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jueves, 29 de septiembre de 2011

DISCOS: MERCEDES SOSA Y LA REEDICION DE SEGUI CANTANDO.

La edición que acaba de lanzar Universal permite rastrear y reencontrar esos temas que la dictadura quiso borrar de la faz de la Tierra. Además, se compilan títulos que solo se habían lanzado en simple, hasta ahora material de coleccionistas.



Por Karina Micheletto

Quince temas grabados originalmente entre 1969 y 1980, convenientemente rastreados, compilados y restaurados sonoramente, completan las numerosas ediciones que actualizaron la obra de Mercedes Sosa después de su muerte. Son estas Canciones censuradas e inéditas que rescata el CD Y seguí cantando, recientemente publicadas por Universal como volumen inaugural de Mercedes Sosa Edición Definitiva, una colección que viene a completar la discografía oficial de la cantora en la Argentina.
Con curadoría a cargo del periodista de Página/12 Diego Fischerman, esta edición agrupa aquellas canciones que fueron borradas de las ediciones nacionales originales de dos larga duración: Serenata para la tierra de uno (1979), registrado en México, y A quién doy, de 1980, que en la edición argentina tuvo tres temas tachados del repertorio original: “Sueño con serpientes”, de Silvio Rodríguez; “Fuego en Anymaná”, de Tejada e Isella, y “Gente humilde”, de Garoto, Vinicius de Moraes y Chico Buarque. Del primer disco fueron prohibidos en la edición local otro tema de Tejada e Isella, “Canción de las simples cosas”, “Como la cigarra”, de María Elena Walsh; “Como un pájaro libre”, de Glejer y Reaches –que luego Sosa volvería a grabar en 1983 en un disco que lleva ese nombre–, y “Ocio da terra”, de Chico Buarque y Milton Nascimento, que había sido originalmente publicado en un simple brasileño, en 1977.
Junto a estos temas que alguna vez fueron censurados en la Argentina, Y seguí cantando propone una serie de canciones que originalmente fueron grabadas en simples o dobles (discos de cuatro temas) y que nunca llegaron a la categoría de long play en la Argentina. Así suenan “Te recuerdo, Amanda”, de Víctor Jara; “Adiós a Belgrano”, de Félix Luna y Ariel Ramírez, que fue parte de la banda sonora de El santo de la espada, de Leopoldo Torre Nilson; “Canción de lejos”, de Tejada Gómez e Isella, y “San Vicente”, de Nascimento y Fernando Brant, entre otras obras que sólo fueron simples. “Niño de mañana”, de Félix Luna y Graciela Yuste; “Duerme mi tripón”, del venezolano Otilio Galíndez, y “La niñez”, de Chacho Muller, fueron publicados en 1975 en un doble que nunca fue reeditado en la Argentina, del que sólo trascendió “Duerme, negrita”.
A falta de cintas originales de los temas prohibidos por la última dictadura, se trabajó la restauración sonora de otras ediciones, mejorando el sonido sin alterar la estética original de los registros. La colección anuncia otras ediciones que incluirán las grabaciones de Sosa en dúo con Horacio Guarany y César Isella y otros temas todavía inéditos en CD. Universal ya había remasterizado los 35 álbumes que componen la discografía de la tucumana, y este nuevo emprendimiento apunta a completar un recorrido nodal para la música popular argentina, ofreciendo también aquello que sólo era accesible para los coleccionistas o los pacientes rastreadores de Internet, en mejorada calidad sonora.

jueves, 10 de febrero de 2011

EL SELLO UNIVERSAL REEDITO DOCE DISCOS IMPORTANTISIMOS MERCEDES SOSA




Desde Yo no canto por cantar, editado en 1965, hasta Corazón libre, publicado cuarenta años después, estos álbumes permiten ubicar el contexto y la evolución de la cantante tucumana, más allá de las canciones para compilados de “grandes éxitos”.






Por Diego Fischerman

Nadie duda de que martillarle un dedo al David de Miguel Angel significa un daño al patrimonio a la humanidad. Con el sonido, tan inasible, las cosas son, sin embargo, diferentes. No hay tipificación alguna acerca de lo que podría considerarse una lesión al patrimonio musical. A diferencia de lo que sucede con pinturas y esculturas, en el caso de las grabaciones hay cuestiones de derechos privados y, para peor, no siempre bien establecidos. El disco es un patrimonio cultural pero también un negocio y, en principio, todavía a nadie se le ocurrió, por ejemplo, que la destrucción de una cinta maestra –para la cual el derecho asiste a las compañías– podría tratarse de un delito. Y, mucho menos, que la mera reticencia a publicar determinados materiales sería un daño al patrimonio, tan perjudicial como el golpe a una escultura.

Mercedes Sosa fue una de las grandes artistas del último medio siglo. Entre 1961 y su muerte grabó más de cuarenta discos, gran parte de los cuales –el núcleo central de su carrera– fue publicada por Philips y, más adelante, en otros sellos subsidiarios de la misma multinacional (primero Polygram y luego Universal). Y aunque resulte increíble, salvo por dos o tres títulos y algunas antologías, ese formidable conjunto permanecía inédito en CD. La culpa –el daño al patrimonio– no era, por supuesto, exclusiva de la compañía. La última dictadura militar había censurado gran parte del material, había impedido en su momento la publicación de ciertos discos o algunas de sus canciones, y también había “sugerido” la conveniencia de la destrucción de los masters. En conclusión, la tarea aparentemente sencilla de restituir aquello que Sosa había grabado y tal como ella lo había hecho, resultaba ciclópea.

Finalmente, a fines del año pasado Universal comenzó el proyecto, que acaba de culminar con la edición de los últimos doce discos de un total de treinta y cinco que abarcan desde Yo no canto por cantar, editado en 1965, hasta Corazón libre, publicado exactamente cuarenta años después. Y lo primero que salta a la vista (o al oído) es casi una obviedad: el formato de cada disco, la elección de sus canciones, el tipo de arreglos, su estética musical y hasta la presentación gráfica implican una cierta unidad. No es lo mismo escuchar cuarenta grandes éxitos, mezclados de cualquier manera, que reencontrarse con un objeto como el que inaugura esta serie, con un dibujo de Carlos Alonso en la tapa, con una importante proporción de temas nuevos (y fundantes) de Tito Francia, Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana y Oscar Matus, y con una propuesta que llama la atención, todavía hoy, por su osadía y espíritu de renovación.

Las selecciones de “grandes éxitos”, que es la manera en que la música de Mercedes Sosa circuló durante casi tres décadas, generan una manera de escucha que, más allá de no permitir reconstruir contextos ni identificar momentos creativos en la vida del artista, deja inmensos agujeros. Todos escucharon “Alfonsina y el mar” o “Balderrama”. Pero pequeñas joyas como “Zamba azul” o “Mi canto es distancia”, ambas incluidas en Yo no canto por cantar, “Canción para un niño en la calle”, de Para cantarle a mi gente (1967), su versión de “Negrita Martina”, de Viglietti, perteneciente a Navidad con Mercedes Sosa (1970) o “Canción del centauro”, de El grito de la tierra (del mismo año), entre muchas otras olvidadas –o casi– durante años, resurgen ahora con todo su interés.

Como toda discografía extensa y rica en búsquedas y variedades, la de Sosa habilita varias listas de preferencias posibles, según quién sea el oyente. Y no se trata sólo de elecciones musicales o poéticas puras, sino que, en un caso de una artista tan imbricada con la vida política y con las resistencias, públicas o privadas, de varias generaciones de argentinos, resulta inevitable el eco que algunas de esas canciones tienen para cada uno. Pero hay discos de una contundencia, una homogeneidad y una belleza notables. En ese sentido, resultan imperdibles Yo no canto por cantar, desde ya, el hermoso Con sabor a Mercedes Sosa, dedicado a un repertorio tradicional, grabado en 1968 y en ese entonces bastante discutido, El grito de la tierra (allí están “La pomeña”, “Balada de marzo”, “Canción con todos” y “Desde el regreso”), el Homenaje a Violeta Parra (1971), el impecable Hasta la victoria, de 1972, donde no hay una sola canción que no merezca escucharse (“Balderrama”, “Campaña de palo”, “El violín de Becho”, “Juancito caminador” y “Plegaria a un labrador” son sólo algunas de ellas), Mercedes Sosa ’83 (“La maza”, “Un son para Portinari”, “Tonada de otoño”, “Unicornio”), el dolido Como un pájaro libre, grabado en el exilio, o el histórico Mercedes Sosa en Argentina, con el registro de sus conciertos en el Opera, en febrero de 1982.

El trabajo de remasterización llevado a cabo por Jorge “Portugués” Da Silva (que fue ingeniero de grabación de varios de estos discos) y Osvel Costa tiene numerosos méritos y algunos pocos desaciertos. Entre los primeros está el hecho de haber logrado corregir vicios de origen prácticamente insalvables, como la saturación de la voz en Mujeres argentinas, y conseguir que fuentes muy disímiles –en muchos casos debió recurrirse a discos de vinilo– sonaran parejas en el resultado final. Entre los segundos se cuenta la mezcla de “A quien doy”, que directamente desnaturaliza el arreglo, y el haber pasado por alto, de manera inexplicable, un salto de púa en la introducción de guitarra de “Canción para un niño en la calle”.

En cuanto a la concepción general de la colección, hubiera resultado deseable que los temas editados en discos simples y no incluidos en los larga duración originales hubieran sido introducidos, como bonus tracks, en los CD correspondientes a los mismos años de grabación. Y que en los casos en que la dictadura no permitió la edición de los discos tal como habían sido concebidos (que sí se realizaron en países como México) se hubiera optado por las versiones sin censura, incluyendo los otros temas como anexo. Por eso, sería recomendable que se encarara un disco más con todo lo faltante: “Te recuerdo Amanda” (de un simple de 1969, junto a “Gracias a la vida”), los dos simples junto a Horacio Guarany (“Si se calla el cantor” y “Guitarra de medianoche”, de 1973, y “Recital al cantor” y “Canoítas tristes”, del año siguiente), otro simple de 1974 con “Canción de lejos” y “Corazón”, un EP de 1975 (“Niño de mañana”, “Duerme mi tripón”, “La niñez” y “Drume negrito”), la canción “Adiós a Belgrano”, de la banda de sonido del film El santo de la espada, y, de 1977, “Cio da terra”, de Chico Buarque y Milton Nascimento, y “San Vicente”, de Milton.

Lo otro que permanece inédito son los temas censurados en Serenata para la tierra de uno (además de “Cio da terra”, la grabación de estudio de “Como la cigarra” y las primeras versiones de “Como un pájaro libre” y “Canción de las simples cosas”, ambas con arreglos de Nicolás Brizuela y Roberto Prais), y aquello que los dictadores no permitieron que se incluyera en la versión argentina de Como un pájaro libre: “Sueño con serpientes”, de Silvio Rodríguez; “Fuego en Anymaná”, de Isella y Tejada Gómez, y “Gente humilde de Garoto”, de Vinicius y Chico Buarque.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Mercedes Sosa: la cantora no se calla


Emocionante La Negra recibió post mortem el premio más importante de la noche. Su hijo, Fabián Matus, cuenta cómo le hubiera gustado a su madre estar en la fiesta. Y revela aspectos de su personalidad.


Francella, Pablo Rago, Julio Chávez, Cecilia Roth, Tití Fernández, Arnaldo André, Mariano Martínez, Gonzalo Heredia, Pedro Saborido, Ricardo Darín, Eleonora Wexler, Julieta Díaz y toda la intimidad de los Premios Clarín Espectáculos. (Por Pedro Irigoyen)
Cantora. Ni más ni menos que eso. Síntesis de las más de cinco décadas que Mercedes Sosa transitó la música. Nuestra música. La de todos. De Armando Tejada Gómez y Atahualpa Yupanqui a Charly García y Luis Alberto Spinetta. De Eladia Blázquez a Joan Manuel Serrat.

Era casi medianoche. La voz de La Negra inundaba el Luna Park, y su hijo, Fabián Matus, subía al escenario para recibir el Premio a la Figura en Folclore. Enseguida, Fabián invitó a Teresa Parodi y Franco Luciani a subir con él. Es que ellos también forman parte de Cantora, ese espacio que Mercedes le abrió hace poco más de un año a sus "compañeros", para compartir canciones elegidas especialmente para la ocasión.

Pero faltaba algo más. Entonces el que subió al escenario fue Charly García. "Este premio es el mejor de todos. Para mi novia, mi mamá, mi amiga: Mercedes Sosa", dijo, y como hace un año, toda la platea se puso de pie para ovacionar la elección de La Negra como Figura del Año.

"La sensación es extraña", dice Matus, mientras acaricia la estatuilla que acaba de recibir en nombre de su madre. "Es así porque sé que a ella le hubiera gustado estar aquí, como el año pasado. A ella le gustaba estar en la fiesta, junto a sus compañeros. Lo disfrutaba mucho", cuenta conmovido el hijo.

A punto de cumplirse los 60 días de la muerte de Mercedes, su hijo reconoce que desde entonces los homenajes se han multiplicado, en el país y en el exterior. Entre otros homenajes, Fabián dice que "haberle puesto el nombre de la mami a una biblioteca en el interior, o que el Estado de Israel comience la plantación de un bosque con su nombre, son gestos muy fuertes".

Como sorprendente fue la reacción de la gente ante la muerte de la artista. "Los primeros momentos del velatorio fueron impactantes. Ni la Mami ni yo pensamos alguna vez que tanta gente podía movilizarse para expresarle su cariño", señala. Y enseguida reconoce que estar presente en cada acto "por momentos se hace muy difícil, muy duro".

A tal punto, que admite haberse excusado de participar en algunos, y de haberse guardado para él y el círculo familiar y de amigos más íntimos la ceremonia en la que el domingo esparcieron las últimas cenizas de "la Mami" en Costanera Norte.

"Era un lugar al que a ella le gustaba ir", dice Matus, y ata cabos: "Este reconocimiento, un día después de haber esparcido sus cenizas, justo cuando se están por cumplir dos meses de su ausencia, es una combinación muy fuerte, que me produce, al mismo tiempo, una gran alegría".

Ladero de su madre durante gran parte de su carrera, Matus cuenta que la música fue una compañera inseparable de Mercedes hasta los últimos momentos de su vida. "Ella nunca fue de escucharse, pero en los tiempos más recientes pasaba horas escuchando las canciones de su repertorio. Entre las más de 200 que repasó, encontró canciones que no podía creer que había grabado, y otras que directamente no recordaba haber cantado", cuenta. Y agrega que lo hacía sin renunciar a su rutina de mirar la televisión.

Pero entre todo su material, dice Matus que La Negra volvía una y otra vez a Cantora. "Se maravillaba cada vez que pensaba que todos esos músicos habían querido participar de ese proyecto, y que había podido llevarlo a cabo", dice.

"Por eso disfruto tanto este premio. Porque veo que sus compañeros, las personas del medio, vieron en Cantora y en la Mami lo necesario para elegirla. Porque no esperaba que se lo diesen no estando ella. Y porque creo, de corazón, que la Mami lo merecía."«

Premios Clarín Espectáculos: Charly García y Mercedes Sosa, los grandes ganadores


En un emotivo reconocimiento, La Negra fue elegida la Figura del Año, a casi dos meses de su muerte. Charly ganó el premio a la trayectoria. La película "El secreto de sus ojos" se llevó nueve estatuillas.


AGRADECIMIENTO. Charly con su premio. Se lo entregó su amigo Palito Ortega.

La intimidad del arranque de la fiesta. Por Lucila Olivera, desde el Luna Park.

Fue, quizás, la entrega de Premios Clarín Espectáculos más emotiva de todas. Ya era casi medianoche cuando Charly García anunció que Mercedes Sosa se consagraba como la Figura del Año 2009. La Negra, fallecida el 4 de octubre, fue, una vez más, aplaudida de pie por todo el Luna Park. Ella, "la mejor artista argentina", según la definición de Charly, fue la ganadora del premio más importante de los 66 que se entregaron anoche. Antes, acompañado por Teresa Parodi, su hijo Fabián Matus había recibido la otra estatuilla que se llevó esa mítica figura del canto popular, la de Figura del Folclore.

Habían pasado casi seis horas desde que había empezado la duodécima entrega de los premios, en la que un jurado compuesto por más de mil personas destacó lo mejor del año en las áreas de televisión, cine, radio, teatro, música y danza. La ceremonia televisada por Canal 13 arrancó a las 21, con la conducción de María Laura Santillán y Andy Kusnetzoff: de vestido rojo furioso ella, de elegante traje gris él.

El primer premio de la noche fue para la televisión: Julieta Zylberberg se lo llevó como Revelación Femenina por su papel en Enséñame a vivir (El Trece). No fue la única distinción que ganó: también se llevó el de Revelación Femenina pero en teatro, por su actuación en Agosto.

Hubo varios que se volvieron a sus casas con más de una estatuilla. El ganador del Clarín de Oro del año pasado, Diego Capusotto, fue uno de ellos, junto a su socio, Pedro Saborido. Peter Capusotto y sus videos resultó el mejor programa humorístico; Saborido fue el mejor guionista y Capusotto, el mejor actor de comedia. Como de costumbre, dieron la nota: dos de los premios los recibió Elisa, la hija mayor de Capusotto, porque su papá está en Córdoba filmando Pájaros volando a las órdenes de Néstor Montalbano (con quien ya hizo dupla en Soy tu aventura). "Saludos a mi papá, a mi mamá, a mi hermana... y a todos mis compañeros de colegio", mandó la nena. A su turno, Saborido saludó a Juan Carlos Mesa y "a mi prima, que me enseñó a caminar".

Otro que se cansó de subir las escaleras del escenario para recibir premios fue Juan José Campanella. Además de batir récords de público -ya superó largamente los dos millones de espectadores y es la producción argentina más vista de los últimos 25 años- su película, El secreto de sus ojos, batió récords de premios en la noche: se llevó un total de nueve. Primero, Campanella subió acompañado por el escritor Eduardo Sacheri, coguionista, a recibir el premio por el guión, y se mantuvo callado. El del gag fue Sacheri: "Esto demuestra que los pelados podemos ganar un premio alguna vez", en alusión a su calva y la del cineasta. Andy Kusnetzoff lo aprobó ("es un buen augurio lo de los pelados"), mientras María Laura Santillán lo cargaba por su "obsesión capilar".

El Campanella-show siguió cuando recibió el premio a mejor director. "Como verán, tengo facilidad de palabra", se rió después de su largo agradecimiento. Y minutos más tarde, cuando subió junto a todo el elenco para recibir la estatuilla de mejor película, acaparó el micrófono: "Es increíble lo que ha pasado con esta película. Generalmente no me pongo nervioso con estas situaciones, pero ahora estoy desbordado. El afecto que estamos recibiendo es asombroso. El premio más grande sería que la gente se sintiera orgullosa del cine argentino". Después agradeció a su mujer, que también trabajó en la película y, cuando parecía que el elenco no iba a poder emitir palabra, Guillermo Francella y Ricardo Darín lo desplazaron. "Tenemos preparado un dúo", dijo Darín. Y arrancaron a coro con Oh mamá, de Pablito Ruiz. Recién después se pusieron un poco más serios y repartieron agradecimientos.

Otra dupla letal a la hora de los discursos fue la que formaron Elizabeth Vernaci y Betty Elizalde, que compartieron el premio de Mujer de Radio. "¿Quién nos va a creer que estamos contentas por compartir este premio?", arrancó Elizalde. "Uno piensa que puede ganar y prepara unas palabras, pero quiero ser breve y contundente", siguió. A lo que Vernaci la interrumpió: "Yo, cuando hay gente, no puedo. En el sexo sí". Y Elizalde retrucó: "Yo de eso ya me olvidé". Después, ambas les agradecieron a sus hijos ("Todavía me banca que diga todo tipo de guasadas", explicó Vernaci).

También hubo lugar para que los conductores, Kusnetzoff y Santillán, bromearan con (o sobre) los premiados. Primero, cuando subió el elenco de Los exitosos Pells a recibir la estatuilla por ser la mejor comedia, se preguntaron por la relación entre Carla Peterson y Mike Amigorena. Después, Andy les preguntó a los protagonistas de Valientes (Mariano Martínez, Gonzalo Heredia y Luciano Castro), que estaban sentaditos uno al lado del otro: "¿Van juntos a todos lados? ¡Se están mimetizando! Se visten igual, tienen la misma barbita...". Más tarde, cuando el trío le entregó el premio de Ficción Unitaria al elenco de Tratame bien, María Laura deslizó: "Quiero ver bien esos saludos", en relación al romance entre Cecilia Roth y Heredia.

Algunos de los entregadores de premios también tuvieron protagonismo. Mercedes Morán y Norma Aleandro, antes de dar la estatuilla al mejor Actor de Teatro (Osmar Núñez), se pronunciaron a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo ("no queremos discriminaciones de ningún tipo", subrayó Aleandro). En otro tono, Adrián Suar creó suspenso antes de dar el premio al Actor de Reparto de cine: "Tengo una anécdota con esta persona. Siempre me decía ¿qué tiene conmigo Clarín? Nunca gané. Bueno, Guille, subí: ahora ganaste". Y, gracias a su estupenda actuación en El secreto de sus ojos, Francella subió a recibir el primer premio Clarín Espectáculos de su carrera: "Hace doce años que lo estaba esperando", dijo, chocho de alegría.

Hubo tiempo para más emociones. Elena Roger (elegida Figura de música Melódica Popular) conmovió a todos con su interpretación de L'accordéoniste, parte del repertorio de Edith Piaf que canta en Piaf (obra elegida como mejor comedia musical). Se vieron ojos llenos de lágrimas cuando por las pantallas gigantes desfilaron los nombres de los artistas fallecidos durante el año. La platea se puso de pie cuando Palito Ortega le entregó a Charly el premio a la Trayectoria. Y, una vez más, todos se pararon para ofrendarle una última ovación a la Negra Sosa cuando el propio Charly anunció que era la Figura del Año 2009.

jueves, 8 de octubre de 2009

Guitarreada por Mercedes en Israel



Más de 400 personas Durante dos horas, en un parque, cantaron temas de Sosa.





Fue una convocatoria espontánea. Más de cuatrocientas personas se reunieron en un parque frente al shopping "Siete Estrellas" en Herzlía, al norte de Tel Aviv, para "celebrar la vida de la Negra Sosa". Trajeron sillas, mantas, guitarra y mate. Durante dos horas sonaron bajo el cielo israelí: Luna tucumana, Alfonsina y el mar, Sólo le pido a Dios, Volver a los diecisiete, Carito y muchas canciones más. Sobre todo, se unieron en el dolor por la pérdida de una artista que les hacía sentir más cerca su país natal. Algunos israelíes pasaban, preguntaban, y se quedaban a escuchar un rato. Porque Mercedes Sosa tenía una relación muy estrecha con Israel, no sólo con la colonia de argentinos que le fueron siempre fieles, sino con los propios israelíes. Siempre decía que "Israel es el resultado de la lucha de un pueblo. Quiero mucho a Israel". Los medios locales no dejaron de cubrir la noticia de su fallecimiento, incluyendo imágenes televisivas de parte del funeral en Buenos Aires. Para muchos israelíes, Argentina es sinónimo de Mercedes Sosa.

La idea fue de Meital Plotnik (29), una israelí "fan de Mercedes de nacimiento". Explicó a Clarín que "pensé juntarme a cantar con algunos amigos en el living de una casa, pero el rumor se corrió y el living no alcanzó". Se contactó con medios israelíes en castellano --en especial el portal Argentina.co.il--, consiguió un permiso municipal y la invitación cundió en apenas dos días.
La cantante israelí Liora llegó en el medio de la reunión y cantó con la gente, con una guitarra que alguien le alcanzó, y también a capela. Hizo Gracias a la vida y Duerme, negrito en castellano, y después algunos versos de su versión en hebreo. De origen libanés, Liora se conectó con lo latino gracias a Mercedes Sosa, llegando a grabar un disco en la productora El Pie de Alejandro Lerner con traducciones al hebreo de algunas de sus canciones. Cantó con "la Negra" en la Argentina y en su último paso por Israel, en junio. "Fue un privilegio llegar a conocerla, fue una persona genuina, humilde, y todo lo que le interesaba era cantar y conectarse con lo humano, más allá de la fama y las ventas", le contó a Clarín. "Lo que ocurrió aquí en Herzlía fue hermoso, una muestra de cuánto la ama de verdad esta comunidad. Fue de corazón". "Todos acá vinieron a juntarse, para tener con quién compartir el bajón --dijo Danny Schwartz, director de Argentina.co.il--. Fue totalmente espontáneo. Nunca había pasado algo así en Israel"

miércoles, 17 de junio de 2009

MERCEDES SOSA_

Promesas cumplidas: 2da parte de Cantora


Por: Federico Monjeau
Imágenes de la grabación junto a Fito Páez, René de Calle 13, Gustavo Cerati, Daniela Mercury y Charly García, entre otros.
En el mundo de la música popular los dúos constituyen un género tardío, mezcla de despedida, homenaje y celebración de la amistad que generalmente convoca a las figuras más diversas, aunque en este caso los participantes están enhebrados no sólo por la admiración hacia Mercedes Sosa sino, lo que es más decisivo desde el punto de vista musical, por los arreglos y la dirección de Popi Spatocco.

Spatocco es un finísimo pianista, pero no siempre acierta en los arreglos orquestales; la cuerda se le suele ir un poco de las manos para asumir la forma de un revestimiento empalagoso, lo que en este disco se vuelve particularmente notorio en Zamba del cielo, ese hermoso eco de Zamba de mi esperanza que Mercedes Sosa entona con Liliana Herrero y el autor, Fito Páez, como también es notorio en las colaboraciones con Gustavo Cerati (Zona de promesas), con Charly García (Desarma y sangra) y con Lila Downs (Razón de vivir). Aunque conviene agregar que en la pieza de Cerati el arreglo explora ingeniosamente la zamba que late en el original, y que lo de Charly García es lo más conmovedor de todo el disco: su parte está grabada en el estudio "Los pájaros" de Luján, en medio de su recuperación en la quinta de su amigo Palito Ortega; Charly intercala los versos de Desarma y sangra con un lirismo insospechado, como una melodía rezada.

El género dúo proporciona a veces grandes choques, como en esta versión de Canción para un niño en la calle con la intervención de René Pérez, de Calle 13, dos mundos que no podrían ser más opuestos: el de Tejada Gómez, patético a más no poder; el de Calle 13 (que aquí asume la perspectiva misma del niño en la calle), de una irreverencia formidable. Destacan también Canción de las cantinas, de Valladares y Castilla, con el músico (y reconocido físico) tucumano Alberto Rojo, donde la cuerda no traiciona la parquedad de la baguala; Misionera, el chamamé a dúo con el gaúcho Luiz Carlos Borges; e Insensatez, la pieza de Jobim que Mercedes Sosa hace a dúo con Luis Salinas, quien no canta con la voz sino con una inspiradísima guitarra.

Completan el disco las colaboraciones con Marcela Morelo, Daniela Mercury, Gustavo Cordera, Franco de Vita, Rubén Rada, Coqui Sosa y Luciano Pereyra. El charlista musical Joaquín Sabina se suma a la lista con Violetas para Violeta, una demagógica reinterpretación de La carta, de Violeta Parra.