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sábado, 11 de abril de 2009

EL ADIOS A SUMA PAZ


“Maestro es el que muestra el camino”

En octubre, la cantante habló sobre Atahualpa y el “Chivo” Valladares.
LA ULTIMA VISITA. Paz actuó en el teatro San martín el viernes 19 de octubre pasado, en un homenaje a Don Ata. LA GACETA / OSVALDO RIPOLL

Discos y libros por “Don Ata”


En­tre los tra­ba­jos más des­ta­ca­dos de Su­ma Paz fi­gu­ran: “La in­com­pa­ra­ble Su­ma Paz” (1960); “Gui­ta­rra, dí­me­lo tú” (1961); “Su­ma Paz La in­com­pa­ra­ble” (1963); “Lo me­jor de Su­ma Paz” (1970); “Las hon­das raí­ces de Su­ma Paz” (1980); “Lle­nar de co­plas el cam­po” (1972); “Una mu­jer con al­ma de gui­ta­rra” (1970); “Pa­ra el que mi­ra sin ver” (1982); “Ho­me­na­je a Ata­hual­pa Yu­pan­qui” (1994); “Can­to de na­die” (2000) y “Par­te de mi al­ma” (2005), pro­du­ci­do por Lit­to Neb­bia. Pu­bli­có ade­más tres li­bros de poe­sía: “Pam­pa­mé­ri­ca”, “Al sur del can­to” y “Ul­ti­ma gui­ta­rra”. (Té­lam)



El folclore argentino perdió el 9 de Abril a uno de sus íconos indiscutidos: la cantautora Suma Paz. Y su muerte generó gran congoja en Tucumán.
Junto a Hilda Herrera, Suma Paz actuó el 19 de octubre pasado en el San Martín. La presencia de las dos artistas motivó la publicación de una extensa entrevista en LA GACETA, en la que Suma habló sobre Rolando “Chivo” Valladares, que había muerto un mes antes, y de Atahualpa Yupanqui.
“Sus temas tienen una fuerza enorme y, por eso perduran en las nuevas generaciones. Recuerdo una vez, cuando me presenté en Tucumán, que al final del show se acercó un hombre bajo y discreto que me entregó un casete y me dijo: ‘yo la admiro mucho y siempre estoy escuchando sus discos. Por eso me animé a traerle esto. Son algunas canciones que hice y que me gustaría que usted las escuche, si es que tiene un tiempo’. Cuando miré el casete y vi que decía Rolando Valladares, se me vino el mundo abajo. Entre esas canciones que me entregó estaba ese maravilloso y poético tema ‘Debajo del sauce solo’”, recordó Paz.
Que Suma elogiara a Atahualpa no sorprendía, pero siempre le aportaba brillo a sus palabras. “Atahualpa es el maestro en el sentido más hondo y noble de la palabra. Yo siempre digo que el maestro no es el modelo a seguir, como mucha gente cree. Es en realidad el que muestra el camino, porque él mismo ya pasó antes por ahí. Yupanqui solía decir: ‘los atajos son lindos y cortos; llevan rápido a un lugar, pero casi siempre terminan en otro lado’. Y tenía razón. Cuando uno entiende esto a los 20 años, no se extravía nunca más”, señaló.
Suma, cultora del folclore tradicional, no tenía ningún problema en cuestionar a quienes ella consideraba que estaban alejados de esas raíces. “Creo que la gran mayoría de los jóvenes folcloristas no tiene idea de lo que es la música de raíz nativa. Ellos interpretan música popular a secas. Pero lo popular no siempre tiene sostén nativo. La música de raíz nativa tiene otros tiempos y códigos. La música popular, esa que se escucha en los festivales, tiene un tiempo de almanaque. En cambio la música de raíz nativa posee un tiempo histórico”, confirmó.
“Nuestro folclore está muy extraviado. El hecho de que la muchachada crea que lo que hace es folclore habla de lo perdidos que estamos. Y, si no hay sucesores, cuando nosotros no estemos se van a perder muchas cosas”, agregó.

“Era muy disciplinada”

“A Suma Paz la conocí en los años 70, a través de la revista ‘Nudos’. Ella luchaba por transmitir la producción de Atahualpa Yupanqui cuando estaba poco difundido. Era muy disciplinada en el estudio. Todos los días estudiaba, en particular la obra de Atahualpa, ya que fue su discípula principal”, contó Josefina Racedo, investigadora de culturas populares.
“Lo que no muchos saben es que Suma era una poetisa enorme, además de ser licenciada en Filosofía. Para nosotros es una sorpresa tremenda esta pérdida, porque no estamos acostumbrados a perder maestros”, agregó Racedo.

Palabras de amigos

“Es una de esas cosas locas de la vida; justamente esta mañana (por ayer) iba a grabar la base de una zamba que le había hecho a Manuel Castilla con letra de Cecilia Anela y con Suma estábamos grabando temas para su nuevo disco”, contó Litto Nebbia.

“Es una gran persona fundamentalmente, gran amiga, nos queremos y respetamos mucho. Estábamos componiendo juntos una obra integral, pero por esas cosas del destino debimos suspender el trabajo hasta un próximo encuentro”, dijo, hablando en presente como si estuviera viva, el pianista y compositor Oscar Alem.

“Sin dudas era la maxima referente de la obra de “Don Ata” y la palabra más certera por su conocimiento en cuanto a la profundidad del contenido de sus temas”, evaluó el cantautor José Ceña.

“Con su canto, su copla santafesina, elegante en su decir, justa en su pensamiento y una mujer que yo conocí, respeté y respeto desde su estatura artística. Estoy triste, pero al final pienso que vivió su vida como quiso, cantando, diciendo y escribiendo. ¡Que te vaya bien cantora!”, señaló Argentino Luna.


09/04/09


Murió la cantautora Suma Paz


Tenía 70 años y era una de las figuras emblemáticas del folclore. Dedicó su vida al canto y especialmente a difundir la obra de Atahualpa Yupanqui

EMBLEMA. Suma Paz recibió, entre otras distinciones, el Konex de Plata como una de las "cinco mejores intérpretes de folklore".

EL AROMO. Suma Paz interpreta esta milonga de Romildo Risso (letra) y Atahualpa Yupanqui (música).

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El folklore está de luto. murió la cantautora y guitarrista Suma Paz, víctima de una arritmia, que derivó en un accidente cerebrovascular del cual no pudo recuperarse, según informaron sus familiares.

Suma, una de las más importantes y emblemáticas figuras del folclore argentino, dedicó su vida al canto y especialmente a difundir la obra de Atahualpa Yupanqui, de quien como ella siempre dijo "fue mi maestro".

El pasado domingo había festejado junto a su familia y amigos su cumpleaños número 70.

Paz había nacido en Bombal, provincia de Santa Fe, el 5 de abril de 1939. A los seis años comenzó a tocar la guitarra, aprendiendo música en su ámbito familiar, y posteriormente con profesores. Estudió Filosofía y Letras y se graduó en la Universidad del Litoral.

A partir del año '59, comienza su participación en programas de radio y TV. En 1968 viajó a Japón donde brindó cuarenta recitales, hizo un programa de televisión y grabó un disco. En 1977 estrenó la cantata "Ay, Patria mía", basada en la vida de Manuel Belgrano, con textos del historiador Máximo Aguirre y música de su autoría, que fue representada en el Teatro Municipal de Morón con la participación del Coro Mixto dirigido por el maestro Fernández Cevallos y el actor Oscar Casco en los relatos. En 1988 dio una serie de recitales en universidades de los Estados Unidos.

Por Radio Nacional y sus 40 filiales, escribió y condujo durante seis años el programa "Pampeanías". En la última edición del Festival de Cosquín recibió el Premio Especial a la trayectoria.

Entre sus trabajos más destacados están "La incomparable Suma Paz" (1960); "Guitarra, dímelo tú" (1961); "Suma Paz La incomparable" (1963); "Lo mejor de Suma Paz" (1970); "Las hondas raíces de Suma Paz (1980); "Llenar de coplas el campo" (1972); "Una mujer con alma de guitarra" (1970); "Para el que mira sin ver" (1982); "Homenaje a Atahualpa Yupanqui" (1994); "Canto de nadie" (2000) y "Parte de mi alma" (2005). Publicó tres libros de poesía "Pampamérica" (premiada por la Fundación Steimberg); "Al sur del canto" y "Ultima guitarra".

Entre otras distinciones, recibió el Premio a "Los Grandes Intérpretes" (SADAIC); el Martín Fierro del Instituto de la Tradición de Rosario; el Premio "Alicia Moreau de Justo"; el "Discepolín" del Departamento de Cultura del Partido Justicialista y el Kónex de Plata como una de las "Cinco mejores intérpretes de folklore".

Una trayectoria ejemplar por donde se la escuche
"Póngase detrás del canto, nunca se luzca usted".

La máxima se la indicó su maestro, Atahualpa Yupanqui, y Suma Paz no hizo otra cosa que obedecer radicalmente, con el convencimiento abnegado de una discípula zen.

La trayectoria de la cantante ha sido ejemplar por donde se la mire y escuche. La música o, mejor, el canto surero, no fue más que una excusa para desplegar una serie de pensamientos y opiniones más cercanos a la filosofìa que a cualquier otra disciplina.

La matriz de esa auténtica ideología estaba marcada por la cantera de la obra y vida de Yupanqui. La necesidad de la soledad, el silencio, la contemplación, la austeridad, eran tópicos que llevó a la práctica desde su serena vida suburbana y también desde el escenario.

Como a la mayoría de los cultores de la milonga surera, la guitarra era apenas un pretexto para el desarrollo de una poética.

Así fue su vida: una larga y profunda poética. Todos los que la conocieron, todos los que la conocimos, valoramos además su calidad humana. Era maternal, suave, pedagógica, humilde. Dicen que la muerte embellece: no es el caso de estas líneas.

Había que saber descubrirla. Siempre estuvo como escondida, detrás del canto. Como quería su profeta.

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