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lunes, 30 de mayo de 2011

107 FAUNOS: ENTREVISTA





“Ultimamente ensayamos en vivo”

Esta banda que hace culto de ensayar poco y tocar mucho, dice haber probado todas las opciones posibles para juntarse a practicar, pero la ciudad se los va comiendo. “Fluimos en ‘una dinámica de lo impensado’, como diría Dante Panzeri”, dicen.











Por Santiago Rial Ungaro

Estamos en un festival under, donde tocan los 107 Faunos. La gente sigue atentamente el show y, tal como suele suceder en sus recitales, varios músicos o seguidores de la banda suben a cantar en los pocos micrófonos que hay. Algunos también suben a improvisar percusiones y toman prestado los instrumentos que les sobran a los Faunos. Hasta acá, dentro de lo que es el caótico universo del grupo, todo es más o menos normal. Pero al lado hay un baterista veterano, que parece ser amigo de los Faunos. Está bastante descontrolado. Después dirá que mezcló LSD con cocaína, una mezcla para nada recomendable, que despierta todos sus demonios y unas ganas frenéticas de tocar. Cuando se le acerca a Gastón Olmos, batero de los Faunos, para pedirle de tocar un tema en la batería, Gastón sonríe, se sorprende alegremente y se levanta dándole los palillos de la batería a su veterano colega, que se sienta a tocar con el resto de la banda. Toman el cambio de baterista con total naturalidad. Mientras Gastón toma unos tragos de cerveza y sonríe alegremente, el baterista veterano toca (un par de temas, cosa de sacarse las ganas), se levanta y abraza al baterista de los Faunos, que se sienta y sigue tocando, como si nada. Y es que no pasó nada: los temas sonaron bien. Todos quedaron contentos. Bienvenidos al universo de los 107 Faunos.

Lo que pasa es que la banda está borracha

¿Cómo hace una banda que se vanagloria de no ensayar, que no son grandes instrumentistas, tampoco grandes cantantes, para lograr que su disco sea considerado (según los votos de los músicos en la encuesta del año pasado de este mismo suplemento) como el segundo mejor disco del año pasado?

Respuesta tentativa: ¿por las canciones? En parte sí, por supuesto. Cortas, pegadizas y deliciosamente surrealistas, las canciones de los Faunos son uno de esos raros ejemplos de cómo la poesía se puede convertir en canción: “El sabor efímero de la gloria secreta”, cantan en La gloria secreta, y de algún modo definen el talento para las miniaturas pop que distinguen el sonido del grupo: sucio y desprolijo, pero paradójicamente preciosista y tierno. Con su romanticismo de lo fantástico y la acumulación de los aportes sonoros de los seis integrantes de la banda (Miguel Ward en guitarra y voz; Javier Sisti Ripoll en voz y guitarra; su hermano Félix en el bajo; Juan Pablo Bava en percusión y guitarra; Morita Sánchez Viamonte en teclado; y el ya mencionado Gastón Olmos en la batería), los Faunos son de algún modo un grupo kitsch. Pero no se trata sólo de una operación estética: los Faunos son también una suerte de cofradía, un grupo de amigos que se divierten haciendo lo que quieren y lo que pueden, compartiendo algo así como una ética del capricho: cada uno hace lo que quiere... cuando puede y como puede.

Miguel Ward: “Muchas veces el mínimo momento que tenemos para vernos es en el recital mismo. Más que una pose o una bandera, es una realidad: somos seis integrantes con actividades diferentes y muchas veces nos cuesta coordinar un momento para ensayar. Probamos distintas opciones como ensayar con menos integrantes, ensayar de mañana, a la noche muy tarde, pero la verdad es que últimamente ensayamos en vivo... si es que podemos ir todos a tocar. Fluimos en ‘una dinámica de lo impensado’, como diría Dante Panzeri”. La cita al gran Panzeri (extraordinario periodista deportivo y autor del clásico Fútbol, dinámica de lo impensado) confirma que los Faunos son gente curiosa, con inquietudes artísticas que van más allá de los clichés del MTV Way of Life. Miguel es profesor de Comunicación, Cultura y Sociedad en la universidad, y junto a Gato son los dos compositores de un grupo que sólo pudo gestarse en ese microcosmos saturado de bandas y de estudiantes de Bellas Artes que es la ciudad de La Plata.

Factor humano

“Somos un súper grupo de súper grupos”, arenga el Gato cuando intento rastrear las muchas bandas anteriores de los actuales 6 integrantes de los Faunos; aunque seguramente proyectos como Grupo Mazinger, El Destro, Japón y Campeón Mundial (de donde salieron los miembros de la banda) justifican el orgullo de Gato, la realidad es que para ser un súper grupo los Faunos son demasiado caprichosos. Los Faunos aceptan que casi ninguno estudió música, que no prueban sonido (“llegar todos a un lugar a un mismo horario es imposible”, coinciden), que no tienen instrumentos... Y la verdad es que, con esta actitud, que no se entiende si es absolutamente infantil o paradójicamente madura, nunca van a ser la banda nueva.

“El tema es que yo no puedo tocar mucho, entonces hay un montón de bateristas que me reemplazan”, me explica Gastón. “Pero quizá no ensayamos para después no perder las ganas”, arriesga este baterista entrañable que trabaja de diseñador gráfico y que, a pesar de su parsimonia (o gracias a ella), es un miembro insustituible del grupo. Gastón también se encarga de los hermosos e inconfundibles volantes y de la gráfica del grupo, pero son muchas las veces que, por su trabajo, no puede ir a tocar en vivo.

Morita: “También hay muchos suplentes. Hay casi un equipo suplente entero”. Así es como integrantes de Go Neko, de los Reyes del Falsete o de El Mató pueden aparecer como parte de los Faunos. Para cada problema parece haber una solución. Aunque, como dice el proverbio chino, “un problema que no tiene solución ya no es un problema”. Esa es la actitud de una banda que, como The Pogues, suele sumar gente en sus escenarios de manera a veces vertiginosamente abrupta. “Si vamos a tocar a Lonchamps y alguien nos hace de chofer, va a tocar algo seguro: vino con nosotros. Corremos esos riesgos. Lo que hacemos es algo súper al límite”, dice Gato.

En la página web de los 107 Faunos hay una lista que incluye toda la gente que tocó con la banda, con una foto de cada uno. Son un montón (ya hay 58 y la lista va a seguir creciendo), pero Morita, la tecladista de la banda, se las ingenió para hacer una breve descripción de cada uno, a la que le agregaron una foto.

Gato: –Tampoco fue algo muy pensado, capaz que tiene que ver con que no hubo una formación muy fija al principio. Después lo empezamos a analizar un poco porque también es algo simpático. La mayoría igual toca percusión o coros, que son instrumentos que no necesitan cables.

Como si tuvieran pocos problemas, los Faunos apuestan al caos amistoso casi con devoción.

Morita: –Pero también hay otros problemas. Seguimos emborrachándonos antes de tocar y hace un montón de tiempo que tocamos. Pero es una elección. Todo lo que hacemos es una elección. La plata que tenemos la gastamos en alcohol. Una de las pocas veces que ganamos bastante plata para invertir nos compramos una heladerita”, dice Morita, la bonita tecladista y novia de Santi Motorizado, que se luce especialmente en la película Creo que te amo, de Germán Greco, homónima de su segundo disco, editado el año pasado. Gato asiente: “Es cierto. Y con lo que nos quedó, llenamos la heladerita”.

La revolución de la vagancia

Lo cierto es que desde su elegante caos la banda sigue creciendo. Pero a la hora de hacer “marketing” con un poco de parafernalia, los Faunos hicieron el año pasado una calcomanía con una montaña. Una montaña que ni siquiera es la misma que aparece en la tapa de Creo que te amo. De algún modo, esa calco con una montaña (en ningún lugar aparece el nombre del grupo, ni del disco, ni nada) confirma que el grupo tiene su propio mundo, un universo que, con todas las licencias poéticas que quiso tomarse, está presente en la película de Germán Greco. Mitad documental de ficción y mitad videoclip del disco, la película muestra diversas viñetas en las que se ve a los integrantes del grupo ensimismados, viviendo una vida cotidiana en la que todo resulta de algún modo simpático, poético y estético: ya sea tomarse una cerveza sacada del baúl de un auto, robar en un supermercado, andar en bicicleta o comerse una buena pizza.

Félix: –Nosotros tenemos un amigo, Pablo Marín, que nos hizo una película en Súper 8, y la presentó en un par de festivales (el de Colorado) y ahí entramos un poco en el circuito del cine independiente. Y ahora Germán quiso hacer una tesis para egresar y al final la película la pasaron en el festival de cine independiente. El chabón perdió una tesis, pero ganó una película. Y así, medio como por inercia, entramos en el mundo del cine.

Y es que los Faunos son algo que se expande: “Dentro de ese quilombo, estamos re organizados. Creo que lo que nos une es el cualquierismo”, reflexiona Gato, que es parte del sello Laptra, de donde salieron sus amigos de El Mató a un Policía Motorizado.

Gato: –Al principio había una cuestión como curatorial, de editar cosas que nos gusten. Yo tuve problemas con gente que me decía que quería poner plata para ser parte de Laptra. Si vos venís con algo que nos parece que está bueno, a mí no me importa que seas mi amigo, o que tengas plata. Nosotros, cuando empezamos con el sello, ni sabíamos lo que hacíamos.

“Ser el mejor en lo peor: toda una misión cumplida. Una obra gigante. Una obra gigante”, cantan los Faunos en su último disco, y quizás en esta letra, y en la manera en que viven la utopía de fusionar el arte con la vida cotidiana, resida el valor agregado de esta bizarra unión. Ese magnetismo que hace que la gente se suba a tocar, que haya suplentes y que se pueda no tocar que, total, alguien va a querer tocar.

En cinco años de trayectoria, con “apenas” dos discos en su haber, en los Faunos ha habido dos opiniones contradictorias: una que siempre los censuró por “hacer cualquiera” y otra que, como un virus, afirma y arenga a quien quiera escucharlos en vivo que “los Faunos en vivo son una fiesta”.

“Sí, para los que les gusta la banda somos una fiesta, y para los que no... somos una catástrofe”, dice el Gato, y sonríe cual Gato de Cheshire Platense.

lunes, 14 de junio de 2010

DISCOS: LO NUEVO DE 107 FAUNOS.



Son de La Plata y pertenecen al semillero de bandas indies que florecen en la ciudad. Comparten sello con el otro grupo central de la movida, El Mató a Un Policía Motorizado, pero son muy diferentes a sus compañeros: 107 Faunos ha hecho una estética de la desorganización, al punto de que sus ensayos suelen ser los shows en vivo, pueden cambiar de formación antes de subirse al escenario y algunos de sus integrantes pasan largas temporadas fuera del grupo. Tanto capricho logra discos breves y fantásticos como el recién terminado Creo que te amo, con canciones de dos minutos y medio que son verdaderas delicias.


Por Santiago Rial Ungaro

Los 107 Faunos no le escapan a la fiebre de la “mundialitis”: en La Plata, en el depto de Gastón Olmos, donde está reunida la banda, el baterista y anfitrión tarda unos instantes en saludar. Está abstraído, pegando con Plasticola las figuritas en su álbum del Mundial. Cuando levanta la cabeza saluda finalmente, con la simpatía característica de este grupo de gente que, en base a caprichos sistemáticos, ha logrado grabar uno de los discos más lindos del año: Creo que te amo.

Si hubiera un álbum de figuritas de grupos, los 107 Faunos serían la figurita difícil, la que nunca se consigue y que, por eso, vale más.

Criticados por infantiles y desprolijos, los Faunos decidieron ser aún más infantiles y desprolijos. Y, paradójicamente, gracias a este subrayado el disco suena maduro, prolijo e inteligente. Gastón Olmos, los hermanos Félix y Javier Sisti Ripoll, Miguel Ward, el cantante Juan Pablo Bava y la tecladista y xilofonista Mora Sánchez Viamonte son una familia bizarra, unida por “afinidades electivas”. Y efectivas, porque varios de sus integrantes son también miembros de Laptra, el sello platense que, con El Mato a Un Policía Motorizado a la cabeza, ha generado una valiosa movida independiente con el inconfundible sabor de “lo artesanal”. Miguel, guitarrista y compositor, explica que ellos le dan “igual de importancia a lo que opinamos nosotros que a lo que opinan los demás miembros de Laptra”.

Malentendido y caos

Como sea, los Faunos no se parecen a sus compañeros de sello. Entre la ternura ruidosa de The Pastels y la rebeldía punk de Flema, los Faunos son un caso aparte: si todas las bandas para desarrollar su música necesitan juntarse en una sala para ensayar los temas, ellos han aceptado, casi desde el principio (que, durante la nota, algunos dirán que fue en el 2007, el 2006 y hasta el 2005) que ensayar es prácticamente imposible, porque coordinar los horarios entre todos es un lío. Como dice el proverbio chino, un problema que no tiene solución ya no es un problema: a cambio, los Faunos tocan en vivo permanentemente. “Ensayamos en vivo”, explica Miguel Ward, el otro compositor de los 107, haciendo un contrapunto poético perfecto con los temas del Gato: “El malentendido y el caos que nos rodea también tiene que ver con lo creativo. Esa confusión permanente es también una forma de hacer las cosas: a último momento, sin demasiada planificación y con mucha desorganización. Y dejamos que eso se note en lo que hacemos”. También es común que en sus recitales (en los que suele subir gente a cantar con ellos), falte alguno de los Faunos. Reemplazantes potenciales, claro, siempre sobran. En La Plata o en... ¿Rosario? “La otra vez tocamos en Córdoba y unos pibes después del recital me decían que les había encantado, pero que ésos no eran los 107 Faunos. Y es que habíamos ensayado en Rosario y después fuimos a tocar con una formación especial rosarina.” Quizá sea por eso que, cuando el Gato aúlla en “El Jefe de los malos”: “Ser el mejor en lo peor, toda una misión cumplida. Una obra gigante” suena tan convincente. Más que cuando explica que “nadie tiene el lugar asegurado”, y mira con actitud severa a sus compañeros de banda. De hecho, ahora mismo, mientras se escribe esta nota, los 107 Faunos tocan en un festival... sin el Gato, de viaje por Barcelona. Mimoso, arisco, callejero y relajado. El Gato, Javier Sisti Ripol le hace honor a su apodo siendo el líder gatuno de un grupo también felino.

Miniaturas de canciones

Producido por Peta (guitarrista de Go Neko), el disco respeta la esencia de la banda: las canciones. Así, el álbum hará las delicias de los amantes del sonido de los 90’s, a lo Pavement o Guided By Voices, grupo clave para entender su estilo por lo cortitas que son sus canciones. “Todas las mañanas empezamos de cero, soñamos con aviones cayendo. Despertamos felices pero con miedo de perder. El sabor efímero de la gloria secreta” canta promediando el disco el Gato, quizá definiendo la estética de un grupo que vive como un rompecabezas: armándose, desarmándose y volviéndose a armar en estas miniaturas de canciones en las que aparecen caballos enanos, peces leopardo, se inventan neologismos como “carretear” y se humaniza a una pandilla de lobos del Bosque, en una temática recurrente, ya presente en el disco anterior con “Muchacho Lobo”, brevísimo hit que enfervoriza a los hinchas de Gimnasia y Esgrima pero que en verdad fue inspirado en un viejo film ochentoso protagonizado por Michael J. Fox.

Si en su primer disco los Faunos describían sus derivas situacionistas alrededor de El Cuadrado (la parte histórica más antigua de la Ciudad de las Diagonales por donde suelen deambular) y le cantaban a una remera de pez espada dentro de una valija, en Creo que te amo el grupo vuelve a confirmar que su imaginario poético es inagotable, confirmando su talento para sacar canciones lindas de la galera, escapándole siempre a la obviedad. Breves y escurridizas como los seres mitológicos que las habitan estas canciones palpitan: tiene vida propia. De tan breve (ningún tema pasa los dos minutos y medio), el disco es doblemente bueno e invita a ponerlo en repeat.

“Creo que tiene que ver con que nuestra atención es medio fragmentada. Me cuesta prestar atención a un tema largo, a no ser que sea algo genial, como ‘Rapsodia Bohemia’ de Queen. Además, es lo único que podemos hacer”, dice para ganarse la desaprobación de sus compañeros que explican, con razón, que esa brevedad y esa síntesis es un logro, una idea y no una limitación. Amigos de la Facultad de Bellas Artes, los 107 Faunos son de hecho una síntesis de muchas otras bandas (Grupo Mazinger, Muchacho Lobo, Campeón Mundial, Destino y muchas otras). Y si sus canciones (que inspiraron una película homónima de Germán Greco, que ya entró en la etapa de edición) parecen un libro de relatos es porque, a fin de cuentas, su disco, contra todos los pronósticos, termina siendo fantástico, lindo y adictivo. Como una golosina favorita.