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sábado, 24 de abril de 2010

MIGUEL ZAVALETA Y El SILENCIO ES DORADO





EL CAMINO DORADO


Por Miguel Zavaleta






Cuando era chico, en la tele casi no pasaban videos musicales. Pero había dos que aparecían muy de vez en cuando: uno era “Born to Be Wild” de Steppenwolf, y luego otro de los Tremeloes, que se llamaba “Silence is Golden”. O sea: “El silencio es dorado”. Fue a fines de los ‘60, yo tenía 12 o 13 años, y los veía en la tele en blanco y negro. En esa época podías encontrarte dos o tres fotos de Los Beatles, pero nunca escuchabas una grabación suya. ¡No había nada! No llegaba nada. No veías las pequeñas filmaciones de las bandas, la cosa interna: tenías que imaginártelo todo. La gente se iba de viaje y, a la vuelta, le preguntabas qué concierto había ido a ver.

Uno de esos pocos videos que daba vueltas por ahí, entonces, era el de los Tremeloes. No se conseguía el disco, porque no había sido distribuido en la Argentina. Sólo estaba el video dando vueltas, pero lo pasaban muy de vez en cuando. No sólo no había programas de videos... ¡no había videos! Por eso el de “El silencio es dorado” pude pescarlo, a lo sumo, cuatro veces en el término de tres años. Pero cada vez que lo enganchaba, para mí era un éxtasis. Sigue siendo una canción sensacional: la escucho y me encanta.

De alguna manera, el rock se me apareció a través de “El silencio es dorado” y de la imagen de los Tremeloes. En el video aparecían ellos tocando en vivo, con sus trajecitos y sus flequillos, en pleno estallido beatle. Fue la primera canción de rock lisa y llana de la que me enamoré perdidamente. Nunca dejé de amarla, en realidad. Si hay una canción que me siguió a lo largo de toda la vida o, más bien, yo la seguí a ella, no hay dudas: es ésta.

En ese momento, el rock recién estaba empezando a llegar al lugar en el cual yo vivía, en el esquema de una familia muy poco musical. De hecho, a mi alrededor se comentaba que Los Beatles eran “unos maricones de pelo largo”. Era un ambiente conservador, de Barrio Norte; pero ya estaba explotando la locura de la juventud. No en mí todavía, pero yo sentía que esos videos que venían de afuera traían algo diferente. Después comprobé que era verdad que existía, pero en aquel momento creo que soñaba que había un mundo loco al cual se podía acceder. De alguna manera me veía yendo derecho a un mundo de abogados y de otros lastres de la sociedad. En todo caso prefiero ser un lastre de la sociedad musical.

No tengo ni la más remota idea de quiénes fueron los Tremeloes, el éxito que tuvieron ni nada parecido: lo único que conozco de ellos es ese tema. Traté de conseguirlo, pero durante años no pude. O quizá no lo hice. O quizá me olvidé. Sólo sé que es una gran canción que ha quedado en la historia y que, cada vez que la pasaban, me volvía loco. En mi cabeza siempre experimentaba la necesidad de volver a escucharla. Nunca había podido llegar a memorizarla en detalle, entonces cada vez que aparecía, volvía a renovarse su belleza: me sorprendía como la primera vez.

La primera vez que la toqué fue hace dos años, cuando la bajé de YouTube. Es una canción bellísima. Bellísima. El tema tiene unas voces y unos coros buenísimos, pero son apenas tres acordes: es muy fácil de tocar. Fue una experiencia lindísima: me di una panzada de tanto cantarla. Pero antes nunca la había tenido, ni siquiera en casete. Sólo la había escuchado una vez en lo de un amigo, que es coleccionista de discos. Le comenté que me gustaba mucho y dijo: “Ah, The Tremeloes...”. Fue, sacó un disco, lo trajo y lo puso en el equipo. Eso debe haber sido hace quince años. Después, con el advenimiento de la banda ancha en mi casa, empecé a investigar. Y me la paso escuchando temas que me pegaron de chico y que ni me acordaba que existían. Pero “Silence is Golden” es el primero que busqué. Algo marcó y, de alguna manera, hizo que nunca olvide el momento mágico, fascinante, en el que la oí por primera vez.


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