son ellos los auténticos protagonistas del documental; los músicos que deben resolver problemas tanto musicales como vitales. En todo caso, se trata del reverso de la experiencia que Kagel preveía para el público: "La música del siglo XX trae muchas preguntas; el oyente tiene que trabajar".

jueves, 19 de febrero de 2009

BLUES: B.B. King NUEVO DISCO


"One kind favor" de B.B. King


A los 83, el maestro de la guitarra blusera da sus versiones sobre las canciones que cambiaron su vida, siguiendo una cronología didáctica.

Por: Marcos Mayer
"One Kind Favor", último trabajo de B.B.King.

El nuevo disco de B.B. King se abre con un tema emblemático: See That My Grave Is Kept Clean (Ocúpense de que mi lápida esté limpia) compuesta por Blind Lemmon Jefferson y que alguna vez eligiera Bob Dylan para su álbum debut. Aquí parece formar parte de una despedida. La serie de clásicos del blues elegidos por King junto a su productor, T Bone Burnett, arman un emotivo y estupendo viaje al pasado. King quiso repasar un repertorio al que admira y que le causa placer: en su sitio se puede ver una filmación en la cual afirma que justamente el tema de Jefferson es su canción favorita. Y Burnett fue en busca del sonido que escuchó en un recital en vivo de B.B. en Dallas, durante 1965.

Para ello armó una banda base con veteranos de primera línea: Dr. John en el piano, Jim Keltner -ex integrante de The Band- en batería, y el bajo acústico de Nathan East, quien alguna vez tocó con Eric Clapton. Pero el protagonismo pasa, como sucede casi siempre, con B.B. King, por su voz, esta vez más apaciguada que de costumbre, y por su mítica guitarra Lucille, menos predispuesta a dejarse llevar por el exhibicionismo de alguna de sus últimas grabaciones. Lo que permite redescubrir muchos matices del modo de cantar y de tocar de King que habían quedado relegados, sobre todo la melancolía y la pena, que aparecen de manera conmovedora en Backwater Blues, una bella composición de Lonnie Johnson. La banda, a la que se agregan vientos y teclados en algunos temas, aporta un continuo de swing y sentimientos sobre el que discurre el solista de modo permanente e imaginativo.

Esta caminata por el pasado se conecta de manera directa con el lugar que ha ido ocupando King en la historia del blues. Hoy es, junto a Buddy Guy, casi el único exponente de una parte de la historia más gloriosa de un género que nació para cantar las tristezas de un pueblo al que le habían cambiado la esclavitud por la segregación. Fiel a ese lugar, realiza casi doscientos conciertos al año, pese a sus 83 años recién cumplidos, tiene un programa de radio semanal y ha fundado en el estado de Missisippi el B.B. King Museum and Delta Interpretive Center, dedicado a la historia del blues y a la suya propia. One Kind Favor, grabado a mediados del año pasado, responde a ese mismo espíritu de mantener y difundir esa historia y recorre no sólo los temas sino también los estilos que ha ido adquiriendo en su trayecto el blues, los más puros así como los que vinculan al blues con el rock, con la balada -como Tomorrow Night, el único punto flojo del disco-, con el jazz. Tiene algo de legado a la posteridad, pero por suerte en manos de un músico entusiasta y bien humorado que no cree en solemnidades, lo que hace que suene intenso y vivo. Como un buen blues.