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jueves, 15 de abril de 2010

NO DISTANCE LEFT TO RUN, LA HISTORIA DE BLUR en DVD

Un oasis del pop

La golpeada industria discográfica intenta cada día reinventar la manera en que se consume música, y su última idea es el lanzamiento de DVDs, a veces descartables, a veces interesantes. Por eso es tan grato encontrarse con uno imprescindible como el documental No Distance Left to Run que acompaña un concierto de Blur de 2009. La película es algo más que la historia del grupo contada por sus integrantes: es una lúcida reflexión sobre el pop británico de los ’90, una mirada a la vida de músicos en la cima y una mezcla de sinceridad, emotividad y voluntad de reírse de sí mismos admirable.

Por Martín Perez

Cuando los directores Dylan Southern y Will Lovelace tuvieron la primera reunión con los cuatro integrantes de Blur para proponerles hacer un documental sobre su reunión, todos se pusieron nostálgicos. Todos menos Damon Albarn. Southern y Lovelace sabían que era lógico que Albarn tuviese dudas, ya que venía de soportar otras cámaras sobre él durante casi seis años de rodaje para un proyecto fílmico vinculado con Gorillaz. “Pero lo vimos ir cambiando lentamente de opinión durante el transcurso de aquella primera reunión, estando en contra al comienzo para ir lentamente aceptando la idea, al escuchar a sus compañeros”, explicaron los directores, que recién dos semanas más tarde finalmente fueron convocados para sumarse a los ensayos previos a la mini-gira que significó la reunión de uno de los grupos emblemáticos del britpop durante el verano boreal pasado. Una reunión que no produjo material nuevo, pero sí dejó como prueba el documental No Distance Left to Run, que sagazmente alterna entre dos historias, que en realidad no son más que la misma. Por un lado, sus directores siguen al grupo durante su reunión, empezando con pequeños shows y culminando en los megaconciertos de Glastonbury y Hyde Park. Y, al mismo tiempo, sientan a sus cuatro integrantes ante las cámaras, y los hacen recorrer su historia, utilizando toda clase de material de archivo. Los recuerdos se potencian con el presente, y una historia que de manera lineal tal vez sería previsible se convierte en una inteligente reflexión sobre un grupo que siempre quiso ser reconocido como mucho más que sinónimo de britpop. Un logro que el fascinante No Distance Left to Run alcanza con creces, gracias a la lucidez de sus cuatro integrantes, que recorren su historia con una mezcla de sinceridad, emotividad y voluntad de reírse de sí mismos que resulta admirable. Algo que particularmente reluce en las declaraciones del generalmente elusivo Albarn, que demuestra una capacidad de análisis de su propia obra que pocas veces se suele escuchar de parte de un músico. Tal vez por eso aquellas dudas iniciales con respecto a la idea de un documental de estas características. Porque Damon evidencia en sus respuestas haber pensado demasiado tiempo sobre aquellos años. Y seguramente sabía que no iba a poder evitar contarlo todo.

GANAR BATALLAS Y PERDER GUERRAS

Uno de los mejores momentos de No Distance Left to Run es cuando Albarn recuerda aquel momento cumbre de la disputa con Oasis, cuando el primer single del cuarto álbum de Blur –“Country House”– y del segundo disco del grupo de los Gallagher –”Roll with it”– salieron el mismo día, y la prensa se hizo un festín con la inevitable lucha por el número uno. Alguno de sus compañeros duda sobre quién movió la fecha de salida original para que coincidan. Y enseguida Albarn confiesa: “Debo haber sido yo”. Y agrega, con algo de ironía cómplice, pero también encogiéndose de hombros: “Pensé que de eso se trataba todo esto”. Aquella vez Blur ganó la guerra, pero terminaría perdiendo la batalla. Porque la pequeña bandita de Colchester que reescribió las reglas del pop británico de los ‘90 a su imagen y semejanza, con aquel disco The Great Escape terminó –como se menciona sagazmente en el documental– haciendo el camino inverso de Los Beatles, arrancando su carrera tocando para sus fans atentos y recién después ante a un público de niñas aullantes. Así que, luego de aquella derrota, Oasis terminó conquistando el corazón del público rocker. Un detalle que Albarn no puede olvidar, preguntándose cómo fue que pudo haber sucedido algo así: “A partir de entonces, cada vez que entraba a un lugar, alguien se reía por lo bajo y hacía sonar Oasis. Por todos lados escuchaba a Oasis. Era algo increíble”. A pesar de semejante confesión, Albarn no suena tan vencido como en el revelador documental Live Forever (2003), que se vio en su momento en el Bafici, centrado en el fenómeno del britpop. Porque, lejos de haber resignación, hay aceptación de su parte, no sólo en ese tramo de su historia sino también en el recuerdo de unos comienzos miméticos o en el trauma de Think Tank, el disco que el grupo grabó como trío, dejando afuera al guitarrista Graham Coxon. Justamente, Coxon es otro de los grandes narradores del documental, confesional ciento por ciento. Las mejores anécdotas son las suyas, sin dudas. Ya sea emborrachándose en el pub con pintores de brocha gorda y decoradores como escondiéndose enfermizamente de Damon durante una visita al zoológico.

COOL BRITANNIA

Si bien Southern y Lovelace reconocen haber pensado en la película inicialmente como un western, contando la reunión de cuatro viejos amigos, en realidad lo que hicieron fue una buddy movie, que es casi una historia de amor. Es que la historia de Blur es la de cuatro amigos que muy jóvenes sacan un disco intrascendente –“Por suerte era una época en que podías sacar un disco que no importe demasiado, pero seguir en el negocio”, dice Albarn–, son estafados por su manager y, para cancelar sus deudas, aceptan una gira interminable e inútil por los Estados Unidos. A su regreso, frustrados porque ya nadie se acuerda de ellos y la cultura norteamericana parece haberlos perseguido, conquistado la escena rocker británica, deciden hacer la música más local que se les ocurra, prácticamente inventando –con una gran ayuda de los Kinks, claro está– el britpop desde su segundo disco Modern Life is Rubbish en adelante. Pero al mismo tiempo que conquistan la cima sus historias también son las de un líder con un romance público y acosado por los paparazzi, un bajista deslumbrado por la noche londinense, un baterista en crisis matrimonial y de las otras (“Tuve una crisis de mediana edad a la inversa: pensé que mi destino en realidad era el de ser abogado”, confiesa Rowntree) y un guitarrista hundiéndose lentamente en el alcoholismo. Si bien musicalmente logran reinventarse en su quinto disco, revelan que uno de sus hits –“Beetlebum”– hace mención al uso de heroína, y la larga novela de su separación en cámara lenta es narrada por sus protagonistas ante las cámaras de Southern y Lovelace. Que, al mismo tiempo, disfrutan con la reunión que los muestra en forma y con ganas de emocionarse por el solo hecho de poder volver a tocar juntos. Por eso es que No Distance Left to Run lo tiene todo. Buena música y una buena historia, a cargo de dos cineastas –responsables antes de esta película de unos clips de Franz Ferdinand– que son fanáticos confesos del fotógrafo Martin Parr y de los documentales de los hermanos Maysles. Pero que con los ojos bien abiertos y el simple recurso de dejar a los músicos contar su propia historia justo cuando tienen ganas de hacerlo, completaron un trabajo memorable. Ojalá todos los DVDs con los que la industria discográfica inunda las disquerías tratando de reinventar la forma en que se consume la música estuviesen al menos cerca de estas alturas.

No Distance Left to Run se consigue en edición local, acompañado por un segundo DVD con el concierto completo que Blur dio en el Hyde Park de Londres, en julio de 2009.


lunes, 8 de febrero de 2010

Nathaniel Ayers : Sólo mi chelo y yo

Años atrás, ver al niño sentado sobre la luna pescando sueños en el lago, que es el sello de Dream Works, era la premonición de estar a punto de presenciar una buena película, tampoco una que marque época pero al menos con todos los elementos necesarios para pasarla bien y querer volver a verla. La productora que nos mostró American Beauty se había quedado en el pasado hasta que el día de hoy vi The Soloist, aunque lo buena que me pareció es más por una cuestión de historia que por aciertos técnicos o artísticos.



El film del director británico Joe Wright finaliza mencionando que en la ciudad de Los Angeles (con Hollywood, Beverly Hills y el resto de the beautiful people), la quinta economía del mundo, noventa mil personas viven sin hogar. Noventa mil historias anónimas de locura, miseria, violencia, y una de ellas cautiva a Steve López (Robert Downey Jr.), un columnista de Los Angeles Times en busca de crónicas lejos de convencionalismos, perfiles individuales, íntimos, de habitantes de una ciudad donde todo pasa. Steve conoce a Nathaniel Ayers (Jamie Foxx), un músico que estudió en Juilliard y ahora vive en la calle, un vagabundo, parte del lumpen, que toca un violin de dos cuerdas, pero que siempre ha tenido al chelo como su instrumento principal. Un genio esquizofrénico (escucha voces todo el día) enamorado de la obra de Beethoven, incapaz de entrar a una habitación y obsesionado con la limpieza, de corazón puro y que entre devaneos varias de sus frases (pocas pero no una sola) está la verdad pura y dura.

La Alejandra de Ernesto Sabato en Sobre héroes y tumbas le decía a Martín, mientras ambos estaban el cuarto de ella, que para que Brahms haya escrito las hermosas melodías que estaban escuchando, en el mundo debió haber existido una cantidad de sufrimiento indescriptible. Algo parecido imagino al querer filmar escenas de todas las emociones (todos los sentimientos del mundo) que puede causar la música (desde la clásica hasta el jazz), y el director de The Soloist no acertó en esta tarea (lo + es que la historia es bastante sólida y los personajes creíbles; y después de haber visto la película de Charlie Kaufman, Synecdoche New York, donde se muestra a la vida real como una obra de arte, The Soloist podría ser el némesis que muestra al arte como un escape de la vida real y en algo lo logra). No hubieron los ingredientes necesarios para que se erizara la piel y la escena haya quedado grabada en el disco duro del cerebro (tarea difícil en algo tan sobrio como la música clásica, aunque las escenas del rezo, previo a la frase de que Bethoven y Mozart están en aquel hotel, igual de sucios y hambrientos, es genial). Le falto algo más al estilo A Beautiful mind de Ron Howard para reflejar esa pasión por algo que al mismo tiempo te destruye.

Las columnas de López se volvieron tan populares que la historia de Nathaniel se convirtió en un libro (y claro, después en la película que estoy relatando, es decir que Steven y Ayer realmente existen). Sólo que esta no es la historia de alguien que se relanza a la fama, al lugar que supuestamente siempre debió ocupar. Nathaniel ahora no está tocando en un teatro de Berlín o en Viena. Al menos dejó de vivir en la calle y tiene un amigo que no lo obliga a ser normal.
Nunca he tenido un columnista que realmente siga (por algo no sigo a Paulo Coelho u otros personajes de tan abominable estirpe), tal vez ahora soy más selectivo a la hora de leerlos, porque antes los leía a todos y leía más de un periódico al día; pero entre leer los Detectives Salvajes o alguna columna de diario con un comentario totalmente político, de hechos al parecer inalcanzables, prefiero lo primero. Aunque un periódico que cuente estas historias y les dé un seguimiento (sin necesariamente hacer las de Hunter S. Thompson) valdría la pena dedicarle tiempo. Claro que no hay que olvidar que estamos en tiempo donde, como decía David Sosa en El Telégrafo acerca de Truman Capote: hoy Capote estaría pidiendo permiso a su editor para que lo dejara ir a una calle porque su olfato le dice que allí se está cocinando algo y le estaría rogando para que no lo mande a una rueda de prensa del Gobierno de turno.




Acá abajo, el verdadero Nathaniel (que no sólo toca el chelo sino también el trombón, el saxofón, el violín, la guitarra y otros instrumentos más) en el programa 60 minutes de la CBS.


miércoles, 9 de diciembre de 2009

R.E.M. "Sing For The Submarine" film estreno.


Desde mañana se verán 50 títulos. Vincent Moon habla de su filme sobre R.E.M.

Por: Diego Lerer

"R.E.M., Sing For The Submarine", de Vincent Moon.

Mañana comienza la segunda edición del Festival de Cine Documental Musical de Buenos Aires In-Edit Cinzano. En el evento, que tendrá como sedes los cines Atlas Recoleta y Atlas Santa Fe, se presentarán cerca de 50 películas sobre artistas de variados géneros musicales.

Sin duda, uno de los más esperados es R.E.M. This is Not A Show, que acaba de ser editado con el nuevo álbum en vivo de la banda y que registra cinco noches de "ensayos con público" en Dublín.

Clarín conversó con el director del filme, Vincent Moon (nombre real, Mathieu Saura), un cineasta francés conocido por ser el responsable de los Conciertos para llevar (Take-Away Shows), originales clips en vivo de cientos de bandas -Arcade Fire, The National, Vampire Weekend, Sigur Rós y otras- que se pueden ver en el sitio francés www.lablogoteque.com.

"Lo conocí a Michael Stipe una hora antes del show en su camarín -cuenta desde Londres-. Le conté las ideas que teníamos para filmarlo a nuestra manera y él me dijo que le parecía un buen desafío y que confiaba en nosotros."

Moon los retrató de una forma inusual: como si fuera un miembro del equipo, registrando el show entre bambalinas, filmando preparativos, corridas y las canciones, en su mayoría nuevas, en blanco y negro. "Odio los conciertos filmados -dice-. Documentar es aburrido. Quiero que la cámara capture sensaciones, que interactúe con los músicos y con la gente".

Ese mismo espíritu es el que tienen sus Conciertos... "Mi amigo Chryde tenía ese blog y me propuso hacer notas en video con músicos y yo sé que ellos prefieren tocar que responder preguntas, así que hicimos eso. Voy a muchos conciertos de rock y me encantaba la idea de hacer algo en vivo pero diferente, lejos de los escenarios".

Moon trabaja inspirado tanto por el cinema verité como por los filmes experimentales de Peter Tscherkassky y dice que lo que más le importa en su trabajo es "olvidarse de la cámara, ser sincero y directo, combinar lo tecnológico con lo orgánico, el sonido con la imagen, y que todo eso llegue al cuerpo y no al cerebro."

Moon vendrá al país en febrero y tiene planeado reunir a músicos independientes un día y armar videos con todos. "Hay una escena musical allí excelente", comenta el director, que estuvo por aquí en 2001. "Era un momento raro", recuerda.

El Festival programará, además, películas nacionales sobre Las Pelotas, Miranda!, Kapanga, Los Violadores, la escena hardcore y la "fiebre stone", entre otras. Entre los filmes internacionales se verán Led Zeppelin At the Royal Albert Hall, de Peter Whitehead; Johnny Cash' America, Woodstock Now & Then, de Barbara Kopple y películas sobre Joaquín Sabina, Madness, Camarón, Sid Vicious, Patti Smith, Bill Withers, Dr. Feelgood y Scott Walker, entre otras. El programa completo en: www.in-editcinzano.com.ar.

sábado, 5 de diciembre de 2009

KAPANGA TODOTERRENO


“Intentamos que fuera una película bien fumona”

Eso dice el Mono de Kapanga sobre el film, y es evidente que les salió. “Laburamos desde la mente de un pibe de siete años, en la que todo puede pasar”, dice su co-director Pablo Parés. ¡Andate a dormir vos!

Por Luis Paz

Los bañeros más recontra-re-locos del mundo. Superojerosos. Super High Me, Master. Cualquiera podría haber sido el nombre de Kapanga Todoterreno. Pero para que así fuera, la película de la banda más festivalera de todas debería haber sido una sátira. Está bien que Farsa Producciones está detrás y que, por consiguiente, los guiños a clásicos del cine clase B, a videojuegos e historias fantásticas estarán presentes. Pero el flamante relato visual que retrata a Kapanga en una secuencia de escenas sin ton, ni son, ni razón es una obra original en sí misma, un acercamiento al loco mundo del sexteto conurbano a partir de una anti-lógica: “Laburamos la película desde la mente de un pibe de siete años, en la que todo puede pasar”, le explica al NO Pablo Parés, co-director del film junto a Paulo Soria y Hernán Sáez, todos de Farsa.

“Tenemos 28 clips en nuestra carrera, pero los clips son canciones, no hay diálogos. Además, los tiempos del cine son muy distintos”, empieza a recordar el Mono. Y aunque parezca que se queja de lleno, en verdad ni siquiera es un reclamo: “Igual nos cagamos de risa y la llevamos bien, nos divertimos mucho”. Hacer una película era “el sueño” de Kapanga: si ellos son “los Beatles de mierda”, como se bautizan en un momento de esta concisa road movie de 74 minutos, merecían su Help! de mierda. “Ponemos la cara en ser la primera banda que hace una película así, porque si la hacía otra iban a bardear, pero a nosotros nos lo permiten. Creo que los únicos que podrían haber hecho algo así son Los Decadentes”, piensa el Mono, que hace casi dos décadas no toma alcohol y hace no tanto tiempo se limpió del resto de lo que no le hacía bien.

Pero los yogures cannábicos quedaron y eso se nota: “Intentamos que fuera una película bien fumona, sin serlo expresamente. No queríamos que quede como apología, ni caer en un re cliché sobre el faso, pero bueno, Kapanga es Kapanga”, admite Parés, que comenzó la relación con ellos en 2005, para los videoclips de Postal y Rock, de Kapangstock. “En ese momento pegamos onda y nos contaron que querían hacer una peli, pero siempre quedó en el delirio, porque hasta la peli más chiquita lleva un esfuerzo muy grande siempre”, destaca Parés, que celebra por estos días que la productora que comparte con Soria, Sáez, Berta y Walter Comás, entre otros, haya estrenado tres largometrajes independientes: 100% Lucha. El ataque de los clones, Kapanga Todoterreno y Nunca más asistas a este tipo de fiestas, de próximo estreno.

Pero el delirio se convirtió en proyecto cuando el Mono, Maikel, Balde, Mariano, Maffia, Memo y su manager Bucky (que hace de sí mismo en el film) convencieron a Pop Art de que era preferible invertir el dinero disponible para los cuatro videoclips promocionales de Todoterreno, su reciente disco, en un film homónimo que los incluyera. La costumbre de Farsa por trabajar con bajo presupuesto llevó a que, con “poquísima plata”, pudieran sumarle una historia de casi una hora donde participan Alejandro Nagy, Sr. Flavio, Pablo Echarri, Pablo Lescano, Gillespi, Viloni y Flavio Pedemonti.

Todo entra en el Universo Kapanga. Y Parés, que prácticamente convivió con ellos durante los dos meses que llevó filmar la película, puede dar fe: “Son geniales, se la pasan de joda y cagándose de risa. Cada uno tiene su vida, porque ya son muchachos con familia, pero cuando están juntos es una fiesta, son como nenes de siete años a los que tenés que calmar para poder filmar”. El Mono la disfrutó más aún porque sabe que, teniendo los cuatro clips incluidos en Kapanga Todoterreno, “de acá a dos años” zafó del maquillaje y se puede dedicar a lo que mejor le sale, la música y el asado: “Soy un gran asador. Te aseguro que todos los que hago merecen arriba de 8 puntos. Aparte, son asados con todo, aunque seamos mi mujer, mi hijo y yo. Tengo una parrilla de 1,70 que no sabés la de chorizos, morcillas, mollejas, salchichas parrilleras, vacío, costillitas de cerdo, chinchulines, tira de asado y provoleta que carga”.

Todo bien, entonces, para filmar la escena del campeonato de asados. Pero el resto fue más complicado, asegura Parés: “Fue todo un tema trabajar con ellos, con Pablo Lescano y con Flavio, por ejemplo, que no están acostumbrados a actuar. Pero les encontramos la vuelta por el lado de la frescura, aunque hubiera que resignar en lo cinematográfico”. Lo más complicado, coinciden el músico y el cineasta, fue filmar con Ricardo Iorio (el Dios del Asado). Parece que el perro cristiano llegó al set, vio el escrito que Soria tenía pensado para él, armó un gargajo, lo escupió al piso, levantó la mirada y dijo: “¿Y si aparezco y no digo nada?”. Tras una larga negociación, la nueva oferta de Iorio fue poner una foto de Perón y que él hiciera la voz del General. Pero el interés era tal en tenerlo en cámara que finalmente la producción consiguió una foto de Perón luego de una odisea de una tarde en General Rodríguez. No porque hubiera sólo una, pero Iorio la quería “de un Perón no muy viejo y que no esté vestido de milico”, recuerda Parés.

Ah, pero, ¿de qué trata la película? Tardó en llegar la explicación, pero responde a la escasa linealidad del relato, lo que en absoluto es algo malo. A grandes rasgos: los Kapanga son “los mejores obreros del mundo”, pero están tan podridos del arquitecto para el que trabajan que deciden dejar la construcción y anotarse en un concurso de bandas beat (ver “Cine de cantautor”). De bromear, de eso se trata. De jorobar, como los Beatles en los films de Richard Lester. Como Cheech & Chong en sus películas ultralimadas, pero con homenajes laterales a El exorcista, Laberinto y las de James Bond. Si hasta un dragón-colectivo se trenza con Conan a la mitad del relato. Elementos como para hacer de Kapanga Todoterreno precisamente lo que buscó ser: una película ATP. “A Farsa nos suma público rockero por fuera del mundo más clase B y a Kapanga les suma público de cine no rockero, así que es una muy buena movida para todos y estamos muy contentos”, dice Parés.

La recepción del público fue fenomenal. En Mar del Plata, durante el Festival de Cine, la presentaron a bordo de un trencito de la alegría. En La Trastienda, el inicio de comedia musical con El albañil de fondo arrancó pogo y el final interestelar con El Mono relojero fue un delirio. “Ese tema no es parte de Todoterreno, pero quisimos meterlo porque es el tema más representativo de la banda y de la potencia que tiene en vivo”, explica Parés. Pero para el Mono también hubo otro motivo: “Casi 14 años después de que compusimos el tema, sigue teniendo vigencia con las disposiciones nuevas de Scioli en provincia y de Macri en Capital. En muchos sentidos es nuestro Cambalache.”

* Kapanga Todoterreno será proyectada en el marco del festival In-Edit Cinzano, el viernes 11 a las 19.30 en los cines Atlas Santa Fe y el lunes 14 a las 22 en los cines Atlas Recoleta. Y todos los sábados de diciembre en el Malba, a las 23.55. Mientras que Nunca más asistas a este tipo de fiestas, también de Farsa Producciones, se estrena este viernes en Espacio Urania Giesso, Cochabamba 360. A las 22 y a las 24.

PING PONG CON JULIEN TEMPLE



“La mejor cadena musical es YouTube”

El realizador de grandes documentales sobre el punk concedió unas respuestas por correo electrónico. En el In-Edit Cinzano presenta Madness: The Liberty of Norton Folgate.

Por Luis Paz

Entre las novedades que depara el festival In-Edit Cinzano (del 10 al 14 de diciembre en los cines Atlas Santa Fe y Recoleta) habrá un nombre ya conocido: Julien Temple, realizador de notables retratos documentales sobre el punk, los Sex Pistols, Joe Strummer, los Stones y Glastonbury, entre otros. No hubo tiempo para jugar al ping pong con Temple, que además tiene que hacer videoclips, editar los videos de los festejos familiares, guionar sus próximas películas y mandar el traje a la tintorería. Pero al menos se hizo rato para un ping pong de preguntas y respuestas con el NO.

–Estás cerca de haber hecho una veintena de películas sobre rock en tu carrera. ¿Qué viste tan especial en Madness como para hacer otra más?

–Ellos hacen carne el Londres subterráneo en su música y yo quería intentar hacer psicogeografía nuevamente, en otro film sobre Londres, así que se cruzaron los caminos y todo coincidió.

–En Madness: The Liberty of Norton Folgate hay elementos circenses, de teatro y de ese mundo extraño que es la cruza entre pop y rock. ¿Fue difícil elegir las piezas para armar el rompecabezas Madness?

–Relativamente, porque en realidad esa mezcla es histórica y viene del music hall, una tradición londinense de hace un siglo que junta el teatro y el circo con la música. Madness está fuertemente influenciado por esa corriente, que precede al rock, al pop y al reggae.

–Antes, las bandas no editaban diarios de gira, ni recitales. Y ahora las ficciones sobre rock son más comunes. ¿Eso cambia tu modo de hacer cine?

–Sí, me hace querer hacer documentales más ficcionados y ficciones más documentales.

–Ahora que Internet extendió la posibilidad de chusmear a los artistas, ¿se te hace más difícil encontrar algo nuevo e interesante que contar?

–Claro que siempre está bueno encontrar cosas que la gente no haya visto, pero es un mito que haya que saber mucho sobre algo para contarlo. Se trata de cómo lo contás.

–Y, como realizador audiovisual, ¿qué opinás ahora de los ex canales de videoclips en los que tanto participó la década pasada?

–Es desagradable verlos convertidos en una seguidilla de reality shows, noticieros y programas de idioteces. La mejor cadena musical es YouTube.

–Si el rock es una actitud y efectivamente no se trata sólo de piezas musicales, ¿cómo se puede atrapar esa actitud con una cámara?

–Sale naturalmente: los dejás hacer lo suyo y activás la visión nocturna.

–Sobre la actitud, ya hace 30 años que hiciste UK Subs: Punk Can Take it. ¿Seguís creyendo que el punk puede hacer la revolución?

–En realidad nunca lo creí, pero necesitaba un título contundente.

–Has visto, oído y filmado a muchas bandas en tu carrera; registraste la mugre, la furia y el lucro, lo bueno y lo malo del rock...

–Sigo siendo el mismo hijo de Shirley Temple que llegó a Brasil en 1978.

–Esperá, la pregunta era otra: grabaste a lindos y feos, las bancarrotas y las millonadas, ¿algún consejo para los que empiezan a hacer música?

–Ah. Mmm... que no dejen de visitar a sus padres.

* Madness: The Liberty of Norton Folgate será proyectada en los cines Atlas Santa Fe el jueves 10 a las 23.30 y el sábado 12 a las 19.

domingo, 1 de noviembre de 2009

MICHAEL JACKSON_"This is it": para el recuerdo


El estreno mundial de "This Is It" Famosos y fans colmaron la premiere del filme en Los Angeles. La película centrada en los ensayos de Michael Jackson se estrenó simultáneamente en 100 países.

Por: María Estévez

THIS IS IT. El trailer de la película fue presentado en los premios MTV 2009.

Simplemente extraño fue no ver a Michael Jackson en el estreno mundial de la película This Is It en el teatro Nokia de Los Angeles el martes por la noche. Arropado por los fans, por cuatro de los hermanos Jackson; Jermaine, Randy, Tito y Marlon, amigos como Will Smith o Jennifer Lopez, el director de la película y gran colaborador de Michael, Kenny Ortega, llegó acompañado por la presidenta de Sony Pictures, Amy Pascal, quien aseguró: "Michael hubiera disfrutado con esto". Sony pagó 60 millones de dólares por los derechos de las imágenes que Michael y AEG grabaron de los ensayos para la serie de conciertos que tenían previstos en Londres y que nunca llegaron a realizar.

Horas antes del estreno, una tormenta de viento se desató en Los Angeles que dejó congelada la ciudad. En el teatro hacia frío, los invitados tiritaban sobre la alfombra roja y aun así los corazones de los admiradores de Jackson latían con fuerza, brindando el calor necesario en esta helada tarde de otoño.

"Esta película es una celebración llena de tristeza", aseguró Tito Jackson en la alfombra roja. A su lado podía verse a Jennifer Love Hewitt y Jamie Kennedy. Al evento faltaron los tres hijos de Michael, y sus padres Joe y Katherine, que prefirieron mantenerse lejos de los 115 equipos de televisión desplazados de todo el mundo para una première que tuvo 5.500 invitados que ovacionaron a Jackson durante su brillante interpretación de Billy Jean.

Fue una gran puesta en escena al más puro estilo Hollywood, con bailarinas suspendidas de plataformas aéreas, como estaba previsto que hicieran para los shows de Jackson en Londres. Miles de curiosos que colapsaron el centro para poder ver de cerca a Will Smith, Quincy Jones, Paris Hilton, Forest Whitaker e incluso al alcalde de la ciudad, Antonio Villaraigosa, quien se declaró fan de Jackson.

Hasta el teatro llegaron también actores como Ashley Tisdale, Corbin Bleu y Monique Coleman, que trabajaron con Ortega en High School Musical, también estuvieron las protagonistas de 90210 Matt Latner y Jessica Lowndes; actores como Jamie Foxx, Allison Janney, Mario Lopez, Rosanna Arquette, Tyrese Gibson, Anne Heche, Martin Lawrence, Nia Long, Viveca A. Fox, y el mismísimo Mickey Rooney.

El director explicó por qué se estrenó la película en el teatro Nokia. "Aquí realizamos las audiciones de los bailarines, aquí ensayamos durante meses, aquí debíamos rendir tributo a Michael con This Is It".

Y al final quedaron aires de nostalgia en el inmenso teatro, lleno a reventar, el mismo lugar en el que Jackson ensayó y seleccionó personalmente a los bailarines que iban a acompañarlo en el O2 Arena de Londres durante 50 noches.

Tras el estreno hubo una imponente fiesta bajo una enorme carpa en uno de los estacionamientos del teatro. Los bailarines de Jackson amenizaron el evento mientras Paula Abdul y Lou Ferrigno miraban extasiados. En otra calle de Los Angeles la multitud empezaba a hacer largas colas en el Regal Cinema para ver el primer pase público del filme.

This Is It es una mirada a los bastidores, un documento dedicado a los fans de todo el mundo, una mirada a los ensayos del artista mientras él creaba el que iba a ser uno de los conciertos más importantes de su carrera como intérprete. La película refleja el trabajo del artista de marzo a junio, hasta el día antes de su muerte.

La película es un documental y no puede aspirar a ningún Oscar porque no fue estrenado a tiempo según las reglas de la Academia. This Is It se estrenó simultáneamente en 100 territorios y para ello el estudio ha enviado 15.000 copias que estarán en los cines durante sólo dos semanas. En su primer día en cartel, sólo en los Estados Unidos, la película recaudó 7,4 millones de dólares y se espera que supere los 40 al término del fin de semana. Estas cifras harán que Jackson -como observa la revista Forbes- ya supere a Elvis Presley entre los artistas fallecidos del rock y el pop que más dinero han generado en la historia.

Sorprende la energía del cantante en las últimas semanas de su vida: aparece en pantalla en buen estado, alegre, concentrado en su trabajo con la voz intacta y completamente entregado sobre el escenario. Su dedicación arrancó múltiples aplausos en el teatro, el público ovacionaba cada número, cada momento en el que Michael bromeaba. Fue sin dudas el concierto mas íntimo de todos, con gestos de complicidad del cantante hacia el fabuloso personal que pensaba llevar a Londres, como la imponente guitarrista Orianthi Panagaris, una mujer que Jackson ha convertido en estrella.

This Is It es el último gran trabajo de Jackson, un filme que no estaba grabado con el propósito de mostrarse a sus fans y que probablemente un perfeccionista como Michael jamás hubiera dejado que se estrenara, como bien ha explicado su hermana LaToya. Sin embargo, es precisamente esta visión, tan humana, tan cercana de Jackson lo que hará que el público redima al hombre tras la distorsionada imagen del artista. Que su trabajo no lo puedan celebrar sus fans en vivo es la verdadera tragedia de esta historia. Al menos nos queda This Is It para hacer las paces con el hombre y admirar al genio que era Michael Jackson.

jueves, 11 de junio de 2009

MARTHA ARGERICH, CONVERSACION NOCTURNA, DE GEORGES GACHOT



La película fue rodada en 2003, pero la misma Argerich la bloqueó en su momento y luego la autorizó. Todo eso queda a un lado frente al inusual retrato de una artista única, que la cámara expone en sus actos explícitos y sus ocultamientos.

Por Diego Fischerman

En septiembre de 2003, mientras Martha Argerich se presentaba en el Colón por cuarto año consecutivo, luego de trece de no haberlo hecho, se anunció el estreno de Conversación nocturna. Se trataba de un film documental de Georges Gachot en el que se alternaban algunas extraordinarias filmaciones de archivo con el primer plano casi excluyente de la pianista hablando de sí misma. Pero la película no llegó a verse. Argerich no dio su aprobación, interpuso un recurso y el juez actuante determinó que las copias existentes se retiraran de circulación. Nunca se aclaró exactamente qué fue lo que hizo que ella, que había hablado a cámara durante horas y horas y que seguramente ya había visto el film, decidiera un acto semejante. La hipótesis más verosímil terminó siendo que la estrella había decidido proteger el derecho a la exclusividad de una de sus hijas, que supuestamente también haría un documental sobre ella. Ese segundo film nunca existió pero, a cambio, finalmente, esta poderosa y descarnada conversación nocturna llega a los cines argentinos.

Milan Kundera narra, en el comienzo de La inmortalidad, el momento en que una mujer ya grande hace un gesto juvenil. En que la adolescente habita un cuerpo que ya no es el suyo. Martha Argerich es permanentemente esa mujer. Sus mohínes de Lolita genial y caprichosa, sus carcajadas repentinas, sus súbitos momentos de introspección y melancolía, atraviesan ese cuerpo –el de una mujer de más de cincuenta años– que ella no reconoce como suyo. “El otro día vi Gran Hermano”, dice, en el principio de la película. “No entiendo esa gente que quiere que vean su vida privada.” Y, por supuesto, a lo largo del film, no hace otra cosa que mostrar su vida privada. Y la muestra tanto en aquello que hace explícito como en sus ocultamientos. Mira a cámara y dice “no, apaguen la cámara”. En ese entregarse seguido de la retractación aparece el mismo gesto que la llevó a hacer retirar el film de la distribución.

Tal vez es en una de sus frases, “en la infancia es cuando sucede todo”, donde se encierra la clave. Gachot acierta al seguir el propio ritmo de la pianista. La deja ir y venir, deriva con ella. Y la figura del entrevistador está deliberadamente ausente. La cámara es una especie de espejo y es una niña, encerrada en otro cuerpo, casi disfrazada, la que juega a ser entrevistada. En el comienzo y en el final, Argerich toca junto a un niño prodigio del violín. Se muestra seducida, tal vez, más por la niñez que por el violín. No es ése, desde ya, el mejor momento musical. Verla a ella a los 16 años, en cambio, tiene una contundencia única. Y esa fantástica Partita en Do Menor de Bach que, en sus manos, se aproxima al jazz, vale por todo el documental. “Cuando toqué esa Partita en los Estados Unidos se me acercó un crítico de jazz a decirme que nunca la había oído así. Que yo la tocaba con swing. Por ahí es eso, ¿no? Se trata de tocar con swing”, reflexiona casi a solas. Y es posible que tenga razón. Que todo sea, al fin y al cabo, una cuestión de swing.

MARTHA ARGERICH, CONVERSACION NOCTURNA

Francia, Alemania, Suiza, 2003.

Dirección: Georges Gachot.

Fotografía y cámara: Milivoj Ivkovic y Matthias Kälin.

Montaje: Ruth Schläpfer.

Música: Luc Yersin.

Intérpretes: Martha Argerich, Nelson Freire, Friedrich Gulda, Charles Dutoit, Jörg Faerber y André Prévin.

jueves, 23 de abril de 2009

IRON MAIDEN: FLIGHT 666


EXHIBEN "IRON MAIDEN: FLIGHT 666"
Una gira mundial con avión propio
El filme se centra en un tour de la banda metalera,
mezclando sus potentes shows
con intimidades. Se exhibe en formato HD.

SONIDO E IMAGEN DIGITAL PARA VERLOS COMO SI FUERA EN VIVO.

Cómo hacer una gira mundial optimizando al máximo tiempos y recursos? Teniendo un avión propio. Así de fácil resolvió el grupo de heavy metal Iron Maiden encarar la primera parte de la gira Somewhere Back In Time, en 2008, que los llevó a presentarse en 21 ciudades en sólo 45 días.

Este periplo de 75.000 kilómetros a bordo del Ed Force One -un Boeing 757 comandado por el mismísimo vocalista del grupo (Bruce Dickinson)- quedó documentado en Flight 666, un filme que, aparte de los obvios detalles musicales, da una rápida mirada de las costumbres de cada país que los músicos visitan.

La gira arrancó en la superpoblada Bombay, India, destino virgen para el grupo y uno de los puntos más exóticos de la gira. Allí, el asedio de los fans -una constante en el documental- muestra cómo Iron Maiden llena estadios, esté donde esté.

Desde el comienzo, el filme se despega del típico rockumental amateur, de juergas y bromas obsecuentes, evidenciando un guión sólido, con entrevistas a cada integrante de la banda y participación de gran parte del crew.

El interés por las diferentes culturas del guitarrista Janick Gers como así también del baterista Nicko McBrain (quien participó en una ceremonia en un templo azteca) remite a una faceta poco difundida de los músicos, alejándose del prototipo fiestero. El bajista Steve Harris sale de gira con sus tres hijas, compone algo cuando tiene tiempo libre, mientras Adrian Smith juega al tenis, y Dave Murray, al golf. Pausas aprovechadas por los músicos, y también por Sam Dunn, el director del filme especializado en el género pesado con sus rockumentales Metal: A Headbanger's Journey y Global Metal.

Los chistes con las azafatas en el Ed Force One, los entretelones en el armado de los escenarios y las picantes declaraciones del manager se funden con las impactantes imágenes en vivo del grupo en cada uno de los países visitados. Desde varias partes de los estadios, Flight 666 plasma el poderío de Iron Maiden.

Fans llorando de la emoción luego de la presentación del grupo en Bogotá, una entrevista con Marcos Motolo, un pastor evangelista de Río de Janeiro que tiene 162 tatuajes del grupo en su cuerpo, o el constante acoso de los fans argentinos son algunas perlas de este documental heavy.

¿Puntos flojos? Quizás más información histórica para los que no los conocen (ex integrantes, discografía, etc.), le daría mayor altura a este filme que hoy tiene su estreno simultáneo en todo el mundo.

Esta película marca la primera exhibición nacional de un filme en Alta Definición (HD), cuya tecnología deja a un lado el celuloide y aprovecha las ventajas de la nitidez en la imagen digital, otorgando también un sonido arrollador. A la altura de un verdadero recital de heavy metal.

viernes, 6 de marzo de 2009

LOS RODRIGUEZ. 100 PAJAROS


100 PAJAROS, UN REVELADOR DOCUMENTAL SOBRE LOS RODRIGUEZ

De gira con una estrella de rock

Sergio Bellotti dirigió este film que acompaña la primera gran rotación de la banda de Andrés Calamaro por el país, a mediados de 1994, un año después de la salida de Sin documentos. “No tenían grúas, pero sí alma y asombro”, recuerda.

Por Juan Manuel Strassburger

La escena muestra a un Andrés Calamaro quince años más joven. Con pelo largo y colita, gorra y camisa leñadora. Un look raro, que no había tenido hasta entonces, y que no volvería a tener. Junto a él, La Mona Jiménez. Inconfundible. Igual antes que ahora. La cabeza repleta de rulos y la cara, de felicidad. Esa sonrisa que no le cuesta nada tener, que parecería no perder nunca. Ambos charlan con una florista, que los interceptó en la calle y abraza conmovida a Andrés. “Lo amo”, le dice, mientras le toca la cara, le besa las manos y les cuenta su buena suerte a los que pasan por ahí. Calamaro y La Mona reaccionan con naturalidad. El primero algo tímido, y el cuartetero, cuándo no, visiblemente feliz de que reconozcan a su amigo. La situación no habría pasado de un encuentro agradable, pero vulgar, entre un músico y su fan, sino hubiera sido por una señora, aspecto de jubilada, que entra de repente en cuadro para trastrocar la escena: “¿Quién es?”, le pregunta a la florista sobre el entonces líder de Los Rodríguez. “¿Cómo quién es, señora?”, le reprocha La Mona al ver que las explicaciones de la florista no llegan a buen puerto. “¡Es Andrés Calamaro!”, la reta, aunque sin perder la sonrisa. “No, no”, lo corta ella, haciendo oídos sordos. “Ya sé que vos sos Ricky Maravilla. Pero él, ¿él quién es?”

La situación –tierna, graciosa y finalmente absurda– pertenece a Los Rodríguez: 100 pájaros (el documental sobre la banda que abrió el In Edit Cinzano –ver recuadro con fechas y horarios–, la versión local del reconocido festival sobre cine y rock de Barcelona que empezó ayer y sigue hasta el domingo) e ilustra bien la magnitud del cambio –un verdadero abismo de diferencia– que operó sobre Calamaro desde entonces. Hoy sería inimaginable una escena así, por más necia que fuera la hipotética jubilada que los fuera a encontrar. Ahora el autor de “Paloma” es muchísimo más conocido, pero también muchísimo más popular, en el sentido estricto de la palabra. Sus canciones laten en el inconsciente colectivo; algo que ya ocurría con sus temas de Los Abuelos, es cierto, pero que ahora también abarca a sus señas particulares, como sus gestos, su manera de hablar y hasta sus rulos y lentes negros. Esa iconografía calamarense ya es un saber compartido. Y lo que esta película un poco viene a contar es el paso previo a ese gran salto, cuando Calamaro aún no había grabado Alta Suciedad, pero ya era fuertemente reconocido por temas como “Sin documentos” y “Salud, dinero y amor”.

“Para mí es el eslabón perdido, la cadena que faltaba en la historia”, sostiene Sergio Bellotti, director de este film que documenta la primera gran gira de la banda en el país, realizada a mediados de 1994, un año después de la salida de Sin documentos. Y destaca: “No tiene grúas, personal, grandes luces, pero sí alma, mucha ternura y asombro”. Y es que para hacer la película, que empezó como backstage, pero rápidamente tomó forma de road movie con sustancia de documental, Bellotti no contó con nadie, salvo con él mismo. “Yo era el director, el cámara, el que llevaba la batería. Lo hice todo solito y en diez días. Grabé casi nueve horas, de las que quedaron editadas sólo una”, destaca.

Un detalle importante es que no hubo ningún agregado posterior entre aquellas imágenes de la gira y hoy. Bellotti mantuvo guardadas las cintas casi catorce años y recién se puso a trabajar en el material cuando sintió la necesidad de hacerlo. “Es así, las películas te tienen ahí, a la espera, acumulando polvo, hasta que un día te llaman y te piden que las edites. No hay secreto.” Un poco a la manera de Rodrigo Espina, que acertó al retratar a Luca Prodan de la manera más despojada posible, Bellotti siguió la misma línea y convirtió la falencia de contar con cuasi nulo presupuesto en virtud. El director de Tesoro mío, Sudestada y La vida por Perón, entre otras muy buenas películas del cine argentino, recurrió al retrato intimista, la narración sin locución y, sobre todo, a la espera sabia, para capturar varios de esos momentos de verdad que hacen que los documentales de este tipo valgan la pena. “En varios momentos estuvieron al borde del sacrificio verdadero. Los vi poner el cuerpo como el torero frente a la bestia”, cuenta. “En el aire se sentía algo que tenía que ver con la ruptura que iba a venir tiempo después. Evidentemente, Andrés ya se estaba desligando de la banda. Aunque sin internas o secretos de ningún tipo.”

–¿En qué cosas se notaban esas divergencias?

–En detalles, cosas sutiles, gestos. En que charlaba uno y el otro por ahí miraba para otro lado. A veces había un clima donde estaba la parte argentina de un lado y por el otro, la parte española.

Según Bellotti, la banda no estaba del todo segura del grado de aceptación que tendría en el país. “Un poco desconfiaban de cómo los iban a recibir. Pero la gira se terminó haciendo de todos modos por el tesón de Andrés, que les decía a sus compañeros: ‘Chicos, vamos. Hagamos el esfuerzo de venir por poca plata a ver qué pasa. Nos va a ir bien’.” Sin duda, uno de los mayores méritos de Bellotti fue el haberse vuelto, por varios momentos, “invisible” ante la banda y su comitiva, pero sin perder las riendas del asunto: “Mientras yo filmaba siempre tenía un ojo en la lente de la cámara y el otro en lo que estaba pasando”.

Así fue que, además del encuentro con La Mona, Bellotti pudo registrar la famosa cumbre con Maradona en el predio de la Selección de Ezeiza (previo al Mundial ’94), cuando Fito Páez y Andrés le cantaron “Salud, dinero y amor” a un Diego visiblemente emocionado: “Maradona lo llamó a Fito para que fuera a la concentración y él le dijo: ‘Voy con un amigo, Andrés’. Y así se conocieron”. La relación entre ambos fructificó después a niveles insospechados, con el Diez participando en “Maradona” y “Hacer el tonto”, dos memorables canciones de Honestidad brutal. “Fito le abrió las puertas a Los Rodríguez. Entregó todo. Yo lo vi yendo a ensayar todas las tardes ‘Canal 69’ casi como un músico más. ¿Qué estrella, en su pico de popularidad hace eso?” El documental también capta algunos momentos con Charly García, cuando aún reinaba la paz entre ambos. ¿O no? “A Charly no le gustaba mucho la yunta Fito-Andrés, se ponía celoso”, recuerda Bellotti, más en tono de confidencia inocente que de reproche. El ex Seru Giran aparece haciendo unas morisquetas en el backstage antes de subir a tocar algunas notas algo desfasadas en el Gran Rex. Y en la siguiente escena, de regreso en un micro, Calamaro le pregunta con cierta ilusión al resto de la banda cómo había visto la presentación de García, a lo que el ala española le responde con una mueca de indiferencia. “Yo le dije a Andrés: no todos los días llega uno a su casa y termina en uno mismo; a veces uno termina en las cosas del otro. Yo creo que esta gira terminó en nosotros, en todos los que estuvimos ahí, y eso, para mí, es lo mejor que nos podía pasar”, dice Bellotti. “Es auténtica, no fue bastardeada”, resuelve, antes de ponerse a pensar en el estreno oficial.