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viernes, 5 de junio de 2009

LOS PIOJOS_DESPEDIDA

LOS PIOJOS SE DESPIDIERON EN EL ESTADIO DE RIVER

Tras 20 años, la banda entró en un "parate". Y se despidió con un show de tres horas para cerca de 70 mil personas.

Por: Juan Andrade

HASTA... "ES UNA OCASION ESPECIAL", DIJO ANDRES AL PUBLICO. ¿SERA UNA DESPEDIDA DEFINITIVA?

Bajo una tenue luz azul, Los Piojos inauguraron el recital con una serie de ruidos extraños y una música incidental que remitían a una película de suspenso. El tecladista Chucky de Ipola acentuó ese rasgo misterioso y le siguió el juego al cantante Andrés Ciro Martínez, que se valió del clima enrarecido para convertirlo en una intro desacostumbrada de Te diría. Luego se encendieron todas las luces del escenario, la banda a pleno arremetió con el tema y en River se desató el ritual piojoso. Pero la forma de comenzar la última presentación del grupo antes del anunciado "parate" pareció aludir a una historia cargada de intrigas y con final incierto.

A esa hora, las 22 clavadas, el estadio lucía repleto. La lluvia de un sábado gris había cesado y el frío calaba hasta los huesos. Sin embargo, alrededor de 70 mil personas le pusieron calor y color a una noche impregnada por la clase de emoción que destilan sólo algunas despedidas. El fan que subió a leer su carta en representación de los que estaban en el campo, la platea y la popular también, citó a Gualicho de Los Redonditos de Ricota para poner en palabras un sentimiento compartido: "Las despedidas son de esos dolores dulces".

"Es una noche especial. ¿Están contentos de haber venido?", dijo el vocalista en su primera intervención hablada. Y, más que una arenga de su parte, se escuchó como una admisión. Por eso, de algún modo, Los Piojos pusieron todo su oficio y su talento como músicos para que la fiesta fuera completa. Salvo alguna excepción, las tensiones internas que los llevaron a tomarse un descanso por tiempo indefinido brillaron por su ausencia: parecían un equipo de grandes jugadores que dejan de lado las diferencias recíprocas para quedarse con la final de una copa. El resultado, en este caso, fue un show monumental y memorable en el que salieron ganando las canciones.

Al abordar un clásico de su repertorio como Ando ganas, por ejemplo, aceleraron levemente el tempo hasta convertirlo en una balada casi celebratoria. Enseguida arremetieron con una enérgica versión de Manise, un tema que hacía mucho no tocaban en vivo. Y más tarde dejaron que el público coree la letra de Tan solo, con la banda como base instrumental de apoyo. No se trataba de un show más y quizás por eso Los Piojos le dieron una vuelta de tuerca a canciones como Todo pasa, Luz de marfil, Manjar, El farolito, Verano del '92 (con La Chilinga como invitados) y también a su versión de Around & around/Zapatos de gamuza azul. Aunque resulte paradójico, en algún punto sonaron renovadas.

Después de casi tres horas de concierto y una interminable tanda de bises que incluyó un tema a pedido de los presentes (Los mocosos), de nuevo bajo la lluvia, el campo se seguía viendo como una superficie hirviente de burbujas humanas. "Gracias por estos veinte años", reconoció Martínez en su rol de líder. Obviamente, el cantito más repetido fue: ¡Los Piojos no se van!.

Pero si hubo un momento en el cual el estado de ánimo de los músicos y los fans pareció condensarse y hacerse explícito a través de una metáfora sutil fue al promediar la noche, cuando los primeros hicieron Pacífico y los segundos alcanzaron a tapar con sus cuerdas vocales las decenas de decibeles que brotaban de las torres de sonido, justo en la parte que dice eso de: "Voy a llevarte en mí/ y ahora sé muy bien/ que me llevarás/ hasta donde estés/ adonde vayas/ un tatuaje azul/ en la voz azul".

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