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martes, 22 de junio de 2010

FOLKLORE: DURA TIERRA


Caminos alternativos para ritmos conocidos. En un repertorio que convoca a Juan Falú y Jaime Roos, entre otros, hacen folclore y eligen las sutilezas a las estridencias.

Por: Eduardo Slusarczuk



Como esos manjares que a través del tiempo adquieren nuevos sabores. nuevos olores. Nuevas texturas. Como esos brebajes que se espesan, que aumentan su densidad. Así sabe la música que sale desde esa habitación que corona la vieja casa que sobrevivió al avance de la plaza, en el medio de Villa Ortúzar, y que Duratierra disfruta como lugar de ensayo, prueba y error.

“El grupo arrancó hace unos cinco años, mucho más folclórico. En algún momento apareció Agüita demorada, una chacarera de los hermanos Núñez, y Nico empezó a tocar con una rítmica distinta. Yo comencé a cantar una melodía en una tonalidad rara, y se abrió una puerta hacia un espacio nuevo, que jamás habíamos explorado”, cuenta Micaela Vita, la cantante del cuarteto.

La experiencia se transformó en una señal de alerta. “Esa fue la primera vez que podemos decir que nos fuimos al carajo, y tratamos de entender adónde habíamos llegado”, explica.

“Nico” es Nicolás Arroyo, un inmigrante de Pergamino, que repartió sus fines de semana de infancia y adolescencia entre peñas, guitarreadas y asados. “Eso me permitió conocer a fondo el folclore tradicional”, explica. Pero la información incluyó una referencia que marcó la diferencia.
“Mi vieja me obligaba a sentarme a escuchar al Dúo Salteño. ‘No te muevas y prestá atención’, me decía mi papá”, recuerda el percusionista. Y completa la idea: “Ahora, que siento que desde nuestro grupo estamos proponiendo una sonoridad diferente, entiendo lo que me querían decir.”
Porque de eso se trata Duratierra, según su cantante y su percusionista: de proponer un sonido propio dentro de ese extenso mapa musical que es el folclore. “Hacemos música folclórica de varios lugares de América latina, con un tratamiento, un concepto en los arreglos más arraigado en la urbe”, dice Vita.

Consecuencia de los orígenes diversos de sus integrantes, Duratierra concentra una lista de influencias tan extensa como variada. “Yo soy bien porteña, y empecé cantando jazz, mucho más influenciada por los Beatles que por Atahualpa Yupanqui. Juan Pablo Saraco, nuestro guitarrista, comenzó tocando en bandas de rock, mientras se acercaba cada vez más al folclore. Tomás Pagano, quien reemplazó al bajista original, es de La Pampa”, enumera la cantante.

Y coincide con Arroyo en que esa mezcla, más el abanico de gustos musicales y el deseo de experimentar, dieron sus frutos en Floralia, su primer CD, que tuvo un tiempo de maduración más que generoso.

“Haber tenido un estudio a disposición sin un cronómetro que nos limitara sirvió para que pudiéramos encontrar una identidad”, destaca Vita. Cuidados arreglos de guitarras, voces que eligen las sutilezas a las estridencias, bases rítmicas que sugieren caminos alternativos para ritmos conocidos. Por ahí va la cosa, en torno a un repertorio que convoca a Nicomedes Santa Cruz, Juan Falú, Colacho Brizuela y Jaime Roos, entre otros autores.

¿Se impusieron algún límite a la hora de intervenir sobre las composiciones?

Vita: No. La creatividad no debería tener límites. Los artistas a veces estamos condicionados por esas fronteras. Pero si resguardás la esencia, no hay límites. El tema es no perder el respeto. No porque no se deba cambiar nada, sino porque hay algo ahí, una raíz, que no se puede extirpar.
Arroyo: Lo que tenemos claro es que estamos en contra de las divisiones tajantes entre el folclore, el jazz o lo que sea. Algo que también es un problema para nosotros.

¿Por qué?

Arroyo: Porque a veces no sabemos si ir a una peña o a un lugar roquero. De todos modos, de pronto, donde menos lo esperás, la gente escucha lo que uno hace con mucha atención. Y la que nos va a escuchar, siempre está preparada para la sorpresa, para oír algo nuevo.
Lo nuevo remite a la idea de que en vivo la música no suene tal cual está en el disco. Pero lo nuevo también incluye a los temas que tienen destino de segundo CD que, a diferencia de Floralia, tendrá una mayoría de canciones propias. “En nuestro primer CD la intención fue mostrar cómo sonamos”, señala Arroyo, y cierra: “Ahora, le sumamos un elemento a la propuesta: ‘Nosotros sonamos así, y decimos esto’.”

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