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sábado, 23 de abril de 2011

EL JUSTICIERO CHA CHA CHA HOMENAJEA AL TRIO BRASILEÑO OS MUTANTES





Lo hermoso es necesariamente moderno




Las canciones psicodélicas de la banda formada por Arnaldo Baptista, Sérgio Dias y Rita Lee aparecen en el disco en versiones a cargo de Fito Páez, Café Tacuba, Martín Buscaglia, Aterciopelados y La Manzana Cromática Protoplasmática, entre otros.

Por Santiago Rial Ungaro

Si durante muchos años muchísimos argentinos viajaron a Brasil para debutar sexualmente o para simplemente liberarse y tirar la chancleta, desde hace ya un par de décadas hay dentro del inmenso mundo musical del Brasil un lugar especial para mutar: la obra musical de Os Mutantes. Seguro que la devoción de artistas como Kurt Cobain, David Byrne o Beck (que llegó incluso a titular Mutations a su disco de 1998) ayudó a señalar a la inclasificable discografía de Os Mutantes como un espacio sonoro ideal para inspirarse, aprender, robar... o simplemente mutar. Y es que si bien durante sus años de actividad (el grupo se formó en 1966) fueron a menudo ignorados en Brasil y muy poco conocidos fuera de su país, el grupo integrado por Rita Lee (voz), Sérgio Dias (guitarra y voces) y Arnaldo Baptista (bajo, teclado y voces) fue uno de los más sorprendentes y radicales de la época psicodélica, época creativa si las hubo.

Así, la aparición de El Justiciero Cha Cha Cha es, en palabras de Fito Páez (que participa en el disco con una inconfundible versión de “A Minha Menina”), “un tributo justiciero”. “Os Mutantes, hoy, gracias a la dedicación de Arthur de Faria, Humphrey Inzillo, Manuel Onis y Sandro Bello, vuelven al centro de la escena de la mano de gran parte de algunos de los más desprejuiciados artistas de esta época de todos lados de América.” El entusiasmo de Páez se comprende: en el disco hay artistas argentinos como La Manzana Cromática Protoplasmática, La Chicana, Manuel Onis, La Pequeña Orquesta Reincidentes, Rosal, Omar Giammarco, Pablo Dacal y el propio Fito, uruguayos como Martín Buscaglia, Fernando Cabrera, Ana Prada y Carlos Casacuberta, españoles como Refree y Silvia Pérez, colombianos como Asdrúbal y mexicanos como los Café Tacuba, además de colaboraciones panamericanas entre los colombianos Aterciopelados y el brasileño Sérgio Dias, y entre la folklorista argentina Liliana Herrero con el brasileño Arnaldo Antunes. No debe haber sido fácil pensar en el casting: la música de Os Mutantes –que se valieron de acoples, distorsiones y trucos del estudio de todo tipo– no es para cualquiera: la bossa nova, el rock, el pop brasileño (el trío contó con colaboraciones de Gilberto Gil, Milton Nascimento y Caetano Veloso, compañeros de aventuras en la época de la Tropicalia), la música contemporánea y lo que se le ocurriera a esta banda que desde el nombre supo desde el principio que lo suyo era la mezcla, el collage, la fusión de todas las músicas.

“No soy un fan de Os Mutantes, escucho mas a Chico y a Gil, pero representan un momento de la cultura mundial que me maravilla. Los veo muy alineados con El Kinto y con Almendra, como un momento muy poderoso y de mucha mezcla. Interpretar algo de eso para mí fue un honor”, se sincera Pablo Dacal, cuya versión de “No te vas a perder por ahí” enfatiza el lado más beat del grupo. Para Acho Estol (que junto a La Chicana hizo la “Balada del Loco” y honró la elección tocando el bajo, las guitarras, el charango, la melódica, el arpa de boca, el serrucho y la “programación” de una cajita de música), lo de Os Mutantes es, simplemente, la psicodelia: “El beat es parte de la psicodelia. Siempre sentí que en la Argentina nos habíamos salteado esa asignatura, porque en los comienzos el rock argentino era más rockero, más blusero, más básico. Y, claro, con mucha lírica. En El Kinto y en (Rubén) Rada esa psicodelia está claramente, pero acá el rock fue más austero. Creo que no alcanzó el tiempo. Se nos juntó el beat con el blues y el rock, y de repente ya estábamos en los ’70”.

Lo cierto es que de la “estética del capricho” de Os Mutantes cada artista fue eligiendo, por decantación, alguna faceta: en el disco, lo que se impone es el lado más pop de la banda. Pero si parte del mérito de El Justiciero Cha Cha Cha probablemente resida en que para muchos puede servir como puerta de entrada al extraño mundo de Os Mutantes, para algunos también será una interesante introducción a algunos de los intérpretes de estas mutaciones: tal es el caso de la Manzana Cromática Protoplasmática (unos mutantes a escala de esta era) o artistas extranjeros y a la vez cercanos, como el caso del uruguayo Martín Buscaglia, que se despachó con una interesante versión de “Beso exagerado”. Para Buscaglia, la música del combo brasileño, más que una mutación fue una “una escisión, una rama paralela con una combinación inusitada de elementos... como la fauna de Oceanía”. “Tienen un tipo de belleza que es más fascinante que literalmente disfrutable. Asusta. Como una cobra con dos cabezas, una legumbre de Chernobyl.”

Cristian Toledo, baterista de La Manzana, cree que esa rareza es una parte esencial de la música de Os Mutantes: “Ellos no buscaban tanto hacer algo bello, sino más bien raro. En el movimiento de La Manzana creo que, salvando las distancias, nos pasa algo parecido. A veces nos quejamos del quilombo que generamos, pero la verdad es que si nos pusiéramos el traje para tocar y cambiáramos eso, al final perderíamos esa gracia”. No es casual que su versión de “Ave Lucifer” sea la que le da inicio al disco: parte del encanto de este disco homenaje es comprobar que Os Mutantes es un grupo tan inimitable como inspirador. Los temas del homenaje forman parte de la primera época del grupo, que siguió tocando en los ’70 ya sin Rita Lee (que dejó el grupo en 1972), volcándose más hacia el rock sinfónico.

Acho Estol –que completó su colección de vinilos de Os Mutantes en Londres porque hay discos que ni en Brasil se consiguen– asegura que Os Mutantes “venían de la fertilidad de la bossa nova, que aún hoy sigue rindiendo”. “Y aún hoy, cuando los escuchás, sorprenden, porque que tocan muy bien, está todo muy bien arreglado. Los temas cambiaban de ritmo y cambiaban de tema, y eso estaba hecho con mucha gracia. La música de Os Mutantes tiene cierto ‘abandono’, que creo que es un aspecto fundamental de la música”, sintetiza con oído experto. “Creo que Brasil, por una combinación de circunstancias, porque en Africa capaz que están los mejores músicos del mundo y no te llega, se da un clima muy fértil para la música. Y la idea más delirante del tipo más delirante puede prender, porque hay espacio para eso.”

Claro que para entender la importancia de Os Mutantes tuvieron que pasar varias décadas. “En Brasil –asegura Estol– los conocen sólo los músicos, no es un grupo que conozca toda la gente. Incluso algunos lo relacionan con algo medio música disco por Rita Lee.” Desde Colombia, Andrea Echeverri confirma esa status de clásica-desconocida que tiene la banda: “La verdad es que no conocía mucho a Os Mutantes, porque, lastimosamente, la música brasileña que se escucha en Colombia es sólo la bossa nova más clásica, Roberto Carlos, y lo más moderno, Paralamas. Estamos tan cerca y tan lejos...” Como sea, la versión de “Vida de cachorro” que (inspirada por su embarazo) produjo junto a Sérgio Dias quedó “bien chévere”. Chéveres, extravagantes, inspiradores, bizarros, estos mutantes siguen siendo modernos. Porque, en palabras de Martín Buscaglia, “lo que es hermoso es necesariamente moderno”.

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