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sábado, 13 de noviembre de 2010

SMASHING PUMPKINS EN BUENOS AIRES.






“La música es puro entretenimiento: hay que salvarla”

Para Billy Corgan, las bandas de los años ’90 reunidas en esta década se contentan con “hacer dinero”. Pero el músico apuesta a romper contra el concepto de showbizz para redimir a la cultura joven.










Por Luis Paz

Quienquiera que siga a Billy Corgan en Twitter debe haber leído, en los últimos días, sus repetitivas celebraciones acerca de lo maravilloso que es este momento para él. Ese dato se pierde entre los links de fotos de su nueva novia, otros de chismes que lo linkean emocionalmente con mujeres de todos los palos (Jessica Simpson, Sasha Grey) y su polémica con Courtney Love por el nuevo disco de Hole (ella dice que son canciones de ambos, él afirma que son suyas, que lo produjo y hasta tocó la guitarra, y le pide a la viuda de Cobain que no se cuelgue de los rulos que Billy ya no tiene). Pero entre esas informaciones de coyuntura, Billy Corgan se muestra feliz vía redes sociales y en entrevistas recientes, notablemente menos conflictuado que siempre (uno de los rasgos más interesantes de su personalidad). ¿Por qué es, entonces, tan crucial este momento para este estadounidense de 43 años? “Me siento muy feliz porque conecté nuevamente con mi costado emocional”, empieza a desenredar su nuevo mambo.

“Cuando era chico, pero chico de verdad, a los seis o siete años, estaba muy vivo. Me di cuenta ahora de que en ese momento mi mente tenía la suerte de no estar tan contaminada y creía mucho en algo más grande que nosotros. Con la crisis de la adolescencia, esa puerta se cerró y el éxito de los Smashing Pumpkins alborotó esa calma que tenía internamente. Me llevó mucho tiempo poder separar las cosas y volver a abrir esa puerta interna hacia lo espiritual, pero lo he logrado nuevamente y eso me hace feliz”, le cuenta al NO, rápida pero suavemente, con ese tono agridulce de siempre. El mismo tono con el que el año pasado le contaba al psicoanalista Morgan Stebbins, en una sesión de terapia abierta al público en el Rubim Museum, que siempre se sintió observado y eso le caló tan hondo que se considera “un espejo”.

–Billy, ¿viste que diversas creencias proponen que el dolor también es una forma de acercarse a lo divino? ¿Estás de acuerdo con ese pensamiento?

–No estoy de acuerdo, en absoluto. Dios es sólo amor y lo que no es amor, no proviene de Dios. La felicidad y la iluminación son actos de Dios, lo que causa el sufrimiento es la mente humana cuando se contamina.

Corgan no está en sintonía con aquella gran idea puesta por John Lennon en su tema God, ése en el que el ex Beatles dice no creer más en Los Beatles, ni el I-Ching, ni en Hitler: “Dios es un concepto con el que medimos nuestro dolor”, decía John. Sin embargo, Corgan sí tiene una gran ligazón con otro flaco de pelo largo y barba tupida que es tan icono pop y personaje histórico como Lennon: Jesucristo. Según el Cristianismo, Jesús fue asesinado a sus 33 años, justamente la edad que Corgan tenía al separar a Smashing Pumpkins (en 2000), que también tenía ese tema llamado 33. “Creo mucho en la numerología. El mundo está poblado de pistas que demuestran la existencia de un Ser superior, pero aunque sea muy complicado entender la sabiduría del Universo, la existencia de Dios no es una idea arbitraria. Podés creer o no en Dios, yo creo y considero que el que no está errado, pero una cosa es esta fe mía y de muchos, y otra cosa son las religiones y las iglesias. Jesús nunca dijo: ‘Hey, ahora levántenme iglesias’”, reza.

–Precisamente has marcado en varias ocasiones que tu reconexión con este dios que para vos existe se dio cuando tenías 33, la edad del asesinato de Cristo, según las religiones. A los 33 vos asesinaste a Smashing Pumpkins.

–Sí. Mirá, la manera más simple de llegar a Dios es con el pensamiento claro y la compasión. Cuando separé Smashing Pumpkins fue porque mi cabeza era un quilombo: te invitaban a cualquier lado y con cualquier cosa gratis, las mujeres te perseguían, el dinero aparecía y te la pasabas de viaje. Es muy difícil mantener un buen comportamiento en esa situación y me tuve que salir de eso, al menos salirme del lugar de exposición que me daba la banda.

–En tu blog (billycorgan.livejournal.com) escribiste hace poco que “más allá de la fe, no podés esperar que el cielo haga todo por vos”. En esta nueva era de Smashing Pumpkins, ¿qué aplicación tiene esa idea?

–Es totalmente aplicable. En ese texto digo que uno tiene que actuar y no sólo esperar y rezar. Creo que lo principal de Smashing Pumpkins es que nunca dejamos de creer en nuestro sueño, incluso luego de separados yo lo hice con Zwan y como solista. No se trata de dinero sino del arte, uno de los poderes más grandes del ser humano. Se aprende mucho más de intentar que de mirar. El mundo quiere que lo probemos y exploremos, y que podamos decir esto es bueno y esto no. Creo en el libre albedrío de los seres, no creo que Dios tenga expectativas en nosotros como especie, más bien lo que veo es que nos creó y, como hijos, quiere que crezcamos y aprendamos con su ayuda.

–Los padres suelen cargar a sus hijos con sus propias expectativas.

–No éste. Dios nos da posibilidades, no nos impone sus expectativas. Nos dio un hermoso planeta con lugar y comida para todos, pero nosotros somos los que debemos encontrar el modo de convivir en armonía. Es claro que no lo logramos todavía y creo que si no fue así fue por la política, esa nube negra que contamina la fe humana: el poder, el dinero. Todo eso se fue agrandando, esa locura por el poder y el dinero, y ahora Internet vino a debilitarnos aún más espiritualmente. Internet y los medios, también.

–Pero si hablás de política y fe, cuando Bush anunció la invasión a Irak dijo que era para “luchar contra el mal”, contra el “eje diabólico” y la mayoría de los dirigentes europeos lo bancó por esa base cristiana.

–No sé qué pasaría por la cabeza de esos tipos. Sólo sé que el terrorismo no viene de Irak o Afganistán, proviene del demonio.

Y Corgan y los Smashing Pumpkins vienen desde Illinois a Buenos Aires, donde tocarán el próximo jueves 18 en el Luna Park, en lo que será el acto de apertura del Hot Festival. De allí seguirán hacia San Pablo, Santiago de Chile, Lima y Bogotá, para terminar nuevamente en Estados Unidos esta reunión luego de una década. “Las bandas que se han reunido lo hacen sin intención de crear, simplemente lo hacen recreando el pasado y cantando canciones viejas. Me duele que toda mi generación y las bandas de los ‘90, que han sido tan influyentes, se contenten con hacer dinero”, reconoce Corgan, ya en un plan menos teológico sobre el filo de la charla. “Cuando Smashing Pumpkins arrancó, a fines de los ‘80, estábamos cansados del hard rock, el heavy metal, el pop luminoso y queríamos darles algo diferente a los pibes. Ahora es similar porque la música es puro entretenimiento y hay que salvarla.”

La llegada de Smashing Pumpkins es precedida por los lanzamientos de Songs for a Sailor y The Solstice Bare, partes uno y dos de Teargarden by Kaleidyscope, una colección de 44 canciones nuevas que están editando en EPs de cuatro tracks con edición física limitada en CD y vinilo deluxe. “Quisimos reunirnos y crear algo nuevo, no tenía el ánimo como para volver para tocar canciones viejas, sería un embole”, dice el pelado que hace un tiempo envió a los congresistas estadounidenses una carta en apoyo a la fusión de TicketMaster y LiveNation, gigantes de la industria en materia de producción y venta de entradas. “La industria va a desaparecer y lo único que puede salvarla es que ellos se junten, porque así bajarían los precios de las entradas, se aprovecharían los espacios y el circuito que es un poco más pequeño quedaría disponible para una renovación”, argumentó en su momento, patinando un poco sobre el hielo quebradizo del rock business.

–¿No es fácil defender la unión desde tu posición de consagrado?

–Lo fácil sería salir de gira con canciones de hace años sin reparar en lo que está pasando en la industria. Los medios ven al arte como show y a la cultura como entretenimiento. En la música, hoy, está Lady Gaga con su show. Yo intento trasmitir ideas, pero para eso necesito la estructura que tiene ella, sin tener que meterme en una caja y portarme “bien”, según lo que espera la industria. No me voy a traicionar así, no quiero hacerlo.

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