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jueves, 11 de junio de 2009

JAZZ EN USHUAIA








El notable grupo Escalandrum, que este año celebra diez años de vida, actuará el domingo.

El fin del mundo también tiene jazz

El encuentro Jazz al Fin arrancó con una muestra fotográfica y proyecciones de películas y documentales. Los platos fuertes comenzarán el jueves, cuando arranquen las presentaciones de quince representantes de todo el país.

Por Diego Fischerman

Ushuaia es bellísima. Tan bella como sólo puede serlo una ciudad construida sobre la falda de la cordillera y a orillas de un mar azul y profundo. Y es, también, una marca. El record de estar más al sur, es decir más cerca del Polo austral, que ninguna otra ciudad del mundo, le confiere un aura. Basta su sola mención –o esa cita equívoca a Verne y al fin del mundo– para que se desencadene una red de imágenes. Un festival de música clásica y la Bienal que se realiza con el preciso rótulo de “del fin del mundo” lograron ponerla en un lugar expectante de la escena cultural. Y, ahora, un festival de jazz bautizado Jazz al Fin redobla la apuesta.

Desde ayer, en que se inauguró una muestra fotográfica y comenzaron las proyecciones de películas y documentales relacionados con el jazz, hasta el próximo domingo 14, organizado por la Fundación Inti Main y con un fuerte acento en la muestra de las expresiones del género en el interior del país, el festival incluirá quince actuaciones de grupos y solistas, además de jam sessions en distintos puntos de la ciudad. La programación musical “oficial” comenzará el jueves a las 6 de la tarde con una parade a la manera de las tradicionales de Nueva Orleans –aunque por la avenida San Martín–, la actuación de una Big Band conformada especialmente y, luego, las presentaciones de la Banda Municipal. del uruguayo Diego Goldsztein y del cuarteto de Pablo Basez. Como sucederá en cada una de las cuatro noches, el cierre será con jam se-ssion y en un pub de la ciudad.

El viernes actuarám Bazar Mandala, de Ushuaia; la Occidental Sax Band, de San Juan, y el trío de Luis D’Agostino con Daniel “Pipi” Piazzolla y Mariano Sívori. Los locales Blue Velvet, el grupo de Alejandro Aranda, Marcos Archetti y Diego Goldsztein, y Osvaldo Listen y Hotel Confluencia, de Neuquén, serán las atracciones del sábado, y el domingo estarán El Sosias, de Mendoza; Lucía Bo-ffo Dueto, de la propia Ushuaia; el Ensamble Taller con la dirección de Marcos Archetti, que luego actuará con su trío antes de dar lugar al grupo Escalandrum, que en 2009 festeja sus diez años de vida. Este grupo cuyo nombre homenajea a la dinastía Piazzolla y a la pasión por la pesca de tiburones (escaladrun) y cruza esa palabra con drum, la batería que eligió como instrumento el nieto del célebre bandoneonista, es una de las experiencias más coherentes y estables de la escena musical argentina. Con un estilo en que el jazz no le teme a mezclarse con la fuerza de ciertos riffs del rock pero, tampoco, con pies rítmicos de los folklores rurales de América o del tango, gran parte del sonido tiene que ver con la tarea compositiva de su pianista, Nicolás Guerschberg. “El grupo arrancó en 1999 y hacía una especie de latin jazz –cuenta Pipi Piazzolla–; a pesar de que los temas eran nuestros había un sonido más similar a algo existente de antemano. En ese entonces tocábamos con bajo eléctrico, pero cuando se incorporó Mariano Sívori, en contrabajo, ese cambio tímbrico definió, además de un nuevo color instrumental, una serie de posibilidades compositivas. A mí me estaba interesando, por otra parte, una música que no estuviera tan definida, que tuviera más ambigüedades.”

Las preocupaciones del baterista y fundador de Escalandrum resumen las de muchos de los músicos del jazz argentino y, también, la de festivales como este de Ushuaia, en donde se rescata, más que la pureza genética del género, su espíritu de libertad. Lo que define al jazz, para unos y otros, tiene más que ver con la manera en que se juega con los materiales musicales que con su naturaleza en sí. Un ritmo de chacarera, en todo caso, puede ser tan jazzístico como cualquier otra. Es en la improvisación –o en su gesto– donde se pone en juego lo más importante.

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