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viernes, 13 de noviembre de 2009

El laberinto sonoro de Catupecu


Simetría de Moebius. El CD de la banda de Fernando Ruiz Díaz es un entramado de influencias, con una lírica barroca.

ALBUM ES EL PRIMERO CONCEBIDO ÍNTEGRAMENTE DESPUÉS DEL ACCIDENTE DE GABRIEL.

Que Confusión, el tema que abre Simetría de Moebius, sea una presentación del resto del disco tiene que ver sólo con su ubicación en la lista. En realidad, si es que el término álbum conceptual significa algo, una serie de tópicos cruzan todo el disco. "Cobra vida el lado siniestro", canta Fernando Ruiz Díaz en Confusión. Y si el alter ego aparece constantemente, también hay un oxímoron detrás de otro: "duermo despierto", "hablando sin voz". "Mi nombre es Gabriel Ruiz Díaz", confundió docenas de veces Fernando desde el escenario. El desdoblamiento es permanente. En alguna entrevista, Fernando aclaró que este es "el disco más Gaby de todos".

Fernando, entonces, se puso al bajo, el instrumento de su hermano, en gran parte de Simetría... Líricamente barroco (hasta hay un sintetizador que suena a clave por ahí), se enrosca en términos tecnicistas (anacrusa, prefacio, girocompás), deviene en un disco difícil de asir. Cuando todo está dado para que suene una guitarra, no aparece. Cuando una canción quiere explotar, no explota. Ahí, tal vez, reside parte del mérito en la carrera de Catupecu Machu: la constancia en la búsqueda de nuevos sonidos y la devolución de una música sin digerir.

Aquí, la voz al frente, los instrumentos limpios y una batería menos bombera y más seca. Se hace evidente la influencia de Depeche Mode en los teclados de Simetría de Moebius Barolo y Salvo, los patrones se vuelven siniestramente cinematográficos en Piano y Rd, y hasta hay un Catupecu por Catupecu cuando se autoreversionan en Batalla (de Cuadros dentro de cuadros, de 2002). Escribir sobre música es una tarea absurda, y en el caso de Catupecu Machu -y posiblemente más en este disco- tratar de dar referencias de género es imposible. Hay algo del dramatismo del flamenco o aparece un falso vals en el medio de un disco planeado compás por compás. Es que este es el primer disco de estudio desde El número imperfecto (2004), es decir, el primero concebido íntegramente después del accidente de Gabriel. Hay invitados: Javier Weintraub aporta violines en Víbora vientre, Gillespi mete trompeta y flugelhorn en Batalla y Mariano Bilinkis se encarga de la percusión en Nuevo libro.«

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El laberinto sonoro de Catupecu

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