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martes, 31 de marzo de 2009

CHARLIE GARCIA_ LA VUELTA


Charly volvió después de 294 días

A casi diez meses de haber sido internado, dio un concierto gratuito y sorpresivo frente a la Basílica de Luján. Tocó siete temas y cerró con su versión del Himno. Se lo vio recuperado y algo más calmado, pero con la energía de siempre. "Seguimos rockeando", avisó.


Por Pedro Irigoyen.
Charly cantó. Casi diez meses después de su último concierto, aquel complicado 8 de junio, Charly García volvió a subir ayer por la tarde a un escenario, armado sobre una glorieta, frente a la Basílica de Luján, para dar un concierto de siete canciones, frente a algo más de mil personas que se acercaron al lugar.

"Qué bueno sería tocar acá, mañana", dicen que había dicho el músico, el día anterior. Y, en sólo 24 horas, el deseo se hizo realidad. "Nos hubiera gustado haber podido organizarlo un poco mejor", diría Palito apenas terminada la presentación. Pero enseguida agregaría: "Por suerte pudo hacerse y Charly pudo agradecerle a Dios y a la gente de Luján, como quería".

Si bien los rumores sobre la vuelta de Charly a un escenario habían comenzado a correr el domingo a la noche, recién a partir del mediodía de ayer se supo que el minirecital se haría, a las seis de la tarde. A partir de ese momento, la plaza comenzó a recibir a curiosos y fans dispuestos a no perderse el regreso. En franco contraste, la postal de pueblo, de un trío de gauchos que cruzaba la plaza, facón a la cintura, reforzaba junto a los vecinos que pasaban en bicicleta y una respetable cantidad de perros que jugaban de locales, se negaba a pasar a segundo plano.

"Cuando mi hija tenía un año, me escapé con ella a ver Adiós Sui Generis al Luna Park. Cómo no iba a estar hoy acá", preguntaba sin esperar respuesta alguna Miguel Gil, quien viajó desde Llavallol con un "Say no more" tatuado en el brazo y el antecedente de haber organizado el musicazo frente a la Clínica Avril, el año pasado.

A unos metros, y a la espera de la llegada del músico al improvisado anfiteatro, Fernando Juan, también de la zona sur del conurbano, confesaba que vio a García por primera vez en Ferro Carril Oeste, en 1982, y que desde entonces marcó su vida. "Por culpa de él y de los Beatles me hice músico", señalaba, antes de asegurar que hay García para rato: "Tiene mucha música para dar, aún. Y él siempre sale".

Mientras, sobre el escenario, Kiushe Hayashida, Tonio Silva Peña y Carlos González, el trío chileno The prostitution, junto al zorrito Von Quintiero, ajustaban el sonido y daban algunos detalles de la previa. "Vinimos el martes a la mañana, para empezar a ensayar", explicaron los chilenos, quienes anticiparon gira y disco, sin entrar en mayores precisiones. En cambio, destacaron la recuperación de Charly. "Poder estar con él es impresionante. Estamos felices de verlo más sano y feliz de volver a cantar", coincidieron.

Entonces, a las 18.03, de la Traffic blanca que minutos antes había abandonado la estancia Mi Negrita, bajó, con tumulto incluido, Charly García, acompañado bien de cerca por su amigo y anfitrión Palito Ortega.

No hubo presentaciones. No hicieron falta. Sentado al teclado, con una bandera inspirada en John Lennon, en la que se podía leer "La paz es posible, si usted quiere", firmada por Charly, como telón de fondo, el García 2009, un poco más gordo y lento, arrancó con Demoliendo hoteles. Siguió con Promesas sobre el bidet y No me dejan salir. Entonces sí, por primera vez se paró, avanzó hacia el borde del escenario. "Tengo que volverte a ver", cantó. Y regresó a su refugio de teclas, donde a medida que los minutos y las estrofas pasaban, se animaba a más.

Abajo, las pocas vallas de contención comenzaban a ceder ante la presión de la gente y llenaban de preocupación la cara de los encargados de la seguridad. Entonces, García fue Charly y puso las cosas en su lugar. "Seguimos rockeando", anunció, y desde entonces, todo volvió a la normalidad.

Cerca de la revolución, tema de apertura de los shows de la prolongada etapa del "aguante", fue el prólogo de Influencia. Entonces cantó: "Algo ha cambiado, para mí no es en vano". Y habrá que creerle. Como cuando su voz se desgarró y abandonó hasta el más tibio intento de afinación, y ya no cantó sino que gritó: "Debo confiar en mí", antes de volver a susurrar (se): "Lo tengo que saber".

El quinteto continuó su show con No voy en tren, y para entonces, los fans hacían temblar la endeble estructura de luces y alguna chica era retirada desmayada, como para certificar que lo que estaba sucediendo era, ni más ni menos, que un concierto de rock. Faltaba el cierre. Y, sin introducción, el Himno Nacional en versión García abría el cierre del concierto. Como para aclarar que el regreso no significa concesiones estéticas. Ni ideológicas. "O juremos con gloria, morir", cantó. Y terminó.

Entonces, con el vallado de frente colapsado, varios auxiliares se lo llevaron corriendo, sin saludos ni palabras de despedida, al mismo vehículo del que había descendido 34 minutos antes.

Abajo, entre el público, cerca de un cartel que le deseaba "fuerza" al músico, Julieta Ortega no ocultaba su alegría. "A quienes vimos su evolución de cerca nos produce una gran emoción verlo sobre el escenario. Era un momento que estaba esperando", contó. Ahí nomás, Marcela Salloni y Graciela Iribarne, vecinas de la ciudad, no dejaban de celebrar la vuelta de García a la música. "Estuvimos en el recital de Adiós Sui Generis. Es lo más grande que hay", dijeron al unísono, a la vez que elogiaban la decisión de que la presentación durara tan sólo media hora.

Con la camioneta que trasladaba a Charly ya camino a la estancia de los Ortega, las conclusiones quedaron en la voz de Von Quintiero, coequiper hoy de García como en tiempos de Cómo conseguir chicas. Y, desde su lugar, aportó: "Lo vi bárbaro. Fue una idea que se le ocurrió a él, que se concretó de un día para otro, y sonó bien". Y agregó: "Por suerte, estuvo bueno. Lo que sigue, todavía no lo sabemos".

Por entonces, sobre el escenario, un grupo de fans, muchos de ellos luciendo brazaletes con la consigna "Say no more", insistía en que Charly no se iba. En tanto, la imagen de un García que tiene por delante un largo camino por recorrer comenzaba a hacerse un lugar en la memoria de quienes habían disfrutado, minutos antes, el inicio de un regreso que va a paso más que tranquilo.

Como el de María Victoria Ramos, quien antes de emprender su largo retorno a Avellaneda resumió: "Lo más importante es que se cure. Hoy, hizo lo que pudo. Y pudo bastante".

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