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lunes, 5 de diciembre de 2011

EL INDIO SOLARI TOCO NUEVAMENTE EN TANDIL.



Acompañado por los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, el ex Redonditos de Ricota volvió a presentar su tercer disco solista, El perfume de la tempestad. Pero hubo tiempo y espacio para recrear viejos hits, desde “Juguetes perdidos” hasta “Jijiji”.

Por Matías Córdoba

Tandil se ha transformado en un bastión de la resistencia ricotera: un lugar perfecto para la peregrinación de los fieles por todo el país. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota habían hecho de la ciudad su patria chica, y el Indio Solari con sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado llegaron para confirmar el romance.
Solari llegó nuevamente (ya había tocado en noviembre del año pasado) para seguir presentado su tercer disco solista, El perfume de la tempestad, una obra oscura, redonda y mucho más pesada en cuanto a lírica y sonido. Pero que, definitivamente, entrega un puñado de himnos para recitales: “A los botes”, “Satelital” y “Ceremonia durante la tormenta”, de los que el público se apropió como grandes y viejas gemas de Los Redondos. Fueron 80 mil personas las que coparon el Hipódromo Municipal de Tandil.
La multitud emprende viajes a cualquier sitio para ir a ver a su líder, para acompañarlo y mostrarle un cariño de años. En Tandil se percibía cierta militancia (una bandera desplegada en el campo dice: “Militancia ricotera”). En entrevistas previas al recital, Solari dejó en claro que no se iban a vender más de ochenta mil entradas. Un número considerable si se tiene en cuenta que, como él mismo insiste, todo se construye desde la periferia y lejos del circuito oficial. Pero, como su público, todo tiene que ver con la eterna militancia en ese concepto denominado “cultura rock”.
La consigna “Esta fiesta sin bengalas” y una foto de Walter Bulacio se proyectaban permanentemente en las pantallas de todo el predio. Y empezó un recital plagado de guiños a la producción solista del artista nacido en Entre Ríos. Los primeros versos ricoteros fueron “Superlógico” y “Fusilados por la cruz roja”, dos bastante añejos, pero interpretados con una dedicación y ensayo de casi dos meses. La voz se escuchó lejana y, a 50 minutos de iniciado el show, el Indio decidió parar: “Vamos a descansar unos minutos porque me parece que no llego al final”. Todos se rieron, parecía un chiste, pero fue un problema subsanado paso a paso, canción a canción, mediante la ayuda de los coros de sus guitarristas Baltasar Comotto, Gaspar Banegas y la corista Deborah Dixon.
“Quiero dedicarle este recital a mi hijo Bruno, hoy es su cumpleaños”, se permitió brindar Solari, en la primera mención que hizo de su hijo en un recital. Allí llegaron “El tesoro de los inocentes”, y el tándem inoxidable “Nadie es perfecto” y “Ñam fi fruli fali fru”. Tampoco el ex cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota había presentado en vivo a los miembros de su banda. Nunca había mencionado, al menos sobre un escenario, el nombre de cada uno de ellos. Hasta el sábado.
Es que estaban haciendo un muy buen recital. Sobre todo Baltasar Comotto, un gran guitarrista de rock (que también forma parte de la banda de Luis Alberto Spinetta) encargado de algunos solos y de ponerse el equipo al hombro. Junto a Gaspar Banegas (“el guitarrista cool de la banda”, lo presentó Solari), conforman un dúo de guitarristas sólido, salvaje y exquisito a la vez dentro de un grupo que suena ajustado, sin un solo error y con largas horas de ensayo.
No faltó el tridente más esperado por todos: “Un ángel para tu soledad”, “Juguetes perdidos” y “Jijiji”. Esas canciones que mueven montañas y hacen “temblar ciudades”, como repitió el Indio ya sobre el final y con muchos corriendo hacia la terminal de ómnibus. “Por esto vinimos a Tandil”, gritaba un fanático. Y es cierto. Ahora habrá que esperar a noviembre o diciembre de 2012 para nuevas noticias desde Luzbola.

sábado, 4 de diciembre de 2010

ENTREVISTA DE MARIO PERGOLINI AL INDIO SOLARI EN CUAL ES?








“La estampita de la banda era yo”

Después de dos años de silencio, el Indio Solari salió el martes pasado a contar en la Rock & Pop cómo será su próximo disco El perfume de la tempestad: habló de la muerte de Néstor Kirchner y se refirió a su legado (“por fin tenemos un gobierno con cojones”), reflexionó sobre la situación de Gustavo Cerati y denunció la “traición” de la Negra Poli y Skay. Aqui publicamos casi toda la jugosa y profunda conversación que tuvo Solari con Pergolini, en la casa del conductor radial.









Por Mario Pergolini

–Siento que voy a hablar con alguien que excede la importancia que yo le voy a dar, es como ver a un soberano, viste que los soberanos generan cierta cosa. Es como ver a un soberano (...).

–Depende mucho de la inaccesibilidad, tiene que ver con eso.

–¿Te sentís inaccesible? ¿Sos inaccesible?

–Soy fóbico, que son dos cosas diferentes. Inaccesible es alguien que voluntariamente se oculta a estar expuesto al cariño de la gente, al odio de la gente, a todas las emociones. La fobia es otra cosa, es algo más poderoso que uno. Uno hace lo que buenamente puede.

–¿Pero hiciste algo? ¿Fuiste a un especialista de fobias?

–No, no creo en esas cosas. Para mí la psicología es como a lo que me dedico yo, tiene las mismas razones científicas.

–¿Entonces creés que tu fobia no la puede curar nadie más que vos, si es que hay que curarla?

–La curo evitando las situaciones que me ponen desagradablemente fóbico. Por ejemplo tengo claustrofobia, me he tenido que bajar de aviones para ir a tocar, o yendo a las afueras de Londres tuve que bajarme de un colectivo con una lluvia terrible, abandonar a mi mujer. Fue terrible. Me miraban por la ventanilla porque la lluvia seguía cayendo, y de pedo conseguí un taxi que me llevara a Londres.

–No era una cuestión de espacio...

–No, era cerrado. Viste que allá en Londres los autobuses son herméticos, viste que a mí me gustan los que abrís la ventanilla y escupís para afuera (...)

–Lo otro que siento es que el Indio pone distancia todo el tiempo, pero hay un momento en que no pone más distancia.

–No soy muy prolífico, hace dos años que no hago nada. Entonces hace dos años que no hablo. De la única manera que se justifica que alguien que hace canciones, que se supone que expresan sus emociones a través de ese vehículo, me parece que no tiene mucho más que decir. Quiero decir tanto a través de las canciones que me cuesta después ampliar el campo posible de lo que ya está dicho, y lo hago simplemente para confirmar y avisar que tengo un trabajo nuevo rotando por ahí. Pero en definitiva no soy muy amigo..., no soy un tipo de silencio cuando estoy con gente. Me los guardo para cuando estoy solo. Creo que los silencios incomodan un poco a los demás, pueden dar un poco de miedo; la gente termina creyendo que estás pensando en cosas profundas y en realidad está picándote el culo. Lo único que pasa es que cuando uno está callado no sabe qué decir. Hablo cuando hay un trabajo para hacerlo, y como decís vos, hace dos años que...

–Es raro. Hay un montón de gente que lo toma como palabra a escuchar, no en vano uno mete 80 mil personas, no en vano las remeras hablan, no en vano hay grafittis con frases que escribiste a lo mejor rascándote el culo, y pasó a ser una prioridad para la vida de otro. Qué loco escuchar que el tipo que yo escucho, dice que no tiene cosas para decir.

–No tengo cosas para decir en otros términos. No es que esté a disgusto con lo que hago, creo que hago buenas canciones, creo eso sí.

–¿Trabajás a la hora de componer?

–En realidad me despierto temprano para jugar. Luzbulo es un playroom y Luzbola es el lugar donde se materializa lo que pasa en el juego de todas las mañanas. He cambiado de hábitos hace unos años, me despierto muy temprano...

–¿Cómo eran los hábitos de antes?

–Eran todos a la noche. Era esa especie de inercia de la bohemia. Me fui a vivir a Leloir, nos despertábamos a las 5 de la tarde, con Virginia, nos pasábamos toda la noche jugando al pool y bebiendo. Pero era ridículo: un día le dije “nos vinimos acá para disfrutar y los pajaritos nos joden”. Y bueno, un buen día, la llegada de Bruno emprolija la vida. Hay otros horarios que respetar y de pronto también aparece la edad: soy un artista añoso, estás más sujeto a la biología, hay caravanas que cuestan mucho.

–¿Te sentís añoso en el escenario?

–No me doy cuenta, pero los demás se pueden dar cuenta.

–Creo que no. Tenés una imagen muy idílica, aunque ahora hay grandes pantallas en HD.

–Los acercamientos siempre ayudan...

–Pero la gente tiene esa imagen idílica.

–Es la única imagen que hay, pero circulan más imágenes de las que quisiera. Hay algunas muy íntimas que son reveladas, hay recitales enteros de Racing dando vueltas por ahí...

–Adonde me lleves yo voy...

–No tengo ningún tabú a priori, en todo caso cuando no quiero hablar de algo, te diré.

–¿Quién abrió la puerta?

–(...) Yo salgo a contestar dos años más tarde cosas que escucho. No tengo mucho interés en seguir vinculado a eso. En definitiva termino contestando las cosas que se dicen mientras uno está callado. Estamos hablando de los videos, de lo que quedó atrapado y salió a la luz y se terminaron viendo.

–Hubo gran discusión y salió.

–Yo creo que Poli no tiene mucha idea de lo que es Internet, porque ella dice que hace siete años estaban los videos en el Parque Rivadavia. Si hubieran estado hace siete años en el Parque Rivadavia ya estarían desde antes en Internet. Dicen que estaban guardados en una caja de seguridad. Por supuesto, en una caja de seguridad de ellos...

–¿Es así: ellos y nosotros?

–Hay algo que no se terminó de entender: hubo una jauría de críticas que vinieron a decir que estábamos peleados por intereses económicos, independientemente de que yo no reniego de ellos. Yo no reniego de mis intereses económicos, pero yo estoy atrás de la custodia artística de eso. Como no hemos quedado en buenos términos, vos sabés lo que es la edición. Sabés que si hago una secuencia de muchos partidos y pongo todas las chilenas tuyas y los túneles que me hacen a mí, a mí trajes de luces no. Entonces a mí me va bien, gano bien, más allá de los anhelos, que salgan gratuitamente, es lo que menos me jode. Pero que salga como yo quiero.













–¿Cómo vos querés, entonces, no es como “queremos todos”?

–Que salgan como yo quiero, claro... Se hubieran dedicado antes a la producción.

–¿Es tan importante, hay tantos caños?

–Son todos los recuerdos de los shows de los Redondos más importantes, y de pronto lo que hay detrás de todo eso es una cosa que se puede decir, que se puede denominar con una palabra muy seria que es traición. Entonces estamos hablando de una palabra que te arruina todo el pasado, porque la traición tiene el poder de arruinar el pasado, porque no sabés cuándo dejaron de ser tus amigos, cuándo empezaron a pensar en vos de otra manera. Yo esto que estoy diciendo ahora lo digo para no alentar expectativas de que hay reuniones posibles. Y aclarar algunas cosas que escucho por ahí, que han sido dichas cuando yo estaba en silencio, que fue lo mismo que pasó la vez pasada cuando publiqué la carta abierta, cuando alguien dijo que yo me quería apropiar de la banda, y yo no tenía ninguna necesidad, porque la estampita de la banda era yo. También quiero aclarar otra cosa, el que dijo el cierre más claro de todo esto fue Semilla en un reportaje. Él dijo que si nos agarraba a Skay y a mí, Patricio Rey nos cagaba a patadas en el culo. Creo que es el que acertó con la frase indicada sobre cómo terminó todo (...).

–Creo que vos no pensás en el espacio donde van los compacts.

–El álbum lo sacan y lo dejan arriba del equipo... De todos modos, la sabiduría de la multitud es espantosa. El maoísmo digital que hay en este momento es medio raro, de cualquier manera ayuda para saber que todo es una convención y todas las verdades son transitorias, están más dadas a entender esas verdades.

–Las cosas que escuchabas sobre el disco, que decían que iba a ser doble, o que había un disco con Andrés Calamaro, ¿se iban acercando a la realidad?

–No, no en absoluto. Lo que hay es una charla que tuvimos con Andrés en un momento, que tenía ganas de hacer un show para recorrer con él en una bandita en lugares con otra magnitud.

–¿Dos tipos que convocan 80 mil personas...?

–Pensábamos en tocar The replacements, Rain de The Beatles, quería tomarme el trabajo de traducirlos al castellano, pero creo que no me iban a dar los derechos para Argentina. Rain iba bien con el resto de las canciones que había elegido, había temas de The Who. Eran todos rocks bastante crudos, bajo y dos violas, una rítmica, y otra para que juegue. Yo juego con las texturas, pero tiene que haber un corazón de guitarra. (...)

–¿Cuánto tiempo demoró el disco?

–Las maquetas las hago solo. Después ya lo tenemos con Hernán en el estudio, quedan como las bases, sobre lo cual se va a ir construyendo el disco. Después se cambian las baterías, y a partir de ahí, el mismo tempo, algunas cosas que quedan hasta el final, alguna guitarra también siempre queda, por esa maravilla que tienen algunos guitarristas de reconocer que vos sos el único capaz de hacer ese chasquido o ese rasguido, que ellos por más que son más que excelentes guitarristas no pueden tocar. No soy de anotar, no sé cómo llegué a este sonido, y después una vez todos los leit motifs arpegiados básicos. Los guitarristas tienen varios tracks libres para improvisar, son todos arreglos.

–¿Por qué el primer tema es el primer tema?

–Uno está buscando siempre la emoción que emana, para este disco arrancamos de 40 maquetas. Siempre quedan un montón de temas que no progresan de la misma manera, y son escupidos rápidamente. Hay varios temas de este álbum que fueron en algún momento, corrieron con esa suerte. Son maquetas abandonadas que de pronto cuando les volvés a poner el ojo ves algo que no está bueno, o algo que no era la mejor, o que había una textura que no pudiste reproducir y tal vez más adelante sí la podés hacer. La cultura rock le acercó a esto no sólo la parte compositiva de acordes o melodías, sino de textura, sobre todo hoy en día suenan in the face o la textura a la banda más básica. Hay un montón de tropiezos que le dan un carácter diferente, creo que le llaman electrorrock o algo así. No soy muy seguidor de las corrientes.

–¿Cómo se llama el primer tema?

–¡Todos a los botes!

–El disco tiene 12 temas, el arte de tapa viene con relieve, El perfume de la tempestad es lo primero que se lee, es la letra cursiva de un diario, de una bitácora.




















–Es un viaje de Porco Rex a la tormenta.

(...)

–Alguien me dijo haces muy buenos discos teniendo en cuenta la gente que lo escucha.

–No creo que sea así. Lo que creo es que uno abreva para un show de Estadio, por llamarlo de alguna manera. Cuando me sirvo de alguno de los temas de Los Redondos, que no hay un puto tema que no sea mío, hay dos o tres o cuatro temas para estadio por disco, y los demás temas son mid tempo, slow tempo. Uno se sirve de una discografía larga. Hay dos o tres, Flight..., o ahora qué sé yo, y otros donde uno quiere jugar más musicalmente. Quizá son un poco más complejos, pero en realidad da para el meloneo. Creo que funcionan todos de la misma manera.

–¿Cinco shows son muchos?

–Son cinco. No puedo agregar más porque es una producción independiente.

–Vos sos independiente como..

–Te voy a explicar por qué no es así. De movida yo hago una inversión de dinero en la puesta. Si en vez de la gente que creemos que va ir, va otra yo estoy en la quiebra.

–Vos apostás a lo grande.

–Yo... Bueno, me olvidé... estoy sin dormir. Es que en realidad no sé, los temas que son movilizantes.

–Pero este disco no suena a Oktubre, es como tener dos bandas diferentes en el escenario.

–Cuando tocamos temas de Los Redondos son temas más llanos, bajo, guitarra, batería.

–¿Te gusta cantarlos?

–Sí, sí, a mí hay palabras que me suenan para la mierda, como trayectoria o qué sé yo. ... como hacen McCartney o los Stones, que hacen un disco y presentan cinco temas del disco. No voy a presentar El tesoro... El perfume de la tempestad completo. Entiendo que hay una dinámica en los estadios que precisan no tanto slow tempo o mid tempo, sino estar al taco.

–Alguien me contó que llegó hasta adelante en el show de Tandil y te gritó: “¡Indio estás más contento! ¿Qué te pasa?”.

–Hay una tormenta acechando en todas las imágenes. Para mí es ominosa, a mí me sorprenden en estas cosas. Incluso en los directos, porque tuve una noche de mierda en el show, el monitoreo no estaba presente. Fue una de esas noches en que de pronto le hacés una seña al monitorista...

–¿...al ex monitorista?

–Sí, al ex monitorista... y te sube otro canal que no es el que querés que te suba, entonces la gente presupone de vos cosas...

–¿Te gusta el personaje que la gente tiene representado, la imagen que terminó representando la masa colectiva?

–Me gusta mientras esté en esa dimensión que no llega a mi intimidad. Cuando tenés que hacerte cargo del cariño de miles, aparecen estas fobias, que en realidad son en defensa propia. Se me hace difícil entender que uno tenga que hacerse cargo del cariño de miles. Es así, entonces. Es tan variopinta la imagen que hay de uno, por más que hay como un núcleo descripto. De pronto viste cómo es la jauría de Internet, que siempre hay alguno que te dice “puto, puto”.

–Fontanarrosa dice que se dio cuenta de que era famoso cuando le gritaron “puto” en Rosario.

–No me jode porque es bastante respetuosa la imagen, la que sobrenada, la tratan con mucho respeto. (...)

–¿Seguís no creyendo en Dios?

–(...) Creo que creer implica ese temor, ese miedo a la muerte, a no ser, a no ser nunca más. El yo que somos y que nos habita quiere seguir siendo. No creo que haya una conciencia personal después de la muerte. Una conciencia individual después de la muerte no creo que haya. Sigo sin creer porque es un amparo tener un dogma que te resuelva la vida, pero yo creo en lo que creo, y no creo en lo que no creo. (...)










–Me decías que te gustaba experimentar con todos los géneros, y que el rock es un género muy chiquito...

–...dicho así parece que uno tuviera una mirada despreciativa sobre el rock. Lo que digo es que en el blues te salís de tres acordes y te sacás del género. El rock and roll es un poco más abierto pero después está la cultura rock, que son los David Bowie, los Peter Gabriel. Hay infinidad de tipos que han ampliado el campo posible del rock and roll haciendo intervenir texturas que son de la música hindú, electrónica...

–Pero el rock del país sos vos... El género en el cuál se basa una larga generación, es un género que todo lo que se escucha por debajo de lo que hacés parece que fuera una copia.

–No sé si es así, porque nunca me reconozco en los que me dicen. Me hablaban de Pier y no me reconozco en eso. La mirada de los demás es mucho más esclarecedora que la mía, porque estoy inmerso en lo que hago. La cultura rock permitió que uno incorporara texturas y sonidos a la base de rock que me sigue interesando, que el dominio esté en las guitarras, batería y bajo. Pero hay incluidos en esa textura sonidos de cuerdas, de brass, simplemente como apoyaturas o landscapes. Son escenografías musicales, es lo que me gusta hacer. No sé hacer otra cosa que lo que me gusta. (...)

–Como están los medios, como está la discusión en un momento en que volvieron a tocarse temas que habían dejado de plantearse, estoy hablando concretamente de la movilización que produce el gobierno, de los que los odian y una generación reivindicada en cosas que tendrían que haberse hecho antes, muchos programas que manipulan demasiado a través de la repetición y las cosas, me sorprendió cuando le mandaste la carta a la Presidenta. No creo que vos comas vidrio. Sabes que cuando decís semejante cosa llega...

–Dejame que te explique desde dónde voy a opinar. Voy a hablar desde el “artista”, que como “trayectoria” son palabras que a mí me quedan grandes a veces. Yo no creo que haya una ideología que solucione los problemas políticos para siempre. De ahí que mi motor básico es político pero de ideales, no de ideologías, no soy iísta de nadie. Soy un individualista impenitente que ha sido defraudado más de una vez. Desde ahí puedo decir cosas de este gobierno, que por primera vez encuentro un gobierno que tiene los cojones de disputarles a todas las corporaciones al mismo tiempo, donde me gusta ver a una Presidenta que puede hablar en las Naciones Unidas o en la Organización de Estados Americanos sin leer un discurso, que no dice disparates, es una sensación de ciudadano.

–No comés vidrio, sabés que lo que decís repercute.

–Yo creo ser parte de una especie de fantasma que anda dando vuelta, que tiene que ver con el hecho de que en el ambiente político creen que uno puede arrastrar a las 90 mil personas -que van a verlo a Tandil-, caprichosamente hacia una ideología. De todos los reportajes que tengo que hacer ahora hay tres interviews que están pedidas por políticos o gente de actividad política, yo creo que viene de esa sensación.

–¿Te molesta?

–No me doy cuenta porque yo miro a Beto Casella a las 8, después veo una película...

–Vas a tener un mal referente de lo que está pasando.

–Veo esa fauna monstruosa, y lo veo mientras pico algo, y me tomo un martini. Es muy loco lo que pasa, lo que hace la gente. Es para tomarse un martini, picando unos quesitos, y a las 10 veo una película.

–Entonces no te afecta demasiado.

–No estoy muy pendiente de eso. Me doy cuenta cuando pasan estos eventos y recibo los mails de distintos sectores políticos que quieren ver si hay alguna cercanía. No en todos los casos tienen la misma intención, pero no sé manejarme. Mirá, vine hablando con Aníbal Fernández, y yo (...) le explicaba a Aníbal que cuando uno no tiene acceso a la intimidad de alguien vos no te podés emocionar por la simple pérdida de esa persona. Lo que vi es esa magnitud de jóvenes otra vez involucrados en no dejar el poder en manos de los corruptos, o aquellas corporaciones que vienen manteniendo el estado de las cosas desde siempre y me conmovió realmente. Fue bastante escueto, una sincera tristeza. Es lo único que podíamos manifestar, pero siempre me gusta hablar desde un lugar para que no se crea que uno es oficialista, o antioficialista. No tengo ese motor porque he sido defraudado desde muy joven, como ciudadano. Veo lo que pasa, lo que ha pasado con los derechos humanos y todo eso es favorable a mi opinión. No creo que haya una ideología que resuelva los problemas políticos para siempre, respeto al artista que es militante, pero no es mi caso. Mi caso pasa por otro lado, yo soy un hombre de izquierdas, la nueva izquierda, de la política del éxtasis del turn on, tune in and drop out, no de la política gerontocrática de la izquierda. Fuera de la nueva izquierda de los Estados Unidos de los ‘60, la izquierda es de la época de la máquina de vapor. Creo que un artista tiene que mudar de dogma permanentemente y tener ideales. La política del éxtasis trataba de transformar la especie, no la sociedad, de cambiar el ser humano que es diáfano, honesto (...). Hablo desde ahí, que hay ciertas noticias de lo que está pasando que me son gratas.

(...)

–Cuando diseñas el arte del disco, pensás que todavía existe el que se sienta a escuchar el disco, lo pone, lo abre...

–En realidad en el caso mío la gente lee las letras y observa las ilustraciones. Los he convencido de que hay una unidad en lo que hago que es extraña en esta época de digitalización donde el hit es lo que se baja. Yo me quedé en la etapa donde había una idea general, una emoción general que representar desde distintos lugares, desde la música, desde la lírica (...). Soy un tradicionalista de la molécula. Todavía estoy en la molécula y no en los bits. Creo que las bandas independientes que se autofinancian tendrían que pensar en lo que hacen. Uno invierte mucho dinero, mucho de su tiempo en hacer una producción que de pronto alegremente alguien baja. No estoy muy de acuerdo con este maoísmo digital. Hay esta especie de sabiduría pública, sobre todo porque no ha tocado a otros, a los músicos ha jodido, pero los dentistas, los abogados, viven de lo que invierten su dinero. (...) Soy muy tradicionalista. Tengo un vínculo de muchos años con la distribuidora que me interesa mantener. Porque yo también podría hacer lo mismo, venderlo por teléfono o a través de los shows, porque el disco está vendido. Pero me gusta respetar los contratos emotivos que tengo con la gente a través del tiempo. Mientras pueda hacerlo, mientras sea interesante seguir manteniendo la molécula, lo haré. El bit me interesa pero no sé cómo abarcarlo, no me gusta la atomización. Tengo la inercia del artista añoso, del concepto,

–El artista añoso hace siempre lo mismo.

–Pero tengo la edad que tengo. También el jovato coquetea con la modernidad y de pronto le sale para la mierda. No pasa por ahí, pasa por el hecho de que creo todavía que hay una unidad emotiva que me parece que es más importante que simplemente sacar el hit, que es lo que te gusta rítmicamente o que está en circulación dirigida o rotación intensiva. (...)

–Aunque sos de izquierda no sos latinoamericanizado, musicalmente parecés más un capitalista.

–Tiene que ver en lo que uno se formó. Me formé en la cultura rock cuando acá prácticamente no existía. Mis héroes son Los Beatles, Stones, Frank Zappa, Jethro Tull. Puedo hablar de Arcade Fire, de Blonde Readhead, de todas las épocas, pero no soy del rock nacional. (...) La gente cree que disfruto mucho al componer las letras. Pero yo disfruto mucho de la música que apretás el acorde y te lleva por ese lado. Yo hago una sanata de la melodía de la canción y después tengo adecuar cosas que quiero decir al fraseo. (...)

–¿Cómo te pegó lo de Cerati?

–Yo nunca vi esa especie de rivalidad que cantaban. Para mí no existió, porque en definitiva él tenía un carácter más glamoroso, más fashion y yo más crítico, más ácido y eso quizás haya separado los públicos, probablemente. De pronto no sentí nunca esa rivalidad y lo que decía en la Rolling Stone es que esa rivalidad, de haber existido, me enaltece porque es uno de los músicos más importantes que ha habido acá. A mí me gusta mucho más la etapa de solista de Gustavo Cerati que la etapa de Soda, que fue muy exitosa, por más que no llenara estadios solo y con Soda hizo siete. Me parecía más aventurero el Cerati de las últimas etapas. (...)









lunes, 15 de noviembre de 2010

EL INDIO SOLARI EN TANDIL: UN SHOW IMPACTANTE ANTE 80 MIL PERSONAS.



Tandil se rindió al Indio

Con una puesta impecable y un sonido poderoso, el ex cantante de Patricio Rey recalentó el hipódromo con un concierto en el que los temas propios y los clásicos ricoteros tuvieron el plus de un par de inéditos y covers inesperados de Manal y Pescado Rabioso.



Por María Daniela Yaccar


Tandil alberga a unos 123 mil habitantes. Los que la rockearon en la noche del sábado fueron más de 80 mil. Las cuentas dan una idea de lo que significó el único recital que el Indio Solari brindó este año: en el hipódromo local se juntó un número que representa al 65 por ciento del total de una ciudad. Hasta al Indio se lo notaba sorprendido. “No se puede creer”, repetía con insistencia, cuando se decidía a observar lo que ocurría detrás de sus anteojos negros. Era una auténtica misa india con hostias de ricota y momentos inesperados. Con sus palabras, el Indio respondía al gran interrogante que despierta su figura: ¿qué le pasa al artista que se define por el ostracismo acérrimo en su show más poblado?

Se sabe que la misa es pagana, pero los tandilenses lo ignoraron al caratular el fenómeno que el Indio desata por estos pagos cuando se presenta con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado: es “la segunda Semana Santa”. La mayoría de los fanáticos llegó el día del recital, desde la provincia de Buenos Aires. No obstante, el movimiento había comenzado entre el miércoles y el jueves. Todo estaba colmado. De hecho, la oficina de turismo derivaba a la gente a ciudades cercanas. El diariero de la terminal hacía de eso una lectura sociológica: “Los ricos y los pobres se juntan, porque están los que alquilan una cabaña por 500 pesos y los que duermen en la calle”.

Tal cantidad de visitantes –los había también de Bolivia, Chile y Uruguay– hizo estallar Tandil horas antes del recital. La ciudad volvía a recibir al músico después de dos años, cuando reunió a poco más 30 mil espectadores. En esta oportunidad, la ansiedad se combatió en la calle, con la música del Indio a todo volumen y el flameo de enormes banderas. Había decenas de puestos improvisados. Un comerciante piola sacó el parlante a la calle y así absorbió a un buen número de consumidores. Claro que cuando sonó “Ji ji ji” se armó el pogo en plena avenida. No el más grande del mundo, pero sí una postal de lo que vendría después, en una velada que sedujo sobre todo a un público joven, de menos de cuarenta (¿cuántos de los que estaban ahí habrán visto a Los Redondos?).

Lo que vendría después sería la confirmación de que el Indio es el icono del sentimiento ricotero, ya que cánticos y remeras remitían por sobre todo a la banda, pero también la reafirmación de lo que puede dar en tanto estrella de lujo. Lo acompañaron Sergio Colombo (saxo), Miguel Tallarita (trompeta), Hernán Alamberri (batería), Pablo Sbaraglia (teclado, coros y guitarras acústicas), Baltasar Comotto (guitarra), Gaspar Benegas (guitarra) y Marcelo Torres (bajo). Cuando todos pedían el regreso, el Indio respondía con su capacidad de generar estados de ánimo, de pasar de la euforia a la emotividad sin escalas, durante dos horas. Pareciera haber una fórmula matemática: el Indio conoce el momento justo para dar el cambio. Sabe cuándo actuar como ladrón de cerebros, cuándo apuntar al corazón, cuándo pedir el agite. La veta visible de esa fórmula está en la mixtura que suele aplicar en sus presentaciones: clásicos ricoteros y temas propios. Pero hubo novedades interesantes.

El factor sorpresa estuvo desde el inicio, poco antes de las 22. Con pantallas gigantes que proyectaban llamaradas, el Indio ofreció lo que nunca: un cover de “Jugo de tomate frío”, de Manal. No sería el único tema ajeno: más tarde sonó “Post-Crucifixión”, de Pescado Rabioso, en la que arrasó con su potencia vocal. Al primero lo ensambló con un inesperado inédito de Los Redondos, “Un tal Brigitte Bardot”; al segundo, con el clásico “Vamos las bandas”. Y se reservaría otro viejo inédito para descoserla más tarde: “El regreso de Mao”.

“Se vinieron unos cuantos hoy”, recalcó antes de dar paso a la inquietante “Ramas desnudas”. En ese momento cambió la dirección de los elogios del campo: el cantito comenzó a dirigirse a su entidad como solista. Se lo siguió ganando con ese retrato de obsesiones personales que es “Martinis y tafiroles”, también de Porco Rex. Llegó luego el primer pack ricotero, con clásicos de distintas etapas: “Noticias de ayer”, “Me matan limón”, “Rock para el negro Atila”, hasta el clímax con “Divina TV Führer”. Lo cierto es que el campo estallaba con los temas de Los Redondos, a los que el Indio antecedió más de una vez con un “vamos a cantar una que sepamos todos”. Y así brillaron “Un ángel para tu soledad”, “El arte del buen comer”, “El infierno está encantador esta noche”, “Juguetes perdidos” y “Fuegos de Oktubre”.

“Asistamos con cariño a los amigos que andan con enfermedades malas” –algunos en el campo gritaron “Gustavo Cerati”, pero él no aclaró de quién hablaba–, expresó luego de “Bebamos de las copas lindas”. Como teoriza el tema, “donde hay dolor habrá canciones”, y parte de esa atmósfera en la que la sensibilidad se agudiza la completaron “Vuelo a Sydney” y “Flight 956” (de Porco Rex), “El tesoro de los inocentes (Bingo fuel)” y “Pabellón séptimo” (de El tesoro...), dedicado a “amigos, primos y cuñados que están pasando por un lugar espantoso”. Otro tema regalado fue “Héroe del whisky”, para Enrique Symns, “un viejo amigo que antes me odiaba y ahora parece que me quiere”.

En una noche de varios “increíble”, la puesta en escena mereció varios elogios: la figura del Indio estuvo enmarcada por proyecciones que eran verdaderas obras de arte, que actuaban como escenografía, pero que también tenían efectos narrativos. En este aspecto, el show superó al de julio de 2008 en esta ciudad, también en las luces y en el sonido. En medio de esa estética poderosa se encontraba el Indio con su semblante firme. Su conmoción se filtraba en las frases que pronunciaba entre tema y tema. Primó el buen humor, salvo en dos oportunidades en las se quejó porque arrojaban objetos al escenario. El punto final, claro, fue “Ji ji ji”. A la medianoche, la frase se seguía repitiendo: “No puedo creer lo que fue este recital”. Todos bien contentos, aun sin noticias del regreso. Todos contentos con el Indio solista. Todos contentos, a pesar de una salida del hipódromo terriblemente lenta. Todos contentos por el cielo poblado de fuegos artificiales... y por el anuncio del siguiente show, el 26 de marzo en Salta. Otra fecha, otra misa.