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domingo, 23 de agosto de 2009

THE BEETS


En los antros de Nueva York, un uruguayo y su banda mezclan a Mateo con los Ramones.

The Beets.

Practican rock de garage rustico, pegadizo y cosmopolita en esta era de recesión económica, procedente de un área -Jackson Heights, Queens- donde el número de garajes pierde contra el de escaleras para incendio. Al año de vida ya tienen un vinilo de 12", Spit in the Face of People Who Don't Want to Be Cool por Captured Tracks, y tomaron Brooklyn por asalto: la escena que manda hoy en la Gran Manzana. La L, revistine hip de referencia, eligió a The Beets como una de las ocho bandas que es necesario ver en la ciudad. Sus shows huelen a sensación. Digamos que ya pagaron derecho de piso: "Si no sos de Brooklyn, te hacen difícil entrar en el circuito", explica Juan Wauters (25 años), guitarrista electroacústico y montevideano.

COSTUMBRES URUGUAYAS Es sábado a la noche y los Beets están borrachos,¿ gentileza de un barman fan. Wauters presenta: "Este es Jacob [Warstler, baterista], el flaco es de un pueblito en Michigan y su disco preferido es Mateo y Trasante". La banda se completa con José García (27, bajista, hijo de inmigrantes colombianos y bolivianos) y Matthew Volz (descendiente de autóctonos), "colaborador intelectual, roadie, amigo". Entre sus influencias está la institución del condado: Ramones. Pero también los clásicos finos del rock charrúa, El Kinto, Tótem. De hecho, en los ensayos de The Beets se toma mate. Esta inusitada propagación cultural, que repercute en lo armónico de sus melodías, es obra de cierta militancia orgullosa de Wauters, que emigró junto con sus padres por razones económicas en 2002 y, al desembarcar, tuvo dificultades para integrarse. Cuando dio con los colegas indicados, solidarios y con ánimo de "americanizarlo", él los terminó "uruguayizando". Declara Wauters: "Se fanatizaron con la rareza de las canciones de Mateo. Les encanta escuchar historias de Uruguay, y adoran los asados en casa".

DIRECTO "En vivo hacemos todo nosotros mismos", declara García. Su ética (y estética) post-punk no admite cabida para los ingenieros y sus consolas. Pasan los vocales por un equipo Fender de guitarra, obteniendo atmósfera de radio a transistores; el baterista toca de pie con dos tambores a lo Moe Tucker de Velvet Underground; y simplemente interrumpen los temas cuando se aburren. Las letras las corean a tres voces, lo que genera un fundido que da un halo súper juvenil. En la búsqueda de la originalidad hay bandas que toman caminos retorcidos. Otras, como The Beets, apelan a la simpleza más absoluta: "Nos gusta sonar barderos, o mejor: como una especie de bardo controlado. Pero principalmente nos importa que las canciones se la puedan bancar solas, ya sea en versión acústica o eléctrica y pesada. Sólo eso las hace perfectas", resumen ellos, después de la décima cerveza.

Por Fermín Solana

The Beets cantando "On The Tooes"




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