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martes, 3 de marzo de 2009

JANE BIRKIN: El eterno ronroneo de la musa

El eterno ronroneo de la musa

Jane Birkin

Biografía

Jane Birkin nació en Londres el 14 de diciembre de 1946, siendo la segunda hija del Mayor David Birkin y de la actriz y cantante Judy Campbell.

En la primera mitad de los sesenta se introduce de lleno en el ambiente pop del Swinging London y debuta como actriz a los 17 años. En esa época conoce al compositor John Barry, quien le anima a debutar como cantante y con el que acaba casándose a los 19 años.

En la película "Blow Up" de Michelangelo Antonioni protagoniza su primera escena polémica (aparece desnuda), lo que provoca un gran escándalo en su ciudad natal.

Tras el fracaso matrimonial y el nacimiento de su hija Kate en 1967, Jane desembarca en Francia. Allí conoce a Serge Gainsbourg, con quien forma una de las parejas de moda en la escena parisina, donde se hacen célebres en 1969 con Je t'aime... moi non plus, canción sensual y provocadora que convierte en un éxito mundial los suspiros de Jane haciendo el amor con su compañero. En 1971 nace su hija Charlotte Gainsbourg, una actriz y cantante reconocida.

Una voz frágil, tenue, siempre a punto de romperse permaneció como su marca distintiva y fue utilizada con inteligencia por Gainsbourg, que adaptó sus canciones al timbre de voz de Jane. Compuso para ella y la moldeó según sus deseos. Permanecieron juntos durante 12 años, convirtiéndose en una pareja popular para el público y los medios.

A principios de los años 1980, su vida personal y profesional sufrió un duro revés debido a la separación de Serge Gainsbourg y Jane Birkin.

En 1982 tuvo otra hija, Lou Doillon, también actriz, con el director de cine francés Jacques Doillon.

Serge Gainsbourg continuó componiendo para ella, pero sus canciones se volvieron solemnes, complejas y sutiles. Su disco "Baby alone in Babylone" fue un gran éxito en 1983. En 1987, dio su primer concierto en el Bataclan. Hizo una actuación en el Casino de París en 1991 dos meses después de la muerte de Gainsbourg y le dedicó el concierto. También le rindió homenaje en Londres en septiembre de 1994 para darle reconocimiento en su tierra natal.

En 1998, publicó su primer disco sin Serge Gainsbourg, A la légère, con canciones escritas por 12 compositores contemporáneos franceses.

En 1999, Jane Birkin conoció al músico Djamel Benyelles que orientalizó algunos de los temas de Gainsbourg como Elisa, Couleur Café o Comment te dire adieu. Entre sus últimos discos destacan Arabesque (2002), Rendez-vous (2004) y Fictions (2006).

Filmografía parcial

Discografía

  • 1969 - La Chanson du Slogan
  • 1973 - Di Doo Dahs
  • 1975 - Lolita Go Home
  • 1978 - Ex-Fan des Sixties
  • 1983 - Baby Alone en Babylone
  • 1987 - Lost Songs
  • 1987 - Jane Birkind au Bataclan
  • 1990 - Amours des feintes
  • 1992 - Jane Beak.
  • 1992 - Intégrale au Casino de Paris
  • 1996 - Versions Jane
  • 1996 - Intégrale à l'Olympia
  • 1998 - The Best Of the floor
  • 1999 - À la legère
  • 2002 - Arabesque
  • 2004 - Rendezvous
  • 2006 - Fictions
  • 2008 - Enfants d'Hiver

Video

  • Arabesque. Voyage (1DVD + 1CD). Capitol, 2002-2004.

Condecoraciones

  • En 1989 rechazó la Légion d'honneur (Francia).
  • En 2001 fue condecorada como Caballero de la Orden del Imperio Británico por la reina Elisabeth II (Reino Unido).
  • En 2004 fue nombrada Chevalier de l'Ordre national du mérite por el ministro francés de Asuntos Exteriores.
  • También fue nombrada Chevalier des Arts et Lettres (caballero de las Artes y las Letras) (Francia).

JANE BIRKIN EN ESPAÑA

Para todo hay que servir. Cualquier otro que apareciera en escena con ese pelo corto enmarañado, el chaleco gris y la corbata a medio anudar quedaría a un paso mismo del ridículo, pero Jane Birkin acumula demasiadas horas de vuelo como para incurrir en tal peligro.


No es que cante gran cosa, pero su estilo es sinónimo de sensualidad

Más andrógina que nunca, nuestra londinense criada en París puede meterse las manos en los bolsillos, flexionar las rodillas con gesto pizpireto y practicar esos andares suyos tan desangelados sin que el público deje de admirar su elegancia. Es lo bueno de contar con una pléyade de seguidores lo bastante entregados como para satisfacer 45 euros por una butaca en la platea del teatro Rialto. Paco Clavel, sin ir más lejos, las tarareó todas. Sin excepción.

El tiempo parece jugar a favor de quien ya en 1969 triunfaba con Je t'aime... moi non plus. Nadie aseguraría de esa mujer reincidente en la sonrisa, esa muchacha que pasea con aire de colegiala despistada, hace poco cumplió 62 primaveras. Parece imposible escribir sobre Birkin sin recurrir al apelativo de musa. Ella lo sabe y le saca partido. Se deja querer, besa a sus músicos durante las presentaciones, chapurrea un castellano indescifrable entre canción y canción. Tiene a los fieles en el bote. Pero sólo a los fieles: cuesta imaginar la aparición de algún converso después de un concierto tan plano, monótono y reiterativo como el de anoche.

Birkin servía como señuelo en el arranque del quinto Ellas Crean, una apuesta cada vez más ambiciosa de los ministerios de Igualdad y Cultura para saludar la creatividad femenina y la llegada de los aires primaverales. Nadie le discutirá el pedigrí a la ex compañera de Serge Gainsbourg, pero su permanente apelación a la candidez puede terminar con la paciencia hasta de los hombres de buena voluntad. Seducen la ternura y la inocencia, de acuerdo, pero tan redundante apelación a la ingenuidad parece a ratos la banda sonora para un manual de autoayuda. Cuando creíamos haberlo visto todo, la Birkin aún tuvo tiempo de canturrear entre el público mientras mecía un paraguas de lucecitas. El paseo aconteció, eso sí, por la platea y el anfiteatro, para que todo resultara más igualitario.

Un cuarteto sobrio, aburrido y paritario (como corresponde) acompañaba a la gran dama. La escenografía era escueta, pero, ay, esas cuatro enormes bombillas de filamentos habrían puesto de muy mal humor al ministro Sebastián.

Jane no necesita mucho más ropaje para su música elemental. No es que cante gran cosa. Incluso podría discutirse si lo suyo es canción o un ejercicio recitativo con tenues entonaciones puntuales, pero ese ronroneo eterno y perezoso acumula cuatro décadas como sinónimo de sensualidad. Así son las cosas.

La velada transcurrió entre el recuerdo a Gainsbourg, maestro de la chanson galante, pícara y decadente, y las canciones de Enfants d'hiver. Su más reciente entrega es un disco confesional (y autocomplaciente) sobre la nostalgia de una niñez siempre inaprensible.

El discurso puede resultar a ratos entrañable y permite esbozar muchas de esas características sonrisas soñadoras, pero será difícil convencernos de su originalidad. Tanto da. A fin de cuentas, nadie dijo que las musas tuvieran entre sus costumbres la de complicarse la vida.

Comentarios

JANE BIRKIN: El eterno ronroneo de la musa

1 comentarios:

BETO PINCETTI dijo...

QUIZAS UN DESLIZ, UNA PATINADA. QUIZAS ME DEJE LLEVAR... POR JANE BIRKIN...pero bueno cualquiera tiene un momento de....no se como decirlo.
BUENO BETO ESTA TODO BIEN (ME DIGO A MI MISMO) SIGO ADELANTE CON EL BLOG Y LA BUENA MUSICA en mi humilde opinion. BETO SIGUE!!!!!!!!!!