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martes, 24 de marzo de 2009

RADIOHEAD: La leyenda de una banda ambiciosa


Hoy la banda del Brit Pop con más reconocimiento artístico abre a lo grande el Quilmes Rock. Aquí un repaso de sus logros, sus riesgos y su originalidad.

Por: Juan Andrade
Para el video de "House of cards", de su último disco, In Rainbows, no se usaron cámaras ni luces, siendo reemplazadas por tecnologías 3D.
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

ambition
. Así está escrita la palabra, con 26 repeticiones de la vocal inicial y obviamente en inglés, en el librito interno de Ok Computer. La línea completa de Paranoid Android dice algo así como: "La ambición hace que te veas muy feo". Forma parte de esa especie de flujo de conciencia que sostiene el hilo narrativo de la canción. Pero si la idea tuvo algún sentido para el cantante Thom Yorke cuando la escribió, la trayectoria de Radiohead puede ser revisada de manera retrospectiva como una demostración audible de que nunca les importó eso de parecerles feos a los demás. Tal es el tamaño de su ambición, en un sentido principalmente artístico: ir siempre por más y no hacer lo que se espera de ellos.

El tema precedió la salida del álbum en mayo del 1997. Y como single llegó al tercer puesto de los charts británicos, con sus seis minutos y pico de duración y sus intrincados arreglos a cuestas. Funcionó como un indicio de que la búsqueda estética del grupo, que por entonces comenzaba a absorber desde el influjo de la avanzada electrónica hasta cierto minimalismo a lo Philip Glass (Let Down), se había alineado con su talento para generar melodías guitarreras y estribillos profundos, extraños y memorables. Con su enfoque crítico sobre los efectos deshumanizantes de la vida moderna (alienación, paranoia, depresión y fobias varias), para algunos especialistas en la materia OK Computer fue -ya en 1997- "el primer disco de rock del siglo XXI".

La obra cumbre de los ingleses es uno de los principales puntos de atracción para que alrededor de 30 mil personas vayan esta noche a su recital en el Club Ciudad de Buenos Aires. Y, entre ellos, seguramente muchos esperarán asistir a un momento bisagra en sus respectivas experiencias como público. Pero habría que decir que también hubo un antes y un después en la historia del quinteto formado en Oxford mediando los '80. Yorke, Jonny Greenwood (guitarra líder), Colin Greenwood (bajo), Ed O' Brien (guitarra) y Philip Selway (batería) se conocieron en los pasillos de la Abingdon School y debutaron en los boliches de la zona bajo el nombre de On A Friday. Cuando firmaron su primer contrato con EMI, se vieron forzados a encontrar el definitivo en el título de una canción de los Talking Heads: Radio Head (1986).

En el comienzo hubo un trabajo, Pablo Honey (1993), en el que pelaron una sensibilidad y un grado de introspección que habría de contrastar con la avalancha de arrogancia y hedonismo que marcó a fuego el Brit Pop en los años siguientes con Oasis y Blur a la cabeza. Su carta de presentación fue Creep, un hit tan sufrido como magnético que rebotó a un lado y al otro del Atlántico y les hizo un lugarcito en la pantalla de MTV. El siguiente paso llegó dos años más tarde. Se llamó The Bends y, aunque suele ser mencionado como su trabajo más influyente, en verdad se trató de un punto de partida más asccesible que su discografía posterior para "descendientes" como Coldplay, Travis o Keane, que hicieron del "melanco-pop" un estilo en sí mismo.

Con esos antecedentes, se aliaron con el productor Nigel Godrich y consiguieron que tanto la crítica como el público les hicieran una reverencia. Ok Computer no sólo ganó el Grammy al mejor álbum de Rock Alternativo, sino que la revista británica Q lo eligió como el segundo mejor disco de todos los tiempos en las islas, después de Revolver de los Beatles. ¿Exageración? El documental Meeting People Is Easy retrata el estado de ánimo grupal en aquella época, en la que no estaban precisamente encantados con las implicaciones de su éxito dentro los parámetros del mundo del espectáculo. La antorcha olímpica del rock parecía estar en sus manos y a ellos les quemaba: por propia voluntad o como un mecanismo de defensa inconciente, se corrieron del centro de la escena y se despacharon con Kid A (2000), su trabajo más arriesgado a la fecha.

Despegándose del formato canción (pequeño detalle: no hay letras impresas en el booklet) coquetearon con texturas provenientes del Krautrock (rock alemán de los '70), la música "Ambient" o el Free jazz. How To Disappear Completely y su orquesta de cuerdas épicas y disonantes resume quizás involuntariamente su deseo de borrarse del mapa en una especie de fuga hacia adelante o de salto al vacío: "No estoy acá/ esto no está pasando". En el diario con el que acompañaban las sesiones de grabación desde el portal www.radiohead.com, el cantante del párpado semi-caído se sinceraba: "Empezamos a ensayar para los shows, pero no sabemos cómo carajo vamos a hacer para tocar estos temas en vivo". Editado en 2001, Amnesiac se puede escuchar como la continuación de un virtual álbum doble completado con un año de diferencia.

La ambición estética mencionada más arriba recién pareció volver a encontrarse con la médula cancionera de la banda en Hail to the Thief. Al menos las guitarras volvieron a ser protagonistas y las letras a quedar impresas en las hojas de la tapa. Fue una especie de regreso a las fuentes a medias, porque no abandonaron el espíritu aventurero. El productor Godrich, que ha trabajado codo a codo con los muchachos durante el último decenio, lo calificó como "muy insatisfactorio para todos los involucrados".

No en vano Radiohead se tomó su tiempo para dejar atrás lo que aparentaba ser una meseta creativa y recuperar la vieja chispa de la inspiración. Entre un disco y otro mediaron cuatro años, pero In Rainbows se erigió de movida como un nuevo hito en la carrera de los de Oxford. Aunque en un principio los comentarios pusieron más énfasis en su original modo de distribución que en la música en sí misma. Después de todo, que una banda del Mainstream, prestigiosa e influyente, colgara su material más fresquito en la web antes de editarlo en formato compacto y que además dejara el precio librado a la voluntad del internauta (incluyendo la opción de descargarlo gratis), fue un notición que sacudió a una industria discográfica que veía más amenazas que aliados en la red.

Los ajustados y concisos 42 minutos y 44 segundos de duración de su séptimo disco parecen condensar la pulpa melódica que nutrió a las mejores canciones del grupo, a partir de un ensamble instrumental que no renuncia a la complejidad en su intento de comunicar emociones. La versión de Radiohead que tocará por primera vez en el país está integrada por cinco hombres que pisan la cuarentena, casados o en pareja, todos con hijos, más cerca de la madurez que de la angustia adolescente. La imagen del arcoiris a la que remite el álbum es de por sí ilustrativa, aunque en su caso la paleta multicolor también incluye preguntas metafísicas y paranoia. Yorke lo hizo explícito en una entrevista publicada en la última edición de la revista Inrockuptibles: "Estaba muy cansado de absorber el mundo exterior en nuestra música. Y la naturaleza íntima de este disco es una suerte de respuesta personal a un extraño clima de miedo generalizado. Es nuestra manera de cerrar los postigos y dejar que nuestro instinto de supervivencia nos guíe".

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