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miércoles, 11 de marzo de 2009

MANU CHAO:romance con el público argentino


Con entradas agotadas, Manu Chao renueva su romance con el público argentino


En su primer show el ex Mano Negro volvió a emocionar. Hoy y mañana vuelve a presentarse, pero en el Luna Park. El recital se podrá escuchar por La Colifata.

La fiesta de Manu en Buenos Aires.
Manu Chao es como un pintor lanzando trazos en forma de melodías en vivo. Su concierto del jueves en el Club Ciudad de Buenos Aires, al igual que sus shows en Córdoba y Mendoza -14 y 7 mil personas respectivamente-, fue un collage de canciones. Esa es su marca: estribillos, melodías y sonidos puestos al servicio de la emoción del momento. Así, va derramando canciones que se mezclan unas con otras, a veces, de forma imperceptible. Su música genera caos y energía, y eso es lo que fueron a buscar las 30 mil almas que, desde el suelo, se entregaron a su encanto durante más de tres horas.

Desde el comienzo, el escenario fue un disparador: por momentos declama, por momentos sueña, por momentos agita y por momentos canta y baila. Hugo López, uno de los miembros de La Colifata, el colectivo cultural de los internos del Borda, fue el encargado de dar el puntapié inicial de la noche con Soy malo, un tema de su autoría dedicado a "todos los malvados del mundo". Ovación y camino libre para que el músico franco-español comienzara con El hoyo una recorrida por casi todo el repertorio de La Radiolina, su último disco, sin dejar de lado viejos hits de la época de Mano Negra como Casa Babylon, Monkey o Machine Gun.

Las consignas son claras y una constante a lo largo del show: "No se olviden que a menos de un kilómetro de acá torturaban y mataban gente", dice antes de que empiece a sonar Desaparecido; "Para todos los muertos de la frontera del norte", en la presentación de Welcome to Tijuana; "Mucha policía, mucha especulación", antes de la Rumba de Barcelona. A esto se suman los colores de la bandera Wipala en el fondo del escenario para que los pueblos originarios sientan que están presentes; una pancarta que dice Vida sí, minas no que seguramente vino con él desde Mendoza; una bandera de la independencia gallega; y los locos lindos del Borda regalando poesía y cordura completan el manifiesto político-ambiental.

El "Súper Chango" domina los tiempos y se golpea el pecho con el micrófono siguiendo el ritmo de su corazón. No anda solo, se rodea de músicos que lo potencian. Así, la guitarra española de Madjid Fahem sufre sus punteos de rumba gitana como puñaladas mientras el tipo se ríe de gozo. Y Gambeat, el bajista francés que pareciera haber caído en la misma marmita que Obelix el galo, es el dueño de la fuerza, el ritmo y la arenga.

Explota y descansa la noche. Y así como se agita, también están pensadas las pausas. El Beat, otro de los colifatos, sube y declara antes de Infinita Tristeza : "Esta noche, además de estas almas, desde otro plano, están otros Colifatos, está John Lennon también aquí y hubiera compartido esta idea. Cuando el mundo es una hoguera resulta necesario ir en pos de los sueños".

Volver, Radio Bemba, Tómbola y Mala vida vuelven a llevar los decibeles al máximo en la despedida. El cierre, con piernas que tiemblan de cansancio, es con Pinochio y la promesa de vuelta. El romance sigue intacto.

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