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lunes, 27 de febrero de 2012

ANECDOTAS SOBRE PAPPO



























"Las guitarras son para hacerlas mierda" 

 Por Gabriel Delta



Cuando empecé a tocar la guitarra con mis amigos se hablaba siempre de los referentes que uno tiene para escuchar y aprender, era inexorable para aquellos que nos gustaba el Blues no tener a Manal y a Pappo como fuente de inspiración. En el 92 ya estaba dentro del circuito y tuve la posibilidad de hacer unos cuantos conciertos como guitarrista de Alejandro Medina con quien una noche después de tocar nos fuimos al Marquee donde tocaba el Carpo, esa fue la primera vez que lo conocí personalmente. Obviamente le pedí que me firmara la guitarra, pero no teníamos con qué, así fue que aparecí con un sacacorchos y el me miró se entró a reir y me dijo: " Está bien, las guitarras son para hacerlas mierda", y me la firmó.
Después por distintas situaciones en mi carrera, ya sea por estar tocando con Vitico o con Botafogo, tuve la oportunidad de compartir el escenario con el Carpo lo que me permitió conocer no solo al músico sino también al Pappo hombre.


Hoy lo recuerdo y me despierta una sonrisa, era un grande.

Si miro al cielo es para dar gracias, soy argentino, toco la guitarra y amo el blues y puedo decir que en mi carrera tuve la bendición de tocar con Pappo. Gracias, hoy sigo tocando blues en los escenarios europeos con mi vieja guitarra firmada con un sacacorchos; es que mi guitarra y yo tenemos una extrana relaciòn...



Gabriel Delta (Gabriel Trombetta), ex guitarrista de Vitico y Alejandro Medina y guitarrista de Los Delta Blues.



"Disculpen, es que estoy un poco excedido de peso" Por El Griego



Es difícil seleccionar una sola anécdota, pero más dificil es encontrar una publicable...

Estabamos en la pileta de un hotel en San Pedro en enero del 2003, habíamos ido a tocar al primer San Pedro Rock, no sabíamos que había pileta en el hotel, por lo tanto no teníamos short, así que como hacía un día espectacular tratamos de buscar algún slip que pueda llegar a zafar como para tirarnos igual al agua, tratamos de pasar desapercibidos pero con "el loco" eso era imposible, la cuestión es que ya en la pileta y después de una pequeña carrera se tiró al agua y empapó a unas minas que estaban dormidas tomando sol del otro lado de la pileta, éstas se levantaron con una mezcla de indignación, odio y ganas de matar a alguien, y cuando emergió del agua las miró y cagándose de risa les dijo: "disculpen, es que estoy un poco excedido de peso".

La situación era muy graciosa, las minas lo vieron y no pudieron hacer otra cosa que cagarse de risa también... obviamente no pudimos pasar desapercibidos, todos en calzón...

Bueno, son muchas las anécdotas ésta es solamente una, como para recordarlo con una sonrisa.

Griego (Ricky Alonso), ex baterista de Pappo's Blues.

















El Beto de La Paternal y Cacho Chacarita
Por Black Amaya


¿Cómo empiezo, de qué hablo, qué cuento de Pappo?, no lo puedo creer como muchos de ustedes. Para mí en lo personal se fué de este mundo un amigo, un grande, un tipo divertido y de buen corazón. No era el momento para mí de aceptar la idea que no está más entre nosotros, a pesar de que algunas veces tuvimos momentos muy dificiles, nosotros nos podíamos enojar y no darnos bola, pero por alguna razón siempre que nos veíamos nos saludabamos, yo creo que era el único que lo podía cargar y darle un beso porque no aceptaba que otros lo hicieran, se ponía furioso!!. Hace unos años estuve de gira con él y el lugar de hablar de nuestras cosas, recuerdos, familia, confesiones, que sólo lo decís con la gente que realmente tenés confianza era cuando nos íbamos a dormir al hotel. Una noche de esas nos acostamos a dormir y en el oscuro le pregunto "¿Vos qué pensás, nos hubieran dado bola si no fueramos músicos, yo, un negrito de barrio?" y me dice Pappo: "¿Y yo?... un gordito pelotudo, menos!!!". Nos cagamos de risas!!!, esos momentos eran los que más me gustaban estar con él.

Una vez nos habíamos prometido que a los 60 años tocaríamos en una gran banda de Blues vestidos con smoking y las entradas costarían mucha plata porque seríamos unos viejos muy grosos haciendo Blues todavía. Lo conocí cuando teniamos 19 años, el vivía en la Paternal y yo en el barrio de Chacarita, estabamos cerca y siempre nos sentiamos orgullosos del barrio, yo le decía "el Beto de La Paternal" y él a mí "Cacho Chacarita", con estos nombres nos alentamos cuando estabamos subiendo al escenario del primer Obras de Pappos Blues... ¡¡¡Qué grande Beto y Cacho en Obras Sanitarias!!!. Por eso es que no me lo esperaba. ¿Qué más puedo decir?; tengo muchos recuerdos que no entrarían en esta nota, lo vamos a extrañar mucho seguramente y mas los que tuvimos la oportunidad de tocar con él. Chau Carpo querido, te recordaremos con una sonrisa siempre.

Black Amaya, ex baterista de Pappo's Blues.























Pappo, mi rival y sin embargo amigo… Por Claudio Gabis



Una tarde muy calurosa del verano del 68, al finalizar el ensayo diario del incipiente Trío Manal en casa de Alejandro Medina, Javier Martinez me llevó a otro ensayo en una sala de teatro “independiente” en el centro de la ciudad. Allí se reunían varios músicos muy conocidos para preparar lo que más tarde se convertiría –de alguna forma- en Alma y Vida. El objeto de la visita era escuchar a un joven guitarrista, nuevo en el ambiente, que todos decían que “prometía mucho”. Cuando llegamos, ví por primera vez a Pappo, un muchacho flacucho arrodillado en el escenario, golpendo e insultando a un pedal que sostenía en las manos y amenazaba con arrojar lo más lejos y violentamente pósible. El Carpo estaba en cueros (la sala era un infierno de calor y humedad) y parecía muy, muy contrariado. Nos presentaron mutuamente como “guitarristas de blues” y entonces él me preguntó: “¿sabés algo de distorsionadores?. Compré este, anduvo fenómeno una semana y ya no funciona más”. Yo ya tenía cierta experiencia con esos bichos, así que lo tomé en mis manos y busqué como abrir el portapilas. “¿Le cambiaste las pilas? –le pregunté- puede ser que se hayan gastado”. Me miró atónito, y con su típica carcajada carpiana, esa que asustaba, pero nunca mordía, me contestó: “Que delirio. No tenía ni idea de que este relajo funcionara con pilas”. Salió corriendo y un par de minutos después volvió con un par de everredis nuevas. Entonces empezó a tocar, y me dí cuenta de que yo no estaba más sólo en aquello de tocar guitarra de blues. Estaba también Pappo, ¡y de que manera!. Allí, inmediatamente, nació entre ambos una amistad pisciana y guitarrística –mucho más fuerte que nuestra supuesta rivalidad como violeros- que duró hasta que me fui del país en el 72. Durante esos años, aprendimos mucho el uno del otro, nos pasamos yeites, tocamos horas sin parar en nuestras respectivas casas y también –¡que lindos recuerdos!- pateamos juntos, charlando sobre chicas y música, las calles de Caballito y Paternal y las vías de carga de Barracas y Avellaneda. Cierro los ojos, me concentro, y vuelvo a escuchar los sonidos de su increible carcajada y su insuperable guitarra.

Claudio Gabis, ex guitarrista de Manal.


















"Para que no jodas más" Por Machi Rufino



Lo que voy a contar muestra como era realmente Pappo, como eran sus sentimientos de amistad, y en éste caso concretamente hacia mi.

Por la época en que tocabamos juntos con Pappo's Blues, obviamente pasábamos mucho tiempo juntos con él y Pomo, así que llegamos a conocernos bastante, cuales eran nuestros gustos en musica etc,etc. A mí desde siempre me gustaron muchos otros estilos de música, cosa que Pappo realmente no compartía conmigo, para ser más preciso, todo lo que fuera medio jazzero, a él le interesaba poco o nada. Había una banda por aquel entonces llamada "Chicago", que a mi me gustaba mucho, pero como dije antes, era un gusto que no compartíamos.

Ya habíamos dejado de tocar Pomo y yo con Pappo, estabamos con Spinetta en Invisible, y Pappo habia viajado, primero a Europa, y después a USA, en uno de los tantísimos viajes que hizo, y no había contacto entre nosotros, no era época de email y demás, y ocurre que un dia me tocan el timbre de casa, preguntan por mi, y la persona que me buscaba me dice: "vengo de USA con algo para vos de parte de Pappo", mi sorpresa fue enorme, al ver que mientras me decia ésto, me daba un paquete bastante voluminoso, cuando lo abro, adentro estaba un album de Chicago con cuatro discos grabados en vivo en el Carnegie Hall de Nueva York, una edición de lujo, que ademas traía varios posters que jamás se edito en Argentina, y que por supuesto todavía está conmigo, y una carta del Carpo, (sí debo ser uno de los pocos a quien le haya escrito una carta), donde me decia: "Aquí te mando el disco éste de Chicago, para que no jodas mas"..., y luego me detallaba todos los grupos que había visto tocar, y una lista de los que iba a ir a ver la semana siguiente, y con algunos dibujos hechos por él...


Lo que me conmueve, es pensar que sin compartir conmigo el gusto por esa banda, se tomó el laburo de buscarlos, comprar el disco, (quizás estando corto de dinero), y finalmente conseguir una persona de su confianza para hacermelo llegar...

Todo un gesto de amistad, que nunca voy a olvidar, como tantos otros...



A Pappo: que tengas paz, y que estés en un lugar mejor...



A su familia mis condolencias, y que sepan que muchos compartimos su dolor...



Machi (Carlos Rufino), ex bajista de Pappo's Blues.



Fuente: www.elsitiodepappo.com.ar

OPINIONES SOBRE PAPPO



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La moto, la campera de cuero y la viola


 Por Rodrigo Manigot
(Ella Es Tan Cargosa)
“Soy amante del rock argentino por el lado más lírico y beatle: Spinetta, Charly, Fito, Calamaro, una escuela más refinada de rockeros maricones que cierto rock critica y yo reivindico, y con la que Pappo tuvo sus idas y vueltas. Mi real introducción a su música fue tras su muerte. Tocamos con Palo Pandolfo, que hizo una versión hermosísima de Sucio y desprolijo, una de las mejores canciones del rock argentino. No le había prestado atención como ejecutor ni como compositor, pero cuando escuché Pappo’s Blues me di cuenta de que era un grande. Formó una escuela que se sentía lejos de la veta más surrealista de Spinetta y García, y que quería que el rock and roll recuperara los tres tonos, la crudeza y una poesía en apariencia sencilla, pero directa y con muchas cosas inteligentes. A pesar de canciones imbatibles como Desconfío, creo que su influencia central no es como compositor sino como violero. Después de haber ido a ver a AC/DC, me puse a escuchar Macadam 3... 2... 1... 0 y, aunque confieso que Pappo no me gustaba mucho como cantante, me di cuenta de que algunos temas de Riff eran AC/DC en el año ‘83, pero ¡en la Argentina! Creo que su problema fue que el personaje se comió al artista y terminó siendo como un luchador de Titanes en el Ring con la moto, la campera de cuero y la viola.”

 

Muchos no le llegan ni a los talones


 Por Pety
(Riddim)
“Cuando tenía 16, fui a ver a Riff en la época en la que cantaba JAF. En esa época había quilombo, me acuerdo de que en Obras había entrado la cana. Mi primera impresión fue que los tipos eran garra, huevo y corazón, y la otra que la gente que iba a ver heavy metal era de primera. Lo bueno de Riff es que, si bien tenía cosas trilladas en la estética, como las tachas y el cuero, era original arriba del escenario, ellos no imitaban una pose, eran así de verdad, no eran caretas. Después no le di mucha más bola a Pappo porque encontré una energía más grande en Sumo. Pappo no influyó demasiado en lo que hago, pero todo tipo que sabe tocar la guitarra fue influido por él, cualquier músico de rock argentino y de reggae argentino, porque el que aprendió a tocar la guitarra no aprendió en Jamaica, sino acá. Alguien que tocó con BB King en Estados Unidos es un ejemplo a seguir por cualquier músico. Lo mío llega hasta la admiración y el respeto. Muchos no le llegan ni a los talones”.

 

Buscarle temas malos es como buscárselos a los Ramones: no tienen


 Por Gori
(Fastasmagoria)
“Mi vieja me llevó a un programa de Badía y tuve la suerte de ver a Riff. Recuerdo que era la primera vez que veía a gente tocando con pelo largo, camperas de cuero y distorsión. No sé bien ni cómo se llaman los discos ni en qué años salieron, pero lo que más me gusta de la música de Pappo es Riff, la primera época: Ruedas de metal, Macadam y Contenidos. Quizá la etapa de JAF es la más caretona, pero igual me gusta mucho, porque buscarle temas malos a Pappo es como buscárselos a Los Ramones: no tienen. Mi guitarrista vivo preferido es Gabriel Carámbula. Y el más grande guitarrista muerto es Pappo. Abrió un camino grandísimo para el heavy metal, hard rock, o como se llame. Música con distorsión que había que bancársela en tiempos duros”.














 

 

 

 Lo más cerca de Muddy Waters


 Por Andrés Calamaro

En la más definitiva de mis vueltas a Baires, lo fui a escuchar al Ateneo. Tocó genial, recuerdo que se sentía responsable de mi “revival” y tenía razón. Me consta que llegamos a un punto muy cálido de la amistad, compartimos muchos buenos ratos, él fue mucho más que correcto cuando se preocupó sanamente por mí y mis estados. No era ninguna preocupación evangélica ni careta, ¡nada que ver!
Si uno escucha blues enseguida se da cuenta de que el único que lo interpretó y que encontró la manera de cantarlo, lo más cerca de Muddy Waters, fue Pappo; hay muy buenos guitarristas en la Argentina y algunos son guitarristas extraordinarios de blues, como Botafogo; pero Pappo era un cantante de blues negro, cantaba desde La Paternal, Illinois. Además tenía un repertorio muy importante de blues y de pesado.
El Carpo venía mucho al estudio; podíamos componer un tema y grabarlo, todo junto, o encontrarnos en casa y pasar las horas tocando. Además, venía a saber si estaba todo bien, para compartir y divertirnos, o cuando yo necesitaba una gamba amiga. Alguna vez, quizás, chocamos con algún criterio, tonterías, como cuando él quería usar un “twin” y yo le pedía que tocara en un ampli más chico, más práctico en el estudio. Nos veíamos seguido cuando la mamá de Pappo se puso mal.
El Carpo se preocupaba por vos, te cuidaba, te llamaba. Era amigo de sus amigos y basta. No es un detalle que muchas muchachas me hablaron siempre muy bien de él. Tengo un recuerdo profundo y muy positivo, como un compañero y amigo de confianza, el recuerdo de un amigo de estar, de acompañar, alguien que no se borraba, que respetaba hasta la distancia. Pappo fue muy querido y lo sigue siendo; es un símbolo del rock nuestro. Además de un gran músico con una personalidad formidable. Pappo fue lo que fue y fue mucho, y además vivió todo lo que quiso y como quiso, siempre fue él.
Me acuerdo de hace muchos años, que tocamos en un “Hard Rock” trucho que estaba cerca de Constitución. Cuando terminamos de zapar le dije algunas palabras amables y respetuosas y me contestó: “Calamaro, lo único que tenés de negro es el agujero del culo”, y habíamos estado tocando blues. Algunos años después, le estaba mostrando unas grabaciones que habíamos hecho con Ciro Fogliatta y me preguntó si la banda que tocaba era la de Albert King. ¡Y era yo tocando todos los instrumentos! (sin dudas, un profundo reconocimiento a mis progresos en el género). Eso fue la reivindicación, el respeto y la amistad.

















 



Le agradecería la desprolijidad

 Por Ezequiel Jusid
(Arbolito)

Lo escucho bastante. Lo que más me gusta es Volumen 3, de Pappo’s Blues, con la formación de Machi y Pomo. Además, tenían temazos. Lo vi en vivo en Obras con BB King y lo más emocionante era notar el respeto que le tenía BB King a él. Fue uno de los fundadores del rock e introdujo una cuota rockera y blusera que en ese momento no había, salvo con Manal. Les enseñó a tocar a los guitarristas de acá, porque pelaba el sonido crudo que en ese entonces no se conseguía. En el momento en el que el rock nacional se estaba inventando, él ya era vanguardia. De no haber existido Pappo, no sé si estaríamos hablando de power tríos en la Argentina. Cuando Arbolito mete una cuota de rock está influida por esa veta de los ‘70. Al Carpo le agradecería la desprolijidad con la que salía a tocar, esas ganas de rockear, ese entusiasmo, la autenticidad que demostró hasta el final. Pappo no se murió boludeando en una ruta. Fue auténtico siempre


Cambió el sonido de la música popular


Por Pablo Font
(Les Mentettes)
“Lo que más me toca de la obra de Pappo tiene que ver con los últimos discos de Los Gatos: Beat Nº1 y Rock de la mujer perdida. Los escuché durante mucho tiempo, porque era la aparición del rock dentro de algo que pintaba mucho más soft. Por otro lado, ensayábamos en La Paternal, justo enfrente de la plaza donde está el monumento a Pappo, y no tengo dudas de que alguna energía nos ayudó a seguir nuestro camino. El sonido de Pappo en Los Gatos daba la idea de que habían llegado los ‘70 un par de años antes: el audio de esos discos estaba adelantado al Buenos Aires de esa época, parecía Zeppelin. El grupo vivía un auge de popularidad, así que Pappo cambió el sonido de la música popular. El audio de esa guitarra fue la base para que después aparecieran bandas como Pescado Rabioso. Que tantos años después haya sido convocado por BB King da la pauta de que lo que hacía con sus dedos no era tan sólo tocar blues. Noto mucho su influencia sobre el rock actual, más con bandas que están cercanas a mi entorno. Me acuerdo de estar viendo a Bicicletas, escucharlos tocar Sucio y desprolijo y pensar ‘claro, ahora entendí todo’”.

Siempre fue genuino, mantuvo una línea


 Por Hernán Saravia
(Pampa Yakuza)
“Mi primer recuerdo vinculado a Pappo es de cuando tenía once o doce (ahora tengo 34). Jugaba en la plaza del barrio y los chicos más grandes, los indeseables, escuchaban Riff tomándose unas cuantas birras. Ese fue el primer acercamiento: de escuchar Riff en los grabadores a pila en la plaza de Colegiales. Las vueltas de la vida hicieron que termináramos versionando un tema de él, lo que fue una sorpresa y un desafío. La idea fue encararlo con respeto pero con honestidad, desde un lugar genuino. Cuando escuchaba Mi Vieja me daba cuenta de que ésa no era su esencia, que no era de él. Escuché cosas mucho más piolas como “No puedo evitar que vengan hacia mí los sánguches de miga” y todo ese tren de lírica. Sin dudas tiene una influencia visible sobre el rock argentino, y aunque uno no tenga mucho que ver, está ligado al Carpo al hacer rock en castellano, por haber decidido hacer algo que venía de afuera, pero ponerle identidad propia. En vivo lo vi solamente una vez, con los Stones. Arrancó temprano y la gente le daba bola, pero había doscientos tipos que estaban prendidos fuego: era Dios para esos muchachos. Yo le agradecería lo genuino que siempre fue, que mantuvo una línea de conducta. A veces la industria o el mercado no le sonrieron y él se la bancó. Es de los poquitos de los que podés decir que no transaron con nadie, y eso es muy digno.”


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No me cabía el Pappo soberbio y agresivo


 Por Marcos Orellana
(Onda Vaga / Michael Mike)
“Escuché Pappo’s Blues, Riff, la versión de El viejo que grabó con Calamaro, y una canción de Los Abuelos de la Nada con él que no me pareció de lo mejor de la banda. Musicalmente me parecía bueno, cosas que escuché de Pappo’s Blues me parecían interesantes. No sé bien por qué no me vinculé tanto, calculo que porque su personalidad no me caía simpática. Mucho no me gusta el machote medio soberbio y agresivo, el ‘Pappote’. Ese tipo de personalidad sí ayuda con la guitarra, pero ya a nivel personal es un bodrio. No sé si ahora tiene mucha influencia sobre el rock argentino. No conozco a mucha gente que ahora esté copada con Pappo, que me hable de él o que esté escuchando discos suyos. Sí me di cuenta de cuánto influyó en grossos de su época, como Spinetta o Calamaro. Lo que resonó fue cuando lo bardeó a DJ Deró en el programa de Repetto. Eso me gustó, porque Deró siempre me cayó bastante para el orto y fue una reacción coherente con la personalidad de Pappo. Me parece muy cerrado pensar así, pero me resultó fresco, lógico y hasta gracioso por la personalidad a la que atacaba. Ahora no recuerdo ningún tema que me parezca especial. El tema de la vieja me parece especial, pero de lo malo que es. Ah, sí, hay un tema en Spinettalandia y Sus Amigos que siempre me gustó, y me sorprendió cuando me dijeron que era de Pappo. Ése (Era de tontos) y Castillo de piedra, que también cantó Pappo, son los dos temas que más me gustan de ese disco”.

Me lo imagino como un tipo sensible



 Por Federico Cabral
(Sancamaleón)
“Siento que llegué tarde a su obra. Nunca lo tomé en serio. Lo primero que se me viene a la cabeza es su personalidad, la de un tipo muy gracioso. Daba gusto verlo estar entre sus cosas. A sus canciones nunca les di bola por la estética, pero lo agarré de más grande y me empezó a gustar mucho la canción El viejo. Pappo tenía un canal, y cuando lo sintonicé, entendí el plan que tenía como músico. Me lo imagino como un tipo sensible. Además, lo que yo valoraba era que estaba todo el tiempo golpeando muchas puertas, porque tocó con todo el mundo, y no era un violero que recién empezaba, era ya una figura del rock argentino. Eso es un ejemplo que deberíamos aprender todos los músicos”.

Un rock crudo, conciso y sintético


 Por Sebastián Carreras

(Entre Ríos)

“La primera imagen que me viene de Pappo es verlo en la televisión o en las revistas de la farándula. Después supe que había estado en la última formación de Los Gatos, pero siempre me llegó como una persona mediática. Su desaparición fue una desgracia, pero no tuve una conexión sentimental con eso. El valor que le encuentro a su música es que me parecía un rock muy crudo, conciso y sintético. Influyó construyendo una personalidad fuerte, como Charly García, como esos personajes del rock que definen estilos y estéticas. Yo le agradezco a Pappo haber sido quien fue. Hizo lo que le gustaba hacer, como pudo”.













 

 

 

 

Me gustaba cómo lickeaba, el sustain que tenía


 Por Lolo Fuentes
(Miranda!)
"Tomé clases con un profesor que me hizo estudiar Stratocaster Boggie y me parece que Sucio y desprolijo tiene un riff glorioso. Después, obviamente, los hits: Susy Cadillac, Sube a mi Voiture, Mi vieja o Desconfío, que es parte del cancionero nacional. Me gustaba mucho cómo lickeaba, el sustain que tenía. Fue uno de los mejores guitarristas de blues de la Argentina junto con Botafogo. Musicalmente me influyó mucho, todavía sigo practicando ese tema, que es un muy buen ejercicio para la pentatónica de La. Es un gran guitarrista pentatónico. Tengo ganas de hacer una banda de covers para divertirme, estoy ensayando con unos amigos, y Sucio y desprolijo es uno de los temas que elegí. Es tremendo, el riff es como un machaque Iron Maiden pero también con ese tono más blusero, más Black Sabbath, como una locomotora en la que el groove no para. Creo que hasta es un tema para pasar música y el que la entiende, baila. El tenía psicodelia de barrio, el tema de los sánguches es tremendo. Me acuerdo de ver en los noticieros cuando salían a patear tachos con Vitico: me daba un poco de risa y un poco de miedo, porque el Carpo era heavy en serio. Lo vi en vivo cuando tocamos en el último Cosquín Rock antes de su muerte: subí el monte y escuché esa máquina tronadora de rock and roll. No encuentro guitarristas nuevos que toquen como él, no encuentro a su sucesor. Quizá sea su hijo, pero todavía no lo veo. Además, no se comía ni media: creo que si me conocía me pegaba, y eso era parte de su folklore”.













 

 

 

 

 

Tenía esa cosa de barrio, aun con su madre

 

 Por Dread Mar-I

“No escuché a Pappo de chico, porque a mi padre nunca le gustó mucho la música nacional. Lo que sí sé es que era un guitarrista muy bueno. Lo vi en la tele y flasheé por cómo tocaba la viola. Una canción que me pareció graciosa y bien hecha para la época es la que decía ‘Nadie se atreva a tocar a mi vieja’. Me produjo alegría y esa cosa que tenemos desde siempre en el barrio con las madres, que se está perdiendo. Nunca escuché un disco entero suyo, nunca lo vi en vivo, y la verdad es que de eso me arrepiento. Creo que fue uno de los primeros en tocar música fuerte acá, así que fue por demás influyente para el rock nacional. Y además, ha demostrado que se puede vivir y disfrutar de la música más allá del negocio


RECUERDOS DE PAPPO NAPOLITANO.




    24.02.2012

A seis años de su muerte, distintos músicos y amigos narran sus historias junto al Carpo.

Uno de los músicos locales más queridos entre sus colegas, Pappo es sin dudas el icono de nuestro rock que más anécdotas y remembranzas despierta. Aquellos que vivieron momentos junto a él saben que el Carpo escondía un alma entretenida que poco tenía que ver con esa áspera coraza que ostentaba. A 7 años de su sorpresiva muerte, media docena de artistas recuerdan al más importante e influyente guitarrista de la Argentina.

Javier Calamaro (cantante, ex Los Guarros)

Pappo vino una vez a grabar en un disco de Los Guarros. Fuimos al estudio y lo llevamos. Estábamos entre él y Spinetta. Primero lo llamé al Flaco porque queríamos hacer "Me gusta ese tajo" pero Luis no podía. Levanté el tubo y lo llamé al Carpo. Lo llevamos a pasear un poco y después fuimos al estudio. Se puso a tocar, no cantó. Le pedimos que vaya a tocar y tocó. Grabamos "Tren de las 16", que nosotros la hacíamos seguido. El tipo era muy parco, pero era un divino. Tenía más corazón que cualquier otro.

Ciro Fogliatta (tecladista, ex Los Gatos)

A Pappo lo vi por primera vez en una zapada en un cine abandonado, un día de lluvia en el invierno del '68. Me sorprendió su manera de tocar. Tenía mucho gusto para hacer solos. Se notaba que era el único que había escuchado a los master británicos de esa época como Eric Clapton, Mick Taylor y Peter Green. Ahí le presté mucha atención y luego lo conocí en el aeropuerto de Ezeiza cuando volví de mi exilio en Nueva York para rearmar Los Gatos con él de guitarrista. Era un tipo muy llano y simple. Un pibe de barrio con gran talento para la música.

Fernando Blanco (cantante y bajista de Nube 9, ex Super Ratones)

Lo conocí cuando yo tocaba en Los Super Ratones. Teníamos un show en el Hard Rock y él estaba tomando un café ahí. Fui a preguntarle si quería tocar con nosotros. No parecía ser fácil de abordar, me acerqué y le dije: "Hola Pappo. Soy de Los Super Ratones. ¿Querés que hagamos algo?". Le propuse una zapada, que toquemos "Zapatos de gamuza azul". Me dijo: "Dale, buenísimo, dale. Decile a los pibes que ahora voy". Yo me cagaba de risa, porque me hablaba como tercerizado de la banda. Él pensaba que yo era el manager u otra cosa. Cuando estábamos en el escenario le pregunté qué quería tocar, y me respondió: "Lo que quieran. Decile a los pibes que tocamos lo que ellos quieran". Como que no se daba cuenta que yo era músico. Fue un diálogo muy gracioso, yo cantaba y él me decía: "Todo bien, que los muchachos toquen tranquilos". Hicimos como media hora de zapadas. Era un violero bárbaro. Realmente fue impactante y dolorosa su muerte. Son esos tipos a los que ves y parece que no se van a morir nunca. Es como que se caiga un edificio.

Cristina Dall (cantante y tecladista, ex Blacanblues)

Era el primer Obras junto al Carpo. Más allá de lo inolvidable que fue semejante show, estuvo lo memorable del backstage. Pappo, auténtico como siempre, no tenía ningún reparo en pulular en slip por todo el predio que correspondía a los baños y camarines... Algunas Blacanblus no sabíamos muy bien qué se hace ante esta versión del pudor masculino. Sobre todo cuando después del suculento catering, la estrella de la noche se paseaba de esa forma y ¡acompañada por las estruendosas manifestaciones de su digestión!

Sergio Berdichevsky (guitarrista de Ian y Nativo, ex Rata Blanca)

Lo vi por primera vez personalmente cuando yo tenía 16. En shows lo había visto antes pero cuando estaba en cuarto año un compañero del cole me llevó a la casa de los viejos de Pappo en la Paternal. Cuando lo vi no podía creerlo. Ni hablar cuando vi sus guitarras. Para mi era muy loco que un rockero pesado tocara el piano. Sabía que "Desconfío" lo había tocado él, y ese día se sentó casi displicentemente y tocó el piano. Increíble. Ahí entré a trabajar de plomo en la primera época de Riff y hasta me fui de gira por el país asistiéndolo. No recuerdo haber compartido escenarios con él, pero sí recuerdo haberle prestado mis guitarras en algunas zapadas. Le gustaba la Explorer que tengo, se la presté varias veces; y en los comienzos de Rata Blanca supe usar una guitarra que él había destrozado y yo reconstruí. Era una Ibanez Destroyer, justamente, muy parecida a mi Explorer. Creo que el primer show de Rata la usé. Tengo muchos y muy buenos recuerdos. Sin dudas es mi ídolo, siempre lo admiré.

Black Amaya (baterista, ex Pescado Rabioso y Pappo's Blues)

Él era un tipo muy tímido. El día que grabamos el primer álbum de Pappo's Blues, agarró todos los paneles, hizo una muralla, tomó el micrófono y cantó atrás para que nadie lo viera. Me acuerdo que había mucha pizza y cerveza en el estudio. Teníamos casi 20 años. Salió todo en la primera toma, en un solo día. Había una cosa linda de la búsqueda de sueños. Éramos un grupo de amigos. La etapa que más me gustó de Pappo es la de Blues Local. Es uno de los mejores discos del Carpo. Su muerte no la pude creer; se murió un pedazo de mi vida. Al día siguiente del accidente, recibí mails de David (Lebón) y de Luis (Spinetta). Ellos estaban destrozados. Se lo extraña y se lo va a extrañar toda la vida.
Por Lucas Seoane

  



viernes, 1 de abril de 2011

SE EDITAN 2 LIBROS SOBRE LA VIDA DE PAPPO.



Sucio y desprolijo

A seis años de su muerte, cuando ya era hacía tiempo una leyenda del rock nacional, finalmente llega una biografía que reconstruye la monumental vida de Norberto Napolitano, alias Pappo, alias El Carpo. Guitarrista de Los Abuelos de la Nada, Los Gatos, Pappo’s Blues y Riff, entre otros tantos grupos que forjaron una vida de rutas, guitarras y mujeres, a la par que una obra fundamental para entender la raíz suburbana del rock argentino. Con casi cien entrevistas, Sergio Marchi (autor de una biografía de Charly García) ofrece un libro indispensable tanto para fans como para neófitos.





Por Mariano del Mazo

En el impreciso límite de la leyenda urbana y la ficción, como corresponde a un mito de una solidez fraguada en una era en que el muro no era el de Facebook sino el de cualquier esquina de barrio, la vida de Pappo está atravesada por la contradicción y el misterio. Aquellos graffiti de principios de los ’70 en La Paternal, Flores, Floresta, con el mensaje breve y concreto de Dale Pappo (remedo local del Clapton is God de Londres) fueron los primeros tornillos y tuercas ajustadas en la construcción de un Frankenstein demasiado criollo, demasiado caricaturesco, como para ser así nomás como dicen que fue. Para algunos, un monstruo de la incorrección política; para otros, un personaje hecho de nobleza, áspero y tierno al mismo tiempo; para todos, la gran bestia rock. Pero, ¿quién fue al fin y al cabo Norberto Aníbal Napolitano?

Sin que medie ninguna efeméride redonda (nació el 10 de marzo de 1950, murió el 24 de febrero de 2005), acaban de salir dos libros: 100 veces Pappo (Ed. Norma), esto es, cien anécdotas sobre el guitarrista compiladas por los periodistas José Bellas y Fernando García o, como dice el subtítulo, Las increíbles historias del último rocker argentino, y El hombre suburbano (Ed. Planeta), una ambiciosa biografía escrita por Sergio Marchi. Si bien son trabajos de diferente aliento y naturaleza, lo que domina ambos libros es el carácter documental basado en relatos orales antes que cualquier intención analítica; un gigantesco recorrido por un anecdotario grueso que ante ciertas aberraciones convoca más a una mirada piadosa y de complicidad rocker que al cuestionamiento o la condena. Un monumento al pintoresquismo. Así es con los mitos.

El hombre suburbano contiene a 100 veces Pappo. En su rastrillaje de datos, Marchi (a la sazón, biógrafo de Charly García) se desliza por un elenco de músicos, novias y managers que apuntala, reconstruye, deforma y vuelve a apuntalar los ribetes legendarios del guapo de La Paternal desde un punto de vista pasional, al menos cariñoso, y muchas veces desenfocado: la mayoría de los testimonios están contaminados por el final de Pappo, por su muerte en la ruta, y es de esa manera cómo se superponen engañosamente frases del tipo “él siempre dijo que quería vivir hasta los 50, que nunca dejaría los fierros”, etcétera. Declaraciones con el diario del lunes publicado.

El hallazgo de Marchi es el de historias realmente ocultas bajo las capas y capas de grasa de los mamelucos del taller mecánico de los Napolitano. Un punteado no cronológico y en apariencia contradictorio podría ir desde los dolores ocasionados por su estómago perforado por una úlcera hasta sus temerarias borracheras; el peronismo duro que reflejó magistralmente en temas como “El hombre suburbano” o “Trabajando en el ferrocarril” y su amistad con el Tata Yofre, el Corcho Rodríguez y otras joyas; esa pureza de postal tanguera, casi un sainete, que transmitía a partir de su núcleo familiar –la esencia italiana, los ravioli, la casa abierta, la familia numerosa, la madre comprensiva, el padre laburante y, bueno, la hermana mayor maternal y estudiosa y hasta un perro, Cactus– y sus derrapes por el jet set de Punta del Este; su condición de figura del rock argentino y su penar en 1987 por Los Angeles donde tuvo que trabajar de carpintero y mecánico para comer. Y más. Un paladín de la clase marginada por el mismo rock argentino made in Plaza Francia que coló su vozarrón en el corazón de la farándula cholula y que enterneció a una audiencia de tevé masiva en el cañoncito de Pol-ka Carola Casini, audiencia que poco antes había empezado a escudriñarlo a través de “Mi vieja”, su participación en el programa de Tato Bores, una canción de coyuntura craneada por Sebastián Borensztein que Pappo detestaba. Adrián Suar vio el filo de lo que el personaje proyectaba y diseñó un papel a su medida, casi un reality.

En fin, el tipo que violó, o casi, a una chica de 14 años que después fue su novia, el tipo que desfiguró de una piña a Lucas Martí, podía ser todo ternura y embelesar a la mismísima Martha Argerich en un extraño Año Nuevo de 1975 en Londres: por una serie de coincidencias, Pappo terminó en una mesa larga en la casa del pianista clásico Alberto Portugheis, hermano del pionero del rock nacional Isa Portugheis. Pappo e Isa improvisaron después un blues de media hora “mientras Argerich los escuchaba con atención, recostada en una cama”, cuenta Marchi. “Dio la impresión de que ese blues improvisado le había gustado.”

Esta clase de reconstrucción son las perlas que se imponen por sobre un derrotero por momentos redundante de “pedos, cabaret y groupies”. La palabra pedo aquí habrá que tomarla en su doble acepción, flatulencia y borrachera, y se enmarca en un tono muy Marcelo Tinelli que llega a límites insospechados como el duelo que tuvo con la Mona Jiménez para ver “quién la tenía más grande”. Va textual del libro:

–Mona, me dijeron que la tenés muy grande. ¿Es verdad? –preguntó El Carpo.

–Seeee, así dicen –contestó el cuartetero.

–Te apuesto 100 dólares a que la mía es más larga.

–Si vos querés perder...

Quedaron solamente los varones y procedieron a la medición. Pappo, que había sido el de la apuesta, tuvo que tomar el primer turno, y mostró lo suyo, que era algo de considerables dimensiones de acuerdo a diversos testigos. El séquito de La Mona comenzó a reírse.

–Ay negrito –le dijo La Mona–. Por ser vos, esta vez no te voy a cobrar.

Pappo no pudo creer lo que vio. Y se declaró perdedor de aquella apuesta. Entre risas, todos fueron a ver el show de La Mona, que contó con Pappo como invitado especial.

Pappo. El hombre suburbano. Sergio Marchi Planeta 512 páginas

La “respiración” del libro, tal vez en sintonía con la vida de Pappo, se debate entre lo que Andrés Calamaro llamó el spinaltapismo (Spinal Tap fue la película de Rob Reiner que narró magistralmente el patetismo de las estrellas de rock) y la cultura popular más profunda, genuina y brutal que conlleva nuestro querido y meandroso rock. Porque si por momentos esa respiración, ese ritmo, abruma como un viaje de egresados a Bariloche, una despedida de soltero o alguna otra calamidad por el estilo, oculto debajo de estas historias mínimas y máximas late un artista formidable. Un músico enorme que no necesitaba la mano redentora de B. B. King para ser quien fue. Es cierto que el profuso anecdotario es insoslayable y de algún modo completa la obra y sirve para galvanizar el mito, pero el genio ya estaba definido en los primeros cuatro discos de Pappo’s Blues o, si se quiere, en las dos primeras grabaciones en las que cantó temas propios: “La estación” y “Nunca lo sabrán”. ¿Cómo un hijo de inmigrantes con más conocimiento de bujes y rulemanes que de música popular lograba tanta solidez compositiva, tanta cohesión poética, tanta destreza instrumental? A Pappo lo salvó su inmensa curiosidad y ambición. Sin ser hippie, se camufló en el ambiente de Plaza Francia y alrededores para aprender (él veía en los collares del símbolo de la paz el isotipo de Mercedes-Benz); orejeó el lirismo de Pipo Lernoud y después el de Javier Martínez y Luis Alberto Spinetta; escuchó con rigor los discos de Cream y de Jimi Hendrix; aprendió yeites de Claudio Gabis y cada vez que pudo, con mucho dinero o nada, viajó por Europa y los Estados Unidos en plan de bohemia, conquista y búsqueda de información.

Ahora que está canonizado, no hay que olvidar que en los ’70 Pappo representó, digamos, la pata en la fuente de un rock bien pensante aún en su contracultura. Lo de él era “rock cuadrado”, “rock cabeza” se diría ahora. En el desprecio, que incluía una poderosa dosis de descalificación clasista, se agigantaban la erudición de Charly García (los arreglos vocales del último Sui Generis o de Porsuigieco, el sinfonismo de La Máquina de Hacer Pájaros), la lírica de Spinetta (en su arista más heavy con Pescado Rabioso o más porteña y jazzera con Invisible y Jade), el compromiso y la apertura rítmica de León Gieco, la actualización sonora de Raúl Porchetto, etcétera. Pappo se fue fortaleciendo con una propuesta monolítica de rock y blues: el público de los márgenes, los desangelados del Rodrigazo, advertían que “Siempre es lo mismo, nena”, “Fiesta cervezal”, “Sucio y desprolijo”, “Tren de las 16” o “Trabajando en el ferrocarril”, tenían más que ver con sus vidas rotas que una nota de divulgación ecológica del Expreso Imaginario sobre cómo lograr humus en el jardín de tu casa. A su vez, la lírica intuitiva de Pappo alcanzaba en aquellos años niveles sorprendentes, tal vez por la ausencia de tics intelectuales y de toda forma contaminante. En un notable texto de vindicación poética escrito por el periodista Pablo Schanton, publicado en la revista La Mano en 2008 e incluido en su totalidad en 100 veces Pappo, luego de citar la extraordinaria frase “No soy quién para ser / todo lo que soy” (del tema “Algo ha cambiado” del disco Pappo’s Blues I), se lee: “Aparenta decir una pavada, pero en el contexto de una experiencia alucinógena cobra un sentido ontológico, algo parecido a darse cuenta en un desayuno de que Ser no es sólo una marca de yogur. El Lernoud más whitmaniano seguro que envidia esa compleja simpleza de Pappo”.

Esos años, esos primeros discos, fueron los cimientos exclusivamente musicales del mito. Un repertorio sin artificios. Hay otros, extraartísticos, que sirven para diferenciarlo del lote de mártires del rock argentino. Si bien de casi todos –Tanguito, Miguel Abuelo, Luca Prodan y Federico Moura– se puede aplicar esa frase oblicua y algo turra que es “murió en su ley”, el caso de la leyenda Pappo está abonada por una condición argentinísima, que el tango reflejó extendidamente: su relación con la madre y con el barrio. Ocurrió con Gardel, el Abasto y doña Berta; ocurrió con Sandro, el sur (Valentín Alsina y Banfield) y Nina; ocurrió con Pappo, La Paternal y Angelita. Es cierto que viajó, vivió, formó bandas e intentó la legitimación en los Estados Unidos e Inglaterra, pero siempre volvía: su casa de Artigas y Camarones fue el Aleph donde diseñó la truca de la adolescencia eterna. Esa clase de lealtad, galvanizada por Troilo en su célebre poema que empieza “dicen que me fui de mi barrio; pero cuándo, si siempre estoy llegando”, es uno de los soportes ideológicos más imperturbables de las murgas, las hinchadas de fútbol y el rock chabón. Y, particularmente, de Pappo: la casa, el taller, la vieja.

Pappo merecía una biografía; ya la tiene. Entre la revelación de aspectos inverosímiles (el día que tocó para el padre Mugica en la Villa 31 desde el techo de una casilla con Spinetta en el bajo y Pomo en batería, por caso) y el relato de las maratones de cabaret, drogas, fierros, riñas y alcohol, El hombre suburbano vuelve a poner en la palestra las idas y vueltas y los círculos de un hombre que pagó con su cuerpo las contradicciones del mismo género que enalteció: el rock. Entre aristas poco difundidas (la muerte de un hermano, su casamiento en 1977, un hijo que no llegó a nacer) y tópicos más clásicos como la violencia alrededor de Riff o los celos artísticos con Jaf, el libro tiene ritmo, data, se lee como una larga cronología comentada y, al pasar, opera como un relato de la mutación del rock argentino en rock nacional: es decir, de ser ghetto perseguido a ocupar el centro del poder. La parábola de Pappo es clara: aunque apolítico, en los ’70 fue junto a Billy Bond y otros una manifestación asépticamente peronista; en los ’90, como Charly, se dejó cautivar por el menemismo más rancio.

En 100 veces Pappo se reconstruyen unos diálogos que marcan su compromiso político:

En 1995, al día siguiente de la votación que determinó la segunda presidencia de Menem, Pappo almorzaba con Alvaro Villagra y el técnico asistente, “Manza” Esaín. En pleno mastique, le pregunta a “Manza”:

–¿Vos a quién votaste?

–A Bordón.

Ahora mirando a Villagra, suelta:

–¿No ves que es un pelotudo?

A Manza, de nuevo:

–A ver, decime: ¿con qué presidente volvió la Fórmula 1? ¿Y con qué presidente vinieron los Rolling Stones?

Este héroe de la clase trabajadora que fue ovacionado en el Madison Square Garden se quejaba poco antes de su muerte de que nadie lo reconocía como artista, de que la Argentina era un país injusto. “Mucha leyenda, pero los discos no se venden”, decía amargamente. Aspiraba a resurgir con Buscando un amor, el disco que le produjo el Corcho Rodríguez. Ansiaba que ocurriera un déjà vu del suceso desatado en 1992 con Blues local, álbum que a través de “Mi vieja” lo transversalizó, lo rescató de cierto olvido y lo elevó a un muñeco Jack de sí mismo, apto para todo público.

En una de las últimas entrevistas dijo que el blues era un buen género para envejecer. No pudo ser: jugando en la ruta con su hijo Luciano se pegó el palo con la moto.

Entonces se dijo, se escribió, se repitió hasta el cansancio la frase ladina: que murió en su ley.

Pappo no tenía ley.


Todos los fragmentos de estas páginas están tomados de Pappo. El hombre suburbano de Sergio Marchi.

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PIANO Y TARTAS DE ATÚN











Fue aproximadamente en 1954 cuando a Liliana, la hermana de Pappo, le agarró la locura del piano. En la casa se escuchaba algo de música clásica porque el papá de Angelita, la madre, era tenor y había pertenecido al Teatro Colón. Su muerte prematura, a los 46 años, impidió que Liliana lo conociera. “A mi mamá le gustaban las óperas, las arias; a mí también me gustaban. Había una chica enfrente que se llamaba Mimí, tenía piano y lo tocaba. Un día, una amiga me dijo que era el cumpleaños de Mimí y fuimos. Ella tocaba el piano, entonces a mí me agarró una locura y quise ir a la profesora de Mimí, a la vuelta de casa. No tenía piano, pero a los dos años vine del colegio y había uno en el living. Sorpresa de mi papá.” De esa manera, Liliana comienza a escuchar piano. Y su hermano Norberto a escucharla desde el patio donde jugaba. Siempre recordó que “cuando era chico mi hermana estudiaba en la misma pieza donde yo dormía, entonces a las nueve de la mañana yo me ponía dos almohadas en las orejas para no escuchar el piano. Era terrible, pero creo que eso me ayudó”. Cuando se familiarizó con algunas piezas, comenzó a marcarle errores a su hermana. “Nena, te equivocaste”, le gritaba mientras daba vueltas con su bici en el patio. “Y tenía razón”, se sigue maravillando hoy Liliana. “Norberto tenía oído absoluto. A mí me ponía loca cuando me marcaba los errores. Pero por lo general, era verdad.” Cuando fue más grande y pudo ponerles nombres a las notas que reconocía, Norberto comenzó a afinarle el piano a Liliana. “Claro, eso después me lo cobraba: tenía que hacerle tartas de atún, lustrarle las botas, hacerle masajes. Pero yo lo hacía con gusto porque era mi hermano.”




NINGUN HIPPIE







Pappo se sentía cómodo con los hippies de Plaza Francia porque de algún modo intuía que ése era el lugar al que quería pertenecer, pero había cosas que no le cerraban. No estaba muy seguro de la paz y el amor tan a ultranza. En aquellos tiempos estaban los “firestones”, que eran como una suerte de pandilla urbana no politizada que sería un equivalente a los “fieritas” de hoy, un escalón por debajo de un “barrabrava”. Una barra de firestones conocida como “Los pibes de Pompeya” se tomaba un colectivo a Retiro con la única intención de patotear a los hippies. No los entendían, les parecían maricones y tarados, en una mirada que era compartida por sus mayores. Sin embargo, apetecían a sus chicas. Y como sabían que nadie les hacía frente, se divertían pegándoles. No es que los hippies les tuvieran miedo (tal vez un poco), sino que había una cuestión ideológica de no-violencia que sostenían con la jeta. Sonia, la princesa dorada, Pedro Pujó, el Colorado Rabey y Pipo Lernoud eran los que iban a intentar frenarlos, diciéndoles que la violencia no era el camino. Y también los que recibían los insultos y los tortazos. “Cuando había problemas de ese tipo”, explica Pipo, “los únicos dos tipos que iban al frente a cagarse a trompadas eran Pappo y Miguel Abuelo. Pappo no le tenía miedo a nada y quería ir a pelear, no entendía nuestra posición: él entendía los códigos de los de Pompeya”.

LA BESTIA QUE LLEVABA DENTRO














Pappo disfrutó mucho aquel verano de delirio en Mar del Plata y deleitó a los hippies de la casa con su faceta de comediante, que venía con un buen surtido de personajes. “Uno era El Chacho –se ríe Susana Pose–, que era como un gaucho muy guapo que siempre andaba con el cuchillo. Pero era tan guapo que no usaba vaina, y se lo clavaba directamente en el cuerpo para guardarlo.” Otra de sus creaciones era El Lito, que tenía personalidad concluyente: sus frases eran breves, imperativas, y todas eran cerradas con un ademán de la mano, que consistía en bajarla frente a su rostro, vertical y autoritaria. “Aquí estoy yo”, era el lema del Lito. Pero no había nada más divertido que La Bestia. Se trataba de un extraterrestre que había caído a la Tierra y actuaba con la personalidad de un simio en tierra desconocida. “La Bestia no conocía el mar”, explica Susana. “Entonces lo miraba extasiado y lo exploraba metiendo un cachito el dedo gordo del pie. Y Norberto emitía gruñidos y se echaba para atrás.” “¿Y esto qué es?”, vociferaba La Bestia, que entraba despacito en el agua, para rematar la secuencia con una ola que lo revolcaba y la posterior defensa bestial, a trompazo limpio contra las olas que lo atacaban. Pappo era un espectáculo no sólo para sus amigos, sino para toda la playa, desconcertada ante su representación.

EL BLUES DE MARTHA ARGERICH


























Antes de que 1974 llegase a su término, Pappo emprendió un nuevo viaje a Inglaterra. Pasó la Navidad en un pub, absolutamente solo, y el 31 de diciembre decidió llamar a un amigo: Isa Portugheis, quien le había dejado el teléfono de la casa de su hermano, en donde iba a estar viviendo. Era mediodía. “En Inglaterra las cosas son mucho más estructuradas”, cuenta Isa. “Pero cuando llamó Pappo le pregunté a mi hermano si lo podía invitar, y justo había un lugar disponible.” El hermano de Isa era Alberto Portugheis, un pianista de renombre mundial y aclamado pedagogo. Su perfil no tenía nada que ver con el rock. Por lo que, cuando Pappo llegó para sumarse a la celebración de Año Nuevo, se encontraba gente como Bruno Gelber y una jovencísima Martha Argerich. En un momento de la noche, Isa lo invita al cuarto donde él dormía porque tenía una guitarra Gibson y sabía que le iba a interesar hacer alguna zapada, ya que además en la habitación había un piano. Para sorpresa de ambos, cuando llegan al cuarto se encuentran con que, sentada en la cama, se encuentra Martha Argerich, que se había retirado a descansar un poco, ya que estaba embarazada. Pappo sabía perfectamente quién era Martha Argerich, que si bien no era la figura mundial que es hoy, ya era una importante personalidad musical, tal vez un poco por Liliana, que había estado a punto de ser concertista. Y como para romper el hielo y la sorpresa, le dirige unas palabras: “Oiga, tóquese algo”, le propone. “No, mejor toquen ustedes, yo estoy un poco cansada”, declina con gentileza Argerich. Entonces Isa agarró su guitarra Gibson y Pappo se sentó al piano. Se pusieron a tocar un blues eterno que duró media hora, mientras Martha Argerich los escuchaba con atención, recostada en la cama. Cuando terminaron, ella comenzó a hablar de la música y de los límites que se autoimponen los músicos clásicos, para terminar reflexionando que ella, en verdad, no estaba muy segura de cuál música se debía tocar y cuál no. Dio la impresión de que ese blues improvisado le había gustado.

ROCK PARA EL PADRE MUGICA















Pappo empezó a caer por Conesa, donde Miguel Cantilo vivía en comunidad con algunos miembros de su nuevo grupo, Bola de Destrucción. Pegó muy buena onda con Miguel. “Como había una gran sala de ensayo abierta a zapadas, él caía y se sumaba”, ilustra Cantilo. “También sabía que yo estaba grabando un disco, entonces me ofreció tocar en algún tema. Yo le mostré el ‘Blues del éxodo’, que había compuesto unos meses antes, después de mi primer viaje a El Bolsón, y me dijo: ‘¿Eso querés grabar? Esa onda nosotros la hacemos de taquito’. Prácticamente armó el arreglo solo en la sala de grabación, tocó el piano en una toma y luego grabó el solo de guitarra. Luego me obligó a poner la voz ahí nomás, a pesar de que yo quería hacerlo en otra sesión.” La relación entre Cantilo y Pappo produjo un pequeño milagro adicional y no es broma. El célebre sacerdote Carlos Mugica, conocido por su trabajo evangélico y social en la Villa 31 de Retiro, le pidió a Miguel, que tenía relación confesional con él y a menudo acudía a su consejo, que convocase a algunos músicos para tocar en la villa, en un festival que se celebró un día que coincidía con una fecha patria boliviana. Tocaron Pedro y Pablo, Marilina Ross, Roque Narvaja y, desde el techo de una casa, atronó el aire un trío ultrarrockero con Pappo en la guitarra, Luis Alberto Spinetta en el bajo y Pomo en la batería. El padre Mugica agarró el micrófono y le dijo a la pequeña multitud: “Así tenemos que estar, juntos, porque el pueblo unido jamás será vencido”.

MI VIEJA
















La participación de Pappo en el programa de Tato Bores cantando “Mi vieja” fue un boom. Pero en el mundo rockero nadie lo percibió, salvo Bobby Flores, que habló con la gente del sello Radio Trípoli porque quería el tema para pasarlo en su programa. “Nos dijo que tenía un gancho tremendo, pero nosotros ya teníamos el disco fabricado y la canción no figuraba”, explica Chuchu Fasanelli, de Trípoli. “Con mi socio Walter Kolm llamamos a Pappo para decirle que queríamos poner la canción.” “¿Queeé? ¡Ni en pedo!”, bramó Pappo. “Esa canción no va en el disco, no tiene nada que ver.” Walter le dice a Chuchu que le ofrezca diez mil dólares por aceptar incluir “Mi vieja” en Blues local. “Decile al pelotudo ese que lo escuché. Que no me interesa”, dijo Pappo en un tono que daba para la insistencia. Walter sube la apuesta y llega a ofrecerle veinte mil dólares. Cabeza dura como era, volvió a decir que no. Walter amenazó con devolverle el contrato y no editar el álbum. “Bueno, traeme las veinte lucas”, acepta Pappo. “Mañana nos juntamos y lo firmamos”, contesta Walter. “No, traémelas ahora y si no, está bien, no hacemos el disco”, sube El Carpo la apuesta. Walter y Sergio corrieron a los bancos a intentar conseguir veinte mil dólares en cash. Cuando lo hicieron, subieron a un auto y enfilaron para Artigas. “Pappo pensó que lo estábamos jodiendo”, explica Chuchu. “No pudo creerlo cuando vio las veinte lucas verdes una sobre la otra. ‘¡Con esta guita me voy mañana a Los Angeles!’, nos dijo.” No tenía ni idea de lo que estaba hablando: era sólo el adelanto de un disco que iba a vender doscientas mil copias. Blues local se iba a transformar en el mayor éxito de la carrera de Pappo. Y en gran parte fue gracias a “Mi vieja”.

miércoles, 2 de junio de 2010

AEROBLUS: Desde los setenta


Un ritual setentista

Aeroblus Emotivo tributo de Alejandro Medina y otros músicos a la ex banda de Pappo, a 33 años de su disco.


Por Juan Andrade

La última vez que Alejandro Medina se cruzó con Norberto Pappo Napolitano, éste le confesó con su inolvidable vozarrón sus ganas de volver con Aeroblus. El viernes, en el Teatro de Flores, el bajista se dio el gusto de cumplir su deseo y también, póstumamente, el de su antiguo compañero de andanzas. Junto al baterista brasileño Castello Junior, las dos terceras partes del grupo original se dedicaron a recrear en vivo, su álbum homónimo. Los acompañaban Gustavo Chizzo Nápoli, cantante y violero de La Renga, y Claudio Rodríguez, guitarrista de la Medinight, la actual banda del ex Manal.

Fue un debut y despedida. El propio Medina había aclarado que el objetivo era rendirle un merecido “tributo” al único trabajo de la banda a 33 años de su salida. Dentro de la discografía de Pappo, Aeroblus (1977) puede escucharse como una especie de eslabón perdido entre Pappo’s Blues y Riff: el link necesario entre el blues electrificado de los primeros y la aleación metalera de los segundos. Y esa fue la impronta del show, que comenzó con los cantitos del público invocando al espíritu del Carpo: una ceremonia de hard-rock según la tradición criolla. Cruda. Valvular. Setentista.

“Quiero agradecerle al maestro Napolitano”, dijo el hombre de las cuatro cuerdas y los bigotes característicos, arrancando el repaso con un contundente Vamos a buscar la luz , el mismo tema que abre el disco. Pibes y pibas con remeras de La Renga que no habían nacido cuando Aeroblus ya se había disuelto se mezclaban con jóvenes rockeros de ayer que hoy peinan canas. Enseguida vinieron Tema solísimo y Completamente nervioso , con Chizzo al micrófono. Y entre la potencia del bajo y los golpes de Castello sobre la batería, quedó claro que el trío se podría haber llamado Heavyblues.

Al breve Árboles difusores le siguió Vendríamos a buscar , con Lola Medina como vocalista invitada. Y así se fue el Lado A del recital, con un intermedio de la Medinight. La segunda mitad arrancó con Vine cruzando el mar .

“Voooy caminando voooy” , coreó la multitud. Y el entusiasmo general fue in crescendo con Nada estoy sabiendo , que aportó un color más bien introspectivo. “Sólo sé/ que nada estoy sabiendo”, cantó Chizzo, en un par de líneas que encierran una duda cartesiana en un taller mecánico de La Paternal habitado por fantasmas bluseros: Pappo o la vertiente barrial del existencialismo. La única vez que Chizzo se salió de la letra, fue para pedir un aplauso para Medina. Respetuoso, se ubicó en su lugar de segunda voz y guitarra. Pero su protagonismo era evidente y, a la hora de los bises, no pudo esquivar el bulto. En la zapada final sonaron Salgan al sol de La Pesada del Rock and Roll y Doña Laura de Manal, con la aparición de Tete Iglesias de La Renga en el bajo. Se completó la formación del trío de Mataderos, con Tanque Iglesias en la batería en una rabiosa y festejada Panic show . Fue apenas una “intervención” que, sin embargo, provocó el clímax de la noche.

AEROBLUS














Formados en 1976, debutan al año siguiente en
el porteño teatro Premier con no muy buenas críticas.
El mismo año editan su único disco bajo el sello Polygram
con temas como "Arboles difusores", "La divina",
"Estoy completamente nervioso", "Aire en movimiento",
"Buen tiempo" y "Te vi en la niebla". El baterista
Junior Castello, brasilero, regresa a su país en 1978 y mientras
esperaban su regreso Pappo y Medina reflotan Pappos Blues. Como el
baterista no regreso a la Argentina, lo reemplazaron con Gonzalo Farrugia
pero el trío no funcionó y tanto Pappo como Medina decidieron
apostar a Pappos Blues dejando de lado Aeroblus. En 1998 se editó
el disco "Aeroblus" en CD con una excelente remasterización
digital, donde se puede sentir toda la potencia de lo que fue el grupo


martes, 10 de marzo de 2009

PAPPO: NACIO EL 10 DE MARZO DEL 1950











PAPPO

Norberto Anibal Napolitano (†, La Paternal, Ciudad de Buenos Aires, 10 de marzo de 1950; Luján, provincia de Buenos Aires, Argentina, 25 de febrero de 2005) guitarrista, cantante y compositor de blues, rock y metal argentino, conocido artísticamente como Pappo y apodado «El Carpo». Fue integrante del grupo Los Gatos, de Los Abuelos de la Nada a fines de los '60, de Manal, Conexión Nº 5 y La Pesada del Rock and Roll; y fundó Pappo's Blues en los '70 y Riff en los '80, bandas con las que tocaba en forma simultánea.

 










 










Biografía


Pappo, pilar del rock nacional argentino
Norberto «Pappo» Napolitano fue uno de los fundadores del género musical conocido como «rock nacional» en Argentina, a fines de los años 70. En 1967 Miguel Abuelo fundó Los Abuelos de la Nada, y reclutó a Pappo para la formación original. Un año después editaron un LP titulado «La Estación»; fue el único registro oficial del paso de Pappo en el grupo, ya que al tiempo renunciaría a Los Abuelos por no poder imprimirle un estilo definitivamente «blusero» como él quería.
En 1971, el joven Pappo (21 años) fue convocado por Lito Nebbia para reemplazar al guitarrista Kay Galiffi en la banda Los Gatos, que se transformaría en un conjunto ícono del rock argentino. Con ellos grabó dos discos: Beat Nº1 y Rock de la Mujer Perdida, que no casualmente son considerados los más «duros» de la discografía de Los Gatos.
Incluso el nombre del segundo LP debió ser modificado por la censura existente en el país (iba a llamarse «Rock de la Mujer Podrida», a sugerencia de Pappo).
Pappo en vivo Pappo's Blues «Pappo's Blues» estaba formado originalmente con Pappo, en Guitarra, David Lebón en bajo y el baterista Black Amaya.

Sufrió constantes cambios en su alineación, con Lebón y Amaya registraron el primer disco en 1971 y el segundo en el '72.
Para el tercer álbum, ya la alineación era otra:
Pomo en batería y Machi Rufino en bajo y coros.


Para grabar la cuarta placa, en 1974, retornaron David Lebón (pero en guitarra) y Black Amaya (batería) y se incorporaron Alejandro Medina en bajo e Isa Portugheis en percusión.
En 1977-78 volvió de Europa y formó Pappo's Blues, con Conejo Jolivet en guitarra, Julio Candia en bajo y Marcelo Pucci en batería.


Compraron un colectivo, e iniciaron una gira, por la costa atlántica; tocaron en Necochéa, sin ensayar, dado el conocimiento de los integrantes, de la música de Pappo. Tocaron en Rafael Castillo, para Luci, un conocido empresario del Rock; también en Lanús y Avellaneda; se presentaron en el programa de Léo Rivas, para Canal 2; tocaron en Baradero y se desarmaron.
Tras la fugaz experiencia de Aeroblus con el ex Manal Alejandro Medina y el baterista brasileño Rolando Castello Junior a fines de los '70, en los '80 fundó su segunda gran banda, Riff, integrada por Michel Peyronel, Boff, Vitico y en algunos discos con JAF, donde dejó de lado el Blues y se acercó al Heavy Metal.


Con Pirimpimpin Geniso como productor de Riff y también de Dulces 16, tocaron las dos bandas en el Cine Premier de la avenida Corrientes, empezaron tirando cohetes a los Dulces, pero se ganó el respeto de la audiencia, secundando con honores al Carpo, Vitico y Cía.


Pappo, tocó con grandes del rock y el blues argentino e internacional,
entre ellos, John Bonham de Led Zeppelin,
Lemmy de Motorhead y el bluesman norteamericano B. B. King,
quien lo invitó a tocar en el Madison Square Garden de Nueva York en 1994.
 

Conejo Jolivet (guitarrista de Redondos, Bluesbanda, Dulces 16, Pappo's Blues), fue llamado por su amigo Pappo para formar Riff, pero, este se negó y recomendó a Pelusa, luego llamado Boff.
Aunque Conejo, quien saco los temas de Ruedas de Metal, en el viaje, escuchandolos en un walkman, integró Riff, en una gira a Uruguay, tocando en el estadio cerrado de Peñarol.
A fines de los 80 Pappo, emigró a Los Ángeles y regresó en 1990 con una banda integrada por músicos norteamericanos, llamada Widow Maker, tras una gira por Argentina y algunos países sudamericanos la banda se disolvió.


Rearmó Pappo's Blues y Riff y durante los '90 tocó con estas bandas o como solista simultáneamente.


En los 90, Conejo Jolivet, fue llamado por Pappo, para Pappo's Blues, nuevamente y tocaron en: The Roxy (Capital), Condon Club (Capital, de Luci), en Rosario y giraron por la Patagonia y sur de la Costa Atlántica en: Neuquén, Caleta Olivia, Comodoro Rivadavia, Plottiers, Las Grutas, San Bernardo, La Plata, Tigre, Wilde y para terminar, en el Gran Rex, de Capital, siete noches junto a BB King. Tocaron en el Canal Once, TELEFÉ, en Ritmo de La Noche, para Tinelli, junto a un invitado especial: Hubert Sumlin, guitarrista de Howlin Wolf; fue visto hasta en New York, USA.










  
 








 Pappo y Conejo,también fueron juntos a Obras Sanitarias, el día que Pappo, tocó con Mike Taylor, (guitarrista de John Mayall & The Bluesbreakers en los sesentas y de los Rollings Stones, en los setentas) invitado por los Ratones Paranoicos. Conejo ayudo a Taylor, con los amplificadores y sus conecciónes.

Pappo, superó esa noche, a uno de sus heroes! Pappo, Tony Coleman (baterista de BB King) y Conejo Jolivet, junto a Hubert Sumlin y Adrián Flores en el Samovar de Rasputín, grabaron un CD, que Conejo regaló a Jimmy Page, guitarra de Led Zeppelin.


El escenario del legendario Teatro Ópera, de Capital, Buenos Aires, fué testigo de gloriosas zapadas, con James Cotton (armónica de Muddy Waters) junto a Pappo, Conejo Jolivet y Botafogo, con el productor y baterísta, Adrián Flores, entre el público, se encontraban Jimmy Page y Robert Plant, nada menos! Tocaron casi 10 horas seguidas, en Obras Sanitarias, como Pappo's Blues:
Pappo, Black Amaya, Juanse, Sarcofago, July Ruth y Pato Lucas Frasca. También, en Obras y en el Roxy, con Deacon Johns (Pappo, Jolivet, Frasca, Robinson, Amaya y Ruth).


Después de más 35 años de trayectoria, a sus 54 años de edad, Pappo perdió la vida el 25 de febrero de 2005, en un accidente de tránsito, al caer de su motocicleta Harley Davidson y ser atropellado por un automóvil, sobre la ruta 5, a la altura del km 71, en el partido bonaerense de Luján.

Entre sus obras se destacan canciones como «El hombre suburbano», «Adonde está la libertad», «Llegará la paz», «Desconfío», «Sucio y desprolijo», «Al sur de la ciudad» y «Rock and Roll y fiebre»; además de discos como «Blues Local» o «Que sea rock». 


Fallecimiento Pappo

falleció el 25 de febrero de 2005 en la localidad bonaerense de Luján como consecuencia de un accidente de tránsito ocurrido en la ruta 5 a la altura del kilómetro 71, a pocos kilómetros de una casa-quinta en el Barrio Hostería San Antonio que el músico había alquilado para pasar la temporada de verano.
Según fuentes policiales, el guitarrista viajaba en su motocicleta Harley Davidson seguido por otra moto en la que viajaban su hijo Luciano y su nuera, tras haber cenado en un restaurante. De acuerdo con las declaraciones del dueño del local, el músico habría abandonado el lugar en estado de ebriedad, versión que fue desmentida por el hijo del artista. Al llegar al paraje Estancia La Blanqueada, ambos vehículos se rozaron haciendo que Pappo perdiera el control, cayendo al pavimento y falleciendo instantáneamente. Posteriormente, su cuerpo ya sin vida fue arrollado por un automóvil Renault Clio que venía detrás de las motocicletas.
Sus restos fueron despedidos al día siguiente en el panteón de músicos de SADAIC en el cementerio de la Chacarita (Capital Federal, Argentina) por sus seres queridos y por una multitud de fanáticos que no cesó de corear sus canciones y su nombre.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se ha levantado un monumento a su memoria, situado en la plaza Roque Saenz Peña (Juan B. Justo, Boyacá, Remedios de Escalada de San Martín y Andrés Lamas).
Existe además una réplica virtual de esta estatua en Second Life. 

 



   














 Discografía

Con Los Abuelos De La Nada

 La Estación, 1968

Con Los Gatos

 Beat Nº1, 1969

1. Sueña y corre (Litto Nebbia) 2. Hogar (Litto Nebbia) 3. Dónde está, cómo fue (Litto Nebbia) 4. El otro yo del Señor Negocios (Litto Nebbia) 5. Flores y cartas (Litto Nebbia) 6. Lágrimas de María (Litto Nebbia) 7. Soy de cualquier lugar (Litto Nebbia) 8. Escúchame, alúmbrame (Litto Nebbia) 9. Fuera de la ley (Litto Nebbia) Rock de la mujer perdida,

1970


1. Rock de la mujer perdida (Litto Nebbia)
2. Requiem para un hombre feliz (Litto Nebbia) 3. Los días de Actemio (Litto Nebbia) 4. Invasión (Ciro, Pappo, Alfredo y Oscar Moro). 5. Mujer de carbón (Litto Nebbia) 6. No fui hecho para esta tierra (Litto Nebbia) 7. Por qué bajamos a la ciudad (Litto Nebbia) 8. Blues de la calle 23 (Litto Nebbia)

Solista 


Pappo En Concierto, 1984

1. Completamente nervioso 2. Buen tiempo 3. El brujo y el tiempo 4. Triple seis 5. Esto no conduce a ningún lugar 6. La adivina 7. Berkeley 8. Siempre es lo mismo nena 9. Tema solísimo 10. Todo el día me pregunto 11. Duro invierno 12.

A varios kilómetros de aquí
Widow Maker, 1989

1. Hammerhead (Cabeza de martillo)
2. Capt. Modulator (Capitán Modulador) Blues Local, 19921. Longchamps Boogie 2. Mi vieja 3. Buscando el tesoro de Borneo 4. Saco italiano 5. La almeja 6. Blues local 7. Pequeña ala 8. Una casa con diez pinos 9. El tropezón 10. El hombre oculto 11. Dr. Tazo 12. Blues del perro 13. Dos bajistas 14. Nacido bajo un signo malo Pappo &

Deacon Jones, 1993

1. Fiesta cervezal 2. El tropezón 3. Pequeña ala 4. Siempre es lo mismo, nena 5. Sube a mi voiture 6. Blues de Santa Fe 7. Desconfío 8. Tren de las 16

Pappo sigue vivo, 1994

1. Llegará la paz 2. El hombre suburbano 3. El hombre de la valija 4. El gato de la calle negra 5. Triple seis 6. Malas compañías 7. Tomé demasiado 8. Desconfío 9. Una casa con diez pinos 10. Pájaro metálico 11. El viejo 12. T-Bone steak 13. Blues got soul 14. Duelo PAPPO-Edgar Winter

Pappo y amigos, 2000


En el año 2000 el rock argentino tuvo una de sus grandes obras maestras, cuando el compositor, guitarrista y cantante «Pappo» creó el disco «Pappo y amigos» en el cual participaron 25 bandas y artistas de renombre en el ambiente del rock y el blues argentino; estos fueron: «La renga», «Divididos», «Almafuerte», Andrés Calamaro, «Viejas locas», «A.N.I.M.A.L», Andrés Ciro Martinez (Los piojos), Juanse (Ratones paranoiocos), Adrian Otero (Memphis la blusera), Sr.Flavio (ex Fabulosos cadillacs), Vicentico (ex Fabulosos cadillacs), Vitico (Riff), Alejandro Medina (ex Aeroblus), Alambre Gonzalez, Luciano Napolitano (hijo del mismo Carpo), «La Missisippi», «Moris», Ricardo Iorio (Almafuerte), Luis Robinson (Pappo's blues), Yulie Ruth (Pappo's blues), Bolsa Gonzalez (Pappo's blues), Omar Mollo, Antonio Birabent y Alfredo Toth.

El disco fue grabado en los estudios DEL ABASTO AL PASTO por Alvaro Villagra; incluye reversiones de clásicos del mismo Carpo, entre ellos «El viejo», versionado mucho más heavy con «La renga», «El tren de las 16» que cuenta con un increíble duelo de guitarras con Luciano Napolitano donde se pone a prueba el virtuosismo Napolitano, «Desconfío», una versión muy emotiva con Vicentico y Pappo mostrando gran talento en el piano.
El disco en total contiene 41 canciones, y tiene un mensaje del propio Pappo: «El concepto de este disco es conducta, la acción de cada uno de nosotros apunta hacia un mismo objetivo... Unión y Música. Logramos un álbum natural y positivo. Es este el fin de cualquier objeto de convicción mística, real y artística. Música... música... Siempre sí.»


 

Pappo.
CD1
1. Fiesta cervezal (Con La Renga)
2. Vamos a buscar la luz (Con Alejandro Medina) 3. El gato de la calle negra (Pappo's Blues) 4. El brujo y el tiempo (Con Almafuerte) 5. Siempre es lo mismo, nena (Pappo's Blues) 6. El sur de la ciudad (Con Vicentico) 7. Pájaro metálico (Con Omar Mollo) 8. Con Elvira es otra cosa (Con Adrián Otero) 9. Solitario Juan (Con Andrés Ciro) 10. Triple seis (Con A.N.I.M.A.L.) 11. Insoluble (Con Sr. Flavio) 12. Blues de Santa Fe (Con Juanse) 13. Mirese adentro (Con La Mississippi 14. Abelardo el pollo (Pappo's Blues) 15. Tema solísimo (Con Alejandro Medina) 16. Sandwiches de miga (Pappo's Blues) 17. Detrás de la iglesia (Con Alambre Gonzalez) 18. Trabajando en el ferrocarril (Con Antonio Birabent) 19. Mi vieja (Con Andrés Calamaro) 20. Blues local (Con Viejas Locas) 21. El tren de las 16 (Con Luciano Napolitano) CD21. Sucio y desprolijo (Con Divididos) 2. El viejo (Con La Renga) 3. Ruta 66 (Pappo's Blues) 4. El hombre suburbano (Con Viejas Locas) 5. La adivina (Con Omar Mollo) 6. Algo ha cambiado (Con Andrés Ciro) 7. Desconfío (Con Vicentico) 8. Llegará la paz (Con Almafuerte) 9. Malas compañías (Pappo's Blues) 10. Slide blues (Con Adrián Otero) 11. Completamente nervioso (Con Almafuerte) 12. Caras en el parque (Con Alfredo Toth) 13. Gris y amarillo (Con La Mississippi) 14. Tomé demasiado (Con Juanse) 15. Tren azul (Con Juan Haymes) 16. Adónde está la libertad (Con Moris) 17. Hay tiempo para elegir (Con Sr. Flavio) 18. Cabeza de martillo (Con A.N.I.M.A.L.) 19. Vine cruzando el mar (Pappo's Blues) 20. Nunca lo sabrán (Con Andrés Calamaro)

Buscando un amor, 2003

1. Ella es un ángel 2. Buscando un amor 3. Rock and roll y fiebre 4. Juntos a la par 5. Mejor que vos 6. Yo te amo más 7. Banquero blues 8. Aquel gato 9. Quizas manana 10. En los bares 11. Descortés 12. Botas sucias 13. Trabajo forzado 14. Katmandú 15. Tributo a B.B.King 16. Trouble no more 17. Thrill is gone 18. Little Red Rooster 19. Killing floor 20. Rock me baby

Pappo's Blues

* Pappo's Blues
Volumen 1, 1971

* Pappo's Blues Volumen 2, 1972
* Pappo's Blues Volumen 3, 1973
* Pappo's Blues Volumen 5, Triángulo, 1974

* Pappo's Blues Volumen 4, 1974
* Pappo's Blues Volumen 6, 1975

* Pappo's Blues Volumen 7, 1978

El auto rojo, 1999


1. Cruzando América en un taxi 2. No sé inglés 3. El auto rojo 4. Dos caras 5. Cuando dos trenes chocan 6. El viento llora a Mary 7. Cissy Strut 8. Pueblo del norte 9. Whisky malo 10. Es algo de amor 11. La isola 12. Todavía sigo en pie 13. La sombra maldita 14. El reglamento



  Aeroblues
  * Aeroblues, 1977

Hombre suburbano, 1994

1. Hombre suburbano 2. Blues de Santa Fe 3. Sucio y desprolijo 4. Trabajando en el ferrocarril 5. Malas compañías 6. Siempre es lo mismo 7. El tren de las 16 8. Fiesta Cervesal 9. Algo ha cambiado 10. Llegara la Paz 11. El sur de la ciudad 12. Pájaro metálico 13. Caras en el parque 14. Insoluble 15. Desconfío de la vida - Desconfío

Caso cerrado, 1995

1. Tren Azul 2. Ruta 66 3. Solo En Este Mundo 4. Yo Me Quedo Con Lucy 5. Blues Para Mi Guitarra 6. Castillos Mágicos Españoles 7. Algunos Deslices 8. People Don't Care 9. Paramount Souffle 10. Penetieso Blues 11. P.B.A Boogie 12. Duendes 13. Perro En La Vereda 14. Tome Demasiado

Riff


Ruedas de metal, 1981


1. Ruedas de metal (Pappo) 2. Sordidez (Vitico) 3. El marqués bajo la luz (Pappo) 4. Mucho por hacer (Vitico) 5. No detenga su motor (Pappo) 6. Rayo luminoso (Pappo) 7. Necesitamos más acción (Pappo) 8. Alas del mal (Pappo- Peyronel) 9. Boff, no puedo soportarlo más (Pappo- Serafine-Epifanio)

Macadam 3...2...1...0, 1981

1. Macadam 3...2...1...0... (Pappo- Peyronel) 2. Días buenos y malos (Pappo) 3. ¿Qué es un tulipán? (Pappo) 4. Debo seguir buscando (Pappo) 5. La dama del lago (Pappo) 6. Ultra - Velocidad (Pappo- Peyronel) 7. Profanador de tumbas (Pappo- Dario Fernandez) 8. No pasa nada en esta ciudad (Vitico)

Contenidos, 1982

1. Susy Cadillac (Pappo- Peyronel) 2. Mal romance (Vitico- Peyronel) 3. Hoy no hago nada (Pappo- Vitico- Peyronel- Serafine) 4. Lo que quieras hacer (Vitico) 5. Pantalla del mundo nuevo (Peyronel) 6. Me tienen cansado (Pappo) 7. Héroes del asfalto (Pappo- Serafine) 8. Duro invierno (Pappo) 9. Maquinación (Pappo- Peyronel) 10. Tiempo distante (Pappo- Serafine)

En acción, 1983 (en vivo)

1. Introducción 2. Maquinación (Pappo- Peyronel) 3. Mucho por hacer (Vitico) 4. Mal romance (Vitico- Peyronel) 5. La dama del lago (Pappo) 6. Ruedas de metal (Pappo) 7. Pantalla de un mundo nuevo (Peyronel) 8. Héroes del asfalto (Pappo- Serafine) 9. No pasa nada en esta ciudad (Vitico) 10. Macadam 3...2...1...0... (Pappo- Peyronel) 11. Susy Cadillac (Pappo- Peyronel)

Épico, 1984 (recopilación) VII, 1985

1. La espada sagrada (Pappo- Vitico- Moro) 2. Ex-terminador (Pappo- Vitico) 3. Elena X (JAF) 4. Arañas y ratas (Pappo- JAF) 5. Parece que viene bien (Vitico) 6. Dios devorador (Pappo- Moro) 7. Ojo animal (Pappo- Moro) 8. Apiádate de él, Señor (JAF-Pappo) 9. Duro invierno (Pappo) 10. A varios km. de aquí (Pappo- Peyronel) En vivo en Obras, 1995 (en vivo) Este disco contiene temas grabados en vivo en Obras en 1985, fue editado en el año 1995.

 



Riff'n Roll, 1986 (en vivo)


1. Dios devorador 2. Apiádate de él, Señor 3. La espada sagrada 4. Ojo animal 5. Elena X se hacía llamar 6. Nacido para ser así (Vitico) 7. No me fue muy bien en el extranjero (Vitico) 8. Ex-terminador 9. Parece que viene bien (Vitico) Palladium 86, 1996 (en vivo) Disco editado en 1996 con temas grabados en vivo en 1986.
1. No detenga su motor (Pappo)
2. Necesitamos más acción (Pappo) 3. Fuera de mí (Pappo) 4. Nacido para ser así (Vitico) 5. Insoluble (Pappo) 6. No me fue muy bien en el extranjero (Vitico) 7. Duro invierno (Pappo) 8. Mucho por hacer (Vitico) 9. Macadam 3, 2, 1, 0 (Pappo- Peyronel) 10. Susy Cadillac (Pappo- Peyronel)

Zona de nadie, 1992


1. Lo tuyo es vicio 2. El forastero 3. Aquella estrella 4. Geisha 5. La frontera inesperada 6. La voiture (acústico) 7. Sube a mi voiture 8. Betty silicona 9. Vertigo romántico 10. Juegos nocturnos 11. Zona de nadie 12. El malo de la película
En La Plata, 1996 (en vivo) Que sea rock, 1997 Todos los temas compuestos por RIFF 1. Que sea rock 2. No obstante lo cual 3. Bienvenida a mi lado oscuro 4. Lily Malone 5. Mala noche 6. En la ciudad del gran río 7. Es tarde 8. Sátiros sueltos 9. Vergüenza ajena 10. Larga distancia 11. En un harem de Adagir 12. Reza duro 13. Tigre hotel 14. Estamos hartos

Riff/La Historia vol.1

- Riff/La Historia vol.2, 2005 (DVD)
Doble DVD con imágenes de toda la carrera y comentarios de los músicos de la banda, invitados y periodistas. Hoy No Es Hoy Esto fue un proyecto iniciado por Pappo hacia mediados de la década de 1980, orientado hacia el Heavy Metal Tradicional Plan Diabólico, 1987 1. Diabólico plan 2. Egipto 3. Mensajero nocturno 4. El hombre de la valija 5. El poder es mejor a peor 6. Tren azul 7. Gas oil 8. Corcel de acero