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domingo, 17 de abril de 2011

TAYLOR HAWKINS: BATERISTA DE FOO FIGHTERS





“Casi nos separamos varias veces”









Wasting Light, el nuevo disco de Foo Fighters, sale el 12 de abril, mientras se produce un documental sobre su historia. De bajar al Cono Sur, ni noticias, dice Hawkins, el batero de una banda liderada por un ex batero.


Si se la mira abiertamente y con propiedad, la posición de Dave Grohl no es para nada fácil de ocupar. Como ex baterista de Nirvana, está expuesto no sólo a constantes comparaciones con aquel grupo sino también a las inevitables lecturas de sus canciones como mensajes sobre o para Cobain. “Al fin me despegué de eso”, contó el cantante y multiinstrumentista de Foo Fighters hace unos días. “Antes pensaba: ‘No quiero cantar esto porque la gente creerá que se lo canto a Kurt’ o ‘No puedo hacer esto porque van a pensar que está asociado a Nirvana’. Hasta que dije: ‘Al carajo, ésta es mi vida, Nirvana fue parte de mi vida, y se supone que puedo hacer lo que se me ocurra. Y si genera alguna especulación, que el especulador se vaya a cagar”, le amplió a Exclaim!, la revista de rock por defecto de Canadá. Foo Fighters tiene un nuevo disco, Wasting Light, que publicará el 12 de abril, en paralelo a la proyección de un documental sobre su historia (que van a presentar en teatros, pero no será editado). Las declaraciones de Grohl se parecen bastante a una elusión de alguna reflexión sobre Wasting Light, en el que participaron el bajista de Nirvana, Krist Novoselic, y el productor del disco Nevermind, Butch Vig. “Nos reencontramos para trabajar en las canciones de nuestro Grandes Exitos y me pareció que ya era hora de que hiciéramos algo nuevo juntos, ahora que las cosas están calmas”, aclaró.

Pero si alguien la tiene un poquito más complicada que Grohl ése es el baterista de Foo Fighters, Taylor Hawkins. Un buen baterista que tuvo más de un problema por tocar en la banda de uno de los bateros más icónicos de las últimas décadas: el gran Grohl. El problema principal de Hawkins fue, de todos modos, que casi muere de una sobredosis en 2001, durante un momento de estrés, evasión y hastío de las comparaciones sumado a la sensación de que no podía tocar bien y estaba siendo controlado nada menos que por el baterista de Nirvana. Diez años después, Hawkins toma el nuestro llamado desde su coche, en el que está yendo a buscar a su hija al colegio. “El comienzo del milenio fue una época de mierda para mí, en el que yo también me convertí en mierda. Creí que era divertido estar drogado y borracho todo el día; y me confundí con todas esas facilidades que me daban. Pero casi me muero, man”, dice, bajando el tono, desde Seattle.















–Indudablemente tendrás otra perspectiva sobre las drogas, sobre todo respecto del abuso de ellas. ¿Compartirías alguna reflexión más?

–Creo que nadie tiene derecho a decirle a otro cómo comportarse, pero sí puedo mencionar mi caso. Tuve la suerte de cambiar de lado cuando me pasé de rosca, y andar tomando giladas y píldoras ya no me es divertido. Todo el mundo habla de lo malas que son las drogas duras, pero hay un punto en el que cada uno decide sobre su vida. Lo único que les diría a las pibas y los pibes es que se diviertan, pero que tengan mucho cuidado y respeto.

–¿Creés tener algo más para decirle al público argentino? Se dijo que iban a venir en 2006 con The Who, después en 2009 solos y en 2010 con Queens Of The Stone Age, pero eso jamás ocurrió.

–Lo único cierto es que estuvimos por ir con The Who, pero sucedió que ellos cancelaron el tour y, bueno, se cayó todo. Lo otro fueron sólo rumores, pero estuvimos hablando acerca de ir a América latina para mostrar este disco, tal vez a comienzos de 2012. Créanme, insisto mucho en ir para allá.

–¿2012? Pero se supone que el mundo acabará en 2012. Sin ir más lejos, mirá lo que está pasando en Japón...

–Sí, lo estaba viendo en casa, ¡qué mierda! Recién estamos empezando a saber todo lo que pasó, pero dicen que hay cientos de muertos (N. de R.: la entrevista fue el viernes mismo). Tengo ganas de ayudar del modo en que podamos, y ya hablamos con los chicos hace un rato que podríamos hacer algún show a beneficio de las víctimas. Ya tocamos por lo del tornado en Nueva Orleans.

–Sí, y también hicieron The Ballad of the Beaconsfield Miners inspirados en los mineros atrapados en un derrumbe en Australia, tocaron en el Live Earth. El título de este nuevo disco, Wasting Light, parece un manifiesto sobre el malgasto de recursos de la actualidad.

–No lo había pensado, pero es cierto. De algún modo trabajamos usando la menor tecnología posible. No hubo computadoras: grabamos todo en la casa de Dave, que tiene su estudio allí, al viejo modo. Es un disco ideal para tocar en vivo, porque tiene esa cosa tan orgánica, ¿no? Te diría que todo el disco es como un concierto entero: es un gran bloque de música con un mensaje particular, y luego hay temas satelitales dentro de cada canción.

–Hay ciertas particularidades en la mezcla: la voz de Dave está bien atrás, hay un sonido compacto y los riffs y cortes son sustanciales.

–Sonamos más unidos y eso le da la potencia característica que tiene este álbum. Es algo trillado y pretencioso, pero creo que es nuestro mejor disco. No es un álbum regular de Foo Fighters, hay una cierta profundización de cosas, de matices, de momentos que ya tuvimos en nuestra historia. Pero, les soy franco, tenemos discos con un par de muy buenos singles que traían canciones que no estaban a la altura de ellos. Esta vez eso es diferente.

–¿No tendrá que ver con una maduración, un entendimiento del trabajo en equipo? Tal vez derivado de su trabajo en el documental.

–Hay que ser honestos: Foo Fighters es una banda, además de que nos llevemos bien. Entonces hay cierta vida en Foo Fighters que va más allá de nuestras relaciones. Casi nos separamos varias veces, pero al pasar por tantas tribulaciones y con la apertura que tuvimos en las entrevistas, donde cada vez somos más honestos, pudimos resolver nuestros problemas o al menos dejarlos a un lado. La gente nos ve como una banda muy sólida, pero durante mucho tiempo Foo Fighters fue algo más musical que fraternal.

–¿Eso se podrá ver en el documental?

–Por supuesto, estamos en una etapa de honestidad brutal. En 16 años nos pasó de todo y, aunque sea incómodo para nosotros, hay que ser real.

–Una de las cosas que les pasaron fue contar con el beneplácito de las generaciones anteriores del rock. Dave toca con John Paul Jones, tocaron en vivo con Jimmy Page, vos grabaste en el disco de Slash y Lemmy es su chofer en el video de White Limo. ¡No cualquiera!

–Sí, es increíble todo eso. Va mucho más allá de la fama, del dinero o de cuántos discos vendas. Lo que hicimos en estos 16 años fue intentar no solamente respetar sino también contribuir a la tradición del rock. Y llegado el punto de pasar unos días con Lemmy decís: “¡Carajo, lo hicimos bien!”.

–¿Qué fue de Taylor Hawkins & The Coattail Riders? Publicaste un disco con esa banda, en la que componés y cantás. ¿Van a seguir?

–No sé si los Coattail Riders querrán seguir, porque ahora tengo por lo menos un año y medio de trabajo intensivo con Foo Fighters, pero aunque sea sólo seguiré haciendo cosas. No sé si el mismo estilo, porque con ellos había algo más de soft rock, de folk. Pero creo que el rock se trata de un medio para compartir, colaborar y generar cosas nuevas. El rock es como salirte de tu traje tradicional, y eso es algo muy divertido y refrescante. Pero, por otro lado, ya todos los Foo tenemos familia, otros grupos de amigos, y deseos y anhelos que tienen que ver con otras cosas. Puede que los Foo Fighters no existamos para siempre, pero aunque frenemos un año o nos separemos, cada uno de nosotros seguirá haciendo música. Se los aseguro

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