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jueves, 29 de septiembre de 2011

IVAN NOBLE Y SU NUEVO DISCO LA PARTE DE LOS ANGELES.



El ex cantante de Los Caballeros de la Quema transmuta soledad por melodía en su álbum, un trabajo melancólico que esquiva la tragedia. En esta entrevista habla sobre su forma de hacer canciones, sus lecturas, el “aguante” y las relaciones en tiempos de Internet.


Por Facundo García

El whisky se deja añejar en barriles de roble. Más tarde, cuando el líquido pasa a las botellas, hay una parte del contenido que ya no está. La explicación científica sostiene que esa fracción es la que se evapora o es absorbida por la madera. Los whiskeros de vuelo poético, en cambio, afirman que ésa es la reserva que reclama el cielo para sí. O La parte de los ángeles, que es también el nombre del nuevo disco de Iván Noble; una placa melancólica que esquiva la tragedia y que tiene en el centro a un hombre en carne viva que transmuta soledad por melodía.
–A pesar de que cada tanto se habla de editar sus discos en otros países, sus canciones siguen sonando muy argentinas...
–Es interesante, porque a mí el nacionalismo me tiene sin cuidado. Igual admito que no me gusta escribir en un español “neutro”. Cuando escucho radios de fórmula –bueno, en realidad, hoy todas las radios comerciales son “de fórmula”–, enseguida noto que se busca “el latinazgo”. No me siento para nada en eso. No sé cómo se trasladará a la música mi opinión, porque escuché mucho rock argentino, pero sin dejar de lado lo de afuera. Digamos que busco que mis canciones transmitan las coordenadas de tiempo y de lugar en que nacieron. No me sale ni puedo ser Larralde. Eso sí: reconozco mi identidad y no la niego, ni la disfrazo.
–¿Siempre tuvieron ese registro medio lunfardesco sus canciones?
–Qué sé yo. Mis primeros poemas eran horrorosos.
–¿Hablaban de amor?
–Maso. Ya en la época de Caballeros, de cada diez letras, a lo mejor había una sola sobre amor. Hablábamos más de temas sociales, no sólo por la época del país, sino por mi momento personal. Después de los 40, tengo la impresión de que uno se pone más introvertido y hace canciones que son como autopsias. Tal vez en las bandas de rock es diferente, uno tiende a ser fotográfico y hace pequeños retratos de lo que se da en un barrio o en un grupo. Yo, a la larga, sentí ganas de referirme a lo que mejor conozco, que es de la piel para adentro. Puede llegar a ser difícil, porque atreverte a ser “hombre rana” de vos mismo te puede llevar a encontrar bastante dolor allá abajo, en el fondo.
–¿Y por qué lo hace? ¿Para perdonarse por algo?
–No sé si para perdonarme. Como exorcismo, para ahuyentar demonios.
–No obstante, el disco se llama La parte de los ángeles.
–Sí. Pero no olvidemos que los demonios no son más que ángeles caídos...
–Otra de las marcas de su obra es la búsqueda del relato, algo no muy corriente en una era de escuchas distraídas. “El chico de los mandados”, por ejemplo, se inicia con una escena casi fílmica.
–Me inspiré en las road movies. Esto no es sencillo de contar: no es fácil que te salga “Pedro Navaja” así porque sí. De todos modos, es lo que hacen mis ídolos. Bob Dylan, Tom Waits y Tom Petty saben narrar y componer climas. Uno los sigue como mejor le sale y cuando encuentra un poquito de eso, trata de sostenerlo.
–En el disco menciona a Tolstoi y a autores no tan célebres, como el mendocino Antonio Di Benedetto. ¿Es la lectura otra de sus fuentes creativas?
–Leo mucho. Bah, en comparación con (el escritor) Fabián Casas, no leo nada. Pero leo. Mantengo el hábito, e incluso me he propuesto retomar los clásicos, esos libros largos y buenos de no sé cuántas páginas, para ver si todavía me les animo.
–¿Con qué está ahora?
–Ana Karenina, de Tolstoi. Estuve calculando cuántos años más tendré de vida útil para leer. Pongamos que me queden treinta. Si es así, tengo que seleccionar muy bien mis libros, porque no serán tantos. Lo lindo es que, por otra parte, tengo muchos amigos y casi ninguno lee.
–Lógico. En sus canciones hay un cruce entre la palabra conversada y la escrita.
–No soy un ratón de biblioteca. Estudié Sociología cuatro años y salí corriendo. No obstante, hay grandes tradiciones en esto de juntar el mundo letrado con el otro. Una es el tango, que dio origen a la lírica más grande del cancionero argentino. Abordás a Homero Manzi, por ejemplo, y encontrás a un poeta que conocía bien a Shakespeare y a la vez era boxeador. La mezcla de la calle con el liceo, ¿no? Hay que tener esa apertura. El error está en creer que la formación debe pasar exclusivamente por Boedo o por Florida.
–O por “el aguante”, ese valor tan preciado en el rock posterior a los ’90.
–Una vez le preguntaron a David Viñas, un tipo a quien admiro mucho, para quién escribía. El respondió que no sabía exactamente para quién, pero sí para quién no. “No escribo para los bien pensantes ni para los populistas”, contestó. Me parece rescatable eso, porque si te quedás en la intelligentzia, cualquier acto que signifique embarrarse las manos te va a espantar. Y si seguís a cierto linaje que le hizo mucho mal al rock, si sólo confiás en el instinto, en la cosa callejera y en el poder simbólico de la esquina y el aguante, despreciando a lo letrado, te vas a perder la mitad. El rock argentino no era así. Moris, Spinetta y Charly son tipos curiosos, que ven películas, leyeron a Artaud...
–Esa visión meramente “callejera” de la esquina es irreal. Porque hay filósofos y hay borrachos, pero en cualquier cordón se encuentran borrachos que simultáneamente son filósofos...
–Es lo que interpretaron Arthur Miller, Bukowski y otro de mis preferidos, Chuck Palahniuk.
–Cuesta asociar a cualquiera de esos tres con las rutinas de hoy. Incluso el más contemporáneo, Palahniuk, apela al cuerpo como refugio de lo real frente a un mercado donde pululan las emociones de diseño. ¿Cómo afecta a los artistas esta época de redes sociales y conexión full time?
–Vivimos épocas de cobardías virtuales. Esa mezcla de anonimato, resentimiento, horas libres y mala leche conduce a una forma de comunicarse que puede ser muy agresiva. La red, además, ha reemplazado al matón de pizzería por el barderito con mouse. Siempre me acuerdo de una anécdota que contaban sobre Humphrey Bogart. Porque todo el mundo quiere relatar a sus amigos “aquello que le dije una noche a alguien que era más o menos conocido”. Resulta que estaba Bogart en un bar y se le apareció un tipo que le empezó a gritar: “¿Así que vos sos el duro de las películas? ¡Pero si sos un enano!”. Bogart lo miraba, callado. Y el chabón dale que dale. Hasta que Bogart –que estaba tomando un trago en la barra– agarró su vaso, le pegó un mordiscón al vidrio y se puso a masticar los pedazos en silencio. Con la boca sangrando, le pasó lo que quedaba del vaso al otro, al provocador. “Es tu turno”, le dijo. Con Internet, esa situación no se habría resuelto así.
–¿Cómo se habría resuelto?
–Ni idea. Cada vez creo más en que los seres humanos se dividen entre los que hacen y los que no. Sinceramente, a veces escucho viejos discos míos y hay cosas que no me gustan. Me dedico a esto porque me salió, medio de carambola, y a esta altura es lo que sé hacer. Pero sigo intentando más allá de la mirada ajena. Aparte hay otra novedad, mucho más positiva que la del bardeo tecnológico. Cuando yo empecé a cantar en Caballeros, los pibes y las pibas te daban cartitas de papel para agradecerte canciones. Ahora, con Twitter o Facebook, recibís ese aliento todos los días. En general opto por no responder, como mecanismo para no tomarme demasiado en serio –es mi antídoto contra las miserias de esta profesión, donde hay artistas convencidos de estar afeitándole los sobacos a Dios–; pero leo esos mensajes y me conmueven.
–¿Cómo ve la creciente politización de los músicos?
–Los referentes tienen que intervenir. Sus palabras, obviamente, no deben ser palabra santa ni ubicarlos en el rol de opinólogos. Por otro lado, hay que tener formación para meterse al debate, porque de lo contrario te comen crudo. Te agarra un tipo que detestás ideológicamente, pero es vivo y te da vuelta como una media. A casi cualquier músico de rock le ponés a Jorge Asís enfrente y Asís lo destruye en medio segundo.

REPORTAJE A JOE PERRY: HABLA DE POR QUE SIGUE ADELANTE AEROSMITH.









El guitarrista estuvo a punto de echar de la banda al cantante Steven Tyler, actual jurado de American Idol, pero hizo de tripas corazón porque “Aerosmith no sería lo mismo sin él”. El 28 de octubre volverán a la Argentina: tocarán en el Estadio Unico de La Plata.


Por Gloria Guerrero

Desde enero atornillado a su sillón de jurado en American Idol, Steven Tyler –cantante de Aerosmith desde hace cuarenta años– puede bajarle el pulgar y mandar al foso de los leones a cualquier aficionado que pifie medio tono, gracias al poder absoluto que le otorgan las cámaras de televisión de uno de los programas más populares de los Estados Unidos. Pero su propio pellejo dista mucho de estar a salvo. Por cierto, existe un individuo capaz de bajarle el pulgar al mismo Steven Tyler: se llama Joe Perry, es el guitarrista de Aerosmith desde hace cuarenta años y, hace menos de dos, casi eyectó a su compañero de las filas de la banda.
“Sí, es cierto”, cuenta hoy Perry, cuyo verdadero apellido ancestral resulta ser Pereira –tanto como el apellido real de Tyler es Tallarico–. “Después de una gira que hicimos (Guitar Hero Aerosmith, suspendida parcialmente), Steven avisó que tenía sus propios proyectos y que quería tomarse tres años fuera del grupo. Pero no nos lo dijo a nosotros: se lo dijo a la prensa. Nos enteramos por los diarios. Me reuní con los demás músicos (Tom Hamilton, Brad Whitford y Joey Kramer) y nos preguntamos cómo iríamos a seguir, cómo saldríamos a tocar en vivo. Tres años es mucho, mucho tiempo. Pocos meses después, Steven decidió que quería volver e hicimos otra gira (Cocked, Locked, Ready to Rock). Y enseguida –no nos lo dijo a nosotros, se lo dijo a la prensa– anunció que iba a ser jurado en American Idol. Otra vez nos tomó por sorpresa; cuando reconoció que había firmado el contrato con la televisión, no lo podíamos creer, nos quedamos duros. Aerosmith ya estaba trabajando en el proyecto de un nuevo disco y en otra gira mundial y, sin Steven disponible, todos nuestros planes quedaban muy raros. De nuevo, los otros cuatro nos tomamos un tiempo y hablamos acerca de cómo arreglárnoslas. La opción más lógica era encontrar a otro cantante para que la banda siguiera adelante; fue tremendo, porque los cuatro queríamos que Steven volviera. Aerosmith no sería lo mismo sin él, de eso no hay duda.”
Perry y los demás miembros de Aerosmith tiraron nombres de posibles reemplazantes de Tyler, y hasta comenzaron a audicionar a ciertos oferentes. Los rumores hablaron de Billy Idol, Lenny Kravitz, Chris Cornell y el eterno comodín Paul Rodgers. Pero una carta documento del abogado de Steven, aparentemente, resultó fulminante: “No toquen a mi cliente”. Perry evita mencionar aquel detalle legal, que a la fuerza terminó doblándole el pulgar hacia arriba. “No teníamos opción B. En nuestra posición, ¿qué íbamos a hacer?, ¿separarnos, buscar otros trabajos? A mí no me preocupaba tanto, porque podía volver a hacer giras con mi banda solista (Joe Perry Project) y pasar muy buenos momentos, pero con Aerosmith teníamos en mira el nuevo álbum y otras giras en la agenda. Y mis otros compañeros no tenían otros proyectos, así que no nos quedaba mucha elección. Y coincidimos en volver con Steven.”
–Hace rato que ustedes dos han dejado de ser los Gemelos Tóxicos y al parecer también han dejado de ser gemelos, pero no les queda otra que seguir juntos.
–Okay.
Corolario: Aerosmith, con su formación intacta, regresa a la Argentina el 28 de octubre para tocar en el Estadio Unico de La Plata, en una ceremonia que muchos esperaban repetir en mayo pasado, pero que se celebrará recién ahora, después de largos cuatro años desde la última visita (Quilmes Rock 2007). Perry declaró a la prensa norteamericana que “no esperaba volver tan rápido a América latina, después de tan sólo un año” (actuaron en 2010 en las grandes ciudades sudamericanas, aunque puentearon Buenos Aires), y seguramente American Idol sigue calificando como motivo de todo incordio. “Dije aquello porque no sabíamos si ahora íbamos a poder viajar: Steven seguía trabajando en American Idol”, concuerda el guitarrista. “Teníamos que armar el disco nuevo y salir de gira por Europa; detuvimos el disco y lo retomamos ahora, y la idea de viajar hasta la Argentina y el resto de Sudamérica, y después ir a Japón, sonaba delirante entonces: arrancar con el disco y hacer una gira mundial... no iba a funcionar. Pero funcionó.”
–Y si a usted le pidieran ser jurado en American Idol, ¿qué diría?
–Diría que sí; si me lo piden, sí. Lo que pasa es que todavía no me lo pidieron.
Entonces, que no se queje.
–Aquí no se pudo verlos en mayo de 2010, durante el tramo sudamericano del Cocked, Locked, Ready to Rock Tour. A último momento, Aerosmith suspendió su show en el Hipódromo de San Isidro, aunque estaba confirmado y con entradas a la venta... ¿qué pasó?
–Creo que tuvo que ver con mi operación de rodilla (desde hace un lustro Perry ha sufrido media docena de cirugías de rodilla e incluso reemplazos, y también es cierto que en 2009 lo chocaron de atrás a las 2 de la mañana cuando iba en moto por su ciudad, Boston, reventándole la rodilla otra vez). No podía tocar, en verdad no podía estar de pie. Yacía en una cama de hospital y tuvimos que cancelar varios shows, porque no me daban el alta. Hacía tiempo que venía actuando en escena con una rodilla hecha polvo y no podía funcionar como corresponde: llegué al punto en que tuve que parar.
–Pero dos días antes tocaron en Santiago, de Chile y el mismo día de la cancelación argentina actuaron en Porto Alegre...
–Emmmm... Bueno, entonces en realidad no sé qué pasó.
Joe Perry suena parco, secote y hasta algo gruñón. Durante su entrevista telefónica exclusiva con Página/12, el semidiós guitarrero irá disolviendo a regañadientes su cassette (“fans, gran show; amor por los fans, gran show”, que se ahorrará aquí) y contará algunas otras cosas, quizás inesperadas.
–Aerosmith tocó por primera vez en Buenos Aires en 1994. Después de casi dos décadas, ¿qué esperan del público argentino? ¿Y qué pueden los argentinos esperar de ustedes?
–A medida que Internet se ha ido haciendo cada vez más popular, recibo respuestas de fans de todas partes del mundo; es alucinante ver cuántos fans tenemos allá y estamos muy entusiasmados por volver. Buenos Aires es uno de nuestros lugares preferidos: me gusta ir allá con mi esposa y salir a hacer compras; es un país hermoso. Creo que, si no fuera por Aerosmith, nunca habría tenido la oportunidad de visitarlo, así que estoy muy contento. Queremos entretener a los fans antiguos, y a muchos que nunca nos han visto. Y, para los que ya nos vieron, este show va a ser mucho mejor que el que brindamos antes.
–¿Traen nuevas canciones, viejos éxitos, alguna sorpresa?
–Va a ser una lista de temas muy variada. Esperamos incluir canciones del nuevo álbum, pero también los temas de nuestros discos más famosos, los que todos esperan oír.
–No debe de ser fácil salir de gira con el estado actual de la economía norteamericana. ¿Se les hace muy cuesta arriba?
–(Piensa.) Nuestra economía tuvo un cimbronazo muy fuerte, vivimos al borde del default. No, no es fácil armar una gira. Nunca fue fácil, pero ahora montar un show como el que queremos resulta tremendamente caro, sobre todo por los precios del combustible. En realidad, todo es más caro ahora. Los precios de los alquileres de elementos para el espectáculo subieron mucho y –insisto en que pretendemos un show enorme– todo se nos hace mucho más difícil. Pero cuando subimos a escena y el público ve todo lo que trajimos, ni se da cuenta de nuestro esfuerzo. Sí, tenemos muchos más problemas que antes. Sin embargo, una banda como la nuestra, a esta altura, tiene resto. Y hacemos lo que sabemos que tenemos que hacer.
–Usted es un reconocido republicano. ¿Qué cree que deberían hacer aquellos que no tienen resto?
–Creo que todos los ciudadanos tienen que tener mucho cuidado. Hay que tener la guardia en alto; no sabemos qué va a pasar. Hay un mundo muy peligroso allá afuera y tenemos que tomar todas las precauciones que podamos. Nosotros queremos seguir llevándoles nuestra música a los fans; no vamos a parar, no nos van a detener con las políticas que implementen. Los fans necesitan entretenerse, ahora más que nunca, como siempre sucede en tiempos difíciles; siempre ha sido así, a lo largo de toda la historia. Y es parte de nuestro trabajo.
–¿Está al tanto de que en América del Sur la crisis occidental no afectó demasiado?
–No he prestado mucha atención a lo que sucede en su región, desde donde vivo. A ver: sé que están comenzando a desarrollarse cosas; supe que se está forjando algo a partir de las elecciones primarias recientes en la Argentina, pero en realidad no me fijo demasiado. Estamos muy metidos en la banda, en montar el show y todo eso.
Aerosmith tiene novedades. En principio, el sello Columbia acaba de editar para la iTunes Store, el 6 de septiembre y por primera vez en la historia, el catálogo digitalizado de los primeros discos de la banda. Es una noticia interesante, sobre todo para un grupo de músicos tan declaradamente amantes de lo analógico. “Pienso que es fantástico”, admite Perry. “Hace cierto tiempo hablé con un amigo mío que está en el negocio; coincidimos en que era tiempo de avanzar y de evolucionar en este asunto. Unimos fuerzas, y al otro día llegaron los papeles para firmar.” Y allí están ahora, para deleite de los admiradores modernos, todos los álbumes clásicos digitalizados: Aerosmith, Get Your Wings, Toys in the Attic, Rocks, Draw the Line y mucho más.
Y se viene el nuevo CD de la banda. El productor será Jack Douglas (“el sexto Aerosmith”), un talentoso veterano que trabajó con ellos desde sus inicios y que, después de un hiato importante, está de regreso para afilar los lápices. “Jack es impresionante”, dice Perry. “Es un productor magnífico, nos conoce muy bien. Y estamos encarando este disco de una manera diferente. Creo que todos ustedes se van a sorprender cuando escuchen el nuevo álbum.”
Y, el 10 de septiembre, Joe Perry cumplió 60 años.
–Cuando mira hacia atrás, ¿qué ve?
–Oh... (Piensa.) Creo que fui bastante afortunado, si me lo pongo a pensar. Quiero decir: tuve mucha suerte en haber encontrado a mi esposa, a mi alma gemela; éramos muy jóvenes cuando tuvimos que formar una familia. Creo que ésa fue la mejor parte de mi vida, y pude bancármela entreteniendo a los fans y tocando la guitarra. Nunca pensé que sería capaz de hacer una cosa así. Yo simplemente quería tocar la guitarra y nunca imaginé que llegaría a este lugar tan enorme: ser conocido en todo el planeta. Sí, fui muy afortunado.
–Por cierto, usted es uno de los guitarristas más admirados. Todos saben de su reverencia para con Jimi Hendrix, Peter Green y Jeff Beck, pero ¿quién es hoy su guitarrista favorito?
–Creo que Bob Dylan es el mejor guitarrista de todos; no le están dando el crédito que se merece. Su manera de tocar la guitarra es espléndida, es absolutamente personal... es el mejor. Y hay muchos grandes guitarristas; hay demasiados como para mencionar, se me hace difícil, hay muchos estilos distintos, pero elijo a un tipo como Jack White, de los White Stripes: realmente toca desde el alma.
(Nota al margen: en una entrevista con el periodista Bill Flannagan, vicepresidente de la cadena VH1, Bob Dylan había “devuelto” esta gentileza, respondiendo acerca de su álbum Together Through Life (2009): “Obviamente, si tuviera a Joe Perry todo sería diferente. En cualquier caso, los solos no son una parte fundamental de mis discos. Nadie compra mis discos para escuchar solos”.)
Perry ha venido manteniendo una carrera solista paralela a Aerosmith, algo errática, aunque sumamente productiva. De fines de los ’70 a mediados de los ’80, y desde fines de la década de 2000 hasta ahora, editó material con The Joe Perry Project o con su propia firma, con muy buenos resultados. Lo más reciente fue Have Guitar, Will Travel (2009); en vivo, Perry hace lo que hacen el Indio Solari o Skay: incluir en su lista de temas algunas canciones emblemáticas de Aerosmith (no de los Redondos, se entiende), para gran regocijo de sus admiradores.
–¿Cómo sigue su carrera personal?
–Cuando terminemos con esta gira de Aerosmith, que es enorme, seguramente me pondré a trabajar en un nuevo álbum mío y saldré de gira junto con otras bandas, pero todavía no lo sé. En la primavera (boreal) con Aerosmith vamos a tener un tiempo libre, y quisiera mostrar lo que hago como solista. En mayo o junio voy a trabajar en una banda de sonido, pero todavía no puedo adelantar nada; lo que sí sé es que va a estar interesante.
–Ya que menciona bandas de sonido, Aerosmith estaba por incluir su versión de “Painted on My Heart” en la película Gone in Sixty Seconds, pero al final quedó la versión de The Cult. ¿Qué pasó?
–No sé. No nos gustó cómo quedó la canción cuando la grabamos, no estábamos satisfechos, fuimos nosotros quienes decidimos no participar.
–¿Vendrá para Sudamérica con The Joe Perry Project?
–Me gustaría ir a Buenos Aires, estaría bueno. Voy a tocar con Paul Rodgers en Europa, y después en Canadá con Mötley Crüe y, por supuesto, toco a lo largo y a lo ancho de los Estados Unidos. Habría que ver qué tiempo me queda como para venir a la Argentina. Vamos a ver qué pasa.
–¿Qué piensa de la escena del rock mundial de hoy, después de cuatro décadas en las que participó en –y ayudó a construir– este asunto?
–Hay cada vez más fans que quieren oír música de rock & roll. Lo diferente es la forma en que la escuchan: iPods y todo eso. Toda la nueva aparatología... Y los músicos tenemos que adaptarnos a los cambios, a esa nueva manera de recibir el sonido. De todas formas, todos terminan queriendo vernos en vivo... pero, cuidado: al final, somos nosotros, los músicos, quienes tenemos que adaptarnos e ir hacia donde va la corriente.
–La letra de “Eat the Rich” se burlaba de los ricos y hablaba de “creer en todas las cosas buenas que no se compran con dinero”. Usted terminó siendo millonario; ¿cómo maneja esa dicotomía?
–Bueno, soy soporte de mi familia. Y tengo cuatro hijos varones y los banco, porque los quiero mandar a la universidad. Ahí se me va gran parte de todo mi dinero.
–En la Argentina la universidad es gratuita.
–¿En serio? ¿Me está haciendo una broma?
–No. Aquí hay universidades pagas, si quiere, pero también puede cursar gratis.
–¿En serio son gratis? (Pausa larga.) En cuanto a en qué gasto mi dinero, en cualquier lugar del mundo es caro mantener a una familia. Nunca sabés qué te espera y qué puede la vida tirarte a la cara, pero a mi familia quiero brindarle lo mejor que puedo. Mis necesidades personales son muy básicas: lo que quiero son guitarras... aunque la mayoría de las guitarras que tengo me las han regalado. La economía ha cambiado tanto, que agradezco trabajar de lo que trabajo: la gente sigue queriendo vernos tocar rock & roll. Ya vivimos otras depresiones y hay que apretarse y remontarla juntos, vivir un día a la vez y acomodarnos con las políticas, como lo hace todo el mundo. Francamente, estoy podrido. Pero, haciendo lo que hago, soy un privilegiado. Tengo una familia normal, salvo cuando salgo de gira; antes solíamos viajar todos juntos, pero ahora con los chicos intentando entrar en la universidad y trabajando, viajamos sólo mi esposa y yo y la pasamos bien: volvimos a tener nuestra privacidad de pareja. En los últimos años hubo varios cambios, hubo muchos cambios. Pero fueron cambios buenos. Puedo decirle que estamos bien.

LA DIFUSION ALTERNATIVA DEL BLUES Y EL REGGAE.





Sebastián “Rasflek” Gómez se dedica a la versión local del sonido jamaiquino. Mauro “Easy Babe” Diana hace lo propio con el blues. Ambos son referentes válidos para investigar por qué dos vertientes históricas de la música nunca la tienen fácil.


Por Luis Paz

Sebastián Gómez y Mauro Diana, uno desde el reggae y otro con el blues, son dos de los más inquietos trabajadores de la música independiente que puedan contarse por estos días: son productores, artistas y comunicadores de sus culturas; llevan adelante un programa de ciclos, de compilados y de informaciones compartidas, y cada uno en su ámbito, están respondiendo (a paso lento pero arduo y sostenido) a la federalización de esas estéticas. Salvando las distancias entre sus mundos, ambos luchan, también, contra problemas similares, aunque desde lugares distintos: un reggae en alza que industrialmente está ocupado por cinco o seis nombres hace una década y un blues ya no tan en baja que en ese mismo tiempo no ha conseguido nuevos referentes. Los dramas son los transversales a toda la producción artística independiente argentina: la dificultad de generar interés y conocimiento sin contar con apoyo oficial ni mediático ni industrial, las sabidas complicaciones económicas que conlleva producir cultura para ir a pérdida, y la embestida de la cultura mainstream industrial que, además, ocupa lugares y públicos. Pero no bajan los brazos: están en una cruzada que es educativa y es cultural; y en eso, aceptan, ningún gasto es pérdida.
Sebastián Gómez también es conocido como Seba Rasflek. Todo depende del lugar desde el que se lo mire: cuando ocupa escenarios como DJ o en plan soundsystem, donde lleva a una práctica performática aquel mismo trabajo de difusión y producción, es Rasflek. Cuando organiza los ciclos y compilados Buenas Vibraciones, cuando hace de manager de bandas o difunde a través de la radio y los medios gráficos, es Gómez. Diana, por su parte, es el que es docente en la Escuela de Blues de Buenos Aires, productor y comunicador de los ciclos y compilados Blues en Movimiento o el que organiza el programa Blues en los Barrios. Pero sobre los escenarios, con el cuarteto Easy Babies, a veces es más conocido como “el Easy Babe”. Ambos llevan más de tres décadas en este mundo y una y media en sus mundos seleccionados: el blues y reggae locales que pelean cada día.
De hecho, Gómez ya ha publicado a 90 bandas de todo el país en los cuatro volúmenes del compilado Buenas Vibraciones, que también funciona como un festival itinerante que lleva a los grupos de un lado al otro del país; y Diana, que acaba de encabezar la edición del compilado Blues en Movimiento, de nuevos exponentes del género, piensa en publicar otro dedicado al blues que se está haciendo en el interior argentino. Sumado eso a sus intereses investigativos y pedagógicos, difícilmente se puedan hallar mejores interlocutores para tener un panorama sobre esos ámbitos.
–¿Cómo es este momento para el reggae y para el blues de producción local e independiente?
Gómez: –Indudablemente, como observador del reggae debo decir que está en su mayor nivel de masividad histórico y que es de importancia en la región y en muchas partes del mundo. Se han ido generando espacios en las provincias y actualmente hay unas 500 bandas independientes de reggae, de ska y de música jamaiquina en actividad. Pero como productor, entiendo que bandas que gocen de buena salud en cuanto a la difusión y supervivencia económica, habrá cinco o seis.
Diana: –En el caso del blues, en esta década se vieron las consecuencias de que no haya habido en los ’90, cuando sí tuvo un muy buen momento, la preocupación por generar un circuito que fuera sustentable. El blues está hoy fuera de los medios de comunicación, no tiene lugares ni un apoyo oficial ni productores. Lo interesante es que algunas bandas entendieron que es importante juntarse de un modo organizado para generar algo para el blues en general y no sólo para una banda o dos o tres; y que los jóvenes se han acercado mucho al estudio y a la creación de blues.
–Para ponerlo en perspectiva: ¿cómo eran esos mismos ámbitos quince o veinte años atrás?
Gómez: –El reggae era más una rareza a la que pocos tenían acceso. Para conseguir quince discos vitales del reggae, en los ’90 recorrí disquerías en cuatro barrios durante seis horas. No había Internet, discos ni medios del palo. Aunque estaban algunas bandas (Los Pericos, Los Cafres), el reggae era mucho más un ghetto que, curiosamente, era más fuerte en zona norte, a diferencia de la idea del ghetto jamaiquino: porque podían comprar vinilos, viajar a los lugares de la cultura.
Diana: –El blues propiamente dicho tenía sus exponentes, pero no había un movimiento, algo que recién se está armando ahora, muy lentamente; aunque pasaba un muy buen momento. La cuestión es que no se generó cultura blues sino cultura del cliché del blues. Nosotros, con Easy Babies, acabamos de publicar un disco del que me orgullece decir que no usa la palabra “nena”.
–¿Cuáles son las características de la producción actual? ¿Es federal? ¿Hay buen nivel musical?
Gómez: –Hoy por hoy hay bandas que hacen muy buena música y que están en distintos niveles de difusión y convocatoria, pero sobre todo hay mucha variedad y cosas con personalidad en lo independiente. Córdoba y Santa Fe se establecieron como espacios centrales para el reggae del país, aunque está habiendo producción en casi todas las provincias, inclusive en Tierra del Fuego.
Diana: –Hay un buen nivel de blues y algo que lo muestra claramente: cuando viene algún viejo blusero, algún nombre importante de la tradición, tocan con bandas armadas con músicos de este país (N. de R.: Diana mismo suele ser parte de esos ensambles de apoyo). Aunque la cantidad de lugares, de productores del interior y de personas interesadas es mucho menor que en el reggae.
–Más allá de que haya esa producción, ¿se puede pensar en un reggae y en un blues argentino?
Gómez: –Totalmente. Creo que la mayor virtud del reggae y una de las causas de su crecimiento fue que se lo pudo “argentinizar”, que se pudo hacer un reggae que no hablase de boboashantis (miembros de la religión rasta), de Jamaica y de Babylon. Y además se volvió representativo para los chicos, creo que por dos cuestiones: su acercamiento a la cumbia, que es algo muy popular; y el agotamiento de la idea del rock barrial y el fin del bengalismo con Cromañón, que llevaron a que los jóvenes buscaran refugiarse en tiempos violentos en un mensaje de paz, unidad y no violencia.
Diana: –En mi caso, no estoy seguro. Van surgiendo nuevas bandas de a poco y los jóvenes están más cerca del blues, pero en líneas generales el cliché sigue siendo mayor y eso perjudica que se genere un blues realmente argentino. Alejandro Medina ha hecho mucho por eso, también Pappo, pero sobre todo hay una desinformación que alimenta la idea de que el blusero es un viejo negro y borracho que toca la guitarra y habla sobre recoger algodón, cuando en realidad acá hay un blues hecho por jóvenes, chicos y chicas, de 20 o de 25 años que visten, tocan y cantan de modo normal.
Para seguirla, Gómez acaba de llevar este fin de semana el Buenas Vibraciones a Córdoba, y en noviembre irá hacia Neuquén, Catamarca, Tucumán y Jujuy, siempre con algunas de esas 90 bandas de todo el país y un bolso cargado con 20 años de cultura y trabajo reggae. También puede escuchárselo en FM La Siglo de Zona Oeste (100.3 MHz o vía web), los jueves, desde las 21 hasta la medianoche. Y Diana, junto a su grupo Easy Babies, está presentando en vivo su elocuente disco El blues paga mal y el primer volumen de Blues en movimiento.

TERESA PARODI Y SU NUEVO DISCO OTRO CANTAR.

 

 

TERESA PARODI PROFUNDIZA SU FACETA DE INTERPRETE EN SU DISCO OTRO CANTAR



En su flamante álbum, la cantautora correntina grabó temas de jóvenes como Lisandro Aristimuño, Ana Prada, Orozco-Barrientos y Arbolito y también de “maestros” como Ramón Ayala, Ariel Petrocelli, Daniel Toro, Damián Sánchez y Jorge Sosa.


Por Karina Micheletto

La tapa de Otro cantar, el nuevo trabajo de Teresa Parodi, la muestra de pie y sonriente, abrazada a su guitarra, a la orilla de un río dibujado que recorre todo el disco. El río tiene trazos firmes y al mismo tiempo suaves, simples y bellos. Luce fresco; joven, podría decirse. Es un paisaje que no es del todo rural ni del todo urbano. El bello arte logra anticipar, con el poder sintético de la imagen, buena parte del espíritu de este trabajo. Un disco en el que Parodi ha elegido detenerse en “los otros” que son parte de la generación que la suceden, entre los que se lucen aquí cantautores como Lisandro Aristimuño, Ana Prada, Fernando Barrientos, Raúl “Tilín” Orozco –encargado también de la producción de este trabajo–, intérpretes como María de los Angeles Ledesma y Arbolito. Y convocar también a maestros como Ramón Ayala, Ariel Petrocelli, Daniel Toro, Damián Sánchez, Jorge Sosa. En ese “transcurso” suena Parodi en este trabajo, que lo mostrará hoy, mañana y pasado en el CAFF (ver aparte).
No ha sido explicitado en la charla, pero en el relato sobre la “cocina” del disco, sobre las búsquedas que ha emprendido la cantautora para encontrar estas canciones, aparece implícito el río, con su cadencia, su ritmo, su transcurrir. Del transcurrir de la música habla Parodi, de transitar el camino que ya pisaron grandes maestros de la música popular, y abrir las miradas, al mismo tiempo, a nuevas generaciones, de las cuales también aprender. El relato es el de una travesía: “Quise indagar en esas otras miradas, tan iluminadas, y quedarme un rato ahí, bebiendo de esa luz. Y luego seguir el camino, porque esas voces que fui recorriendo abren nuevos caminos”, define. “Mientras cantaba iba transitando las melodías, las palabras que usaron esos otros. Las de Prada, por ejemplo: ‘Tuve que arrastrarme como verso de canción, entre las cositas que dejaste...’. Me deslumbra la simpleza y la belleza con la que esta muchacha joven puede hablar de una forma del adiós, a esa edad. Me detengo ahí y quiero cantar esos versos, sentir esa música, para luego seguir, con otros horizontes”.
El río, su fuerza mansa y sus habitantes, abre también el disco con una versión de “Retrato de un pescador”, que subraya musicalmente el ritmo del agua que Ramón Ayala sabe imprimir a sus canciones. “Sí, es un río que me lleva quién sabe a dónde, así me dejo llevar yo por este río de la música nacional que me va haciendo pasar por distintos puertos, por otras sonoridades, otras búsquedas, otros asombros, otras esperanzas –advierte la correntina–. A medida que voy transitándolo, me doy cuenta cada vez más de que no se puede sin los otros.”
–En su disco hasta les dedica un texto a esos “otros”. ¿Por qué se detuvo allí?
–Porque es lo que me sigue asombrando de la maravilla de la música. La idea era dejarme hacer por los otros, integrarme a ese canto colectivo que creo que siempre está en la memoria, y tiene tanto de viejo como de nuevo, sorprendente siempre, revitalizado por estas nuevas voces y miradas. Me dejé llevar, fue así.
–Los invitados no sólo participan con su presencia, también toma sus temas. ¿Por qué eligió a éstos, entre tantos nuevos cantautores?
–Son algunos de los que me han deslumbrado. Están Ana, Lisandro, Barrientos, Tilín, Arbolito, que son autores y compositores, y está también la Chiqui, una formidable intérprete con una exquisitez en su búsqueda. De Ana me interesó, desde la primera vez que la escuché, la riqueza enorme que trae, con esa mirada desde lo cotidiano, lo chiquito. Aristimuño me deslumbra, me parece que abre puertas maravillosas. No viene del folklore y, sin embargo, sí, viene del folklore. Aparece su Patagonia, aunque él no esté precisamente pensando premeditadamente “voy a abrir una puerta hacia la música de la Patagonia”. El trae a esa impronta en todo lo suyo, aparece de la forma más inesperada. Los Orozco-Barrientos también son excepcionales y me honraron dándome un tema tan hermoso como “Que baje”, que habían hecho para darle a Mercedes Sosa, porque ella les había pedido material para un próximo disco, antes de enfermar. Luego los Arbolito, con esa fuerza que tienen, han marcado el folklore actual, y con la misma fuerza llegaron, con todos sus instrumentos, proponiendo ideas, entusiasmados... Fue una fiesta.
El año pasado Parodi selló un encuentro con Liliana Herrero, Raúl Orozco y Fernando Barrientos, una serie de juntadas que no se materializaron en un disco, sino en conciertos a los que bautizaron “Final abierto”. Una posible continuación de aquel final es la cercana participación del dúo cuyano en este disco: Orozco fue productor del trabajo, Barrientos muestra otra faceta como cantante sumándose al chamamé “La fiesta grande”, de Rosendo Arias; ambos son autores de dos de los temas del disco. “Trabajamos mucho en equipo con Tilín y todos los músicos, me fui explicando, les fui pidiendo. ¡Bueno, también tenía de dónde sacar! Son unos músicos tremendos”, halaga Parodi. “Es importante cuando el productor es un artista también, hay otra comprensión. Grabamos el disco prácticamente en vivo, Tilín del otro lado del estudio y también a veces adentro, tocando la guitarra. Había una complicidad extraordinaria, se armaba una cosa única que por suerte quedaba grabada. Porque este disco fue grabado prácticamente en vivo.”
–¿Cómo es eso?
–No sé si la gente lo sabe, los discos suelen grabarse por partes, primero la base; como una casa, los instrumentos son los cimientos, y lo último que se pone es la voz. Esto se hace a solas, con el auricular y los sonidos que ya quedaron grabados en el disco. Eso propone una manera casi única de cantar, porque ya no se da el diálogo espontáneo que se puede dar en vivo. Hace dos discos que entro al estudio con mis músicos y grabo en el mismo momento. El resultado es otro. Todos sabemos lo que venimos a hacer porque lo ensayamos, lo preparamos, estamos detrás de los arreglos, los buscamos. Pero aparece la impronta, la emoción del momento, la instantánea de la canción cuando la estás produciendo. Grabábamos tres veces y las tres eran distintas. Luego teníamos que elegir una, nada más. Con la pena de perder las otras dos: en cada una había un “algo”, porque ese algo había sucedido entre nosotros.
–Desde hace un tiempo aparece destacada su faceta de intérprete, además de la de compositora. Hasta suena distinto su modo de cantar. ¿Eso fue algo buscado?
–Lo busqué, sí. Tengo una potencia natural, mucho volumen en el canto, y trabajé muchos años una técnica para cantar, para poder tener voz, que me creó un estilo que tiene mucho que ver con el engolamiento. Y también con un estilo más proferido. Cuando empecé, era como si tuviera que hacerme escuchar: era mujer, autora y compositora, escribía canciones de historias de otro país, el postergado, y había elegido para esa primera etapa mostrar la música de mi región. La tenía difícil... Todo eso estaba en mi cabeza. Sentía que tenía que romper muchas barreras y lo hacía a pura voz. Usaba la voz como una punta de lanza ¡y allá voy! ¡Me vas a escuchar! (Risas).
–¿Y qué la hizo querer cambiar?
–En mí siempre estuvo la militante por encima de todas las cosas, también la maestra. Quería decir, hacer canciones que fueran como pequeñas películas que contaran las historias que no se contaban, por eso me interesé tanto por el lenguaje de la canción. De golpe me di cuenta de que había dejado descuidada a la cantora. Pobre, la cantora me servía para poner mi canción en el tapete. Esto me lo hizo notar Mercedes, ella me dijo: “Cómo has cambiado tu canto, cómo se ve que estás dejándole un lugar a la cantora”. Hablábamos mucho de eso. Le hice caso y empecé a buscar qué de esa cantora no me terminaba de cerrar. Me lo habían dicho algunas críticas y tenían razón. Empecé a corregir sin perder la técnica, pero sin llegar al engolamiento, tarea que no fue fácil. Y sin perder la voz abierta, que es la marca del canto netamente popular.
–En este disco canta temas que podrían definirse como de amor maduro. ¿Cómo se lleva con la canción de amor?
–Es verdad, es un amor maduro, y desde qué hermoso lugar de encuentro de una pareja... No he cantado tanto a esa forma del amor, o lo he hecho muy esporádicamente, y me lo he reprochado. ¡También, nos han metido cada cosa en la cabeza! Son cuestiones que quedan, inconscientes. Como cantábamos canciones de un cierto repertorio, como nos interesábamos por la política, no cantábamos canciones de amor. Qué equivocados y qué cerrados, ¿no? Me di cuenta de lo obvio: que todas son canciones de amor y todas son canciones de testimonio. Son distintas formas del amor: la preocupación por el otro es una forma del amor, y también el amor de una pareja. Yo les cantaba a todos los amores, menos al de la pareja. Desde hace un tiempo he modificado mi postura. Por suerte, sigo aprendiendo.

      

 

En el Abasto, sonaron temas que serán himnos



Por Karina Micheletto

Cae la nochecita en el Abasto, el domingo se está yendo y hay algo en el aire, una brisa cálida, que se percibe llegando. La cuadra de Sánchez de Bustamante a la altura del 700 no es lo que se dice la postal del espectáculo: el perro que se estira en el medio de la calle, la bombita mortecina, la señora que vuelve con la compra de apuro responden a un pulso de barrio con el que no pudieron ni el shopping cercano ni la sombra de esas torres que alguna vez fueron promesa de futuro. La entrada del Club Atlético Fernández Fierro podría ser la de un taller mecánico; de hecho eso fue hasta ser “intervenido” por esta cooperativa que arrancó para que tocara la orquesta, y terminó siendo referencia de la nueva escena. Hasta aquí apuran el paso dos señoras, coquetas ellas, bien tomadas del brazo, como para darse coraje. “Emi, ¿vos estás segura de que era acá?” La misma pregunta se hicieron muchos de los que el viernes, sábado y domingo pasados atravesaron esa entrada, ese pasillo largo y ese galpón con techo de chapa, el CAFF. Y sí, era acá donde Teresa Parodi quiso presentar su nuevo disco, Otro cantar.
Ella dice que quiso “darse ese gusto”, antes de su siguiente presentación, el 5 de noviembre en el Ateneo, un lugar que parece “natural” para el tipo de público que sigue a Parodi. O, por lo menos, para cierta idea preconcebida sobre los tipos de públicos, que en decisiones como ésta se ponen en cuestión. Porque Emi y las demás señoras coquetas que se sentaron en las sillas desfondadas del CAFF, y los señores que arrancaron muy serios y terminaron revoleando pañuelos en los bises, y las chicas y chicos que saltaron y cantaron y bailaron a los costados, y los que se emocionaron con nuevas historias como la de “Jacinta regresa a casa”, vivenciaron que de lo que se trata, finalmente, es de abrir el juego.
De eso se trata también el exquisito disco de Parodi, en el que la correntina incorpora y contiene, atravesando estéticas personales, a una cantidad de talentos de una nueva camada, autores e intérpretes: Lisandro Aristimuño, Ana Prada, Raúl Orozco, Fernando Barrientos, Arbolito, Chiqui Ledesma. Escuchar a Aristimuño cantar junto a Parodi “Con la cara del amanecer”, que es de autoría de Orozco y Barrientos, es una revelación: hay algo nuevo de cada uno que está sonando allí. Escuchar el talento de Ledesma acompañándola en la zamba “Ramón Maciel” es una confirmación: hay mucho talento en estos “nuevos maestros”, tal como los definió la anfitriona. Junto con las de ellos suenan obras de maestros reconocidos como Ramón Ayala, Ariel Petrocelli, Daniel Toro, Damián Sánchez, Jorge Sosa; toda una cosmogonía.
Hay un río que suena, implícita o explícitamente, atravesando todas estas canciones. Hay una avidez latente por encontrar nuevos brillos, corroborada en los arreglos. Hay una talentosa banda: Jorge Giuliano, Lucas Homer, Facundo Guevara, Fernando Correa. Hay un homenaje implícito a Mercedes Sosa, en temas emblemáticos como “Cuando tenga la tierra”, y también en la búsqueda por beber de nuevas aguas. En las instalaciones del CAFF hay una bola de espejos gigante, cortinas de plástico, un stencil de Pugliese del que sale un globito con un pensamiento: ¡... putos! Todo eso es anecdótico. En este lugar del Abasto sonaron temas que serán himnos, se vivieron encuentros que serán comienzos. También de públicos, que ahora saben que sí, que era acá donde Teresa los quiso traer a cantar.

DISCOS: MERCEDES SOSA Y LA REEDICION DE SEGUI CANTANDO.

La edición que acaba de lanzar Universal permite rastrear y reencontrar esos temas que la dictadura quiso borrar de la faz de la Tierra. Además, se compilan títulos que solo se habían lanzado en simple, hasta ahora material de coleccionistas.



Por Karina Micheletto

Quince temas grabados originalmente entre 1969 y 1980, convenientemente rastreados, compilados y restaurados sonoramente, completan las numerosas ediciones que actualizaron la obra de Mercedes Sosa después de su muerte. Son estas Canciones censuradas e inéditas que rescata el CD Y seguí cantando, recientemente publicadas por Universal como volumen inaugural de Mercedes Sosa Edición Definitiva, una colección que viene a completar la discografía oficial de la cantora en la Argentina.
Con curadoría a cargo del periodista de Página/12 Diego Fischerman, esta edición agrupa aquellas canciones que fueron borradas de las ediciones nacionales originales de dos larga duración: Serenata para la tierra de uno (1979), registrado en México, y A quién doy, de 1980, que en la edición argentina tuvo tres temas tachados del repertorio original: “Sueño con serpientes”, de Silvio Rodríguez; “Fuego en Anymaná”, de Tejada e Isella, y “Gente humilde”, de Garoto, Vinicius de Moraes y Chico Buarque. Del primer disco fueron prohibidos en la edición local otro tema de Tejada e Isella, “Canción de las simples cosas”, “Como la cigarra”, de María Elena Walsh; “Como un pájaro libre”, de Glejer y Reaches –que luego Sosa volvería a grabar en 1983 en un disco que lleva ese nombre–, y “Ocio da terra”, de Chico Buarque y Milton Nascimento, que había sido originalmente publicado en un simple brasileño, en 1977.
Junto a estos temas que alguna vez fueron censurados en la Argentina, Y seguí cantando propone una serie de canciones que originalmente fueron grabadas en simples o dobles (discos de cuatro temas) y que nunca llegaron a la categoría de long play en la Argentina. Así suenan “Te recuerdo, Amanda”, de Víctor Jara; “Adiós a Belgrano”, de Félix Luna y Ariel Ramírez, que fue parte de la banda sonora de El santo de la espada, de Leopoldo Torre Nilson; “Canción de lejos”, de Tejada Gómez e Isella, y “San Vicente”, de Nascimento y Fernando Brant, entre otras obras que sólo fueron simples. “Niño de mañana”, de Félix Luna y Graciela Yuste; “Duerme mi tripón”, del venezolano Otilio Galíndez, y “La niñez”, de Chacho Muller, fueron publicados en 1975 en un doble que nunca fue reeditado en la Argentina, del que sólo trascendió “Duerme, negrita”.
A falta de cintas originales de los temas prohibidos por la última dictadura, se trabajó la restauración sonora de otras ediciones, mejorando el sonido sin alterar la estética original de los registros. La colección anuncia otras ediciones que incluirán las grabaciones de Sosa en dúo con Horacio Guarany y César Isella y otros temas todavía inéditos en CD. Universal ya había remasterizado los 35 álbumes que componen la discografía de la tucumana, y este nuevo emprendimiento apunta a completar un recorrido nodal para la música popular argentina, ofreciendo también aquello que sólo era accesible para los coleccionistas o los pacientes rastreadores de Internet, en mejorada calidad sonora.

viernes, 23 de septiembre de 2011

R.E.M. EL FINAL DE SUS TREINTA AÑOS DE CARRERA.



El trío de Athens, Georgia, iluminó con su música a varias generaciones y se fue con la dignidad de un grupo de amigos que, en un buen momento artístico, sencillamente decidió que era tiempo de seguir camino.




El sueño se acabó: R.E.M., el grupo estadounidense de rock alternativo que recibió su nombre de una de las etapas del pasaje de la vigilia a la ensoñación, decidió dejar de alimentar su historia, luego de quince discos editados en un período de tres décadas. En esos años, si algo caracterizó a R.E.M. fue su capacidad de ser una banda, un colectivo artístico, capaz de acompañar con su crecimiento y una complejización estética, sónica y poética a los propios conocimientos de su público, que también se fueron complejizando emocional e intelectualmente en esos años. Es el fin de un modelo: el de una banda capaz de generar una transversalidad en el tiempo.
“A nuestros fans y amigos: como R.E.M. y como amigos de toda la vida y coconspiradores, hemos decidido ponerles punto final a los días de esta banda. Nos apartamos con un gran sentido de gratitud y de finitud; y de deslumbramiento por todo lo que hemos podido cumplir. A todos aquellos que alguna vez sintieron el toque de nuestra música, nuestro más profundo agradecimiento por habernos prestado sus oídos.” Con esas emotivas, simples y contundentes palabras, la banda se despidió oficialmente a través de su sitio web. Si algo quedaba por agregar, allí figuran también las explicaciones de Michael Stipe, su vocalista: “Como alguna vez dijo un sabio, el talento oculto en ir a una fiesta está en saber cuándo irse de ella. Creamos algo extraordinario juntos y ahora debemos seguir camino. Espero que nuestros fanáticos se den cuenta de que no fue una decisión fácil: pero todo debe terminar y quisimos hacerlo bien, a nuestra manera”.
Así es que R.E.M. se va en un pico de nivel, apenas después de haber entregado un par de discos (Accelerate, de 2008, y Collapse into Now, de 2011) excepcionales: maduros, energéticos y bellos, que tenían no sólo una música para mostrar, también unas cuantas cosas para decir sobre su época (esa que arrancó en los primeros años de los ’80 y ahora acaba). Lo más probable es que su público argentino recuerde hoy (o más bien, que lo esté haciendo desde ayer, cuando lo informaron) aquel concierto en el Campo de Polo en 2001, cuando la tormenta se violentó justo, justito cuando le soltaban las riendas a la apocalíptica canción “It’s the End of the World as We Know It (And I Feel Fine)”. O quizás el último, en el Club Ciudad de Buenos Aires, en noviembre de 2008, en otra noche de alta gama.
“Durante nuestro último tour, y mientras hacíamos Collapse into Now y poníamos en retrospectiva todos esos ‘grandes éxitos’ reunidos, comenzamos a preguntarnos qué más había para hacer luego. Siempre fuimos una banda en el más genuino sentido de la palabra: hermanos que se aman y respetan de verdad y mutuamente. Nunca hubo pleitos, caídas ni abogados metidos entre medio de nosotros. Tomamos la decisión del mismo modo. Y se siente bien”, sumó el bajista Mike Mills en el sitio del grupo, www.remhq.com. Peter Buck, insigne guitarrista de la agrupación, también se expresó: “Sé que seguiremos viéndonos con Mike, Michael, Bill (Berry, baterista) y Bertis (Downs, manager y representante legal de R.E.M.), aunque más no sea en el sector de vinilos de alguna disquería de barrio o en el estacionamiento de algún boliche, mirando a algún otro grupo de jovencitos tratar de cambiar el mundo”.
Por lo pronto, el trío (Berry ya se había alejado hacía más de una década) se va con humildad, haciendo lo que quizá parezca un injusto mutis por el foro: injusto para ellos, injusto para sus oyentes. Una salida tan poco grandilocuente como podía esperarse de un grupo que si bien comportó unos cuantos hitos (su ingreso en 2007 al Salón de la Fama del Rock and Roll o su contrato con el sello Warner Bros en 1996, por 60 millones de dólares, que fue entonces el más caro de la historia de la industria), fue basando su carrera en el sustentable campo de las grandes canciones y los grandes discos, durante 30 años de trabajo en continuado, con no más que unos años de tardanza en lanzar nuevo material durante momentos críticos, como ese lapsus de mediados de la década pasada que les duró cuatro años. “Una de las cosas más geniales de estar en R.E.M. era que los discos y las canciones significaban tanto para nosotros como para los fanáticos. Por eso es que sigue siendo importante, en esta despedida, ser sinceros con ustedes, que nos han regalado algo increíble: ser parte de sus vidas”, sumó emoción Buck. Y poco más queda: habrá ahora que terminar de perder la religión, de aceptar que el pastor Stipe ya no va a venir a contar cómo es que se puede seguir creciendo y madurando dignamente. Y habrá que seguir en solitario; con sus canciones, sí, pero sabiendo que ya no habrá nuevas

lunes, 19 de septiembre de 2011

Recuerdan a Jimi Hendrix con un cómic.


 
En el 41 aniversario luctuoso del célebre guitarrista estadunidense, también lanzan una edición especial de lujo con lo mejor del catálogo en vivo del artista.
A 41 años de su muerte el compositor estadunidense Jimi Hendrix, quien revolucionó el uso de la guitarra en el rock, será recordado mediante una biografía en cómic y una edición especial de lujo con lo mejor del catálogo en vivo del artista, quien murió a los 27 años.
"Electric requiem" es una novela gráfica que recoge las peripecias vitales de un músico que fue único e irrepetible. Hendrix como personaje de cómic hace un auto repaso de su vida desde las viñetas de los creadores italianos Mattia Colombara y Gianluca Maconi.
Además, el pasado 12 de septiembre salió a la venta una edición especial de lujo con lo mejor del catálogo en vivo del artista.
Este nuevo lanzamiento se centra en los "shows" en vivo que dio el fallecido músico, y aparecerán bajo el título de "Winterland", y en cuatro formatos: box set deluxe con cuatro discos, en ocho discos de vinilo de 180 gramos, en un LP de vinilo y en un sólo CD con una selección de lo incluido en la caja.
Asimismo, en Londres se abrió una exposición, en el edificio ubicado en el número 23 de Brook Street, donde el músico vivió en 1968 con su novia Kathy Etchingham.
El inmueble ubicado en el barrio londinense Mayfair, ahora Museo Händel, es sede de la exhibición montada el 24 de agosto pasado, y que permanecerá abierta al público hasta el 7 de noviembre entrante.
La exposición contará con objetos icónicos del músico, como la chaqueta de terciopelo naranja que el músico utilizó en muchos de sus conciertos, el manuscrito de su puño y letra del tema "Love or confusión" y el sombrero "western" que luce en la portada del disco "Smash hits".
James Marshall Hendrix, nombre real de Jimmi, nació en Seattle el 27 de noviembre de 1942. Su infancia la vivió con su abuela y con su padre, tras la separación de sus progenitores.
A los 11 años aprendió a tocar la primera guitarra acústica que le regaló su padre, quien también en 1959 le compró otra, pero ahora eléctrica. Para 1962 comenzó a actuar en público con el grupo King Casuals, con el que tuvo un relativo éxito y fue contratado por Little Richard.
A partir de 1965 formó su propia banda llamada Jimmy James and the Blue Flames, con la que se sucederían los éxitos y el trabajo sin descanso, explotado por sus representantes musicales, fue en esta época cuando empezó a consumir marihuana y LSD, como la mayoría de los músicos y artistas del momento.
Chas Chandler, bajista del grupo The Animals, se convirtió en su representante y lo convenció en 1966 de ir a Londres, donde había entonces un gran movimiento musical, juntos crearon el grupo The Jimi Hendrix Experience, con Mitch Mitchell en la batería y Noel Ridding, en el bajo.
Para 1967, en el Festival Pop de Monterrey, Hendrix realizó una actuación estelar, con quema de guitarra incluida. Dos años después intervino en diversos encuentros musicales como: Newport y Woodstock Music & Art Fair, en los que prendió fuego a su guitarra, arrodillándose ante ella y levantando los brazos como si estuviera en trance.
En 1969 se disolvió el grupo The Jimi Hendrix Experience, y comenzó a actuar en solitario. Colaboró con otros artistas de la talla de Sam Cooke, Ike & Tina Turner o los Isley Brothers, a los que aportó su genial chispa.
El Festival de Woodstock de 1969 fue seguramente uno de los eventos más representativos por el ingenio colectivo acarreado a la música de los años 60, y al movimiento flower power. En éste contexto, la actuación de Jimi Hendrix se convirtió en un símbolo del festival, además del pensamiento pacifista de aquellos años.
Hendrix era musicalmente empírico, esto significa que no tenía estudios clásicos serios sobre teoría musical. Sin embargo, esto no fue impedimento para lograr generar una musicalidad muy alegórica llena de expresiones orgánicas. Él pretendía lograr sonidos naturales y crear secuencias más allá de lo que parecía dar la guitarra eléctrica en aquella época gloriosa de auge y expansión del género.
Fue un usuario innovador de técnicas auditivas ejemplificando el poderío del feedback y el trémolo, logrando "riffs" hipnóticos llenos de poder y fuerza.
En 2000, se inauguró en Seattle el Experience Music Project (EMP), diseñado por el arquitecto estadunidense Frank Gehry, un museo construido en honor de Jimi Hendrix y de otros grupos estadunidenses de rock de la costa noroeste del Pacífico.
La construcción contiene, además de un archivo histórico, varias salas de exposiciones, un laboratorio de música rock, una tienda y un restaurante en el que se celebran actuaciones en directo.
En 2005, se subastó en 150 mil euros una guitarra Fender Stratocaste, que perteneció al cantante, que fue adquirida por éste 1970.
Tres años después, una de las productoras más importantes de películas pornográficas anunció que sacaría a la venta un DVD donde se puede ver al músico, manteniendo relaciones sexuales con dos mujeres.
En una encuesta realizada en 2009 por la página especializada británica "Music Radar", se eligió a Jimi Hendrix por el mejor "riff" en la historia de la música, por su canción "Voodoo child", superando a otras bandas de renombre como The Beatles, Rolling Stones, Metallica, AC/DC, Guns N' Roses, Led Zeppelin y Deep Purple, entre otras.
En 2010, la casa productora Sony Commercial Music Group, lanzó "Valleys of Neptune", donde incluye grabaciones en estudio que datan de 1969, un año antes de la muerte del músico y cantante.
Hendrix falleció el 18 de septiembre de 1970 bajo circunstancias que aún no han podido ser completamente explicadas, se dice que esa noche estuvo hasta tarde en una fiesta en la que su novia, Monika Dannemann, fue a recogerlo para dejarlo en su apartamento en el Hotel Samarkand.
De acuerdo con reportes médicos, el músico murió al poco tiempo y señalan la causa de la muerte por asfixia causada por su propio vómito, al haber mezclado pastillas para dormir con alcohol.
De hecho, Dannemann asegura en el testimonio original que Hendrix tomó nueve pastillas que le recetaba su doctor para dormir, y los médicos atestiguan que el vómito fue provocado por la ingesta excesiva de alcohol.
Pero su novia dice que el guitarrista aún estaba vivo cuando lo subieron a la ambulancia, y que fue la negligencia médica causada en la ambulancia la que provocó que se ahogase con su propio vómito.
Sin embargo, los agentes de policía y servicios sanitarios que lo encontraron en el apartamento, declararon que encontraron el cuerpo de Hendrix sin vida, e incluso que llevaba varias horas fallecido.
Ahora surge una nueva teoría proporcionada por uno de los asistentes del músico, James Wright, quien dio a conocer en su libro "Rock Roadie", que editó hace un año, en el que comenta que el deceso del guitarrista se debió a que su representante Michael Jeffery lo asesinó haciéndole tomar pastillas y vino, pues iba a despedirlo.
Según el asistente, muerto el artista, Jeffery podría cobrar el seguro de vida del músico, del cual era beneficiario el mismo manager, de hecho James Wright explica que todo lo que sabe se lo confesó el propio Michael Jeffery en una noche de copas, poco antes de morir en un accidente aéreo.

Seis curiosidades sobre Jimi Hendrix

Con motivo del aniversario luctuoso del famoso guitarrista estadounidense se ha puesto a la venta una edición especial de sus discos, al igual que un comic que relata la vida del artista.
17 de septiembre de 2011      por María Teresa Peña Pérez        Sección Genio Seis curiosidades sobre Jimi Hendrix

James Marshall Hendrix fue un guitarrista cantante y compositor que logó integrarse en el mundo musical revolucionando el uso de la guitarra a partir de técnicas auditivas desde los inicios de la década de 1960, consiguiendo que sus innovaciones en la materia se convirtieran en una fuerte influencia para otros artistas en diversos géneros.

Con motivo del aniversario de la muerte del conocido guitarrista, quien nació el 27 de noviembre de 1942 en Seattle y murió el 18 de septiembre de 1970, los creadores italianos Mattia Colombara y Gianluca Maconi, se encargaron de realizar una novela gráfica que relata la vida del artista llamado Electric réquiem, donde se recogen las experiencias en la vida del músico.

Asimismo se encuentra a la venta una edición especial de lujo, que contiene lo mejor del catálogo musical en vivo de Hendrix, con una variedad en sus versiones, las cuales podrán adquirirse en un box set con cuatro discos u ocho discos de vinilo, al igual que un solo CD o LP que contienen toda la selección de la caja.

En Londres, se abrió una exposición en el edificio donde el músico vivió durante 1968, ubicado en la Brook Street del barrio londinense Mayfair, misma que está abierta al público desde el pasado 24 de agosto y permanecerá hasta el 7 de noviembre.

En conmemoración de 41 años de la muerte del admirado músico, quien es un integrante más del famoso Club de los 27, Sexenio te trae seis curiosidades que posiblemente no conocías acerca de Jimi Hendrix.

***

- Originalmente el músico tenia por nombre Johny Allen Hendrix, pero sus padres lo cambiaron con el fin de conmemorar la memoria del fallecido hermano de su padre, llamado Leon Marshal Hendrix.

- El primer instrumento musical de Hendrix fue una armónica que obtuvo a los cuatro años; la primera guitarra acústica que obtuvo fue hasta los 14, misma que reemplazó el ukulele de una cuerda que utilizaba.

- Poco interesado en la escuela, abandonó los estudios antes de graduarse; sin embargo siempre obtuvo buenas notas e irónicamente su única calificación baja fue una F en clase de música.

- A principios de los 60 es enlistado en el Ejército, el cual decide abandonar a toda costa para dedicarse por completo a la música; buscando la baja militar declaró varias veces al psicólogo de la milicia que era homosexual.

- Con el fin de concretar una carrera musical, Hendrix fue presentado con Andrew Loog Oldham, entonces productor y manager del famoso grupo The Rolling Stones; sin embargo, la impresión fue negativa y el encuentro cerró momentáneamente el proceso de inserción a la música por parte del artista.

- Luego de alcanzar la fama, el músico realizaba mímica de actos sexuales durante sus conciertos, moviendo la guitarra al ritmo de la música contra el soporte del micrófono. Durante otra de sus famosas exhibiciones prendió fuego a su guitarra y la destruyó.


sábado, 17 de septiembre de 2011

FER ISELLA Y SU NUEVO DISCO: COSECHA.




Cosecha sorprende por sus posibilidades de acceso virtual, pero más por su contenido: el hijo de César Isella pasa de un tema de Radiohead a otro de Peteco Carabajal, en versiones deformes y experimentales.


 Por Cristian Vitale

Supóngase que se encuentran tres tipos en Corrientes y Esmeralda. Que uno resucitó y había muerto el día que James Rusell inventó el CD. Que otro es un hippie viejo que lo último que escuchó antes de recluirse en la montaña, en 1969, fue “In a Gadda da Vida”, de Iron Butterfly, en vinilo. Y que el tercero se perdió en la selva antes de que Internet comandara el mundo. Supóngase que, después de reconocer la ciudad, los tres quieren escuchar música –argentina, pero universal– y alguien les da Cosecha, el flamante disco de Fer Isella. “Ya sé, la pregunta es cómo se lo explicamos, ¿no?”, se ríe el hijo del César, jugando también al juego de las suposiciones. “Siento el resultado del disco como un puente orgánico fácil entre el mundo virtual y el mundo físico, lo análogo y lo digital. No le di la espalda a nadie”, es su primera impresión. Entre ambas franjas, enfrentadas y complementarias a la vez, transcurre entonces el disco que Isella chico presentará este mediodía en el Espacio Arte de Milo Lockett (Cabrera 5507), en el marco del Bafim. “Sigo creyendo en el formato clásico como una linda carta de presentación física y agarrable. Pero, al ser un nerd, también siento lo virtual como parte necesaria.”

Para ir al nudo, dicen que Cosecha es el primer disco en el mundo pensado para ser escaneado y escuchado como QR. ¿Qué es esto? Un código, como si fuera el de barras, que aparece en la tapa del disco, se reproduce –con su propia especificad– en el booklet que contiene los nueve temas musicales y al que se puede acceder desde cualquier smartphone (o sea, con aplicación lectora de códigos QR) sin necesidad de tener un reproductor a mano. “El QR es algo que impulsó Google hace unos años y se tornó estándar en Estados Unidos y en Europa. Si hoy vas a un festival, lo más probable es que antes de entrar veas esos códigos físicamente impresos por todas partes y que, si tenés un celular inteligente, puedas ver a qué hora toca tal banda, dónde y demás. Lo que yo hice fue tomar el QR, que se puede entender como una especie de realidad aumentada, para que sea más fácil acceder al website del disco y no sólo escucharlo entero sino también ver todas las repercusiones que tiene en otras personas”, desenrolla.

Para complicarles más la vida a los tres personajes que sólo querían escuchar música argentina pero universal, la palabra Cosecha va precedida por el hashtag (etiqueta de Twitter formada por el carácter #), lo que sumerge al disco en un universo virtual sin retorno. El signo, al ser manifestado, permite seguir todo lo que está aconteciendo con el disco: videos inspirados en los temas, fotos, ilustraciones, comentarios, remixes y todo lo que ocurra a los potenciales escuchas con cada uno de los temas. “El website es un blog que está basado en la plataforma Tumbler en donde pasa esto: los mismos fans pueden enviar obras inspiradas en lo que escuchan; ésa es la parte que me gusta, la parte interactiva real con la gente. Te podés meter en el sitio y enviar tus obras inspiradas en equis canción. Por ejemplo, si vas a ‘Go to sleep’, de Radiohead, la gente postea en ese tema algo que le inspiró y entonces, al abrir el librito físico del disco y escanear el código QR de ese tema, se ven las respuestas”, explica el músico, productor, compositor, pianista y gestor cultural.

–¿Y su padre qué dice del disco?

–“¡Qué música rara, chango!” Pero, en la medida en que la escucha, la va asimilando.

La variedad estética de Cosecha (propia del mundo Isella y ya mostrada en Doña furia gaucha, su disco anterior) es muy amplia. Va de “Go to sleep”, de Radiohead, a “Perfume de carnaval”, de Peteco Carabajal, o de “What will Rumi do?”, de Frank Zappa, a “Vidala para mi sombra”, de Julio Santos Espinosa, en versiones deformadas, jugadas y experimentales, pero respetuosas. Grabado en primeras tomas, con el mismo Isella en piano, rhodes, canto y kaoss pad; Lulo Isod en batería; Richard Nant en percusión, bombo y trompeta; Lucio Balduini en guitarra eléctrica; Ramiro Flores en bajo eléctrico; y la invitación especial del Mono Fontana para poner su teclado a disposición de “Vidala para mi sombra”, Cosecha transcurre entre, al menos, cuatro franjas cruzadas. “Es el ‘Tomorrow never knows’ de Los Beatles improbablemente cruzado con el folklore argentino. Mantra de bombo legüero, Radiohead y trompeta. Y de ahí en más todo. Toda recolección de frutos musicales es posible, los más variados climas musicales de un rock-jazz aún por inventar”, define Isella.

–¿El origen es la pasión o la elaboración?

–Lo que hago no parte de un laboratorio frío, de pensar “bueno, ahora voy a ser inteligente y voy a hacer un arreglo de un tema de Zappa”, sino desde la pasión de querer hacer un tema porque me copa. Soy un bicho de metrópoli y hay una confluencia de estilos sincera que me atañe en lo académico y experiencial. Ese soy yo, no soy un tipo como, qué sé yo, Dino Saluzzi, que se comió un estilo por haber nacido en un patio de tierra.

LENNY KRAVITZ: CANCIONES EN BLANCO Y NEGRO.





En Francia, uno de sus lugares de residencia, el músico habla de su nuevo CD, que presentará en la apertura del Personal Fest, el 2 de octubre, en medio de una primavera rockera de grandes conciertos


Por Mauro Apicella


   

PARIS.- Lenny Kravitz estira el brazo y ofrece el puño a modo de saludo, para chocar amistosamente los nudillos con su interlocutor. Parece la escena de una película ambientada en el suburbio neoyorquino donde el cantante se crió. Pero estamos muy lejos de ahí y todo tiene otra explicación. "No quisiera pasarle a nadie mis gérmenes", dice para justificar su saludo, mientras tose sobre el pañuelo que tiene en la otra mano, por una gripe que está al acecho. Pero todavía está en pie y disfruta de su estada en París, una ciudad que, a una estrella de rock tan cool como él, seguramente le sienta bien.

Desde hace décadas (siglos, en realidad) gran parte del diseño y la moda que se consume en tantas partes del mundo sale o pasa por acá. Y valga la aclaración: habrá que decir que, a estas alturas, el señor Leonard Albert Kravitz no es un prêt-à-porter. Con muy variadas influencias (incluso algunas que desde el principio de su carrera fueron muy evidentes) y un sonido vintage que lo acompaña desde hace casi tres décadas, este músico hizo de todo eso su propio estilo.

Lenny, ¿qué estamos haciendo acá, si por estos días no hay conciertos en Francia?, pregunta el cronista, que llegó a París para esta entrevista, antes de que el cantante actúe en Buenos Aires para presentar su nuevo disco, Black and White America , en la apertura del Personal Fest. "Paso buena parte del año acá. Creo que es la ciudad más hermosa. Hace 22 años que vengo. La primera vez fue cuando salió el disco Let Love Rule . Vine a Francia, fui a Inglaterra, Holanda y Alemania. Estaba muy interesado en la arquitectura, el diseño, en el arte", dice con voz nasal, de fuerte resfrío.

Pasa mucho tiempo en Francia. La sede de su empresa Kravitz Design está en Nueva York, donde se crió y tiene muchos amigos, pero su hogar está en Bahamas, el lugar donde nació su madre e inspiró temas como "Boongie drop", de su flamante CD. "Bueno, hay un gran contraste entre París y Bahamas -dice-. Allá tengo un estudio que me hice en el garage y donde grabé durante los dos últimos años."

Black And White America es, también, el nombre de la primera canción que suena en este CD. Cuando salió publicado, el último mes, el cantante contó que el tema fue inspirado en un documental que daba cuenta de que muchos norteamericanos no quieren a Obama por el color de su piel. Pero Kravitz dice en su canción: "Finalmente encontramos nuestros puntos en común /Somos una América negra y blanca".

- Si Obama no fuera afroamericano y tu presidente ¿habrías escrito esa canción?

-Probablemente sí. Habla del lugar de donde vengo. En donde crecí, en donde fui un niño en los setenta. Y también es la historia de mis padres. Por eso el color siempre fue una cuestión en mi vida. No para mi. Pero sí para los que están en el entorno. Crecí en una casa con diferentes colores y entre dos culturas. Sabés que mi papá es ruso judío y mi madre es de Bahamas. Yo no tengo problemas en torno a esto. Pero sí es una cuestión fuera de mí, incluso musicalmente: si tu música no es lo suficientemente negra, o lo suficientemente blanca o si no entra en esta batea o en la otra...

-¿Al haber escrito una canción como "Black And White America", podrías establecer una comparación entre el racismo actual y el de varias décadas atrás en los Estados Unidos?

-Es una situación diferente. La cosas son, obviamente, mejores con la actual generación. Ahora hablamos de Obama y no hubiéramos tenido un presidente afroamericano en aquellos años. Por eso digo que es un tiempo totalmente diferente. Mucha gente se sacrificó por lo que somos hoy.

-Lo pregunto porque imagino que una canción así la habría escrito un músico como Curtis Mayfield, hace cuatro décadas, o actualmente, si todavía viviera.

-Gente como Curtis Mayfield, o Marvin Gaye también, hicieron una hermosa música y escribieron sobre temas sociales. Son cosas que yo siento y que están en estos grandes artistas.

-¿Hablamos de otras canciones del disco? Contame quiénes son las Divas de Nassau, que describís en "Boon gie drop".

-Chicas que están bailando en un club nocturno. Esa canción, "Boongie drop" es una canción divertida. Pero el mensaje tiene que ver con la actitud y el lugar. Las chicas de las que hablo no son víctimas de lo que la "media" les marca como bello. Tienen su propio estilo. Muchas de ellas son gorditas, pero están orgullosas de su cuerpo. Tienen su honor. Está muy bien, no están preocupadas por entrar dentro del molde. En la sociedad actual es muy común ver a gente tratando de cambiar para entrar en lo que la "media" dice que es lo bello o indica cuales son las medidas.

-¿Vos no colaborás con esa "media" cuando te convertís en la cara masculina de una marca de ropa como Basement?

-No me considero un modelo. Soy quien soy, y no voy a cambiar eso, ni lucir mejor ni peor. Y no creo que por mí alguien salga de su casa con ganas de hacerse una cirugía plástica. No lo creo.

-¿Tu imagen te ayudó en tu carrera musical alguna vez?

-Nunca me pensé de esa manera. Soy un músico.

-Sé que antes de este disco pensabas grabar otro llamado Negrophilia . ¿O se trata del mismo sólo que decidiste cambiar el nombre?

-No. Es otro totalmente distinto. Estuve trabajando en eso. Pero en un momento tuve que dejarlo porque la inspiración me llevó para otro lado. No te podría decir por qué pasó. Fue así. Tuve que separar y decidir. Y fui hacia el disco que acaba de salir.

-Hace un año y medio se publicó una edición especial 20 aniversario de tu primer disco, Let Love Rule . ¿Cómo era el Kravitz de entonces y cómo es ahora?

-Ahora soy más tranquilo. Mi vida lo es. Solía estar rodeado de mucha gente. Ahora dedico me más tiempo a mí mismo. Pero en cuanto a la música, sigo sintiéndome inspirado..


Nuevo disco: Entre algunos hits, Kravitz interpretará temas de Black and White America.




viernes, 16 de septiembre de 2011

Pianistas virtuosos llenan las salas de concierto.



A principios del siglo XX, la imaginación artística y la riqueza musical eran más apreciadas que la perfección técnica. Hoy, en cambio, los virtuosos lo son cada vez más.

POR ANTHONY TOMMASINI - The New York Times


Pianistas como Yundi Li, de China, despliegan una habilidad técnica formidable. En los últimos diez años, el crecimiento de la idoneidad técnica de los pianistas ha sido notable. La última joven pianista china que cosecha elogios es Yuja Wang. Sí, Wang, que tiene 24 años, puede tocar cualquier cosa.

Deutsche Grammophon lanzó su primera grabación con orquesta: interpretaciones de la Rapsodia sobre un tema de Paganini y el Concierto para piano Nº2, ambos de Rachmaninoff y con la Orquesta de Cámara Mahler. El director es nada menos que Claudio Abbado, que es muy selectivo con sus colaboradores.

Rusia nos ha dado a Kirill Gerstein, que nació en 1979 y es el último ganador del prestigioso Gilmore Artist Award. Su extraordinaria grabación de la sonata de Liszt, "Humoresque" de Schumann y una pieza de Oliver Knussen fue una de las mejores de 2010. Este verano en el Instituto y Festival Internacional de Teclado de Nueva York, Daniil Trifonov, de 20 años, que acababa de ganar el Concurso Internacional Tchaikovsky en Moscú, dio muestras de una habilidad asombrosa.

La música clásica enfrenta una serie de desafíos, entre ellos una menor apreciación de la forma artística. Por otra parte, no todos los segmentos del público advierten el avance en lo relativo a la técnica. Muchos de quienes asisten habitualmente a conciertos han llegado a esperar que todo solista sea un gran técnico.

Hace unos meses, el pianista Gilbert Kalish, que da clase en la Universidad Stony Brook de Long Island, dijo que cuando los estudios de Gyorgy Ligeti, que exploran nuevos planos de textura, sonido y técnica, concitaron atención en los años 90, se los consideraba prácticamente imposibles. Sólo especialistas como el pianista francés Pierre-Laurent Aimard podían tocarlos. Pero ahora, dijo Kalish, "mis alumnos de Stony Brook los tocan con gran soltura".

En un reciente e-mail, Kalish escribió que los compositores siempre corren los límites: "Alguien crea un trabajo de una dificultad extraordinaria, que parece imposible de interpretar, y luego, tan sólo porque existe (y es excelente), la gente empieza a estar a la altura de la ocasión".

A principios del siglo XX, la imaginación artística y la riqueza musical eran más apreciadas que la perfección técnica.

Pianistas como Alfred Cortot, el joven Vladimir Horowitz y el propio Rachmaninoff tenían una técnica exquisita. Pero tanto el público como los críticos toleraban la interpretación imperfecta. Cortot gozaba de un inmenso respeto, pero su grabación de principios de la década de 1930 de 24 estudios de Chopin está plagada de errores.

En la actualidad, interpretar los estudios es prácticamente una exigencia para los principiantes. El brillante pianista ruso Nikolai Lugansky grabó los estudios completos en su segundo disco, que salió a la venta en 2000. Es fascinante comparar su interpretación del primer estudio de Chopin con la versión de Cortot. (Ambas están en YouTube.) La búsqueda de la perfección tiene sus peligros. Luego de que Van Cliburn ganara el Concurso Tchaikovsky en 1958, una nueva generación consideró el virtuosismo técnico como el camino a la fama, pero los críticos descubrieron que muchos casi no tenían otra cosa que ofrecer.

La excelencia técnica, sin embargo, es ahora tan habitual que los pianistas jóvenes pueden cultivar el estilo, como lo hacen artistas como el ucraniano Alexander Romanovsky, cuya grabación de 2009 de "ÉtudesTableaux", de Rachmaninoff, es de una belleza asombrosa, o el imaginativo polaco-húngaro Piotr Anderszewski, que es un excepcional intérprete de Bach.

Hay pianistas que tienen técnica para tocar cualquier cosa, y hay otros que tienen la técnica que necesitan para interpretar la música que tiene para ellos una carga de sentido.

En el primer grupo ubico a Richard Goode, Mitsuko Uchida y Andras Schiff. Entre los pianistas más jóvenes, el club comprende a Jonathan Biss, un intérprete sensible y cuidadoso, y al israelí David Greilsammer, cuya elegancia me resulta más gratificante que el virtuosismo hiperexpresivo de Lang Lang.

El hecho de que todos sigan en actividad indica que se ha alcanzado un nuevo nivel de dominio del piano.

Los pianistas son cada vez mejores, y son tantos los que son muy buenos que, paradójicamente, me siento menos impresionado por su virtuosismo.

La temporada pasada, Evgeny Kissin, uno de los pianistas más perfectos, tocó en el Carnegie Hall. Luego de su sonata de Liszt, un entusiasta del piano me preguntó: "¿Alguna vez escuchó interpretar esa pieza de forma tan magnífica?" La verdad sí. Y fue durante un espléndido concierto de Stephen Hough unos meses antes. Hough es otro pianista que puede tocar cualquier cosa. Bienvenido al club.

jueves, 15 de septiembre de 2011

FILM SOBRE VIOLETA PARRA: "Violeta se fue a los cielos"

 

Volvió a las radios y llenó las salas de cine con la historia de su vida en un Chile convulsionado. "Violeta se fue a los cielos", la película de Andrés Wood, la pinta en lo dulce y agraz, un vendaval de emociones a través de los ojos de su hijo Ángel, autor del libro en el que se basó el filme.

POR CAROLINA ROJAS
 
 
 
Este es un viaje por los recuerdos de un niño. Así lo resume Ángel Parra, autor de “Violeta se fue a los cielos”, el libro homónimo en el que se basó la pelicula sobre su madre. Cuenta Ángel que cuando vio el casting de Francisca Gavilán, la actriz que interpretó a Violeta Parra, lloró a los veinte segundos. Escuchó en ella la resurrección de esa voz rasposa interpretando El gavilán, y desempolvó los recuerdos de niño. Esas memorias van al fondo del personaje y evocan humana a la prolífica creadora.

Es el bosquejo de una mujer tenaz. En el filme Violeta cosecha el folklore chileno, desanda los campos agrestes buscando cantores populares que le transfieran sus cuecas, sus tonadas. Recorre Ñuble, la zona de Arauco, Chiloé, y desentierra la música norteña. De cerca la sigue Ángel, su niño, que juega de "padre-hijo" mientras trastabilla cargando una grabadora que lo iguala en peso. La historia, muestra a una Violeta Parra que no se victimiza, que persevera en su formación y se sobrepone a las adversidades, que no fueron pocas. "Nos interesó la creadora, a partir del reencuentro con lo más profundo de su cultura, aparece la genio. Eso, unido a una personalidad llena de contrastes…” define Andrés Wood, el director del filme. Y agrega: “Si quieres conocer a Violeta, léela, mírala, escúchala. Ahí está todo, no hay misterios".

Son los ojos de su hijo los que reflejan los caminos de la Violeta artista y, más difícil, de la artista mujer. Comunista, de origen humilde, fue ignorada y despreciada por la burguesía chilena. Después sí la aplaudieron, ya en la cima, cuando la presentaron como la primera hispanoamericana que expuso en el Museo de Artes Decorativas del Louvre, en 1964. La película rescata uno de los episodios que mejor retrata esa marginación. "Sordos" les gritó en el Club La Unión, en ese entonces, lugar de encuentro de la clase alta santiaguina.  Después de cantar, el presentador la desdeñó y la invitó a comer, pero a la cocina, para que no desentonara con los trajes de etiqueta de los comensales. En esta escena, se ve a una Violeta hosca para algunos, pero hosca en un país, que ya desde ese tiempo, tenía la costumbre de hacer distinciones, según la ropa y la apariencia de las personas.

El director enfoca de cerca carácter intenso: la Viola y su alegría como invitada al Festival de la Juventud en Varsovia, la Viola y el espejo deformado que aumenta las cicatrices que dejó la viruela en su rostro. Muestra sus viajes por Europa donde quedan atrás hijos y labores domésticas. Genial al fin, su figura también confronta los juicios machistas. Lo poco que se conocía de su biografía era la muerte de su hija Rosita Clara, a los nueve meses, por neumonía. "Mala madre", pensaron unos y otros, una lectura parcial que jamás ocurre con los hombres. Acostumbrada a llevar la procesión por dentro, tras la noticia de la muerte de su pequeña, decide quedarse en Europa. Wood acerca a la cantautora a los chilenos.

También explica por qué se ignoran aspectos básicos de su biografía. "Se intentó hacerla callar en dictadura. Esa inercia se mantuvo y la dimensión artística de Violeta ha permeado poco a poco esa indiferencia. Permanece en la memoria colectiva de este país, está dentro de nosotros, pero la desconocemos", sugiere Wood.

La película narra también la niñez de Violeta. Infancia a pie pelado, en medio de las casas de adobe de San Fabián de Alico, un pueblo al interior de la ciudad de San Carlos, trescientos kilómetros al sur de Santiago. Hija de un profesor de música al que le gustaban las cuecas tanto como el vino, y de una mujer de campo, ama de casa, los niños Parra bailaron de cerca con la pobreza. En ese tiempo la llamaban Violetita, y con su boca teñida de morado por su gusto de comer maqui, ya buscaba un público y cantaba con sus hermanos por unas monedas en las calles enlodadas. "Le dije a Andrés que su obra hizo nacer de nuevo a la Violeta que él estaba buscando. El espíritu, la atmósfera, se acercan enormemente al personaje”, reflexiona Ángel desde París. Su libro es bien literario, sin fechas ni nombres exactos.

Para quienes la conocieron, todas esas carencias fueron el cincel que moldeó a una mujer fuerte, cantautora de lo indecible y las injusticias sociales: "La primera rockstar chilena", precisó Wood. Y cómo no. El avión de Ángel Parra que lo traía desde Francia al estreno de la película, surcaba el cielo chileno, cuando abajo el movimiento estudiantil cobraba más fuerza que nunca, con más de cincuenta mil personas en la calles. Ahí estaba el descontento y Violeta con "Me gustan los estudiantes" de nuevo sonando en las radios. Su rostro en las gigantografías que promocionan la película parecía sonreír a esa revolución. Hoy su música está más vigente que nunca. "El pueblo adora a mi madre por lo que fue y por lo que dejó como herencia cultural. La película no salda deudas, es una obra cinematográfica, de un gran creador como es Andrés Wood", dirá Ángel.

Sus últimos días son historia conocida. La partida de Gilbert Favre, su "chinito", fue la gota que rebasó el vaso. Es difícil esclarecer si su profunda tristeza vino del fracaso de la carpa en La Reina, centro de arte popular, o de la autoimagen fea, pequeña y traicionada que develan sus súplicas al suizo. Violeta terminó con todas sus pérdidas de un disparo en la sien derecha el cinco de febrero de 1967. Al final, su personalidad rabiosa se puede descifrar: en otra dimensión, todos somos Violeta. Nadie escapa del desamor, la injusticia y del arrollador efecto de los sueños rotos. No hay fórmulas ni alquimias para esquivar el dolor. La artista fue todos esos sentimientos. De allí su grandeza.