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domingo, 18 de octubre de 2009

KREATOR AMENAZA CON VOLAR LOS CUELLOS ARGENTOS



“Odio la nostalgia”

El líder de una de las bandas thrash más influyentes del mundo habla desde Japón sobre sus intenciones de hacer cine gore y de cuánto le gusta... ¡el indie pop alemán! Sí, sí... lo que leyeron.

Por Juan Ignacio Provéndola

“El metal es una pasión. Si no lo sentís adentro, ni lo intentes.” ¿Ricardo Iorio? ¿Walter Giardino? ¿Andrés Giménez? ¿León Gieco? Frío. La frase vino desde Japón, en inglés y de la boca de un hijo de italianos que, desde hace casi 30 años, lidera la banda más emblemática del heavy alemán. Se trata de Mille Petrozza, la llama eterna de Kreator, que volverá a la Argentina por cuarta vez para ofrecer algo así como una cumbre del thrash metal ochentoso junto a los reformados Exodus, el martes próximo en The End (Rivadavia 7428).

Pero ojo: no estamos hablando de un metalero ortodoxo de la Edad de Piedra. Petrozza es, más bien, un viejo predicador del sonido duro que al cabo de sus años no tiene pudor en reconocerse fanático del pop indie alemán (!): desde Tokio menciona, por teléfono, a Tocotronic, Tomte y Muff Potter, como para que anoten, descarguen y se sorprendan con los gustos del bueno de Mille, quien siendo un veinteañero amante del cine gore protagonizó durante los ‘80 el frente europeo de ese movimiento sucio y desprolijo que el heavy comenzó a tener por esos años bajo el nombre de thrash.

Hablar de Endless Pain (1985), Pleasure to Kill (1986) o Extreme Aggression (1988) es referirse ineludiblemente a la discografía esencial de un género que se hace cargo de nenes como Metallica, Megadeth y Slayer. Como toda gran banda metalera, tuvo cambios de músicos, experimentó devaneos artísticos y sufrió la crítica de sus fans; de la misma forma que, también como tal, gozó posteriores tiempos de reivindicación. Su reciente disco, Hordes of Chaos, es una muestra de esto último: cuarenta minutos del viejo y agresivo Kreator que parece dispuesto a venir por sus años de gloria, aunque con la experiencia de 27 años.

–¿No sentís ni un poco de nostalgia por esa época dorada del thrash?

–La música salvó mi vida y no sé si hubiese llegado vivo a los 40 sin ella. De manera que no hay lugar para la nostalgia. De hecho, ¡odio la nostalgia! Lo que hicimos allí quedó y hoy nos salen otro tipo de discos. Vivimos el hoy de buena gana, ya que nuestro tiempo es tan emocionante como lo fueron los anteriores.

–¿Cómo sobrevivís a casi 30 años de carrera en el metal?

–Antes de los shows tomo alguna bebida energizante, hago estiramientos y... ¡duermo! Mientras que luego de los recitales me relajo con una copa de vino tinto. Cotidianamente, hago muchísimo deporte y sólo como vegetales; todo esto para estar en estado. Lamento perderme la carne argentina que está muy buena, según me dicen. Eso sí, ¡no tengo pensado dejar de fumar!

–¿Seguís sosteniendo que los pogos de Kreator son los más violentos?

–¡Sin dudas! Pero cuidado: no se trata de violencia real ni premeditada, ya que los chicos del público se asisten entre ellos, pese a que alguno que otro se rompió un hueso y hasta incluso, una vez, escuché que un tipo perdió un dedo. La única ocasión en la que realmente me asusté en vivo fue hace unos años en Chile, donde tuvimos que suspender el show... ¡porque las luces estaban a punto de caerse sobre nosotros!

–¿De qué manera se puede “destruir lo que te destruye” sin violencia, tal como cantan en su último disco?

–Se trata de combatir el mal: si vos sos alcohólico, la única forma que tenés de salir es destruyendo todo el alcohol que te rodea. En esa canción también me referí a ciertos gobiernos que padecemos en Europa, parafraseando a un famoso cantante alemán de protesta llamado Rio Reser, algo así como la voz de los movimientos de izquierda de nuestro país en la década del ‘70.

–Hace poco reeditaron un disco en vivo de 1989, al que le agregaron un cortometraje. ¿Te gusta el cine?

–Soy amante del cine de terror y de ciencia ficción. Me encantan las sagas y mi película favorita de todos los tiempos es La noche de los muertos vivos. En esa reedición quisimos incluir una película completa, pero no dio el presupuesto. Igualmente, en esos 23 minutos que dura el corto se puede ver una aproximación bastante cercana de la idea que teníamos en mente. Descartamos las partes más sangrientas y más violentas, porque no pretendíamos lograr una película gore sino crear un clima para contar la historia de un tipo que se mete en su subconsciente para explorar su propia alma. Envidio sanamente lo que pudo hacer Rob Zombie en cine, paralelamente a su carrera musical, porque me encantaría dedicarme a eso, pese a que no es fácil conseguir financiamiento para una película alemana de terror.

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