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viernes, 29 de abril de 2011

ROGER (SEBASTIAN CARDERO), EX LOS PIOJOS, CUENTA SOBRE EL VUELO DE LA GRULLA





“Yo nunca dije la verdad”

El ex baterista de Los Piojos cuenta cómo fue su visión sobre el final de la banda y el rol de sus ex compañeros después de la muerte de Tavo. Rutina nueva, proyecto nuevo en ciernes.









Por Lucas Kuperman

”La grulla es un animal muy poderoso, fiel con los compañeros. Transmite fidelidad, y tiene mucho poder, mucha fuerza. Hay un símbolo japonés de una grulla peleando contra un tigre, y gana la grulla. Lo ves tan pacífico y es un animal muy fuerte”, explica Sebastián Cardero, más conocido como Roger, desde su etapa tras los parches piojosos. Y continúa: “Leímos que la grulla emigra todos los años de Alaska al Polo Sur, sin bajar, vuela de un solo tramo, y se nos vino a la mente el poder que tiene y lo empezamos a enroscar diciendo que estoy migrando de un palo al otro. Lo mismo que los chicos que tocaban en Audire. Estamos volando de un lugar a otro totalmente, a hacer otra cosa, a cambiar de hábitos, de vida. De tocar en una banda grande a hacer un cambio en mi vida, volver de vuelta a pelearla. Nos pareció que el nombre iba bárbaro”, sentencia el baterista.

Roger es un tipo sencillo, simpático, desenvuelto, y con esa humildad explica que la idea de juntarse a tocar con Fernando, su hermano, surgió hace años, pero que los tiempos que le dejaban Los Piojos no alcanzaban. Esto a Roger le generó vértigo, ya que por un lado la necesidad de tocar y de no separar una parte de la banda estaba latente, pero por el otro sentía que era una cuestión de amistad y no un sentimiento real por generar música. “Me costó darme cuenta de eso. Fue una decisión jodida, porque con Tavo somos muy amigos, por no decir fuimos, somos muy amigos. Es difícil enfrentar ese pensamiento, decir: ‘Loco, me bajo de esto para ver qué quiero hacer’.”

El batero cuenta que en febrero lo llamó Guillermo Cudmani (cantante y guitarrista de El Vuelo de la Grulla) para hacer un trabajo de sesión para un músico del exterior. Cuando terminaban los ensayos para ese laburo, de los que también participaba Fernando Cardero, se quedaban zapando y comenzaron a surgir distintas ideas, hasta que decidieron darle forma, y armar una banda.

“Me fui a lo de Pablo Romero (guitarrista y cantante de Arbol) con el demo y se lo mostré. Me preguntó qué quería hacer, y le dije que yo era baterista, que no era frontman, ni nada por el estilo. Ahí me dijo que me iba a ayudar, y seleccionó cuatro temas del demo para que los laburemos.”

Así comenzaron a grabar su debut discográfico, aún sin nombre, en el estudio del guitarrista, contando con la ayuda de Piti, Tavo, Diego Arnedo, Pablo Romero y muchos músicos amigos que colaboraron grabando, y facilitando equipos e instrumentos.

–¿Cómo modificás la cabeza cuando pasás de tocar para 70 mil personas, a tocar para trescientas?

–Disfruto haber vivido lo que viví, y de tratar de utilizar todo lo que aprendí en esa etapa para llevarlo a cabo en ésta. No es volver a empezar, tengo otra edad, otra cabeza y otras cosas vividas. Yo tuve la posibilidad, dentro de la Argentina, de haber sido uno de los músicos que más gente haya metido en un estadio con su banda. Ojalá esas cosas las pueda vivir de vuelta. Lo mismo decíamos con Piti, son cosas que ya viví, y sé que eso va a llevar un tiempo. Voy a hacer todo lo posible, con lo que aprendí, para poder lograrlo y tratar de equivocarme lo menos posible.

El músico cuenta que armó un perfil en Facebook para empezar a tener contacto con la gente, porque muchos querían saber qué estaba haciendo, ya que habían pasado casi dos años desde la separación de Los Piojos y, hasta el momento, él se había “guardado”.

–¿Cómo se dio la ruptura con Los Piojos?

–No fue un parate, como se había dicho, sino una ruptura. Fue un mensaje mal dado a la gente. Hoy ya lo digo y tengo mensajes de gente que dice: “Gracias por decir la verdad”. Yo nunca dije la verdad porque no salí a decir nada. Fue un mensaje mal dado de una persona, y no estuvimos todos de acuerdo con eso. No salgo a hablar, ni a decir cosas malas porque respeto mucho al público, que me trató bien desde el momento cero. Estoy inmensamente agradecido de todos los años que viví en la banda. Fui parte de esa familia piojosa que fue increíble, creció día a día y la respeto hasta el día de hoy. Esto tiene que ver con cosas que van a quedar en la banda y respeto quien las dice y quien no las quiere salir a decir, pero no me parece mentir. A la gente le digo que Los Piojos no pararon, se separaron. Lo que se salió a decir no fue lo que realmente pasó. Aclaro, pero no comparto ni me involucro en que la carta que se difundió no está escrita por todos Los Piojos. Fue una decisión tomada por toda la banda, en la cual se separó, no tomó distancia. Por algo se tocó en River, si no, hubiéramos tocado en el Buenos Aires, como estaba planificado. Los Piojos no van a volver a ser nunca lo que fueron, Tavo era una pieza fundamental de la banda.

–¿No creés que con tantas declaraciones cruzadas, que ventilaron internas de la banda, traicionaron el manejo que habían realizado durante 20 años, de que todo quedaba ahí? Uno decía Los Piojos y se le venía a la cabeza la banda de amigos que logró llegar.

–Cada uno tiene que salir a decir lo que quiere decir. Los Piojos se separaron porque pasó eso, había dejado de ser esa gran banda de amigos. Se perdieron algunos códigos desde ese lugar. La gente crece, toma otros rumbos, cambian sus prioridades, las necesidades, y ya no es la banda de los pibes de los 18 años, es la banda de tipos de 35 años, con familia, sus vidas y un montón de intereses. Ahí la banda no llega a ser lo mismo que era antes. No me gusta jugar con los sentimientos de la gente, y mucho más con esto. Son cosas que están claras, tanto para mí como para la gente. El día que tocamos en Groove estaba muy claro de qué lado estaba una parte de la banda y la otra. Dejó de ser tan importante la banda de amigos, y ahí fue cuando dijimos: “Los Piojos no se tocan”. Cuando se quiso tocar a Los Piojos, toda la banda se separó. Cuando estuvo la posibilidad de que dejaran de ser lo que fueron, se separó. Para que no se perdiera lo que generaba Los Piojos, lo dejamos. Yo creo que Los Piojos van a seguir siendo Los Piojos, porque se separaron.

–Después del accidente de Tavo, ¿no surgió la idea de juntarse, por lo menos a modo de homenaje? O para ayudar a la familia con lo recaudado.

–No. No hubo nada, sólo contacto visual cuando nos vimos. Nada de nada, cero respuesta. Había salido un rumor de juntarnos, pero yo no me enteré de eso. La gente se autoconvoca, y eso está bien para mí. Si les hace bien, está bien. No quiero que se engañen y les haga mal. La realidad es más dura de lo que se cree a veces, por eso no hablo tanto. Eso quiero tratar de guardármelo para mí y para mi psicólogo (risas).

La canción a su amigo

“No había compuesto letras en Los Piojos. Sí la parte musical y rítmica de la canción. Pero a nivel letras, no soy un buen poeta, y no me sale. Cuando fue la muerte de Tavo, Fer y Guille me preguntaron si no quería que trabajáramos una letra sobre él. Fue muy natural de parte mía escribirla, y fue un gran desahogo, porque estaba con muchas ganas de buscarle la vuelta de rosca para meterlo en el disco. No lo pude tener grabando, pero necesitaba tenerlo ahí. Me parece que quedó un temazo con una velocidad increíble. Espero que lo que puse ahí llegue a los que hayan conocido a Tavo.

–Está buena la vuelta de rosca de no haber hecho la típica balada melancólica y hacer algo con mucho power.

–Tavo era un tipo melancólico, era un tanguero, tenía amigos de 70 años, por eso le puse Chico viejo. Era coleccionista, tenía antigüedades, le gustaba tener las revistas El Gráfico y todo ese tipo de cosas, discos de todo tipo. Para melancólico lo tenía a él. Yo no soy eso. Hoy por hoy, soy El Vuelo de la Grulla y lo quiero tener plasmado en lo que soy. Ponerlo en la velocidad que estoy. Me gusta tenerlo presente en el disco.

Chico Viejo

Con su alma en Sudestada y su
manera de actuar.
Chico izquierdo, chico viejo, no te
puedo encontrar.
Ya no estás, no estás.
La marea que te aleja hasta otro
lugar.
Donde no puedo encontrarte,
donde no puedo estar.
Te veré...
Un espejismo postal del sueño que
acabó.
Un artificio virtual se tornó una obsesión.
Te recuerdo.
Una vez soñé que tu cara estaba
presente.
Te veré...
Un espejismo postal del sueño que acabó.
Un artificio virtual se torna una obsesión.
Te recuerdo.


jueves, 11 de junio de 2009

LOS PIOJOS, UN FRIO SOLILOQUIO DE BARRIO



Se detuvo el rompehielos

¿Que significa el parate de la banda liderada por Andres Ciro Martinez? El fin de una era de aguante consciente, un rito que buscara reinterpretarse en alguna otra banda de sonido de los tiempos que corren.

Por Mariano Blejman

Cada vez que el rompehielos “Irízar” –cuando volvía de la Antártida– salía a mar abierto, los marinos escuchaban el tema Agua de Los Piojos por el sistema de sonido del barco. Se había convertido en cábala, ya que con ese tema de fondo salieron de una tremenda tormenta que los tenía sobre hielo firme. La historia está contada en el documental Hielos míticos, de Daniel Bazán, sobre la gesta en la Antártida. Sin embargo, nunca se escucha en el documental el nombre del tema, ni el de la banda: “Es un tema de rock nacional”, repite hasta la insistencia el capitán, que está a punto de usar la zeta en la palabra “nacional”. Agua les daba calor a los épicos marinos y, durante años, a los miles de fans que peregrinaron sobre una de las cabezas más infectadas del rock barrial.

Los Piojos rompieron el hielo del aguante hace 20 años, tardaron casi un lustro en grabar sus primeros temas para Chactuchac (1993), diez años más para hacer el primer estadio de River Plate con la ebullición de la post-crisis en Máquina de sangre (2003), en el medio giraron en una nebulosa que incluyó varias participaciones en River, pero no propia sino más bien agitada por los sponsors y como banda soporte de The Rolling Stones, un aviso de parate en 2004 y cerraron su carrera en River por sexta vez después de sacar Civilización (2007), un gran disco.

El Eternauta de Héctor Oesterheld hubiera deseado como nadie estar en la platea de una noche donde casi cayó nieve en el estadio de River. Porque por momentos el frío fue tal que el agua ya no caía pareja y hacia abajo sino que se dejaba llevar por el viento envolvente. Tal vez nadie lo notó. Los Piojos iban a necesitar de esa capacidad de romper el hielo del carismático Andrés Ciro Martínez, al frente del barco. Si los rituales necesitan un lugar donde suceder, la puesta en escena de River refería una plataforma espectacular.

Bien de cerca, visto desde la fosa donde se parapetan los bomberos que sacan fotos con el celular y los empleados de seguridad que se matan por una púa, Ciro tenía más bien la pinta de un oficinista de fin de semana: zapatos, jean algo gastados, un peinado más bien despeinado, algo de barba –casi imperceptible–, un buzo negro, el perfil le daba medio culón, algo de busarda. Parecía un tipo común, pinta normal. Sin extravagancias. Uno de nosotros: 65 mil piojosos que entendían que esa persona que cantaba, aquel pibe de barrio que andaba en bicicletas por El Palomar, intentaba hacer mover a un estadio sin excusa mayor que la música como referente.

Porque Los Piojos representaron durante los años ‘90 un aporte a la lucidez frente al discurso neoliberal, con el guiño de sus referentes (Los Redondos los votaron en una encuesta hace mucho, la negra Poly y Skay fueron a sus recitales, Maradona subió al escenario para cantar Maradó), pero cuya faena se convirtió en una máquina infernal que probablemente cambió el escenario interno del emprendimiento: había demasiado en juego. El farolito, Verano del ‘92, el clip de Maradó en MTV, acaso, fueron los motores de búsqueda de una generación postergada por el discurso oficial, un agite y un aguante organizado, que tal vez fue mal interpretado por la generación siguiente, que pensó que el aguante incluía el peligro de la inconciencia bengalera y la despolitización de la prosa.

En los albores de la década ‘00, cuando la masividad de Los Piojos se multiplicó exponencialmente, amplificado por la izquierdización del discurso post-crisis 2001 y la asunción del rock argentino como banda de sonido de aquellos tiempos, algunos emblemas como Manise (el más votado por la web), Fantasma y Desde lejos no se ve (todos tocados en River) se convirtieron en algo más que temas musicales (tal vez faltó Como Alí). De allí que este merodeo con el final (“gracias por estos 20 años”, “las despedidas son esos dolores dulces”, citando al Indio) incentivó a las tribus piojosas a sufrir un poco más que de costumbre. Frías caras largas, delineadores corridos y no por la lluvia, grandotes barbudos y algo pelados pertrechados contra el escenario, niñas voluptuosas sobre los hombros de sus amantes, lloraban como marranos.

Porque lo que se acaba no es sólo una empresa, un barco que –como el “Irízar”– se estaba incendiando por dentro cuando decidió parar, y entonces poco importará para la crónica si Micky cantó o no uno o dos temas, si Tavo Kupinski le dedicó Sudestada al reciente salido Piti Fernández, si Ciro Martínez tomó decisiones artísticas y comerciales sin consultar a los demás, o si Daniel Buira volvió a subirse al escenario con La Chilinga después de un recordado portazo. Al menos por un tiempo, lo que pasó esa fría noche de River fue que se estaba yendo la posibilidad de los piojosos de festejarse a ellos mismos. Se escurrió el Agua que da calor y se imagina epopeya; se fue el Agua, que por cierto faltó a la lista de temas, como si Ciro Martínez no se hubiese animado a terminar de romper el hielo del todo.


viernes, 5 de junio de 2009

LOS PIOJOS_DESPEDIDA

LOS PIOJOS SE DESPIDIERON EN EL ESTADIO DE RIVER

Tras 20 años, la banda entró en un "parate". Y se despidió con un show de tres horas para cerca de 70 mil personas.

Por: Juan Andrade

HASTA... "ES UNA OCASION ESPECIAL", DIJO ANDRES AL PUBLICO. ¿SERA UNA DESPEDIDA DEFINITIVA?

Bajo una tenue luz azul, Los Piojos inauguraron el recital con una serie de ruidos extraños y una música incidental que remitían a una película de suspenso. El tecladista Chucky de Ipola acentuó ese rasgo misterioso y le siguió el juego al cantante Andrés Ciro Martínez, que se valió del clima enrarecido para convertirlo en una intro desacostumbrada de Te diría. Luego se encendieron todas las luces del escenario, la banda a pleno arremetió con el tema y en River se desató el ritual piojoso. Pero la forma de comenzar la última presentación del grupo antes del anunciado "parate" pareció aludir a una historia cargada de intrigas y con final incierto.

A esa hora, las 22 clavadas, el estadio lucía repleto. La lluvia de un sábado gris había cesado y el frío calaba hasta los huesos. Sin embargo, alrededor de 70 mil personas le pusieron calor y color a una noche impregnada por la clase de emoción que destilan sólo algunas despedidas. El fan que subió a leer su carta en representación de los que estaban en el campo, la platea y la popular también, citó a Gualicho de Los Redonditos de Ricota para poner en palabras un sentimiento compartido: "Las despedidas son de esos dolores dulces".

"Es una noche especial. ¿Están contentos de haber venido?", dijo el vocalista en su primera intervención hablada. Y, más que una arenga de su parte, se escuchó como una admisión. Por eso, de algún modo, Los Piojos pusieron todo su oficio y su talento como músicos para que la fiesta fuera completa. Salvo alguna excepción, las tensiones internas que los llevaron a tomarse un descanso por tiempo indefinido brillaron por su ausencia: parecían un equipo de grandes jugadores que dejan de lado las diferencias recíprocas para quedarse con la final de una copa. El resultado, en este caso, fue un show monumental y memorable en el que salieron ganando las canciones.

Al abordar un clásico de su repertorio como Ando ganas, por ejemplo, aceleraron levemente el tempo hasta convertirlo en una balada casi celebratoria. Enseguida arremetieron con una enérgica versión de Manise, un tema que hacía mucho no tocaban en vivo. Y más tarde dejaron que el público coree la letra de Tan solo, con la banda como base instrumental de apoyo. No se trataba de un show más y quizás por eso Los Piojos le dieron una vuelta de tuerca a canciones como Todo pasa, Luz de marfil, Manjar, El farolito, Verano del '92 (con La Chilinga como invitados) y también a su versión de Around & around/Zapatos de gamuza azul. Aunque resulte paradójico, en algún punto sonaron renovadas.

Después de casi tres horas de concierto y una interminable tanda de bises que incluyó un tema a pedido de los presentes (Los mocosos), de nuevo bajo la lluvia, el campo se seguía viendo como una superficie hirviente de burbujas humanas. "Gracias por estos veinte años", reconoció Martínez en su rol de líder. Obviamente, el cantito más repetido fue: ¡Los Piojos no se van!.

Pero si hubo un momento en el cual el estado de ánimo de los músicos y los fans pareció condensarse y hacerse explícito a través de una metáfora sutil fue al promediar la noche, cuando los primeros hicieron Pacífico y los segundos alcanzaron a tapar con sus cuerdas vocales las decenas de decibeles que brotaban de las torres de sonido, justo en la parte que dice eso de: "Voy a llevarte en mí/ y ahora sé muy bien/ que me llevarás/ hasta donde estés/ adonde vayas/ un tatuaje azul/ en la voz azul".