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lunes, 28 de noviembre de 2011

ENCUESTA: Jimi Hendrix, elegido el mejor guitarrista de la historia.



Convocados por la revista "Rolling Stone", decenas de músicos y expertos votaron a los 100 mejores.

Jimi  Hendrix fue elegido por un grupo de músicos reunidos por  por la revista norteamericana Rolling Stone  como el mejor guitarrista de rock todos los tiempos.
Al legendario músico le siguen cuatro británicos, que también se hicieron conocidos en los años 60: Eric Clapton, Jimmy Page, Keith Richards y Jeff Beck.
Hendrix, que murió  en 1970, tenía "una gracia natural al tocar", aseguró el guitarrista Tom Morello, ex Rage Against the Machine y Audioslave. "No hay un solo minuto en su carrera grabada que suene como que se está esforzando mucho", escribió Morello.
El grupo de expertos reunidos para votar a su guitarrista preferido incluyó a músicos como Lenny Kravitz, Eddie Van Halen, que fue elegido número 8, Brian May y Dan Auerbach, de The Black Keys.
La lista de los diez mejores guitarristas la completan Chuck Berry, Eddie Van Halen (Van Halen), Duane Allman (Allman Brothers)  y Pete Townshend (The Who).
Detrás le siguen, del puesto 11 al 20, George Harrison, Stevie Ray Vaughan, Albert King, David Gilmour, Freddy King, Derek Trucks, Neil Young, Les Paul, James Burton y Carlos Santana.
La lista completa saldrá en una edición especial de la revista con cuatro portadas de Van Halen, Clapton, Hendrix y Page, que saldrá a la venta mañana en los Estados Unidos.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Recuerdan a Jimi Hendrix con un cómic.


 
En el 41 aniversario luctuoso del célebre guitarrista estadunidense, también lanzan una edición especial de lujo con lo mejor del catálogo en vivo del artista.
A 41 años de su muerte el compositor estadunidense Jimi Hendrix, quien revolucionó el uso de la guitarra en el rock, será recordado mediante una biografía en cómic y una edición especial de lujo con lo mejor del catálogo en vivo del artista, quien murió a los 27 años.
"Electric requiem" es una novela gráfica que recoge las peripecias vitales de un músico que fue único e irrepetible. Hendrix como personaje de cómic hace un auto repaso de su vida desde las viñetas de los creadores italianos Mattia Colombara y Gianluca Maconi.
Además, el pasado 12 de septiembre salió a la venta una edición especial de lujo con lo mejor del catálogo en vivo del artista.
Este nuevo lanzamiento se centra en los "shows" en vivo que dio el fallecido músico, y aparecerán bajo el título de "Winterland", y en cuatro formatos: box set deluxe con cuatro discos, en ocho discos de vinilo de 180 gramos, en un LP de vinilo y en un sólo CD con una selección de lo incluido en la caja.
Asimismo, en Londres se abrió una exposición, en el edificio ubicado en el número 23 de Brook Street, donde el músico vivió en 1968 con su novia Kathy Etchingham.
El inmueble ubicado en el barrio londinense Mayfair, ahora Museo Händel, es sede de la exhibición montada el 24 de agosto pasado, y que permanecerá abierta al público hasta el 7 de noviembre entrante.
La exposición contará con objetos icónicos del músico, como la chaqueta de terciopelo naranja que el músico utilizó en muchos de sus conciertos, el manuscrito de su puño y letra del tema "Love or confusión" y el sombrero "western" que luce en la portada del disco "Smash hits".
James Marshall Hendrix, nombre real de Jimmi, nació en Seattle el 27 de noviembre de 1942. Su infancia la vivió con su abuela y con su padre, tras la separación de sus progenitores.
A los 11 años aprendió a tocar la primera guitarra acústica que le regaló su padre, quien también en 1959 le compró otra, pero ahora eléctrica. Para 1962 comenzó a actuar en público con el grupo King Casuals, con el que tuvo un relativo éxito y fue contratado por Little Richard.
A partir de 1965 formó su propia banda llamada Jimmy James and the Blue Flames, con la que se sucederían los éxitos y el trabajo sin descanso, explotado por sus representantes musicales, fue en esta época cuando empezó a consumir marihuana y LSD, como la mayoría de los músicos y artistas del momento.
Chas Chandler, bajista del grupo The Animals, se convirtió en su representante y lo convenció en 1966 de ir a Londres, donde había entonces un gran movimiento musical, juntos crearon el grupo The Jimi Hendrix Experience, con Mitch Mitchell en la batería y Noel Ridding, en el bajo.
Para 1967, en el Festival Pop de Monterrey, Hendrix realizó una actuación estelar, con quema de guitarra incluida. Dos años después intervino en diversos encuentros musicales como: Newport y Woodstock Music & Art Fair, en los que prendió fuego a su guitarra, arrodillándose ante ella y levantando los brazos como si estuviera en trance.
En 1969 se disolvió el grupo The Jimi Hendrix Experience, y comenzó a actuar en solitario. Colaboró con otros artistas de la talla de Sam Cooke, Ike & Tina Turner o los Isley Brothers, a los que aportó su genial chispa.
El Festival de Woodstock de 1969 fue seguramente uno de los eventos más representativos por el ingenio colectivo acarreado a la música de los años 60, y al movimiento flower power. En éste contexto, la actuación de Jimi Hendrix se convirtió en un símbolo del festival, además del pensamiento pacifista de aquellos años.
Hendrix era musicalmente empírico, esto significa que no tenía estudios clásicos serios sobre teoría musical. Sin embargo, esto no fue impedimento para lograr generar una musicalidad muy alegórica llena de expresiones orgánicas. Él pretendía lograr sonidos naturales y crear secuencias más allá de lo que parecía dar la guitarra eléctrica en aquella época gloriosa de auge y expansión del género.
Fue un usuario innovador de técnicas auditivas ejemplificando el poderío del feedback y el trémolo, logrando "riffs" hipnóticos llenos de poder y fuerza.
En 2000, se inauguró en Seattle el Experience Music Project (EMP), diseñado por el arquitecto estadunidense Frank Gehry, un museo construido en honor de Jimi Hendrix y de otros grupos estadunidenses de rock de la costa noroeste del Pacífico.
La construcción contiene, además de un archivo histórico, varias salas de exposiciones, un laboratorio de música rock, una tienda y un restaurante en el que se celebran actuaciones en directo.
En 2005, se subastó en 150 mil euros una guitarra Fender Stratocaste, que perteneció al cantante, que fue adquirida por éste 1970.
Tres años después, una de las productoras más importantes de películas pornográficas anunció que sacaría a la venta un DVD donde se puede ver al músico, manteniendo relaciones sexuales con dos mujeres.
En una encuesta realizada en 2009 por la página especializada británica "Music Radar", se eligió a Jimi Hendrix por el mejor "riff" en la historia de la música, por su canción "Voodoo child", superando a otras bandas de renombre como The Beatles, Rolling Stones, Metallica, AC/DC, Guns N' Roses, Led Zeppelin y Deep Purple, entre otras.
En 2010, la casa productora Sony Commercial Music Group, lanzó "Valleys of Neptune", donde incluye grabaciones en estudio que datan de 1969, un año antes de la muerte del músico y cantante.
Hendrix falleció el 18 de septiembre de 1970 bajo circunstancias que aún no han podido ser completamente explicadas, se dice que esa noche estuvo hasta tarde en una fiesta en la que su novia, Monika Dannemann, fue a recogerlo para dejarlo en su apartamento en el Hotel Samarkand.
De acuerdo con reportes médicos, el músico murió al poco tiempo y señalan la causa de la muerte por asfixia causada por su propio vómito, al haber mezclado pastillas para dormir con alcohol.
De hecho, Dannemann asegura en el testimonio original que Hendrix tomó nueve pastillas que le recetaba su doctor para dormir, y los médicos atestiguan que el vómito fue provocado por la ingesta excesiva de alcohol.
Pero su novia dice que el guitarrista aún estaba vivo cuando lo subieron a la ambulancia, y que fue la negligencia médica causada en la ambulancia la que provocó que se ahogase con su propio vómito.
Sin embargo, los agentes de policía y servicios sanitarios que lo encontraron en el apartamento, declararon que encontraron el cuerpo de Hendrix sin vida, e incluso que llevaba varias horas fallecido.
Ahora surge una nueva teoría proporcionada por uno de los asistentes del músico, James Wright, quien dio a conocer en su libro "Rock Roadie", que editó hace un año, en el que comenta que el deceso del guitarrista se debió a que su representante Michael Jeffery lo asesinó haciéndole tomar pastillas y vino, pues iba a despedirlo.
Según el asistente, muerto el artista, Jeffery podría cobrar el seguro de vida del músico, del cual era beneficiario el mismo manager, de hecho James Wright explica que todo lo que sabe se lo confesó el propio Michael Jeffery en una noche de copas, poco antes de morir en un accidente aéreo.

Seis curiosidades sobre Jimi Hendrix

Con motivo del aniversario luctuoso del famoso guitarrista estadounidense se ha puesto a la venta una edición especial de sus discos, al igual que un comic que relata la vida del artista.
17 de septiembre de 2011      por María Teresa Peña Pérez        Sección Genio Seis curiosidades sobre Jimi Hendrix

James Marshall Hendrix fue un guitarrista cantante y compositor que logó integrarse en el mundo musical revolucionando el uso de la guitarra a partir de técnicas auditivas desde los inicios de la década de 1960, consiguiendo que sus innovaciones en la materia se convirtieran en una fuerte influencia para otros artistas en diversos géneros.

Con motivo del aniversario de la muerte del conocido guitarrista, quien nació el 27 de noviembre de 1942 en Seattle y murió el 18 de septiembre de 1970, los creadores italianos Mattia Colombara y Gianluca Maconi, se encargaron de realizar una novela gráfica que relata la vida del artista llamado Electric réquiem, donde se recogen las experiencias en la vida del músico.

Asimismo se encuentra a la venta una edición especial de lujo, que contiene lo mejor del catálogo musical en vivo de Hendrix, con una variedad en sus versiones, las cuales podrán adquirirse en un box set con cuatro discos u ocho discos de vinilo, al igual que un solo CD o LP que contienen toda la selección de la caja.

En Londres, se abrió una exposición en el edificio donde el músico vivió durante 1968, ubicado en la Brook Street del barrio londinense Mayfair, misma que está abierta al público desde el pasado 24 de agosto y permanecerá hasta el 7 de noviembre.

En conmemoración de 41 años de la muerte del admirado músico, quien es un integrante más del famoso Club de los 27, Sexenio te trae seis curiosidades que posiblemente no conocías acerca de Jimi Hendrix.

***

- Originalmente el músico tenia por nombre Johny Allen Hendrix, pero sus padres lo cambiaron con el fin de conmemorar la memoria del fallecido hermano de su padre, llamado Leon Marshal Hendrix.

- El primer instrumento musical de Hendrix fue una armónica que obtuvo a los cuatro años; la primera guitarra acústica que obtuvo fue hasta los 14, misma que reemplazó el ukulele de una cuerda que utilizaba.

- Poco interesado en la escuela, abandonó los estudios antes de graduarse; sin embargo siempre obtuvo buenas notas e irónicamente su única calificación baja fue una F en clase de música.

- A principios de los 60 es enlistado en el Ejército, el cual decide abandonar a toda costa para dedicarse por completo a la música; buscando la baja militar declaró varias veces al psicólogo de la milicia que era homosexual.

- Con el fin de concretar una carrera musical, Hendrix fue presentado con Andrew Loog Oldham, entonces productor y manager del famoso grupo The Rolling Stones; sin embargo, la impresión fue negativa y el encuentro cerró momentáneamente el proceso de inserción a la música por parte del artista.

- Luego de alcanzar la fama, el músico realizaba mímica de actos sexuales durante sus conciertos, moviendo la guitarra al ritmo de la música contra el soporte del micrófono. Durante otra de sus famosas exhibiciones prendió fuego a su guitarra y la destruyó.


lunes, 27 de diciembre de 2010

DIEGO MIZRAHI Y “LITTLE WING”, DE JIMI HENDRIX.












GUITARRA VAS A VOLAR













Por Diego Mizrahi

“Little Wing” es una especie de himno para todos los que somos guitarristas. Tiene una introducción asombrosa, y despliega una técnica y una poesía que no es común en un guitarrista de los ’70. Es corto, sencillo, dice mucho con muy pocas notas. Te deja siempre con ganas de más. En apenas 2 minutos y medio cabe uno de los mejores temas que existen interpretado por una guitarra.

Y sin embargo tengo que decir que la primera vez que escuché a Hendrix me pareció espantoso.

Tenía 16 o 17 años. Yo arranqué a tocar música a los 6 años. A los 8 tocaba folklore y música autóctona. A los 13 había empezado a interesarme en serio en el rock. Y lo que más escuchaba en esa época era la música inglesa de los ’70, bandas como Yes, Genesis, Zeppelin, Purple, Jethro Tull, ELP, etcétera. Mi favorita era Yes, de la cual me había aprendido las canciones solistas de Steve Howe, su guitarrista, además de que tenía su discografía completa. Hendrix era como el polo opuesto: era la extravagancia, la sensualidad, en contraposición con la seriedad del rock sinfónico inglés. Así que cuando lo escuché por primera vez –no recuerdo bien quién fue que me lo acercó– me pareció horrible: ruidoso, abominable, incluso desafinado. No sabía que después no sólo iba a sucumbir ante su sonido, sino que este tipo que había revolucionado la guitarra de los ’60 y ’70 se iba a convertir en mi guía espiritual para siempre.

Porque así fue: a muchos guitarristas de la época la irrupción de Hendrix en la escena londinense post Woodstock les voló la cabeza, exudando una música que no habían escuchado nunca antes. Un americano que tocaba y cantaba con todo el cuerpo. Guitarristas como Eric Clapton, Jeff Beck y Jimmy Page, que tuvieron la suerte de escucharlo en vivo, se dijeron: acá se nos viene la noche, llegó este tipo desde otro lugar y nos viene a enseñar cómo se toca de verdad la guitarra.

La revelación para mí vino con “Little Wing”. Pasa que Hendrix tuvo una carrera muy corta: murió a los 27 y había empezado a hacer sus propias cosas a los 20. Antes de eso participaba en discos de otros músicos, como Little Richard, pero esas colaboraciones no estaban buenas. Luego comienza la parte de su obra maestra. Escuchar “Little Wing” por primera vez produce ese efecto: es para siempre. La melodía es enorme, su solo es descomunal. Y la letra no es menos impresionante: habla de algo fantasioso y a la vez de algo bien real que es su bajón, y de cómo “ella” viene a salvarlo cuando está mal. Ella, por supuesto, no se sabe si es una mujer o si es alguna cosa, pero cualquiera que sepa que la muerte temprana de Hendrix fue producto de la heroína se imaginará quién puede ser ella. Es una canción que funciona como un cuadro, de a pincelazos profundos, a través de animales –osos, cebras, mariposas– y uno no puede menos que preguntarse qué le estaba pasando cuando compuso esa letra. Es probable que haya querido describir su estado emocional de forma lúdica, utilizando metáforas y sueños y toda la psicodelia de la época. Es la canción que me hubiera gustado componer a mí. Pero incluso antes de entender lo que dice, la melodía ya es enorme: te llega, te agarra, te clava un puñal en el corazón, cada una de sus pocas notas alcanza tus fibras más íntimas. Se escuchan unas campanitas en contrapunto con la melodía que parecen venir de más allá. La primera vez que lo escuché, pensé: algún día quiero tocar como él.

Después de aquella revelación, me aprendí todos los temas de Hendrix y la mayoría de sus solos. Y un día, en 2001, o 2002, toqué en Los Angeles en un homenaje a Jimi con su hermano, Leon Hendrix. Fue lo más cercano a tocar el cielo con las manos. Debido a tanta emoción y a la barrera idiomática no llegué a contarle a Leon mi fanatismo hacia su hermano, a pesar de haber compartido un concierto y varios ensayos.

En ese homenaje a Hendrix no pude tocarla porque el repertorio estaba armado de temas más conocidos como “Vodoo Child” o “Foxy Lady”, pero por mi cuenta la he interpretado infinidad de veces, y la sigo tocando, e incluso en mi último disco compuse un tema, “Para aquellos”, en el que recreo, a mi manera, su introducción. Es una canción que no puedo dejar de tocar, ni tampoco de escuchar. Primero renegué de Hendrix, pero una vez que me encontré con “Little Wing” fue para siempre: cada vez que vuelvo a escucharla vuelve el estremecimiento, el puñal que se clava en vos y no te deja ir.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Una exposición rinde tributo a Jimi Hendrix en el 40 aniversario de su muerte

CHAQUETA. Un monitor muestra un video del guitarrista junto a su distintiva chaqueta naranja, en la exposición del Museo Händel.



El objeto estrella de la exhibición londinense es la guitarra "Gibson Flying V", fabricada por encargo de Hendrix en 1969 y apodada por él "flying angel".

Cuarenta años después de su muerte en extrañas circunstancias, una exposición rinde homenaje a Jimi Hendrix en el número 23 de Brook Street, ático del barrio londinense de Mayfair, donde el músico se instaló en 1968 junto a su novia Kathy Etchingham y vivió una prolífica etapa artística.

"Este es mi hogar verdadero", dijo de este lugar uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos, sin saber que, tres siglos antes, el edificio contiguo fue el hogar de otra leyenda de la música, el compositor alemán Friederich Händel. Ese edificio es ahora el Museo Händel y el lugar elegido para la exposición sobre Hendrix, entre el 24 de agosto y el 7 de noviembre. Hendrix descubrió enseguida que el creador de El Mesías había habitado el edificio contiguo durante 36 años, hasta su muerte en 1759, y la reacción de la leyenda del rock, convencido de que tal coincidencia no podía ser casual, fue a comprarse todas las grabaciones disponibles del maestro barroco.

Entre las piezas insólitas que se exhiben en la exposición están la chaqueta de terciopelo naranja que el músico utilizó como talismán en tantos conciertos, el manuscrito de su puño y letra del tema Love or confusion y el sombrero westerner que lució en la portada, en la filmación y en la presentación en directo del Smash Hits (1968), la recopilación de grandes éxitos del músico.

El objeto estrella de la exhibición es la guitarra Gibson Flying V, fabricada por encargo de Hendrix en 1969 -apodada por él flying angel (ángel volador)- y con la que tocó en el legendario festival de música de la Isla de Wight en agosto de 1970, apenas un mes antes de su muerte, el 18 de septiembre, ahogado en su propio vómito por mezclar alcohol y pastillas en un hotel de Notting Hill.

La historia de un mito
Nacido en 1942 en Seattle (EEUU) -la misma ciudad que vio nacer el movimiento musical grunge, surgido a principios de los noventa y auspiciado por bandas como Nirvana o Pearl Jam-, Hendrix tuvo como primer instrumento un viejo ukelele de una sola cuerda que su padre encontró en el garaje. Tras la muerte de su madre, cuando tenía 16 años, su padre le regaló su primera guitarra, una acústica, y un año después Hendrix consiguió una eléctrica que aprendió a tocar imitando a sus ídolos musicales del momento: Chuck Berry, Muddy Waters o Albert King.

En 1962, tras un breve paso por el Ejército estadounidense para eludir la cárcel, comenzó su andadura musical profesional con bandas como Upsetters, que era el soporte musical de su admirado Little Richard, Ike and Tina Turner, Curtis Knight and the Squires o Spirit, conjunto fundado por Hendrix junto a Ed Cassidy. El golpe de suerte de su carrera vino de la mano de Linda Keith, que era entonces novia del "rolling" Keith Richard, otro gran guitarrista de la historia del rock.

Fue Linda quien presentó en 1966 a Hendrix y Chas Chandler, bajista del grupo Animals que quería abandonar su grupo para trabajar como productor musical, perfecto caldo de cultivo para la gestación de The Jimi Hendrix Experience, banda que catapultó al guitarrista al estrellato. Junto con el batería Mitch Mitchel y el guitarra relegado a bajo Noel Redding, Hendrix grabó tres discos de estudio que conjugaron lo mejor del rock and roll y el blues con innovaciones del rock ácido y psicodélico que comenzaba a ponerse de moda en la escena del Swing London de la década de 1960.

Los problemas de Hendrix con Chandler, con el que no compartía su manera de concebir el proceso de grabación, y con Redding, acomplejado como guitarrista al verse obligado a tocar el bajo, acabaron con la banda, que ofreció dos últimos conciertos épicos de despedida en el Royal Albert Hall de Londres, en febrero de 1969. Épica fue también la actuación de Hendrix en el festival de Woodstock del verano del 69, convertido en símbolo del pacifismo y el movimiento hippy, donde el guitarrista deleitó con dos horas de concierto y sorprendió a los asistentes con la transfiguración guitarrística del Star-Spangled Banner, himno de Estados Unidos.


Fuente: La Vanguardia.

miércoles, 28 de abril de 2010

JIMI HENDRIX: Un enviado de Neptuno



La reciente reedición remasterizada de la discografía esencial de Jimi Hendrix vuelve a ponerlo en un primerísimo plano y permite reflexionar otra vez sobre su genialidad.



Por: Jorge Fondebrider

MAS ALLA DEL ROCK. La posta de Hendrix ha sido recogida por muchos jazzeros.

Fue como Charlie Parker, como John Coltrane –dice Chas Chandler, ex bajista de los Animals y temprano productor de los dos primeros álbumes británicos de Jimi Hendrix–, fue Mozart, fue Beethoven y Brahms". A quienes hoy, a unos meses del 18 de septiembre, fecha en que se cumplen los cuarenta años de la muerte del guitarrista, los dichos de Chandler les parezcan exagerados, no tienen más que recurrir a la serie de 7 cd's (4 de ellos con sus respectivos dvd de unos 15 minutos de duración) y al doble dvd grabado en Woodstock para comprender por qué, al menos en el uso de la guitarra hubo un antes y un después de Hendrix. Y esto, en el hoy limitado y trivial campo del rock, ya no sucede. Mucho menos en el mundo un tanto circense de los virtuosos, donde Steve Morse, Steve Vai, Joe Satriani o Yngwie Malmsteen tocan técnicamente mejor que Hendrix una música infinitamente menos interesante que la de él.

La edición, lanzada por Sony gracias a un arreglo con la familia Hendrix, forma parte de un proyecto en gran escala. Los Hendrix luego de haber ganado una serie de juicios, recuperaron los derechos y se propusieron poner un poco de orden en la vapuleada discografía del hijo pródigo, muerto a los 27 años. Lanzamiento mundial mediante, también se propusieron obtener algo de los beneficios de explotación que durante años tuvieron Reprise en los Estados Unidos y Polydor en Europa y Japón, antes de pasar a MCA, más tarde absorbida por Universal, sin hablar, claro, de las innumerables ediciones piratas. Para ello Are you experienced? (1967), Axis bold as love (1967), Electric Ladyland (1968) y First rays of the new rising sun (que contiene los temas aparecidos en los póstumos The cry of love, Rainbow bridge y War heroes, todos de 1971) vienen con valor agregado. Tal vez el menos importante sea el dvd, donde el sudafricano Eddie Kramer –el ingeniero de grabación original– junto con Chas Chandler, los contrabajistas Noel Redding y Billy Cox, y el baterista Mitch Mitchell, cuentan cómo fueron grabados los discos y cómo fue trabajar en el estudio con Jimi. Si bien se trata de material muy interesante, no es nuevo (considérese que Chandler murió en 1996, Redding, en 2003 y Mitchell, en 2008). Pero sí asombra la calidad del sonido, fruto de una nueva masterización a cargo del mismo Kramer, nuevamente contratado por la familia para trabajar sobre las cintas originales. La labor se extendió también a Band of Gypsis (1970) –acá, a diferencia de la edición inmediatamente anterior que era doble, en versión simple, como cuando salió el lp original para Capitol Records– y Valleys of Neptune, una serie de 12 temas de estudio que habían permanecido inéditos hasta la fecha. En todos los casos, las palabras no bastan para describir la música extraordinaria de estos discos que, si uno no supiera que tienen más de cuarenta años, bien podría decirse que fueron grabados ayer o, lo que es mejor, mañana.

Hendrix y los otros

En su autobiografía, Miles Davis (o Quince Troupe) escribió que con Hendrix había coincidido en el festival de la Isla de Wight de 1970: "Se suponía que él y yo íbamos a reunirnos después en Londres para hablar de un álbum que finalmente habíamos decidido hacer juntos. Ya en una ocasión habíamos estado a punto de grabar uno con el productor Alan Douglas, pero el dinero no nos pareció suficiente, o ambos teníamos otros compromisos. Mientras tanto, habíamos tocado mucho juntos, en mi casa, aunque sólo en jams improvisadas. Pensábamos los dos que probablemente el momento era adecuado para hacer algo juntos en un disco." Las afirmaciones de Davis hablan a las claras de que Hendrix empezaba a ser considerado como mucho más que mero rock'n'roll. De hecho, para cuando murió, ya había estado trabajando con Gil Evans, el gran arreglador de jazz y director de orquesta, quien, en 1974, editaría The Gil Evans Orchestra plays the music of Jimi Hendrix, un disco fantástico que no asombró a nadie porque las ideas de Hendrix ya se habían hecho carne en toda una nueva generación de grandes guitarristas de jazz. John Scofield, por ejemplo, declaró que había ido a oír tocar a Jimi Hendrix "y abandoné la idea de ser un guitarrista de blues. Aun cuando la música fuera rock psicodélico, todo ese asunto tan difícil de estirar las cuerdas y hacer que la guitarra cantara de manera tan expresiva me hizo desistir". A Bill Frisell lo que le interesó especialmente fue el punteado y rasguido de Hendrix en los temas lentos. Pat Metheny nada dijo, pero incorporó a su repertorio varios temas de Jimi. Y Nguyen Lê, el guitarrista vietnamita instalado en París –quien, de hecho, ya grabó dos discos con temas de Hendrix–, al igual que el francés Marc Ducret, acusó claramente recibo. Antes que todos ellos, el británico John McLaughlin había dicho: "El podía hacer con la guitarra cosas que nadie había hecho antes. En otras palabras, fue un revolucionario, pero con todo tenía mucho corazón y eso es lo que hace que las cosas funcionen. Si uno no tiene eso, no se puede hacer que nada funcione. Creo que Jimi tuvo un efecto en la mayoría de los guitarristas contemporáneos". Años más tarde, David Harrington, violinista del Kronos Quartet, una formación ecléctica dedicada a la música más allá de toda división genérica, señaló: "Para mí, la música de Hendrix siempre me pareció una parte muy natural de lo que nosotros hacemos. Y es realmente interesante que, cuando uno vuelve a escuchar, por ejemplo, la música de Xenakis o de alguien así y luego uno pasa a Hendrix, advertimos que, en muchos sentidos, el mundo sonoro de Hendrix no es demasiado distinto del de otros músicos que están sucediendo en diferentes partes del mundo y en otros extremos de la música".

Sin embargo, el descubrimiento que de Hendrix hicieron el jazz y otras músicas fue precedido por el fortísimo impacto que había causado en los grandes músicos de rock de su misma generación y sobre todo entre sus pares.

Pete Townshend, compositor, guitarrista y líder de The Who, quien, como Hendrix, tenía la costumbre de culminar sus shows destruyendo su guitarra, después de haberlo visto en el festival de Monterrey de 1967 dijo: "Jimi le hacía realmente el amor a la guitarra. Comparado con él, lo mío era apenas una violación callejera". Y agregaba: "Me da lástima la gente que tiene que juzgar a Jimi Hendrix sobre la única base de sus grabaciones y de sus filmaciones, porque en vivo era extraordinario. Tenía el tipo de habilidad de los alquimistas; cuando estaba en el escenario, cambiaba. Cambiaba físicamente. Se volvía increíblemente grácil y hermoso. No era por el LSD, aunque éste circulaba. Pero él tenía el poder de volverte sobrio. Era más fuerte que el LSD. (...) Jamás se me pasó por la cabeza que pudiera acercármele ni un poco". Por su parte, Eric Clapton –quien con Hendrix y Jeff Beck constituía la santa trinidad de los guitarristas del Londres de los años sesenta– escribió en sus memorias: "Lo que me resultó fantástico en él era que tenía una actitud intensamente autocrítica respecto de su propia música. Tenía un don enorme y una técnica fantástica, como la de quien se pasa todo el día practicando, aunque no parezca consciente de hacerlo".

Jeff Beck, a su vez, comentó que la primera vez que lo vio fue a instancias de una novia: "Cuando lo oí no podía creerlo. Era como si él solo estuviera bombardeando el lugar. Estaba tan adelantado respecto de todos los demás... Hasta hoy es una fuente de inspiración". Otro tanto señaló Carlos Santana: "La música de Hendrix hace que la gente vea que hay otras posibilidades". En cambio, el irlandés Rory Gallagher señaló: "Vi a Jimi dos veces, en Belfast y en Londres. Una noche estuve con él en el mismo cuarto y le di la mano, pero no nos llegamos a conocer realmente. Daba miedo. Creo que, después de Guitar Slim –que era realmente salvaje– y, claro, de Buddy Guy –quien también tuvo lo suyo en su momento– es el showman supremo de la guitarra". Frank Zappa escribió a su respecto: "La música de Hendrix es muy interesante y extremadamente metafórica: gruñidos orgásmicos, gritos torturados, gemidos lascivos, desastres eléctricos y otras innumerables curiosidades auditivas que se le ofrecen a los sentidos del público a un nivel de decibeles extremadamente alto. Durante sus actuaciones en directo, es sencillamente imposible escuchar lo que hace el grupo de Hendrix... te come vivo". En una línea similar, el texano Johnny Winter dijo: "Nunca vi a nadie a quien le gustara más tocar. Siempre tenía una idea nueva". Y entre los guitarristas de la siguiente generación Stevie Ray Vaughan –quien hacía sus propias versiones de "Little Wing" y de "Voodo Chile"– dijo: "No tiene sentido que nos comparen. Yo no cuento, él fue único". Adrian Belew sostuvo que "la manera de encarar una melodía con acordes tal como Jimi hacía en su tema 'Little Wing' es un tipo de arte hoy perdido". Para Vernon Reid, de Living Colors, nadie hizo algo como la versión de Hendrix del himno nacional de los Estados Unidos: "Para mí es el más importante solo de guitarra de todos los tiempos, porque su interpretación de 'The Star Spangled Banner' estaba completamente en sincro con lo que estaba pasando en el país. Hizo lo mismo con 'Machine Gun' ('Ametralladora'). Uno siente la guerra de Vietnam, uno siente lo que es caminar por un arrozal y ver cómo los compañeros de uno van cayendo". Las opiniones podrían multiplicarse así al infinito, pero probablemente todas se sinteticen en el veredicto de la revista Rolling Stone, que en su edición del 27 de agosto de 2003 ubicó a Hendrix a la cabeza de los 100 mejores guitarristas de todos los tiempos. Y aunque la fiabilidad de la compulsa sea relativa –ya que la mayoría de los críticos que participaron de la encuesta procedía del rock– marca al menos una tendencia sostenida en el tiempo.



La última cuerda

Nadie llevó la experimentación y el virtuosimo tan lejos en el rock. Nadie encontró un sonido tan perfecto para la violencia de los ’60. Y nadie volvió al límite que él marcó. La reedición de toda su discografía, con bonus tracks y documentales en dvd con la palabra de quienes tocaron y grabaron con él, más la edición de Valleys of Neptune, un disco inédito de grabaciones inéditas realizadas en estudio en 1969, son una oportunidad impecable para repasar la obra del hombre que hizo sonar la guitarra eléctrica de todas las maneras posibles.

Por Diego Fischerman

En uno de sus chistes más famosos, Jorge Luis Borges aventura que son los grandes artistas los que crean a sus precursores y no a la inversa. Algo similar asegura en una conferencia acerca de los poetas alemanes de la época de Bach. La literatura, “más generosa que los lectores”, dice, reconoce la existencia de esos autores sólo porque hicieron posible la posterior aparición de Schiller y Goethe. De la misma manera, podría pensarse que son los finales los que construyen las historias y las obras tardías las que revelan a las tempranas. Es la muerte de Jimi Hendrix, ahogado en su propio vómito el 18 de septiembre de 1970, y su actuación en Woodstock, el 19 de agosto del año anterior, lo que suele colocarse en el punto de partida. Eso o su iluminado Electric Ladyland, publicado un mes después.

Para entender la importancia de Hendrix, sin embargo, para captar su originalidad, conviene hacer la operación contraria. Imaginar que nada se sabe de él. Olvidarse de su muerte trágica y del mito romántico y del malentendido según el cual sería esa muerte la fuente de la genialidad misma; olvidarse, incluso, hasta de la palabra “genialidad”, tan atada en esos años a la rebeldía, a lo imprevisible o a la mera indisciplina. Conviene escuchar “Hey Joe” como se la escuchó el 16 de diciembre de 1966. Es decir: escuchar allí el comienzo de una carrera que, todavía –es decir tres meses antes de “Purple Haze” y cuando aún faltaban seis para que actuara en Monterrey e incendiara su guitarra– no se parecía a nada existente. La propia idea del solista virtuoso era bastante ajena al rock salvo para Grateful Dead, que incorporaría improvisaciones en sus temas, y para grupos cercanos al blues, como el Blues Project de Al Kooper, Blues Incorporated de Alexis Korner, los Bluesbeakers de John Mayall, y sus dos derivaciones más importantes, Cream –que comenzó apenas unos meses antes del debut de Hendrix en Inglaterra pero que fue, sin duda, una de sus fuentes– o el Peter Green’s Fleetwood Mac, que empezaría oficialmente en 1967. “Hey Joe”, con la inusual presencia del bajo y la batería en el frente y esa guitarra espesa que comienza a bordear la melodía de la voz después de la tercera estrofa, acabaría convirtiéndose en un modelo posible de canción para el rock pero, en 1966, cuando los solos eran, todavía, esos modestísimos punteos de guitarra de George Harrison o Brian Jones que podían llegar a sonar en un puente o en la presentación de una nueva estrofa, fue como la aparición de un meteorito, tan inesperado como definitivo en sus efectos. Cuarenta y tres años después de aquel comienzo, la que posiblemente acabe siendo la edición discográfica más importante del año pone en escena nuevamente esa contundencia.

Tal como sucede con la mayoría de los músicos cuyas carreras se frustraron por muertes tempranas, en el caso de Hendrix la producción discográfica postmortem–con infinitas antologías e innumerables tomas en vivo que el guitarrista jamás hubiera pensado en editar– superó ampliamente al fulminante cuerpo de cuatro álbumes, tres grabados en estudio, el último de ellos un álbum doble, y un cuarto registrado en vivo en el Fillmore East de Nueva York. Hasta que la empresa creada por la familia del músico, Experience Hendrix, tomó las riendas y acordó con Sony Music la reedición cuidadosa de los tres discos “de estudio” (Are You experienced?, Axis Bold as Love y Electric Ladyland) más First Rays of the New Rising Sun, el disco póstumo con registros dispersos que había inaugurado, en 1997, sus actividades editoriales, respetando en todos los casos los ordenamientos de canciones que figuraban en los planes iniciales, la unidad conceptual de cada disco, y agregando a cada cd un dvd donde productores, sonidistas y músicos que trabajaron con Hendrix cuentan su experiencia y en que se insertan numerosas tomas en vivo. A ellos se agrega Band of Gypsys, que ya había tenido una republicación anterior, con numerosos bonus tracks, y que aquí reproduce la forma primigenia, un dvd con la actuación completa en Woodstock, una antología (Experience Hendrix) y un hallazgo: un disco nuevo llamado Valleys of Neptune. Conformado por grabaciones inéditas hasta el momento, realizadas en estudio en 1969 –entre ellas las últimas registradas con Experience, el trío con Noel Redding en bajo y Mitch Mitchell en batería– incluye, por ejemplo, la única grabación realizada fuera de los escenarios de “Sunshine of your Love”, un tema de Cream que Hendrix convirtió en uno de los caballitos de batalla de sus actuaciones en vivo y que en este caso cuenta con la participación del percusionista Rocki Dzidzornu, que había tocado las congas en “Sympathy for the Devil”, de los Rolling Stones.

En rigor, la mayoría de los temas del disco son bien conocidos aunque nunca se escucharon exactamente como aquí. Y es que el período elegido por quienes idearon la edición –Janie Hendrix, el legendario Eddie Kramer, que fue el ingeniero de sonido original de todas las grabaciones de Hendrix, y John McDermott– cubre la transición entre los dos tríos del guitarrista –Experience y Band of Gypsys–, y en algunos casos la presencia del bajista Billy Cox, un viejo conocido de los comienzos de su carrera en los Estados Unidos, en lugar de Noel Redding, da una perspectiva bastante diferente a temas como “Stone Free”. El material circulaba, desde ya, en discos piratas pero el sonido (y la accesibilidad, obviamente) no es comparable ni por asomo con el de esta edición. Dicen que fue Frank Zappa, cuando aún la historia ni había comenzado, quien, luego de haberlo conocido por casualidad, le mostró a Hendrix las posibilidades del pedal wah-wah. Si no es verdad casi ni importa. Los pedales existían. Y también la palanca de vibrato y la posibilidad de acercar una guitarra a un parlante para producir un acople. Aunque fuera nuevo –y en un punto quizá demasiado radical– el rociar una guitarra con gas líquido y prenderle fuego para ver cómo sonaba, Hendrix, en gran medida, no hizo otra cosa que llevar hasta el abismo unos cuantos recursos que andaban dando vuelta. Nadie, antes que él, los había convertido en material. Y muy pocos –antes pero también después– fueron capaces de entender la experimentación sonora no como decoración sino como núcleo expresivo y estructural. En cualquier caso, de lo que se trataba era de dar al virtuosismo instrumental –un virtuosismo inédito en el rock de ese entonces– un lugar que nada tenía que ver con el exhibicionismo frívolo. En una época en que la violencia se pregonaba como virtud –aun entre los epígonos del flower power–, Hendrix la convirtió en sonido. Encontró, en todo caso, no sólo la única música posible para la guerra de Vietnam sino el verdadero límite de una tímbrica y de un estilo. Un límite al que, además, nunca nadie se atrevió a llegar de nuevo.

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