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sábado, 30 de mayo de 2009

BENNY GOODMAN_EL HOMBRE ORQUESTA


Los 100 de Benny Goodman, el hombre orquesta

Lo llamaban "el rey del swing". Nació el 30 de mayo de 1909 y murió en Nueva York el 13 de junio de 1986. Brilló al frente de su Big Band y también con formatos más pequeños. En una nota sobre su vida y obra, lo recuerda el dibujante y también músico Hermenegildo Sábat.

Por: Hermenegildo Sábat
"Sing sing", interpretada por Benny Goodman para la película "Hollywood Hotel" en 1937.
El jazz hubiera sido sólo una corriente musical relevante para pocos iniciados de no haber intervenido Benny Goodman en 1935, quien lo transformó en una pandemia de caracteres globales. Ese impulso, articulado por su clarinete y 14 músicos disciplinados a quienes no permitía minúsculos errores, determinó un éxito impensable en medio de una depresión que vulneró, como ya fue contado, todos los estratos de su país. El fenómeno le valió el sobrenombre publicitario de Rey del Swing y arrastró diferentes industrias, desde la discográfica hasta la fabricación de instrumentos de viento, y generó émulos del ambicioso joven nacido en Chicago, entusiasmados con la posibilidad de gratificaciones similares.

Su humilde origen no preanunció que Bela Bartok, Aaron Copland y Paul Hindemith dedicarían obras para que brillase su virtuosismo. Miembro de una familia judeo-rusa, fue octavo hijo entre once hermanos. Su padre, sastre (como el de su archirrival Artie Shaw) insistió que sus vástagos debían estudiar música y así lo hicieron en una academia donde, además, les proveían los instrumentos. La criatura devino pronto en un prodigio.

Tuvo un maestro alemán de nombre Franz Schoepp, que le inculcó el rigor para domesticar un instrumento arduo y dificultoso.El sastre apareció un día con una victrola y unos discos de 78 RPM. Ahí descubrió Benny a Ted Lewis, un modelo poco imitable, del que se mofaría, con imitaciones, en su propio barrio. Con pan talones cortos conoció a Bix Beiderbecke, que le faltó el respeto hasta que lo escuchó. Su oido absoluto ya le había hecho absorber a los "african-americans" Johnny Dodds y Jimmie Noone y a Leon Ropollo, un blanco místico que terminó en un manicomio. Noticias de su precoz talento fueron recibidas por Ben Pollack, que mantenía una exitosa orquesta cerca de Los Angeles. A los 16 tomó un tren hacia California, pero, como Aníbal Troilo "no se fue del barrio": desde ese momento solventó a su abundante familia. Bud Freeman, un original saxofonista tenor, también nacido en Chicago fue certero: "Benny era un genio inconsciente de su talento. Pero no se puede ser, al mismo tiempo, un genio y una buena persona". Convivió con Pollack un año y medio e intervino en grabaciones donde los elogios de sus colegas no son exagerados (Bashful Baby, Yellow Dog Blues, al lado de Jimmy Mc Partland y Jack Teagarden). Su sonido era (y sigue siendo) inconfundible y su swing no era el capricho de un joven que se formó escuchando los grandes músicos negros. Cuando Pollack llegó a Nueva York, en 1928, Benny decidió abrirse e inició una carrera como free-lance, donde tocó de todo pero nunca tocó mal.

Grabó Clarinetitis un tema propio donde se florea por todas las escalas, acompañado por un piano y una batería casi inaudibles, pero poco importa. Fue la estrella en sesiones junto a Red Nichols (Indiana, China Boy, Who's Sorry Now -en saxo alto-), pero preanunciando su mal carácter le pasó una factura al trompetista: durante una actuación pública comenzó a urdir sonidos ajenos y fuera de tono. Nichols entendió el mensaje y le preguntó qué estaba haciendo: "¿Escuchaste lo mal que toco cuando quiero? Siempre tocás así". En 1931 intervino en otras sesiones organizadas por Ted Lewis, su mentor inicial. Pero no estaba solo. Lo acompañaban Fats Waller, Muggsy Spanier y George Brunis. Por lo menos tres de los temas podrían haberlo consagrado (Dallas Blues, Royal Garden Blues, Dip Your Brush on the Sunshine) para erigirlo entre los grandes improvisadores. El año siguiente, víctima de un accidente automovilístico, murió Frank Teschemacher, otro chicagüino brillante citado por Artie Shaw como modelo de Goodman. Otro artista que utilizó el instrumento como un medio fue Pee Wee Russell, a quien Goodman respetó pero nunca recomendó para que alguien se acercara al clarinete.

Goodman comprendió, hacia 1934, que no tenía opciones: o formaba una orquesta que le obedeciera o debía cambiar de profesión. Ni recibiría órdenes ni esperaría para tocar solos irrelevantes. Tuvo suerte. Aparecieron un joven aristócrata llamado John Hammond, que lo alentó y vinculó con músicos, empresarios y hasta con su hermana Alice (que devino señora de Goodman) y la radio, un medio nuevo, que juntos generaron , de golpe, el trampolín mágico que transformaría a un joven del ghetto de Chicago en un nombre tan repetido como el del presidente Roosevelt. Después de actuar en un programa que comenzaba a las once de la noche, y en el que tocaba arreglos que no recordaban ni a Nueva Orleans ni a sus colegas de Chicago, pero contenían solos que remedaban esos estilos, el público, agobiado por una situación económica que parecía interminable, se abrazó a Goodman. Pero llegar a ese gesto cariñoso tomó su tiempo. La audición inicial, titulada Let's Dance duró una semanas y fue continuada por una gira desde Nueva York hasta California. Cuando llegaron a Denver, Goodman estuvo a punto de disolver la banda: nadie se interesaba ni los escuchaba. El gran pianista Jess Stacy rogó a Benny que esperase . Algunos miembros desertaron, entre otros el magnífico trompetista Bunny Berigan. Pero Stacy acertó: en San Francisco muchos jóvenes dieron bienvenida a la banda y en Los Angeles se produjo una explosión de alegría -y de público- en una sala juiciosamente llamada "Palomar". Los jóvenes bailaban en el escenario, en los corredores, (casi) en los techos.

Desde ese instante Goodman pudo grabar lo que quiso, tocar en lugares hasta entonces negados a músicos de jazz y librar una silenciosa batalla por la integración racial, convocando a grandes instrumentistas de color (Teddy Wilson, Lionel Hampton) y compartiendo escenarios con ellos.

Como nadie es perfecto, Goodman cargó con sus peculiaridades. A veces es saludable ignorar las anécdotas de la gente que se admira.

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