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viernes, 20 de marzo de 2009

DUFFY, LA GALESA QUE ES REVELACION DEL NUEVO SOUL BRITANICO


DUFFY, LA GALESA QUE ES REVELACION DEL NUEVO SOUL BRITANICO


Por Juan Andrade

Hace un par de semanas, esta galesa dejó a Chris Martin masticando el polvo de la derrota. Empatada en cuatro nominaciones con Coldplay, la rubia cuyo nombre todavía no resulta familiar por estos lados era una de las principales candidatas en la entrega de los Brit Awards. Pero mientras que la banda insignia del brit-pop del nuevo milenio se quedó con las manos vacías, la chica que hasta hace poco se ganaba la vida como empleada en una estación de servicio alzó las estatuillas correspondientes al mejor álbum, a la solista femenina y a la revelación de la música de las islas. Exactamente diez días antes, Rockferry se había quedado con el Grammy al Mejor Album Pop Vocal. Con 4 millones y medio de copias vendidas en todo el mundo en plena era de las descargas gratuitas, no está nada mal para un disco debut.

¿Qué palabras usó la reina de la noche de los Brit Awards a la hora de los agradecimientos? “No les voy a mentir. Esto no es fuckin fácil. Es duro”, dijo, sin ocultar la emoción. Seguramente en su cabeza se arremolinaban imágenes de la garra y la ambición que le puso a su camino a la fama, pero con 24 primaveras en su haber tampoco es que le haya costado una eternidad abrirse paso en un ambiente competitivo como el de las estrellas pop. Es cierto que antes de que alguien en la industria la tomara en serio, la chica nacida como Aimee Ann Duffy probó suerte en Wawffactor, una especie de versión galesa de American Idol. Terminó segunda, y rabiosa: “Fue la época más infeliz de mi vida”. Pero bastó que unos demos con su voz llegaran a oídos de Jeannette Lee, una ejecutiva discográfica con experiencia y buen olfato, para firmar la clase de contrato con el que había soñado. A partir de ese momento, según sus propias palabras, “dejé atrás toda la estupidez y empecé a escribir en serio”.

Fue Lee quien ayudó a Duffy para que se instalara en Inglaterra allá por 2004. Y también la contactó con Bernard Butler, ex guitarrista de Suede. Una de las cosas que sorprendieron al que terminaría convirtiéndose en el productor de su álbum debut era que una chica de veinte años prácticamente ignorase la música que estaba “de onda” entre los chicos de su edad. Como su formación en el ítem “clásicos” tampoco era ejemplar, empezó a pasarle temas de Aretha Franklin, Bettye Swann, Al Green y Otis Redding, para que los escuchara en sus viajes diarios desde el pueblo de Nefyn en el que vivía hasta el estudio de Butler en la capital. “Para ella ir a Londres era como un cuento de hadas”, comentó Butler al respecto.

El productor no sólo no percibió la “inocencia” musical de la blonda y bonita vocalista como un problema sino que buscó la manera de potenciarla. El resultado final, Rockferry, lleva la firma de ambos en la mayoría de las canciones y parece recrear un aire particular: el de los vinilos de sellos como Stax o Motown, con orquestaciones que incluyen delicados arreglos de cuerdas y vientos y coritos de chicas repitiendo “yeah-yeah”. Todo enmarcado por la voz aniñada y al mismo tiempo agrietada de una chica que le canta al desamor, aunque confiesa que nunca estuvo enamorada. Entonces algunos medios empezaron a llamarla, muy a su pesar, la “nueva Dusty Springfield”. Y acá estamos.

La chica que sólo quería divertirse y cantar se convirtió en la flamante diva del nuevo soul británico, una corriente cada vez más potente que a su vez desemboca en el gran mar de la cultura retro. Ahí convive con otras exponentes del subgénero como Amy Winehouse y Joss Stone. Mientras que del otro lado del Atlántico artistas como Macy Gray, Erykah Badu o Alicia Keys buscan un sonido propio, contemporáneo o al menos la manera de agregarle algún ingrediente renovador a la tradición R&B, para Duffy y sus colegas del Reino Unido el tiempo parece haberse detenido a mediados del siglo pasado, digamos, como si nunca hubiera existido algo llamado hip-hop. A su lado, un compatriota varias generaciones mayor como Jay Kay de Jamiroquai podría pasar, con alguno de sus gorros estrafalarios, por un alienígena funk recién llegado del futuro. Pero Duffy es clásica, y a pesar de que su joven vida está disparada hacia adelante, en su música y en su voz agrietada el tiempo parece detenido

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