Apoya mis publicaciones con un ME GUSTA!

Mostrando las entradas con la etiqueta DIEGO EL CIGALA. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta DIEGO EL CIGALA. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de septiembre de 2012

EL CANTANTE ESPAÑOL DIEGO EL CIGALA, DE GIRA POR LA ARGENTINA




   
“El flamenco se acopla a todas las músicas”

Después de Cigala&Tango, el cantaor trae el espectáculo Sintiendo América, en el que lleva a su terreno diversos ritmos folklóricos de la Argentina y de la región.

Por Karina Micheletto

Desde su primera actuación en la Argentina, cuando vino a presentar Lágrimas negras –aquel éxito planetario que compartió con Bebo Valdés, una feliz experiencia de mixtura entre el flamenco y ritmos cuyo punto de partida se sitúa del otro lado del océano–, Diego El Cigala es un asiduo visitante de estas tierras. Y ha sido también un ávido buscador de ritmos y amigos –músicos, por supuesto– de estos lugares. Tanto, que el tango ocupó su ultimo disco, Cigala&Tango, grabado en vivo en Buenos Aires, del que no llegó a participar Rubén Juárez –aunque sí formó parte de la gestión del proyecto, antes de su muerte–, pero en el que suenan referencias del género como Néstor Marconi y Juanjo Domínguez, y también una participación algo menos feliz en términos de ensamble de Andrés Calamaro.

Ya definitivamente instalado como parte de estas tierras –sintiéndose “parte de América”, ahora Cigala va por más: la gira que lo trae se llama, justamente, Sintiendo América, y el disco del que todavía no quiere soltar mucha prenda, pero que mostrará en estos conciertos, viene por el lado del folklore, tanto latinoamericano como argentino. Con el flamenco en primer plano, por supuesto, y lleva a su terreno otros sonidos, paisajes, colores, sobre la base de una voz poderosamente expresiva. Las presentaciones en Buenos Aires serán este sábado y domingo a las 20 en el Gran Rex (el escenario al que vuelve una y otra vez), y contarán con un invitado especial cada día: Adriana Varela el sábado –y aquí es más fácil visualizar la dupla en versiones como “Garganta con arena”, un tema ya adoptado por ambos–, y para la segunda función, Diego Torres –y aquí puede imaginarse algún acercamiento al folklore como el que logró el cantautor con aquella bella versión de la “Zamba para olvidarte” que hizo como invitado en Cantora, el último disco de Mercedes Sosa–.
La figura de Mercedes Sosa, justamente, será una de las marcas de estos próximos conciertos, advierte El Cigala, con algunos de los temas emblemáticos de su repertorio. “Por esas cosas de la vida no llegué a conocerla, ésa es la pena que me quedó”, se lamenta el cantaor. “Ella iba a estar en mi disco, y cayó malita y murió. Pero fue en gran parte a partir de ella que a mí se me abrió todo un mundo del folklore, que plasmo un poco en mi próximo disco”, se vuelve a entusiasmar enseguida, para advertir: “El flamenco se puede acoplar a todas las músicas, ésa es la cosa tan maravillosa que tiene. Cuantos más mundos musicales conozco, más mundos imagino asociados al flamenco”.

–En esta gira el “sentimiento” está puesto en América. ¿Por qué?

–Porque me siento parte de ella, ¡definitivamente! Como artista, yo pertenezco al mundo, pero realmente siento que, en un punto sensible mío, pertenezco a Latinoamérica. Aquí hay una conexión diferente con el público, de verdad es un público que me entiende, que vibra conmigo. Es lo que me pasa tanto aquí en la Argentina, como en Chile, México, Perú o Venezuela, de donde acabo de venir. De verdad me siento un pedacico parte de todos esos países. ¿Por qué? Pues por la emoción que se crea. El público viene con mucho amor, hace sentir su emoción, eso es muy importante para mí, y eso incide en el concierto, por eso he dedicado esta gira, y la he nombrado Sintiendo América, porque realmente lo siento así.

–En Argentina, puntualmente, tiene muchos amigos músicos, con quienes ha compartido espectáculos y discos...

–¡Y qué amigos! Juanjo Domínguez, Marconi, y ese gitano del tango que se nos fue que era Rubén Juárez... ¡dios mío, lo que era ese artista con su bandoneón blanco! Cuando él se murió, yo tenía muchos proyectos con él, no llegamos a concretarlos en un escenario, ésa es la pena que me ha quedao en el corazón.... Igual que con la gran Negra, él se me quedó en el tintero. Pero lo disfruté, ¿eh? ¡Vaya si lo disfruté!


 


–¿Cómo?

–Pues, como el gran gitano del tango que era, ¡codo a codo, de rumba en rumba! (Risas.) De verdad era como los gitanos, como los flamencos. Cuando salía de rumba, lo vivía tan intenso, y había que saber seguirle el ritmo, ponerse a la par. Por ahí terminaba de actuar y, ya terminado el show, nos íbamos por ahí, cogía ese bandoneón blanco y se ponía a tocar horas y horas, era una fiesta. Lo que a mí me ha enseñado ese hombre, no te lo puedo explicar.

–Pero usted llegó a grabar el disco con los amigos argentinos ya hechos. ¿Cómo fue la conexión?

–Antes de hacer el disco de tango, estábamos en Madrid con Menotti (César Luis, el director técnico, otro gran amigo argentino) y el Duque, oootro argentino (risas), que tiene una cafetería en Madrid. Bien, por medio de él conocí a Menotti, y por medio de Menotti conocí a Néstor Marconi, por ahí vino la conexión, y ahí fue donde empecé a su vez a conocer y a admirar al gitano del tango Rubén Juárez. Verle cantar y tocar su bandoneón, era como mágico, y ahí dije: yo tengo que hacer algo con este genio. Y mira las casualidades de la vida, terminamos siendo amigos y compañeros de rumbas, soñando el proyecto de flamenco y tango, y, cuando estaba todo por darse, él se nos va. Y sin embargo yo siento que él ha estado profundamente presente en ese proyecto, porque, en todo el aprendizaje que me llevó a ese disco, está su bandoneón grande.

–¿Y cómo lo pensaron a ese proyecto de mixtura en aquel momento?

–Por supuesto, no desde el flamenco ortodoxo, porque eso no sería posible, no hubiera cuadrao, tampoco a este nuevo disco, en gestación, lo pienso yo desde el flamenco ortodoxo. Trato de hacer un tango muy respetuoso, muy solemne, el tango tal como me lo han enseñado estos maestros que tuve, nada más que de un modo flamenco. Se trata de cantar con mucha armonía, y de cantar con mucha interpretación, eso es algo que reclama el tango. Le confieso algo: los pánicos, los miedos que yo sentí antes de subir a ese concierto en Buenos Aires, fueron absolutos. ¡Dios mío, pánico total! Por suerte el pánico es un buen consejero que te mantiene alerta: el día que no sienta esos miedos, Cigala tendrá que dedicarse a otra cosa.

–Pasó entonces una prueba de fuego..

–Imagínese, en el templo del tango, ante 3500 almas argentinas que iban a ver de qué iba eso con ese gitano... ¡Pero es que si lo pienso y estamos locos! ¡Pero es una locura bien paga’! (Risas.)

–Y ahora también viene a tomar un género local para llevarlo a su terreno, en este caso el folklore. ¿También tomará como una prueba estos conciertos?

–Bueno, como le dije, los miedos, o más bien los pánicos, siempre están, y está bien que así sea. Pero de algún modo esta vez siento que tengo... ¿cómo decirlo? Cierto permiso, cierta puerta abierta que ya me han dejado ustedes con aquel recibimiento tan maravilloso de los conciertos anteriores, y eso me da un poco de alivio. También sé que traigo siempre todo el respeto por la música a la que me acerco, el mismo respeto que siento por el flamenco. Por supuesto, no deja de ser un desafío y una incógnita, así es cada concierto, distinto siempre uno de los otros, pero éstos serán especiales.

–¿Qué temas del folklore argentino eligió para llevar al flamenco, por ejemplo?

–No puedo revelar muchas cosas porque dejarían de ser sorpresa, pero sí es verdad que he recogido mucho del folklore argentino... He recogido temas de Atahualpa, poemas de Martín Fierro, algunos sonidos andinos también, las canciones que la gran Mercedes Sosa... Y me viene enseguida a la cabeza mi querida Chavela Vargas, que en paz descanse, ella también es culpable, y muy culpable, de que yo esté en este lugar, del tango primero, y ahora del folklore: enamorado.

–¿Qué culpa tuvo Chavela Vargas?

– Ella me dijo: “mira, hay un tema que se llama ‘Soledad’, y tienes que hacerlo”. Así, sin vueltas, fue como una orden. Y si me lo decía ella, tenía que hacerlo, no tenía opción. Y cuando yo escuché “Soledad”, me enamoré de ese tema, pero también me fue abriendo una puerta, y otra, y otra, hacia América. Por eso siempre la tengo allí presente a la Chavela. Yo tengo a tres artistas en mi coco cada vez que salgo a cantar: el primero es Diego Valdés, ese genio, el mayor regalo que me ha podido dar la vida. Luego la Chavela, otro regalo. Y por supuesto Camarón, la gran guía. Ellos siempre están, diciéndome lo que tengo que hacer.


 



–¿Y en el folklore argentino, que ha encontrado?


–En el folklore argentino he encontrado mucha verdad, mucha impronta, sonidos que muchos desconocíamos, y que dios mediante los voy a poner en circulación, porque quiero que la música regional de acá se dé a conocer en el mundo entero. Ya se conoce, vale, pero yo espero poder lograr que se conozca más. Porque hay sonidos muy, muy fuertes. Sonidos que he ido conociendo que me han prendao. Sin menospreciar al tango, siento que éste es el disco que viene.

–¿Y hay algún tema en particular que le guste mucho, que “le haga daño”, como dice usted?


–A mí me gusta mucho la chacarera. Rítmicamente, además, tiene mucho que ver con el flamenco. Cuando yo canto por fandangos la chacarera me siento feliz, no hay otro modo de describir lo que me pasa.

–La zamba también tiene muchas posibilidades de sonar en clave flamenca, quizás de una forma más elaborada...


–¡Aahh! ¡Esa es la parte que no voy a contar!

miércoles, 24 de junio de 2009

ENTREVISTA AL CANTAOR GITANO DIEGO EL CIGALA



“Siento mi voz más añejada, sin perder la flamencura

A siete años del éxito conseguido con Lágrimas negras, el músico redobló la apuesta en el CD Dos lágrimas. Dice que andaba buscando “olor a ron añejo”, lo que lo llevó a volver a cruzarse con excelentes y veteranos músicos cubanos. “Cada vez descubro más cosas”, reconoce.

Por Karina Micheletto

Diego Ramón Jiménez Salazar, El Cigala, es un hombre capaz de revolear el teléfono –literalmente– por causa de una pregunta que no le gusta. Su opinión sobre Alejandro Sanz y el llamado “flamenco pop”, por caso. Otro día puede extenderse en una charla telefónica deshaciéndose en gentilezas, provocando una entrevista de lo más amena –la otra había quedado trunca en forma abrupta, como imaginará el lector–. Es un gitano calentón, como se le dice en medio de lo ameno de la charla, un calificativo cuyo significado no entiende del todo, pero comparte una vez que se le explica. El Cigala parece cumplir con todo el estereotipo del gitano, desde los anillos de oro cargándole los dedos hasta ese modo “apasionado” de encarar la vida.

El mundo conoció a El Cigala, más allá del ambiente restringido del flamenco, después de Lágrimas negras, aquella maravilla que grabó en 2003 junto al pianista Bebo Valdés, uno de los discos más vendidos y más premiados de las últimas décadas. Si aquel encuentro entre la cultura flamenca y la cubana rindió sus frutos, ahora el cantaor fue por más. Lo logró con Dos lágrimas, editado en la Argentina por el sello Universal. No lo acompaña Bebo Valdés esta vez –“A los 90 años, no quiere andarse de gira de aquí para allá, teniendo que salir a defender un disco. Busca estar tranquilo y yo lo entiendo”, explica–. Están, en cambio, otras glorias de la música cubana de las décadas del ’40 y ’50: el pianista Guillermo Rubalcaba –pilar fundamental de este disco–, los percusionistas Changuito y Tata Güines –“El rey del tambor”, fallecido tras esta grabación–, el cantante Reinaldo Creagh, uno de los fundadores de la Vieja Trova santiaguera, que a los 90 años sigue poniéndole voz al bolero.

El Cigala dice que andaba buscando gente como ésa; andaba buscando “olor a ron añejo”. “Necesitaba gente como Tata Güines, como Changuito –dice, desde el sofá de su casa del barrio de El Rastro, en Madrid, según describe–. Quería un piano añejo, como el de Guillermo Rubalcaba, que tiene ese sentido de los viejos soneros. Un pedazo de pianista. Además del piano fresco y gitano de Jumitos, que es también un conocedor, pero catalán. Quería mezclar esos pianos. Pero creo que no me salí mucho de la línea, incluso con alguna sorpresa que otra con la copla, que es algo que uno siempre trae de la tradición, pero la expresa en este tiempo.”

Para El Cigala lo flamenco es una suerte de carta de identidad: es hijo de un cantaor que trabajó con el mismísimo Camarón de la Isla en los tablados madrileños; es sobrino de Rafael Farina, uno de los mayores cantantes de copla de España. De niño le gustaban la pelota y la calle, recuerda, pero cuando escuchaba una guitarra, enseguida dejaba todo y seguía la dirección de la música. También aparece entre sus recuerdos el patio de la casa, por las mañanas. Era entonces cuando su padre llegaba del tablao y seguía la farra con Camarón, Huguito y otras figuras de entonces. “Yo los miraba y pensaba: ‘De grande quiero ser así’”, cuenta.

Unos años después, él también empezaría a recorrer los tablados, “haciéndose los huesos” en los palos del cante. Y, como corresponde a un artista del flamenco, se ganaría un sobrenombre curioso. “Al nombre me lo pusieron los hermanos Losada, tres guitarristas que tocaban conmigo en la compañía de Paco Peña. Decían que era flaco y me movía más que el desprecio”, cuenta.

–¿En qué sentido este Dos lágrimas marca una continuidad con el famoso Lágrimas negras?

–Más que una continuidad, yo diría que marca un progreso. Aquí están todas las cosas que aprendí en estos años, desde Lágrimas negras hasta acá. Yo creo que eso es notorio. Mi manera de cantar es siempre la misma, desde luego, pero encuentro que ahora está más... añejada, podría decir. Hombre, con más avances, con más sabiduría. La voz tiene el mismo proceso que los buenos vinos, el tiempo le aporta cuerpo, color, sabor. Con el tiempo también uno va cogiendo sabiduría, y sobre todo tranquilidad. Por eso digo que siento mi voz más añejada, pero sin perder la flamencura, incluso cantando un bolero.

–¿En cuánto ayudó el haberse cruzado con Bebo Valdés en este crecimiento?

–¡Por favor! ¿Qué puedo decir de semejante pianista? ¿Qué puedo decir de un artista que ha estado junto a los grandes, como Bernabé, como Celia Cruz, como Nat King Cole, como Frank Sinatra...? Bebo fue quien me hizo cantar con el piano, de otra manera nunca lo habría logrado, no lo habría intentado siquiera. El me dijo: “Canta como el gitano que eres, que yo tocaré como el cubano que soy”. Así de simple. Me pasa lo mismo con la música de Jerry González, que ahora saca su disco y me invitó a cantar. Cada vez voy descubriendo músicas nuevas dentro de lo afrocubano y lo latino. Siempre encuentro cosas muy interesantes, me gusta investigar, hurgar, eso es lo que me anima a seguir probando, porque si no me aburro con facilidad. Soy muy inquieto y vivo buscando cosas que me gusten mucho, pero mucho, porque si no las canto cuatro veces y paso a otra cosa, me aburro. Deben ser cosas que me emocionen profundamente, sólo así las empiezo a considerar para mi repertorio.

–¿Esa es la fórmula para probar una canción?

–Claro, si yo me emociono la gente se emociona, es así.

–Dice que necesitó ir a buscar a las glorias de la música cubana para hacer este disco. ¿Qué era, específicamente, lo que buscaba de ellos?

–Necesitaba ese sonido y esa sabiduría. Necesitaba que me hablaran y me contaran y me cantaran cosas, ese contacto con ellos que va más allá de la música. Fíjese que Tata Güines fue el que me cantó “Sevilla tuvo que ser con su lunita plateada” (canta el tema “Dos cruces”, incluido en el disco). Es un cuplé que cantaba Marifé de Triana, y que después Carmelo Larrea usa para el bolero “Dos cruces”. Para mí es un lujazo, es un gran placer compartir mi música con ellos. Me quedará en mi historia y en mi vida el haber hecho las últimas grabaciones y los últimos conciertos con Tata Güines.

–¿Cómo fue la forma de trabajo, cómo les explicó el concepto al que quería llegar?

–Muy fácil. Yo les decía: “A ‘Dos gardenias’ la quiero de guaguancó”. Buscábamos una clave de guaguancó y ahí rápidamente nos sentábamos a probar. Nos encerrábamos con unas copas y venga: el que más sabe, que más ponga. Ellos son los genios en ese sentido. Yo cantaba en clave de guaguancó pero en flamenco. Les daba pequeñas instrucciones, pero enseguida ellos demostraban que saben más que uno de esas cosas. Lo que más me gustó de Dos Lágrimas es que logramos formar un grupo en el que cada uno puso sus ideas. No todas fueron ideas mías. Siempre consulté con los músicos sobre algunas cosas y siempre les di las chances para que pudieran opinar y tener sus planos y sus glorias cada uno. Y eso se nota.

–En sus comienzos se destacó como cantaor de bailarines. ¿En qué momento decidió saltar adelante del escenario?

–Cuando cantaba para bailar había momentos en los que destacaba y salía adelante, solito. La gente me pedía que me quedase adelante cantando, y los bailarines se enojaban conmigo. Un buen día me aburrí y decidí largarme solo y buscar mi camino. Pero debo decir que ésa fue una gran escuela. Cantando para bailar se aprende muchísimo y tuve la gran suerte de estar en muchos tablaos, con muchas compañías. Ahí es donde se fragua el artista. El mismo Camarón, cuando llegó a Madrid, trabajó en Torre Bermeja. Yo estuve en todos: Torre Bermeja, Los Canasteros, Corral de la Morería, en tantos tablaos, y en cada uno los bailarines tenían sus exigencias. A algunos había que cantarles de la cintura para arriba, otros eran más eléctricos, otros bailaban más pausados, otros más técnicos... A cada uno había que cantarle de distintas maneras, con diferentes palos y diferentes cantes. Para mí ese aprendizaje fue fundamental.

–¿Qué ideas traía respecto de una actualización del flamenco?

–Traía eso, lo que yo era. Me gustaba coger una soleá y traerla hasta nuestros días, pero con frescura. Eso ya se ha hecho y los grandes y los genios nos han dejado muchos ejemplos de eso. Pasa que todavía hay mucho de donde se puede coger. Ahora mismo, hay muchos cantes que ya no se cantan y que es bueno traer hasta el día de hoy, como la colombiana, o el martinete.

–¿Hasta dónde resiste el flamenco ese tipo de fusiones?

–Mi música son vibraciones del alma, encuentros. No puedo hablar de fusión, y menos de flamenco chill out, flamenco electrónico... ¡Por favor! Esos son inventos sin sentido. El flamenco es flamenco, joder.

–Pero existen tensiones dentro del flamenco entre conservadores y renovadores...

–Siempre. De todas maneras a mí me respetan mucho, porque saben de dónde vengo. Ahora mismo dejo el piano y los boleros y me voy a cantar con la guitarra y puedo estar horas cantando por soleá. Y eso es lo que ve el público, que puedo hacer las dos cosas...

–Para usted “el flamenco es flamenco”, pero, ¿cómo se reconoce ese verdadero flamenco?

–Cantándolo muy bien.

–Eso para el que lo interpreta. ¿Cómo lo reconoce un turista, por ejemplo?

–Uh, eso sí que es difícil, ¿eh? Yo agarraría a ese turista y le diría: “Hágame usted un palo de bulerías”. Si lo hace bien, es porque lo puede apreciar. Pero déjeme decirle una cosa: haría exactamente lo mismo con los flamencólogos.