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domingo, 4 de diciembre de 2011

A 18 AÑOS DE LA MUERTE DE FRANK ZAPPA.

  

El recuerdo de un genio

Vanguardista, iconoclasta, anarquista, sarcástico. Muchas palabras trataron de definirlo. Murió hace 18 años como un músico imprescindible.

Por: PABLO SCHANTO

Excentrífugo. Nada mejor que el neologismo que Frank Zappa (Baltimore, 21-12-40/ Los Angeles, 4-12-93) inventó para titular un tema suyo como autodescripción. El ícono iconoclasta del rock que eternizó el identikit bigote + chivita siempre intentó ser más excéntrico que los excéntricos del momento. Fue un rocker "sin glándulas", un vanguardista porno, un anarquista con aspiraciones de empresario y fama de tirano, un psicodélico que detestaba el LSD, un señor casado que coleccionaba grupies, un ídolo que insultaba a su público, un humorista sarcástico desde sus letras pero que se tomaba demasiado en serio la música.

El excentrífugo no paró de patear el tablero. Al principio, mediando los 60, gracias a ese gesto fundacional "contra-contracultural" que socavó los cimientos ideológicos de la generación hippie adonde le correspondía quedarse quietito y creer. Hacia el final de su vida, 30 años después, conjugando peligrosamente "incorrección política" y reaccionarismo (chequear la canción anti-Boy George El es tan gay y Princesa Judía), proyectándose como un presidente basado en el "conservadurismo práctico" más su adopción tardía por parte del mundo de la música culta mientras los rockeros lo reducían a mero fósil. Pero nunca pudo superar la irrupción fundamental con que tomó al rock por asalto.



Paul McCartney confesó que el doble debut zappiano, Freak Out! (1966), lo había inspirado a la hora de esculpir el Sargento Pepper. Apenas este opus psicodélico de Los Beatles estuvo en la calle, Zappa respondió con una parodia cruenta: el disco Estamos en esto sólo por dinero. Oírle al freak asentado en Los Angeles frases anti-hippies de una lucidez premonitoria resultaba un impacto. Decía cosas así: "Mucha gente piensa que el ideal de un nuevo movimiento político es destruirlo todo y empezar de nuevo con tribus y plumas en tu pelo mientras todos aman a todos. Eso es una mentira. Esos chicos no se aman entre sí; están en esto porque les sirve de club, algo así como la versión moderna de la barra de la esquina."

Zappa iba más a fondo en su diagnóstico del Sistema: Todo lo que necesitas es sexo parecía ser su slogan. Detectaba una "policía mental" en cada norteamericano adaptado a un fascismo solapado a base de frustración sexual. Leía a Wilhelm Reich y su marxismo orgásmico; de Zen, Thoreau, Leary, Gandhi o Hesse, cero.



En aquellos años en que dirigía las insuperables Mothers of Invention editó sus dos obras maestras, Lumpy Gravy y Absolutely Free (ambos de 1967). El primero boceta un mapa experimental todavía no del todo agotado, mientras el segundo señala las semillas de lo que se llamó luego rock progresivo (no confundir con sinfónico). Basta escuchar Soft Sell conclusion para saber de dónde viene el Hombre Esquizo del siglo XXI (King Crimson) o tratar de seguir la metralleta métrica de Son of Suzy Creamcheese (¡compases de 9/8!) y comparar con Soft Machine, Gong, Henry Cow, Faust y sucesivamente. Con Zappa, la psicosis de la psicodelia da paso a la neurosis de la "elaboración musical" con todos los pentagramas y los virtuosismos del caso. En 1972, comparando al Miles Davis eléctrico con Zappa, el crítico Christgau notaba que éste no lograba liberarse abiertamente en las aguas del jazz rock como el negro. Efectivamente, sus letras podían ser todo lo escatológicas que quisieran, pero su música se fue tornando cada vez más estrictamente virtuosa.



Hasta 1969 (hasta las improvisaciones un tanto autistas de Ratas calientes, digamos), Zappa sintetizaba como rocker lo más radical (léase a la vez "avanzado" y "con raíces populares") de la cultura del siglo XX: Dadaísmo, Doo Wop, Música Concreta, Blues, Atonalismo. Sus ironías sociológicas lo emparentan con la tradición humorística de comediantes como Lenny Bruce, con el escritor Tom Wolfe — otro que vivió los 60 como una fiesta ajena—, y con la ciencia ficción hilarante de Kurt Vonnegut Jr. Sus ataques ideológicos en los 70 fueron otra vez despiadados y certeros cuando desactivó tanto misticismo post-hippie de gurúes Maharajis & cía (Camarillo Brillo, Basura cósmica). Pero esperables e inofensivos al momento de caricaturizar la escena disco (Disco Boy, Dancin Fool, Mudd Club), el rock F.M., MTV y los televangelistas (un cliché ideológico, si los hay). Zappa se había vuelto víctima de sus sarcasmos.

Los 80 y los 90 fueron años de lucha legal contra la censura, premios Grammys, su consagración como músico culto, reediciones en CD, su mejor gran obra conceptual inspirada en las prohibiciones del Ayatolah Khomeini (Joe''s Garage), y ediciones de solos de guitarra infinitos. Zappa terminó canonizado como un músico venerable. Ni siquiera el proyecto reciente de vender un Zappa pop con hits y todo (ver compilados como Strictly Commercial y Zappa en la radio) le hace justicia al artista y al ideólogo que cambió la historia de la música popular con sus exabruptos. O sea al excentrífugo  incurable.


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