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miércoles, 20 de julio de 2011

FERNANDO SAMALEA: REPORTAJE.






El baterista acaba de publicar Al limiti del mondo, un álbum a dúo con el guitarrista Fernando Kabusacki, en el que participa como invitado Tony Levin. Hace poco salió también el disco del Sexteto Irreal, del que forma parte, y tocó en el último hit de Calle 13.










Por Matías Córdoba

“Difícilmente hubiese podido ser el cantante de una banda de rock y estar ahí en primer plano, buscando los flashes. Pero sí disfruto de un rol más tranquilo y discreto al mando de mis discos instrumentales. Será que ese don de la suerte, sumado a mis propias ganas, me fue llevando a alcanzar las metas”, responde el músico Fernando Samalea ante la pregunta sobre cómo construyó una carrera –aunque a él no le guste hablar en esos términos– que ya lleva más de veinte años y en la que tocó con algunos de los más prestigiosos artistas de la escena local e internacional. Este baterista tiene tiempo para todo: viaja por el interior del país en cada rato libre, toca batería, percusión y bandoneón, compone, es parte del Sexteto Irreal (que recientemente publicó Jogging), colabora actualmente con diversos músicos (Rosario Ortega y Pablo Dacal, entre otros), tocó la batería en “Calma pueblo”, una de las últimas canciones de Calle 13, grabó discos instrumentales, tocó con Andrés Calamaro, Tony Levin y decenas de artistas a los que se fue acercando en el transcurso de su vida. Y ahora, para no perder la costumbre, acaba de publicar Al limiti del mondo, el nuevo disco que Samalea firma en conjunto con su “hermano”, Fernando Kabusacki, y que aquí explica.

–Se encuentran algunas diferencias entre su obra solista y la de sus proyectos en los grupos de rock. ¿Cómo se alimentan entre ellas?

–Diría que tuve siempre esa dualidad, participando de proyectos enormes con artistas súper populares y a la vez en esos para minorías, como el mío de bandoneón. Así se dieron determinadas alianzas, algunas en plan miniatura. La que tenemos con Kabusacki en Al limiti del mondo es un buen ejemplo. Uno es lo que es. No podés forzarlo. Venís de antemano con una señal y la llevás adelante, o no sucede nada. Casi todos realizamos muchas actividades en paralelo, no sólo dentro de la música. El filósofo Gurdjieff se cansó de aseverar que “no somos uno, sino ocho”, con facetas bien diferentes dentro. Así se explicaría el frecuente oscilar de nuestros gustos, a veces alarmante. Vamos de fiestas esnob a obras de teatro o a películas conmovedoras sin escalas. De lo trágico de Stendhal a las memorias de Groucho Marx, que te hacen descostillar de la risa. ¿Por qué algunos días querés escuchar las bossa-novas de Vinicius y Jobim y otros a The Who, o tal vez a MGMT, Luis Alberto Spinetta, Kings of Convenience o Frank Sinatra? Claro que al componer música hacés lo que te sea posible, con tus limitaciones, y supongo que el secreto de lograr algo pasa por aceptar esa pauta.

–En su discurso y en sus discos interactúan la literatura, la música, el cine y la pintura con mucha asiduidad.

–Es que muchas veces la idea original deviene de un caos sensorial. Algunos tienen cierta fluidez, dicen tres o cuatro frases y ya entendiste todo. A mí me cuesta más ser preciso o encontrar las palabras e imágenes apropiadas. Cuando hablás de algo, soñás determinados colores, temperaturas, texturas. Todo queda envuelto en ese juego creativo: la energía, la respiración, el movimiento del pecho al entrar o salir oxígeno, los gozos, alegrías, añoranzas o dudas. Hay dos palabras que evito cuando hablo de mí: trayectoria y obra. Sólo intento sumarme a proyectos ajenos o generar propios que conlleven sinceridad e ilusión. Y los acepto como un pequeño fotograma del momento.

–¿Cómo nació su relación musical con Fernando Kabusacki?

–Con Kabusacki se da una alianza que roza la hermandad. Nos conocimos a través de María Gabriela Epumer y desde el primer segundo ya estábamos predispuestos a compartir música, chistes u ocurrencias. El me mostró el mundo del Guitar Craft –el de los discípulos de Robert Fripp–, y yo debo haberlo acercado un poco más al ambiente del rock. Lo llamativo es que sus discos y los míos son completamente antagónicos, ya que suelo usar armonías cercanas al sentir de Buenos Aires o al exhalar bandoneonístico; mientras él genera temas y atmósferas inclasificables dentro de un contexto geográfico.

–Mucho de lo que dice está presente en Al limiti del mondo. ¿Cómo se gestó el disco siendo ustedes musicalmente antagónicos?

–Hace unos meses estábamos en el Festival de Cine de Montaña de Ushuaia y nos propusimos realizar este disco a dúo. Apenas regresados pautamos las siete piezas. Hubo estructuras, progresiones de acordes y melodías desde el vamos, evitando las improvisaciones como eje. Les dimos gran protagonismo al vibrar de las cuerdas y al ondular de los parches y usé bastante el vibráfono. La premisa fue conservar ese halo de aire y espacio que tiene la música cuando coquetea con el silencio.

–Además participa Tony Levin, bajista de King Crimson y Peter Gabriel, que ya había grabado con usted. ¿Cómo fue el acercamiento?

–Le pedimos que sea nuestro invitado de lujo. Que se haya sumado a dos músicos ignotos del Cono Sur como nosotros, siendo quien es dentro de la música internacional, habla de su grandeza. Es una de las grandes sorpresas que te da la vida verlo interesado por el sonido del bandoneón, participando en varios de mis discos desde hace años y ahora también en éste. Y que podamos compartir otras cosas como cafecitos y salidas por ahí, charlas, complicidades, humoradas... intentaremos hacer un disco de trío a futuro.


“Soy cultor de la vagancia"


Si bien está en permanente movimiento, afirma entre risas que es “cultor de la vagancia y el ocio contemplativo, actividades tan devaluadas para la sociedad”. Pero más allá de esos ratos libres, que de hecho deben ser pocos, Samalea pasa su tiempo rodeado de música. El mismo lo detalla: “Normalmente comparto con personas que quiero y simpatizo, sean jóvenes, de mi generación o mayores aun. Este año se publicó Jogging con el Sexteto Irreal, que me dejó más que feliz: todos los integrantes nos conocemos desde la adolescencia y estoy seguro de que seguiremos yéndonos de juerga musical cada tanto. En lo personal, preparo un nuevo disco de bandoneón, con tintes de jazz antiguo, woodyallenesco de alguna manera. Y espero la edición de mi primer DVD, que rescata shows en el Teatro Alvear y el ND/Ateneo e incluye clips y cortos filmados especialmente. En breve tendré conciertos con Rosario Ortega y me encanta estar en su banda. La princesita ha escrito muy buenas canciones, tiene con qué. Respecto del mundo del cine, sigue atrapándome. Estoy componiendo la banda sonora de la ópera prima de Martín Piroyansky titulada En Nueva York, simple y lúdica, y pienso que dará que hablar. Y como broche, grabamos junto a Daniel Melingo y Willy Crook las músicas incidentales de Verano maldito, film del genial Luis Ortega basado en un cuento de Yukio Mishima”.

sábado, 2 de julio de 2011

SAMALEA-KABUSACKI: ESTRENAN DISCO.


AQUÍ Y AHORA. SAMALEA DESCRIBE SU NUEVO ÁLBUM, GRABADO EN DÚO CON FERNANDO KABUSACKI, COMO UN “FOTOGRAMA” DE ESTE MOMENTO DE SUS VIDAS.

Por Eduardo Slusarczuk

En un rincón del Bar Británico, la figura de Fernando Samalea poco tiene que ver con la imagen que algún desinformado podría llegar a tener de uno de los músicos más versátiles dentro de la escena musical argentina, y de más allá de la frontera.

El hombre, que de vez en cuando desordena sus pelos un poco más -como si eso fuera posible- exhibe un CV tan extenso como bajo es su perfil. Charly García, Joaquín Sabina, Gustavo Cerati, Jorge Drexler, La oreja de Van Gogh y Andrés Calamaro son algunos de los artistas que recurrieron a sus servicios de baterista, bandoneonista y profundo creador de climas.

Pero, a partir de 1998, Samalea, además, fue diseñando una carrera solista que acredita una decena de álbumes, a los que acaba de agregar Al limiti del mondo, de autoría compartida con Fernando Kabusacki, enriquecido con la colaboración del King Crimson Tony Levin.

“Para mí, Kabusacki sería algo así como un hermano. Nos conocemos desde mediados de los ‘90, hicimos juntos un montón de cosas, tanto en el mundo más silencioso y disciplinado de él, como en el mío, que resulta un poco más cercano al rock”, cuenta Samalea.

De ahí al proyecto en formato de dúo era apenas cuestión de tiempo. Sólo faltaba el disparador, que vino del sur. ”Todo tiene que ver con un viaje que hicimos para musicalizar películas de Alberto de Agostini, en el festival de Cine de Montaña de Ushuaia. De Agostini era un joven explorador italiano que en 1913 llegó a Tierra del Fuego, y fue el primero en retratar con cámaras de cine y en fotos a los yámanas, que estaban allí desde hacía más de 5000 años, incluso antes que los onas o selk’nam.”

Al regreso, la obra comenzó a tomar forma, a partir de pequeños experimentos, “bajo la premisa conceptual de que no tuviera teclados.”

¿Por qué?

Porque admiro mucho la forma de tocar de Kabusacki, y quería que la presencia de la guitarra fuese mucho mayor. De modo de poder construir toda la música en base a las cuerdas.

Tampoco hay bandoneón.

No. Sentí que era más interesante incursionar un poco con el vibráfono y en las percusiones. Y así lo construimos. Y en un momento, como siempre estuvimos en contacto con Tony Levin, se nos ocurrió proponerle una participación. Al fin de cuentas, se trata de un disco hecho entre amigos, sin grandes pretensiones. Simplemente con el deseo de plasmar juntos un fotograma de este momento de nuestras vidas.«

¿Cómo se va armando esa música, teniendo en cuenta que son dos (tres con Levin), y que los temas terminan

Es una manera de interactuar desde un lugar quizá no del todo ideal, porque siempre es más lindo compartir el mismo aire. Pero también es una manera de poder llevarlo a la práctica. En otra circunstancia, podremos hacer un disco en trío, con Tony Levin, que es uno de nuestros sueños. Y como siempre, o en la mayoría de los casos, los sueños se materializan, por insistencia, o simplemente por deseo. Pero mientras tanto, nos damos este tipo de cosa compartida, a la distancia.

¿Cuál es el espacio que sentís que ocupa -en el terreno de la audiencia-, esta faceta musical tuya, que contrasta con el costado más vinculado a lo mainstream que puede suponer tocar con gente como Charly, Sabina o Cerati?

No es algo que nos hayamos planteado con la idea de tener una repercusión masiva, ni nada por el estilo. La satisfacción viene cuando alguien te escribe desde otro país o desde culturas muy lejanas, y vos no sabés cómo llegó lo tuyo hasta ese lugar. No son muchos los casos, pero de golpe podés llegar a recibir un mail desde Japón, o desde Hungría. Son esas pequeñas satisfacciones. Sabés que hay casos puntuales de personas que tienen una sensibilidad al borde y pueden apreciar este tipo de cosas. Sabemos que es una gran minoría, pero no es lo más importante.

Pero también es lindo disfrutar de que las condiciones sean las que son. Las reglas de juego son así. Sabemos que las tendencias del mundo pasan por otro lado, que las inquietudes pasan por otro lado, y uno no tiene por qué imponer nada de lo que haga o considerar que lo que uno hace es más importante que otras cosas. Lo más lindo es que cada uno elija con libertad. Nosotros, en este caso, grabamos esto. El que quiera tomarlo es bienvenido. Y quien no quiera tomarlo está, por supuesto en todo su derecho. Tanto por que hay cosas que le gustan más o por lo que sea. Ya sabemos que el mundo está planteado con otro tipo de músicas, que son las que convocan a la mayoría, y está bien que sea así.

Cuando trabajan con Kabusacki, ¿de qué manera se expresan las influencias que cada uno lleva consigo? ¿Es algo que charlan, o simplemente sale así?

No se habla mucho. Las músicas que uno ha escuchado durante la vida dejan su impronta en el inconsciente de todos los músicos que intentamos hacer discos. Hay cosas que no hacen falta ni hablarlas. Uno, naturalmente responde a la información que ha recibido desde la niñez, y a las músicas que ha escuchado. Y un poco con pedacitos de todo eso se va congeniando lo que te sale naturalmente en el momento de armar una melodía, un ritmo, o componer, Pero no creo que sea algo que se hable mucho. Simplemente se da.

También hay otra cosa que va más allá de lo que uno se proponga convocar. Uno hace lo que puede dentro de sus propias posibilidades y de su propia conexión con la música. Siempre recuerdo una frase muy hermosa de Leonardo Favio que dice: “El cine no se hace. El cine es.” Y un poco la música tampoco se hace. La música es. Cuando te ponés los auriculares, y estás tratando de armar algo, sobre un cuaderno, un pentagrama, vas hacia donde te lleva el propio sentido musical. No pensás demasiado. Por lo menos, para mí es así. De la misma manera que, cuando tocás en vivo, se mantiene una especie de trance que va más allá de toda explicación.

¿Cómo cambia tu manera de enfrentar la música de acuerdo al ámbito en el que te toca hacerla? Imagino que no debe ser lo mismo sentarse a la batería frente a 40 mil personas, con músicos como Cerati o Sabina, que hacerlo con Favio Posca en un teatro o presentando un proyecto de esta índole.

No podría responder más que una obviedad. La conexión con la música es natural. Si uno adapta su forma de tocar la misma manera que adapta su forma de hablar de acuerdo a cada circunstancia. Uno se va adaptando constantemente a un montón de estímulos externos. Es completamente misterioso. No es lo mismo manejar una moto que tocar un instrumento que tocar o caminar. Pero en el caso de la música, el disfrute es el mismo. Porque pienso en la enorme alegría de permitirme tener la oportunidad de pasar por situaciones tan antagónicas, también, como músico, que lamentablemente no todos pueden vivir. Entonces, no me queda más que agradecer esa posibilidad de poder haber vivido todas las experiencias que viví dentro de la música, desde que soy muy chico, y aún seguir viviendo copsas diferentes. El mundo se hace muy entretenido, en cada situación aprendés cosas nuevas. Dudo que no aprenda de cada circunstancia.

A lo largo de esa vida de la que hablás, compartiste músicas y vida con gente como Richard Coleman, García, María Gabriela Epumer, Gustavo Cerati, lo que de algún modo te acercó a situaciones límites. ¿Qué tan difícil es salir indemne de semejantes experiencias?

Por supuesto que en la medida en que ocurren cosas que nadie desea, te va afectando. Pero las leyes propias de estar vivo en este mundo te las imponen desde el vamos. Mientras estamos hablando aquí, en otras partes del mundo están cayendo bombas, está muriendo gente en los hospitales. En cambio nosotros ahora podríamos hacer un chiste. Desde el vamos, al estar vivos, uno ya seba que va a sobrevivir a la muerte de sus padres, va a sobrevivir a un montón de tragedias ajenas, y aún así va a tratar de encontrarle algo hermoso a esta posibilidad de vivir. Entonces, en ese sentido, vivís esas cosas que te tocan, en la música, que son dolorosas, así como te lo estoy diciendo.

Tus discos, tu música, suele provocar una sensación de transitar por mundos imaginarios, por construcciones propias que se alejan de las referencias más cotidianas. ¿Coincidís en esa manera de apreciarla?

Yo voy conviviendo entre tipos de discos que puedo considerarlos más terrenales o más de la fantasía y la ilusión. En el caso de mi último disco, Primicias, tiene más que ver con lo greco romano, con la cosa mitológica, en otros puedo tener un contacto más fuerte con la vida de las ciudades, que también me fascina. Cuando tenés esas dualidades tan presentes, y podés ir tomando cosas de fuentes tan diferentes, no te queda otra que ir para todos esos lados. Tal vez hay personas que tienen más definidas sus formas, y apuntan siempre a un mismo estilo, y está muy bien que sea así.

Yo convivo no sólo con una conexión completamente cosmopolita de la música, con el bandoneón como una especie de buenos Aires portátil. Pero no deja de ser ago completamente cosmopolita, y tiene contacto con cosas de todo tipo. Ese halo árabe de algunos discos, cosas más de submundo imaginarios, del inconsciente, o la ilusión. En el fondo terminás respondiendo a lo que naturalmente te sale hacer. No es siquiera que me lo proponga. Es mi forma de expresarme musicalmente, o escribiendo, o incluso hablando.

¿Cuáles son las fuentes en la que rastreás los elementos de esas músicas más exóticas, de otros lugares tan lejanos? ¿Escuchás, leés, imaginás?

Salen de esa especie de percepción inconsciente que uno tiene constantemente respecto de las cosas. Una película, constantemente estamos recibiendo estímulos: estamos hablando, allí veo Bar Británico escrito al revés. Todo eso nos va influyendo, porque el mundo es una gran influencia sensorial. Entonces, pueden ser películas, yo tuve la fortuna de ir varias veces a Marruecos y de escuchar in situ determinados ritos, músicas. También pueden venir del cine en blanco y negro, de historias. Es inevitable que lo fantasioso genere una influencia enorme al momento de expresarme.

¿Por dónde suelen comenzar tus composiciones?

Por dónde comenzar, varía muchísimo. Lo que trato de hacer siempre es que todas las piecitas musicales que compongan un disco tengas que ver con un concepto común. De la misma forma que la tapa, que cada detalle esté vinculado con el todo.

¿Cómo aparece en tu historia musical esta manera de ir armando sonoridades que parecen tan aleatorias, con voces e instrumentos que entran, salen, aparecen, desaparecen?

En mi enorme fantasía, muy poco pretenciosa, y salvando las distancias con muchísimas cosas, lo que yo intento es construir un concepto musical que en algún punto tenga que ver con el cine, con lo visual. Lógicamente que eso es algo que tengo en mi cabeza, y de ahí a que el resultado sea ese, para otras personas, hay un trecho importante. Pero mi intención es que sea algo muy visual, que tenga que ver con las distintas inquietudes y las cosas que a uno lo van fascinando a lo largo del tiempo.

A mí me encanta leer biografías, interesarme en la vida de muchas personas que han creado, a lo largo de la humanidad. Entonces, inevitablemente, todos esss mundos conviven a la hora de plasmar algo. Pero no necesariamente está inscripto textualmente en l que uno hace, Son elementos que te dan estímulos, pero muy inconscientes y privados. Por eso es muy difícil de explicar cómo salen. Porque yo tengo como elemento fundamental el bandoneón, pero también lo es la percusión, también lo puede ser el vibráfono.

¿Tenés algún tipo de rutina para componer?

No. Son como ráfagas. Épocas. Normalmente, yo ando con una mochila, un cuaderno, y en los momentos menos pensados me pueden surgir melodías, historias, y entonces vas anotando ese tipo de cosas. Me llama la atención el movimiento, ver; me encanta sentarme en los bares, hacer lo que yo llamo turismo suburbano: tomarme un tren a cualquier lado, y aparecer en González Catán y pasarme la tarde ahí. Ya que la vida musical que me da ese privilegio de no tener que cumplir horarios laborales y tengo muchos días libres, me doy el gusto de desarrollar esa especie de ocio creativo, como se le dice habitualmente, y buscar los estímulos.

Si no lo ves, no sabés que todo eso está sucediendo. Me parece que es muy importante estar en contacto con todas las formas de vida. Estar atentos. Te pueden impactar muchas cosas, conocer gente muy noble, ver un festival de heavy metal en Catán un domingo a la tarde, con todo s esos personajes variopintos, con sus chaquetas de cuero, unos bateristas super virtuosos, que están allí y seguirán allí por mucho tiempo, y quizá nunca tengan la posibilidad de grabar o mostrarse. Me gusta también en ese sentido, más allá de lo anecdótico en sí, sino a la posibilidad de ver la vida ciudadana más allá del círculo de privilegio en el cual uno vive.

¿En algún momento te tentó la idea de convertirte en un baterista virtuoso?

En mi caso no hubiera sido posible… (Risas)

No lo creo así. Pero me refiero a que ya desde la época de Los enfermeros (Banda de Charly García de los primeros ’90) la crítica te ponía en un lugar destacado, sin que fueras un baterista de 400 millones de golpes por minuto o de solos eternos. Y me pregunto si alguna vez te sedujo la posibilidad de ir por ese lado.

No. No soy de escuchar solos de batería, porque de hecho gran parte de mi vida escuché músicas que no tienen baterías. Y lo sigo haciendo. Respeto el llamado interior de cada uno, y uno es lo que es. Entonces, más allá de cosas que yo pueda proponerme para seguir creciendo, hay cosas que ya uno sabe que no va a hacer. Podes vivir muchas variaciones, pero no todas. Nadie puede tener todas las actividades, una persona elige una o dos profesiones y se desarrolla en ellas. Y en la música pasa lo mismo. Vas buscando tu lugarcito, y es simplemente eso. Disfruto de mi medio vaso lleno, y agradezco las cosas que vivo. Y lo que no pueda alcanzar tampoco significa dramatismo alguno ni mucho menos. Es cuestión de disfrutar lo que sí puedo alcanzar.

En este caso, ser un baterista de canciones o de música instrumental, tocar un poco a mi manera. Compartir con los amigos la música, intentar ir siempre un escaloncito más en lo que yo pueda dar y ofrecer. No es mucho más que eso.

Días de moto

¿Qué hay de tu afición a los viajes en moto?

Durante años he tenido moto. Normalmente, desde los 20 estoy tocando con artistas populares, y siempre las giras y los compromisos no me permitían irme unos meses sin fecha de regreso. Ahora, me gusta mucho el estado de libertad que dan los viajes en moto por carreteras. Ir a lugares recónditos, donde no llega nadie. Subir caminos de ripio, de tierra, de montaña. Esa posibilidad es algo que estoy haciendo en este momento. Recorriendo el país de esa manera, y con planes de hacerlo por otros países tabién. Incluso, lo que simrpe me emocioan mucho esos grupos de médicos, de jóvenes maestros que van a lugares a los que no llega nadie y aportan su conocicmiento, al modo de los pilotos solidarios. Me parece maravilloso. Y también, sin ánimo de poner ningún tipo de solemnidad en eso, la posibilidad de ofrecer mi moto para llevar cosas. Un poquito con la música, el minimísimo granito de arena que puedo llegar a ofrecer para esos chicos, es algo que me gusta hacer, y que de hecho ya hice. He dado clases de dibujo.

Pienso en Santiago del Estero, Chaco, Formosa. También estuve recorriendo el sur, la Patagonia. Son cosas muy emocionantes las que ino vive, más allá de la música. De la misma forma que con Kabu tuvimos ese sueño de hacer Al limiti del mondo mientras recorríamos el canal de Beagle, otros viajes inspiran otras cosas. Y me gusta eso. Me emociona cuando la gente lleva adelante obras en las que anteponen la nobleza y la generosidad, más que nada. En definitiva, es lo que me parece verdaderamente trascendente.

La música es como un juego, es un gran estímulo, y en un montón de casos nos nutre y nos salva emocionalmente. Pero, esas otras cosas son tan o más trascendente aún. Y más necesarias, en este momento.

¿Viajas solo?

A veces viajo solo, a veces con mi novia.

¿Carpa u hotel?

Depende. Puede ser carpa, alguna casa de gente que te aloja. La idea, ahora, sería que se mezclen los viajes de placer con un granito de arena que uno pueda aportar. No tengo ningún reparo en mis deseos. Me encantaría recorrer la amazonia peruana, subir la moto en balsa. Ese tipo de cosas me parece fascinante. Encima, a ese sabor aventurero le encuentro el estímulo de hacer algún aporte, y no quiero dejar de disfrutarlo. El contacto visceral con la ruta, los animales, los olores. De golpe se te cruzan animales que no sabés de qué tipo son. Las personas que conocés. Su nobleza, la manera en que te abren sus casas. Gente que sólo tiene un colchón y te lo da para que duermas. Cuando sabemos que la gente que tiene, normalmente no da nada. Y esa gente humilde que abre su corazón, emociona y te lleva al borde de las lágrimas.

Por eso, perderme todo ese mundo, y quedarme en el círculo de la música, no tiene sentido. Tengo mi lado snob desarrollado. Puedo disfrutar de las fiestas delirantes, de artistas, concoer todo ese mundo de la noche. Me gusta. No es que esté completamente cerrado a todo. Pero como decía antes, tengo la suerte de poder disfrutar un montón de mundos a la vez. Entonces, es conmo vivir una vida que se nutre de varoas vidas diferentes.

Ya que mencionás las fiestas delirantes, hace poco veía una foto tuya, en Nueva York, con Charly, Coleman y Fito Páez, en unos años que uno imagina bastante agitados. ¿Cómo se hace para trabajar en un clima de semejante vorágine creativa y, en algún punto, hasta autodestructiva?

Bueno, si bien existe eso que te decía de que cada uno habla de una forma particular con cada persona, por otro lado me mantengo igual en todos los ámbitos en los que participo. Adaptándome en las cuestiones musicales, entregando todo lo que yo pueda entregar para cada proyecto, intentando ennoblecer esa expresión artística, pero nunca me ha costado, porque aprendí de chico que había cosas que yo no iba a vivir, por razones obvias. Me he mantenido alejado de un montón de vicios y cosas que, en mi caso, hubieran sido fatales.

Hay quienes han sobrevivido.

Sí, pero en mi caso me gusta vivir una vida distinta, aún cuando el medio sea como sea. Entonces, me mantuve al margen de un montón de cosas, y eso fue muy interesante, también. Porque pude ver desde fuera lo que pasaba. Me encanta trasnochar, esa especie de vida adrenalínica, quemándote a lo bonzo, tiene hasta un halo poético. Pero lo vivo desde un lugar, en algún sentido inocente también, como desde un estado de niñez y fascinación como desde afuera. Entonces, al estar un poquito fuera, podés compartir un montón de cosas con distintos artistas, y eso es algo maravilloso. Me da una perspectiva diferente. Siempre tuve esa multiplicidad de miradas, con respecto a un montón de proyectos. Y, a la vez, forman parte de un todo.

Ahora llevo adelante mi proyecto de bandoneón: estoy por editar un DVD, con los últimos conciertos del Ateneo, del Alvear más algunos clips especiales, hicimos el CD con Kabusacki, el del Sexteto Irreal. Estuve tocando con Pablo Dacal, estoy con rosario Ortega, grabé con Diego Frenkel, con Calle 13. Es un abanico bien abierto, pero quizá, emparentándome con lo que hago cuando preparo un disco, en el sentido de que cada una de las piezas forme parte conceptual de un todo, todas las cosas que hago forman parte, conceptualmente, de algo que me costaría mucho describir, porque es lo que vengo haciendo a lo largo de mi vida.

Sin limites

Al limiti del mondo reúne siete temas surgidos de “progresiones, acordes, ritmos o patrones melódicos de guitarra”. En ellos, los a veces marcados y otras veces sutiles cambios de climas están definidos por protagonismo repartido entre las guitarras de Kabusacki y la musicalidad percusiva de Samalea.