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sábado, 30 de mayo de 2009

DISCOS_ “BRUJA” SALGUERO HABLA DE SU DISCO FLOR DE RETAMA



“Mi fuerte es la sutileza”

La cantante riojana, que recién con su quinto disco pudo hacer pie en Buenos Aires, dice sufrir cierta desconexión con la tierra, pero a la vez se explaya sobre lo que significó llegar aquí y entrar a grabar en los míticos estudios ION.

A María de los Angeles le pusieron “Bruja” en la secundaria. No sabe por qué. Nunca se lo dijeron. Supuestamente, porque todas las chicas del colegio tenían que tener un sobrenombre que las individualizara entre el resto. “Descarte que se trate de algo místico o asociado a brujerías o gualichos. No doy con el perfil”, se ríe ella. Como fuere, es una bruja que ama el sol. Desde que llegó a Buenos Aires, hace casi tres años y con su hijo Mateo en el vientre, lo que más extraña son los rayos del padre naturaleza. Vive en Belgrano. “Extraño un montón el contacto de sus rayos con mi piel... allá lo tenés ni bien salís a la puerta. Y la lluvia, el olor a tierra mojada. Es muy triste ver llover en Buenos Aires, ¿sabe? Muy triste.” Resulta que, también, esta particular bruja canta. Y canta bárbaro. Con fraseos suaves, llenos de matices y adaptables a casi todos los géneros que engloba el folklore del NOA y La Pampa surera. Traía, cuando llegó, 34 años de vida, cuatro discos –independientes– grabados en su tierra natal y esta es la primera vez que se le abre la puerta grande en Buenos Aires con el quinto: Flor de Retama, que fue presentado de manera oficial en estos días en el Centro Nacional de la Música.

“Con este disco necesitaba volver a La Rioja, identificarme con sus olores. Lloré un montón cuando elegí los temas, cuando los grabé. Por eso, la mitad pertenece a autores riojanos”, introduce, sobre una obra de once versiones. Algunas de autores de su tierra –Ramón Navarro, Pancho Cabral, Ana Robles– y otras de ciertos consagrados “para hacer entrar el disco”: Víctor Heredia, Raúl Carnota y Hamlet Lima Quintana, entre ellos. “Es cierto que necesito entrar en la gente a través de ellos, pero también me gusta grabar a gente nueva que se pone las pilas buscando lo bello a través del arte. Yo creo que no hay que ir en contra de la corriente, pero tampoco inmolarse. Lo mío pasa por encontrar el equilibrio. ¿Se entiende?”

–Al menos queda claro en la elección del repertorio...

–Y elegir un repertorio siempre es difícil para mí, porque necesito encontrar un equilibrio entre la cuestión musical y la estética, literaria. Puedo encontrar una melodía bellísima, pero si la letra es vacía, pasa. Y a veces encuentro poesías hermosas, pero su melodía no me llega. No es fácil. Me gusta la poesía metafórica, no directa. La idea, por eso, es encontrar un equilibrio entre la belleza literaria y lo musical.

–¿Se podría tomar “La casi trunca”, de Raúl Carnota, como el ejemplo más eficaz? ¿Lo acepta?

–Sí. Cuando me enteré que Raúl había nacido acá, no podía creer cómo tenía tan adentro la cuestión de la tierra... yo he visto mucha gente cantar folklore acá, pero les falta esa cosita, esa tierrita, que Carnota tiene no sólo en la manera de cantar, sino también en lo que dice y compone: sus composiciones se rigen a los compases que necesitás para bailar, pero tienen otro vuelo. A eso apunto, porque si bien me pongo fuerte cuando abordo alguna chaya, mi fuerte es la sutileza. Cuando represento un chamamé o una chacarera, entro a divagar. Me pongo suave.

–Dice que Buenos Aires le resulta hostil por la lluvia y el sol. ¿Qué fue lo positivo de instalarse aquí?

–Se compensa por otro lado. Llegar a un estudio de grabación –ION– y encontrarse con que el productor –Daniel Homer– contacta a Baglietto, a Nolé, a Franco Luciani, es una a favor de Buenos Aires. Me acuerdo de estar caminando por el estudio con mi bebé en brazos, dándole la teta, y ver fotos de Mercedes Sosa o de Pedro Aznar grabando ahí. Eso me shockeó. Es algo mágico, inexplicable para alguien que viene de tan lejos. Además, es la primera vez que tengo acceso a un tipo de público que no es el mío, el riojano, el de círculo chico, digamos.

En rigor, el plus de nombres que le da un toque de distinción a Flor de Retama –además de lo que la Bruja es en sí– pasa por los aportes de Juan Carlos Baglietto en “Destino de caminar”, de Víctor Heredia; de Ricardo Nolé en “Zamba para no morir”, del inmortal Lima Quintana y de Peteco Carabajal en, claro, una chacarera: “De ahicito”. Ellos, y la voz adaptable de la Salguero. “Yo llevo la bandera del folklore en alto desde que era chica, porque mi padre me cantaba chayas y chacareras. Pero también canciones españolas, que me fueron dando una apertura. Hoy escucho de todo... soy ávida de otras músicas. Si ve mi discoteca, ni se cree todo lo que tengo. Me apasiona poner al mango el volumen del equipo con Nirvana, porque el alma te pide satisfacer todo tipo de necesidades espirituales. Muchos me piden que me defina por algo más específico, pero yo ya me definí: me abro a todo lo que me gusta.”

–¿Menem es el mayor clavo del ser riojano?

—(Risas.) Y... es una carga muy pesada. Recuerdo que, cuando viajaba a Buenos Aires para alguna tocada, subía al taxi, te escuchaban la tonada y te empezaban a dar. Los riojanos éramos todos malos acá... se lo vivía en la prensa, en los taxis y en los recitales. Una vez se hizo un concierto con grupos de todo el país representando la idiosincrasia de cada provincia, y cuando me tocó subir a mí, menos mal que no escuché a la presentadora. Dijo: “Y ahora vamos a presentar a una cantora que viene de los pagos de un personaje nefasto y pa pa pa pa”... lo sufrí, porque se metió con mi gente. Por suerte, también tenemos a los caudillos y llevamos como emblema esa cuestión de lo federal. Y al padre Angelelli, claro... poco se sabe aquí de las peñas que siempre se hacen allí para homenajearlo. Ellos también son el ser riojano.

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