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martes, 21 de abril de 2009

Brian Eno y David Byrne


Imaginando el pop global con Brian Eno y David Byrne
Su música no se enmarca en ninguna tradición y apela
a la emocionalidad antes que al conceptualismo


Por: Jaime Casas


Imaginaron una nueva cultura; virgen, pero con sus propias reglas. Dieron forma al sonido que la ilustraba, y despojaron de ideas preconcebidas la proyección del rock en el pop, y viceversa. Desde entonces, la cultura imaginada de Byrne y Eno - un concepto inspirado en el imaginario de Borges-ha definido el modus operandi y el carácter de las variaciones del pop moderno. My Life in the Bush of Ghost (1981, reeditando y remasterizado en el 2006), último referente firmado por ambos antes de Everything That Happens Will Happen Today,marcó el inicio de una metodología en la que el eclecticismo adquiere toda su razón de ser. Antes, con la trilogía forjada conjuntamente con Talking Heads (More Songs about Buildings and Food,Fear of Music,y Remain in Light),Eno y Bryne habían hecho entender al mainstream que la música pop podía estar desconectada de los ritmos y texturas que la inspiraron originalmente.

La pregunta era - y ahora se repite con más fuerza que nunca-: ¿cómo sería el pop si fuese menos americano, o menos europeo, de lo que pensamos que es? La respuesta la encontramos diseminada en pequeños y grandes gestos de los músicos que a lo largo de los últimos cuarenta años han renunciado a los dogmas que se atisban desde la atalaya que el pop se procuró con The Beatles y The Beach Boys. La lista de nombres que han buscado el reverso del paradigma es mucho más extensa desde que Eno y Byrne decidieron unir fuerzas. Su empeño en imaginar una nueva cultura (global, hecha de retazos de las tanto, unos referentes sonoros y estéticos ajenos a lo impuesto por el mundo anglosajón, hizo virar el rumbo de casi todos los músicos que han apostado por la experimentación como punto de partida, pero que no son estrictamente artistas de vanguardia.

La intensidad que precedió a My Life in...,reflejada en el grueso de la carrera de Talking Heads, pero, sobre todo, en Fear of Music (1979), el último disco al alimón antes de afrontar el reto emocional que supuso el disco firmado por ambos, es el vínculo que relaciona el ambient pop que Eno había acuñado unos años antes y la obsesión avant-funk de Byrne con los métodos compositivos que han definido la relación artística entre ambos, y con la música popular que va de Public Enemy, Goldie, y, por qué no, el Detroit techno,a Animal Collective y Vampire Weekend. Una ristra de artistas escandalosamente contemporánea. Tanto como todavía lo son discos como Another Green World (1975), de Eno, o toda la discografía de Talking Heads.

Inspirados por la fascinación de Byrne por el pop africano y una idea que Eno ha desarrollado en toda su obra como músico y artista, el sonido encontrado,crearon una música desenraizada, sin referentes culturales predeterminados. A voces cazadas de lugares tan distintos como programas de radio o ceremonias exorcistas, y una constante pulsión funk salvaje, inesperada y experimental, conectaron el pop a una idea de globalidad que ha tenido que esperar veinticinco años para incorporarse con la naturalidad que faltó antaño.

El concepto destila inteligencia y, en su momento, ciertas dosis de ingenuidad, que ayudaron a avanzar sin miedo. Son pocos los artistas, en este caso músicos, que hayan tenido el ingenio, la imaginación y la capacidad técnica, para deshacer las distancias del mapamundi. Eno y Byrne lo logaron observando la potencialidad musical de un mundo que todavía no era tan cercano como lo es ahora, pero que se acercaba incesantemente y sin descanso a Occidente. El deseo de ambos fue hacer música comunal e inclusiva, que, como partía de la base que no estaba enmarcada en ninguna tradición concreta, era nueva, imaginada por primera vez, apelaba a emocionalidad antes que al conceptualismo. Aunque pueda parecer lo contrario, Eno y Byrne - ni antes ni ahora-no buscan una aproximación intelectual a la música, porque esta no es exclusiva.

La música inteligente permite tomar parte de ella a todo el mundo. El pop, antes de ser tratado por este dúo de creadores, tenía un halo de elitismo; a partir de My Life in...,el asunto dejó de tener sentido. El hip hop, desarrollado en la misma época, la electrónica en todas sus variantes modernas, y las músicas fuera de cuadro: los sonidos del Tercer Mundo (aunque estos ya estaba ahí antes de que dos artistas blancos de clase media se interesaran por ellos), incorporaron las ideas de libertad y total falta de prejuicios en sus discursos, que siempre coquetean con el pop y el rock en busca del hecho diferencial de cada estilo.

La abstracción emocional que fundamentó la versión más arty del pop y el rock, la que imperaba en el Nueva York de la no wave de finales de los 70, amén de las innovaciones que experimentaba la música negra de la época, fueron el caldo de cultivo del duunvirato artístico, de larga proyección e ideas nunca bien ponderadas por su falta total de pretensiones. Invisibles a dos generaciones de músicos, pero presentes en sus formas de abordar la música, la influencia de Eno y Byrne ha sido tan determinante que, aparte de Google, podemos decir que ellos son los grandes artífices del nuevo pop global.

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