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viernes, 26 de abril de 2013

EL LEGENDARIO LITTO NEBBIA PUBLICARA SU OBRA (CASI) COMPLETA

 


“Quiero unificar todo eso que anda perdido por ahí”

 

El proyecto implica, además de pasar a CD obras que sólo fueron publicadas en vinilo, editar álbumes inéditos, fuera de stock o rarezas. Todos ellos verán la luz en el transcurso de 2013. Sólo quedan afuera los cinco discos originales de Los Gatos, por un tema de derechos.




Por Cristian Vitale

Litto Nebbia, hombre en estado musical permanente, va por todo, siempre. Ahora llegó a la conclusión de que, en el año que está por cumplir 65 años, su descomunal discografía tiene que tener un orden, una visibilidad mayor, un cauce editorial lo más preciso posible, y entonces puso una de sus herramientas preferidas (Melopea) a disposición del fin: que buena parte de sus 140 (¡ciento cuarenta!) discos a la fecha –unas 1300 canciones entre trabajos solistas, grupales, a dúo o bandas sonoras– recircule. Pueda estar al alcance. Sea. Vuelva a ser. “Es muy difícil encontrar el catálogo discográfico completo de un artista, sean los Rolling Stones o sea Miles Davis... siempre hay descatalogados, o discos que quedan atrás perdidos porque han salido nuevos y así. Mi intención, entonces, es tratar de unificar todo eso que anda perdido por ahí, porque no tengo otra cosa para promover o divulgar que no sea mi propio trabajo creativo”, esboza ante Página/12, con la poco fácil intención de focalizar la mirada frente una obra tan prolífica, tan dispersa y diversa, tan extendida en el tiempo que, si se le agrega su rol como invitado, productor o sesionista, trepa a la cifra de 500.

“También estamos armando una especie de cuadernito con toda mi discografía para datar cada álbum con fecha, títulos, autores, músicos que participaron y técnicos de grabación. La idea es armar una especie de dossier que le sirva a tanta gente que a veces se me acerca y me dice: ‘¿en que álbum estaba el tema que dice tal cosa?’”, se ríe Nebbia, encauzando la acción. O tratando. Los discos irán saliendo de acá a noviembre próximo.

Pasado en blanco, entonces, el proyecto que Nebbia homologa bajo el concepto de aventura, implica –además de pasar a CD algunas obras que solo fueron publicadas en vinilo–, editar álbumes inéditos, fuera de stock o rarezas para llevar a estado de luz su discografía completa. O casi, porque a ese todo feliz le faltarán los cinco discos originales de Los Gatos, cuyos derechos aún pertenecen a la multinacional que los publicó entre fines de los sesenta y principios de los setenta. “Me lo impiden los contratos leoninos que firmé de adolescente, la necedad y el desinterés de los actuales directivos. Los contratos de la mayoría de estas compañías, y mucho más en esa época, son tramposos, usan mucho la ‘letra chica’ y abusan de la ignorancia que generalmente el músico tiene sobre lo que es un contrato. Por cualquier lugar que se lean biografías de músicos de rock de todos los tiempos y estilos se encuentran anécdotas de que los han estafado: sea The Kinks de Inglaterra, The Byrds en Estados Unidos, Los Shakers de Uruguay o Los Gatos y Almendra en Argentina”, sentencia el principio motor –a tracción humana– del rock argentino.

–El yo, no el otro, del Señor Negocios...
–(Risas.) Los otros días leí una nota que le hicieron a uno de estos perversos y no lo podía creer. El tipo decía algo así como “mis artistas nunca ganan menos que el sello discográfico”. Increíble, porque esos contratos están hechos de tal manera que no vencen nunca... y eso ya es ilegal, mucho más cuando el sello no argumenta qué es lo que va a hacer por vos. Estos contratos ni siquiera dicen que los álbumes deben estar publicados todo el tiempo, porque si los discos no se publican, esto perjudica la carrera y la obra del artista. El artista, al no tener su disco a la venta, pierde promoción de su imagen, de su música y de sus derechos autorales por todos lados. Siendo más claro: las ventas de discos son las que movilizan la actuación en vivo de un artista y, junto con los derechos autorales y regalías por discos, son la entrada salarial de cualquier músico. La última vez que aparecieron los discos de Los Gatos fue aquella edición que realizó Página/12 hace unos años (2002). Esa vez se vendieron aproximadamente 60 mil CD y el sello me pagó 0,03 centavos por disco. No es mucho, ¿no? (risas), es raro tener un socio que se lleva el 98 por ciento y a vos te da el 2 por ciento... así se manejan las discográficas, en general.
Otro detalle de peso en la ciclópea tarea encarada por el músico es la publicación de “rarezas inéditas”, una figura no muy habitual para el Nebbia editor, acostumbrado a dejar registrada toda acción musical. Una de ellas será el Volumen II de la serie Definitivamente Vivo, rescatada de un “amigo” mexicano. “Fue en 1981 cuando ya me volvía del exilio y me contrataron para un Festival Internacional de Jazz que se hizo en el Distrito Federal”, evoca Nebbia. En aquel festival, el rosarino compartió escena con Archie Shepp, Irakere y el grupo Arts Ensamble of Chicago, y se presentó junto a Jorge “Negro” González en contrabajo y Néstor Astarita en batería, el trío con el que había grabado discos seminales de su trayecto como Muerte en la Catedral, Melopea o El Vendedor de Promesas. “Es una grabación muy buena, donde improvisamos todo el tiempo con batería, contrabajo y piano de cola, además de mis vocales eventuales. Lo hacemos sobre algunas bases de canciones que recién estaba bosquejando para grabar un nuevo disco. Temas que hoy día son muy conocidos como ‘No importa la razón’”, refiere Nebbia.

 

Otra especificidad a resaltar del proyecto es la reedición de Muerte en la Catedral, un clásico de Nebbia, grabado entre mayo y junio de 1973 (40 años redondos) junto a un team de músicos que, además de Astarita y González, incluyó las participaciones de Rodolfo Alchourrón, Roque Narvaja, Oscar Moro, Ciro Fogliatta, Bernardo Baraj y Gustavo Moretto. El de “Vals de mi hogar” y “El otro cambio, los que se fueron”, para que se entienda mejor. “Cuando apareció Muerte en la Catedral, era un disco ‘raro’, a pesar que de movida vendió cerca de quince mil discos. Pero como otras cosas supercomerciales vendían más de cien mil, te subestimaban. Hoy, claro, esos sellos pagarían por tener diez artistas que le vendan quince mil álbumes de entrada. Hay que considerar que nuestros discos no tenían absolutamente nada de promoción. Ni una pasada de radio ni un poster, nada. Tampoco eran discos que tuvieran gastos de grabación. Primero, porque con los músicos funcionabas a nivel grupal. Segundo, porque no tardabas demasiadas horas, sencillamente porque no se divagaba y se tocaba bien, modestias aparte. Las compañías sí tenían gastos con los solistas de moda, porque ellos grababan con grandes orquestas y toda la parafernalia, en fin.”

–La edición irá acompañada de un librito, algo que naturalmente se incorpora a la necesidad de registrar todo...
–Sí, lo del libro fue un “invento” mío, algo que siempre quiero agregarles a los discos: escritos, detalles o cualquier cosa que los transforme en un elemento más comunicativo. En el libro original había algunos dibujitos míos acompañando una sección de acordes para guitarra para tocar las canciones, pero la editorial que lo publicó hizo un par de reediciones y luego lo dejó anclado. Hay cosas graciosas y extrañas con este librito: hablo del estado de la música popular y parece que lo hubiera escrito hoy (risas). Muerte en la Catedral pasó a ser un álbum clásico de mi carrera, nunca paró de venderse y ciertos temas han pasado a la eternidad.

En cuanto al rubro “reediciones”, hay tres discos (El hombre que amaba a todas las mujeres, Siempre bailan dos y Corazones & Sociedades), que saldrán a manera de trilogía unívoca en un box set, que también incluirá un CD bonus track de regalo. “Es un borrador, un álbum lleno de rarities, versiones no usadas, precuelas de temas en mi casa y ese tipo de intimidades que al que me sigue, le gustan mucho”, dice Nebbia, sobre la trilogía compositiva que se corresponde con los últimos años del siglo XX, y los albores del XXI. En la sección “vinilos nunca pasado a CD” figuran, entre otros, Nebbia en Brasil, aquí y ahora, que incluirá seis canciones cantadas en portugués; un CD doble titulado Banda Sonora, con música de los films Cazadores de Utopías y Campo de Sangre, más la de algunos cortometrajes, y el doble en vivo Tres noches en La Trastienda, en el que Nebbia ensambla talentos e instrumentos con Dino Saluzzi y Bernardo Baraj. “Este es un disco muy extraño, ya que es producto de tres veladas que hice sin publicidad unos cuantos meses antes de volver del exilio. Fue en un momento en que pasé casi fugazmente por el país para visitar a mi madre. La cosa es que las tres noches estuvieron llenas y salió todo muy bien. Allí estrené muchas canciones que sencillamente no se conocían acá, porque había estado casi cuatro años afuera”, evoca sobre tal perlita casi incunable hasta hoy.

–¿Cuál es el álbum inédito que va a aparecer junto a Quien quiera oír que oiga?
–Los trabajos de Nebbia & Mignogna, el álbum que trae la música que usamos de Banda Sonora para los dos programas de TV: Discapacitados Mentales y Discapacitados Auditivos. También fragmentos de Flop, otra película de Mignogna que es una parábola sobre Florencio Parravicini. Todos los trabajos tienen alguna anécdota graciosa de background.

 

–¿A ver?
–A ver, sí: mientras estaba haciendo la banda sonora de Flop, estaba produciendo ya algunos discos para Melopea. Entonces me venía a ver Adriana Varela para ver si podía grabar. Yo tenía el primer casete que me había enviado, donde cantaba temas de Fito, Silvio, Spinetta y algunos míos... pero claro, ya tenía esa voz bien climática de tango que le conocemos. Entonces, entre las “rarezas” que tenía que escribir y ambientar para la película, que transcurre tipo en los años ‘20, tenía que hacer una especie de zarzuela (que canta Pinti en el film), y también necesitábamos una mujer que cantara un tanguito bien arrabalero, en una especie de vaudeville de la época. Inmediatamente se me ocurrió que Adriana daba perfecto para esto. Aceptó, pero el problema fue que yo, el día que se filmaba, no podía tocar porque andaba por el interior. Así fue que lo metí a tocar al guitarrista del grupo Nuevos Aires, Fernando Egozcue, que recién habían grabado en Melopea... cosas que pasan (risas).

–Viene al caso: cinco discos que ame...
–El vendedor de promesas, con Astarita y el Negro González; Llegamos de los barcos, con Los músicos del centro; Argentina de América; El hombre que amaba a todas las mujeres y la parte I de The Blues, el disco que hice con La Luz en 2002. Entre los discos compartidos con otros artistas me quedo con Las aventuras de Nebbia y Rubén Rada; Las aventuras de Nebbia y Domingo Cura; Bolero Afrolatino, con Cacho Tejera; Ponto de encuentro, con Ze Renato y Víctor Biglione, y En medio de los hombres, el disco que hice con Facundo Cabral en el 2002.


domingo, 8 de julio de 2012

LITTO NEBBIA, A 45 AÑOS DE LA EDICION DE LA BALSA (1967). EL HOMBRE INCANSABLE DEL ROCK ARGENTINO.


  




Resumir todos los proyectos en los que está embarcado impresiona, pero él lo toma con absoluta naturalidad. Esta semana “La Balsa” cumplió 45 años, pero Nebbia mantiene la filosofía de mirar adelante: de aquí a diciembre editará diez discos.

Por Claudio Kleiman y
Hugo Soriani

Litto Nebbia es un torbellino. Va, viene, viaja, compone, toca, edita, produce, graba. Y todo eso no le impide escuchar música y acrecentar su ya mítica colección de discos, ver cine –materia en la cual es un verdadero experto– y estar al tanto de lo que sucede en literatura, teatro, fotografía, pintura. A 45 años de la edición de “La Balsa” por Los Gatos, tema generalmente considerado como el puntapié inicial de lo que posteriormente se conocería como “rock nacional”, el motor que mueve a este perpetuo creador no tiene miras de parar. Ni mucho menos.
Tan es así, que el propósito inicial de esta entrevista había sido destacar la edición de su ultimo álbum, La canción del mundo, una inusual edición con tres cd y un dvd lanzado a fines de 2011, que corría el riesgo de pasar inadvertido entre el aluvión de visitas, lanzamientos e información de todo tipo que inunda la escena a esa altura del año. Diversos motivos, entre ellos sus múltiples viajes, giras y actuaciones, hicieron que la entrevista se fuera posponiendo y, en el ínterin, se fueron sumando nuevas ediciones: el cd 11 Vidas, con canciones compuestas por Litto sobre poesías de Alfredo Lichter, y el álbum doble Historia de un Creador, que contiene sus 30 canciones más conocidas, algunas en versiones raras o inéditas. Además, la edición de Sinfonías para catedrales vivas, subtitulado “Los artistas homenajean a Litto Nebbia”, un álbum triple producido por el marplatense Fabián Spampinato, que contiene 64 canciones con un rango muy amplio de artistas versionando la obra del rosarino, quien también participa.
Pero no hay mucho tiempo para realizar un recuento. Nebbia, con la mirada siempre puesta en lo que vendrá (en una época fue conocido por negarse a interpretar las canciones de su pasado, entre ellas “La Balsa”), prefiere destacar el plan que lo ocupará en la segunda mitad de este año, la edición de nada menos que diez álbumes, algo cuya sola enumeración podría dejar sin aliento a un artista con la mitad de sus años.

–¿Cómo es eso de los diez discos?

–Hay una serie de discos míos del ’99 al 2001, que son El hombre que amaba todas las mujeres, Siempre bailan dos y un tercero que prácticamente nadie se enteró de que salió porque fue muy mal distribuido, Corazones y sociedades. Yo los considero una trilogía de composición, porque esos cincuenta temas los hice en un año, con el mismo tipo de sonido y de idea. Voy a sacar un box set con esos tres discos y un cuarto que se llama Borrador, que son las boludeces que hice en mi casa antes de terminar los temas, cómo los escribí, dónde puse la segunda parte, intimidades de la composición, algunas son graciosas, otras son piolas técnicamente y otras son versiones sobre las que algunos se preguntan por qué no las puso en el disco. Después de eso sale el disco inédito que grabé en España en 2009, Soñando Barcos, con letras de Juan Marimontes, un poeta de Salamanca que yo musicalicé. Siempre cuento la anécdota de que a la primera poesía que me mandó le puse música en cinco minutos, sin conocerlo; se la mandé y, al otro día, la grabó Ana Belén. Yo le dije: “No nos conocemos y la primera canción que hacemos la graba Ana Belén, hagamos más”. Al final hicimos quince canciones. Juan consiguió un productor español y tocan algunos músicos flamencos. Ese disco va a salir con un segundo cd de regalo, con muchas actuaciones que hice en Europa, en Francia, Londres y Barcelona, también en 2009. Lo edito de esa manera no sólo porque es una forma de meter más música y cosas, sino porque quiero sacar ediciones que estén muy bien cuidadas, con buenas tapas, discos de yapa, dvd, y que valgan lo mismo. Primero, porque no lo podés piratear: te podrás piratear los temas, pero te perdés todo lo demás. Segundo, porque si lo tenés más barato seguramente vas a querer el original y tercero, porque me parece que uno tiene que hacer eso por la gente que lo sostiene, la que lo va a ver en tantos lugares donde uno toca, que es la que te permite que toques toda tu vida. Si no tuviera esa gente que me sigue, estaría trabajando en el hipódromo.

–¿Qué viene después de estos seis álbumes?

–Luego tenemos dos discos que adoro, que quedaron en vinilo y nunca salieron en cd, Buscando en el bolsillo del alma, del ’89, y Nostalgias del Harlem Español, de 1990. Son discos que no tuvieron mucha difusión, porque fueron los primeros que hicimos con el nacimiento de Melopea y nos daban menos bola que ahora. El noveno es un disco
inédito con Facundo Cabral, del año 2002, donde yo musicalizo letras que él me fue mandando por fax. Lo hicimos en trío, con Quintino (Cinalli, batería), César (Franov, bajo) y yo, toca un poco el Gordo Fernández (trompeta) y cantamos a dúo con Facundo. El me persiguió para hacer eso, quería tener un disco conmigo y me dijo: “Grabémoslo de forma que lo podamos tocar en vivo igual que en el disco”, y yo le dije que con el trío podíamos hacer eso. El disco empieza con los músicos que van llegando a un pueblo, como cuando llega un circo a la ciudad, con un tema que se llama precisamente “Paso del circo”. Es muy distinto de lo que hacía él, que era fundamentalmente recitado: este disco tiene melodías, arreglos, es muy lindo.

 

–¿Por qué nunca se editó?

–La idea era que iba a salir el disco y nos íbamos a ir de gira por toda Latinoamérica, hasta México. Se fue dilatando, una vez él tenía una gira por Estados Unidos, otra vez yo sacaba mi disco y lo que sucede cuando pasan dos o tres años es que finalmente lo dejás ahí guardado. Nunca se me ocurrió sacarlo y mucho menos cuando pasa esto de su asesinato, pero ahora apareció su mujer, y me vino a decir: “Facundo me habló del disco, ¿por qué no lo sacamos?”, así que vamos a editarlo.
El décimo y último disco previsto para este año contiene sus nuevas canciones y es, a la vez, la presentación de un proyecto llamado Aire Fresco, con Daniel Homer en guitarra, Juan Ingaramo en percusión –-hijo de Mingui Ingaramo, de Los Músicos del Centro, una banda cordobesa con la que Litto trabajó en los ’80–, y el propio Nebbia en piano y órgano, con algún invitado ocasional. “Yo toco piano y órgano, y al no haber bajo ni otro instrumento armónico, con Homer que toca muy bien y que lo conozco hace muchos años, hacemos mil acordes de paso y parece una orquestita, cuando en realidad somos tres gatos locos”, se entusiasma Litto.

–¿Aire Fresco es el nombre del trío?

–En realidad no sé si es un trío, porque a veces viene un flautista u otro invitado, quiero tener libertad. Tampoco quiero poner un nombre de grupo, quiero que se entienda que es un nuevo disco mío tocando con tipos que me gustan, con menos formalidad de que sea un grupo estable. La cosa pasa como siempre, por tocar con gente que le guste lo que vos escribís, y también por compartir los gustos musicales. En ese sentido, hace falta encontrar tipos que sean bastante cultos en el panorama de la música. Y ahí no tienen nada que ver la edad ni la experiencia, porque Homer es de mi generación, y conoce Tamba Trio, Luiz Bonfá, Antonio Carlos Jobim, toda esa gente, pero el otro pibe tiene 23 y también los conoce. Es bárbaro estar con un percusionista que te diga si conseguiste el último disco de Gilbert O’Sullivan.

–¿Cómo surge este proyecto?

–Después de haber desarrollado durante los últimos años el rock y el blues eléctrico con La Luz, tocando la guitarra eléctrica que hace tanto que no tocaba, me salieron un montón de temas que están relacionados con, por ejemplo, las comedias musicales de los años ’50 y ’60, o con el clima de la bossa nova original, también de los ’60. Yo siempre tengo anotadas tres o cuatro cosas que quiero desarrollar y, entre ellas, tenía la idea de hacer un disco con Daniel Homer. Lo llamé y grabamos dos temas, en principio los dos solos, pero yo armé una batería, y él me dijo “dejame que le pongo un bajo”, es algo que puede más que no-sotros. No me quería quedar clavado en esos discos de dúos donde hay un guitarrista y un pianista mostrando lo mucho que tocan, quería que hubiera más cosas. Traje más temas, y convidamos a un flautista, Leopoldo Deza, y a un percusionista, que es Juan Ingaramo. Yo quería que pudiéramos tocar en un montón de lados sin volvernos locos con la exigencia de sonido, porque el formato de banda de rock requiere que haya un sonido muy bueno. Pero al tener piano y guitarra que se van entrelazando con la percusión de fondo, es un formato más flexible. Tenía una idea de algo suave, blando y, cuando lo escucharon, un par de tipos me dijeron “qué lindo aire que tiene esto”, o “qué fresco que suena”. Y ahí dije, claro, es como un aire fresco.

–¿El repertorio está compuesto por temas nuevos?

–Hacemos todos temas nuevos, menos dos canciones viejas que son “Rock de la mujer perdida”, de Los Gatos, y “Mujer de los mil días”, de mi primer disco solista, pero que arreglamos para el sonido de este trío y quedan muy lindas. También hacemos un tema de Jorge Dalto y uno de Natalie Cole, instrumentales.

–¿Aire Fresco significa el fin de la etapa con La Luz?

–La Luz se apagó (risas). No, eso suena muy cruel. La verdad es que el proyecto de La Luz me encanta, y me gustan los discos que hicimos, el primero, Danza del corazón, los dos cd y el dvd The Blues, el disco con Calamaro, El Palacio de las Flores, y también están en parte de La canción del mundo. Pero pasa una cosa con los grupos, que es muy difícil que lo que uno construye y compone esté sincronizado con el deseo y la satisfacción de tus propios compañeros. Yo siempre hago el chiste, “muchachos, Los Beatles se separaron”. La Luz primero sufrió la deserción de Ariel Minimal, luego entró Gonzalo Aloras por un tiempo, pero también salió su disco solista y hubo también unos meses en que Daniel Colombres estuvo enfermo, gracias a Dios ya se curó y está bien. Pero yo tengo un cohete en el orto, me gusta mucho progresar, sacar cosas nuevas, y para eso todo el mundo tiene que estar conforme y con la misma vibra. A veces no hay la misma disposición para ensayar y tiene que ver con que cuando pasó un tiempo de la formación, el entusiasmo de la primera época se transforma en un trabajo, “che, ¿hay show el sábado?”. A mí me parece bien que cada uno tenga sus proyectos, pero llega un momento en que digo “ahora quiero ir en esta dirección”, y quiero hacer esto y lo otro.


 


El placer de hacer

 

Por supuesto, en el caso de Litto “esto y lo otro” es casi una minimización. Resumiendo la actividad de los últimos días, dice que tocó veintitrés veces en cinco semanas, en distintos formatos. Solo, junto a Emilio Del Guercio y Ricardo Soulé (en un show que le gustaría llevar a Buenos Aires), con Aire Fresco haciendo la “Suite de Malvinas”, que compuso para una obra de teatro. Que participó en grabaciones de gente tan diversa como el solista Andrés Ruiz, el bandoneonista Ernesto Baffa y el cantante tanguero Alberto Podestá. Cuando alguno le objeta esta especie de hiperactividad o que edita demasiado material, Nebbia responde que “lo hago porque a mí me da satisfacción, no me está obligando nadie, y cada vez me llama más la atención cuando alguien me dice “¿cómo podés hacer eso?”. Yo, en realidad, no puedo hacer lo otro, no puedo estar cinco años sin grabar un disco. Si entrás en All Music Guide y ves la discografía de Chick Corea, o de Herbie Hancock, son como 48 páginas. Y los tipos contestan “¿sabés por qué estamos todo el día grabando? ¡Porque somos músicos! ¿Qué querés que haga, que vaya a hacer gimnasia?” (risas).

Por si esto fuera poco, Litto ya está pensando en el después. Comenta que cuando termine el disco de Aire Fresco empieza a grabar uno musicalizando textos de Jorge Boccanera, un poeta que conoció cuando ambos estaban exiliados en México y con el que ya ha compartido varias canciones, pero nunca un álbum entero. “Con quién lo voy a grabar todavía no lo sé, quizá toque más cosas yo”, explica, y remata con un “pero me gusta el movimiento”. Como si hiciera falta la aclaración.
Pero antes de todo esto llegó La canción del mundo, un trabajo donde el rosarino se da el gusto de incluir prácticamente todas sus facetas musicales. Temas solo, en trío, con cuarteto, con diversos músicos, nuevas versiones de viejas canciones, temas en colaboración con distintos poetas, y hasta uno titulado “Estaré lejos de mi hogar”, cuya primera parte fue grabada en 1969 para el film El extraño de pelo largo, y la segunda en 2011, tan sólo 42 años más tarde.

–¿Cómo se gestó el proyecto de La canción del mundo? Un artista que edita una caja con tres cd y un dvd que no es un compilado sino su nuevo disco, es un acontecimiento único.

–Comencé grabando con La Luz, para un supuesto disco futuro. Esos temas tenían arreglos bastante complejos, entonces les propuse venir un día a ensayarlos, más que nada para ponernos de acuerdo en los matices, la intención, los arreglos y, al día siguiente, volver y grabarlos. No como otras veces que lo tocamos leyendo la partitura y queda grabado, y en la otra semana tocándolo en vivo nos damos cuenta de que recién ahí lo estamos ablandando. Pero Minimal, que toca la viola como la puta madre, pero no sabe ni los nombres de los acordes, me dijo que no lo podía tocar, como que lo tenía que estudiar primero y grabar el mes que viene, entonces lo tocábamos como trío y él quedaba debiendo una guitarra. Grabé esos ocho o diez temas, con la idea de retomar, pero no fue posible por las giras, porque Colombres se enfermó, por una cosa u otra, y mientras pasaba todo eso se iban acumulando temas, porque yo vengo al estudio una mañana y te grabo dos o tres canciones, y después de un tiempo tenía más de veinte.

–También hay temas instrumentales, que son como su propia versión de la música étnica.

–Estaba obsesionado con esto de meter viñetas instrumentales, esas cosas que yo hago como de música étnica de Azerbaiyán, que a mí me gustan... estuve estudiando cosas de la música folclórica, y en cualquier lugar de la tierra es igual, tiene tres tonos, el del comienzo, el dominante y el subdominante, lo que cambian son los instrumentos. Y todas tienen improvisación vocal, como la del cantaor flamenco, la del tipo que va cantando por la calle en la música italiana, el jazz tiene el scat, nosotros tenemos el payador. Eso existe en todos lados.

–Esos instrumentales hacen referencia a música de distintos lugares.

–Sí, por ejemplo “Western China” es como música china, pero instrumentada por Ennio Morricone cuando hace un spa-ghetti western.

–¿Escucha mucha música étnica?

–Escucho bastante, lo que más me gusta es de Turquía, de Moldavia, ¡cómo cantan! Cualquiera que canta en esos lugares, apenas empiezan te ponés a llorar, otra que Cantando por un sueño. Es como que están convencidos de que cantar es dar el alma. Me encanta esa música, entre las cosas que más escucho están Aziza Mustafa Zadeh, un pianista de Moldavia, Oumou Sangare, una cantante africana, Oum Kalthoum, cantante clásica árabe, Ali Farka Touré, guitarrista de Malí, Arto Tumboyaciyan, percusionista rumano, y rarezas del mar Caspio, el mar Negro, Turquía, Azerbaiyán, Georgia, Armenia. Son cosas que consigo cuando viajo al exterior, por ejemplo un día en Niza, que está lleno de árabes, me meto en un negocio a comprar una alfombra y escucho la música que están pasando, y terminé comprándole todos los cd, que eran suyos, no estaban en venta. Es muy inspirador cómo cantan y cómo tocan. Pero si llego a hacer un disco entero de eso van a decir “éste se volvió loco”. Entonces dije, bueno, voy a armar un álbum completo que contenga todo mi mundo musical, que sea un nuevo disco de Litto Nebbia donde la gente pueda escuchar una canción que hice a los 18 años, como también hay, y una que hice hace un rato, y una que tenga que ver con eso del mar Caspio, pero que se dé cuenta de que todo eso está dentro de la propuesta musical de uno, ¿y cómo se llama eso? Canción del mundo.

 


–Que es también el nombre de un tema.

–Encima me salió en Madrid “La canción del mundo”, donde habla de cómo es esto, que no tiene una bandera, que cruza la frontera, esa historia. Y hablando con un fotógrafo amigo que vive en España, Ricardo Murad, le comenté que no quería sacar en este disco una foto mía, sino algo que estuviera relacionado con lo étnico. Me dijo que el fin de semana le había salido un laburo de fotoperiodismo en Marruecos y, cuando volvió, me trajo esa foto de La Medina, de un barrio que se llama Ciudad Antigua. Cuando la vi dije es perfecto, parece una pintura, pero para que tenga respiración tiene que ser un tríptico, porque en el formato de cd no va a lucir. Ahí empecé a sumar, y de golpe me di cuenta de que tenía mucha música y que era muy difícil compaginarla. Entonces compaginé un disco como si fuera el único, quedó muy bien, y dije voy a compaginar otro disco, con la misma idea, que tenga cambios de ritmo, de tonalidad, de instrumentación y después hice un tercero, y me quedé conforme con las tres compaginaciones, como que cada disco se defiende por sí mismo. Y luego empezamos a juntar cosas para el dvd, donde cada vez quiero poner cosas más zafadas, como chistes, intimidades, hasta hay una parte donde presento al gato.

–Además el dvd también sirve como un recorrido por otros trabajos que no están incluidos en La canción del mundo.

–Exactamente, uno hace una cantidad de colaboraciones lindas con otros artistas, los cuales tampoco tienen divulgación en ningún lado, entonces aprovecho ese espacio del dvd para poner otras cosas que he disfrutado musicalmente, aparece Emilio Del Guercio, Silvina Garré, hay una parte del Concierto del Bicentenario..
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–También están los Mersey Mustards, que es una producción suya.

–Yo les puse el nombre del grupo, porque el que compone todos los temas se llama Luis Mostaza. Cuando los escuché les digo, me encanta lo que hacen porque es música Merseybeat, y mostaza en inglés es mustard, así que les digo se van a llamar los Mersey Mustards. Y están tocando cada vez mejor, porque ya grabaron dos discos, ensayan todas las semanas, y en el medio han sido teloneros de Yes y de Kusturica, en Córdoba. Y no tienen la presión de que tienen que ser famosos, millonarios y delgados. Mostaza es un médico oftalmólogo, cada uno tiene su profesión, y hacen esto por amor a la música.

Sin instrucciones

 

La conversación desemboca en las letras, un aspecto quizá poco explorado de su obra. Casi sin quererlo, aparece un tema sensible de su educación sentimental. Litto, que habitualmente conserva una compostura que lo pone a resguardo de quedar expuesto, se emociona cuando el tópico lo lleva a evocar memorias de sus padres, y del grupo de su adolescencia y juventud, Los Gatos, el mismo que dejara una marca imborrable en la música argentina.

–Una canción como “Ilumina”, que dice “quien será que me ilumina, me protege en cada esquina...”, transmite cierto misticismo pero de una manera muy sencilla, sin querer convencer a nadie.

–La intención mía es no hacer nada rebuscado. Y cuando algo te sale del corazón... mucha gente me pregunta, ¿cómo se te ocurrió una letra como “Solo se trata de vivir”? Y es simplemente como yo hablo y lo que estaba viviendo, no me puse a pensar “ahora te voy a pasar la data de la vida”. Pero alguna gente lo entiende de esa manera, y también al revés, no le dan valor porque piensan que tendría que ser más complicada. En “Ilumina” es lo mismo, porque así lo creo, a veces digo, “mi vieja está todo el tiempo ayudándome”, otras veces digo “creo que hay un dios”, otras veces “yo atraigo esta cosa porque procedo de cierta manera”, son explicaciones que me doy pero no tengo un voto total, o la seguridad para decirte “esto es así”.

–“Martita”, dedicada a su madre, dice “a ella siempre le gusta que le dediquemos algo”.

–Yo soy muy sensible a esas cosas, respeto mucho el pasado, pero no por la nostalgia sino por la evocación, me parece que si uno no se acuerda de todas las cosas que pasan no sé por qué carajo vive. A mí me interesa todo, a veces voy a Rosario y aparecen tipos de esos memoriosos, que me tiran una data impresionante de cosas que ha dicho mi papá, por ejemplo, que coincide con algo que uno después ha hecho en la vida, pero que no lo sabía, porque yo me fui muy pronto de casa.

 



–Esa idea aparece también en “Provincia”, que es la de tratar el pasado como una presencia, más que como algo 
nostálgico.

–Sí, cuando me sale uno de esos temas, que hablan de cosas “fuertes”, yo los bajo, no quiero que alguien se ponga a llorar mal. Por ejemplo hay un tema que hice el día que murió Kirchner, pero por supuesto no le dije a nadie “mirá qué piola que soy, éste es el tema de Kirchner”, me da pudor, porque me salió de pura emoción. Y ese tema, “Yo me conozco (todo el mundo sufre)”, lo dejo como una baladita, a propósito, porque no quiero recargar las tintas.

–Es algo que se veía también en las reuniones de Los Gatos y Los Gatos Salvajes, que trataba de sacarle solemnidad utilizando el humor.

–Me refugio a veces también un poco en la hilaridad, porque si no tampoco podría tocar. A veces se me cruzan cosas por la cabeza cuando estoy haciendo un show, y me tengo que aguantar, porque de otra manera te dan ganas de bajarte del escenario. Pero nunca es por cosas de infelicidad, a mí me sensibilizan cosas que me dan alegría, pero me hacen pelota, ¿qué voy a hacer? Una vez me pasó, se me hizo un nudo en la garganta y empecé a cantar todo mal, y el que no se da cuenta dice mirá qué mal que está de la voz.
Lo cual lleva al mito de Litto, el iniciador del rock nacional, el compositor de “La Balsa”, de cuya edición –en un histórico simple de Los Gatos que contenía el tema de Nebbia y Ramsés VII (Tanguito) en su lado A y “Ayer nomás”, de Moris y Pipo Lernoud en el lado B–, se cumplieron esta semana 45 años.


 


–¿Cómo maneja el hecho de haber iniciado toda una historia de música en Argentina? Por ejemplo, el escenario de La Perla se llama Litto Nebbia.

–Yo ni pienso eso. Voy al baño a mear y hay una placa con mi nombre (risas). Por un lado no le doy bola, porque no quiero que me pase esto de lo que estamos hablando, de la emoción y todo eso. Y por otro lado, de chico fui educado que no les tengo que dar bola a esas cosas, para no creérmela. Veo cada boludo que se la cree, y a mí me encanta poder haber mantenido siempre mi sencillez, mi cosa natural. He conocido a grandes como Goyeneche, y era superhumilde. Pero es una cosa de educación, que viene de mi casa, nunca me creí nada. Entonces cuando pasan estas cosas está todo bien, yo sé lo que hice y lo que no hice, y estoy satisfecho, a mí no me tienen que poner ningún cartel, ni mucho menos una placa en el baño.


viernes, 25 de febrero de 2011

SILVINA GARRE GRABO UN DISCO CON CATORCE CANCIONES DE LITTO NEBBIA






El flamante Más que loca no es un tributo (“son para gente muerta o inactiva”) ni un álbum a dúo (“esto no es Tom y Jerry”, se ríen), sino un seleccionado de composiciones del ex Los Gatos tocadas por él y cantadas por la rosarina.







Por Cristian Vitale

A Litto Nebbia le llueven todo tipo de propuestas musicales, pero nunca una así. “Era lo que me faltaba”, se ríe el hombre de las mil canciones, acompañado por una cerveza en botella verde y la causante de la idea: Silvina Garré. “Me pareció rarísimo que nunca se lo hubieran pedido”, reflexiona ella, con otra botella verde –de gaseosa, en su caso– entre manos. Ambos están en un bar y cruzan una mirada cómplice, de viejos conocidos. El tiene 62, ella 49 y lo que tienen para decir es que ella le pidió a él hacer un disco con todas canciones de él cantadas por ella, y con él tocando. “Una locura que a nadie se le haya ocurrido antes”, sigue Garré, como si no pudiera creer que el disco en cuestión sea hecho consumado. Más que loca, que así se llama, ya está sobrevolando los recovecos del mercado... Catorce canciones de diferentes estadios del planeta Nebbia elegidas por Garré, arregladas, tocadas y (re)producidas por él, y fraseadas a rojo intenso de labio pintado. “Lo primero que hay que descartar es que se trata de un tributo a Litto. No me cae simpático eso: los tributos son para gente muerta o inactiva”, sentencia la rosarina. “Y lo segundo, que no es un disco a dúo”, continúa Nebbia, y prepara la carcajada: “Esto no es Tom y Jerry”.

El repertorio surgió enteramente de los caprichitos musicales de Garré. Hay canciones de las conocidas (“Gente que no sabe lo que quiere”, “Nueva zamba para mi tierra”, “Para John”, “Sólo se trata de vivir”) y otras que sorprendieron al mismo Nebbia, por su impronta bien de lados B. “La canción del mar”, por caso. O una versión de “El mundo se alejó”, tema de Corazones y sociedades (2001), que ensalza Nebbia: “Me gusta más por ella que por mí”. “La verdad es que pactamos no estar pensando en elegir temas conocidos porque sí. Litto me dio unos discos, los escuché y fui eligiendo: ‘Este, éste, éste’”, engancha Garré, y le devuelve la posta a su colega: “Fue un lindo desafío porque implicó sutiles cambios en la rítmica, en la tímbrica de los instrumentos para que no suenen como mis versiones. Y sin estrangular, claro, sin decir ‘ahora te meto un arreglito de jazz y vas a ver cómo te jodo’. Sin hacerme el canchero, en una palabra. Todo está pensado con una textura afín a la manera que tiene ella de cantar porque, lógico, cada uno tiene su personalidad”.

–Ya había un conocimiento previo, al menos. No es la primera vez que hacen algo juntos.

Litto Nebbia: –Sí, un caso es “Quien quiera oír que oiga”, que es una canción rara, parece rusa (risas), relacionada con la cara política de Eva Perón. Ya sé por dónde puede sonar, y no se trata de meter docenas de instrumentos o pocos, el asunto está en el tempo y con qué elementos vas a adornar detrás. En general, tengo una tendencia a meter un montón de contrapuntos, pero es una cosa que hago para mis canciones. Sé ubicarme en otro tipo de planos para no distraer al intérprete. Lo pretencioso no sirve. Es más, hasta puede ser como un electroshock para el cantante.

Silvina Garré: –A veces pasa que el cantante es como una excusa para que un grupo toque lo que tiene ganas, y al final no se entiende nada: es puro exhibicionismo musical.

–Salvo que se trate de Ian Gillan y Ritchie Blackmore, que en Deep Purple se peleaban arriba del escenario para ver quién peleaba más.

L. N.: –Bueno, sí, pero ellos iban en una dirección. Otra cosa es cuando un tipo combate al cantante, cuando el violero y el baterista lo cagan a palos.

Quien quiere oír que oiga, la película de Eduardo Mignogna sobre Evita, fue la primera vez que Ne-bbia y Garré hicieron algo grande en conjunto. Se habían conocido en 1982, cuando la cantante desembarcó en Buenos Aires junto a la trova (la segunda gran oleada rosarina después de Los Gatos Salvajes) y Nebbia recién llegaba de su exilio en México, con 1981 y Sólo se trata de vivir bajo el brazo. Participaron de los dos Rosariazos –Obras y Newell’s–, cruzaron fechas en infinidad de pubs porteños, grabaron la banda de sonido del film Luna caliente (1985), pero lo que más disfrutan evocar es el insólito premio que ganaron en el Festival OTI de la canción, en 1983. “Me convenció un productor, yo no quería saber nada”, recuerda el ex Gatos. Ne-bbia compuso un tema ¡en cinco minutos! (el inédito “Charlaciones”), llamó a Garré para cantarlo, lo grabaron en el estudio de Los Bárbaros (aún no existía Melopea) y lo mandaron en un cassette. “Y quedamos seleccionados”, se ríe Litto. “Había un tema de Jairo, otro de Batman, cualquiera, y se supone que el ganador estaba pactado, digamos. Pero vamos a suponer que hayan estado arreglados cuatro jurados de diez y los otros seis te votan a vos ¡y nos pasó eso! El día de los premios yo estaba mirando la tele en casa y digo ‘ahora van a ver por qué todo esto es una trampa’. Silvina había ido al canal a cantar con la orquestita grabada por mí y no con la del canal, encima. Todo al revés era. Y, de repente, bueno, el tipo que tiene que decir quién ganó puso una cara increíble. No entendía nada.”

S. G.: –La canción representó al país en Washington. Fuimos los dos y había una cosa bizarra, una fiesta de la OEA en el medio. Yo estaba en una cosa súper rockera, rebelde, mientras las otras cantantes se producían al lado mío... Se ponían peinetas y unos peinados que parecían edificios, era una cosa increíble eso. A Litto lo llenaron de tarjetas y él no tenía ninguna suya para dar. Me acuerdo de que no votamos en las elecciones porque estábamos fuera del país.

–¿Qué significaba Litto para los músicos de la trova rosarina, Silvina?

–Yo qué sé, el inventor del rock argentino, el tipo que hizo “La balsa”... Lo veíamos como un grande absoluto.

L. N.: –Un día viendo a Fito (Páez) en un documental, le preguntaron por mí y el tipo dijo que yo era como Cristóbal Colón. No sé qué carajo habrá entendido el conductor...