Litto
Nebbia es un torbellino. Va, viene, viaja, compone, toca, edita,
produce, graba. Y todo eso no le impide escuchar música y acrecentar su
ya mítica colección de discos, ver cine –materia en la cual es un
verdadero experto– y estar al tanto de lo que sucede en literatura,
teatro, fotografía, pintura. A 45 años de la edición de “La Balsa” por
Los Gatos, tema generalmente considerado como el puntapié inicial de lo
que posteriormente se conocería como “rock nacional”, el motor que mueve
a este perpetuo creador no tiene miras de parar. Ni mucho menos.
Tan es así, que el propósito inicial de esta entrevista había sido
destacar la edición de su ultimo álbum, La canción del mundo, una
inusual edición con tres cd y un dvd lanzado a fines de 2011, que corría
el riesgo de pasar inadvertido entre el aluvión de visitas,
lanzamientos e información de todo tipo que inunda la escena a esa
altura del año. Diversos motivos, entre ellos sus múltiples viajes,
giras y actuaciones, hicieron que la entrevista se fuera posponiendo y,
en el ínterin, se fueron sumando nuevas ediciones: el cd 11 Vidas, con
canciones compuestas por Litto sobre poesías de Alfredo Lichter, y el
álbum doble Historia de un Creador, que contiene sus 30 canciones más
conocidas, algunas en versiones raras o inéditas. Además, la edición de
Sinfonías para catedrales vivas, subtitulado “Los artistas homenajean a
Litto Nebbia”, un álbum triple producido por el marplatense Fabián
Spampinato, que contiene 64 canciones con un rango muy amplio de
artistas versionando la obra del rosarino, quien también participa.
Pero no hay mucho tiempo para realizar un recuento. Nebbia, con la
mirada siempre puesta en lo que vendrá (en una época fue conocido por
negarse a interpretar las canciones de su pasado, entre ellas “La
Balsa”), prefiere destacar el plan que lo ocupará en la segunda mitad de
este año, la edición de nada menos que diez álbumes, algo cuya sola
enumeración podría dejar sin aliento a un artista con la mitad de sus
años.
–¿Cómo es eso de los diez discos?
–Hay una serie de discos míos del ’99 al 2001, que son El hombre que
amaba todas las mujeres, Siempre bailan dos y un tercero que
prácticamente nadie se enteró de que salió porque fue muy mal
distribuido, Corazones y sociedades. Yo los considero una trilogía de
composición, porque esos cincuenta temas los hice en un año, con el
mismo tipo de sonido y de idea. Voy a sacar un box set con esos tres
discos y un cuarto que se llama Borrador, que son las boludeces que hice
en mi casa antes de terminar los temas, cómo los escribí, dónde puse la
segunda parte, intimidades de la composición, algunas son graciosas,
otras son piolas técnicamente y otras son versiones sobre las que
algunos se preguntan por qué no las puso en el disco. Después de eso
sale el disco inédito que grabé en España en 2009, Soñando Barcos, con
letras de Juan Marimontes, un poeta de Salamanca que yo musicalicé.
Siempre cuento la anécdota de que a la primera poesía que me mandó le
puse música en cinco minutos, sin conocerlo; se la mandé y, al otro día,
la grabó Ana Belén. Yo le dije: “No nos conocemos y la primera canción
que hacemos la graba Ana Belén, hagamos más”. Al final hicimos quince
canciones. Juan consiguió un productor español y tocan algunos músicos
flamencos. Ese disco va a salir con un segundo cd de regalo, con muchas
actuaciones que hice en Europa, en Francia, Londres y Barcelona, también
en 2009. Lo edito de esa manera no sólo porque es una forma de meter
más música y cosas, sino porque quiero sacar ediciones que estén muy
bien cuidadas, con buenas tapas, discos de yapa, dvd, y que valgan lo
mismo. Primero, porque no lo podés piratear: te podrás piratear los
temas, pero te perdés todo lo demás. Segundo, porque si lo tenés más
barato seguramente vas a querer el original y tercero, porque me parece
que uno tiene que hacer eso por la gente que lo sostiene, la que lo va a
ver en tantos lugares donde uno toca, que es la que te permite que
toques toda tu vida. Si no tuviera esa gente que me sigue, estaría
trabajando en el hipódromo.
–¿Qué viene después de estos seis álbumes?
–Luego tenemos dos discos que adoro, que quedaron en vinilo y nunca
salieron en cd, Buscando en el bolsillo del alma, del ’89, y Nostalgias
del Harlem Español, de 1990. Son discos que no tuvieron mucha difusión,
porque fueron los primeros que hicimos con el nacimiento de Melopea y
nos daban menos bola que ahora. El noveno es un disco
inédito con Facundo Cabral, del año 2002, donde yo musicalizo letras
que él me fue mandando por fax. Lo hicimos en trío, con Quintino
(Cinalli, batería), César (Franov, bajo) y yo, toca un poco el Gordo
Fernández (trompeta) y cantamos a dúo con Facundo. El me persiguió para
hacer eso, quería tener un disco conmigo y me dijo: “Grabémoslo de forma
que lo podamos tocar en vivo igual que en el disco”, y yo le dije que
con el trío podíamos hacer eso. El disco empieza con los músicos que van
llegando a un pueblo, como cuando llega un circo a la ciudad, con un
tema que se llama precisamente “Paso del circo”. Es muy distinto de lo
que hacía él, que era fundamentalmente recitado: este disco tiene
melodías, arreglos, es muy lindo.
–¿Por qué nunca se editó?
–La idea era que iba a salir el disco y nos íbamos a ir de gira por
toda Latinoamérica, hasta México. Se fue dilatando, una vez él tenía una
gira por Estados Unidos, otra vez yo sacaba mi disco y lo que sucede
cuando pasan dos o tres años es que finalmente lo dejás ahí guardado.
Nunca se me ocurrió sacarlo y mucho menos cuando pasa esto de su
asesinato, pero ahora apareció su mujer, y me vino a decir: “Facundo me
habló del disco, ¿por qué no lo sacamos?”, así que vamos a editarlo.
El décimo y último disco previsto para este año contiene sus nuevas
canciones y es, a la vez, la presentación de un proyecto llamado Aire
Fresco, con Daniel Homer en guitarra, Juan Ingaramo en percusión –-hijo
de Mingui Ingaramo, de Los Músicos del Centro, una banda cordobesa con
la que Litto trabajó en los ’80–, y el propio Nebbia en piano y órgano,
con algún invitado ocasional. “Yo toco piano y órgano, y al no haber
bajo ni otro instrumento armónico, con Homer que toca muy bien y que lo
conozco hace muchos años, hacemos mil acordes de paso y parece una
orquestita, cuando en realidad somos tres gatos locos”, se entusiasma
Litto.
–¿Aire Fresco es el nombre del trío?
–En realidad no sé si es un trío, porque a veces viene un flautista u
otro invitado, quiero tener libertad. Tampoco quiero poner un nombre de
grupo, quiero que se entienda que es un nuevo disco mío tocando con
tipos que me gustan, con menos formalidad de que sea un grupo estable.
La cosa pasa como siempre, por tocar con gente que le guste lo que vos
escribís, y también por compartir los gustos musicales. En ese sentido,
hace falta encontrar tipos que sean bastante cultos en el panorama de la
música. Y ahí no tienen nada que ver la edad ni la experiencia, porque
Homer es de mi generación, y conoce Tamba Trio, Luiz Bonfá, Antonio
Carlos Jobim, toda esa gente, pero el otro pibe tiene 23 y también los
conoce. Es bárbaro estar con un percusionista que te diga si conseguiste
el último disco de Gilbert O’Sullivan.
–¿Cómo surge este proyecto?
–Después de haber desarrollado durante los últimos años el rock y el
blues eléctrico con La Luz, tocando la guitarra eléctrica que hace
tanto que no tocaba, me salieron un montón de temas que están
relacionados con, por ejemplo, las comedias musicales de los años ’50 y
’60, o con el clima de la bossa nova original, también de los ’60. Yo
siempre tengo anotadas tres o cuatro cosas que quiero desarrollar y,
entre ellas, tenía la idea de hacer un disco con Daniel Homer. Lo llamé y
grabamos dos temas, en principio los dos solos, pero yo armé una
batería, y él me dijo “dejame que le pongo un bajo”, es algo que puede
más que no-sotros. No me quería quedar clavado en esos discos de dúos
donde hay un guitarrista y un pianista mostrando lo mucho que tocan,
quería que hubiera más cosas. Traje más temas, y convidamos a un
flautista, Leopoldo Deza, y a un percusionista, que es Juan Ingaramo. Yo
quería que pudiéramos tocar en un montón de lados sin volvernos locos
con la exigencia de sonido, porque el formato de banda de rock requiere
que haya un sonido muy bueno. Pero al tener piano y guitarra que se van
entrelazando con la percusión de fondo, es un formato más flexible.
Tenía una idea de algo suave, blando y, cuando lo escucharon, un par de
tipos me dijeron “qué lindo aire que tiene esto”, o “qué fresco que
suena”. Y ahí dije, claro, es como un aire fresco.
–¿El repertorio está compuesto por temas nuevos?
–Hacemos todos temas nuevos, menos dos canciones viejas que son
“Rock de la mujer perdida”, de Los Gatos, y “Mujer de los mil días”, de
mi primer disco solista, pero que arreglamos para el sonido de este trío
y quedan muy lindas. También hacemos un tema de Jorge Dalto y uno de
Natalie Cole, instrumentales.
–¿Aire Fresco significa el fin de la etapa con La Luz?
–La Luz se apagó (risas). No, eso suena muy cruel. La verdad es que
el proyecto de La Luz me encanta, y me gustan los discos que hicimos, el
primero, Danza del corazón, los dos cd y el dvd The Blues, el disco con
Calamaro, El Palacio de las Flores, y también están en parte de La
canción del mundo. Pero pasa una cosa con los grupos, que es muy difícil
que lo que uno construye y compone esté sincronizado con el deseo y la
satisfacción de tus propios compañeros. Yo siempre hago el chiste,
“muchachos, Los Beatles se separaron”. La Luz primero sufrió la
deserción de Ariel Minimal, luego entró Gonzalo Aloras por un tiempo,
pero también salió su disco solista y hubo también unos meses en que
Daniel Colombres estuvo enfermo, gracias a Dios ya se curó y está bien.
Pero yo tengo un cohete en el orto, me gusta mucho progresar, sacar
cosas nuevas, y para eso todo el mundo tiene que estar conforme y con la
misma vibra. A veces no hay la misma disposición para ensayar y tiene
que ver con que cuando pasó un tiempo de la formación, el entusiasmo de
la primera época se transforma en un trabajo, “che, ¿hay show el
sábado?”. A mí me parece bien que cada uno tenga sus proyectos, pero
llega un momento en que digo “ahora quiero ir en esta dirección”, y
quiero hacer esto y lo otro.
El placer de hacer
Por supuesto, en el caso de Litto “esto y lo otro” es casi una
minimización. Resumiendo la actividad de los últimos días, dice que tocó
veintitrés veces en cinco semanas, en distintos formatos. Solo, junto a
Emilio Del Guercio y Ricardo Soulé (en un show que le gustaría llevar a
Buenos Aires), con Aire Fresco haciendo la “Suite de Malvinas”, que
compuso para una obra de teatro. Que participó en grabaciones de gente
tan diversa como el solista Andrés Ruiz, el bandoneonista Ernesto Baffa y
el cantante tanguero Alberto Podestá. Cuando alguno le objeta esta
especie de hiperactividad o que edita demasiado material, Nebbia
responde que “lo hago porque a mí me da satisfacción, no me está
obligando nadie, y cada vez me llama más la atención cuando alguien me
dice “¿cómo podés hacer eso?”. Yo, en realidad, no puedo hacer lo otro,
no puedo estar cinco años sin grabar un disco. Si entrás en All Music
Guide y ves la discografía de Chick Corea, o de Herbie Hancock, son como
48 páginas. Y los tipos contestan “¿sabés por qué estamos todo el día
grabando? ¡Porque somos músicos! ¿Qué querés que haga, que vaya a hacer
gimnasia?” (risas).
Por si esto fuera poco, Litto ya está pensando en el después.
Comenta que cuando termine el disco de Aire Fresco empieza a grabar uno
musicalizando textos de Jorge Boccanera, un poeta que conoció cuando
ambos estaban exiliados en México y con el que ya ha compartido varias
canciones, pero nunca un álbum entero. “Con quién lo voy a grabar
todavía no lo sé, quizá toque más cosas yo”, explica, y remata con un
“pero me gusta el movimiento”. Como si hiciera falta la aclaración.
Pero antes de todo esto llegó La canción del mundo, un trabajo donde
el rosarino se da el gusto de incluir prácticamente todas sus facetas
musicales. Temas solo, en trío, con cuarteto, con diversos músicos,
nuevas versiones de viejas canciones, temas en colaboración con
distintos poetas, y hasta uno titulado “Estaré lejos de mi hogar”, cuya
primera parte fue grabada en 1969 para el film El extraño de pelo largo,
y la segunda en 2011, tan sólo 42 años más tarde.
–¿Cómo se gestó el proyecto de La canción del mundo? Un
artista que edita una caja con tres cd y un dvd que no es un compilado
sino su nuevo disco, es un acontecimiento único.
–Comencé grabando con La Luz, para un supuesto disco futuro. Esos
temas tenían arreglos bastante complejos, entonces les propuse venir un
día a ensayarlos, más que nada para ponernos de acuerdo en los matices,
la intención, los arreglos y, al día siguiente, volver y grabarlos. No
como otras veces que lo tocamos leyendo la partitura y queda grabado, y
en la otra semana tocándolo en vivo nos damos cuenta de que recién ahí
lo estamos ablandando. Pero Minimal, que toca la viola como la puta
madre, pero no sabe ni los nombres de los acordes, me dijo que no lo
podía tocar, como que lo tenía que estudiar primero y grabar el mes que
viene, entonces lo tocábamos como trío y él quedaba debiendo una
guitarra. Grabé esos ocho o diez temas, con la idea de retomar, pero no
fue posible por las giras, porque Colombres se enfermó, por una cosa u
otra, y mientras pasaba todo eso se iban acumulando temas, porque yo
vengo al estudio una mañana y te grabo dos o tres canciones, y después
de un tiempo tenía más de veinte.
–También hay temas instrumentales, que son como su propia versión de la música étnica.
–Estaba obsesionado con esto de meter viñetas instrumentales, esas
cosas que yo hago como de música étnica de Azerbaiyán, que a mí me
gustan... estuve estudiando cosas de la música folclórica, y en
cualquier lugar de la tierra es igual, tiene tres tonos, el del
comienzo, el dominante y el subdominante, lo que cambian son los
instrumentos. Y todas tienen improvisación vocal, como la del cantaor
flamenco, la del tipo que va cantando por la calle en la música
italiana, el jazz tiene el scat, nosotros tenemos el payador. Eso existe
en todos lados.
–Esos instrumentales hacen referencia a música de distintos lugares.
–Sí, por ejemplo “Western China” es como música china, pero instrumentada por Ennio Morricone cuando hace un spa-ghetti western.
–¿Escucha mucha música étnica?
–Escucho bastante, lo que más me gusta es de Turquía, de Moldavia,
¡cómo cantan! Cualquiera que canta en esos lugares, apenas empiezan te
ponés a llorar, otra que Cantando por un sueño. Es como que están
convencidos de que cantar es dar el alma. Me encanta esa música, entre
las cosas que más escucho están Aziza Mustafa Zadeh, un pianista de
Moldavia, Oumou Sangare, una cantante africana, Oum Kalthoum, cantante
clásica árabe, Ali Farka Touré, guitarrista de Malí, Arto Tumboyaciyan,
percusionista rumano, y rarezas del mar Caspio, el mar Negro, Turquía,
Azerbaiyán, Georgia, Armenia. Son cosas que consigo cuando viajo al
exterior, por ejemplo un día en Niza, que está lleno de árabes, me meto
en un negocio a comprar una alfombra y escucho la música que están
pasando, y terminé comprándole todos los cd, que eran suyos, no estaban
en venta. Es muy inspirador cómo cantan y cómo tocan. Pero si llego a
hacer un disco entero de eso van a decir “éste se volvió loco”. Entonces
dije, bueno, voy a armar un álbum completo que contenga todo mi mundo
musical, que sea un nuevo disco de Litto Nebbia donde la gente pueda
escuchar una canción que hice a los 18 años, como también hay, y una que
hice hace un rato, y una que tenga que ver con eso del mar Caspio, pero
que se dé cuenta de que todo eso está dentro de la propuesta musical de
uno, ¿y cómo se llama eso? Canción del mundo.
–Que es también el nombre de un tema.
–Encima me salió en Madrid “La canción del mundo”, donde habla de
cómo es esto, que no tiene una bandera, que cruza la frontera, esa
historia. Y hablando con un fotógrafo amigo que vive en España, Ricardo
Murad, le comenté que no quería sacar en este disco una foto mía, sino
algo que estuviera relacionado con lo étnico. Me dijo que el fin de
semana le había salido un laburo de fotoperiodismo en Marruecos y,
cuando volvió, me trajo esa foto de La Medina, de un barrio que se llama
Ciudad Antigua. Cuando la vi dije es perfecto, parece una pintura, pero
para que tenga respiración tiene que ser un tríptico, porque en el
formato de cd no va a lucir. Ahí empecé a sumar, y de golpe me di cuenta
de que tenía mucha música y que era muy difícil compaginarla. Entonces
compaginé un disco como si fuera el único, quedó muy bien, y dije voy a
compaginar otro disco, con la misma idea, que tenga cambios de ritmo, de
tonalidad, de instrumentación y después hice un tercero, y me quedé
conforme con las tres compaginaciones, como que cada disco se defiende
por sí mismo. Y luego empezamos a juntar cosas para el dvd, donde cada
vez quiero poner cosas más zafadas, como chistes, intimidades, hasta hay
una parte donde presento al gato.
–Además el dvd también sirve como un recorrido por otros trabajos que no están incluidos en La canción del mundo.
–Exactamente, uno hace una cantidad de colaboraciones lindas con
otros artistas, los cuales tampoco tienen divulgación en ningún lado,
entonces aprovecho ese espacio del dvd para poner otras cosas que he
disfrutado musicalmente, aparece Emilio Del Guercio, Silvina Garré, hay
una parte del Concierto del Bicentenario..
.
–También están los Mersey Mustards, que es una producción suya.
–Yo les puse el nombre del grupo, porque el que compone todos los
temas se llama Luis Mostaza. Cuando los escuché les digo, me encanta lo
que hacen porque es música Merseybeat, y mostaza en inglés es mustard,
así que les digo se van a llamar los Mersey Mustards. Y están tocando
cada vez mejor, porque ya grabaron dos discos, ensayan todas las
semanas, y en el medio han sido teloneros de Yes y de Kusturica, en
Córdoba. Y no tienen la presión de que tienen que ser famosos,
millonarios y delgados. Mostaza es un médico oftalmólogo, cada uno tiene
su profesión, y hacen esto por amor a la música.
Sin instrucciones
La conversación desemboca en las letras, un aspecto quizá poco
explorado de su obra. Casi sin quererlo, aparece un tema sensible de su
educación sentimental. Litto, que habitualmente conserva una compostura
que lo pone a resguardo de quedar expuesto, se emociona cuando el tópico
lo lleva a evocar memorias de sus padres, y del grupo de su
adolescencia y juventud, Los Gatos, el mismo que dejara una marca
imborrable en la música argentina.
–Una canción como “Ilumina”, que dice “quien será que me
ilumina, me protege en cada esquina...”, transmite cierto misticismo
pero de una manera muy sencilla, sin querer convencer a nadie.
–La intención mía es no hacer nada rebuscado. Y cuando algo te sale
del corazón... mucha gente me pregunta, ¿cómo se te ocurrió una letra
como “Solo se trata de vivir”? Y es simplemente como yo hablo y lo que
estaba viviendo, no me puse a pensar “ahora te voy a pasar la data de la
vida”. Pero alguna gente lo entiende de esa manera, y también al revés,
no le dan valor porque piensan que tendría que ser más complicada. En
“Ilumina” es lo mismo, porque así lo creo, a veces digo, “mi vieja está
todo el tiempo ayudándome”, otras veces digo “creo que hay un dios”,
otras veces “yo atraigo esta cosa porque procedo de cierta manera”, son
explicaciones que me doy pero no tengo un voto total, o la seguridad
para decirte “esto es así”.
–“Martita”, dedicada a su madre, dice “a ella siempre le gusta que le dediquemos algo”.
–Yo soy muy sensible a esas cosas, respeto mucho el pasado, pero no
por la nostalgia sino por la evocación, me parece que si uno no se
acuerda de todas las cosas que pasan no sé por qué carajo vive. A mí me
interesa todo, a veces voy a Rosario y aparecen tipos de esos
memoriosos, que me tiran una data impresionante de cosas que ha dicho mi
papá, por ejemplo, que coincide con algo que uno después ha hecho en la
vida, pero que no lo sabía, porque yo me fui muy pronto de casa.
–Esa idea aparece también en “Provincia”, que es la de tratar el pasado como una presencia, más que como algo
nostálgico.
–Sí, cuando me sale uno de esos temas, que hablan de cosas
“fuertes”, yo los bajo, no quiero que alguien se ponga a llorar mal. Por
ejemplo hay un tema que hice el día que murió Kirchner, pero por
supuesto no le dije a nadie “mirá qué piola que soy, éste es el tema de
Kirchner”, me da pudor, porque me salió de pura emoción. Y ese tema, “Yo
me conozco (todo el mundo sufre)”, lo dejo como una baladita, a
propósito, porque no quiero recargar las tintas.
–Es algo que se veía también en las reuniones de Los Gatos y
Los Gatos Salvajes, que trataba de sacarle solemnidad utilizando el
humor.
–Me refugio a veces también un poco en la hilaridad, porque si no
tampoco podría tocar. A veces se me cruzan cosas por la cabeza cuando
estoy haciendo un show, y me tengo que aguantar, porque de otra manera
te dan ganas de bajarte del escenario. Pero nunca es por cosas de
infelicidad, a mí me sensibilizan cosas que me dan alegría, pero me
hacen pelota, ¿qué voy a hacer? Una vez me pasó, se me hizo un nudo en
la garganta y empecé a cantar todo mal, y el que no se da cuenta dice
mirá qué mal que está de la voz.
Lo cual lleva al mito de Litto, el iniciador del rock nacional, el
compositor de “La Balsa”, de cuya edición –en un histórico simple de Los
Gatos que contenía el tema de Nebbia y Ramsés VII (Tanguito) en su lado
A y “Ayer nomás”, de Moris y Pipo Lernoud en el lado B–, se cumplieron
esta semana 45 años.
–¿Cómo maneja el hecho de haber iniciado toda una historia
de música en Argentina? Por ejemplo, el escenario de La Perla se llama
Litto Nebbia.
–Yo ni pienso eso. Voy al baño a mear y hay una placa con mi nombre
(risas). Por un lado no le doy bola, porque no quiero que me pase esto
de lo que estamos hablando, de la emoción y todo eso. Y por otro lado,
de chico fui educado que no les tengo que dar bola a esas cosas, para no
creérmela. Veo cada boludo que se la cree, y a mí me encanta poder
haber mantenido siempre mi sencillez, mi cosa natural. He conocido a
grandes como Goyeneche, y era superhumilde. Pero es una cosa de
educación, que viene de mi casa, nunca me creí nada. Entonces cuando
pasan estas cosas está todo bien, yo sé lo que hice y lo que no hice, y
estoy satisfecho, a mí no me tienen que poner ningún cartel, ni mucho
menos una placa en el baño.