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sábado, 1 de marzo de 2014

25 de febrero de 2014 LA DESPEDIDA A PACO DE LUCIA, FIGURA IRREPETIBLE DE LA GUITARRA

Paco de Lucía



 El músico que prefirió ser salvaje antes que intelectual

Un infarto lo sorprendió en México, donde vivía la mayor parte del año. Desde sus inicios con Sabicas, Francisco Sánchez Gómez creció y produjo cruces memorables, dándole al flamenco una dimensión que cautivó a públicos de todo el mundo.

Por Diego Fischerman

 Francisco Sánchez Gómez (Algeciras, Cádiz, España, 21 de diciembre de 1947 - Playa del Carmen, Quintana Roo, México, 25 de febrero de 2014),1 de nombre artístico Paco de Lucía, fue un compositor y guitarrista español de flamenco.
Recibió, entre otros muchos galardones, el Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1992), la Distinción Honorífica de los Premios de la Música (2002) y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2004). Fue Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz y por el Berklee College of Music, distinción concedida en mayo de 2010.

Aunque casi toda su obra se desarrolla en el flamenco, grabó algunos trabajos en otros estilos, como la música clásica, la fusión del flamenco con el jazz y otros estilos musicales.

Paco de Lucía


La muerte nunca es recibida de buen grado. Y siempre es un poco sorpresiva. Pero, a veces, mucho más. Paco de Lucía había estado en Buenos Aires en noviembre pasado, después de dieciséis años de ausencia. Sus conciertos en esta ciudad fueron magistrales. Paco de Lucía, apenas este martes, estaba jugando con sus nietos en la playa de Tulum, donde vivía la mayor parte del año. Un fuerte dolor en el pecho hizo que lo llevaran al hospital Hospitem, en la ciudad de Playa del Carmen. Y falleció allí, en la sala de urgencias. Un infarto acabó, a los 66 años, con el músico que les había dado un nuevo estatuto a la guitarra y al flamenco. Con el que se había animado a releer la tradición y con el que fue capaz de juntarse con guitarristas de jazz para inventar otras músicas. O, en realidad, a flamenquizarlos. A llevar a John McLaughlin y Al Di Meola a su propio terreno para, desde allí, buscar algo nuevo. A aquel que, siendo infiel al flamenco, volvió a crearlo.
Rechazado por los fundamentalistas –que mucho más tarde aprendieron a reconocerlo como uno de los suyos–, Paco de Lucía conoció como nadie los mandatos del género, pero no se ciñó ni a las costumbres ni a los moldes más rígidos de eso que se enseñaba de padres a hijos. Usó el lenguaje en lugar de ser usado por él. Fue, más que un filologista, un creador. Revolucionó una música caracterizada por su lealtad a viejos arcanos. Y esa libertad fue la que, paradójicamente, le dio nueva vida al flamenco. Y es que, más allá de las críticas de los puristas más cerriles, no hubo música en la que ese género pudiera sentirse más a gusto –y más soberano– que en la suya. Tanto cuando se movía en los formatos más asimilables a la tradición –dos guitarras, una percusión– como cuando integró grupos como su ejemplar sexteto, con el flautista y saxofonista Jorge Pardo, Paco de Lucía siempre fue renovador y, al mismo tiempo, flamenco en el lado más esencial y profundo de esa música. En sus frenos repentinos y sus arranques furibundos. En el juego entre la inmovilidad –y la tensión extrema– y la sensualidad.

Paco de Lucía y Camarón de la Isla.


Hace casi treinta años, en 1986, en una entrevista realizada por Diego Caballero y publicada por el periódico Puerta de Sevilla, el guitarrista hablaba sobre la opinión que tenía Sabicas, uno de sus grandes maestros, acerca de sus experiencias junto a músicos de otros géneros. “Tú no los necesitas para ser grande”, había dicho su mentor. “Es una opinión que respeto como si viniera de mi mismo padre, porque ante Sabicas hay que quitarse el sombrero, pero no deja de ser una opinión”, decía De Lucía. “Los flamencos no sabemos de acordes, ni hemos dispuesto de la capacidad de ir a la escuela para aprender música. Y es que el flamenco está en un momento especial, que necesita aportaciones de todos lados para que aprendamos también de lo que no es usual en nuestra música. A mí sí me han servido estas uniones. La guitarra está cambiando y yo tengo una obligación con la gente que me sigue, de abrir nuevos campos.”

Paco de Lucía


Allí también decía que “en cualquier sitio es más fácil tocar que en Sevilla. Hay mucha gente que sabe de verdad y oyen de otra manera. Aquí se fijan en si tienes aire o no, si eres flamenco en definitiva, pero por otras partes no, allí te oyen tocar como músico, que es precisamente donde me siento más relajado y con menos miedo. En Sevilla estás pensando en tocar cosas más sencillitas y flamencas, por ahí tienes más libertad. Y también pasa, hay que decirlo, que en Sevilla hay críticos de flamenco que no tienen ni puta idea de lo que es el flamenco. Los que saben de flamenco son los gitanos, pero los gitanos no escriben en los diarios. El tema de la renovación musical implica, por una parte, ceder algo de lo de uno. Pero, también, reivindicar a un pueblo. Cuando he tocado con músicos de jazz, tuve que olvidarme un poco del flamenco, por lo menos del más purista, por eso lo pasaba a veces bastante mal, pero por otro lado mereció la pena por lo que tuvo de aprendizaje. Y además, allí se escuchaba la música de una raza que son los flamencos, marginados durante siglos hasta que llegaron Manuel de Falla y Federico García Lorca, que iniciaron su dignificación. Antes era una deshonra ser flamenco. Tenemos que agradecer mucho a Manuel de Falla y a todos los músicos que nos traigan savia nueva. Nosotros somos músicos y flamencos, es nuestro lugar. No me iré de las raíces y trataré de hacer cosas nuevas sin que se pierda el olor y el sabor del flamenco. En mis actuaciones hay mucho de rabia reivindicativa a cuenta de esta marginación, que todavía queda, pero en menor medida, porque afortunadamente las cosas van cambiando”.

Paco de Lucía


El flamenco es, tal vez, una de las músicas más antiguas y, a la vez, más cargadas de la posibilidad de modernidad. Es posible que allí se centre parte del misterio y de la fascinación que Chick Corea o John McLaughlin sintieron por el flamenco. O, más precisamente, por uno de sus músicos más virtuosos, por alguien que fue discutido por los fundamentalistas del género y que logró la doble hazaña de convertirse en el máximo renovador que el lenguaje había tenido en mucho tiempo y, a la vez, en el mejor guardián de su tradición. Paco de Lucía, llamado en realidad Francisco Sánchez Gómez, hijo de Lucía y nacido en Algeciras, Cádiz, en 1947, apocado hasta el improbable paroxismo de la timidez y parco hasta el propio límite del silencio, bromeó alguna vez con Página/12 asegurando que “lo de la modernidad y la tradición tendrá que ver con que soy mitad payo y mitad gitano”. En realidad, esa herencia casi dolorosa que habita el flamenco, aparece, más bien, en la conciencia acerca de la naturaleza conflictiva de la creación. “No es fácil”, decía hace quince años el guitarrista, en una entrevista con este diario. “Yo sufro cuando tengo que hacer un disco, aunque ese sufrimiento tenga que ver, también, con el placer de hacer la música que amo.”

Paco de Lucía


Parte de esa especie de incomodidad tiene que ver con sus propias inseguridades. “Cuando tocaba con McLaughlin y Di Meola, por ejemplo, sentía que no sabía improvisar y que ellos se reían de mí. Siempre que subía al escenario pensaba que iba a hacer un verdadero papelón”, explicaba, refiriéndose al famoso trío de guitarristas que se convirtió en un impensado fenómeno de ventas. “Un músico de éxito está obligado a hacer un disco cada año, y uno no tiene esa capacidad, sobre todo si es compositor de su obra. Otra cosa sucede si uno es cantante y quiere hacer un disco. Le mandan 40 compositores con otras tantas canciones para que elija y luego un arreglista para que haga la orquestación. Pero para el creador cada disco es un parto y la demanda discográfica no le da tiempo a sentir y vivir lo suficiente para renovarse y hacer una obra nueva. La composición es neurótica y la actuación en vivo es extrovertida y comunicativa. Uno se cura tocando en vivo. En cambio los que viven sólo de la composición dan miedo: miran con cara de locos.”

Paco de Lucía


Cantaor frustrado y reacio a escuchar su propios discos (“nunca los escucho, son puntos dolorosos; cuando intenté hacerlo no lo disfruté”), Paco de Lucía vivía además la contradicción del intérprete de una tradición popular que las formas de circulación de la cultura del siglo XX convirtieron en otra cosa. Por un lado, decía reivindicar el sentimiento sobre la razón (“es mejor ser un salvaje que un intelectual”) pero, por otro, se sentía disminuido por no haber realizado un aprendizaje de música sistemático y académico: “A medida que pasa el tiempo siento cada vez más la necesidad de eso de lo que carezco. Con la edad se tiene menos energía, menos estímulos, menos ganas de encerrarse ocho horas para descubrir una melodía. En esas ocasiones se echa de menos poder manipular la música sin tener que buscar con tanto trabajo cosas que luego resulta que ya estaban descubiertas”. No obstante, Paco de Lucía jamás paró de estudiar. Otros cuentan que de niño jamás dejaba de tocar. El decía: “Es cierto, sobre todo en la primera época, entre los 8 y los 12 o los 15 años. Nací en una familia con problemas económicos. Mi padre lo pasaba muy mal tratando de encontrar dinero para comer cada día y yo de chiquitito tenía la idea de que debía aprender rápido a tocar la guitarra para ganar plata y ayudar cuanto antes en mi casa. Efectivamente, a los doce años ya estaba ganando dinero. Me fui a Estados Unidos y me pagaban cien dólares a la semana. Yo era muy feliz entonces. En vez de ir a la escuela, con doce años estaba viajando y ganando dinero. A esa edad uno no sufre; uno sufre cuando se va haciendo viejo”. Su primer disco, Los chiquitos de Algeciras, grabado en 1963, a los 18 años y junto a su hermano Pepe, da cuenta de esa osadía y del virtuosismo todavía tan cercanos a la alegría infantil.

Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, discípulo de Niño Ricardo además de Sabicas, ganador del Grammy al mejor álbum flamenco en 2004, del Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco, de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 1992, del Premio Pastora Pavón La Niña de los Peines 2002, y del Gran Premio de Honor en los Premios de la Música 2002, De Lucía había comenzado su carrera profesional en 1960, contratado por el bailarín José Greco en 1960 como tercer guitarrista de la Compañía del Ballet Clásico Español. A los 17 años, patrocinado por los productores alemanes Horst Lippmann y Fritz Rau, se integró al Festival Flamenco Gitano, con el que recorrió Europa junto a Camarón, El Lebrijano, El Farruco y Juan Moya. Acompañado en el cante, con frecuencia, por sus hermanos Ramón de Algeciras y Pepe de Lucía, sus discos consagratorios como solista llegaron al final de esa década: La Fabulosa Guitarra de Paco de Lucía, de 1967, y Fantasía Flamenca, de 1969. Junto a Camarón grabó más de diez discos de estudio, entre ellos El Duende Flamenco (1972) y Fuente y Caudal (1973). Y en 1976 ganó un disco de oro por el single con la notable rumba “Entre dos aguas”. Zyryab, Siroco y Lucía, o el más reciente Cositas buenas, donde participa quien tal vez sea su principal heredero, Tomatito, son como parte de su legado. El ayuntamiento de Algeciras, su ciudad natal, decretó tres días de luto por la pérdida del “más grande guitarrista de todos los tiempos”. Tomatito, en Twitter, decía “hoy no hay palabras”. Y es cierto. Queda, nada menos, su música.
 
Paco de Lucía

El recuerdo de los colegas

* Javier Malosetti: “Triste noticia la de la muerte de Paco de Lucía. El año pasado pasamos por pérdidas muy fuertes en el ámbito de la música, y desgraciadamente, este 2014 ha empezado también de manera triste. De Lucía fue un creador bestial, los que pudimos verlo en vivo las veces que vino a la Argentina lo comprobamos también entonces. Tuve la suerte además de conocer a Carles Benavent, su bajista histórico, otro virtuoso, pude compartir con él ese toque flamenco único. Soy fan del arte de Paco, lo vamos a extrañar”.

* Esteban Morgado: “La primera sensación ante esta noticia es de tristeza y estupor. Aunque no lo conocía personalmente es como si se fuera un amigo, uno tiene esa sensación con los grandes artistas, los que nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas. Paco de Lucía fue el tipo que nos enseñó a apreciar un flamenco de vanguardia, con mucho de improvisación, de pasión y de sutileza. Fue un ser de un virtuosismo guitarrístico increíble, al que siempre uno trató de imitar, sin llegarle ni a los talones. Tuve la suerte de verlo muchísimas veces, una de ellas en el Colón tocando “Aranjuez”. Cuentan que lo aprendió de memoria, porque no sabía leer música. Más allá de que esto haya sido verdad o leyenda, lo cierto es que escuché una versión única de “Aranjuez”, por supuesto, pasada por un flamenco también único”.

* Diego El Cigala: “No se ha ido parte de la historia, se ha ido el flamenco mismo. Nadie tocará la guitarra como el maestro Paco de Lucía. Estoy hecho polvo, destrozado. La muerte de Paco deja mudo al flamenco, ya sin él, no hay nada”.

* Tomatito: “Paco ha dignificado el arte flamenco y ha convertido la guitarra flamenca en instrumento de entendimiento universal. Gracias a su genialidad y su compromiso, muchos intérpretes, entre ellos yo, hemos podido compartir nuestra música, nuestro cante y baile, con públicos de todo el Globo”.

* Niña Pastori: “El entendido del flamenco, al que le gusta el flamenco y lo admira, sabe que Camarón y Paco de Lucía han sido los dos pilares más importantes”.

Paco de Lucía

lunes, 15 de noviembre de 2010

EL NIñO JOSELE Y “ENTRE DOS AGUAS” DE PACO DE LUCIA.







Cómo conocí a mi guitarra

Por El Niño Josele






La primera canción que escuché, al menos desde que tengo uso de razón, es “Entre dos aguas”, de Paco de Lucía. Era muy pequeño cuando mi padre la tocaba con su guitarra para que yo me quedara dormido; pero, según me cuenta él, yo hasta me ponía nervioso escuchándola y me ponía a bailar en la cuna.

Luego, la verdad es que a los 7, 8 años ya empezaba a gustarme todo, no sólo Paco de Lucía, sino toda la música: mucha música clásica; me gusta mucho el tema de la película Jardín secreto, que es una melodía que me emociona; o la banda sonora de la película El francotirador, de Michael Cimino, que tiene un tema muy bonito que se llama “Cavatina” (de Stanley Myers), ¡o la banda sonora de Rocky, que yo escuchaba mucho cuando era niño...! Pero yo he nacido en el flamenco.

Empecé a tomarme en serio el tocar la guitarra a eso de los 11 años. Si a los 7 ya sabía cómo tomar una guitarra, poner los acordes, fue porque eso formaba parte de mi vida familiar. Pero a los 11 empecé a estudiar con constancia, y todavía estoy aprendiendo: nunca se deja de aprender, sería muy aburrido saberlo todo, y siempre me acompaña esa inquietud de seguir aprendiendo...

Y como he nacido en el flamenco, me es imposible recordar cuándo fue que tomé conciencia de lo que me gusta o no; el flamenco es lo que me ha envuelto desde que nací, está en mis venas. Mi padre es guitarrista flamenco, mis tíos, mis primos son flamencos, y todos los guitarristas hemos tocado “Entre dos aguas”. Por supuesto que yo la he tocado también. Así que cuando empecé a tocar, todo era flamenco: mi casa era un sitio de músicos y todo el mundo cantaba y bailaba. Desde pequeño he tenido la oportunidad de estar con grandes del flamenco y de disfrutar de esas fiestas que duraban hasta las tres, cuatro de la mañana, escuchando aprendí qué era una soleá, una seguiriya, una malagueña.

Pero si entre tantos temas, autores e intérpretes, “Entre dos aguas” sigue siendo tan influyente para mí es porque a pesar de todo el tiempo transcurrido y la experiencia ganada y la música conocida, es este tema el que vuelve a mí recordándome mi niñez, y aquella primera ocasión en que escuché la guitarra. “Entre dos aguas” representa para mí aquella época; es el espíritu, y también las ganas de seguir tocando la guitarra.

Siempre admiré la habilidad de Paco de Lucía con la guitarra, su técnica, pero también su dulzura, su ritmo. Paco es una persona muy tranquila que transmite mucha seguridad cuando uno sale a tocar con él. La primera vez que lo vi en persona fue cuando tenía unos 10 u 11 años. El tocaba en Palma de Mallorca, en la Plaza de Toros, y mi padre me llevó a verlo. Fuimos a su camerino, y allí Paco me dijo que si me gustaba la guitarra que siguiera estudiando, y también me prometió: “Si alguna vez tocas la guitarra y me gusta, te vienes conmigo de gira y te regalo una guitarra”. Pasó el tiempo y para sorpresa mía me llamó para hacer la gira de Cositas buenas. Nunca le hablé de ese encuentro porque me daba mucha vergüenza. Pero luego supe que él se acordaba perfectamente de mí; se acordaba de mi padre y, de hecho, cuando fuimos a mi tierra, Almería, en uno de los conciertos, mi padre vino a recogerme al aeropuerto, y allí Paco y él se saludaron, estuvieron hablando y se fueron juntos en un coche mientras yo me iba en otro con los músicos. Más tarde mi padre me contó que Paco le había dicho que se acordaba de mí y que al final de la gira me iba a regalar una guitarra. Y así fue: cuando terminamos me regaló la guitarra que él había estado tocando al principio de la gira, y que es la misma guitarra que yo sigo tocando hoy.


Entre dos aguas

(Del disco Fuente y caudal, Paco de Lucía, 1973)

Paco de Lucía (nacido Francisco Sánchez Gomes en Algeciras, Cádiz, en 1947) es uno de los guitarristas vivos más virtuosos del mundo. Criado en el musical ambiente hogareño, tomó su nombre artístico de su madre, Lucía Gomes “La Portuguesa”, y tuvo tempranas lecciones de guitarra a cargo de su padre y su hermano. Suerte de heredero del Niño Ricardo y de Sabicas (dos de las principales figuras de la guitarra flamenca), a fines de los ‘60 conoció a Camarón de la Isla, y juntos dieron comienzo a una sociedad creativa que hoy es mítica, y que alumbró los primeros discos de cada uno de ellos: el de De Lucía se llamó Dos guitarras flamencas (1965, junto a Ricardo Modrego, con quien ese mismo año lanzó también 12 Canciones de García Lorca para guitarra).

A Paco de Lucía se le adjudica la popularidad internacional de la que goza actualmente el flamenco, a veces mediante una experimentación libre en la que se permitió fusionarlo con otros géneros y estilos, en particular el jazz, además de haber resuelto algunos requerimientos percusivos de su música mediante la introducción del cajón, tras escuchar al músico afroperuano Caitro Soto.

“Entre dos aguas” es un tema que pertenece a su disco de 1973 Fuente y caudal, el quinto de su carrera, compuesto de ocho temas de De Lucía y Torregrosa, y considerado de un nivel de perfección técnica sin precedentes en el flamenco. En un principio eran siete temas, pero una vez grabados éstos, se les agregó una rumba “semiimprovisada” que es justamente “Entre dos aguas”, interpretada con bajo y bongó, y que es la obra que termina de catapultar al músico de Algeciras a la fama internacional.




Niño Josele


Juan José "Niño Josele" Heredia (n. Almería, 1974) es un guitarrista flamenco.
Hijo del Josele, cantaor almeriense, es descendiente de una larga dinastía de tocaores y cantaores almerienses, comenzó a despuntar a mediados de los años 1990, ganando en 1996 el Concurso de Jóvenes Intérpretes de la Bienal de Flamenco de Sevilla.

Ha tocado en multitud de países y en compañía de músicos de todos los ámbitos, desde flamencos como Paco de Lucía,Montse Cortés, Duquende, Remedios Amaya, Pepe de Lucía, Enrique Morente o el Cigala, a intérpretes de talla internacional como Andrés Calamaro, Joan Manuel Serrat, Lenny Kravitz, Alicia Keys o Elton John.

Con él han colaborado productores musicales como Javier Limón o Fernando Trueba.

Discografía

* Calle Ancha (1995).
* El Sorbo (2001), con Javier Limón.
* Teatro Real (2002), con Diego El Cigala.
* Niño Josele (2003).
* Paz (2006).
* La venta del alma (25 de Agosto del 2009). edición limitada.
* Española (2009).