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domingo, 22 de febrero de 2009

JAZZ ERNESTO JODOS

En tierra de Tristano
Ernesto Jodos, en un trabajo que describe su crecimiento artístico
Foto: Archivo / Rodrigo Néspolo

En tierra de Tristano

Ernesto Jodos recorre en su ultimo disco disco uno de los mundos más interesantes del jazz


La música del pianista Lennie Tristano (19-3-1919) es de una belleza especial, que esconde misterio, pero su difusión, por lo general, nos llegó a través de sus hijos naturales, como el caso de los saxofonistas Lee Konitz y Warne Marsh o el pianista Sal Mosca, entre otros. Ahora bien, el disco de Ernesto Jodos, Ernesto Jodos Trío, que acaba de editar el sello Sony-BMG, es una carta de ciudadanía en ese universo tristaniano.

Para Jodos, uno de los talentosos artistas que hacen jazz en la Argentina, es su sexto trabajo y, además, su presentación en el sello multinacional que, evidentemente, se interesó por lo que ocurre en la escena local. Una señal, por cierto, muy positiva.

Jodos hace en este disco material de Tristano, una música con la que tiene una marcada empatía; sus composiciones recorren un paralelismo con el material de este artista, tanto en el enfoque armónico como en la construcción desigual de las vueltas dentro de sus temas.

Con el pianista están Hernán Merlo en el contrabajo y Eloy Michelini en batería, y se podría afirmar que es uno de los mejores discos de trío (quizás el mejor, en cuanto a la calidad del ensamble) hecho en estas playas.

El trabajo comienza con "Subconscious-lee", de Konitz, una derivación de "What Is This Think Called Love", en el que el piano desde su introducción nos sumerge en la estética de Tristano; Jodos parece ir reconociendo el camino desde el teclado, al tiempo que el grupo poco a poco va despertando. En la segunda parte del tema, el bebop, esencia estilística de este disco.

"Dreams" tiene un contrapunto de piano y contrabajo en el que más que un diálogo es una suerte de extraño eco. Jodos desarrolla un célula armónico-rítmica y Merlo la toca después, pero con cierta distancia. Uno explica, el otro repite. Una situación mínima que no deja de tener un tono conmovedor.

El disco tiene mucho espacio; hay silencios y es del tipo claramente pianístico; aquí, Jodos se sale del lugar del compositor para convertirse en un intérprete eximio, intenso, cargado de ideas y de un humor casi ácido En "Background Music", de Warne Marsh, la frase aparece constantemente subrayada por el piano. Hay un manifiesta intensidad en la manera de tocar esta pieza. La sección rítmica avanza con un swing que suena algo atrás, chiquito en volumen, concentrado. Jodos conversa con ambos y el diálogo se vuelve tan fecundo que no se distinguirá quién acompaña a quién.

Otro de los temas elegidos por el pianista es una bellísima balada, "Two, Not One", de Tristano; un oasis melódico. Es evidente que este disco podría ser la continuación de su consagratorio trabajo Solo , editado por Blue Art-Bau Records. Aquí retoma aquellos mundos ya bosquejados y los expone con una mayor fuerza interpretativa; hay un corazón más expuesto, aunque, por cierto, su música no podría definirse de otra manera que intelectual.

Contra lo que la escena local muestra cada noche en los clubes, Jodos, con "Lennie-Bird", exhibe su fidelidad al swing; que en esta pieza suena arrasador. El esquema se basa en un monólogo pianístico, en el que muestra una inspirada vitalidad, sólo interrumpida por los breaks de Michelini, que hizo un destacable trabajo en los tambores. En este tramo, el baterista aprovecha para plasmar ese sentimiento de cambio y riesgo que propone desde su teclado Jodos.

El disco mantiene un alto nivel a lo largo de los 11 temas. Los momentos interesantes se suceden en cada uno de ellos. Mencionaremos "Kary s Trance", de Konitz, y "Baby", de Tristano, como especialmente atractivos. Es indudable que Jodos encontró en el mundo de Tristano (que incluye las composiciones de Konitz y Marsh) la posibilidad de indagar sin demasiadas fronteras.

En el disco sólo aparece "No necesariamente una línea", como composición original, ligada a "Ablution", de Konitz. Más que una pieza, es una forma introductoria en la que Jodos desarrolla una mirada más contenida. La línea rítmica se mueve en unos límites algo más estrechos que los usuales dentro del bebop. Merlo, monolítico: la relación que construye con la potencia de su sonido y la fortaleza de su tempo es sencillamente perfecta.

Si bien el material debería enrolarse en el bop, no tiene esa crispación. La atmósfera de este trabajo queda a medio camino entre el club y el laboratorio. Suenan relajados, pero dentro de una casi permanente seriedad. Un disco que sale de lo común o esperable. Una sorpresa para cualquier oyente interesado.

César Pradines

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