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jueves, 10 de junio de 2010

NELS CLINE, GUITARRISTA DE WILCO, TOCARA HOY EN LA TRASTIENDA CON SU TRIO



“A veces el virtuosismo es aburrido”

La multiplicidad de fuentes en las que abreva este músico de Los Angeles determina su sonido, en el que la sorpresa siempre es aliada: puede pasar del romanticismo al ruido, de la improvisación a la balada jazzera, y siempre encuentra una voz propia.






Por Roque Casciero

Initiate, su último disco al frente de Nels Cline Singers, sirve como muestra de la diversidad de intereses musicales y la versatilidad del guitarrista Nels Cline. En formato de trío instrumental, pasa de una balada jazzera hasta cierto punto “tradicional” a un track de noise rock llamado “Thurston County” porque a su autor le recuerda el trabajo de Thurston Moore, de Sonic Youth. Si a eso se le agrega que Cline es el guitarrista de Wilco, una de las mejores bandas de rock “alternativo” de la actualidad, y que suele trenzarse en cuanta sesión de improvisación se le pone por delante, el panorama cierra más. Y si encima se tiene en cuenta que las revistas especializadas en jazz lo llaman “antihéroe de la guitarra” o “el guitarrista más peligroso del mundo”, la idea termina de redondearse. Claro que él, a punto de debutar en Buenos Aires con sus Singers (el bajista Trevor Gunn y el baterista Scott Amendola, más la ex Cibo Matto Yuka Honda como tecladista invitada), descree absolutamente de esos rótulos, por más halagüeños que sean: “Lo único que hago es tocar lo que me gusta. Desde hace muchos años toco principalmente música que está basada en la improvisación y hasta cierto punto en el jazz, y luego empecé a tocar rock and roll, así que lo que hago es una especie de híbrido entre todo eso. No sé cómo eso afecta al mundo, pero es el modo en que me gusta expresarme cuando hago música”.

–Pero al tener tantas influencias diferentes, el público nunca sabe con qué va a encontrarse en el siguiente tema.

–Gracias, no lo hago a propósito (risas). Eso sucede porque cuando escucho música, y especialmente cuando lo hacía en mi juventud, siempre tengo una gran variedad de discos o voy a diferente tipo de conciertos. Creo que uso esos valores para hacer mi propia música, pero también trato de combinar cosas que para mí son naturales y otras que no son exactamente naturales pero que a mí me gustaría escuchar. Por eso combino elementos que tienen un feeling que trato de comunicar. El resto del concierto es lo que somos como grupo, espontáneos al improvisar. Tengo mi voz en la música, pero trato de sintetizar y dejar que todos tengamos una voz de modo igualitario. De ese modo, cualquier cosa puede suceder.

–Lo de tener voces individuales guarda cierta relación con el irónico nombre de su trío: son “singers” (cantantes) que hacen música instrumental.

–(Se ríe.) Es una buena metáfora. Igual, la idea del nombre era que fuera gracioso, como los Ray Conniff Singers, una especie de nombre genérico. Pero, para colmo, en Initiate empecé a usar mi voz en una especie de canto sin palabras, así que ahora hemos ensuciado el nombre de la banda: la ironía del nombre ya no es más irónica.

–¿Cómo desarrolló su estilo? Porque pareciera que incorporó cada pieza de información musical.

–Supongo que es mi personalidad: mis gustos no son consistentes, excepto en algunos pocos casos. Cuando era chico, a fines de los ’60, empecé escuchando rock psicodélico y blues rock, y también algo de pop y soul de la época. Tenía 12 o 13 años en un momento maravilloso y muy colorido para empezar a interesarte en los sonidos. Eso ha permanecido conmigo durante toda mi vida, eso sí ha sido consistente. Y esa creatividad y exploración que había en esa época fue lo que me llevó, junto a mi hermano gemelo, que es baterista, a artistas como Weather Report, Herbie Hancock y Miles Davis y durante un tiempo a grupos de rock progresivo como King Crimson o Yes. La combinación de esas dos informaciones musicales ya es mucho, ¿no? Pero después, en los ’70, me interesé en Rob Tyner, John Abercrombie e improvisadores como Anthony Braxton o el Art Ensable of Chicago. Escuchábamos toda esa música y tratábamos de decidir qué hacer con nuestro propio vocabulario, que en mi caso era bastante limitado porque no había tenido entrenamiento. Sólo era un tipo con una guitarra al que le gustaban todas estas cosas y que no sabía cómo juntarlas. Además, mucha de la música de improvisación y de jazz de ese momento no tenía guitarra, así que trataba de imaginar cómo ese instrumento podía contribuir a esa música. Así fue como mi instinto o lo que sea creó el estilo que tengo hoy.

–¿Y el rock?

–Ciertamente, mi estilo actual también recibió la influencia de Sonic Youth, Television, DNA y bandas así. Quizás en eso está la diferencia, por eso es que no sueno como John Abercrombie o John Sco-ffield. Me interesan también los guitarristas que piensan en el instrumento como sonido puro. Como los hago para el público, en mis discos y conciertos siempre hay variedad, en cualquier set hay composiciones e improvisación, música ruidosa y tranquila, de todo, y trato de buscar un balance. Sin embargo, creo que, en cierto sentido, sólo toco para mí.

–Además de tocar en Wilco, que tiene una agenda bastante ocupada, usted parece estar involucrado en muchísimos proyectos. Debe ser difícil incluso para usted seguirle el rastro a sus grabaciones.

–En realidad, soy terrible para eso. No llevo registros, sólo de mis discos. El resto son colaboraciones, trabajos que hago como sesionista o lo que llamo “lanzamientos accidentales”: alguien dice “tengo esta grabación en vivo y quiero publicarla”, y le contesto “¡Ok!” Hay decenas de sesiones publicadas de las cuales me olvido. Pero, bueno, me siento muy afortunado de participar en tantos proyectos interesantes. No hago todos los que quisiera porque lo principal es tocar con Wilco. Pero incluso si no estuviera tan ocupado con la banda, estoy tratando de encontrar una vida más allá de tocar la guitarra, aunque me resulta difícil rehusarme a la oportunidad de tocar con mis camaradas.

–¿Cómo se retroalimentan todos estos proyectos?

–Al tocar siento un placer infantil, hasta tonto. Me rejuvenece tocar, nunca hago cosas que siento como una carga. Este año tenemos shows con los Singers y con el Cellestial Septet (los Singers más un cuarteto de saxofones), con el trío Sons of Champignon (junto a Tim Berne y Jim Black), a dúo con Yuka Honda y con Scarnella (dúo con la cantante Carla Bozulich, con quien tocara en The Geraldine Fibbers). Y Wilco, obviamente. En todos puedo abordar aspectos diferentes de la interpretación. Es muy inspirador poder contribuir y compartir esos momentos con la gente con la que toco. A veces puede ser agotador emocionalmente no estar en casa durante mucho tiempo, pero tampoco es para tanto. Hace unos años andaba con mi auto por toda la costa oeste ganando un par de cientos de dólares, peleándola, y no me iba tan bien. Ahora las cosas son mucho más fáciles y puedo concretar muchas cosas que quiero hacer, así que me siento muy afortunado. Además, la gente con la que toco son mis amigos.

–Para alguna gente, en Wilco usted es el que agrega cosas locas. Sin embargo, algunos de sus solos son muy melódicos.

–Lo que hago en Wilco es tratar de encajar en lo que está sucediendo: no me interesan el feedback ni las escalas locas si no son apropiadas con la canción. A veces Jeff Tweedy (cantante y líder de Wilco) trae una canción hermosa, yo toco algo muy simple y él me dice: “Sonás muy reverente, hagamos quilombo”. Y a partir de eso cambiamos la canción. A él le gusta hacer eso, tener cierta discordancia para transformar la música. Así que, básicamente, no creo que mi rol sea diferente al de cualquier otro: soy parte de la orquesta. Si se requiere que haga un solo de guitarra muy melódico o dejar la canción hecha jirones, voy a hacer lo mejor posible.

–Usted dijo en una entrevista que tocar la guitarra no le resultaba fácil. ¿No estaba siendo demasiado modesto?

–No, es muy duro. No creo que tocar rock and roll me resulte necesariamente difícil, pero sí tocar música como la que hacían Wes Montgomery, Rob Tyner o Jim Hall. Creo que no tengo la disciplina necesaria para ser tan bueno. Por otra parte, encarar ciertas bifurcaciones estilísticas supusieron un gran dilema para mí cuando era más joven. En algún momento casi abandono completamente por pura desesperación: no estaba nada feliz tratando de decidir qué hacer. Pensé en tocar otro instrumento y estuve a punto de decidirme por el bajo acústico, lo cual hubiese sido un terrible error, porque es muy difícil transportarlo en los viajes (risas).

–Pero, ¿puede imaginarse sin tocar la guitarra?

–Ya no, pero sí en ese entonces, porque no estaba nada feliz. No es que no amara la guitarra: una de las razones por las que entré a Wilco es que soy un fan del instrumento, aunque eso no quiere decir que ame mi forma de tocar. Me gusta ser capaz de encajar en Wilco, que es una banda de guitarras muy cool. Eso es algo que nunca me hubiera imaginado cuando tenía 14 años y escuchaba a los Allman Brothers. Pero, volviendo a su pregunta anterior, sí me resulta difícil. Lo que sinceramente puedo decir sobre mi forma de tocar es que intento hacer cosas que resuenen emocionalmente. Mi mayor conexión con el sonido es que tenga cierta clase de sentimiento. A veces el virtuosismo es demasiado aburrido.

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