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sábado, 3 de diciembre de 2011

NEW ORDER TOCO EN EL ESTADIO OBRAS SANITARIAS.



Ausencias de una banda crucial

 

Sin su legendario bajista Peter Hook, el grupo de Manchester que hizo la transición entre el punk y synth pop repasó páginas notables de su historia, como “Blue Monday” o “Bizarre Love Triangle”, pero eso no alcanzó para que fuera un show memorable.

 Por Luis Paz

En psicología, “ausencia” es la distracción respecto de la situación o la acción en que se encuentra un sujeto. O lo mundanamente entendido como “estar ido”. La definición encuadra, también, en shows de rock y música electrónica, o por lo menos en esos en que se percibe un desmembramiento del cuerpo y la mente. New Order es, en esa línea, una banda de ausencias, colectora entre la salida del rock de su era punk y su paso por el peaje de la electrónica para la configuración del post punk, el synth pop, el techno y el acid house. Pero, mucho más literalmente, ha sido una banda de ausencias en sus conciertos en América por motivos mucho menos felices que la generación de psicodelias. Su debut americano, recién nacida la década de 1980, fue como “los ex Joy Division” (Sumner, Morris y el bajista y esteta Peter Hook), en cumplimiento de un contrato para una gira por Estados Unidos de aquel grupo, que no pudo hacerse por el suicidio de su cantante, el icónico Ian Curtis. Su primera actuación en la Argentina, en 2006, se dio sin Gilbert. Y la última, del jueves por la noche, sin Hook.
Si lo que hay que medir es la actuación de New Order, a secas, este recital no se revistió de fuerte notabilidad: Sumner lleva la voz cantante y Morris es el autor intelectual de la patente del baterista que toca como una máquina, pero la ausencia de Hooky resta en peso histórico y juego, básicamente porque fue el determinante artístico del grupo. Pero, como contrapeso, hay que reconocer alguna “responsabilidad” del público, basada en saber que esto no era el New Order de la historia musical, sino uno anecdótico, entretenido, pero demasiado resumido. Con eso presente entre tanta ausencia, el resultado da que New Order 2011 repasó lo que debía, presentó una buena integración visual entre la batería de luces y las proyecciones... y puso aquellas canciones: “Blue Monday”, “Bizarre Love Triangle”, “Ceremony” y “Temptation”, puntos altos de su cristalización.
Lástima la escasa excelencia del lugar para este tipo de shows, los desvaríos sonoros y la pantalla atravesada por los canales de ventilación, para quienes estaban en las plateas. Hubiese sido mejor un festival al aire libre, incluso aquellos en que se cita a la comunidad electrónica, pero cuestiones de calendario no lo permitieron y hubo lo que pudo haber. Esto es, un par de exponentes históricos de una banda histórica que es exponente de una escuela determinante para la refundación del rock como cultura, el post punk. La actuación de una banda que fue un puente entre el rock de guitarras, el rock de máquinas y el pop de máquinas: nacida de Joy Division (del punk), financista de la movida de Manchester que daría cuerpo al acid house en bandas como Happy Mondays, tangente de las vibras poéticas del beat pop de The Smiths o The Cure y proveedora de herramientas instrumentales (pues fueron precursores en el uso de las Mac en la música) del synth pop de, por caso, Pet Shop Boys.
La música, además de relato y hecho físico, es un entramado emocional; y en eso ocurrió alegría. No está de más bucear lo frágil del afecto (“Crystal”), la desaprensión del perdón (“Regret”) o el acto de fe de intentar algo que pueda fallar (“Ceremony”, última canción que Joy Division llegó a presentar en vivo). No daña repasar el futurismo de “Age of Consent”, el aire clásico de “Love Vigilants” ni el sincretismo de “1963” con la ética del punk más oscuro y la estética enrarecida del dream pop. ¿Y a quién molesta la melancólica alegría de brillanteces como “Bizarre Love Triangle”, “True Faith” y “The Perfect Kiss”, que con “568” generaron un segmento de diversión (motriz) y de padecimiento (anímico)?
Para el final, dos con pesos específicos inabarcables, pues siguen en relación con los vaivenes de la música actual. “Blue Monday”, cuatro veces hito de rankings británicos (su lanzamiento como single, relanzamiento, remezcla a cargo de Quincy Jones en 1988 y otra remezcla de 1995), que tuvo su impronta techno antes del techno, con un compendio de yeites que hoy se oyen en cada festival o boliche de electrónica y en cada remix, tan repleta de posibles significados (¿o de significantes vacíos?). Y “Love Will Tear Us Apart”, una de las que Joy Division menos tocó, pero más legó como banda de sonido de la posteridad al suicidio de Curtis, quien no pudo aguantar más su epilepsia ni sus embrollados pensamientos y emociones. Si escuchar ambas de la mano de un DJ cualquiera en un bar cualquiera genera lo que genera, ¿cómo no vibrarlas con dos de sus factores? Con
Hook hubiese sido distinto, sí. También con Curtis vivo, con un Morris zurdo o con un Sumner pelado. Pero está, también, la terquedad del rock: un campo de acción sin lugar para suposiciones. Y sin dudas, New Order fue actor de una porción bien grossa de su historia. Por eso, verlos igual vale.

NEW ORDER

Músicos: Bernard Sumner (voz y guitarra), Stephen Morris (batería), Gillian Gilbert (teclado), Phil Cunningham (guitarra y teclado) y Tom Chapman (bajo).

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