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jueves, 9 de abril de 2009

ARIEL ARDIT Y LA BANDA SONORA DE CINEMA PARADISO, COMPUESTA POR ENNIO MORRICONE



Aquellos besos

Ennio Morricone (nacido en Roma el 10 de noviembre de 1928) fue compañero de colegio del director Sergio Leone (con quien más tarde colaboraría en casi todas sus películas). Estudiante de trompeta y composición en el Conservatorio Santa Cecilia, de Roma, su carrera como compositor de música para cine empezó en los ’60 y continúa hasta hoy, con unos 500 trabajos en su haber, incluyendo colaboraciones con Pier Paolo Pasolini, Bernardo Bertolucci, Gillo Pontecorvo, Brian de Palma, Marco Bellocchio y Pedro Almodóvar. Estuvo nominado al Oscar cinco veces (por las bandas de, entre otras películas, La misión, Los intocables y Bugsy) y finalmente recibió un premio honorario de la Academia de Hollywood en el 2006.

Por Ariel Ardit

Puesto a elegir un tema favorito de todos los tiempos, difícilmente habría podido pensar en un solo tango. Pero sí, hay un tema que no es un tango y que sin embargo siento emparentado en sensibilidad y nostalgia con el tango. No es sólo un tema, es en realidad la banda sonora y la película que más emoción me han causado y que más han perdurado en mi recuerdo a través de los años. La película es Cinema Paradiso, y esa música que tanto me emociona es la que Ennio Morricone compuso especialmente para ella.

Me pasó con la película desde la primera vez que la vi, y eso que ni siquiera la vi en cine, sino en video, hace ya unos cuantos años. Desde aquel primer encuentro, sentí que era impresionante la sensibilidad que tiene el argumento de la película, y cómo la conjunción que hay entre imagen y sonido reforzaba esa sensibilidad. Hay algo muy puntual dentro de ese argumento que me gusta mucho, y que es lo que más retengo: el proyectorista del cine (Philippe Noiret) le guarda al niño del que se hace amigo las escenas que incluyen besos y que el cura del pueblo censuraba. El cine decae; el niño parte a la gran ciudad y vuelve muchos años después cuando su amigo ya ha muerto. Visita a la mujer del maquinista y recibe una cajita de madera que su viejo amigo le había guardado, con aquellos besos que nunca había podido ver. Ese momento es el que más retengo de la película, el símbolo de la nostalgia, la amistad y el amor a las cosas simples que perduran en la vida con el paso del tiempo, y que es el mismo sentimiento que me produce el tango. Esa nostalgia que no tiene que ver sola o propiamente con el dolor, sino con el paso del tiempo y el cariño por las cosas simples. El tango perdura a través del tiempo porque en la mayoría de los casos sus historias son historias simples, sobre las que sin embargo se podría escribir una obra de teatro o una película, algo mucho más largo y desarrollado que la letra de una canción.

Ese momento del argumento donde el hombre guarda en una cajita los besos de cine a su amigo, esperando que el chico crezca para verlos, me parece que es un gran argumento para un tango: tiene su sensibilidad, la sensibilidad de uno de esos tangos que me gustan mucho, que cuentan historias reales, de carne y hueso. Nunca pensé en componer ese tango que podría inspirar Cinema Paradiso, pero, ahora que cuento esto, se me ocurre que podría ser, que tal vez sea una buena idea, que quizá algún día lo intente.

A esta escena que es como un tango se le suma que las imágenes de la película van emparentadas con su música de una manera espectacular, hecha como a medida. Después de que vi la película por primera vez, mi mujer, Irene, me regaló la banda sonora, así que yo la seguí escuchando por años. No he dejado de escucharla. La música de Cinema Paradiso me sigue conmoviendo como aquella primera vez. Puedo volver a emocionarme y a llorar, a sentir que se me sale el pecho cuando la escucho. Tan especial siguió siendo esta música para mí, que cuando mi mujer tuvo su primer Día de la Madre, es decir, cuando mi hija Nina –la primera de las dos: Nina y Renata– tenía unos cinco meses, le dimos como regalo un dvd con imágenes de Nina que yo había grabado a escondidas en mi casa, y que musicalicé con los temas de Ennio Morricone. Y tenía que ser así, ya que era la música que yo asociaba con algo tan querible y sentimental como puede ser la familia.

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