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viernes, 24 de julio de 2009

Cuando el bandoneón es un arte



Cuando el bandoneón es un arteRíos, Mosalini, Federico, Marconi y Pane homenajearon a otros grandes, como Troilo

Recital de Leopoldo Federico, Julio Pane, Walter Ríos, Néstor Marconi y Juan José Mosalini, para conmemorar el Día del Bandoneón. Anteayer, en La Trastienda.

La asociación de las palabras "reunión" y "cumbre" ya está bastante gastada. Pero, a fin de cuentas, de eso se trató el desfile de bandoneones de anteayer por la tarde en La Trastienda, cuando tocaron cinco talentosos de este instrumento: Leopoldo Federico, Julio Pane, Walter Ríos, Néstor Marconi y Juan José Mosalini. Y la sala estaba llena. No quedaba lugar donde sentarse; apenas se podía caminar por los pasillos. Según los organizadores, quedó gente afuera. Fue el embrujo de la doble A. Nadie parecía recordar la gripe A o, en el mejor de los casos, había tomado precauciones sin caer en la paranoia de días atrás.

La asociación TangoVía aprovechó el festejo del Día del Bandoneón para relanzar su colección El arte del bandoneón , que presenta una serie de discos con músicos muy reconocidos en esta labor, que tocan en solitario. Para esto convocó a los que ya grabaron para la serie (Federico, Pane, Marconi y Ríos) y a uno que posiblemente lo haga más adelante (Mosalini).

Hubo mucha gente reunida para escuchar durante dos horas a solistas (y a veces a dúos) que homenajearon al bandoneón; específicamente al bandoneón del tango, porque no se escuchó folklore del Litoral ni del Noroeste ni primos del tango, como las milongas rioplatenses y los valses. Fue un recital escuchado con respeto y aplaudido con fervor. Hasta hubo verdaderos entendidos entre la audiencia -como el badoneonista Daniel Binelli- que aplaudieron de pie. No fue para menos. Se trató de una muy buena exposición de estilos, con algo de masterclass y, sobre todo, de hecho artístico.

El repertorio contó con varios homenajes implícitos y explícitos a Aníbal Troilo y a Astor Piazzolla, y un comienzo que fue hasta los inicios del bandoneón. Porque empezó con "Pedro y Pedro", en una magnífica versión de Mosalini. Si bien el tema es una dedicatoria a Pedro Maffia y Pedro Laurenz, el modo como fue escrito, y especialmente por las articulaciones que requiere, resaltan las características originales del bandoneón, que fue pensado como órgano portátil.

Luego se escuchó un gran dúo entre Pane y Mosalini ("Divagación y tango"), y otro entre Marconi y Ríos ("Los mareados"). Y se pudo disfrutar de la exposición solista de cada uno: del homenaje troileano de Ríos, de los vericuetos que tienen los arreglos de Marconi (en "La bordona"), del desarrollo armónico y los breves juegos contrapuntísticos de Pane (en "Loca bohemia" y "Boedo").

Para el cierre llegó Leopoldo Federico. Un par de piezas le alcanzaron para demostrar que, aunque un músico toque solo, puede tener la gracia y el swing tanguero de todo un conjunto. Hubo versiones ("Caminito" y "Cabulero") en las que se movió con los gestos de cualquier bandoneonista solista, pero por momentos mantuvo (o sería mejor decir que largó y más tarde recuperó) el swing de los temas como si estuvieran tocando más.

Al final de su baile entraron los demás para saludar. Muchos en la platea se habrán quedado con las ganas de un gran final con todos juntos. ¿Hubiera sido lo justo? Eso habría sido lo esperado, lo habitual, el bis de rigor con todo el elenco, el momento ideal para tocar "La cumparsita". En realidad, el bis fue la juntada en sí misma, con los momentos solistas, con la exposición de estilos, con los dúos que fueron armando. Y si esto fuera una crónica rockera o clásica habría que decir: con alta música.

Mauro Apicella

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