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miércoles, 7 de octubre de 2009

MIKE STERN VUELVE A BUENOS AIRES



“Siempre tiene que haber blues en mi música”

El guitarrista grabó Lifecycle junto a los Yellowjackets y lo mostrarán esta noche en el Gran Rex. “Los proyectos compartidos con músicos con los que te gusta tocar se convierten en algo especial”, anticipa.

Por Santiago Giordano

“No sabría definir la música que hacemos con Yellowjackets, ponerla en palabras sería limitarla demasiado.” Mike Stern habla de su encuentro con el cuarteto integrado por Russell Ferrante (piano y teclados), Jimmy Haslip (bajo), Bob Mintzer (saxos) y Marcus Baylor (batería), y en particular de Lifecycle, el disco que presentarán el miércoles a las 21.30 en el Gran Rex. “Se trata simplemente de buena música. Hay influencias del bebop, por supuesto, y también hay cosas del funk, del blues y mucha improvisación”, define el guitarrista en diálogo con Página/12: “Pero lo más trascendente es que esas variedades se conjugan bien, porque todos tenemos influencias similares y gustos parecidos, y al mismo tiempo somos abiertos a diferentes músicas. Eso se trasluce en la composición y en la totalidad de la obra”.

A partir de esa manera de hacer jazz que en los ’70, a favor de cierta fiebre eléctrica y algunos mohínes rockeros, se institucionalizó bajo el rótulo de fusión –y que desde entonces abonó sucesivas fusiones–, Stern dialoga con una banda versátil, que desde 1981 –cuando publicó su primer disco, justamente Yellowjackets– cambió muchas veces de piel, sin perder groove ni instinto melódico en un horizonte de experimentación. Stern cuenta que este encuentro con Yellowjackets se dio hace dos años, en el Festival de Jazz de Montreal. “Yo era el artista residente del festival e invité a varios músicos para tocar con ellos en diferentes conciertos. Estuvieron Jimmy Cobb, George Coleman, Buster Williams, Richard Bona, Billy Cobham y también los Yellowjackets. El concierto salió tan bien que me sugirieron de hacer un proyecto con ellos. Enseguida dije que me parecía una muy buena idea, porque también son muy buenos tipos”, cuenta el guitarrista, y agrega que Lifecycle es uno de sus discos más importantes: “Cuando los proyectos son compartidos con músicos con los que te gusta tocar, se convierten en algo especial”.

Se graduó en el Berklee College de Boston, fue músico de la banda con la que Miles Davis regresó a la escena en 1981, sus participaciones como sideman de los más importantes jazzistas de la actualidad son innumerables y quince son sus discos como líder. Más allá de esos pergaminos, Mike Stern es uno de los guitarristas más brillantes de una generación de la que también forman parte Bill Frisell y John Scofield, entre otros. “Ellos son impresionantes, los amo a los dos”, asegura. “Cuando estudiábamos juntos con Bill Frisell, solíamos tocar todo el tiempo, sólo standards, durante horas. En la época de Miles, con mi compañero de banda John Scofield hacíamos lo mismo. Somos contemporáneos, pero aprendí muchos de ellos.” “En la actualidad hay muchos guitarristas buenos. Pero hay uno que realmente me gusta mucho y viene más o menos del mismo lugar que yo, es más bien un músico de bebop, y es un tipo viejo, tiene más o menos mi edad”, explica Stern entre risas. Se refiere a Vic Juris, maestro de varias generaciones de guitarristas de Nueva York. “Es un músico increíble y creo que está subvalorado, es maravilloso”, halaga, y concluye: “También me gusta gente como Wayne Krantz, Peter Bernstein, Adam Rogers. Hay muchos más de los que se podían escuchar cuando empecé a tocar”.

–¿Cuáles fueron sus modelos como guitarrista?

–Cuando recién empecé a tocar me gustaban mucho Joe Pass, Jim Hall y Wes Montgomery. En ese momento me parecían mucho mejores porque yo recién comenzaba, pero todavía me siguen emocionando. También me gustaba Charlie Christian... ¡y Jimi Hendrix, por supuesto! Hasta Jimmy Page, que ya era conocido antes de que yo comenzara a meterme en el jazz. También tomé muchas ideas de Jaco (Pastorius) o de saxofonistas como Sonny Rollins, John Coltrane, Michael Brecker o Bob Berg; y de pianistas de quienes trato de aplicar en la guitarra lo que hicieron en su instrumento, como Herbie (Hancock) o McCoy Tyner.

–Si tuviese que elegir tres grandes discos de jazz, protagonizados por guitarristas, ¿cuáles elegiría?

–No sé si se consigue actualmente, pero uno seguramente sería Intercontinental, de Joe Pass, con Eberhard Weber en contrabajo y Kenny Clarke en batería. Otro, que es para mí el favorito, mi número uno, es Smoking at the Half Note, no sólo el mejor álbum de guitarra de jazz sino quizás el mejor disco de guitarra que se haya grabado alguna vez. Es de Wes Montgomery, con Jimmy Cobb en batería, Paul Chambers en contrabajo y Wynton Kelly en piano. Y luego hay uno de George Benson, It’s Uptown, que es un excelente disco. También podría ser cualquier disco de Jim Hall. Hay uno que se llama Jim Hall in Berlin que es excelente.

A todos los modelos e influencias, Stern sobrepone la experiencia de tocar entre 1981 y 1983 con Miles Davis. “Amé tocar con él, porque además de representar en aquel momento una gran oportunidad, muy rápidamente comprendí que lo más grandioso en él era que tocaba desde el corazón”, explica. “Eso fue lo primero que aprendí estando a su lado. Creo que fue el músico más importante en la historia del jazz. Fue quien abrió las puertas del jazz, quien incorporó otros sonidos y otros lenguajes.”

–¿Cree que la fusión fue la última gran revolución en el jazz?

–No lo sé, creo que en realidad todo el jazz es una fusión. En cierto modo el bebop lo fue. Por eso muchas cosas del jazz todavía me suenan frescas. Charlie Parker suena fresco, Freddie Hubbard y Miles suenan frescos, aún hoy. Naturalmente, las fusiones de estilos traen siempre nuevas ideas. En la actualidad se dan algunas fusiones interesantes entre world music y jazz. Sin ir más lejos, yo empleo algo de esos estilos en mi música. Por ejemplo, hay algo de música turca o del Medio Oriente en algunos de mis temas. En mi último disco, Big Neighborhood, Steve Vai toca en un tema que se llama “Moroccan Roll” y es asombroso. Quizás a veces el público no de da cuenta de cuán bueno puede ser Steve como músico. Tiene mucho humor cuando toca y lo disfruta, y cuando lo conocés y hablás con él es realmente un tipo muy serio, técnicamente muy bueno. Steve también puede tocar clásico y es un gran músico en su totalidad. Es muy divertido tocar con él. Además rockea como ninguno.

–¿Conoce algo de la música argentina?

–Sí, he escuchado varias cosas. Me gusta mucho Luis Salinas. Es un gran guitarrista y somos amigos. Espero verlo cuando llegue a Buenos Aires.

–Si tuviese que definir el jazz de la actualidad, ¿qué diría?

–Creo que el jazz siempre va a estar yendo a diferentes lugares. Siempre va a haber gente que se oriente a lo más tradicional como el bebop, y otros, como yo, que combinen esa tradición con otras cosas. Eso siempre es bueno. Mi preferencia es incluir siempre algo de blues. En mis discos hay mucho de blues, ése podría ser el terreno común por el que transita mi música. El blues combina diferentes tipos de música, es como un tejido, una fuerza que las atraviesa. Me gustan los músicos que incluyen blues en su obra, como Sonny Rollins o John Coltrane. Aunque haya muchas notas o muchas ideas, en ellos siempre es posible escuchar algo de blues, de ese feeling. No es necesariamente obvio, pero está allí. En los Yellowjackets también hay una base de blues en la música. Aunque tenga aires del Medio Oriente o de otro lado, siempre tiene que haber blues.

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