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sábado, 25 de julio de 2009

GUILLERMO PESOA: LA VIDA DESPUES DE LA PEQUEñA ORQUESTA REINCIDENTES




El reincidente

Dos años después de la separación de ese fenómeno de música ciudadana que fue la Pequeña Orquesta Reincidentes, su tecladista es el primero del núcleo fundador en asomarse a los escenarios como solista. Con un puñado de canciones que no abandonan la melancolía del grupo, está empezando a presentarlas en Buenos Aires.

Por Flor Codagnone

San Cristóbal se mueve lento, melancólico. Será el invierno que se cuela por todos los costados. En la calle se ven pocos transeúntes. Es martes, pero la sensación se asemeja a la de un sábado a la tarde. En ese barrio todo tiene un ritmo particular. Guillermo Pesoa, ex integrante de Pequeña Orquesta Reincidentes, abre la puerta de su departamento. Adentro hay una continuidad de lo que ocurre en la calle. En esos ambientes, amplios y luminosos, todo se mueve con una cadencia distinta, casi silenciosa.

El mismo Pesoa parece desplazarse en otro tiempo. Un mechón le cae sobre la frente. Tiene los ojos claros, clarísimos, de un celeste que contrasta con las paredes anaranjadas de su estudio. Allí estamos, rodeados de una gran biblioteca y de instrumentos (un piano, un teclado, varios acordeones).

Hay algo en esa imagen que lo describe: para Pesoa, la música y los libros son parte de lo mismo. Al echar un vistazo por esa habitación, queda claro que la literatura lo apasiona. Al escuchar sus canciones, se distingue una intensidad dramática que está cerca de la ficción narrativa.

Ofrece un té y comenta a Libertad Demitrópulos. Dice que algo en su escritura le recuerda a Juan José Saer. Cuenta que en su taller de composición y coordinación musical usa textos de Saer y, antes de seguir, Pesoa advierte que hablar de ese escritor lo emociona. No es difícil creerle. Aparte, el famoso territorio de la ficción saerina le recuerda a su provincia natal.

Hace ya dos décadas, Pesoa dejó Rosario para venir a Buenos Aires. Poco después de llegar estaba tocando en Reincidentes, un grupo que en su momento fue raro para la escena argentina. Tenían algo de profundamente lúdico y urbano, algo teatral y una mezcla de estilos que llamó la atención. Sus shows, por momentos, recordaban las películas de Kusturica. Grabaron ocho discos y tuvieron éxito no sólo en el circuito nacional sino también en varios países europeos. Tocaron con Nick Cave y compusieron la música de la película uruguaya Whisky. En 2008 el sueño se apagó. Para sorpresa de su público, la Pequeña Orquesta decidió separarse.

Pesoa, entonces, lanzó su propio proyecto. No de la noche a la mañana, claro. Necesitaba tiempo para replantear su carrera. Hasta llegó a preguntarse si tenía sentido seguir haciendo música. “Es que mi trabajo como compositor y como músico estaba íntimamente ligado al grupo”, explica. “No tenía urgencia por salir a tocar porque Reincidentes nunca fue una cárcel para mí. Al contrario. Siempre confié en el trabajo grupal. Creo que potencia a los artistas. Al mismo tiempo, laburar solo está buenísimo aunque me da un poco de vértigo, me deja más en bolas”.

Según Pesoa, los temas que compone están entre el “rock oscuro y la cumbia oscura”. Dice que su música es como “la borra de los géneros”. Las exquisitas “El muerto” y “La mayor” (la influencia de Saer lo llevó a elegir ese título) son pruebas concretas de lo que el músico quiere explicar. En cuanto uno las escucha, suena en la cabeza el eco de Reincidentes. Pesoa no reniega de su pasado: “En el momento de la separación, la banda estaba buscando intensidad rockera. Cuando me encontré solo, empecé a preguntarme qué esperarían de mí ahora que no formaba parte de un grupo. Creo que, en cierto sentido, estoy haciendo lo mismo que hacía en Reincidentes. La diferencia, quizá, esté en que mi repertorio es un poco más variado”.

Su propuesta musical es intimista, despojada. Hay una economía de recursos, una búsqueda de gestos mínimos. Hay también una intensidad dramática en su música y en sus letras. “Siento que, con estas nuevas canciones, me estoy construyendo un refugio, una casa. Algunas ya están en el punto en el que las imaginé: en un lugar áspero, seco. Podrían ser más ‘radiables’, pero eso me aburre, no me interesa. Ahora lo único que quiero es tocar.”

El joven de mechón en la frente y ojos claros vuelve una y otra vez sobre referencias extramusicales. Saer. Kandinsky. La borra del café. La casa (su casa), el refugio. Ahora habla de Débora Pérez Volpin, sí, la periodista que trabaja en Canal 13. Dice que a la tarde estaba escuchando el programa que ella conduce en Radio Mitre y que, por la cantidad de cosas distintas que plantearon ahí y por el enfoque sobre la información, anularon cualquier posibilidad de análisis. Por eso, él busca la economía de recursos, porque cree que el gran problema actual es la sobredosis de información. “Eso me aterra”, asegura el hombre que reincidió en la música, esta vez solo.

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