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domingo, 15 de febrero de 2009

BARRY GUY _Parte I



EL COMPROMISO TOTAL DE BARRY GUY

por Fernando Ortiz de Urbina

"Si yo tocara el bajo, querría ser Barry Guy"
Cecil Taylor

¡Cómo pasa el tiempo! Resulta increíble que Barry Guy, bajista y compositor emblemático de la libre improvisación británica, haya cruzado la barrera de los sesenta, a tenor del juvenil aspecto que muestra en sus fotos más recientes y la energía que desprende su conversación: ni el filtro del teléfono frena un discurso vehemente, veloz, casi impaciente.
Otro rasgo llamativo de Guy es la disciplina con que administra esa energía, su capacidad de domeñar ese discurso según va surgiendo. Como interlocutor, la claridad con la que se expresa parece una victoria in extremis en la pugna entre la velocidad de sus ideas y su esfuerzo por presentarlas de forma ordenada y clara, algo semejante a su obra musical, que está marcada por las tensiones y equilibrios entre su facetas de solista y compositor, a veces domador, de algunas de las voces más singulares de la vanguardia de los últimos cuarenta años.
Coincidiendo con su 60 cumpleaños, Guy publicó el año pasado Portrait (Intakt Records), un cuidado repaso a los diversos ámbitos en los que se ha visto inmerso como compositor y contrabajista, desde la primigenia Ode y el nacimiento de la London Jazz Composers Orchestra (LJCO), hasta el Aurora de Agustí Fernández, pasando por sus solos, dúos, tríos y la versión "de bolsillo" de la LJCO que es la Barry Guy New Orchestra (BGNO). Tras haber vivido nueve años en Irlanda, Guy y su pareja, la violinista Maya Homburger, residen ahora en Suiza.
Viaje al centro del continente
"He de decir que ha sido buena idea dejar la periferia de Europa. Daba la impresión de que Maya y yo nos habíamos retirado a la verde y plácida Irlanda, cuando en realidad dar conciertos a veces suponía demasiados problemas. Desde Suiza podemos llegar en tren a Italia, Alemania, Francia...". Riéndose añade que "lo irónico es que desde que vivimos en Suiza nos han salido bastantes actuaciones en Irlanda".
La ubicación de Suiza, su política cultural, la proliferación de actuaciones y las facilidades para viajar parecen estar contribuyendo a relanzar una carrera que se inició en Londres a finales de los míticos sesenta. Mientras el mundo sucumbía ante los Beatles, un reducido grupo de músicos también británicos, se apoyaba en la inspiración que ofrecían Eric Dolphy, Albert Ayler y otros aventureros de ultramar, para abandonarla en pos de mundos más abstractos.
Un poco de historia
Guy dio sus primeros pasos musicales en la banda de viento de su colegio y entró en el jazz en plena ola del dixieland británico. A mediados de los sesenta trabajaba en un estudio de arquitectos y asistía a clases nocturnas de composición en el Goldsmith College de Londres. Por la interpretación de un ejercicio suyo, Perceptions , entró en contacto con Paul Rutherford y Trevor Watts , y unas semanas después le invitaron a tocar con otros improvisadores. Así pues, llegó a la improvisación a través de la composición. No obstante, el "salto a lo desconocido" llegó, algo más tarde y a pesar de sus reticencias, cuando era el bajista "de la casa" en Ronnie Scott's y estudiaba en la Guildhall School of Music, donde compartió aula con Dave Holland.
Desde entonces, la trayectoria de Guy ha sido poco menos que caleidoscópica. Gracias a su formación académica ha mantenido una segunda carrera como intérprete de música barroca: en los setenta tocó en multitud de orquestas, como, por ejemplo, la Monteverdi Orchestra de John Elliott Gardiner, lo que, junto a su actividad como músico de sesión -está en la sección de cuerdas del Angie de los Rolling Stones, por ejemplo- le llevó al punto de verse a sí mismo en el futuro "como un viejo intérprete de música barroca, deseando haber hecho algo más con mi vida". Cuando parecía que esta posibilidad se volvía real, Evan Parker le advirtió: "te estamos perdiendo". Guy le hizo caso -a ver quién contradice a Parker- y aunque nunca ha dejado de tocar música barroca, abandonó una vida cómoda, se mudó a los alrededores de Cambridge, inició su relación de pareja con Homburger y emprendió un viaje que aún dura.
¿Compositor de improvisación?
Lo que distingue a este bajista improvisador es, paradójicamente, su faceta compositora. A pesar de ser más joven que muchos de sus colegas, y ayudado por su formación académica, Guy no tardó en erigirse en compositor y organizador en medio de una constelación de caracteres muy fuertes y algo anárquicos. Su motivación básica es simple: "compongo porque disfruto la singularidad del compositor, estar a solas con mis pensamientos, elaborando la arquitectura de la pieza... aunque lo cierto es que como compositor soy sumamente lento".
Guy se encuadra dentro de un movimiento musical que ha incorporado lo que se puede considerar "ruido" como un elemento compositivo más y que, en todo caso, recurre mucho al toque en feroz staccato sobre ritmos irregulares y rapidísimos, algo por lo que Guy está lejos de disculparse, "es parte de nuestro lenguaje", admitiendo que "el público tiene que hacer un esfuerzo". Aun así, no es de extrañar que haya quien considere árida esta música, al menos en las primeras tomas de contacto.
"Depende del bagaje del oyente. Yo crecí con un grupo de músicos muy avanzados técnicamente, en el que casi nos deleitábamos en el virtuosismo, manteniendo la consistencia argumental, avanzando sin perder un equilibrio de estructura y de intención. Creo que si se logra acertar con esos elementos, hay algo que le llega al público".
Así las cosas, para Guy lo fundamental no es tanto la expresión musical en sí, sino la motivación subyacente, la actitud del músico: "lo importante es que el compromiso con la música esté presente, tienes que dar hasta el último gramo de tu energía, de tu concentración y, en cierto modo, de tu vida. Si sale bien, el público quedará maravillado. Creo que eso es todo a lo que podemos aspirar. Técnicamente las cosas pueden ir mejor o peor, pero has de comprometerte totalmente con lo que hagas".
Un nuevo planteamiento: Aurora
Como contrabajista, Guy es simplemente apabullante. En primer lugar, por su total dominio del instrumento, sea en pizzicato, con arco o la serie de efectos que utiliza, y en segundo, porque es su forma de expresión más personal y exuberante que, no obstante, aceptó reducir a lo esencial para Agustí Fernández en Aurora (Maya Recordings, 2006).
Más allá de las notas y las texturas, la diáfana belleza de este disco es el resultado del ejercicio de disciplina y contención de los tres músicos. Guy relata el proceso de adaptación: "fue interesante; tanto Agustí como Ramón y yo mismo somos bastante acelerados, musicalmente hablando; al principio pensé que era una locura, pero me fascinó la oportunidad de echar el freno y trabajar en un proyecto ajeno muy bien definido. Agustí tuvo que indicarnos continuamente que tocáramos más despacio y con menos notas. Creo que era una cuestión de contener esa energía y concentrarla. Aquí una nota lo es todo".
En el centro, el intérprete
Como Ellington y Mingus antes que él, Guy ha desarrollado su faceta de compositor trabajando en función de los intérpretes: "cuando me encargan una pieza, primero trato de saberlo todo sobre los músicos: qué necesitan, qué buscan, qué les interesa. Luego está la cuestión de la primera nota, el primer trazo sobre el lienzo en blanco, que tengo que sacar casi a rastras de cualquier ámbito, sea la arquitectura, un cuadro, un texto...".

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