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viernes, 10 de julio de 2009

A LOS 77 AñOS, MURIO ALLEN KLEIN, EX MANAGER DE THE BEATLES Y THE ROLLING STONES



El tiburón que mordió a los grandes

Los Stones debieron ir a tribunales para obligar a Klein a pagarles regalías por sus propias canciones.

A fines de los sesenta peleó por las regalías de las canciones de los dos grupos ingleses más grandes. Pero sus servicios costaron caros: aún hoy, la compañía ABKCO posee los derechos sobre las obras de Jagger-Richards grabadas en esa década.

Por Jonathan Brown
Allen Klein fue el “mayor bastardo del valle” que se diseñó a sí mismo y supo manejar los asuntos de negocios de The Beatles y The Rolling Stones por un breve período a fines de los ’60. Pero el tipo de habla dura nacido en Nueva Jersey, fallecido el sábado a los 77 años, caería en desgracia de un modo espectacular con sus dos clientes de más alto perfil, iniciando una batalla judicial que duró años. La muerte en su hogar neoyorquino, consecuencia de varias complicaciones de salud relacionadas con el mal de Alzheimer, fue anunciada por su compañía ABKCO Music & Records, que todavía posee los derechos de una importante tajada de las más exitosas grabaciones de los Stones realizadas en los años sesenta. A pesar del bien asentado odio que su relación con ambas bandas encendió entre músicos y fans, su publicista Bob Merlis dijo que el arquetípico tiburón de la música seguía creyendo que había hecho un buen trabajo por las bandas que representó. “El estaba muy orgulloso de la posición que ocupó, y de lo que fue capaz de hacer con los diferentes artistas con los que tuvo oportunidad de trabajar”, señaló.
Muchos fans de Los Beatles culparon a Klein, un hombre impetuoso y sanguíneo, de agregar presiones que terminaron fracturando a los Fab Four, aunque la verdad es que la banda ya estaba en un curso de disolución cuando el abogado asumió el control parcial de sus asuntos, en 1969: Klein se encontró inmerso en la creciente rivalidad y hostilidad entre John Lennon y Paul McCartney. El primer intento de firmar contrato con ellos llegó en el pico de su fama, tras la muerte de Brian Epstein en 1967. En esa oportunidad falló, pero Klein –para muchos, alguien para quien el interés en la música era bastante menor que el interés en la faceta financiera de esas bandas– perseveró. Se las arregló para convencer a Lennon, quien a su vez convenció a George Harrison y Ringo Starr para traerlo al equipo, en parte gracias a su fama como hábil negociante para conseguir que se liquidaran las regalías no pagadas (de las cuales se quedaba con la mitad) a músicos como Bobby Darin y Sam Cooke. Además, era un rudo interlocutor para las compañías discográficas y podía ser una mejor alternativa que el elegido por McCartney, el abogado de Nueva York Lee Eastman, quien era su suegro.
Lennon insistía en que había un profundo vínculo con el hombre que había conocido en el set de la película de los Stones Rock and roll circus. En una entrevista de 1970 dijo: “El no sólo conocía bien mi trabajo y las letras que había escrito, sino que sobre todo las entendía. Eso fue suficiente”. Posteriormente, el músico reconsideraría su visión, sobre todo porque llegó a sentir que Klein menospreciaba a Yoko Ono. Se cree que su canción de 1974 “Steel and Glass” –que incluye la línea “Tu boca grazna mientras disemina mentiras”– hace directa referencia al ex manager. Más tarde, Klein fue despiadadamente satirizado por John Belushi como Ron Decline, en el film de 1978 The Rutles.
Pero aunque Klein nunca fue aceptado por McCartney, se las arregló para poner orden en las caóticas finanzas de Apple, con métodos que chocaban de frente con la ideología hippie de la época. Además ayudó a diseñar una lucrativa renegociación de contrato con EMI, y se le atribuye haber contribuido a salvar el proyecto Let It Be, al sumar al productor estadounidense Phil Spector. En una entrevista de 2001, admitió que su principal interés era el dinero y no la música. “Lo que amaba era meterme en los libros de contabilidad”, dijo. “Y era bueno en eso.” En 1969, un perfil publicado por The New York Times se refería a él como “el más duro negociante en la jungla pop”. Era una visión que Klein compartía, si se tiene en cuenta que en una Navidad envió tarjetas de saludo que parodiaban el Salmo 23: “Aunque camino a través del valle de la sombra de la muerte, no temeré a ningún mal, porque soy el mayor bastardo del valle”.
Fue comanager de The Rolling Stones desde 1965, al comprarle a Andrew Loog Oldham su participación en la banda, y se quedó con un 20 por ciento de las ganancias tras renegociar un contrato de grabación. Pero hacia el final de la década la relación entre Klein y particularmente Mick Jagger se estaba desintegrando. El punto de ruptura fue su adquisición de los derechos del mejor trabajo de los Stones, incluyendo clásicos del tamaño de “Brown Sugar”, “(I Can’t Get No) Satisfaction” y “Jumpin’ Jack Flash”. Fue finalmente despedido en 1970, año de la separación oficial de The Beatles y de la demanda judicial de McCartney a sus ex compañeros de banda, en un intento de zafar él mismo de Klein. Pero siguió ejerciendo un considerable control sobre las fortunas de Los Beatles y los Stones durante años, enredándolos en una maraña de complejas disputas legales que engañaron a los fans. Las tensiones con Jagger –dueño él mismo de una poderosa mentalidad empresaria– persistieron aún después de que Klein fuera despedido y culminaron con el célebre incidente en el que el cantante persiguió a Klein por los pasillos del Savoy Hotel tras una agria discusión sobre el dinero. Con el estadounidense a cargo del catálogo de los ’60, los Stones no pudieron gozar de la recompensa financiera que merecían. Las asperezas sólo se resolvieron –al menos legalmente– en 1984, cuando Jagger entregó a un juzgado federal en Nueva York evidencias de que Klein “quería quedarse con una parte de nosotros, de nuestro futuro”.
El compañero de composición de Jagger, Keith Richards, tuvo una visión menos confrontativa de su relación con Klein, a la que describió como “el precio de la educación”. Eventualmente, Klein mantuvo los derechos de las canciones, pero accedió a pagar regalías en tiempo y forma. En 1979 llegó a pasar dos meses en prisión por fraude de impuestos, al no informar el ingreso por ventas de discos promocionales. Pero él insistió en que simplemente estaba haciendo su trabajo. “No me hablen de ética”, le dijo a Playboy en 1971, el año en que ayudó a producir el Concert for Bangladesh de George Harrison –un antecedente de Live Aid–, aunque los beneficios, por una disputa sobre los arreglos de impuestos, tardaron una década en llegar a sus destinatarios. “Cada hombre hace su propia ética. Es como una guerra, elegís temprano tu lado, y desde ese momento empiezan a dispararte. El hombre al que derrotás te llamará poco ético. ¿Y qué?”
ABKCO Music & Records, la compañía de Klein, está entre las mayores discográficas independientes en una industria dominada por un puñado de megalíticas corporaciones multinacionales. Se mantiene con un control familiar, con dos de sus hijos aún trabajando allí, incluyendo a su director, Jody Klein. En 1997, la familia Klein demostró que su feroz instinto para los negocios no había disminuido ni un poco: la banda inglesa The Verve fue forzada a entregar el ciento por ciento de las regalías por su mayor hit, “Bittersweet Symphony”, porque utilizaba un sample del hit de los Stones “The Last Time”, cuyos derechos pertenecen a ABKCO.

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