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domingo, 15 de febrero de 2009

BIRD. EL TRIUNFO DE CHARLIE PARKER


Bird. El triunfo de Charlie Parker

por Jesús Gonzalo

"Una diferencia fundamental entre el arte popular y el serio es que el primero le da a la sociedad lo que quiere y el segundo lo que necesita". Esta frase dimensiona en su justa medida el legado de autores tan geniales e irrepetibles como Charlie Parker. Parafraseando el título, El triunfo de Charlie Parker (1920-55) reside precisamente en su extraordinaria aportación, en su atrevimiento para hacer avanzar un género entonces popular como el jazz, "cuya voluntad creativa partía de una minoría antiguamente esclavizada y a menudo despreciada". Su carrera se fraguó en una sociedad que había pasado de la Depresión de los años 30 al "patriotismo enlatado y la chabacanería sentimental" de la Segunda Guerra Mundial. "La mayor parte de su trabajo de laboratorio ya lo había hecho en Kansas City". Aquí reside la intención argumental y el valor demostrativo que Giddins desarrolla sobre la época (antes de llegar a Nueva York en 1941) y el lugar (su ciudad natal) en los que Parker dio alas a sus recursos para construir un estilo revolucionario y a la vez enraizado en el blues. El autor bucea en sus orígenes basándose en el decisivo y nada oculto testimonio de Rebecca Parker Davis, novia de la infancia y primera mujer (1936) del músico. Su talento como intérprete se nutrió de un insaciable afán de conocimiento (si "Efferge Ware y Carrie Powell le enseñaron mucho de armonía", en los discos de Count Basie "aprendió de memoria los solos melódicos de Lester Young"), de años de intensa experiencia junto a Jay McShann ("un ferviente admirador de Bird ") y de una infatigable perseverancia en pos de la maestría técnica (para sus detractores, "el virtuosismo fue su mayor venganza"). Por boca de Rebecca, el escritor sitúa al niño, al adolescente y al joven parker en una ciudad tan estimulante musicalmente como corrupta, dando prolijos detalles del entorno, del trato abnegado de su madre (cuestión que contradice la precariedad de su infancia que vierten otros autores) y de sus primeros escarceos con la droga. "El declive de Kansas City como meca del jazz", llevó al mito, ya con el sobrenombre de Bird (o Yardbird ), a "La calle" (...Cincuenta y dos, "Una especie de reducto a salvo de la policía (...) donde en una noche cualquiera hasta doce grupos estupendos podrían estar tocando"). Allí se encontraría con Diz y con la modernidad del jazz: el bebop: "A Gillespie le gustaba explotar el término. Parker, en cambio, lo rechazaba". La compenetración entre él y el trompetista sería la base de la fórmula ideal de quinteto ("el más estable fue el de Miles, Max, Duke Jordan o Al Haig y Tommy Potter"). Los líderes del bebop "eran pioneros que cultivaban a la audiencia con sus propios términos". Monk solía decir: "Toca lo quieras y deja que el público se enganche a lo que haces, aunque tarde quince o veinte años". Tormentosas y difíciles, también numerosas, entre sus relaciones amorosas destacan Rebecca y Chan, "la única que lo llamó Bird ". El autor trata con objetividad su adicción, aduciendo que aunque perturbó su equilibrio emocional, volviéndolo inestable, "no llegó a trasformar su personalidad". De carácter extravertido, bienhumorado y generoso, "trasmitía una gran dignidad". El interés y la pasión que sentía por el clasicismo (el acompañamiento de cuerdas) y la creación contemporánea (de Schönberg, Stravinski o Hindemith), como fuente del saber y del reconocimiento sin barreras raciales, le causaba admiración y frustración al mismo tiempo: "Imploró a Varese que lo recibiera como alumno". La escritura abreviada y rigurosa de Giddins no impide el elogio y el profundo respecto a la obra y la persona de Charlie Parker, uno de los mayores improvisadores de la Historia.

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