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miércoles, 1 de julio de 2009

MICHAEL JACKSON_Los 5 magníficos



LOS ORIGENES:
CUANDO LOS JACKSON FIVE REVOLUCIONARON LA MUSICA PARA SIEMPRE

Por Claudio Kleiman

Es un hecho que quizá muchos olviden, o simplemente desconozcan: antes de la triste parábola que convirtió a Michael Jackson en una suerte de Frankenstein de nuestra época –y que habla tanto de los mecanismos del negocio del espectáculo como del canibalismo de una sociedad enferma–, convirtiéndolo en alimento descartable de los programas de chismes y las crónicas judiciales, hubo un artista brillante. Un joven excepcionalmente dotado que, antes de romper todos los records de ventas y entrar en la historia con Thriller –el disco que, según desde donde se analice, puede verse como su momento más alto o como el comienzo del fin–, transformó primero el entorno del cual había surgido (el legendario sello Motown, de Detroit), luego la música que habitaba con naturalidad desde su más tierna infancia (el soul), y finalmente la música pop en su totalidad, tirando abajo las barreras raciales que aún se levantaban con fuerza en los años ‘80.

Jackson brindó un nuevo aliento de vida a Motown, un sello que había hecho historia en la música negra pero languidecía con el cambio de década, cuando sus principales estrellas y sus hits prolijamente producidos empezaban a lucir anticuados ante las radicales mudanzas –en la moda, en la música, en el estilo de vida– que este cambio traía consigo.

Ya como solista, una vez que consiguió independizarse de Motown (una movida que demandó mucho valor de su parte) y comenzó su alianza con el productor Quincy Jones y el compositor Rod Temperton, revolucionó la música soul con el histórico Off The Wall (1979), su primer álbum como artista adulto, estableciendo el modelo para la moderna música pop negra durante lo que restaba del siglo XX, combinando pop, baladas y música bailable con una lujosa producción de alto impacto. Por supuesto, tres años después llegaría Thriller, que llevaba un poco (o mejor dicho, bastante) más allá las innovaciones de su predecesor, con los cameos de Van Halen, McCartney y Vincent Price, los videos y las cifras que lo convirtieron en el disco más vendido de la historia. Cifras que ahora volverán a multiplicarse.

Pero en el principio fueron los Jackson Five. La historia oficial cuenta que fueron descubiertos por Diana Ross, la estrella que lideraba el grupo más exitoso de Motown, The Supremes, en Gary, Indiana, la ciudad natal de los hermanos, durante un recital a beneficio de Richard Hatch, que pronto se iba a convertir en el primer alcalde (es decir, intendente) afroamericano del lugar. Pero como suele pasar con las historias oficiales, no es cierta.

Jackson provenía de una familia de muy bajos recursos. Su padre Joe tuvo nueve hijos –Michael fue el quinto–, 6 varones y 3 mujeres, y como había sido músico en su juventud, cuando descubrió que sus vástagos tenían aptitudes, los educó obsesivamente, con una disciplina casi militar, para que la banda familiar fuera el vehículo que los sacara de la pobreza. Cuando Michael aún no había cumplido los 8 años, el grupo ya sonaba medianamente profesional y hacía sus primeras experiencias en un estudio de grabación, lanzando un par de simples para un sello local. El grupo se completaba con los hermanos Jermaine, Tito, Jackie y Marlon (más adelante se les uniría Randy, el último de los varones).

La verdad es que la primera en descubrir su talento no fue Diana Ross sino Gladys Knight, otra de las estrellas femeninas de Motown, pero su recomendación fue desoída. En dos oportunidades. Quizás el giro que estaba tomando la música hacia fines de la década del ‘60, tornándose crecientemente heavy y pretenciosa, conspiró contra las aspiraciones de los muchachos, cuyo sonido estaba en los antípodas de esa tendencia. El verdadero responsable de que finalmente fueran aceptados en la “fábrica de hits”, como Motown se autodenominaba orgullosamente, fue Bobby Taylor, otro cantante de gran suceso en ese momento –estamos hablando de 1968– que los alojó en su casa, les cocinó y los aconsejó, hasta que finalmente consiguió “vendérselos” al capo supremo del sello, Berry Gordy.

Luego se decidió que los Jackson Five fueran apadrinados por la máxima estrella del sello, Diana Ross, un respaldo que podía abrirles diversas puertas y hacerles más fácil el acceso a los medios de comunicación, especialmente la radio. Tal es así que su primer LP, aparecido a fines de 1969, tenía por título Diana Ross presents The Jackson Five. Pero antes, en agosto de ese año, llegó su primer simple, “I want you back”, que se disparó al Nº 1 de los charts. Una verdadera explosión de alegría juvenil, frescura y excitación que permanece hasta hoy como uno de los grandes momentos de la música pop, aparte de ser la primera evidencia del monumental talento de su precoz cantante líder.

Los siguientes tres simples de los Jackson Five, ABC, The Love You Save y la estupenda balada I’ll Be There, también alcanzaron el Nº 1, lo que los convirtió en el primer grupo de la historia del pop en conseguir esa hazaña con sus cuatro primeros sencillos.

Para Motown, cuya primera etapa de discos cuidadosamente concebidos en la línea de montaje de su fábrica de hits (que tomaba su modus operandi de las fábricas de automóviles que habían hecho famosa su ciudad, Detroit) ya estaba mostrando signos de agotamiento, significó una renovación que iba a asegurar su subsistencia al comenzar una nueva década. Poco después, Marvin Gaye y Stevie Wonder se encargarían de introducir la música negra en otro plano conceptual y artístico, marcando una nueva época de esplendor (probablemente la última) para la compañía durante los primeros años ‘70.

Los Jackson Five, liderados por un Michael que a los 9 años reproducía con asombrosa exactitud todos los movimientos de James Brown en “I Got The Feelin’”, el tema con que el grupo solía cerrar sus actuaciones, produjeron la asombrosa cantidad de cinco LP en alrededor de dos años, dejando un legado que está entre lo más valioso de su discografía. En el reciente álbum triple que conmemora el 50º aniversario de Motown con los 50 temas más votados por la gente a través de Internet, hay nada menos que tres canciones de ese período inicial de los Jackson Five, y otros tres de la etapa inmediatamente posterior de Michael como solista, en 1972 (se dice que los primeros tres LP, Got To Be There, Ben –ambos de 1972– y Music And Me, de 1973, fueron grabados en unas maratónicas sesiones para disponer de tanto material como fuera posible antes que el chico cambiara la voz).

Smokey Robinson, otro de los más grandes cantantes y compositores que surgieron de Motown, recuerda en sus memorias que ese Michael era “un chico extraño y adorable. Yo siempre lo vi como un alma vieja en el cuerpo de un chico... sentías que había vivido otras vidas, parecía demasiado grande para ser tan joven”. Quizá sea precisamente la inversión de esa ecuación la que Jackson no pudo soportar. Aun después de pasar toda su vida en el negocio del espectáculo, la perspectiva de vivir con el alma de un chico en el cuerpo de un viejo estaba más allá de lo que podía soportar.

MICHAEL JACKSON_Fundido a negro



Antes de los 10 años ya había revolucionado la música negra al frente de los Jackson Five. Antes de los 20, ya había revolucionado la música en general. Y antes de los 30 ya había revolucionado la cultura pop de nuestro tiempo. Vendió 750 millones de discos en vida y con los 100 millones de Thriller tuvo (y tiene) el disco más vendido de la historia, uno poderosamente político en pleno reaganomics, con el que además fundó e impuso la cultura negra en la naciente MTV. Llegó a una cima inimaginable hasta entonces y hasta ahora. Tuvo los derechos de autor de Los Beatles, se casó con la hija de Elvis y se construyó su propio Neverland. Después, los escándalos de su vida privada y su figura pública lo alejaron del apogeo, pero las repercusiones mundiales de su muerte el jueves pasado (más el millón de tickets que había vendido por anticipado para una gira de regreso que empezaba el 13 de julio) volvieron a poner las cosas en perspectiva. Detrás de la tragedia americana de la que no pudo escapar, asoma una obra fundamental en la cultura de los últimos cuarenta años.

Por Mariana Enriquez

La queja que se escucha entre los fans es que por culpa de sus últimos casi veinte años de desastre psicológico, físico, financiero y musical (y criminal se podría agregar, aunque nunca fue condenado por ninguna de las acusaciones de abuso sexual de menores) la música que dio y el genio que demostró quedan opacados. Pero la queja no se condice con la realidad, con lo que está pasando: desde su muerte confirmada el jueves pasado por la tarde, el tono para la despedida de Michael Jackson es la elegía (o la nostalgia) y la referencia a todo ese torrente de insania es escueta, o se lo llama “problema”.

Tremendos problemas tuvo Michael Jackson durante toda su vida, y repitió la gran pesadilla americana, el lado B del sueño. Como Marilyn Monroe, como Kurt Cobain, como Elvis Presley, como James Dean. Ser un icono cultural de la sociedad de consumo es incompatible con la vida normal, o con la vida a secas. No se puede vivir con ese nivel de fama y escrutinio público sin espiralar hacia la locura o morir antes de ser Baby Jane, loca en su casa enorme, reviviendo los años dorados con la plena conciencia de que no volverán.

Michael Jackson fue Baby Jane durante mucho tiempo. Su estilo de vida increíblemente extraño y en muchos aspectos perverso era tan exagerado como sus logros artísticos y comerciales, no superados hasta el momento (750 millones de discos vendidos: si se multiplica por cuatro, los que pueden vivir en la casa que compró ese disco, se está cerca del número de la población mundial). Sus rarezas también son igualmente difíciles de superar, especialmente por el grado de misterio que las acompaña. ¿Se blanqueó la piel o de verdad sufría vitiligo? ¿Sufría dismorfia corporal y no se daba cuenta de que dolía mirar su cara deformada, o realmente la quería tener así, tan parecida a la del Peter Pan de Disney, con algo de Diana Ross y elfo extraterrestre? ¿Quiso comprar los huesos de John Merrick, el Hombre Elefante? ¿De verdad dormía en una cámara hiperbárica de oxígeno, o era promoción para su película 3D Captain EO? En un momento, se dice, él mismo le ofrecía a la prensa historias falsas, hasta que se dio cuenta de su error y dejó de hacerlo; pero entonces la prensa se tomó la libertad de continuar con la costumbre. De modo que no hay manera de acercarse a la verdad sobre Michael Jackson, y no sólo por el exceso de imaginación de los tabloides: porque nadie nunca estuvo en un lugar así, no hay nadie, no hubo nadie como Michael Jackson, nadie con ese tipo de fama y ese tipo de desdicha. Actuaba desde los 5 años, y en los ensayos de los Jackson Five vomitaba cuando escuchaba que se aproximaba su padre Joe, tanto le temía –a su disciplina, a sus golpes y a su cinturón–. Pero en 2003, cuando quiso mostrar a los fans que esperaban en una calle de Berlín a su hijo más pequeño (Prince Michael II, apodado Blanket, Manta), sacó al bebé por la ventana y casi lo dejó caer. Admitía que sus hijos –Prince Michael I y Paris– jamás podrían tener una vida normal, y los paseaba por hoteles y zoológicos con perturbadoras máscaras estilo carnaval veneciano, pequeños fantasmas junto al padre de piel blanca y risita infantil.

Para su obsesión con la niñez construyó el enorme rancho de Neverland, por un costo de 17 millones de dólares: entre jirafas y carruseles ocurrieron los supuestos abusos, el último, por el que fue a juicio, a un niño sobreviviente de cáncer llamado Gavin. Junto a ese chico aparece en Living with Michael Jackson, el documental del periodista Martin Bashir que puede verse como una película de terror protagonizada por un hombre perturbado: da miedo su forma de comprar horribles urnas en un shopping de Las Vegas, da miedo su mirada perdida cuando la prensa europea dice que es un mal padre, dan miedo sus cambios de voz cuando se pone nervioso, da miedo la forma en que niega tener más de dos cirugías estéticas (“¡es la pubertad, mi rostro cambió!” le dice al periodista), dan miedo los maniquíes con los que convivía, da miedo su soledad y su trastorno, porque parece demostrar que el sueño del Cielo en la Tierra (el dinero, el amor de los fans, la capacidad de cumplir con cualquier deseo material, el talento gigantesco, el arte como refugio) no sirven de nada si el alma cae en la noche oscura y se crea su propio infierno de nunca jamás.

lunes, 29 de junio de 2009

MICHAEL JACKSON_El genio que criaba ratas



El artista emergió a la fama mundial tras una tortuosa infancia musical

DIEGO A. MANRIQUE 28/06/2009

Es apenas una nota a pie de página en la crónica del rhythm and blues de Los Ángeles: en los años cuarenta, apareció allí un grupo musical procedente de Gary, Estado de Indiana. Se hacían llamar los Jackson Brothers y, efectivamente, eran hermanos y se apellidaban Jackson. Tenían energía y fueron fichados por una sucursal de RCA. Se esperaban grandes cosas de los Jackson Brothers, pero un arresto por posesión de marihuana descarriló su carrera. Entonces, como ahora, las leyes contra las drogas servían como instrumento de control social sobre las minorías incordiantes.

Dudo que Michael Jackson y su familia conocieran ese desdichado precedente. Pero eran muy conscientes de que la escalera hacia el éxito se presta a los resbalones. Habían sobrevivido al rudo circuito para proletarios negros, en cuyos escenarios alternaban con strippers: Gary funcionaba como suburbio de Chicago y la mafia tenía esos caprichos. Tras pasar infructuosamente por un sello diminuto, llegaron a Motown, primera división del pop negro. Quizás no les tomaron muy en serio: la prueba tuvo lugar en una fiesta al aire libre, junto a la piscina de Barry Gordy, capo de la compañía. El cazatalentos fue Bobby Taylor, un empleado veterano no perteneciente al sancta sanctorum: tras un año de trabajar con los hermanos, le desplazó un equipo de composición y producción más moderno, con el intimidante nombre de The Corporation.

Los Jackson fueron fichados justo cuando la compañía planeaba levantar el campamento: Berry Gordy abandonaba Detroit por Los Ángeles, un trauma que dejó colgados a muchos históricos de la discográfica y acabó con su cacareado espíritu familiar. Sin lealtades previas, los Jackson aceptaron trasladarse a California. Al año siguiente, tomaban por asalto las listas: ¡cuatro números uno en 1970! Revivían así un olvidado lema de Motown: "el sonido de la joven América". De hecho, rejuvenecieron el perfil de los compradores: solían ser niños, menores de edad en todo caso. El exuberante interludio de ABC explica su magnetismo, con un imperioso Michael gritando: "¡Siéntate, chica! / Creo que te amo / ¡No, levántate, chica! / ¡Enséñame lo que puedes hacer!". Se refería a bailar pero la imaginación juvenil es calenturienta.

De rebote, habían establecido el prototipo de grupo para adolescentes: hasta los Osmonds quinteto de pálidos mormones cantarines- les imitarían en su One bad apple. Curioso que alguien tan astuto como Berry Gordy no apreciara aquel filón. Implicado emocionalmente con Diana Ross, consagraba sus energías a transformarla en superestrella para adultos, con películas tramposas como El ocaso de una estrella. Los Jackson 5 daban más beneficios pero quedaban relegados en términos de dedicación creativa e inversión comercial.

Como casi todas las figuras de Motown, sufrían un contrato miserable: un porcentaje del 6%; cada miembro recibía medio centavo por single vendido o dos centavos por elepé. De las royalties se descontaban los gastos de producción, con lo que andaban siempre en números rojos: registraron 469 canciones, de las que se editaron 175, pero pagaron por todas. Romper con Motown era necesidad económica y urgencia personal. Michael editaba discos bajo su nombre desde 1971, sin input en el producto final. Aunque nunca protestó por su grabación más embarazosa, Ben (1972), canción de amor de un niño a su mascota: una rata. El propio Michael criaba ratas.

Motown les exprimió: se cobró 354.000 euros en deudas y el derecho al nombre The Jackson 5. Hasta rompió la formación: Jermaine Jackson, casado con una hija de Gordy, se quedó en Motown y fue reemplazado por Randy. Pero valió la pena: en 1976, CBS les dio 531.000 euros como fichaje, aparte de 354.000 para grabar cada álbum y un porcentaje de entre el 27 y el 30%, según ventas. CBS era la principal compañía en rock y, en 1972, había encargado un estudio a la Harvard Business School, sobre las perspectivas comerciales del soul. Harvard recomendó que se asociaran con sellos negros y así se hizo.

Rebautizados como The Jacksons, terminaron con Kenny Gamble y Leon Huff, luminarias del suntuoso "sonido de Filadelfia". Dos discos con ese equipo les devolvieron a las listas y les permitieron, ya en 1978, el lujo máximo: la autoproducción. Con Destiny, los hermanos demostraron su dominio de las baladas y los llenapistas (del calibre de Blame it on the boogie o Shake your body). Simultáneamente, Michael maquinaba resucitar su carrera en solitario. Fue lo bastante prudente para ponerse a las órdenes de Quincy Jones: el mundo adulto no se fiaba de aquel veinteañero socialmente virgen. Tim White, uno de los raros periodistas musicales que pudieron entrevistarle, le pilló durante el rodaje de El mago. Quedaron en un restaurante francés de Nueva York, donde el chico se mostró tan desconcertado por el menú como por la cubertería; terminó comiendo con las manos.

A partir de Off the wall (1979), la historia de Michael es patrimonio de la humanidad. Se suele acentuar la aportación de Quincy Jones pero conviene afinar. Las maquetas demuestran que Michael ya manejaba el concepto global: ecos de la disco music, soul vibrante, funk impecable, pop empalagoso, gotitas de rock, hasta algún exotismo (Wanna be startin' something plagiaba Soul makossa, del camerunés Manu Dibango). Para todos los públicos y empaquetado con el perfeccionismo de los estudios californianos, sin reparar en gastos: si BAD requería unas frases de Hammond B3, se convocaba al organista supremo, Jimmy Smith.

En la jerga musical, la jugada de Michael se llama crossover: el salto del mercado especializado al gran público. No fue tan suave como parece: CBS necesitó presionar seriamente a la cadena MTV, que vetaba los videos de artistas negros. El proceso pasó por momentos delicados, cuando el público comprobó que Michael diluía sus rasgos raciales. Había mucho de hipocresía: en los barrios negros son populares los ungüentos para decolorarse la piel o cambiar la textura del cabello. Michael dio un paso más allá, al someterse a la cirugía facial. Fue su gran gesto de libertad: rompía el mandamiento que te obliga a quedarte en el grupo racial o sexual que te tocó en la lotería genética