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viernes, 31 de julio de 2009

LA MUSICA QUE VIENE DE LA CALLE


No les importa dónde ni en qué condiciones, sino tocar maravillosamente. Y representan un patrimonio cultural de Buenos Aires.


La música que viene de la calle

Por Leonardo Tarifeño

La calle es sinónimo de muchas cosas y la mayoría son malas. Quien "hace la calle" ha perdido la orientación moral, el que está "en la calle" perdió eso y todo lo demás. "Tener calle" puede ser bueno, pero sólo para defenderse de quienes tienen más calle aún. Y si alguien "callejea" es porque no tiene rumbo ni brújula y se dedica a vagabundear. El lado positivo aparece como excepción, azar, casualidad rarísima. "Me lo encontré en la calle" decimos, felices, para acentuar la insólita fortuna de un hallazgo único, en el umbral de lo imposible, con todavía más valor dadas las circunstancias. La impresión general es que de la calle conviene huir, o por lo menos estar poco, lo mínimo indispensable. Nada muy decente puede ocurrir allí.

Sin embargo, pocos lugares más democráticos que las calles de una gran ciudad. En sus veredas, muros y esquinas hay todo tipo de personas, modales, propuestas y mensajes, y parece lícito pensar que el civismo de una sociedad se mide por el ambiente y la convivencia que se producen en las calles, auténticos termómetros de la democracia. Construir un modelo urbano justo, seguro y agradable para todos es una misión insoslayable en el diseño de la vida social, y esa responsabilidad no excluye a nadie. Y es que en la calle se encuentran (y pierden) muchas cosas, pero los tesoros más preciados son el respeto y la tolerancia. O la capacidad de asombro. ¿Cómo valorar, disfrutar y enriquecer el paisaje que se ve -o escanea- a diario, entre apuros y empujones y con la cabeza siempre puesta en otro lado? En enero de 2007, editores del diario The Washington Post se hicieron una pregunta parecida e intentaron responderla cuando invitaron al virtuoso Joshua Bell, uno de los más grandes violinistas contemporáneos, a tocar en los pasillos de una estación de subte en la capital estadounidense. Tres días antes, Bell había salido ovacionado del Boston Symphony Hall, donde se presentó para un público que pagó un promedio de 140 dólares la entrada. Durante esa jornada subterránea de 43 minutos, en la que arrancó con la Partita número 2 en Re menor de Johann Sebastian Bach, Bell tocó para más de 1000 personas que pasaron enfrente de él apenas unos segundos. Veintisiete dejaron dinero en la funda de su violín, nada menos que un Stradivarius de 1713. En total, obtuvo 32 dólares. La mayoría de los que le dejaron monedas o algún billete ni siquiera se detuvieron a mirarlo.

Las conclusiones del "caso Bell" podrían extrapolarse a cualquier gran ciudad del mundo, Buenos Aires incluida, y quizás la presencia de una celebridad no sea indispensable para exhibir la blindada indiferencia con la que el urbanita surca una escenografía en la que, cotra todo pronóstico, el arte no es ajeno. De hecho, el nivel, la altura y hasta la osadía de quienes brillan con sus instrumentos en las esquinas de Buenos Aires convierten la escena musical callejera de esta capital en un patrimonio con indudables credenciales artísticas, por mucho que los prejuicios o la burocracia oficial la observen con higiénica distancia. En la calle Defensa, en San Telmo, cualquier domingo se puede ver y escuchar a la Orquesta Típica Ciudad Baigón ( www.ciudadbaigon.com.ar ), milagro juvenil de 12 integrantes, cuyo tangazo "Permiso" (compuesto por el pianista y director de la orquesta, Hernán Cabrera) fue elegido por Maximiliano Guerra para bailarlo en su espectáculo "Secuencias". En otro lugar de la misma calle, antes o después de Ciudad Baigón, suele aparecer la alegre "rumba punky" de Radio Roots ( www.myspace.com/radiorootsweb ), banda que abrió los conciertos de Manu Chao en Cosquín y el Luna Park durante el último tour del ex-Mano Negra en la Argentina. Como parte del programa cultural "Subte Vive", el notable grupo Jazz 4 ( www.myspace.com/jazz4jazz4 ) toca desde hace varios años en la estación Olleros de la línea D, y en las próximas semanas partirán de gira hacia Lausanne y St.Moritz (Suiza) y distintas ciudades de España y Francia. Los martes, jueves y viernes a las 17, la esquina de Perú y Diagonal Norte es el escenario del trío Keruzones ( www.myspace.com/keruzones ), alguna vez producidos por Lito Vitale y Las Pelotas, que llevan vendidos más de 12 mil copias de su último CD (grabado de manera independiente, en venta sólo en sus presentaciones). Y en la misma esquina, o en cualquier otro lugar de Florida, la buena música la pone Pollera Pantalón ( www.pollerapantalon.blogspot.com ), combo de ska y rock liderado por dos chicas que hacen maravillas con sus saxos. "Sabemos que no hay monedas en la ciudad, así que no se preocupen, mejor guárdenlas -dice Melina, de Pollera Pantalón, micrófono en mano y entre canción y canción- ¡nosotros aceptamos celulares, tarjetas de crédito y hasta Tickets Canasta!". Las veces que yo las vi, nadie dejó caer una American Express. Pero sí hubo oficinistas trajeados, un vendedor de cubanitos, madres con sus niños y señores cincuentones que bailaron, todos juntos, su divertidísima versión de "La Pantera Rosa", de Henry Mancini, en tiempo de ska.

Como cabe suponer, Buenos Aires no es la única ciudad del planeta que alberga, en sus calles, a bandas y solistas de alto vuelo. Tal vez la capital mundial del ritmo a la intemperie sea Barcelona, a la que llegan bandas y artistas de distintos lugares para hacer lo suyo en algún lugar del Raval o el Barrio Gótico. La movida es tan grande e importante, que todos los años recibe al Festival Buskers ( www.buskersfestivalbarcelona.org ), donde se presentan músicos callejeros de todo el mundo. Para tocar en las calles de Barcelona, el músico debe presentarse en una dependencia oficial y cumplir con el papeleo que termina en un carnet habilitante. Ese permiso dura un año e indica en qué esquina de la ciudad podrá trabajar. En Buenos Aires, el trámite es similar, aunque más engorroso: se inicia en la Secretaría de Cultura, sigue en la de Ambiente y Espacio Público, y la habilitación final dura dos meses. Pero el mayor problema llega a la hora de renovarlo, o de hacerle entender a las autoridades que la música callejera es un patrimonio cultural de la ciudad. Al menos eso es lo que sugiere Hernán Cabrera, de Ciudad Baigón, cuando afirma que "crear y organizar una orquesta típica es muy difícil, y mantenerla implica un esfuerzo enorme. Por eso resulta grosero ver que los gobernantes se llenan la boca para hablar de tango y, cuando hay una orquesta típica de jóvenes, que es una de las atracciones de San Telmo, se nos niega la renovación del permiso para tocar". En Barcelona, el grupo Ojos de Brujo, hoy reconocido como uno de los principales referentes en la mezcla de flamenco, rumba y hip hop, tocó durante años en los cosmopolitas callejones de la Barceloneta y el Raval, al igual que Macaco, Che Sudaka, Amparanoia y 08001 (código postal del barrio que le da nombre a una extraordinaria banda de trip hop mestizo formada por inmigrantes que habitan el Raval). Hoy, cada uno de estos proyectos nacidos en Barcelona o Madrid son una marca registrada en su género, y sus discos venden miles de copias a lo largo y ancho del globo. Pero vista desde aquí, la "movida de Barcelona" es el retrato de una paradoja: por ejemplo, el trío de rock mestizo Keruzones, que tocó en Barcelona y hoy interpreta enérgicas versiones de los africanos Amadou & Mariam y de los israelíes Balkan Beat Box en San Telmo o Florida, tiene permiso para presentarse en las calles de la capital catalana, pero no en las de Buenos Aires.

Como otros grupos y solistas que también tocan o tocaron en las calles porteñas (Pegaso, Alegrías de a Peso, la Orquesta Típica Fernández Fierro y Cobra, de Las Manos de Filippi, entre muchísimos otros), las bandas mencionadas aparecieron al aire libre por una doble necesidad: la de tocar seguido, y la de intentar mantenerse y crecer económicamente. Tras el desastre de Cromagnon, a los bares y las salas de conciertos no les resulta fácil recibir a bandas en vivo. Y cuando lo hacen, a los grupos muchas veces no les conviene el arreglo que hacen con los dueños. "Un amigo nuestro, miembro de Che Sudaka, nos contó su experiencia de Barcelona y nos animó a salir a tocar en la calle -cuenta Mike, trompetista de Radio Roots-; para eso, nos vimos obligados a cambiar el formato de nuestro show, ya que para no molestar a los vecinos decidimos hacerlo acústico. En la calle tocamos rumba, con guitarras y cajón flamenco; en un lugar cerrado o en festivales tocamos con instrumentos eléctricos y hacemos algo más cercano al reggae y el ska. Pero nuestra rumba no es flamenca pura; por ejemplo, tocamos "Volando voy", de Kiko Veneno, que alguna vez cantó Camarón de la Isla, pero en la calle suena más directa, sucia y llena de energía. Es rumba con actitud punk: rumba callejera".

El primer día que fueron a tocar a la esquina de Perú y Diagonal Norte, los Radio Roots sacaron 20 $ para cada uno y otros 20 para la banda. Y, en sus palabras, eso a todos les pareció, "regrosso". El cantante, tímido al extremo de sonrojarse cuando demora con las monedas en la máquina del colectivo, sacó a bailar a la gente, se abrazó con los extranjeros y vendió un par de discos. Y hasta el policía que vino a echarlos les pareció simpático, trabajador obligado por las circunstancias. Hoy llevan vendidos más de 20 mil copias del CD Sudamerika Styling (disco en el que colaboró el legendario Gambeat, bajista de Manu Chao) y el récord en un día lo alcanzaron el domingo de San Telmo en el que vendieron 239 discos. Nada mal, si se tiene en cuenta que, entre nosotros, una artista indie reconocida y global como Cat Power, de reciente visita en la Argentina, apenas si supera las dos mil copias vendidas de sus álbumes.

Desde el punto de vista económico, a Radio Roots, Keruzones y Pollera Pantalón la calle les permitió grabar sus discos y salir de gira (en el caso de Pollera, en una combi pintarrajeada a la que se enchufan para tocar), Jazz 4 se dio el lujo de grabar una versión en cuarteto de Porgy & Bess (con Enrique Varela, ex La Banda Elástica, como músico invitado) y los miembros de Ciudad Baigón utilizaron parte de esas ganancias para construir un espacio propio, en Cochabamba y Jujuy, donde tocan junto a estudiantes de la Escuela de Tango Orlando Goni. "De todas maneras, lo mejor de tocar en la calle no es, ni por mucho, el beneficio económico, ya que eso es muy irregular y desgastante -aclara Hernán, de Ciudad Baigón, quien cada domingo se pone el piano al hombro para llevarlo hasta su extraño hogar en la vereda de Defensa-; en la situación específica del tango, tocar en la calle genera un sonido particular, rabioso, muy característico del tango hecho por jóvenes, como la Fernández Fierro, que también tocaban en San Telmo. Hay una nueva forma de sentir y tocar el tango, y mucho de esa manera tiene que ver con haberlo tocado en la calle, donde los arreglos y los staccati están condicionados, entre otras cosas, por un entorno al que hay que ganarse rápidamente". Gustavo Firmenich, de Jazz 4, coincide; para él, "en la calle, o en el pasillo del subte, el músico no tiene crédito. En un teatro, la gente va a escuchar; en la calle, para que alguien se acerque hay que interpelar al público con la música. Y quien se entrene en esa escuela, puede tener público donde sea".

Como sugieren Mike y Hernán, la calle es una fábrica de sonidos particulares, que moldean el género (el tango, la rumba, el swing) de quienes salen con una banda a tocar en una esquina. Y si la impronta callejera asoma en el efecto musical, también deja su marca en el carácter o la personalidad del intérprete. "Si tocás en la calle, podés tocar en cualquier lado -señala Andrea, de Pollera Pantalón-; yo creo que cuando se tiene el poder de hacer bailar, los obstáculos no importan. Y en la calle, para hacer bailar, hay que ser muy directos y potentes". La propia historia de la banda sugiere que a ese poder nunca se lo debe subestimar. El grupo empezó con Melina al mando de lo que entonces era Urbanda, proyecto al que se sumó Andrea para crear una banda dirigida exclusivamente a las calles. En esas tardes, un cadete que trabajaba en el microcentro se las arreglaba para hacer sus encargos por donde ellas tocaran; al poco tiempo, el chico se convirtió en el sonidista (primero) y en el tecladista (después) de lo que sería Pollera Pantalón. Y el resto -las giras por Uruguay y el interior del país, los discos y el último show en el Centro Cultural Arcoyrá, con más de 20 músicos invitados y trapecistas en escena- lo hicieron entre ellos y el poder de hacer bailar, muy probablemente conseguido como parte de la educación sonora que impone el adoquín.

De todas maneras, como toda escuela, el adoquín tiene su encanto y su crueldad. "A nosotros nos encanta tocar en la calle, y no creo que alguna vez dejemos de hacerlo -afirma José Lavallén, guitarra "y etcéteras" de Keruzones-; es una experiencia que no se obtiene en ningún otro lugar. Como músico, uno llega a gente muy diversa, desde el lustrabotas hasta el oficinista, un paraíso de audiencia para el artista popular. Pero para sobrevivir en la calle hay que saber llegar a acuerdos. Una vez nos denunciaron y tuvimos que ir a una mediación a la Justicia porque nos secuestraron el amplificador. La denuncia decía que el ?ruido molesto´ incluía coros femeninos y otras cosas que nosotros, que somos un trío masculino, no tenemos. En realidad, muchas veces, las denuncias se basan en la idea de que el músico callejero no es un trabajador, sino un vago. Y así como muchos de nosotros creemos que la calle es de todos y que es importante pactar y acordar con los otros, sería muy bueno para la convivencia que los demás también respeten y toleren aún aquello que no les gusta especialmente". Las anécdotas de hostilidad no son pocas y hablan de ese otro poder que tampoco conviene menospreciar: el de la ira, la intolerancia o la soberbia. A Hernán Cabrera le tiraron un baldazo de agua sobre el piano, instrumento que no sobrevive a la humedad. Otro baldazo cayó sobre las melenas rumberas de los Radio Roots, quienes, aún mojados, a pedido del extasiado público igual entonaron el estribillo "duerme la liebre / se escapa la tortuga / no pierdas más el tiempo / que la cara se te arruga". Y Gustavo Firmenich recuerda el día en que un pesado (¿hay otra forma de llamarlo?) insistía una y otra vez con que le permitieran tocar la batería. "Dale, loco, te doy 20 pesos y me subo a la bata" decía el joven del público, hasta que Gustavo finalmente accedió, por supuesto sin aceptar los 20 pesos. "Tocaba tan mal, que no sabíamos qué hacer, nos mirábamos entre nosotros, era imposible saber qué tiempo iba a marcar. La canción se nos hizo eterna. Cuando se fue, todos pensamos lo mismo: ¡le hubiéramos aceptado los 20 pesos!".

Para el tanguero Hernán, "todo estaría bastante bien si no fuera porque cada domingo nos levantan un acta". Mientras los Keruzones posan en Perú y Diagonal Norte para la producción fotográfica de esta nota, dos policías llegan para decir que ahí no se puede tomar fotos. Antes de instalarse en la misma esquina, uno de los Radio Roots pasa por un puesto donde militantes de la Coalición Cívica, megáfono en cuello, llaman a votar a Alfonso Prat Gay. "¿Ves? Esto sí se puede hacer. Pero tocar, no", me dice, y entiendo que no sólo se refiere a lo legal o ilegal que puede ser ocupar la calle. En general, la vida del músico no se ve nada fácil, pero más complicada la tiene el músico callejero. Y es raro que se lo tenga en la mira, porque en definitiva la entrega del músico auténtico es la misma, sin tener en cuenta el escenario. "Yo tengo un saxo bueno pero de batalla, y otro alucinante y carísimo -dice el jazzero Firmenich-; y al subte siempre llevo el alucinante. Por seguridad debería llevar el otro, pero en el fondo lo único que uno quiere, en el subte o cualquier lado, es sonar lo mejor posible". Según Nicolás Daniluk, baterista de Keruzones, "lo curioso es que el prejuicio también viene de los colegas músicos. Y, la verdad, yo no entiendo por qué sería más digno trabajar de cartero, diseñador o cadete para una empresa de anilinas, como ya lo hemos hecho, que ir a la calle para tocar y mostrar una propuesta artística". Pero si los demás músicos ven al callejero como alguien digno de sospecha artística, peor para ellos. "La calle da y quita. Lo que quita, de a poco, es la paciencia. Y lo que da, es un sonido y una garra impresionantes -apunta Mike-; un ejemplo es cuando fuimos a abrir para Manu Chao en el Luna Park. Hasta ese momento, ninguno de nosotros había ido nunca al Luna. O no sé, creo que uno llegó a ir a ver a Divididos, hace mil años. Tocar ahí era un sueño, una locura, nunca pensamos que nos iba a ocurrir. Y cuando salimos al escenario, pusimos tanta energía y pila que dejamos al público enloquecido, muy arriba, demasiado para una banda soporte. Después fue el turno de Onda Vaga y tranquilizaron un poco a la gente, porque nosotros habíamos tocado con una fuerza increíble. Esa fuerza es justo lo que da la calle".

Mientras los músicos callejeros de Buenos Aires empiezan a conocerse y a pactar con aquellos que no los quieren cerca, en el extranjero hay quien se ha propuesto utilizar la fuerza -¿política?- de la escena global. Tal es la propuesta de Playing for Change ( www.playingforchange.org ), un proyecto de la Playing for Change Foundation (PFCF) que busca unir al mundo a través de la música y de planes concretos de educación en distintas comunidades. El CD doble ya está disponible en la Argentina, y consta de diez canciones clásicas ("Stand by me", de Leiber, Stoller y Ben E.King, y "One love", de Bob Marley, entre ellas) en audio y video. En las imágenes, se ve a músicos callejeros de América, África y Oriente Medio, entre otras regiones, unidos por distintas melodías conocidas aquí, allá y en todas partes. La música deja en claro que a la humanidad es más lo que la une que lo que la separa. Los intérpretes de las calles del mundo tocan en diferentes estilos, con técnicas varias e instrumentos insospechados, y entre todos construyen un lenguaje único y lleno de ilusiones. Hay que haber perdido toda esperanza para tirarle un baldazo en la cabeza a estos artistas-mensajeros.

Y si parece una locura atacar a quien toca por el desarrollo mundial a partir de la música, ¿por qué hacerlo con quien se gana la vida con arte y esfuerzo en algún lugar del barrio? La respuesta parece evidente, pero siempre hay -y tal vez habrá- algo de incomprensión en el artista de la esquina. La calle es sinónimo de muchas cosas y nunca del talento ajeno. Es la triste cuestión que sobrevuela la bella "For free" de Joni Mitchell, quien en unos pocos versos le canta al duro destino de quien no se plantea dónde, ni cuándo ni bajo qué condiciones, sino tocar maravillosamente. Canta Joni: anoche dormí en un buen hotel, hoy fui todo el día de shopping para comprar joyas, el viento cruza el pueblo polvoriento, los chicos salen de la escuela, yo me detengo en una esquina ruidosa y, enfrente de la calle, él toca realmente bien su clarinete, gratis; yo toco por fortunas, tengo una limosina negra y dos caballeros me acompañan a todas partes, y toco si tienes el dinero o si eres mi amigo... pero esa banda integrada por una sola persona, al lado del restaurante de comida rápida, toca realmente bien, gratis .

Tal vez no haya mejor invitación a descubrir y valorar una forma de arte que parecía perdida.

sábado, 18 de julio de 2009

ENTREVISTA A GAGUIK GASPARYAN


El armenio errante


Hace folclore de su región, compuso la música de filmes de Subiela y Pablo César y vive en Buenos Aires. Historia de vida

TALENTO GASPARYAN ES UN REFERENTE DEL DUDUK, UNA ESPECIE DE FLAUTA CON BOQUILLA QUE SE FABRICA CON MADERA DE DAMASCO. TOCA MAÑANA.

Sucesivamente desde que puso pie en Buenos Aires hace doce años, Gaguik Gasparyan fue sumando entre sus mayores pasiones a Gardel, Troilo, Piazzolla, el barrio de Palermo y los bares de San Telmo. De a poco le hizo lugar en su repertorio a la música ciudadana, a tal punto que borró de su imaginario cualquier esbozo de "lugar de paso" en la ruta desde Armenia (donde nació) hasta Los Angeles. Compartía la idea de miles de compatriotas suyos, que consideran California poco menos que "la tierra prometida", asiento de la mayor comunidad de la diáspora armenia.

Aunque Gasparyan afina el clarinete con compases de Taquito militar (la milonga de Mariano Mores, que lo desvela por estos días), lo suyo pasa por las melodías tradicionales de su terruño caucásico. Lleva más de dos décadas de sus 36 años desenfundando instrumentos típicos.

Recién llegado a estos pagos, Gasparyan empezó a dar a conocer su talento con el dudúk -especie de flauta con boquilla que se fabrica en Armenia con madera de damasco- en reductos armenios de Buenos Aires. Y su arte trascendió los escenarios de la colectividad. "Parece que en algún lugar me escuchó Pedro Aznar y me propuso compartir la música de la película No mires para abajo, de Eliseo Subiela. Después me llamó Pablo César, para hacer la banda de sonido de El principio de todo y actualmente participo del documental Arrorró, de Gabriela Golder, sobre culturas antiguas del mundo". Un repentino dejo de felicidad despunta de este hombre sencillo y de pocas palabras, atravesado por la melancolía en su casa de Caballito.

"Nunca me sentí discriminado en este país maravilloso. También me valoran como artista: llevo grabados dos cd propios y otros 30 como invitado", admite escuetamente su buena estrella.

Acumula otros pergaminos, como para henchirse de orgullo: con su batería de instrumentos de viento (suele alternar el dudúk con shví, zhurná y blul), su música ya sonó en La Trastienda, el teatro Cervantes, las radios Nacional y Rock & Pop y realizó giras por seis provincias, Chile, Uruguay y Brasil. Pero fue en la Casa Rosada, en 1999, acompañado por la Orquesta Sinfónica del Congreso, donde mejor se acordó de sus inspiradores: "En ese momento mágico, agradecí a mis padres, que de chico me enseñaron a admirar a Djiván Gasparyan y Vaché Hovsepian, los máximos exponentes del dudúk. Sólo aspiro a ser un digno discípulo de esos virtuosos, que llegaron a tocar con Peter Gabriel y deleitaron al oido desde los filmes Gladiador y La última tentación de Cristo".

Mientras la madre de Gaguik sirve el infaltable surdj (café con borra) con dulces, frutas y pan madnakash -como para que no queden dudas de este resguardo de tradiciones armenias en la calle Riglos-, la voz del músico pierde consistencia por la emoción: "Mi padre, fallecido hace siete años, luchó en la guerra de Nagrono Gharapagh, que en los '90 enfrentó a los armenios con los azeríes, y fue condecorado con la Medalla al Valor. Mi último trabajo, Viaje espiritual es un homenaje a su memoria y destinaré la recaudación por la venta del cd a un monumento dedicado a las víctimas de esa tragedia".

Apurado, ansioso, moderadamente estresado, deslumbrado como tantos por las mujeres argentinas (en definitiva, asumido como un porteño más), Gaguik Gasparyan no desespera por volver a Echmiadzín, su ciudad natal, pero revela una creciente nostalgia por su terruño. "Extraño despertar todos los días con el bíblico monte Ararat en primerísimo plano". Gasparyan encontró un par de consuelos para suplir esa carencia de primer orden. Viaja seguido a Córdoba y atenúa la pena visitando a su novia -la bailarina Verónica Caradaghian- y observando embelesado el entorno serrano. "Pero tarde o temprano regreso a Buenos Aires, mi lugar en el mundo", deja en claro.

viernes, 10 de abril de 2009

RICK WRIGHT: CERCA DE BARRETT, LEJOS DE WATERS

El diamante del piano

Por Alfredo García

El primer –y mejor– disco de Pink Floyd, The Piper at the Gates of Dawn, de 1967, empieza con un tema formidable, “Astronomy Domine”. La primera voz es del tecladista del grupo, Richard Wright. En ese Floyd primigenio, el compositor casi absoluto, guitarrista y cantante era el “diamante loco”, Syd Barrett, que se valió primordialmente de un órgano Farfisa –complementado con un dispositivo de eco– para plasmar los climas del por entonces incipiente sonido psicodélico que se convirtieron en sello de la banda que años más tarde vendería millones –sin Barrett– con uno de los álbumes que más tiempo ocuparon el primer puesto del ranking de Billboard, The Dark Side of the Moon, raro caso de un Nº 1 durante más de 700 semanas consecutivas.

En ese primer glorioso período de Pink Floyd, Wright también era la primera voz en temas como “¡Mathilda Mother!”, y obviamente sus teclados tenían un protagonismo absoluto en largos temas como “Instertellar Overdrive”.

La historia oficial asegura que Syd Barrett fue alejado del grupo por sus excesos con las drogas psicodélicas, más precisamente el LSD 25, que ingería casi a diario, igual que la mitad de los músicos del pintoresco Swingin’ London. La historia no oficial, contada a regañadientes dado el éxito posterior de sus colegas, habla de celos, divismos y una pequeña traición hacia el líder que todo lo abarcaba en el grupo. A Wright fue uno de los que más les pesó esa primera separación, de ahí que se ocupara luego con el guitarrista David Gilmour de producir los dos memorables discos solistas de su ex compañero, The Madcap Laughs y Barrett, en los que se puede escuchar su inconfundible estilo de órgano.

En la transición entre el período Barrett y The Dark Side of the Moon (1973), fue Wright el que compuso algunos de los singles de la banda como “It Would Be So Nice” y “Paintbox”, y dos de los mejores temas del segundo disco, “A Saucerful of Secrets” (extenso tema que termina con un largo pasaje del órgano de Wright). Cuando Antonioni llamó a Floyd para componer temas para el soundtrack del film Zabriskie Point, fue Wright el que se puso a trabajar en la música original, en vez de refritar temas previos de la banda. Uno de sus temas era una melodía en piano que se convirtió en la base del supervendedor The Dark Side...

Por eso, la sola idea de que a alguien se le pudiera ocurrir despedir del grupo al tecladista parecía un delirio. Sin embargo, eso ocurrió durante la dictadura de Waters que vino después de Wish you were here. En el siguiente y algo depresivo disco Animals –tal vez último bastión del auténtico sonido Floyd–, la influencia de Waters se volvió difícil de digerir para Wright, que a continuación decidió cortarse solo y grabar un álbum por su cuenta, Wet Dreams (1978), un puñado de canciones melancólicas donde recriminaba a Waters mientras demostraba de dónde provenían las armonías escuchadas en The Dark Side....

El insulto no fue tolerado: Waters aseguró que no entregaría las cintas de The Wall si no se rebajaba a Wright a la categoría de simple músico acompañante, es decir ya no un miembro calificado de Pink Floyd. El tecladista fue separado de la banda, y luego llamado a último minuto para el tour de The Wall, en el deshonroso puesto de tecladista acompañante, lo que irónicamente convirtió a Rick Wright en el único miembro en ganar buen dinero como asalariado de la gira, que tuvo costos inauditos dada la megalomanía de Waters, y sólo dio pérdidas.

Para entonces, Wright llamó a Floyd un grupo “sin fuerza creativa” y no quiso tener nada que ver con el peor álbum de la banda, The Final Cut. Fue en ese entonces cuando Waters declaró el fin de la banda, lo que Gilmour y un juez impidieron al demostrar que el nombre Pink Floyd no era de Roger Waters. Wright fue incorporado con honores a los siguientes discos del Floyd sin Waters, quien lo convocó para su The Wall Tour con el baterista Nick Mason como invitado, cosa que Wright declinó. Cuando hace poco Floyd se reunió para tocar dos o tres temas en un megaevento benéfico, hacía dos décadas que Wright y Waters no se hablaban. Tampoco lo hicieron en el escenario, apenas un conato de abrazo, con el tecladista y el bajista no demasiado juntitos.

Sin Wright, la idea de una reunión de Pink Floyd es imposible. El está ahora allá arriba, con Barrett.

sábado, 14 de marzo de 2009

La despedida de Mauricio Kagel


La despedida de Mauricio Kagel


Un documental de Gastón Solnicki registró la última visita a la Argentina del músico, que murió en Diciembre del año pasado

Por Pablo Gianera


En julio de 2006, el compositor argentino Mauricio Kagel volvió a Buenos Aires, la ciudad en la que había nacido, cuarenta años después de dejar el país para instalarse en Alemania, donde desarrolló casi toda su carrera musical, una de las aventuras más singulares de la segunda mitad del siglo XX. Poco más de dos años después de esa visita y de los conciertos de ese año, hace apenas unas semanas, Kagel murió. Esa muerte imprevista iluminó con otra luz su rentrée argentina y la transmutó de reencuentro en despedida.





El cineasta Gastón Solnicki siguió con devoción e inteligencia los pasos del músico durante la realización de ese histórico Festival Kagel de 2006, serie de conciertos monográficos organizado por el todavía activo Centro de Experimentación del Teatro Colón. Süden ("Sur", en alemán), el documental de Solnicki, que obtuvo una mención en la última edición del Bafici, se inicia en rigor en Colonia (Alemania) y desanda desde allí el camino hacia el Sur. Sobre la imagen de una tren europeo en movimiento, se oye en off la voz de Kagel: "Me siento bien allí donde puedo trabajar bien. Esa es mi patria", se le escucha decir al compositor. "Uno no elige la familia, la religión, el lugar donde nace. Todo eso es arbitrario." Para Kagel, Buenos Aires se había convertido, entre otras cosas, en el 70 % de humedad.

En algo más de una hora, la película despliega el redescubrimiento de la ciudad y la escena musical argentina. Queda aquí el testimonio de casi todos los lugares que el compositor frecuentó: están los ensayos en el Auditorio del Goethe-Institut, el concierto en su homenaje en Villa Ocampo, cierta recepción en la Embajada de Alemania, los espectáculos en el Teatro Colón, entre ellos la preparación de Una Brisa, acción fugitiva para 111 ciclistas . Aparecen también algunos percances de los músicos, como la urgente visita al dentista de la mezzo Klara Csordas, registrada en detalle y con gracia, o la amable, pero tensa, discusión de Marcelo Delgado, maestro preparador del festival, con un afinador de pianos. Solnicki se demora en estas minucias fugaces; muestra las caras del público en los conciertos y reuniones, como si quisiera dejar un testimonio también de parte del ambiente musical de la ciudad. Seguramente, al compositor y también cineasta -solía decir que sus películas eran sus óperas- le habrá gustado este documental que perpetúa el revés de la trama del regreso a su país. Hay allí una idea del montaje y un sentido del humor por momentos absurdo que evoca la música misma de Kagel.

Aunque se ven y se escuchan fragmentos de Mare Nostrum , Kammersymphonie y 5 marchas para malograr la victoria , el eje del film es el ensayo de ?den 24.XII.1931 , obra que Kagel compuso sobre la base de fragmentos de noticias publicadas el día de su nacimiento. Cada uno de sus movimientos constituyen verdaderamente los signos de puntuación, el ritmo en fin, de Süden . Además de permitir un atisbo de Kagel como director, estas escenas deparan secuencias musicalmente apasionantes y aun deliciosas, como el momento en el que la partitura demanda que caigan libros al suelo. El percusionista, moderado, llegó con unos volúmenes de tamaño mediano. Pero el compositor pedía más; pedía, de hecho, el estruendo de guías de teléfono contra el piso.

Y en el medio, frases de Kagel, no siempre cómodas, que funcionan como costuras: "¿Quiere usted cultura musical, quiere una ópera? Tiene que aceptar que eso es caro. No es barato". O también, con más énfasis: "La sociedad, en general, acepta la música como pasatiempo. La gente que no hace música lo que desea fundamentalmente es entretenerse. No dejan de estar influidos por una tendencia a consumir la música, no a repensar la música. Y ese entretenimiento uno no lo puede condenar desde el punto de vista ético y decir: es un error. No, así está hecho el mundo. Lo que se necesita es ayudar al público y llevarlo a reflexionar sobre la música".

Con todo, Süden no es (o no es solamente) una película acerca del regreso de Kagel a la Argentina. Sobre la coartada de esa anécdota, admite verse también como una película militante. Pero su militancia no es tanto a favor de la música contemporánea sino, sobre todo, de los músicos que se dedican a la interpretación de la música contemporánea, los miembros de, entre otras agrupaciones, la Compañía Oblicua y el Ensamble Süden (de ahí, como del punto cardinal, deriva el nombre alemán de la película). Son ellos los auténticos protagonistas del documental; los músicos que deben resolver problemas tanto musicales como vitales. En todo caso, se trata del reverso de la experiencia que Kagel preveía para el público: "La música del siglo XX trae muchas preguntas; el oyente tiene que trabajar".

jueves, 12 de marzo de 2009

CHARLIE PARKER: A 54 AÑOS DE SU MUERTE

CHARLIE PARKER

29/08/1920 - 12/03/1955

charlie-parkerCharles Christopher Parker


El día en el que el pájaro dejó de cantar en la Tierra


Charlie Christopher Parker murió a los 34 años. El cadáver era el de “un hombre de 60”. Había sido saxofonista y había realizado la revolución más importante de la historia del jazz. Lo había convertido en música de concierto.


Por Diego Fischerman

La revolución tiene una fecha precisa. O, por lo menos, así lo contaba su artífice. “Recuerdo una noche en la que estaba improvisando en un local entre el 139 y el 140 de la Séptima Avenida”, decía Charlie Parker. “Era en diciembre de 1939. Estaba aburrido de los mismos cambios de acordes estereotipados que se tocaban todo el tiempo en ese entonces y venía pensando que había que encontrar algo más. A veces lo podía oír en mi cabeza, pero no podía tocarlo. Bien, esa noche estaba tocando alrededor del tema Cherokee y lo hice. Me di cuenta de que, usando los intervalos más lejanos del acorde como una línea melódica y acompañándolos con cambios de acordes adecuados, podía tocar eso que había estado oyendo. Allí nací de nuevo.” Y lo que nació con él fue lo que un poco después todos llamaron be-bop y terminó constituyendo la lengua franca del jazz hasta la actualidad.
Hoy hace cincuenta años que Charlie Parker murió. El sábado 12 de marzo de 1955, el saxofonista que, con un poco más de una década de carrera solista había cambiado para siempre al jazz, aquel al que llamaban “pájaro” miró televisión, se rió desmesuradamente, tuvo un ataque de tos y murió. Tenía 34 años, pero el informe médico habló del cuerpo de un hombre de 60. Con frecuencia se habla más de sus excesos que de su música, tal vez con la intención de homologar la suya a otras tragedias y de demostrar que los mismos vicios acompañan similares talentos. Poco importa. Lo cierto es que nadie tocó el saxo como él pero, además, que esas improvisaciones capaces de regodearse en las zonas más tensas de una melodía, de frenar y arrancar repentinamente, de generar ritmos insospechados dentro de otros ritmos, de encontrar nuevos temas dentro de un tema y, como imágenes de un calidoscopio, multiplicarlo en nuevos motivos y en nuevas variaciones, le dio al jazz status definitivo de música de concierto.
Si hasta ese momento habían coexistido en el género distintas funcionalidades, incluyendo la del baile, resultaba claro que el bop era música para escuchar. El jazz se basa en la paráfrasis; en comentarios de algo que está sólo en la memoria. Las improvisaciones evocan un tema del que, al mismo tiempo, están constantemente alejándose. Y el valor radica, precisamente, en la manera en que se establece ese delicadísimo equilibrio entre previsibilidad y sorpresa. Esas improvisaciones, con el bop, se hicieron infinitamente más complejas, tanto para los músicos –no todos podían tocar en el nuevo estilo y, según se dice, ése fue un efecto buscado– como para los oyentes. Quien escuchara be-bop no podía estar haciendo otra cosa. Esta era música para prestarle atención. Era exigente y esa exigencia fue declarada abiertamente, hasta el punto de provocar que algunos hablaran de “la intelectualización del jazz”, de la “pérdida de la alegría” y, apocalípticamente, de “la muerte del género”. Los iniciados se juntaban, entre otras partes, en el ya legendario Minton’s de Harlem. Allí tocaban Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk y un guitarrista que formaba parte de la orquesta de Benny Goodman y que tocaba de una manera bop desde antes que el bop existiera.
El estilo, es claro, no empezó de golpe. El solo de Body an Soul grabado en 1939 por Coleman Hawkins anticipaba muchos de sus rasgos, en particular la fragmentación de la frase y la manera de acentuar, articulando siempre sobre las notas situadas en los tiempos débiles. Los saxofonistas Don Byas y Lester Young también pueden ser considerados precursores, en más de un aspecto. Pero la explosión del bop se relaciona, también, con otras cuestiones: la entrada de los negros en el mercado de trabajo blanco y el aprendizaje realizado en las grandes orquestas de baile y de las comedias de Broadway, de una armonía más compleja que la del blues, sobre la que se había estructurado el primer jazz. Por algo el material de improvisación excluyente, a partir de ese momento, fueron las canciones de las comedias musicales u otras nuevas pero compuestas sobre sus mismos acordes o a la manera de Ger-shwin, Cole Porter o Irving Berlin. Parker venía de tocar en una banda cercana al rhythm & blues, la de Jay McShann, y en una gira de la orquesta de Cab Calloway por Kansas City, conoció a Dizzy Gillespie. “Yo tocaba con esa orquesta y llegamos a Kansas en 1940. Fui a una jam en la que tocaba Bird y, sencillamente, no lo pude creer. Fui a buscar a todos los miembros de la banda de Cab para que lo escucharan. Era indescriptible”, escribía Gillespie para la edición completa de las grabaciones de Parker para el sello Verve.
Desde su nacimiento el domingo 29 de agosto de 1920 hasta esos días de comienzos de los cuarenta, cuando empezó a juntarse con músicos de Nueva York cada vez que él viajaba hacia esta ciudad o cuando ellos llegaban hasta su Kansas natal, transcurrió una especie de primera vida, en la que alternó entre el saxo tenor, el alto –que sería el definitivo, más allá de alguna esporádica escapada– y el barítono. La segunda vida, la del genio al que un fanático llegó a grabarle todos sus solos desde un baño contiguo al escenario, comienza en las improvisaciones en el Minton’s, en la sociedad con Gillespie, en la orquesta de Earl Hines y en la de Billy Eckstine –donde también estaban el baterista Art Blakey y la cantante Sarah Vaughan–, en las primeras grabaciones para el sello Savoy, en 1944, y en el descubrimiento de Miles Davis, en 1945. Desde ese momento hasta su muerte, Parker se convirtió en el músico más importante del jazz. En el más influyente de esa nueva raza que tomó para sí una onomatopeya. Nadie sabe muy bien qué quiere decir be-bop pero muchos sostienen que ésa era la manera de tararear las cuartas aumentadas descendentes: ni más ni menos que la peor de las disonancias del sistema tonal, aquella que en la Edad Media habían llamado “el diablo en música”.




Charlie Parker: Celerity (Celebrity)




link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=XFx9ZBlBUuc



Charlie Parker fue una importante figura que influyó a la mayoría de los músicos de jazz en su época y esa influencia se siente aun hoy. En los años 40 Parker elevó el saxo alto a niveles desconocidos hasta entonces, de la misma manera que Coleman Hawkins y Lester Young lo hicieron con el saxo tenor una década antes.

Tenía legiones de admiradores que devoraban sus grabaciones, uno, Dean Benedetti, seguía a Parker por sus giras con una grabadora portátil registrando sus solos.

De 1935 al ‘39, Parker trabajo en bandas de jazz y blues en Kansas City . En 1939, Parker visitó Nueva York por primera vez y permaneció cerca de un año lavando platos en un restaurante, donde conoció al guitarrista Biddy Fleet quien le enseñó armonía.

Parker también trabajó como músico en esa época y frecuentaba las jam sessions en Harlem. Este ambiente fue de gran influencia para él y le ayudó a establecer su estilo. Una noche, tocando “Cherokee” con Fleet descubrió que al utilizar las tensiones (o notas más agudas de un acorde) como línea melódica, y al mismo tiempo si usaba los enlaces de acordes más adecuados a esta melodía, lograba algo que hacía tiempo escuchaba en su cabeza pero no conseguía reproducir en su instrumento.(*) “En ese momento”, comenta Parker, “volví a vivir”.

In 1939, Yardbird se unió a la big band de Jay McShann en la que permanecería durante cuatro años a cargo de la sección de cañas (saxos y clarinetes). and was placed in charge of the reed section. In 1942 en gira con McShann, Parker nuevamente participó en las jam sessions en los clubes Monroe’s y Minton’s Playhouse en Harlem donde conoció a artistas como Dizzy Gillespie y Thelonious Monk y junto a ellos iniciarían el revolucionario estilo bebop.

1945 fue un año muy importante para Parker, fue cuando comenzó a liderar sus propios conjuntos, además trabajó en varios ensambles con Gillespie. En diciembre de ese año Parker y Gillespie llevaron su nueva música a Hollywood. Después de cumplido el contrato de 6 semanas, Gillespie volvió a Nueva York, Parker optó por quedarse en Los Ángeles hasta junio del ‘46 realizando un gran número de grabaciones para el sello Dial. que incluye la trágica versión de Lover Man. A pesar del obvio estado de ebriedad de Parker en esta sesión, esa versión de Lover Man es de una extraordinaria belleza.

Poco después Parker sufrió una crisis nerviosa y fue internado en el Sanatorio Estatal de Camarillo; fue dado de alta seis meses después. Regresó a Nueva York y nuevamente formó su quinteto y continuó grabando y realizando giras hasta su muerte el 5 de marzo de 1955.

(*) El Profesor Álvaro Menanteau amplía: “…en el jazz, cuando un saxo improvisa realiza una línea melódica. Pues bien, dicha línea melódica se apoya en la armonía, o sea los acordes definidos por algún instrumento de la sección rítmica (un piano, por ejemplo). Ahora bien, los acordes se construyen por terceras, es decir, saltándose una nota por medio: si quieres hacer un acorde de Do con séptima, construyes una acorde (en este caso 4 notas que suenan simultáneamente) con las notas do, mi, sol, si. Las otras notas que están “más arriba” del si son llamadas “tensiones” en la jerga jazzística, y “disonancias” en el lenguaje docto. La gracia de Parker, entonces, fue la construir sus solos en base a las tensiones de cada acorde, esto es, la novena (el re en relación al do de partida), la oncena (el fa), la trecena (el la)… y más aún, Parker incluso alteraba esas notas disonantes: usaba la oncena sostenida (fa# en vez de fa natural), por ejemplo.

martes, 10 de marzo de 2009

PAPPO: NACIO EL 10 DE MARZO DEL 1950











PAPPO

Norberto Anibal Napolitano (†, La Paternal, Ciudad de Buenos Aires, 10 de marzo de 1950; Luján, provincia de Buenos Aires, Argentina, 25 de febrero de 2005) guitarrista, cantante y compositor de blues, rock y metal argentino, conocido artísticamente como Pappo y apodado «El Carpo». Fue integrante del grupo Los Gatos, de Los Abuelos de la Nada a fines de los '60, de Manal, Conexión Nº 5 y La Pesada del Rock and Roll; y fundó Pappo's Blues en los '70 y Riff en los '80, bandas con las que tocaba en forma simultánea.

 










 










Biografía


Pappo, pilar del rock nacional argentino
Norberto «Pappo» Napolitano fue uno de los fundadores del género musical conocido como «rock nacional» en Argentina, a fines de los años 70. En 1967 Miguel Abuelo fundó Los Abuelos de la Nada, y reclutó a Pappo para la formación original. Un año después editaron un LP titulado «La Estación»; fue el único registro oficial del paso de Pappo en el grupo, ya que al tiempo renunciaría a Los Abuelos por no poder imprimirle un estilo definitivamente «blusero» como él quería.
En 1971, el joven Pappo (21 años) fue convocado por Lito Nebbia para reemplazar al guitarrista Kay Galiffi en la banda Los Gatos, que se transformaría en un conjunto ícono del rock argentino. Con ellos grabó dos discos: Beat Nº1 y Rock de la Mujer Perdida, que no casualmente son considerados los más «duros» de la discografía de Los Gatos.
Incluso el nombre del segundo LP debió ser modificado por la censura existente en el país (iba a llamarse «Rock de la Mujer Podrida», a sugerencia de Pappo).
Pappo en vivo Pappo's Blues «Pappo's Blues» estaba formado originalmente con Pappo, en Guitarra, David Lebón en bajo y el baterista Black Amaya.

Sufrió constantes cambios en su alineación, con Lebón y Amaya registraron el primer disco en 1971 y el segundo en el '72.
Para el tercer álbum, ya la alineación era otra:
Pomo en batería y Machi Rufino en bajo y coros.


Para grabar la cuarta placa, en 1974, retornaron David Lebón (pero en guitarra) y Black Amaya (batería) y se incorporaron Alejandro Medina en bajo e Isa Portugheis en percusión.
En 1977-78 volvió de Europa y formó Pappo's Blues, con Conejo Jolivet en guitarra, Julio Candia en bajo y Marcelo Pucci en batería.


Compraron un colectivo, e iniciaron una gira, por la costa atlántica; tocaron en Necochéa, sin ensayar, dado el conocimiento de los integrantes, de la música de Pappo. Tocaron en Rafael Castillo, para Luci, un conocido empresario del Rock; también en Lanús y Avellaneda; se presentaron en el programa de Léo Rivas, para Canal 2; tocaron en Baradero y se desarmaron.
Tras la fugaz experiencia de Aeroblus con el ex Manal Alejandro Medina y el baterista brasileño Rolando Castello Junior a fines de los '70, en los '80 fundó su segunda gran banda, Riff, integrada por Michel Peyronel, Boff, Vitico y en algunos discos con JAF, donde dejó de lado el Blues y se acercó al Heavy Metal.


Con Pirimpimpin Geniso como productor de Riff y también de Dulces 16, tocaron las dos bandas en el Cine Premier de la avenida Corrientes, empezaron tirando cohetes a los Dulces, pero se ganó el respeto de la audiencia, secundando con honores al Carpo, Vitico y Cía.


Pappo, tocó con grandes del rock y el blues argentino e internacional,
entre ellos, John Bonham de Led Zeppelin,
Lemmy de Motorhead y el bluesman norteamericano B. B. King,
quien lo invitó a tocar en el Madison Square Garden de Nueva York en 1994.
 

Conejo Jolivet (guitarrista de Redondos, Bluesbanda, Dulces 16, Pappo's Blues), fue llamado por su amigo Pappo para formar Riff, pero, este se negó y recomendó a Pelusa, luego llamado Boff.
Aunque Conejo, quien saco los temas de Ruedas de Metal, en el viaje, escuchandolos en un walkman, integró Riff, en una gira a Uruguay, tocando en el estadio cerrado de Peñarol.
A fines de los 80 Pappo, emigró a Los Ángeles y regresó en 1990 con una banda integrada por músicos norteamericanos, llamada Widow Maker, tras una gira por Argentina y algunos países sudamericanos la banda se disolvió.


Rearmó Pappo's Blues y Riff y durante los '90 tocó con estas bandas o como solista simultáneamente.


En los 90, Conejo Jolivet, fue llamado por Pappo, para Pappo's Blues, nuevamente y tocaron en: The Roxy (Capital), Condon Club (Capital, de Luci), en Rosario y giraron por la Patagonia y sur de la Costa Atlántica en: Neuquén, Caleta Olivia, Comodoro Rivadavia, Plottiers, Las Grutas, San Bernardo, La Plata, Tigre, Wilde y para terminar, en el Gran Rex, de Capital, siete noches junto a BB King. Tocaron en el Canal Once, TELEFÉ, en Ritmo de La Noche, para Tinelli, junto a un invitado especial: Hubert Sumlin, guitarrista de Howlin Wolf; fue visto hasta en New York, USA.










  
 








 Pappo y Conejo,también fueron juntos a Obras Sanitarias, el día que Pappo, tocó con Mike Taylor, (guitarrista de John Mayall & The Bluesbreakers en los sesentas y de los Rollings Stones, en los setentas) invitado por los Ratones Paranoicos. Conejo ayudo a Taylor, con los amplificadores y sus conecciónes.

Pappo, superó esa noche, a uno de sus heroes! Pappo, Tony Coleman (baterista de BB King) y Conejo Jolivet, junto a Hubert Sumlin y Adrián Flores en el Samovar de Rasputín, grabaron un CD, que Conejo regaló a Jimmy Page, guitarra de Led Zeppelin.


El escenario del legendario Teatro Ópera, de Capital, Buenos Aires, fué testigo de gloriosas zapadas, con James Cotton (armónica de Muddy Waters) junto a Pappo, Conejo Jolivet y Botafogo, con el productor y baterísta, Adrián Flores, entre el público, se encontraban Jimmy Page y Robert Plant, nada menos! Tocaron casi 10 horas seguidas, en Obras Sanitarias, como Pappo's Blues:
Pappo, Black Amaya, Juanse, Sarcofago, July Ruth y Pato Lucas Frasca. También, en Obras y en el Roxy, con Deacon Johns (Pappo, Jolivet, Frasca, Robinson, Amaya y Ruth).


Después de más 35 años de trayectoria, a sus 54 años de edad, Pappo perdió la vida el 25 de febrero de 2005, en un accidente de tránsito, al caer de su motocicleta Harley Davidson y ser atropellado por un automóvil, sobre la ruta 5, a la altura del km 71, en el partido bonaerense de Luján.

Entre sus obras se destacan canciones como «El hombre suburbano», «Adonde está la libertad», «Llegará la paz», «Desconfío», «Sucio y desprolijo», «Al sur de la ciudad» y «Rock and Roll y fiebre»; además de discos como «Blues Local» o «Que sea rock». 


Fallecimiento Pappo

falleció el 25 de febrero de 2005 en la localidad bonaerense de Luján como consecuencia de un accidente de tránsito ocurrido en la ruta 5 a la altura del kilómetro 71, a pocos kilómetros de una casa-quinta en el Barrio Hostería San Antonio que el músico había alquilado para pasar la temporada de verano.
Según fuentes policiales, el guitarrista viajaba en su motocicleta Harley Davidson seguido por otra moto en la que viajaban su hijo Luciano y su nuera, tras haber cenado en un restaurante. De acuerdo con las declaraciones del dueño del local, el músico habría abandonado el lugar en estado de ebriedad, versión que fue desmentida por el hijo del artista. Al llegar al paraje Estancia La Blanqueada, ambos vehículos se rozaron haciendo que Pappo perdiera el control, cayendo al pavimento y falleciendo instantáneamente. Posteriormente, su cuerpo ya sin vida fue arrollado por un automóvil Renault Clio que venía detrás de las motocicletas.
Sus restos fueron despedidos al día siguiente en el panteón de músicos de SADAIC en el cementerio de la Chacarita (Capital Federal, Argentina) por sus seres queridos y por una multitud de fanáticos que no cesó de corear sus canciones y su nombre.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se ha levantado un monumento a su memoria, situado en la plaza Roque Saenz Peña (Juan B. Justo, Boyacá, Remedios de Escalada de San Martín y Andrés Lamas).
Existe además una réplica virtual de esta estatua en Second Life. 

 



   














 Discografía

Con Los Abuelos De La Nada

 La Estación, 1968

Con Los Gatos

 Beat Nº1, 1969

1. Sueña y corre (Litto Nebbia) 2. Hogar (Litto Nebbia) 3. Dónde está, cómo fue (Litto Nebbia) 4. El otro yo del Señor Negocios (Litto Nebbia) 5. Flores y cartas (Litto Nebbia) 6. Lágrimas de María (Litto Nebbia) 7. Soy de cualquier lugar (Litto Nebbia) 8. Escúchame, alúmbrame (Litto Nebbia) 9. Fuera de la ley (Litto Nebbia) Rock de la mujer perdida,

1970


1. Rock de la mujer perdida (Litto Nebbia)
2. Requiem para un hombre feliz (Litto Nebbia) 3. Los días de Actemio (Litto Nebbia) 4. Invasión (Ciro, Pappo, Alfredo y Oscar Moro). 5. Mujer de carbón (Litto Nebbia) 6. No fui hecho para esta tierra (Litto Nebbia) 7. Por qué bajamos a la ciudad (Litto Nebbia) 8. Blues de la calle 23 (Litto Nebbia)

Solista 


Pappo En Concierto, 1984

1. Completamente nervioso 2. Buen tiempo 3. El brujo y el tiempo 4. Triple seis 5. Esto no conduce a ningún lugar 6. La adivina 7. Berkeley 8. Siempre es lo mismo nena 9. Tema solísimo 10. Todo el día me pregunto 11. Duro invierno 12.

A varios kilómetros de aquí
Widow Maker, 1989

1. Hammerhead (Cabeza de martillo)
2. Capt. Modulator (Capitán Modulador) Blues Local, 19921. Longchamps Boogie 2. Mi vieja 3. Buscando el tesoro de Borneo 4. Saco italiano 5. La almeja 6. Blues local 7. Pequeña ala 8. Una casa con diez pinos 9. El tropezón 10. El hombre oculto 11. Dr. Tazo 12. Blues del perro 13. Dos bajistas 14. Nacido bajo un signo malo Pappo &

Deacon Jones, 1993

1. Fiesta cervezal 2. El tropezón 3. Pequeña ala 4. Siempre es lo mismo, nena 5. Sube a mi voiture 6. Blues de Santa Fe 7. Desconfío 8. Tren de las 16

Pappo sigue vivo, 1994

1. Llegará la paz 2. El hombre suburbano 3. El hombre de la valija 4. El gato de la calle negra 5. Triple seis 6. Malas compañías 7. Tomé demasiado 8. Desconfío 9. Una casa con diez pinos 10. Pájaro metálico 11. El viejo 12. T-Bone steak 13. Blues got soul 14. Duelo PAPPO-Edgar Winter

Pappo y amigos, 2000


En el año 2000 el rock argentino tuvo una de sus grandes obras maestras, cuando el compositor, guitarrista y cantante «Pappo» creó el disco «Pappo y amigos» en el cual participaron 25 bandas y artistas de renombre en el ambiente del rock y el blues argentino; estos fueron: «La renga», «Divididos», «Almafuerte», Andrés Calamaro, «Viejas locas», «A.N.I.M.A.L», Andrés Ciro Martinez (Los piojos), Juanse (Ratones paranoiocos), Adrian Otero (Memphis la blusera), Sr.Flavio (ex Fabulosos cadillacs), Vicentico (ex Fabulosos cadillacs), Vitico (Riff), Alejandro Medina (ex Aeroblus), Alambre Gonzalez, Luciano Napolitano (hijo del mismo Carpo), «La Missisippi», «Moris», Ricardo Iorio (Almafuerte), Luis Robinson (Pappo's blues), Yulie Ruth (Pappo's blues), Bolsa Gonzalez (Pappo's blues), Omar Mollo, Antonio Birabent y Alfredo Toth.

El disco fue grabado en los estudios DEL ABASTO AL PASTO por Alvaro Villagra; incluye reversiones de clásicos del mismo Carpo, entre ellos «El viejo», versionado mucho más heavy con «La renga», «El tren de las 16» que cuenta con un increíble duelo de guitarras con Luciano Napolitano donde se pone a prueba el virtuosismo Napolitano, «Desconfío», una versión muy emotiva con Vicentico y Pappo mostrando gran talento en el piano.
El disco en total contiene 41 canciones, y tiene un mensaje del propio Pappo: «El concepto de este disco es conducta, la acción de cada uno de nosotros apunta hacia un mismo objetivo... Unión y Música. Logramos un álbum natural y positivo. Es este el fin de cualquier objeto de convicción mística, real y artística. Música... música... Siempre sí.»


 

Pappo.
CD1
1. Fiesta cervezal (Con La Renga)
2. Vamos a buscar la luz (Con Alejandro Medina) 3. El gato de la calle negra (Pappo's Blues) 4. El brujo y el tiempo (Con Almafuerte) 5. Siempre es lo mismo, nena (Pappo's Blues) 6. El sur de la ciudad (Con Vicentico) 7. Pájaro metálico (Con Omar Mollo) 8. Con Elvira es otra cosa (Con Adrián Otero) 9. Solitario Juan (Con Andrés Ciro) 10. Triple seis (Con A.N.I.M.A.L.) 11. Insoluble (Con Sr. Flavio) 12. Blues de Santa Fe (Con Juanse) 13. Mirese adentro (Con La Mississippi 14. Abelardo el pollo (Pappo's Blues) 15. Tema solísimo (Con Alejandro Medina) 16. Sandwiches de miga (Pappo's Blues) 17. Detrás de la iglesia (Con Alambre Gonzalez) 18. Trabajando en el ferrocarril (Con Antonio Birabent) 19. Mi vieja (Con Andrés Calamaro) 20. Blues local (Con Viejas Locas) 21. El tren de las 16 (Con Luciano Napolitano) CD21. Sucio y desprolijo (Con Divididos) 2. El viejo (Con La Renga) 3. Ruta 66 (Pappo's Blues) 4. El hombre suburbano (Con Viejas Locas) 5. La adivina (Con Omar Mollo) 6. Algo ha cambiado (Con Andrés Ciro) 7. Desconfío (Con Vicentico) 8. Llegará la paz (Con Almafuerte) 9. Malas compañías (Pappo's Blues) 10. Slide blues (Con Adrián Otero) 11. Completamente nervioso (Con Almafuerte) 12. Caras en el parque (Con Alfredo Toth) 13. Gris y amarillo (Con La Mississippi) 14. Tomé demasiado (Con Juanse) 15. Tren azul (Con Juan Haymes) 16. Adónde está la libertad (Con Moris) 17. Hay tiempo para elegir (Con Sr. Flavio) 18. Cabeza de martillo (Con A.N.I.M.A.L.) 19. Vine cruzando el mar (Pappo's Blues) 20. Nunca lo sabrán (Con Andrés Calamaro)

Buscando un amor, 2003

1. Ella es un ángel 2. Buscando un amor 3. Rock and roll y fiebre 4. Juntos a la par 5. Mejor que vos 6. Yo te amo más 7. Banquero blues 8. Aquel gato 9. Quizas manana 10. En los bares 11. Descortés 12. Botas sucias 13. Trabajo forzado 14. Katmandú 15. Tributo a B.B.King 16. Trouble no more 17. Thrill is gone 18. Little Red Rooster 19. Killing floor 20. Rock me baby

Pappo's Blues

* Pappo's Blues
Volumen 1, 1971

* Pappo's Blues Volumen 2, 1972
* Pappo's Blues Volumen 3, 1973
* Pappo's Blues Volumen 5, Triángulo, 1974

* Pappo's Blues Volumen 4, 1974
* Pappo's Blues Volumen 6, 1975

* Pappo's Blues Volumen 7, 1978

El auto rojo, 1999


1. Cruzando América en un taxi 2. No sé inglés 3. El auto rojo 4. Dos caras 5. Cuando dos trenes chocan 6. El viento llora a Mary 7. Cissy Strut 8. Pueblo del norte 9. Whisky malo 10. Es algo de amor 11. La isola 12. Todavía sigo en pie 13. La sombra maldita 14. El reglamento



  Aeroblues
  * Aeroblues, 1977

Hombre suburbano, 1994

1. Hombre suburbano 2. Blues de Santa Fe 3. Sucio y desprolijo 4. Trabajando en el ferrocarril 5. Malas compañías 6. Siempre es lo mismo 7. El tren de las 16 8. Fiesta Cervesal 9. Algo ha cambiado 10. Llegara la Paz 11. El sur de la ciudad 12. Pájaro metálico 13. Caras en el parque 14. Insoluble 15. Desconfío de la vida - Desconfío

Caso cerrado, 1995

1. Tren Azul 2. Ruta 66 3. Solo En Este Mundo 4. Yo Me Quedo Con Lucy 5. Blues Para Mi Guitarra 6. Castillos Mágicos Españoles 7. Algunos Deslices 8. People Don't Care 9. Paramount Souffle 10. Penetieso Blues 11. P.B.A Boogie 12. Duendes 13. Perro En La Vereda 14. Tome Demasiado

Riff


Ruedas de metal, 1981


1. Ruedas de metal (Pappo) 2. Sordidez (Vitico) 3. El marqués bajo la luz (Pappo) 4. Mucho por hacer (Vitico) 5. No detenga su motor (Pappo) 6. Rayo luminoso (Pappo) 7. Necesitamos más acción (Pappo) 8. Alas del mal (Pappo- Peyronel) 9. Boff, no puedo soportarlo más (Pappo- Serafine-Epifanio)

Macadam 3...2...1...0, 1981

1. Macadam 3...2...1...0... (Pappo- Peyronel) 2. Días buenos y malos (Pappo) 3. ¿Qué es un tulipán? (Pappo) 4. Debo seguir buscando (Pappo) 5. La dama del lago (Pappo) 6. Ultra - Velocidad (Pappo- Peyronel) 7. Profanador de tumbas (Pappo- Dario Fernandez) 8. No pasa nada en esta ciudad (Vitico)

Contenidos, 1982

1. Susy Cadillac (Pappo- Peyronel) 2. Mal romance (Vitico- Peyronel) 3. Hoy no hago nada (Pappo- Vitico- Peyronel- Serafine) 4. Lo que quieras hacer (Vitico) 5. Pantalla del mundo nuevo (Peyronel) 6. Me tienen cansado (Pappo) 7. Héroes del asfalto (Pappo- Serafine) 8. Duro invierno (Pappo) 9. Maquinación (Pappo- Peyronel) 10. Tiempo distante (Pappo- Serafine)

En acción, 1983 (en vivo)

1. Introducción 2. Maquinación (Pappo- Peyronel) 3. Mucho por hacer (Vitico) 4. Mal romance (Vitico- Peyronel) 5. La dama del lago (Pappo) 6. Ruedas de metal (Pappo) 7. Pantalla de un mundo nuevo (Peyronel) 8. Héroes del asfalto (Pappo- Serafine) 9. No pasa nada en esta ciudad (Vitico) 10. Macadam 3...2...1...0... (Pappo- Peyronel) 11. Susy Cadillac (Pappo- Peyronel)

Épico, 1984 (recopilación) VII, 1985

1. La espada sagrada (Pappo- Vitico- Moro) 2. Ex-terminador (Pappo- Vitico) 3. Elena X (JAF) 4. Arañas y ratas (Pappo- JAF) 5. Parece que viene bien (Vitico) 6. Dios devorador (Pappo- Moro) 7. Ojo animal (Pappo- Moro) 8. Apiádate de él, Señor (JAF-Pappo) 9. Duro invierno (Pappo) 10. A varios km. de aquí (Pappo- Peyronel) En vivo en Obras, 1995 (en vivo) Este disco contiene temas grabados en vivo en Obras en 1985, fue editado en el año 1995.

 



Riff'n Roll, 1986 (en vivo)


1. Dios devorador 2. Apiádate de él, Señor 3. La espada sagrada 4. Ojo animal 5. Elena X se hacía llamar 6. Nacido para ser así (Vitico) 7. No me fue muy bien en el extranjero (Vitico) 8. Ex-terminador 9. Parece que viene bien (Vitico) Palladium 86, 1996 (en vivo) Disco editado en 1996 con temas grabados en vivo en 1986.
1. No detenga su motor (Pappo)
2. Necesitamos más acción (Pappo) 3. Fuera de mí (Pappo) 4. Nacido para ser así (Vitico) 5. Insoluble (Pappo) 6. No me fue muy bien en el extranjero (Vitico) 7. Duro invierno (Pappo) 8. Mucho por hacer (Vitico) 9. Macadam 3, 2, 1, 0 (Pappo- Peyronel) 10. Susy Cadillac (Pappo- Peyronel)

Zona de nadie, 1992


1. Lo tuyo es vicio 2. El forastero 3. Aquella estrella 4. Geisha 5. La frontera inesperada 6. La voiture (acústico) 7. Sube a mi voiture 8. Betty silicona 9. Vertigo romántico 10. Juegos nocturnos 11. Zona de nadie 12. El malo de la película
En La Plata, 1996 (en vivo) Que sea rock, 1997 Todos los temas compuestos por RIFF 1. Que sea rock 2. No obstante lo cual 3. Bienvenida a mi lado oscuro 4. Lily Malone 5. Mala noche 6. En la ciudad del gran río 7. Es tarde 8. Sátiros sueltos 9. Vergüenza ajena 10. Larga distancia 11. En un harem de Adagir 12. Reza duro 13. Tigre hotel 14. Estamos hartos

Riff/La Historia vol.1

- Riff/La Historia vol.2, 2005 (DVD)
Doble DVD con imágenes de toda la carrera y comentarios de los músicos de la banda, invitados y periodistas. Hoy No Es Hoy Esto fue un proyecto iniciado por Pappo hacia mediados de la década de 1980, orientado hacia el Heavy Metal Tradicional Plan Diabólico, 1987 1. Diabólico plan 2. Egipto 3. Mensajero nocturno 4. El hombre de la valija 5. El poder es mejor a peor 6. Tren azul 7. Gas oil 8. Corcel de acero

HILARY HAHN: “Las primeras impresiones son duras de sacudir”






















































HILARY HAHN, LA VIOLINISTA QUE HACE PERDER LA COMPOSTURA AL MUNDO DE LA MUSICA

Violín y otras cuestiones

Por Diego Fischerman

“Las primeras impresiones son duras de sacudir”, dice Hilary Hahn en el comienzo de las notas escritas para el folleto de su último disco. Ella se refiere allí a las obras elegidas, los conciertos para violín y orquesta de Jan Sibelius y de Arnold Schönberg. Pero la frase bien podría aplicarse a las impresiones que suscita ella misma –es decir, ese aspecto de posible estrella de film de Tim Burton– y a la dificultad para congeniar esa percepción con el sonido de una de las más grandes violinistas del momento y con un repertorio que está todo lo lejos que se pueda imaginar de la complacencia o el mero show virtuoso.

Hilary Hahn nació un 27 de noviembre, el mismo día en que había nacido Jimi Hendrix, entre otras celebridades. En 2009 cumplirá 30 años, desde los 16 ocupa el primer plano internacional y ostenta el raro record de haber protagonizado a los 22 un pase millonario, de la Sony, donde a los 19 años comenzó su carrera con un disco casi desafiante, las Partitas de Johann Sebastian Bach para violín solo, a la Deutsche Grammophon, donde es artista exclusiva desde 2002 y en la que no sólo acaba de grabar el “imposible” Concierto de Schönberg –que, de paso, ganó el Grammy– y hacerlo a las velocidades marcadas en la partitura –otra rareza—, sino que consiguió que la obra muestre una musicalidad, un poderío y una capacidad dramática hasta ahora inéditas.

La manera en que Hilary Hahn cuenta su “descubrimiento” de Schönberg muestra de modo transparente la naturaleza de sus elecciones musicales. Graduada en el Curtis Insitute y formada, además de como violinista, en música de cámara, contrapunto, armonía, historia de la música, composición y dirección, Hahn relata: “Mi primer contacto con Schönberg fue en el Marlboro Musical Festival, en el verano de 1997, donde pasé siete semanas trabajando el sexteto Noche transfigurada, con la guía del ya fallecido Siegfried Palm. El lenguaje musical de Schönberg era completamente nuevo para mí. Me intrigaba por su rango expresivo. Averigüé acerca de obras solistas y me hablaron de su Concierto para violín, una ‘típica obra de su último período’, legendaria por su ‘intocabilidad’. Busqué grabaciones y, durante los siguientes años, escuché innumerables interpretaciones archivadas y grabaciones comerciales. Al escucharla, Schönberg me parecía mucho más accesible de lo que me habían contado, sin límites en cuanto a su potencial interpretativo y muy lejos de ser imposible de tocar. Encargué la partitura especialmente, porque en ninguno de los negocios que contacté la tenían en stock. Cuando llegó, en lugar de esperar un día lluvioso para abrir el paquete, como hago habitualmente, saqué la partitura inmediatamente. No se parecía a nada que hubiera estudiado antes. Era, físicamente hablando, sumamente demandante. Para tocar ciertos pasajes debí entrenar mis manos para adoptar posiciones completamente nuevas para mí. Para el momento de mi primera interpretación pública, ya lo tocaba cómodamente y sabía que el Concierto podía hablar por sí solo. Lo que ignoraba era la reacción que tendría el público. Cuando esto sucedió, ya en el siglo XXI, y las orquestas y los directores devolvieron la vida a esta música, el público saltó sobre sus pies. En cada concierto se hicieron realidad mis deseos originales: la gracia, lirismo, romanticismo y dramatismo de Schönberg llegaban a través de la música con un impacto que hasta parecía visual, lo que no es extraño para un compositor que era, también, pintor. Pero además, este Concierto tuvo un efecto en mí. El lento, cuidadoso proceso de estudio desplazó las fronteras de mi técnica y mis conceptos interpretativos, llevándolos a otro nivel. A la luz de Schönberg, comencé a reexaminar piezas familiares como si fueran nuevas. Este disco –se refiere al que contiene los conciertos de Schönberg y Sibelius– es, entonces, mi tributo: a estas obras, a sus autores, y a la capacidad para corregir permanentemente las opiniones prematuras y superficiales”.

Hahn es una clase de diva absolutamente diferente de la tradicional. Tiene, por ejemplo, una página web en la que publica, además de sus impresiones acerca de los viajes que realiza, de las obras que va estudiando o de sus propias grabaciones, dibujos y regalos que le mandan sus fans. Y los de esta zona están, por otra parte, bastante conmocionados, porque en esa página se dice –aunque no se aclara en qué circunstancias– que este año la violinista “debutará en Buenos Aires”. De lo que sí hay certeza es de que en junio realizará una gira latinoamericana, junto a la pianista Valentina Lisitsa, y de que, luego de tocar en San Pablo y Río de Janeiro y antes de ir hacia Lima, se presentará el 22 de junio en el Teatro Solís de Montevideo. Capaz de lograr que voces como la del musicólogo Gustav F. Wanderer pierdan su germánica compostura y aseguren, en la revista Kunst/Musik, que “la visión de Hilary Hahn produce una inquietante intensidad emocional”, la violinista es la tercera de una serie de bellas prodigios dedicadas a ese instrumento. Y la serie promete, si se tiene en cuenta que sus antecesoras volvieron literalmente locos a dos de los más grandes directores de orquesta del siglo XX. Dicen que Viktoria Mullova enloqueció a Claudio Abbado, y que Anne-Sophie Mutter le hizo perder la cabeza a Herbert von Karajan, que la dirigió por primera vez cuando ella tenía 13 años.